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Acaba de morir José Luis Pellicena, quizás poco conocido ahora para el gran público, pero bastante familiar para los apasionados del teatro, ya que sobre todo en los 70 triunfaba en los escenarios. Excelente actor para algunos, otros sarcásticos aficionados le calificaban con sorna como el tipo que más papeles clásicos ha arruinado en la historia de la escena, pues según ellos conseguía los trabajos porque su esposa estaba bien relacionada.

Sea lo que sea, confieso que le tenía un enorme cariño a este profesional, porque cuando yo tenía seis años estrenó en el madrileño Teatro de la Comedia una deslumbrante versión de "Drácula", según el montaje clásico que había arrasado en el resto del mundo, de Hamilton Deane y John L. Valderstone, el mismo texto con el que triunfó Bela Lugosi, en Broadway. Este intérprete zaragozano daba vida al príncipe de las tinieblas, mientras que el ilustre Narciso Ibáñez Menta se ponía en la piel de Van Helsing (por lo que creo recordar, que hace mucho de eso).

Los rudimentarios efectos especiales me aterraron, primero porque tenía seis años, y luego porque según he comprendido a lo largo de mi vida cualquier truco sencillo que ejecuten delante de ti en una sala impacta más que los más sofisticados efectos especiales que veas en el cine. De hecho, tenía pesadillas hasta hace poco. Curiosamente, me acabo de enterar, leyendo la reseña de El País de la época, que en realidad pretendía provocar carcajadas, pues se trataba de un montaje anacrónico y vintage, que imitaba al milímetro lo que se había hecho en Nueva York. ¡Pues qué miedo que daba!

joseluispellicenaDebido a que tengo un familiar muy directo, una tía, que trabajaba por entonces en dicha sala, pude contemplar este montaje varias veces, casi siempre en compañía de mi osada prima Mabel, mi primo, del que ya he hablado en este blog, que tenía tendencia a esconderse debajo de la butaca, no veía nada, pero escuchaba los gritos de los espectadores. ¡Así que se asustaba mucho más, por el poder de su propia imaginación! Mi hermano nunca quiso repetir, “Drácula, sólo una vez”, decía muerto de miedo el pequeñajo (es menor que yo). En el reparto estaba Nicolás Dueñas, progenitor de la entonces también muy niña Lola Dueñas (hoy una genial actriz), que aún recuerda estremecida que Pellicena le causaba desasosiego. "Siempre daba la vuelta a todo el teatro para no pasar por la puerta de su camerino, que era el primero", ha declarado alguna vez.

Pero lo que recuerdo con más cariño es que una vez mi tía nos llevó a pasear por la Plaza de Santa Ana, en las inmediaciones del recinto, a mi primo y a mí. Nos topamos con el propio Pellicena, y mientras ella le saludaba, los niños nos cuchicheábamos al oído aterrados: ¡Es Drácula!

DraculaAl final me atreví a interrumpir a los mayores para preguntarle al actor si era complicado sacar los colmillos de vampiro. Recuerdo que giró la cabeza y me miró bastante serio, para después negar con la cabeza. “No, eso es muy sencillo”, me dijo, mientras se tapaba la boca. “Tú te concentras muchísimo y en pocos segundos, et voilà!, ¡ya puedes morder a quien quieras!”. Y al apartarse la mano del rostro exhibió una estremecedora dentadura (imagino que se había colocado una postiza, aunque cualquiera sabe).

Tras comprobar que nos habíamos quedado ambos infantes anonadados se nos quedó mirando con expresión maléfica. Un rato de tensa espera después, nos señaló y nos dijo:

–¡Pero lo verdaderamente difícil es convertirse en murciélago!

Un tipo majo este intérprete, al que debo la pasión por el vampirismo y el género fantaterrorífico en general. No, no se transformó en medio de la calle, pero os aseguro que sobre las tablas sí que lo hacía, aún lo recuerdo con pasión. Descanse en paz José Luis Pellicena.

 

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