ZONA FRIKI

 

Dice un chiste muy popular que “ya no hay nostalgias como las de antes”. Me encanta rememorar el pasado, pero nunca entenderé la actual moda de idealizar los ochenta, como si hubieran sido mejores que otras décadas, sobre todo en cuestiones de creación artística. He llegado a escuchar –palabra de honor– que “las series de entonces eran muy superiores”. ¡Pero si muchas estaban compuestas de capítulos totalmente idénticos, como El equipo A, cuyos protagonistas no evolucionaban! Ni punto de comparación con la modélica Breaking Bad, por poner un ejemplo.

cartelMi amiga de Zaragoza Ani Lerin me retrotrae a la juventud con la famosa canción de Limahl, para el film La historia interminable, que precisamente califican como un clásico que gana con los años y que gusta más si lo vuelves a ver (cosa que no haré jamás). ¡Hasta se vuelve a programar en cines, con bastante éxito! Nunca lo entenderé.

No sólo recuerdo aquella cinta como un bodrio y una de las mayores decepciones de mi vida cinéfila, con estética kitsch, sino que en su momento me produjo una verdadera conmoción. Sabía que no me iba a producir las mismas sensaciones que el libro; imposible plasmar en la pantalla la complicidad entre el personaje central y el lector, la genialidad de sus detalles de metaficción, y la magia de darse cuenta de que las tapas de tu volumen eran las mismas que las del suyo, o de que estuviera impreso en tinta de dos colores para diferenciar el ‘mundo real’ del ‘mundo mágico’. La novela consigue que te sientas parte de la misma; no se podía conseguir eso en una pantalla. Aún así pensaba que al menos pasaría un momento divertido en el cine, y además, cuando se estrenó esta ‘joyita’ tenía 12 años; por aquel entonces no concebía un film de fantasía que pudiera decepcionarme.

la historia interminable 2Pues bien, todavía creo que se esforzaron bastante… ¡para estropear el relato! Por ejemplo, Bastian ya no era ese niño gordito, bastante friki, inútil para los deportes e introvertido con el que resultaba fácil sentirse identificado si eras igual. No, se habían buscado un niño ideal, de anuncio, que encandilaba a las madres. De esta forma no se entiende por qué le acosan en el cole. Pero fue peor descubrir que… ¡Atreyu ni siquiera era verde! Es más parecía un indio de película del oeste, también bastante guapito. Y encima cabalgaba sobre un dragón de peluche que daba vergüenza ajena.

No contaba más que la mitad del libro, al parecer porque el presupuesto no daba para el tramo de Bastian reconstruyendo Fantasía a partir de un grano de arena, un ejercicio de pura imaginación. Me sentí como si hubiera pedido el menú del día, pero sólo me hubieran puesto el primer plato. Faltaban otros fragmentos excelentes, como el de Atreyu rescatando a Fujur de las garras de Ygramul el múltiple, y la pelea entre los cuatro Gigantes de los Vientos. Eso sí, se habían inventado una horrible escena final, bastante incoherente, donde… ¡Bastian se sube al peluche para perseguir a sus acosadores!

Entiendo perfectamente que el escritor, Michael Ende, luchara porque le quitaran de los títulos de crédito de esta horterada. Una cosa es que adapten mal tu obra, y otra es que hagan con ella lo que Hitler con Polonia. En su momento, la calificó como “un gigantesco melodrama comercial a base de cursilería, peluche y plástico”. Por entrevistas de la época dijo otras perlas, como que era “repugnante”, que “en el interior de la Torre de Marfil sólo falta una bola de espejitos en el techo y un grupo de go-gós”, que “las esfinges son una especie de strippers de tetas grandes en mitad del desierto”, y que “la Emperatriz infantil está tumbada en una cama cursi de Hollywood con una concha marina de fondo”.

En mi humilde opinión… ¡se quedó corto!

Debo señalar que piqué, y acudí a ver la segunda parte, ésa que prometía que iba a contar lo que faltaba… Pero esa es otra historia, que debe ser contada en otra ocasión.

 

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