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El lunes pasado vi "Ola de crímenes", la nueva película de Gracia Querejeta, que se atreve a explorar el género de la comedia. Duele decirlo, pero "gracia", más bien poca. Algún colega bromeaba aseverando que la película es un "crimen".

Hay que reconocerlo, la comedia es un género poco agradecido en el sentido de que es casi binario, 0 ó 1, blanco o negro, funciona o no funciona. O despierta la sonrisa de oreja a oreja, e incluso la franca carcajada, o contemplar broma tras broma sin chispa durante al menos hora y media puede convertirse en un terrible suplicio. Además, incluso las grandes comedias, raramente son premiadas en festivales o en los Oscar. Repásense la lista de películas oscarizadas a lo largo de la historia, y asoman ninguna o una comedias. En el reciente Festival de San Sebastián, ninguna de las películas de la competición podía calificarse de comedia, a no ser que algún despistado considere que In Fabric o El amor menos pensado lo son.

En otros géneros, es más fácil dar el pego. Con la acción, se pueden encadenar escenas adrenalíticas, con planos de duración tendente al microsegundo, y aturdir al espectador con puñetazos y explosiones. En el terror, un par de sustos y adelante. Y en el drama, uno se puede poner trascendente, sembrar la trama de muertes inesperadas, traumas terribles, desgracias insuperables, cara a conmover.

Pero la risa es más difícil. Incluso lo que tiene gracia sobre el papel, en la pantalla puede no tenerla. Es lo que le ha pasado a la pobre Gracia Querejeta con Ola de crímenes, que trata de entregar una comedia alocada de enredo, y la cosa no funciona. Ni Maribel Verdú esforzándose es capaz de salvar la función, otra vez será. Nadie es perfecto, mucho ánimo.

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