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Hace unos años tuve una cita romántica idílica, que parecía el principio de un cuento de hadas. Hasta que ella me preguntó si había leído Juego de tronos, y el resto de la saga de “Canción de hielo y fuego”, a lo que contesté que esperaba que llegara el fin de mis días sin haber tenido tiempo para ello. La serie de HBO ya me resulta lo suficientemente amena (con altibajos notables, pero bueno) para hacerme una idea de cómo son las novelas de George R.R. Martin, que no creo que vayan a pasar a la historia de la Literatura. Tengo pendientes una enorme cantidad de clásicos que posiblemente no llegue a acabar, pues calculando que llegue a vivir cuarenta años–que no creo– podría leer unos 3200 libros más (y eso acabando más de uno por semana, o sea con un ritmo un poco rápido). Tras la explicación, la muchacha me confesó que yo parecía el hombre ideal, pero que si blasfemaba de aquella manera nunca llegaríamos a nada. No me volvió a llamar jamás.

Portada Fuego y sangrePero esta semana me he animado (porque me han gustado los dibujos, unas ilustraciones de Doug Wheatley preciosas) a leer “Fuego y sangre”, precuela de la serie, que acaba de sacar el autor antes de terminar los dos libros finales de la misma, lo que me resulta un poco chocante. O sea, imaginad que antes de terminar “El señor de los anillos”, J.R.R. Tolkien hubiera dicho que sacaba “El Silmarillion”, y que había que esperar para que se pusiera manos a la obra con “El retorno del rey”. Para matarle.

precuela de juego de tronosDe hecho, el propio responsable del volumen lo ha bautizado como el “GRRMarillion”, relacionándolo con aquel volumen póstumo que el desagradecido hijo Christopher Tolkien sacó para forrarse, recopilando escritos que encontró por su casa de su progenitor, que éste no había querido publicar. El resultado es insoportable, salvo que lo comparemos con el resto de obras que después ha seguido editando el susodicho. “Fuego y sangre” se parece porque cuenta la genealogía de la familia Targaryen, desde Aegon I, que conquista los Siete Reinos. No contento con eso, cuando termina, se lía con una serie de personajes que no forman parte del clan, pero son cercanos.

Fuego y sangre George RR MartinComo cabe suponer, abundan los giros, los personajes que parece que van a vivir una historia de interés que mueren inesperadamente, violencia absurda, y por supuesto sexo rebuscado y desagradable–aquí hay otro incesto, como el de Jaime y Cersei Lannister–. Promete ser el primero de una bilogía, aunque yo me bajo del barco, con uno he tenido suficiente. Aburre a los Caminantes Blancos. Tenía la sensación de estar absorbiendo un aluvión de datos absurdos, como si me tuviera que presentar a un concurso de seguidores de George R.R. Martin o a una especie de oposición, o peor aún, como si me los tuviera que estudiar para conseguir volver a ver a la chica anteriormente mencionada.

Imagino que si eres uno de esos talibanes que linchan en redes sociales a quienes se les ocurre ponerle un ‘pero’ a la teóricamente magistral obra de Martin, te encantará este troncho. Pero a quienes les traiga al pairo por qué era tan peligroso acercarse a Valyria después de la maldición, o qué ocurrió durante la Danza de Dragones no les apasionará tanto.

 

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