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Nota decine21
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The Young Pope

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Principales intérpretes

Sinopsis oficial

The Young Pope

Lenny Belardo, alias Pío XIII, es el primer papa estadounidense de la historia. Joven y encantador, su elección puede parecer el fruto de una sencilla y eficaz estrategia mediática del Colegio de Cardenales. Sin embargo, y como es bien sabido, las apariencias engañan. Sobre todo en el lugar y con las personas que han escogido el gran misterio de Dios como el faro que guía su existencia. Este lugar es el Vaticano y estas personas son los líderes de la Iglesia Católica. Y la figura más misteriosa y contradictoria de todas resulta ser el propio Pío XIII. Astuto e ingenuo, anticuado y vanguardista, dubitativo y decidido, irónico, pedante, dolido e implacable, Pío XIII trata de seguir el largo camino de la soledad humana para encontrar un Dios para la humanidad. Y para sí mismo. 

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The Young Pope
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Crítica decine21.com

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Interiores vaticanos
Interiores vaticanos

Mirada personalísima del italiano Paolo Sorrentino a las bambalinas del Vaticano y la Iglesia Católica en forma de miniserie. Arranca con el recién elegido Papa Pío XIII, el joven estadounidense Lenny Belardo, cuyas intenciones para el nuevo pontificado son un enigma, se aguarda con expectación su primera alocución desde el balcón de San Pedro, que de momento ha diferido. De hecho el primer doble episodio está enmarcado por dicho discurso, pues arranca con él como parte de una pesadilla del Papa, y termina con la pronunciación real de dicho discurso. Entremedias seguimos a un Papa de modos decididamente diferentes, fumador y amante de la cherry coke, que rompe el saque al cardenal secretario de estado ignorando sus consejos y trayendo junto a sí a la monja que le educó de niño, cuando era huérfano y ella ejerció un papel casi materno.

La serie encaja bien en el personal universo de Sorrentino, un esteta nato que cuida siempre de modo sorprendente todo lo formal, visual y sonoro, abordando cuestiones serias, el sentido de la existencia, la búsqueda de la felicidad, el anhelo de amor, con una mirada irónica con tintes surrealistas. Parece evidente que el cineasta italiano no tiene fe, no exhibe desde luego maneras de católico de comunión diaria, pero sí se encuentra fascinado por el papel espiritual de la Iglesia y guardián de ciertos valores, a menudo a contracorriente de modas. Y se sumerge en la paradoja de lo bello y bondadoso que hay en la Iglesia, que conviviría con luchas de poder, escándalos y comportamientos hipócritas. Se diría que hay un esfuerzo sincero por explorar lo que no entiende, pero no deja de ser la suya una mirada mundana, algo superficial, con un afán de provocación demasiado forzado, inspirado en algunos escándalos que han minado el multisecular prestigio de la Iglesia. El director ignora quién es Jesús o qué son los sacramentos, algo que no dejará de observar el espectador creyente.

Sorrentino tiene junto a sí a un atractivo reparto internacional encabezado por Jude Law, pero pesa una sensación de artificial pose, el juego de la contradicción vuelve una y otra vez, componiendo así un entramado argumental que reposa sobre arenas movedizas. Quizá es el deseo del cineasta, hablar desde la modernidad de lo vano que resulta buscar seguridades de fe, doctrinales, en las personas, para decir una y otra vez "no sabemos", nos movemos en un misterio donde tal vez haya un Dios, pero donde la angustia no nos deja en paz ni un segundo. Y para sobrellevar tan sombrío panorama, apenas puede ofrecer algo más que un humor un tanto socarrón, con una puesta en escena que no deja de rendir todo el tiempo una especie de muda admiración a la liturgia católica, más mil intrigas que parecen insistir en la pequeñez y mediocridad del ser humano.

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  • Últimos comentarios de los lectores (1)

    2772 | Paco Gil - 2016-12-29 00:00:00
    Me parece que este "dios para la humanidad" que busca Paolo Sorrentino y esta "angustia existencial hasta la nausea, no es otro que el de la corriente de la corrección política y el pensamiento único de la Dictadura del Relativismo: un humanitarismo sin dimensión trascendente. El hombre se salva por sus propias fuerzas, por su conocimiento, por la ciencia, por el poder de la revolución tecnológica. Negamos al verdadero Dios para afirmar al hombre. Sorrentino es un notario de la posmodernidad y sabe que no solo Dios ha muerto (Nietzche y su profecía de 2 siglos de nihilismo (siglos XX y XXI) sino que el hombre también ha muerto y, con él, también todo lo propiamente humano. Hegel decía que un pesimista es un realista bien informado". Las cosas son lo que son. Este Papa se parece mucho al Señor Felsenburg del libro de Robert Hugh Benson El amo del mundo.
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