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Blog de Hildy

Elton John y "Rocketman": hacer películas sobre uno mismo antes de estar muerto

El estreno de “Rocketman” enciende de nuevo el debate sobre la realización de películas sobre personajes que aún viven, y que incluso respaldan su producción ellos mismos. ¿Es posible ser objetivos? ¿Se trata quizá de un ejercicio de narcisismo o autojustificación?

Lo primero es señalar que no se trata de un fenómeno nuevo. Y se entiende perfectamente que no es requisito indispensable para abordar la trayectoria y aportaciones de un personaje real, el hecho de que haya pasado a mejor –esperemos– vida. En el caso del documental, lo vemos con toda claridad, pues suelen abordarse con frecuencia temas contemporáneos. Pero también en los llamados largometrajes de ficción, véase a Marc Zuckerberg y La red social, o los hombres de la Luna, Michael Collins y Buzz Aldrin, en First Man (El primer hombre), por poner dos ejemplos.

Cuando las películas se basan en memorias y recuerdos del interesado, resulta razonable presumir que prevalecerá su punto de vista, y será tratado con más o menos benevolencia. Me viene a la cabeza el caso de Molly’s Game, que parte del libro homónimo de Molly Bloom, una mujer que organizaba partidas de póker clandestinas, y que por supuesto, sale bastante bien parada en el film protagonizado por Jessica Chastain. También me pregunto que pensará el papa Francisco de Francisco. El padre Jorge, pues alguien que sin duda busca la santidad, hacer las cosas bien, puede considerar que se da una versión de él demasiado positiva, que son indulgentes con sus flaquezas, que como toda persona, tendrá. Lo que está claro es que en este caso él no ha tenido parte, otros han querido filmar su vida con Darío Grandinetti encarnándolo.

Hay cineastas que plasman gran parte de su mundo interior en cada una de sus películas, de modo casi inevitable. Es el caso de Woody Allen y Pedro Almodóvar. Da igual que digan que tal o cual título no es autobiográfico, simplemente se les reconoce. Por supuesto, en Dolor y gloria, Antonio Banderas es el alter ego de Pedro, e incluso el malagueño, al ser reconocido como mejor actor en Cannes, ha dicho que al premiarle es como si premiaran al manchego, pues está claro que le imita, incluso en gestos y en el modo de hablar.

Podría interrogarse uno si es lícito para alguien producir una película sobre su propia vida, que es lo que acaba de hacer Elton John con Rocketman. Existe en efecto el peligro de caer en el narcisismo y la autocomplacencia, la mirada indulgente hacia uno mismo, o el intento de la autojustificación. Además, hay que suponer que existe “buen rollo” con Lee Hall, el guionista con el que colaboró en la versión musical de Billy Elliot, y el resto del equipo artístico, pues hizo un cameo con Taron Egerton, el actor que le da vida, en Kingsman: El círculo de oro, cinta dirigida por Matthew Vaughn, que en Rocketman ejerce de productor.

De entrada, cabe decir que producir una película sobre uno mismo equivale a escribir unas memorias caras, de publicación no al alcance de todas las fortunas. Mucha gente ha publicado su autobiografía en vida, y a nadie le extraña. Tocará al lector juzgar si lo que ofrece el autor es una mirada sincera a sí mismo, o si se ha deslizado por los terrenos que he descrito en el párrafo anterior.

Dicho esto, podemos decir que Elton John hace equilibrios. Reconoce que en su vida ha habido excesos, y que cayó en las adicciones, afirma y no niega. Pero de algún modo, sobre todo al final, viene a decir que en la actualidad es una persona estupenda, quizá con el defectillo, que se toma a cuchufleta, de que es un comprador compulsivo. Ayuda a que se acepte esta “versión de los hechos” el formato musical, como también ocurrió hace nada con Bohemian Rhapsody y Freddie Mercury. Aquí incluso más, porque se acentúa el carácter irreal propio del género musical, y de esta manera la narración de lo que fue la vida de Elton John hasta que emprendió su rehabilitación, resulta aún más sublimada.

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