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Nota decine21
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Safari

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Sinopsis oficial

Safari

En la selva africana, zebras, impalas y ñus campan a sus anchas. Los turistas alemanes y austríacos que acuden allí a cazar, esperan entre los arbustos y acechan a sus presas. Disparan, gritan de emocion y posan con los animales que han cazado. Una película sobre gente que pasa sus vacaciones matando. Una película sobre la naturaleza humana.

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Crítica decine21.com

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6
Cazadores en el punto de mira
Cazadores en el punto de mira

El cineasta austríaco Ulrich Seidl es conocido sobre todo por su deprimente trilogía del Paraíso, los largometrajes de ficción Amor, Fe y Esperanza, donde tomaba pie de esas virtudes que los cristianos denominan "teologales" para ofrecer un cuadro más bien oscuro de la condición humana. Pero donde realmente ha desarrollado la mayor parte de su carrera es en el terreno documental, lo que es también el caso de Safari; ello no impide que existan nexos de unión, pues lo que le gusta hacer a Seidl es aplicar una aséptica mirada de entomólogo a los seres humanos, y a las pequeñeces que dan sentido, por así decir, a su existencia.

La premisa de Safari es bien sencilla: seguir los pasos de varios cazadores austríacos o alemanes en un país africano. El hombre blanco que ejerce como deporte la caza de animales. Caza en que a estos turistas cazadores les acompañan unos guías hasta los puntos donde, desde cierta distancia, pueden abatir sin arriesgar su vida jirafas, cebras, impalas, ñus u otros animales. No existe voz de narrador, ni acompañamiento musical, sólo ruidos naturales, y las voces de los cazadores y sus guías. Básicamente se alternan las declaraciones de estos singulares turistas, sentados en un sofá en su refugio, a veces con cabezas de animales disecados al fondo, con otras de la rutina en el campo, donde localizan y disparan a los animales, para luego hacerse la foto, con el animal arreglado un poco, un auténtico posado. También tenemos imágenes del animal desollado o despiezado, tarea en la que intervienen los nativos.

La virtud del film de Seidl es la objetividad, él mantienen las distancias, no juzga, dicha tarea se la confía al espectador. Deja que los cazadores o sus anfitriones expliquen por qué hacen aquello, lo que sienten, etcétera. A veces hay algo de grotesco en lo que percibimos de esta actividad de la caza, donde no hay necesidad de matar para alimentarse, y en que ni siquiera existe el subidón adrenalítico del peligro, aunque sí experimentan los protagonistas cierto placer en, como ellos dicen, "cobrarse piezas"; todo podría verse como los últimos vestigios del colonialismo. Un animalista quizá se vea confirmado en sus convicciones del sufrimiento y eliminación innecesaria de estos animales, mientras que es de suponer que los cazadores que han aceptado aparecer en el film estarán satisfechos, pues aparecen tal cual, sin apostillas ni manipulaciones del cineasta.

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