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Acaba de estrenarse la segunda temporada de “Stranger Things”, en la que sus creadores, los hermanos Duffer, aluden en un capítulo a caja de rotuladores con la que Will se aficionó a hacer muchos dibujos, regalo de su madre.

Ocurre en uno de los momentos más dramáticos de la serie de Netflix, cuando Will se encuentra como poseído por un extraño ente, de modo que no parece dueño de su propia voluntad. Con el deseo de que vuelva en sí, le rodean todos los que le quieren bien, y evocan entrañables recuerdos. Su madre, interpretada por Winona Ryder, cuenta cómo le regaló una caja de rotuladores, y el chico se empeñaba en emplear todos los colores en sus continuos dibujos.

Cuando veía esta escena de la segunda temporada, enseguida me pareció que se trataba de una metáfora que emplean Matt y Ross Duffer para referise a su empeño en emplear en Stranger Things todas las referencias posibles a las producciones de los años 80 y alrededores de Steven Spielberg mayormente, aunque quepan también otras alusiones como la muy explícita a Los cazafantasmas. Tales filmes vendrían a ser como los “rotuladores” de los Duffer, que meten en su coctelera seriófila con talento nostálgico, atrapando a los espectadores que los vieron en su adolescencia y juventud, y tal vez también a las nuevas generaciones que no les parezca esto demasiado retro.

Seguro que lo más friquis harán una lista más amplia que la que yo ofrezco, pero en todo caso aquí van las alusiones que yo detecto. Por supuesto, las aventuras de una pandilla de chavales hace pensar en Los Goonies, y por ende en Indiana Jones, y por si acaso la cosa no quedaba clara en esta segunda temporada se ha incorporado uno de los actores entonces chaval, Sean Astin. Las carreras en bicicleta, Halloween y los walkie-talkies nos hacen pensar en E.T., el extraterrestre, siendo la extraña Once una especie de alienígena, y los dibujos de las pesadillas de Will nos retrotraen a los dibujos de una montaña del obsesivo Richard Dreyfuss en Encuentros en la tercera fase. También los científicos trabajando en el mayor de los secretos nos hacen pensar en estos filmes.

El mundo de instituto, con alumnos abusones, madres maduritas y bailes de graduación, emparentan con Regreso al futuro. Las pantallas de televisión con nieve, la telequinesia y los poderes paranormales son puro Poltergeist. Las persecuciones de criaturas terribles son parecidas a las de los bichitos de Parque Jurásico. Y hasta el look punk de la hermana y pandilla de Once en un peculiar capítulo podrían hacernos pensar en Hook y los niños perdidos. Además aparece en una pared el poster de Tiburón.

Otras alusiones incluyen el mundo de Stephen King, por supuesto, y toda la persecución del alienígena hace pensar en Depredador, y su escondite en las profundidades de la Tierra en La cosa. Por no hablar de la laca a lo Farrah Fawcett o de la pasión por los juegos roleros y las máquinas de marcianitos de las salas recreativas.

No pretendo con estas referencias-homenajes tachar a Stranger Things de poco original, sino aludir a su consciente deuda a un tipo de películas que quizá algunos espectadores echan en falta, y que gente como J.J. AbramsSuper 8, los nuevos capítulos de Star Wars…– se aprestan con inteligencia y nostalgia a recuperar.

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