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En 2011 una serie británica de anticipación, “Black Mirror”, dejó a los espectadores de medio mundo en estado de shock. El espejito negro de las nuevas tecnologías resultaba más que inquietante.

En aquella primera ocasión, el británico Charlie Brooker entregó con Black Mirror tres episodios sobre lo que puede ser un futuro que ya es presente verdaderamente espeluznante. Han seguido varias temporadas además de un especial de Navidad, y Netflix, siempre a la búsqueda de contenidos para su plataforma, decidió apropiarse de la serie y entrar directamente a su producción. Lo que mucho que ha dado ya que hablar su cuarta temporada, estrenada el pasado 29 de diciembre, con temas como la realidad virtual y el machismo rampante en “USS Callister” o el empeño de los adultos por controlar a sus hijos, una sobreprotección con el riesgo de anular su libertad y la capacidad de madurar, temas abordados en “Arkangel”.

Pero en fin, la competencia contraataca. Y es que sin menoscabar la imaginación de Brooker para trazar sus inquietantes parábolas, el esquema de la serie no deja de ser el seguido por otras ya clásicas con fábula y final sorprendente y a veces cínico, que vimos en Alfred Hitchcock presenta, Dimensión desconocida y Cuentos asombrosos. Así que los chicos de Amazon, dentro de sus Amazon Originals, han decidido lanzar su “Black Mirror” particular, y para ello nada mejor que acudir a un escritor clásico de ciencia ficción con montones de cuentos e historias en su haber, Philip K. Dick.

Muy oportunamente, se homenajea en el título de la serie al relato que dio pie a la mítica Blade Runner, “¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?". Philip K. Dick's Electric Dreams reúne diez “sueños eléctricos”, cuentos completamente independientes nacidos originalmente de la mente de Dick, pero adaptados convenientemente a los tiempos que corren. La serie se estrena en Amazon Prime Video el próximo 12 de enero, pero he tenido ocasión de verla previamente.

¿Es mejor o peor que Black Mirror? Las comparaciones son siempre odiosas, y no quiero entrar al juego. Digamos que juega en la misma división, atrapa. Quizá la diferencia es que en los Electric Dreams no hay una mente rectora unificadora como la de Brooker, o en todo caso esa mente rectora es la de Dick, fallecido en 1982, o sea, que no ha podido él darle la unidad. Aquí tenemos guionistas y directores diferentes en cada caso, pero las cuestiones son en todos los casos de rabiosa actualidad, y dan que pensar, al igual que en el espejo negro donde sin duda los sueños eléctricos se han mirado. Temas como la realidad virtual que puede hacerse demasiado real, los políticos que nos manipulan, los miedos ante el terrorismo, los riesgos de un planeta cuyo clima nos estamos cargando, están bien presentes. Y por supuesto, la idea de que al final lo que importa es la relación entre las personas, y el amor que debe presidirlas para alcanzar una vida plena. También el anhelo de eternidad, de perdurar, algo que siempre estará presente en el ser humano, ayer, hoy y dentro de cinco mil años.

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