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Por fin ha llegado el día. Desde que mi padre amenizaba los viajes en carretera setenteros con la musicasete comprada en la gasolinera con la música de Por un puñado de dólares y La muerte tenía un precio, soñaba con poder asistir a un concierto en directo del genial Ennio Morricone. Para mi desgracia, el maestro jamás ha venido a actuar a Madrid, e incluso fui víctima de un timo cuando un promotor sin escrúpulos vendió entradas para un concierto del italiano con el Orfeón Donostiarra, a duras penas conseguí recuperar el dinero. Pero hoy sí, el ilustre compositor estará en la capital de España, a sus 90 años, como parte de “The Final Concerts”, su gira de despedida.

Por desgracia, apenas ha concedido entrevistas para la prensa. Se ha limitado a hablar con El País y ABC y poco más. No me extraña, pues los periodistas siempre hemos demostrado ser bastante inútiles a la hora de hablar de este compositor. Estoy harto de que se le cite en televisión mientras resuena el tema de amor de Cinema Paradiso, esa estupenda pieza… ¡que compuso su hijo Andrea Morricone! Me envía el amiguete Luis Miguel Carmona, especialista en bandas sonoras, el texto que publica ahora ABC, en el que asegura que trabajó con Milos Forman, Luis Buñuel… ¡y John Huston! No dejes que la realidad te estropee una buena noticia.

Clint EastwoodPor eso me no me resulta nada extraño que antes del encuentro del músico con mis compañeros, su agente les haya remitido un documento denominado “directrices”, que consta de dieciocho puntos para que no metan demasiado la pata. El texto no tiene desperdicio; uno tiene la sensación de que nada se ha incluido gratuitamente, sino porque alguna vez habrá ocurrido. Por ejemplo, se advierte de que el profesional de la información que acuda a su casa deberá abstenerse de mover los muebles u objetos personales. Recomendación un poco básica, pero se ve que conviene aclarar esto.

Se especifica que el redactor se deberá dirigir a él, como músico que es, como maestro, se ve que no todos somos lo suficientemente cultos. Otras instrucciones resultan un poco más superficiales. “El maestro Morricone es compositor”, comenta el texto. “Los compositores no usan el piano para componer, escriben su música directamente en las partituras sin usar instrumentos. El maestro tiene un piano en su salón, pero está ahí sólo para mostrarle sus ideas a los directores de cine. No le gusta que le fotografíen sentado en él ni que le pidan que lo toque”.

Pese a que todas estas reglas permiten suponer lo peor, Ennio Morricone resulta ser un tipo encantador. Le da igual como se le llame. “Maestro sólo es una constatación de una profesión, se usa para gente con talento pero también para otra con mucho menos”, comenta. O sea que encima tiene calidad humana. Cuento las horas para escuchar sintonías legendarias, mi favorita siempre será Érase una vez en América. Se me va a poner la piel de gallina.

Divagando, entre Luis Miguel y yo hemos conseguido esclarecer las campanadas que ha escuchado mi compañero de profesión. Huston le rechazó la música para La Biblia (en su principio), los hijos de Forman usan partituras antiguas suyas de pelis para un espectáculo teatral, y llegó a trabajar para (el mediocre) Juan Luis Buñuel, hijo de Luis. Periodistas…

 
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