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Una mente pragmática dirá que la película “Yesterday”, de Richard Curtis y Danny Boyle, parte de una premisa absurda, ¿cómo no va a recordar la gente las canciones de Los Beatles, desconocer su genial música? Y sin embargo, vivimos en un mundo que, pese a poder acceder con facilidad a todo tipo de información, parece desconocer las cosas que importan.

 

Así que sí, la gente puede olvidarse de Los Beatles, igual que muchos lo ignoran todo o casi de la música de Mozart, el cine de Chaplin, las obras de Cervantes o los cuadros de Rubens. Hay mucha belleza que descubrir y contemplar, y mucha bobaliconería e impotencia, como la de tantos turistas que estos días invaden museos y lugares preciosos con la única y exclusiva intención de hacerse un selfie, sin gozar de aquello que visitan.

Jack Malick es en Yesterday un cantante que lo tiene difícil para triunfar en el mundo de la música. Es dueño, ciertamente, de una buena voz, y no le faltan ganas, pero carece del talento necesario para componer canciones, idear partituras originales. Cuando está a punto de tirar la toalla, un misterioso suceso provoca lo impensable. Los Beatles nunca triunfaron. Su música nunca se hizo universal. Y el único que conoce la genialidad de sus canciones es Jack. Pero, ¿la conoce realmente?

La situación del protagonista puede invitarnos a pensar en Atrapado en el tiempo, con Bill Murray viviendo todos los días el Día de la Marmota. No porque en esta ocasión todos los días sean el mismo día, sino por lo especial de una situación que puede considerarlse como una maldición, que conduzca a la depresión, aunque también cabe aprovecharla buscando egoístamente sólo el propio beneficio o... tomarla como oportunidad maravillosa para hacer felices a los demás, con sentido de responsabilidad. Gracias a sus conocimientos musicales puede hacer que la obra de Los Beatles viva.

El personaje de Himesh Patel tiene la oportunidad de triunfar en el mundo de la canción, hacerse rico y famoso, y lograr que todo el mundo le considere genial. O puede ser un poco más humilde, y considerarse un hombre con una misión, en cuya memoria, quebradiza, queda algo maravilloso, el recuerdo de la música y la letra de algo genial. Las canciones de Los Beatles no son suyas. Pero por una suerte de milagro, ese legado le ha sido confiado a él. Su responsabilidad es que el mundo entero comparta su misma suerte, que llegue a conocer y amar la maravillosa obra de Los Beatles. Cualquiera pueda identificarse con Jack, porque es un tipo bastante normalito, no es un genio. Va a tener que trabajar duro para reconstruir las canciones, y tratar de recordar cómo sonaban. Lo cual es una interesante llamada de atención al espectador, de nuestro comportamiento, el buen ejemplo que demos, nuestra alegría, depende muchas más cosas de las que imaginamos, para bien y para mal.

No puedo evitar pensar en el paralelismo de esta situación con la que vive cualquier cristiano, como yo, a la hora de dar a conocer a su fe; el que no lo sea, puede trasladar lo que digo a los ideales nobles que ocupen su corazón, que considera valiosos. Si uno está convencido de que su encuentro con Jesús es lo más maravilloso que le ha ocurrido en la vida, no se conforma con tenerlo para sí mismo, sino que le mueve el deseo de que sus amigos, la gente a la que aprecia, tenga esta oportunidad también. Está convencido además, de que el evangelio, las bienaventuranzas, los milagros, el mismo Jesús, no los ha “compuesto” él, no son un invento suyo y por tanto limitado, sino que son un regalo tan grande, que no cabe, podríamos decir citando una de sus parábolas, hacer un hoyo en el suelo y enterrarlo. Resulta obligado compartirlo, mostrándolo con todo su atractivo. Recuerdo al fundador de una institución muy querida para mí, que en sus comienzos, a sus primeros seguidores, les preguntaba, “¿si yo me muero, continuarás tú?”. En efecto, todos podemos aportar nuestro granito de arena, aunque nos consideremos y seguramente seamos muy poca cosa. Y lo que se ha recibido gratis, tendríamos que darlo gratis, como se nos dice con toda claridad en Yesterday, no es mérito del protagonista esa genialidad musical.

Las canciones de Los Beatles nos invitan a pedir ayuda, “Help!”, y no dejan de recordarnos algo elemental pero que olvidamos con excesiva frecuencia, que “All You Need Is Love”, necesitamos el amor, darlo y recibirlo. Descubrir la belleza, presente en la naturaleza, en la cultura, en las obras de arte, y en último término en Dios. Lo que obliga a combatir una lamentable amnesia, un alzheimer, para alcanzar una felicidad digna del ser humano.

Ahora podemos preguntar a Google cualquier cosa, y nos responde. Podemos comunicarnos con cualquier persona de cualquier punto del planeta. Y, paradojas, estas facilidades tecnológicas, nos han complicado la vida, con una saturación de “fake news”, opiniones frívolas, improperios, bromas facilonas, mal gusto, invasión de la privacidad ajena... Ya no miramos a la gente a la cara, o casi. Y nos hacen olvidar lo importante. Y es que al final, sólo queda el Amor. Con mayúscula.

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