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Biografía

Claudio Miranda

Claudio Miranda

Claudio Miranda

Premios: 1 Oscar

Oscar
2013

Ganador de 1 premio

Filmografía
Top Gun: Maverick

2020 | Top Gun: Maverick

Después de más de treinta años de servicio como uno de los mejores aviadores de la Armada, Pete "Maverick" Mitchell (Tom Cruise) se encuentra dónde siempre quiso estar, sobrepasando los límites como un valiente piloto de prueba y esquivando el avance en su rango que lo emplazaría en tierra. Durante el entrenamiento a un destacamento de graduados de Top Gun para una misión especializada, Maverick se tropieza con el Teniente Bradley Bradshaw (Miles Teller), distintivo: "Rooster", el hijo del difunto amigo de Maverick, y el Oficial de Intercepción de Radar, el Teniente Nick Bradshaw, conocido como "Goose". Enfrentándose a un futuro incierto y a los fantasmas de su pasado, Maverick se ve envuelto en una confrontación con sus miedos más profundos, culminando en una misión que exige el máximo sacrificio de aquellos que serán elegidos para volar.

Héroes en el infierno

2017 | Only the Brave

Eric Marsh es el jefe de una brigada municipal especializada en sofocar y minimizar incendios en las montañas de Arizona. Se trata de una veintena de hombres que demuestra coraje y conocimiento en su trabajo y Eric aspira a recibir un alto certificado del gobierno que les permita estar en la primera fila en situaciones graves. Se unirá al grupo Brendan, un ex yonqui que quiere asentar la cabeza tras ser padre de una niña. No le será fácil adecuarse al duro entrenamiento y a la convivencia con sus compañero. Potente drama basado en hechos reales dirigido por Joseph Kosinski, quien da un portazo así al género de ciencia ficción con el que se dio a conocer al gran público con trabajos interesantes como Tron Legacy y Oblivion. A partir de un artículo publicado en GQ, los guionistas Ken Nolan y Eric Warren Singer ofrecen una historia muy humana, bien dosificada, acerca de los hechos trágicos que acapararon las noticias estadounidenses, acaecidos en 2013 en los las colinas de Arizona. Héroes en el infierno podría haber caído en el tópico film simplón y patriotero (y más con ese título de manual), pero estamos ante una historia bien desarrollada que expone situaciones verosímiles sobre relaciones personales y crecimiento interior. La estructura se asimila al paradigma de las películas bélicas, en donde un grupo de compañeros comparten vida y trabajo de riesgo. Antes hay espacio para el necesario entrenamiento, duro y formativo, donde se asientan las bases del juego previo a las secuencias de acción, e incluso están presentes las novatadas, la férrea disciplina y la confianza en el mando. Con este enfoque el film recoge también convincentemente la camaradería entre todos ellos, de modo que nos hacemos cargo de la unión del equipo más allá de diferencias personales. Es imposible que se preste igual atención a todos los personajes, pero entre incendio e incendio el guión sabe detenerse en los conflictos de los más importantes, especialmente en Eric y Brendan, más parecidos de lo que parece. Aparte del correcto trabajo de Miles Teller, destaca sin duda la composición de Josh Brolin como el jefe de la brigada y la alta calidad de las escenas que comparte con su esposa Amanda, extraordinariamente encarnada por Jennifer Connelly. Con tacto cinematográfico, ese caballo herido transmite bella y metafóricamente sus pasados traumáticos y difíciles. Visualmente la película es estupenda y las escenas de incendios, aunque no sean especialmente espectaculares, son veraces y están rodadas con suficiente pericia para no perder ojo. El fuego, elemento vivo con quien incluso habla el protagonista, tiene una enorme presencia, siempre amenazante, traicionera, por mucho que haya sido sofocado anteriormente en multitud de ocasiones. La notable banda sonora de Joseph Trapanese (El gran showman) potencia magníficamente esa sensación.

6/10
Tomorrowland. El mundo del mañana

2014 | Tomorrowland

En la Feria Mundial de Nueva York, en los años 60, un niño, Frank Walker, presenta un invento muy personal, una mochila autopropulsada para volar individualmente por el aire. No funciona bien del todo, pero se va a convertir en su pasaporte a Tomorrowland, una realidad espaciotemporal paralela a la que le guía una niña robot, Athena, y donde gente sabia prepara un futuro para la humanidad lo mejor posible. Pero pasan los años, y el hombre muestra una capacidad autodestructiva bastante notable, y precisamente ése es el panorama nada halagüeño que ha provocado el exilio de Frank, adulto, al mundo de las personas normales. Aunque tal vez haya alguien capaz de cambiar las cosas: Casey, una adolescente de acusada personalidad, rebosante de sentido común y amante de la ciencia, gusto que ha heredado de su padre. O al menos eso piensa Athena, que confía en ella como lo hizo en Frank en el pasado. Entretenidísima cinta juvenil, que aúna lo viejo y lo nuevo, pues incluye aventuras de toda la vida y cierto aire nostálgico, subrayado por la añoranza de los parques de atracciones, combinadas con el planteamiento de un futuro distópico que hay que tratar de evitar a toda cosa, y una impresionante imaginería visual, parafernalia de efectos visuales que parte de la valenciana Ciudad de las Artes de y de las Ciencias de Calatrava en Valencia, uno de los lugares de rodaje de la cinta. Brad Bird (Los increíbles) sabe dotar a la cinta de un ritmo trepidante, y un magnífico sentido del humor, especialmente en la visita de Casey a una tienda de objetos "vintage" de películas como La guerra de las galaxias. De hecho Tomorrowland explota con claridad la idea de atraer no sólo a espectadores jóvenes, sino a los mayores que disfrutaron en el pasado con determinados filmes, lo que no es de extrañar en un estudio, Disney, que se mueve con esos mismos planteamientos a la hora de poner en marcha los nuevos episodios de Star Wars y las aventuras de superhéroes Marvel. El film evita ser demasiado sombrío, una opción inteligente que subraya la confianza en las personas para tomar decisiones libres en la dirección correcta, se nota que combinan bien en el guión las manos de Bird y Damon Lidenlof, unos de los creadores de Perdidos y The Leftovers. Y hay química entre los personajes, ya sea en esa especie de relación paternofilial que se establece entre los de George Clooney y Britt Robertson, o entre ambos y la encantadora niña robot Raffey Cassidy. También hay inteligencia en la sobria composición del personaje de Hugh Laurie, que se prestaba a un ridículo histrionismo.

6/10
Oblivion

2013 | Oblivion

Futuro distópico. En el año 2077 la Luna ha sido destruida y la Tierra sufre una contaminación nuclear, debido a una guerra alienígena que al final ganaron los humanos. Los supervivientes han debido exiliarse a otros planetas, y unos pocos elegidos quedan destinados a la Tierra controlando los drones que obtienen valiosos recursos naturales. Uno de ellos es Jack Harper, que junto a su compañera Victoria, realiza su misión después de que a los dos les borraran la memoria, una acción que se supone facilita su arduo trabajo. Mientras ella realiza las tareas asignadas desde Control de modo metódico, él empieza a cuestionarse todo y a hacerse preguntas sobre el que fuera su hogar, la Tierra. Película basada en un relato de ciencia ficción del director Joseph Kosinski, que se convertiría también en novela gráfica. Con Oblivion Kosinski demuestra que puede hacer películas más interesantes que Tron Legacy, todo lo visualmente asombrosa que se quiera, pero esencialmente hueca y tediosa. Aquí conjuga la imaginería y el diseño espectaculares con una trama medianamente entretenida y de tintes apocalípticos, que contiene guiños a La guerra de las galaxias, 2001: una odisea del espacio y Matrix, entre otros títulos, pero sin renunciar a la personalidad propia. Oblivion maneja ideas como la manipulación, la aceptación pasiva del estado de las cosas y el uso de la libertad para labrar el propio destino, con un telón de fondo de la Tierra hecha pedazos, metáfora muy presente en el cine actual para hablar de los desafíos que debemos afrontar en nuestra contemporánea sociedad. Y lo hace sin complicarse demasiado la vida, de modo que pese a paradojas y sorpresas argumentales discutibles, en el fondo tenemos una historia muy sencilla, donde quizá lo más flojo es lo relativo a los rebeldes, un grupo de personajes zarrapastrosos sin demasiado interés, véanse al desganado Morgan Freeman fumándose literalmente un puro, o a Nicolaj Coster-Waldau en plan desconfiado y tal. De modo que el rey de la función es Tom Cruise, con sus princesas Olga Kurylenko y la poco conocida Andrea Riseborough. Ahí hay espacio para hablar del amor, e incluso hacer un guiño romántico a Tú y yo en el Empire State Building.

6/10
La vida de Pi

2012 | Life of Pi

Un escritor necesitado de inspiración concierta por recomendación de un amigo suyo una entrevista en Canadá con Piscine Militor Patel, conocido abreviadamente como Pi. De origen indio, supuestamente Pi es dueño de una historia increíble sobre su propia vida, tan asombrosa que cualquiera que la escuche acaba creyendo necesariamente en Dios. Intrigado, el escritor escucha el sugestivo relato de Pi, cuya familia tenía un zoo en Pondicherry, en la India en los años 70. Su padre se ve obligado a desprenderse del negocio, y viaja con los suyos rumbo a Canadá, dispuesto a vender allí a los animales. Fatalmente el barco japonés en el que navegan naufraga, y Pi sobrevive en una barca con la única compañía de Richard Parker, que a pesar de tener un nombre tan humano se trata nada menos que de un fiero tigre. Inspirada y sensible adaptación de la novela de Yann Martel, que a priori parecía infilmable, sobre todo en lo referente a la odisea de Pi joven, en medio de las aguas del océano, conviviendo con un tigre y enfrentado a los elementos de la naturaleza. El guión de David Magee (que también escribió el libreto de Descubriendo Nunca Jamás, con la que tiene algunos puntos en común) se estructura alrededor de la entrevista que el escritor tiene con Pi, lo que da pie a un relato punteado con medida por la voz en off del protagonista adulto. Y Ang Lee insufla el relato de una increíble imaginería. Pi niño, Pi joven, Pi adulto. En Pondicherry, en el mar, en Canadá. En estas circunstancias y con distintos tonos conocemos la vida de Pi y la sabiduría que ha ido adquiriendo con el paso de los años. La parte de la infancia en India tiene algún momento humorístico –la explicación del nombre del protagonista–, pero también pasajes más reflexivos, ya sea el de la la educación a la hora de hablar de la peligrosidad del tigre, o los relativos a la atracción que Pi siente por las distintas religiones, ya sea el hinduismo familiar, el cristianismo del que charla con un sacerdote, o el islam que observa en una cercana mezquita. En efecto, la fe en Dios tiene gran importancia en toda la cinta, la búsqueda del Ser Supremo a quien todo debemos, y ello no con una visión simplona de que todo viene a ser lo mismo, o de que en el “supermercado religioso” hay que servirse lo que a uno más le apetece, sino subrayando el trato personal con la oración y el seguimiento del itinerario que uno piensa que debe seguir, en apertura a la verdad. También tiene peso en La vida de Pi la idea de la educación –familiar, proporcionada por personas sabias, de la propia experiencia vital, de tradiciones e historias transmitidas de unos a otros...–, representada singularmente por el personaje del padre, un referente expresamente mencionado por Pi, y de la que se sugiera una continuidad por la última escena en que vemos al protagonista con la familia que él mismo ha formado. Y otro acierto es no ceder a la tentación de convertir al tigre en algo distinto a lo que es, un majestuoso, hermoso y fiero animal. No, no tenemos por suerte un gato grande con rasgos casi humanos. Ang Lee experimenta por primera vez con el 3D, y como otros grandes directores –James Cameron, Martin Scorsese, Wim Wenders, Werner Herzog...– demuestra que se puede sacar partido creativo a este formato y a la tecnología digital. Las imágenes que vemos son de gran belleza de modo que muchos pasajes respiran un aliento poético que encaja muy bien con la idea omnipresente de que Dios juega un papel en la vida del ser humano. De tal modo que el espectador parece obligado a aceptar que, en La vida de Pi, las aguas, los animales, la isla, forman parte del mundo real, no tiene uno sensación de ser testigo pasivo de un cuentecillo de corte fantástico. La película no cuenta con actores conocidos, a excepción de Gérard Depardieu en un brevísimo papel. Pero los actores indios, empezando por el que soporta mayor peso, el debutante Suraj Sharma que encarna al juvenil Pi, están muy bien, se hacen entrañables. Uno está tentado de comparar La vida de Pi con Slumdog Millionaire, ambas películas manejan perfectamente historias indias que tienen detrás a grandes directores de otras culturas, aquí el taiwanés Ang Lee, en la otra el británico Danny Boyle. Y entrevista o interrogatorio sirven para contar el asombroso ingreso en la madurez de un joven indio.

7/10
Tron Legacy

2010 | Tron Legacy

Steven Lisberger dirigió en 1982 Tron, una cinta adelantada a su tiempo por su temática (la realidad virtual, las redes informáticas), y por la utilización de gráficos elaborados por ordenador. Contaba con diseños de Jean Giraud “Moebius”, y aunque se estrelló en las taquillas, cosechó incondicionales y con el tiempo ha pasado a estar considerada en cierto sentido una película de culto. Por estas razones, Disney ha producido esta lujosa secuela, casi tres décadas después, con Lisberger como productor ejecutivo, mientras que cede la silla del director al debutante Joseph Kosinski, reputado realizador publicitario. Esta vez el protagonista es Sean Flynn, hijo de Kevin Flynn, personaje que interpretó Jeff Bridges en el film original. Cuando era muy pequeño, Sean fue abandonado por su padre, director general de la potente compañía informática Encom, que desapareció sin dejar rastro. Cuando Sean es un brillante experto en tecnología de 27 años, frustra el lanzamiento de uno de los productos estrella de Encom, filtrándolo en internet para su descarga gratuita, como protesta contra los ambiciosos ejecutivos nuevos de la compañía, tan ambiciosos como carentes de principios. Mientras investiga la desaparición de su padre, Sean pasa por el antiguo salón de videojuegos que éste regentaba, ahora abandonado. Descubre una sala oculta tras una máquina de videojuegos, desde donde se ve transportado al mundo virtual donde fue a parar tiempo atrás su progenitor. Se reencontrará con él en este lugar, ahora dominado por Clu, un antiguo programa que se ha convertido en un déspota. Disney ha apostado fuerte por esta producción que ha promocionado a lo grande desde años antes de su estreno, a base de lanzamiento de trailers, encuentro con los fans en convenciones como la Comic-Con de San Diego, avances de imágenes, etc., por lo que han creado altas expectativas. El film ha sido tan costoso que la campaña de lanzamiento va dirigida al público familiar, pues para que sea rentable debe convencer no sólo a quienes la esperan con impaciencia, sino a todos los sectores del público. ¿Gustará esta película a todos los espectadores? Está por ver, ya que tanto la trama como la estética parece sólo para apasionados de la informática, fans de la cinta de los 80 e incondicionales del cine fantástico. Tron Legacy se distingue por sus llamativos efectos especiales, y por sus grandes dosis de acción al estilo de los videojuegos, todo ello muy del gusto de los espectadores actuales. Sin embargo, y a pesar del derroche de medios, el mundo virtual supuestamente impactante, es más frío y menos original por ejemplo que el planeta Pandora, de Avatar, compuesto por su propia flora y fauna inventada, y claramente más vistoso. Básicamente los platos fuertes de la función son las secuencias de acción, pero las tres principales, a pesar de estar muy trabajadas no son demasiado novedosas. Dos de ellas (el duelo de discos y la guerra de motos) son reelaboraciones de las que ya había en la primera entrega, mientras que la otra es una batalla de naves que “homenajea” a un conocido momento de La guerra de las galaxias: Una nueva esperanza. El guión de los habituales de la serie Perdidos Edward Kitsis y Adam Horowitz cumple su función y se puede calificar de trabajo impecable, pero también es cierto que resulta un tanto insulso. Se rehuye el tratamiento de cualquier tema de calado, pues por ejemplo no aprovecha demasiado la metáfora religiosa presente en su predecesora, donde Flynn, el creador, se encontraba con uno de los programas que él mismo había elaborado, y éste le preguntaba si sus actos correspondían a un plan minuciosamente elaborado. Aquí se ofrece algún apunte sobre las consecuencias de la desobediencia de una criatura (Clu) a los designios de su creador, pero se pasa de lado por el asunto, como si algún ejecutivo hubiera dicho a los guionistas que el film no podía ser demasiado denso, a lo Blade Runner, no sea que se espante al público. Curiosamente, se deduce de la cinta un mensaje pro ‘libertad absoluta y gratuidad en la red’, pero más parece una estrategia para ganarse la complicidad del público juvenil, por parte de una compañía, Disney, tan afectada como el resto de majors por las descargas de archivos sin pago de derechos. El punto más débil de Tron Legacy son los personajes, todos ellos muy irreales. Por un lado, el joven protagonista, Sean Flynn, se reduce a un arquetipo de aspirante a héroe muy esquemático, y el actor que le interpreta, Garrett Hedlund (Eragon, Troya) no tiene demasiado carisma. El siempre solvente Jeff Bridges fracasa por completo al intentar insuflar vida de nuevo a Kevin Flynn, tan desdibujado que parece un robot sin sentimientos, que apenas se emociona cuando se reencuentra con su vástago al que lleva un par de décadas sin ver. Llama la atención que mucho después de verle por primera vez le pregunte si han fallecido ya los abuelos, como si los guionistas trataran de arreglar el desaguisado y darle un poco de profundidad, demasiado tarde. Tampoco resulta convincente otro actor de primera, Michael Sheen, que se esfuerza por hacer interesante a Castor, el dueño de un club, que queda como un loco extravagante sin mucho atractivo. A Olivia Wilde le ha correspondido un personaje muy inhumano sin gracia y el veterano Bruce Boxleitner –que repite como el programa Tron y Alan Bradley, su programador– apenas tiene presencia en el film.

5/10
El curioso caso de Benjamin Button

2008 | The Curious Case of Benjamin Button

Adaptación de un relato corto de Francis Scott Fitzgerald, es de esos casos en que la película está a la altura del original, si no lo supera ampliamente, aunque sólo sea por la ventaja de su mayor ambición artística, se aumenta el tamaño del lienzo donde se pinta la narración, por así decir. La historia central es la del Benjamin Button, un hombre que nace en la Luisiana cercana a los años de la Primera Guerra Mundial, con un aspecto que espanta a su padre hasta el punto de abandonarlo. En efecto, se diría que Benjamin ha nacido anciano. Y, justamente, es acogido en una residencia de ancianos. A medida que crece, criado por una mujer negra, sus graves enfermedades y los achaques propios de la vejez van desapareciendo. Pronto es evidente que el proceso de madurez de Benjamin corre en dirección contraria a la del resto de los mortales: con el paso de los años rejuvenece. Esta narración, inspirada en el original de Fitzgerald, la enmarcan los guionistas Eric Roth y Robin Swicord dentro de otra historia contemporánea, la de una anciana ingresada en un hospital, también de Luisiana, acompañada por su hija, en un momento en que se acerca el huracán Katrina. A instancias de su madre, la hija le lee unas memorias que recogen las andanzas de Benjamin Button, y a medida que transcurra el metraje sabremos de los lazos que unen a ambas historias. Obviamente, la trama es muy original, pero difícil de trasladar a la pantalla. Y lo increíble es que, tanto el guión de la película –donde los intereses de Roth parecen conectar con los de su libreto de Forrest Gump–, como la puesta en imágenes de David Fincher, logran el milagro de que aceptemos un planteamiento que exige suspender la incredulidad. Ayuda, claro está, el empaque de una producción de Frank Marshall y Kathleen Kennedy, que ya sorprendieron en 2007 apadrinando un título de la calidad de La escafandra y la mariposa. No sólo los efectos de maquillaje son soberbios, sino que el director a cargo del proyecto tiene una gran capacidad visual, da bien los saltos narrativos a los distintos escenarios, y hace un uso perfecto de ideas de guión como la del reloj que marcha hacia atrás, o la del tipo al que gusta contar las siete veces en que fue alcanzado por un rayo. La voz en off funciona y hay un completo acierto en el reparto, con un genial Brad Pitt bien respaldada por actrices como Cate Blanchett y Tilda Swinton. El discurrir de toda una vida se convierte en una maravillosa parábola sobre el sentido de la la existencia, una reflexión sobre el paso del tiempo y las cosas a las que merece la pena dedicarlo. Abundan las peripecias en la narración, se tiene la sensación de ser testigo de cómo se van conformando la experiencia de una vida plena, que necesariamente no es perfecta, pero que ha valido la pena. De algún modo Fincher alcanza la meta que no supo hollar Francis Ford Coppola en Jack y Juventud sin juventud, dos títulos que exploran estos mismos temas. De un modo singular lo logra en la historia romántica, primero con las experiencias iniciáticas que avergüenzan y sin futuro –la “primera vez” en un prostíbulo, el primer enamoramiento, de una mujer casada...–, para dar paso, sí, al encuentro con el amor verdadero, que si ya es complicado mantener en circunstancias normales, aquí resulta más frágil y elusivo, exige incluso una mayor responsabilidad. La idea de cambiar el paso ordinario en la evolución de una relación conyugal sirve para subrayar los pilares sobre los que se sustenta, ese amor que debe ser cultivado, esa prole que es un tesoro increíble, el espíritu de sacrificio, tantas pequeñas cosas que, si se descuidan, pueden conducir a equívocos y suspicacias. Una mirada más directa a la trascendencia habría redondeado una magnífica película, que en este terreno prefiere mantenerse en un segundo plano, aunque no se eluda el tema en la naturalidad con que los personajes rezan.

9/10
Novia por contrato

2006 | Failure to Launch

Tripp tiene 35 años y un buen trabajo. A pesar de todo, sigue viviendo con sus padres. Éstos se llevan bien con él, pero piensan que debería abandonar el nido paterno, por su propio bien. Así que ponen en marcha un plan poco convencional, con ayuda de Sara, asesora experta en el tema de los hijos maduros que se resisten a marcharse. Ésta conseguirá que Tripp se enamore de ella, para convencerle de la necesidad de dejar la casa de sus progenitores. La especialista despliega sus armas de seducción, y consigue convertirse en falsa novia, pero no contaba con que se enamoraría realmente de él. En la sociedad moderna, los hijos tardan cada vez más en irse de casa, fenómeno que dio lugar a Tanguy ¿Qué hacemos con el niño?, una olvidada pero divertida comedia francesa. Es también el tema central de esta ligera comedia romántica del especialista en el género Tom Dey, responsable de Showtime y Shanghai Kid. Del este al oeste. De argumento predecible, presta mucha atención a las subtramas de los amigos de los protagonistas. McConaughey, en un papel similar al de Cómo perder a un chico en 10 días o Planes de boda, y Sarah Jessica Parker, en la línea de Sexo en Nueva York, pero sin las aristas de la serie televisiva, no han tenido que esforzarse especialmente por hacer creíbles sus personajes. Sorprende más Kathy Bates, sobre todo cuando explica a su hijo, en plan serio, los motivos por los que debería empezar su propia vida.

3/10

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