Julieta Serrano
93 añosPremios: Goya (1) Ver más
Mi querida actriz
Desde los escenarios se ha ganado un lugar especial en el corazón de los amantes del teatro. En cine no se ha prodigado tanto, aunque se la recuerda por sus películas con Pedro Almodóvar. A la versátil Julieta Serrano no se le resiste ningún papel.
Nacida en Barcelona, el 21 de enero de 1933, Julieta Serrano Romero es hija de “una costurera y de un actor frustrado”, según sus propias palabras. “Durante la guerra nos refugiamos en Valencia, de donde era mi madre. Recuerdo que ella me hacía horchata”, comenta. De vuelta a la Ciudad Condal, con trece años empezó a acudir a clases de teatro en el Liceo, donde tenía como compañera a Nùria Espert. Su conexión se fortalecería en Madrid, donde volverían a coincidir protagonizando a las ordenes del argentino Víctor García “Las criadas”, de Jean Genet. “Se rumoreaba que el autor había acudido a vernos de incógnito”, cuenta.
En la gran pantalla comenzó a despuntar con Mi querida señorita, de Jaime de Armiñán, que protagonizó junto a José Luis López Vázquez. “Me abrió las puertas del cine, y me hice popular, hasta el punto de que me paraban por la calle”, recuerda. “Todo el mundo me auguró que tendría una carrera estupenda en la pantalla, pero a continuación casi no me llamaban. Mejor, porque corría la época del 'landismo', así que sólo había papeles estereotipados, de hombres salidos o mujeres reprimidas. Así que llegué a pensar que no había cine para mí”.
Cuando estrenó en 1976 sobre las tablas una versión de “La casa de Bernarda Alba”, Julieta Serrano hizo migas con uno de los figurantes, un tal Pedro Almodóvar, que acababa de pedir una excedencia en su puesto de Telefónica, para dedicarse al espectáculo. Éste le enseñó sus cortos. “Me parecieron desternillantes, pero en aquel momento pensaba que jamás me atrevería a trabajar con él, porque me faltaba sentido del humor”. Al final, aceptó una oferta del manchego para intervenir en Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón, su ópera prima en el campo del largometraje. Quedaron tan contentos de trabajar juntos que repetirían en otros seis títulos, Entre tinieblas, Matador, ¡Átame!, Dolor y gloria –por la que consiguió el Goya a la actriz secundaria– y Madres paralelas. Y sobre todo Mujeres al borde de un ataque de nervios, donde su personaje encañonaba con una pistola a Carmen Maura, para exigirle que dejara a su marido. Decía una frase muy recordada por los aficionados al cine: "Llévenme a la clínica López Ibor. Es donde vivo”.
También ha brillado con otros realizadores, como José Luis Borau (Tata mía), Carlos Saura (La prima Angélica), Fernando Colomo (El caballero del dragón), Gracia Querejeta (Cuando vuelvas a mi lado), Vicente Aranda (El amante bilingüe), o Luis García Berlanga (Tamaño natural). En televisión ha hecho historia, con sus personajes en Novela, Estudio Uno, Chicas de hoy en día, Turno de oficio: diez años después, Ana y los 7 y Los 80. En cualquier caso, ha seguido dando prioridad al teatro, estrenando títulos como “En la ardiente oscuridad”, de Antonio Buero Vallejo, o participando en montajes de obras como “Orquídeas a la luz de la luna”, “La Orestíada”, “La loca de Chaillot”, “La casa de Bernarda Alba”, “Doña Rosita la soltera” o “Medea”. Puesto que nadie la llamaba para interpretar obras del Nobel Eugene O'Neill, un autor que le apasionaba, llegó a montar compañía propia para interpretar “Largo viaje del día hacia la noche”. Se arruinó por completo, pero se puso muy contenta porque se había quitado una espina que tenía clavada.
En 2018 recibió el Premio Nacional de Teatro concedido por el Ministerio de Cultura y Deporte por su participación en “Ricardo III” en el Teatro Nacional de Cataluña y en “Dentro de la tierra” en el Centro Dramático Nacional y por "su incansable búsqueda artística e intelectual, el compromiso y su generosidad en el trabajo, su cercanía y su incalculable talento interpretativo".
En 2019 recibió la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes. Muy querida en la profesión, famosa por su sentido del humor, y bondadosa hasta el extremo, cuidaba habitualmente de su ilustre amiga, la también actriz Berta Riaza —otra de las grandes de la escena—, que vivió cerca de ella hasta su muerte en 2022. No suele hablar de su vida privada, pero sí ha comentado en alguna ocasión que le hubiera gustado convertirse en madre. “Nunca se dio la cosa. Pensaba que mi vida iba a ser como la de tantas otras mujeres, pero lo de casarme nunca me apeteció. Me parecía absurdo. Pero lo de los hijos, quizá, en un momento pudieron llegar, pero lo dejamos para más adelante y eso es fatal. Los niños se deben tener jóvenes. Había pasado épocas muy duras y quería para mis hijos lo mejor, dedicarles toda mi energía. Era una persona muy tímida y, posiblemente, cobarde, pues toda esa energía la necesitaba para trabajar. En el teatro no había nada de descanso y así era imposible formar una familia”.
