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Para mí ha supuesto todo un descubrimiento, que debo a la lectura del libro “Geopolítica de las series”, de Dominique Moïsi.

El autor hace en ese libro un interesante análisis de inquietante geopolítica actual tal como es mostrada por cinco exitosas series. Conocía, evidentemente, Downton Abbey, Juego de tronos, Homeland y House of Cards, pero reconozco que ni había oído hablar de Occupied, una serie televisiva noruega, que especula con un futuro próximo donde en Noruega gobiernan los verdes, que han decidido detener la producción de combustibles fósiles, viva la energía limpia, claman alborozados. Pero el planteamiento no agrada para nada a los vecinos rusos ni a la Unión Europea, que fuerzan una situación que supone nada más ni nada menos que una injerencia nada indirecta en la soberanía del país.

Resulta que esta idea tan original, plasmada en los distintos episodios con interés creciente, se debe al novelista de thrillers nórdico Jo Nesbø, y en fin, pienso que sólo por su ocurrencia habría que hacerle un monumento. Hay que ver el juego que da tal planteamiento, con multitud de situaciones, de políticos pragmáticos, espías, agentes encubiertos, movimientos de resistencia, la prensa… No hay maniqueísmo barato, y las actuaciones siniestras de unos y otros dan que pensar, hay un miedo reconocibles, e ideales nobles, que a veces no son fáciles de encauzar. Vamos, una serie “chapeau”.

En cambio, qué pena, penita, pena, da ver la película El muñeco de nieve. No he leído la novela original de Jo Nesbø, así que debo concederle el beneficio de la duda, al menos se supone que ha sido un gran éxito, que se ha vendido bien y traducido a muchos idiomas. Pero la película dirigida por el sueco Tomas Alfredson resulta una gran decepción, con agujeros que un queso gruyère. Parece mentira, con el grandísimo esfuerzo de producción, y teniendo detrás al responsable de la valioso El topo. En fin, nadie es perfecto, y la película, pese a su soberbia fotografía, resulta muy, muy deslavazada. Y resulta lastimoso ver a Michael Fassbender encarnando a un personaje de policía alcohólico y padre de familia separado, más bien poco creíble. Por fortuna, no llega al bajo nivel de la nefasta Assassin’s Creed, pero pienso que el actor debería andarse con un poco más de ojo al seleccionar sus futuros proyectos.

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