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Muy contundente resulta el artículo que dedica Melanie Phillips en The Times al activismo vestido de negro contra los escándalos sexuales del pasado domingo 7 de enero.

Pego el enlace, porque pienso que lo mejor es leerlo directamente, pero destaco algunos de los puntos de la argumentación de la articulista del prestigioso diario británico. Y es que sin quitar hierro a la gravedad de los casos de depredación sexual destapados en Hollywood, Melanie Phillips sabe decir en voz alta lo que muchos otros callan, porque es políticamente correcto, y el riesgo de ser vapuleado en los tiempos que corren resulta considerable.

Antes de la gala de los Globos de Oro, se produjo una auténtica crisis planetaria, una ciclogénesis explosiva. No era el riesgo de nuevos misiles lanzados por Corea del Norte, ni las protestas callejeras en Irán, ni siquiera la posible independencia de Cataluña o Tabarnia. No, se trataba de que a alguien se le había ocurrido que, para protestar por los abusos sexuales de Harvey Weinstein en compañía, una idea super, super, original, era que las actrices vistieran... ¡de negro! “¿Y ahora cómo hacemos?”, se preguntaban los modistos, preocupadísimos. “Pero si a ti, guapa, lo que te sienta bien es el verde esmeralda”. Y por lo visto, ha habido bofetadas entre las asistentes a la gala para conseguir un modelito negro a tiempo, aquí también servía el hashtag #MeToo #YoTambién, yo también quiero mi vestido, y no basta que sea azul oscuro casi negro, lo quiero negro negro, bien negro.

Además, el hashtag #YoTambién servía para otros requerimientos. Yo también quiero que me hagan la foto vestida de negro, que sepan que he ido de negro. También algunas pensaron que era una buena idea llegar del brazo de alguna significada activista o víctima de comportamiento inapropiado, y también en estos casos yo también quiero mi foto.

Phillips cita a estilistas estresados por dar con el peinado adecuado para la ahora presidenciable Oprah Winfrey, o que tuvieron que ser extremadamente creativos para llegar a tiempo. ¿No suena a frivolidad tanto esfuerzo? Si la causa era tan importante, ¿no bastaba con echar un ojo al ropero, y sacar alguna ropa negra, lo que llevaríamos si tuviéramos que acudir a un entierro o a un velatorio? No, por lo visto, no bastaba. La articulista cita a Eva Longoria como ejemplo de cómo el deseo no siempre se corresponde con la tozuda realidad: vestir de negro era “un momento de solidaridad, no una afirmación de la moda... Esta vez la industria no puede esperar que nos levantemos a posar”. Le responde Phillips con ironía: “Oh, pero lo hicieron, Eva, lo hicieron; esta vez, sin embargo fue un posado con causa”.

Y dice Phillips además, lo que nadie se atreve a decir, y que reproduzco, porque no tiene desperdicio: “La hipocresía es épica. Muchos actores que expresan indignación recurren a la química sexual para atraer a los ejecutivos de películas depredadores masculinos a los que dicen despreciar. Habitualmente llevan vestidos que dejan poco margen a la imaginación, por arriba, por abajo o por sus pronunciadas transparencias. Es más, muchas de las películas y series de televisión en que aparecen, algunos olvidando ponerse encima ninguna ropa en absoluto, han cruzado hace tiempo la línea del porno suave.”

Sigue el artículo, preguntándose si la Academia va a expulsar a más personas de sus filas, aparte de a Weinstein, y recordando lo tarde que llegan siempre a abrazar causas estupendísimas de todo tipo las estrellas hollywoodienses. Pero para todo eso, insisto, leed a Phillips.

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