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Nota decine21
estrella
Techo y comida

Techo y comida

Techo y comida

Principales intérpretes

Premios: 1 Goya (más 2 nominaciones) Ver más
Goya
2016
Ganadora de 1 premio
Nominada a 2 premios

Sinopsis oficial

Techo y comida

En Jerez de la Frontera (Cádiz 2012) Rocío, de 25 años, madre soltera y sin trabajo no recibe ningún tipo de ayuda ni subsidio. Vive con a su hijo Adrián de 8 años en un piso alquilado que no paga desde hace meses por lo que continuamente el dueño la amenaza con echarles a la calle. Rocío mantiene en privado esta situación, se busca la vida a diario, para conseguir lo mínimo para su manutención y hacer frente a los gastos de la vivienda. Para ello realiza trabajos ocasionales mal pagados y venta en el top manta de objetos que encuentra pero que apenas dan para comer. Los primeros síntomas de Adrián de una posible desnutrición, empujan a Rocío a buscar comida en los contenedores de basura y depender de las donaciones del comedor social. A esta situación se suma, a la falta de luz y gas, el corte en el suministro de agua que, junto el desvanecimiento de las esperanzas que tenía puestas en la promesa de un puesto de trabajo, los deja en una situación de máxima precariedad. Finalmente, la denuncia interpuesta por el propietario del piso por el impago de los recibos del alquiler, pone en peligro la situación de Rocío y Adrián.

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Techo y comida
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Crítica decine21.com

estrella
6
Sobrevivir a duras penas
Sobrevivir a duras penas

Jerez de la Frontera, Cádiz, 2012. Rocío es una madre soltera, joven, con un niño despierto y vivaracho que acude al instituto local. En el paro desde hace tres años, Rocío vive en un piso de alquiler, que no paga desde hace ocho meses. El propietario le exige el dinero cada vez con mayor vehemencia, mientras que Rocío sólo piensa en salir adelante cada día, en encontrar trabajo, en conseguir algo de dinero para poder dar de comer a su hijo.

Juan Miguel del Castillo debuta con personalidad en el largometraje con este durísimo drama social que denuncia la situación de pobreza y desesperación de miles de familias en España. Habla el director sin contemplaciones, alejándose de la ficción lo más posible para retratar con realismo la tragedia de la pobreza, pero no de la carestía de los “pobres” que piden por la calle una limosna y van tirando cada día miserablemente. No. Techo y comida quiere desviar la atención hacia una situación más desesperada, la de miles de personas que poco a poco lo han ido perdiendo todo por culpa de la crisis: el trabajo, el dinero, la alegría, la salud, la dignidad, hasta llegar a carecer de lo más básico (el título ya es suficientemente explícito). Quiere hacer ver Del Castillo que la crisis se ceba en los más débiles, en los menos preparados. Es decir, en la mayoría de la población, en gente absolutamente normal que, pese a sus diarios esfuerzos, no logra salir adelante. Es ésta una pobreza más difícil de reconocer y de aceptar, y por eso más trágica: es la carencia de quien va al supermercado y sólo puede comprar pan, la de quien no puede lavarse porque no tiene jabón, la de la madre que ve horrorizada cómo su hijo se desmaya de hambre.

El director demuestra su seriedad a la hora de tratar la cuestión. Por un lado no se distrae con otras líneas narrativas; por otro, lo lleva a cabo con seca sobriedad. Aquí no hay más cera que la que arde, como en la vida. Hay en este sentido algún pasaje significativo, como esa audaz y terrible conversación con el abogado, en fuera de campo, como quien no tiene interlocutor posible. Y, a la vez, aunque evita complacencias, Del Castillo es capaz de reconocer que no es todo negrura, que también hay bondad en las personas, en gentes de bien que no miran hacia otro lado ante el sufrimiento. En este punto tampoco esconde el film la enorme y callada labor que realiza la Iglesia por los desfavorecidos, aunque también haya que lamentar una vez más lo que parece ser una obligación en el cine español: dibujar a las monjas, aunque sea con un detalle, como personas grotescas y desagradables.

Cuenta la película con una puesta en escena muy pegada al terreno, nada artificiosa, con localizaciones en un barrio humilde de Jerez de la Frontera. Rodada con cámara a menudo en movimiento, la narración no deja en ningún momento de posarse sobre la protagonista, Rocío, personaje doloroso al que el acento natural y la capacidad interpretativa de una extraordinaria Natalia de Molina (Vivir es fácil con los ojos cerrados) saca una enorme humanidad, una veracidad agobiante, perfecta encarnación de las víctimas de una situación que clama al cielo.

DVD, Blu-ray
Distribuye: A Contracorriente
Extras: Español 5.1. Documentales.
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