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Biografía

José Luis Guerín

José Luis Guerín

José Luis Guerín

Premios: 1 Goya (más 1 premios)

Reinventando el documental

30 Septiembre 2010

Ficción, documental, ¿qué más da? Para José Luis Guerín el cine es arte, y él un artista que filtra el mundo a través de la mirada personalísima de su cámara.

José Luis Guerín nació en Barcelona en 1960. De formación autodidacta, y siempre interesado por la estética, comenzó a rodar cortos con su cámara de Súper 8 en 1975, para luego pasar a los 16mm. Su afán de aprender también le llevaría a la enseñanza, pues Guerín es profesor de cinematografía en la Universidad Pompeu Fabra en su ciudad, y allí ha impulsado la carrera de cineastas con su misma sensibilidad.

1983 marcó su debut como director de largometrajes gracias a Los motivos de Berta, que evidencia lo que será una constante en su filmografía, su condición de autor personalísimo, que acomete las películas que desea, que nacen en su mundo interior, no son encargos de terceros. Su film, rodado en blanco y negro y con una adolescente de protagonista que vive en una población rural, invitaba inevitablemente a las comparaciones con El espíritu de la colmena, una de las obras maestras indiscutibles del cine español. En cualquier caso era un trabajo riguroso, de ritmo pausado y contemplativo, que invitaba a pensar, además de en Víctor Erice, en el cine de Robert Bresson. Desgraciadamente, tendría muy poca difusión. El hecho de que la idea de la cinta partía de los diarios de adolescente que Guerín coleccionaba resulta premonitorio de su interés por el documental, aunque no un documental cualquiera, sino de aquel que se ha dado en llamar documental de ficción.

Que su cine es especial, y difícil de analizar, lo reconocía el propio Guerín en una entrevista a la revista Dirigido, donde afirmaba: “La crítica sólo puede existir si se deriva de un análisis previo, que es lo que generalmente no hay. Lo que me preocupa es cuando se eliptiza un análisis y se deja sólo la crítica, generalmente no entiendo nada, y creo que hay tanto falta de espacio como pereza mental en algún caso.”

El siguiente largo de Guerín tardará siete años en llegar, y como todo su cine, sería un apetitoso bocado para los amantes del cine más exquisito. Innisfree era una película casi mágica, que proponía un viaje a la localidad irlandesa donde John Ford rodó El hombre tranquilo. El lugar en la actualidad parecía hacerse eco de los fantasmas fílmicos de antaño que todavía rondarían el lugar.

Otro salto en el tiempo, siete años ‘again’, y nuevamente tenemos un documental creativo y ‘fantasmal’, que surge a partir de las viejas películas familiares de Gérard Fleury, que desapareció en los años 30. Tren de sombras jugaba con presente y pasado, y la posibilidad de que el celuloide desvele secretos largamente ignorados.

Las grandes obras se gestan despacio, o dicho de otra forma, Guerín no tiene prisa en rodar aceleradamente. Debe surgir la idea, y entonces se pondrá a la obra. Y precisamente unas obras dan pie a su siguiente film, de 2001, En construcción, donde sigue el levantamiento de un edificio en el antiguo barrio chino. Con horas y horas de material filmado, y atento a cómo afecta a las vidas de las personas la construcción, entrega un arriesgado y hermoso film sobre la cotidianeidad, donde juega a recrear la realidad con los protagonistas de la misma. La película ganaría el Goya al mejor documental, y el Premio Especial del Jurado en el Festival de San Sebastián.

En estos momentos la categoría fílmica de Guerín está firmemente establecida. Su cine se dirige a una “inmensa minoría”, pero ésta la acoge con pasión, espera ilusionada sus nuevos trabajos. En la ciudad de Sylvia (2007) también tiene aire documental, pero desde luego cuenta con actores. Sin embargo la trama que se desarrolla por las calles de Estrasburgos, la ciudad de Sylvia, es mínima, apenas se pronuncias algunas frases, las imágenes del artista que sigue a la joven se bastan en una propuesta estéticamente hermosa, pero que exigen el esfuerzo comprometido del espectador. La película acudiría a la Mostra de Venecia, y daría pie a otra obra más experimental, Unas fotos en la ciudad de Sylvia y, prolongando aún más el encadenamiento de obras, a la reciente Guest, donde el periplo promocional del film en distintos festivales de todo el mundo da pie a una mirada a gente diversa, y a reflexionar una vez más acerca de la delgada, inexistente línea divisoria entre ficción y documental.

Goya
2002

Ganador de 1 premio

Ganador de 1 premio

Filmografía
La academia de las musas

2015 | La academia de las musas

Documental creativo de José Luis Guerín, que parte de los personales métodos pedagógicos del profesor Raffaele para impartir sus clases de poesía en la Universidad de Barcelona. Al modo socrático, mantiene intensos diálogos con sus alumnos, fundamentalmente mujeres, acerca de la obra de Dante y el papel inspirador de Beatrice en el poeta, debatiendo sobre la necesidad de musas activas en la sociedad actual. Lo que no acaba de convencer a su esposa. No tiene este film de Guerín la poesía que destilaban Innisfree y Tren de sombras, ni tampoco la fuerza de la más urbana y tal vez prosaica En construcción. Está bien invitar a hablar y reflexionar sobre las grandes cuestiones, pero terminan agotando las larguísimas disertaciones sobre el amor, el deseo, el sexo, el género, el patriarcado y la muerte, o el trabajo de campo, nunca mejor dicho, entre las ovejas y sus cencerros en Cerdeña. Ni siquiera el último tramo, que parece querer cuestionar los deseos del artista que necesita inspiración y experimentación haciendo eco a los poemas, un paralelismo con el canto décimo del Infierno de la Divina Comedia, resulta todo los sustancioso que sería de desear.

4/10
Guest

2010 | Guest

El director José Luis Guerín, pertrechado con su cámara, atrapa imágenes en blanco y negro de todo el mundo durante la promoción de su última película en distintos festivales a los que acude como invitado. En ese largo año no importa tanto documentar la presentación de su trabajo o los certámenes –aunque algunas imágenes hay al respecto– como la captura de momentos “casuales” de gente en la calle, planos curiosos, declaraciones originales, y la conexión inesperada (o buscada, no nos engañemos, véase el caso de los predicadores callejeros y el lugar donde fue decapitado Juan Bautista) con otros posteriores en otros países. En uno de los festivales, el anfitrión de Guerín lo presenta como representante del documental de ficción y habla de la tenue línea que existe entre una cosa y otra. Y un poco a eso juega este film repleto de imágenes bellas y sugerentes. Cuando unas mujeres humildes preguntan al director en qué se diferencia una película del documental en el que van a estar ellas, están planteando sin saberlo el meollo del asunto, y la justificación de la obra de la que forman parte. Finalmente se recogen las declaraciones de la documentalista Chantel Akerman de que no hay diferencia alguna.

6/10
En la ciudad de Sylvia

2007 | En la ciudad de Sylvia

En 2001 el realizador catalán José Luis Guerín (Innisfree) sorprendió a la crítica y al público con su documental En construcción, su obra más famosa, por la que fue galardonado con un Goya y con el Gran Premio del Jurado en San Sebastián. Seis años más tarde entrega este sencillísimo y a ratos fascinante film de ficción que nos traslada a las calles peatonales de la ciudad de Estrasburgo. Guerín capta con su objetivo estampas cotidianas de la ciudad al tiempo que seguimos el itinerario físico (y al cabo también interior) del protagonista, un tipo que ha recalado en un pequeño hotel y va en busca de una mujer llamada Sylvia, a la que conoció años atrás. El cine de Guerín es otra historia. Si el espectador no está totalmente seguro de apreciarlo, mejor que no pruebe "a ver qué pasa", porque precisamente aquí "no pasa nada", apenas se pronuncian diez frases a lo largo del film, y seguramente el arriesgado espectador se suba por las paredes cuando un plano fijo permanezca en pantalla más de lo que el cine convencional le tiene acostumbrado, o cuando Guerín alarga las tomas una vez el protagonista ha salido del encuadre, y mantiene impasible el objetivo y entonces poco a poco nos obliga a detenernos en los detalles de la imagen: un vendedor de flores, un inmigrante, una mujer en el suelo, un letrero… Aunque, por otra parte, bueno, también es muy posible que uno quede completamente anodadado con la inusual y exigente propuesta del director, tan diferente, tan audaz, tan sencilla. Y hay que reconocer que Guerín tiene un descomunal talento para captar la belleza de lo cotidiano y lograr que una mirada, un gesto, un rayo de luz, el movimiento de un cabello, una calle, adquieran vivo sentido. Las pesquisas del protagonista, un tipo joven, delgado y de tez clara, con ese aire de artista a lo Modigliani, casi del siglo pasado, son enormemente sencillas y consisten principalmente en esperar en el café de la Escuela de Arte Dramático a que aparezca Sylvia. Guerín logra captar enormemente la atención cuando ella aparece (una verdadera musa Pilar López de Ayala) y el protagonista la persigue por las calles empedradas de Estrasburgo. Es en esta larguísima secuencia, y en su precedente en el café, en donde el director se revela como un maestro de la planificación y del uso del “tempo” propio de la película. La influencia de Eric Rohmer es clara especialmente en la fascinación que el protagonista siente por el rostro y el cuerpo femenino, en el uso de la luz natural, del sonido real de los viandantes, de las conversaciones, y por la inclusión de la música ambiental (impresionante el sonido de los violines cuando el protagonista dibuja a las mujeres en la mesa del café). Por otra parte, es cierto que muchos pasajes del film resultan opacos, menos logrados, algo reiterativos y hacia el final puede quedar un cierto regusto de confusión. De cualquier forma, Guerín ofrece un cine decididamente contemplativo, poético, con un inmortal motivo de fondo, el de la búsqueda del amor, el del encuentro con esa Sylvia real o irreal, que es a la vez ella y ellas, una mujer y todas las mujeres. La belleza misma, quizá inasible y siempre en despedida. Y quizá también permanente, al menos en su ausencia, como recuerda el plano final.

6/10
En construcción

2001 | En construcción

Fresco rebosante de naturalidad. Sin embargo, la elaboración de este atrevido documental de José Luis Guerín lo es todo menos descuidada. Durante tres años el director catalán siguió las obras de un nuevo inmueble en el antiguo barrio chino de Barcelona. Horas y horas de material filmado, cuidadosamente seleccionado y montado, de modo que se puede hablar, paradójicamente, de buscada espontaneidad. Guerín nos tiene acostumbrados a la singularidad de sus proyectos. En Innisfree revisitó los lugares donde se filmó El hombre tranquilo de John Ford. Mientras que Tren de sombras era la enigmática e inventada exploración de los secretos de una familia, a partir de unas películas domésticas. En construcción es sin duda su documental más realista, aunque encuadrable en lo que él llama “documental de creación”; un canto a la vida corriente, a los momentos pequeños y hermosos de cada día. ¿Es posible interesar con una película que sigue las evoluciones de las obras de un edificio? La respuesta de Guerín es un rotundo sí. Siempre que te fijes en las personas.

6/10
Tren de sombras

1997 | Tren de sombras

Documento histórico basado en las imágenes encontradas en una vieja cámara que en su día grabó una familia francesa, los Fleury, a principios de siglo XX. El cabeza de familia era Gerard Fleury, abogado y gran aficionado al cine, que por los años 30 desapareció en misteriosas circunstancias, pero dejó esta película en cuyas escenas se puede ver a todo su clan posando ante la cámara y los niños jugando en el jardín de su casa de campo. Más tarde, el film da un salto temporal donde la acción transcurre en los años 90, y es en ese momento cuando la película saca a la luz ciertos secretos que tenía la familia. José Luis Guerín (En construcción) dirige este documento tan particular.

5/10
Innisfree

1990 | Innisfree

José Luis Guerín realizó un viaje por los lugares donde se rodó la maravillosa película El hombre tranquilo, y tomó testimonios de las gentes irlandesas que aún recuerdan con cariño el mítico film de John Ford, protagonizado por John Wayne y Maureen O'Hara. Guerín aprovecha para hacer un retrato del carácter histórico de un pueblo marcado por una mentalidad tradicional.

7/10
Los motivos de Berta

1985 | Los motivos de Berta

Debut en el largometraje del cineasta catalán José Luis Guerín. Sigue a Berta, una adolescente solitaria en un pueblecito, que va a experimentar la pubertad en plena naturaleza. En efecto la llegada de un forastero le obliga a madurar, acceder a la vida adulta. La película está rodada en blanco y negro, y su estilo moroso e introspectivo la emparenta con el cine de Robert Bresson.

6/10
La academia de las musas

2015 | La academia de las musas

Documental creativo de José Luis Guerín, que parte de los personales métodos pedagógicos del profesor Raffaele para impartir sus clases de poesía en la Universidad de Barcelona. Al modo socrático, mantiene intensos diálogos con sus alumnos, fundamentalmente mujeres, acerca de la obra de Dante y el papel inspirador de Beatrice en el poeta, debatiendo sobre la necesidad de musas activas en la sociedad actual. Lo que no acaba de convencer a su esposa. No tiene este film de Guerín la poesía que destilaban Innisfree y Tren de sombras, ni tampoco la fuerza de la más urbana y tal vez prosaica En construcción. Está bien invitar a hablar y reflexionar sobre las grandes cuestiones, pero terminan agotando las larguísimas disertaciones sobre el amor, el deseo, el sexo, el género, el patriarcado y la muerte, o el trabajo de campo, nunca mejor dicho, entre las ovejas y sus cencerros en Cerdeña. Ni siquiera el último tramo, que parece querer cuestionar los deseos del artista que necesita inspiración y experimentación haciendo eco a los poemas, un paralelismo con el canto décimo del Infierno de la Divina Comedia, resulta todo los sustancioso que sería de desear.

4/10
Guest

2010 | Guest

El director José Luis Guerín, pertrechado con su cámara, atrapa imágenes en blanco y negro de todo el mundo durante la promoción de su última película en distintos festivales a los que acude como invitado. En ese largo año no importa tanto documentar la presentación de su trabajo o los certámenes –aunque algunas imágenes hay al respecto– como la captura de momentos “casuales” de gente en la calle, planos curiosos, declaraciones originales, y la conexión inesperada (o buscada, no nos engañemos, véase el caso de los predicadores callejeros y el lugar donde fue decapitado Juan Bautista) con otros posteriores en otros países. En uno de los festivales, el anfitrión de Guerín lo presenta como representante del documental de ficción y habla de la tenue línea que existe entre una cosa y otra. Y un poco a eso juega este film repleto de imágenes bellas y sugerentes. Cuando unas mujeres humildes preguntan al director en qué se diferencia una película del documental en el que van a estar ellas, están planteando sin saberlo el meollo del asunto, y la justificación de la obra de la que forman parte. Finalmente se recogen las declaraciones de la documentalista Chantel Akerman de que no hay diferencia alguna.

6/10
En la ciudad de Sylvia

2007 | En la ciudad de Sylvia

En 2001 el realizador catalán José Luis Guerín (Innisfree) sorprendió a la crítica y al público con su documental En construcción, su obra más famosa, por la que fue galardonado con un Goya y con el Gran Premio del Jurado en San Sebastián. Seis años más tarde entrega este sencillísimo y a ratos fascinante film de ficción que nos traslada a las calles peatonales de la ciudad de Estrasburgo. Guerín capta con su objetivo estampas cotidianas de la ciudad al tiempo que seguimos el itinerario físico (y al cabo también interior) del protagonista, un tipo que ha recalado en un pequeño hotel y va en busca de una mujer llamada Sylvia, a la que conoció años atrás. El cine de Guerín es otra historia. Si el espectador no está totalmente seguro de apreciarlo, mejor que no pruebe "a ver qué pasa", porque precisamente aquí "no pasa nada", apenas se pronuncian diez frases a lo largo del film, y seguramente el arriesgado espectador se suba por las paredes cuando un plano fijo permanezca en pantalla más de lo que el cine convencional le tiene acostumbrado, o cuando Guerín alarga las tomas una vez el protagonista ha salido del encuadre, y mantiene impasible el objetivo y entonces poco a poco nos obliga a detenernos en los detalles de la imagen: un vendedor de flores, un inmigrante, una mujer en el suelo, un letrero… Aunque, por otra parte, bueno, también es muy posible que uno quede completamente anodadado con la inusual y exigente propuesta del director, tan diferente, tan audaz, tan sencilla. Y hay que reconocer que Guerín tiene un descomunal talento para captar la belleza de lo cotidiano y lograr que una mirada, un gesto, un rayo de luz, el movimiento de un cabello, una calle, adquieran vivo sentido. Las pesquisas del protagonista, un tipo joven, delgado y de tez clara, con ese aire de artista a lo Modigliani, casi del siglo pasado, son enormemente sencillas y consisten principalmente en esperar en el café de la Escuela de Arte Dramático a que aparezca Sylvia. Guerín logra captar enormemente la atención cuando ella aparece (una verdadera musa Pilar López de Ayala) y el protagonista la persigue por las calles empedradas de Estrasburgo. Es en esta larguísima secuencia, y en su precedente en el café, en donde el director se revela como un maestro de la planificación y del uso del “tempo” propio de la película. La influencia de Eric Rohmer es clara especialmente en la fascinación que el protagonista siente por el rostro y el cuerpo femenino, en el uso de la luz natural, del sonido real de los viandantes, de las conversaciones, y por la inclusión de la música ambiental (impresionante el sonido de los violines cuando el protagonista dibuja a las mujeres en la mesa del café). Por otra parte, es cierto que muchos pasajes del film resultan opacos, menos logrados, algo reiterativos y hacia el final puede quedar un cierto regusto de confusión. De cualquier forma, Guerín ofrece un cine decididamente contemplativo, poético, con un inmortal motivo de fondo, el de la búsqueda del amor, el del encuentro con esa Sylvia real o irreal, que es a la vez ella y ellas, una mujer y todas las mujeres. La belleza misma, quizá inasible y siempre en despedida. Y quizá también permanente, al menos en su ausencia, como recuerda el plano final.

6/10
En construcción

2001 | En construcción

Fresco rebosante de naturalidad. Sin embargo, la elaboración de este atrevido documental de José Luis Guerín lo es todo menos descuidada. Durante tres años el director catalán siguió las obras de un nuevo inmueble en el antiguo barrio chino de Barcelona. Horas y horas de material filmado, cuidadosamente seleccionado y montado, de modo que se puede hablar, paradójicamente, de buscada espontaneidad. Guerín nos tiene acostumbrados a la singularidad de sus proyectos. En Innisfree revisitó los lugares donde se filmó El hombre tranquilo de John Ford. Mientras que Tren de sombras era la enigmática e inventada exploración de los secretos de una familia, a partir de unas películas domésticas. En construcción es sin duda su documental más realista, aunque encuadrable en lo que él llama “documental de creación”; un canto a la vida corriente, a los momentos pequeños y hermosos de cada día. ¿Es posible interesar con una película que sigue las evoluciones de las obras de un edificio? La respuesta de Guerín es un rotundo sí. Siempre que te fijes en las personas.

6/10
Tren de sombras

1997 | Tren de sombras

Documento histórico basado en las imágenes encontradas en una vieja cámara que en su día grabó una familia francesa, los Fleury, a principios de siglo XX. El cabeza de familia era Gerard Fleury, abogado y gran aficionado al cine, que por los años 30 desapareció en misteriosas circunstancias, pero dejó esta película en cuyas escenas se puede ver a todo su clan posando ante la cámara y los niños jugando en el jardín de su casa de campo. Más tarde, el film da un salto temporal donde la acción transcurre en los años 90, y es en ese momento cuando la película saca a la luz ciertos secretos que tenía la familia. José Luis Guerín (En construcción) dirige este documento tan particular.

5/10
Innisfree

1990 | Innisfree

José Luis Guerín realizó un viaje por los lugares donde se rodó la maravillosa película El hombre tranquilo, y tomó testimonios de las gentes irlandesas que aún recuerdan con cariño el mítico film de John Ford, protagonizado por John Wayne y Maureen O'Hara. Guerín aprovecha para hacer un retrato del carácter histórico de un pueblo marcado por una mentalidad tradicional.

7/10
Los motivos de Berta

1985 | Los motivos de Berta

Debut en el largometraje del cineasta catalán José Luis Guerín. Sigue a Berta, una adolescente solitaria en un pueblecito, que va a experimentar la pubertad en plena naturaleza. En efecto la llegada de un forastero le obliga a madurar, acceder a la vida adulta. La película está rodada en blanco y negro, y su estilo moroso e introspectivo la emparenta con el cine de Robert Bresson.

6/10
Guest

2010 | Guest

El director José Luis Guerín, pertrechado con su cámara, atrapa imágenes en blanco y negro de todo el mundo durante la promoción de su última película en distintos festivales a los que acude como invitado. En ese largo año no importa tanto documentar la presentación de su trabajo o los certámenes –aunque algunas imágenes hay al respecto– como la captura de momentos “casuales” de gente en la calle, planos curiosos, declaraciones originales, y la conexión inesperada (o buscada, no nos engañemos, véase el caso de los predicadores callejeros y el lugar donde fue decapitado Juan Bautista) con otros posteriores en otros países. En uno de los festivales, el anfitrión de Guerín lo presenta como representante del documental de ficción y habla de la tenue línea que existe entre una cosa y otra. Y un poco a eso juega este film repleto de imágenes bellas y sugerentes. Cuando unas mujeres humildes preguntan al director en qué se diferencia una película del documental en el que van a estar ellas, están planteando sin saberlo el meollo del asunto, y la justificación de la obra de la que forman parte. Finalmente se recogen las declaraciones de la documentalista Chantel Akerman de que no hay diferencia alguna.

6/10

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