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Leo en internet a varios desquiciados de ésos que hace un tiempo proclamaban a voz en grito su amor incondicional por Stranger Things, como si no se hubiera rodado ninguna otra serie televisiva anteriormente, pero ahora en la tercera entrega despotrican contra ella. Los usuarios de las redes sociales son menos fieles que Julio Iglesias en sus tiempos mozos. Pero a mí me ha encantado. Reconozco que los mellizos del mal, o sea los Duffer, vuelven a colarme lo mismo por tercera vez, y que no han compuesto una serie cuyas temporadas estén cuidadosamente planificadas como si fueran capítulos de una novela, al estilo de Breaking Bad, sino que parece que estén haciendo secuelas más grandes de un blockbuster.

stranger things 2Me llama la atención lo creciditos que están los protagonistas, ya bien entrados en la edad del pavo. Y que Hopper, que se comporta como un héroe en su trabajo como agente de policía, después resulte ser un padre troglodítico, tras adoptar a Once. Y la reconstrucción de cómo revolucionaó a los ciudadanos la llegada de los centros comerciales, que aquí en España también empezaron a extenderse en la época que muestra la ficción, que aquí en Madrid también nos habían puesto La Vaguada en 1983, e íbamos a verlo como si visitáramos la nave de 2001: una odisea del espacio, como si fuera fruto de la ciencia ficción.

Stranger Thins temporada 3Pero sobre todo me viene a la mente la frase “ya no hay nostalgias como las de antes". Caray, cómo han conseguido retrotraerme a mi juventud los hermanitos, con abundancia de guiños. Como los fans los habían aplaudido mucho hasta ahora, esta vez se han desatado a la hora de incluir referencias a la época. A veces recurren a la música. ¿Cómo es posible que “Material Girl” de Madonna, que entonces odiaba ahora me traiga buenos recuerdos? Debe ser que el cerebro humano funciona de forma extraña, o que he perdido el oremus. El caso es que he disfrutado con detalles como la aparición de la nueva Coca-Cola, el mayor fiasco de la historia del marketing, o que las dos chicas principales abran una revista para adolescentes y aparezca Ralph Macchio, prota de Karate Kid, que causaba furor en su día. Me emociona que los chicos vayan a ver El día de los muertos, en una sala que también exhibe Regreso al futuro o Cocoon, y que pongan un videoclub en el pueblo, donde se pueda alquilar El club de los cinco.

Stranger Things el resplandorLo mejor son los planos que imitan a momentos recordados de grandes películas. Me ha emocionado que sus juguetes cobren vida cuando regresa el ceceante Dustin a casa, trayendo a mi memoria el momento de Encuentros en la tercera fase en que los objetos de la casa empiecen a moverse, atemorizando a la madre, pero arrancando grandes sonrisas de ilusión en el niño, o a los muñecos que tanto miedo daban en Poltergeist. En otro momento se ha dado un giro feminista a cierta secuencia de Aquel excitante curso donde un mujerón pasaba ante las tumbonas de los protagonistas, desatando su imaginación, que aquí ha sido sustituida por un socorrista, que camina ante unas señoras calenturientas. Por otro lado, resulta evidente que toda la trama de los nuevos capítulos bebe de La cosa, y La invasión de los ultracuerpos, dos clasicazos del fantaterror. Y no hace falta ser un gran observador para descubrir los homenajes a títulos como El imperio contraataca, El resplandor o Terminator.

–¿Debería preocuparme, doctor?

–No, no se altere, no tiene usted nada extraño. Se llama 'hacerse viejo'.

En suma, que el nuevo material de Stranger Things no inventa demasiado. Pero ni falta que le hace.

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