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No hablo de esta semana, donde abundan los estrenos interesantes en salas de cine. Pero el fin de semana pasado, con el permiso del estreno de la nueva y cansina entrega de la saga “Animales fantásticos”, la novedad cinematográfica más importante podía verse en una plataforma de streaming.

Sí, la sempiterna Netflix, que en estos momentos se ha convertido por derecho propio en uno de los grandes estudios de Hollywood, si tal denominación tiene vigencia todavía, el porvenir lo dirá, estamos en tiempos de cambio. Porque la última y maravillosa película de los hermanos Coen, La balada de Buster Scruggs, no pasó por las salas de cine españolas, sino que fue estreno de postín en una plataforma que se está convirtiendo en poco menos que la reina de la fiesta cinematográfica. Este western da gusto verlo, y el pasado Festival de Venecia ganó el premio al mejor guión. Conviene tomar nota además de que Roma, de Alfonso Cuarón, que ganó el León de Oro en el mismo certamen, va a seguir el mismo camino de estreno cinematográfico.

Por otro lado, no supone ningún disparate vaticinar que alguno de estos títulos será nominado al Oscar a la mejor película, e incluso que tal vez lo gane. No olvidemos que el penúltimo León de Oro, La forma del agua, fue la gran triunfadora de la pasada gala de los Oscar. Y puestos a sacar pecho, hasta pueden presumir de haber estrenado... ¡la última película de Orson Welles!, director maltratado por el Hollywood de antaño, y del que ahora Netflix pone a disposición de sus suscriptores Al otro lado del viento.

Probablemente ninguna gran empresa cinematográfica y de series atrae más espectadores en la actualidad que Netflix, que estrena títulos potentes no sólo de series, sino también películas, todas las semanas, últimamente El rey proscrito, 22 de julio y Crónicas de Navidad. Y su ritmo de producción o coproducción, con múltiples y variados tipos de alianza, es de vértigo, con el respaldo a proyectos en todos los rincones del planeta Tierra, en España sin ir más lejos optaron por apoyar 7 años y Las chicas del cable, entre otros títulos. Muchas compañías, ante productos de dudoso éxito si se procedía a su estreno en salas, han confiado en Netflix para sacarlas adelante, Paramount lo hizo con The Cloverfield Paradox.

Los grandes estudios ya no son lo que eran, todos están tratando de reinventarse y salvar los muebles. Disney ha comprado Fox, y se dispone a lanzar pronto su propia plataforma de streaming, Disney+. Paramount ha llegado a un acuerdo con Netflix para producir películas para ellos. Warner también trabaja en su plataforma, su cierre de la ventana para clásicos FilmStruck no lo es del todo, sino la reconducción a algo de más altos vuelos con Liberty Media. Universal está aliado con ComCast y Sony debe pensar cómo se mueve en este mundo rápido y volatil. Si en el pasado desaparecieron o quedaron reducidos a pavesas estudios clásicos como RKO, United Artists o la Metro, otratanto puede ocurrir, sobre todo cuando actores como Google, Amazon y Apple sacan músculo con producciones propias que distribuyen en sus propias plataformas.

Podemos ponernos nostálgicos, y pensar que siempre habrá salas de cine, al igual que habrá libros de papel, pero algo está cambiando definitivamente en el modo de ver cine. Basta fijarse en el vagón de metro en el que viajo cada mañana para ir al trabajo...

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