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2018

Miércoles 05 de Diciembre de 2018

(2018) | 116 min.
El noble Robin de Locksley se enamora de Marian, muchacha de extracción humilde que se ha colado en sus cuadras para robarle un caballo, que pretende regalar a un vecino que pasará hambre porque se le ha muerto el suyo. Pese a que se casan y viven un intenso romance, deben separarse cuando el sheriff de Nottingham envía a Robin a las Cruzadas. De vuelta, descubre que este individuo sin escrúpulos le ha dado por muerto, ha requisado su castillo, y oprime al pueblo con impuestos abusivos para financiar las campañas bélicas. Para colmo de males Marian creyéndose viuda se ha buscado otro novio. El mito de Robin Hood ha sido muy bien explotado en producciones variopintas, como la vitalista e inolvidable Robin de los bosques (1938), con Errol Flynn y Olivia de Havilland, la romántica Robin y Marian (1976), con Sean Connery y Audrey Hepburn, la amena Robin Hood, príncipe de los ladrones (1991), con Kevin Costner y Mary Elizabeth Mastrantonio, y la relativamente reciente Robin Hood (2010), con Russell Crowe y Cate Blanchett. Pese a que resulta difícil darle una vuelta de tuerca al personaje para lograr una mínima frescura, recupera esta historia para contársela al público millennial el realizador Otto Bathurst, en su debut en el largometraje de cine, tras haber dirigido relevantes capítulos de series como Black Mirror y Peaky Blinders. Para distinguirse de sus precedentes se supone que se centra en la historia anterior al momento en el que el protagonista se vaya a liderar una banda de proscritos al bosque de Sherwood, aunque este origen también había sido contado por la mayoría de cintas anteriores. Además, se ha convertido al personaje en un superhéroe, tal y como mandan las modas, imitando en concreto Batman Begins. De esta forma, el arquero sería una especie de justiciero con identidad secreta, que por las mañanas asume su identidad de caballero de alta alcurnia, para mezclarse con los poderosos y enterarse de sus tejemanejes, y por las noches se oculta con una capucha, para robar el dinero que recauda su enemigo. Por un lado, se ha cuidado que los combates y persecuciones sean más oscuros y realistas que por ejemplo en la colorida versión de los años 30 (a la que se aluce con los sombreros con plumas que aparecen en una fiesta de disfraces), pero luego paradójicamente se prescinde de cualquier mínima contextualización histórica (aquí no se habla de Ricardo Corazón de León ni de Juan sin Tierra). Se establecen (muchas veces de forma exagerada) paralelismos con la actualidad. Así, las peripecias de los cruzados parecen transcurrir en el siglo XXI en Afganistán, y en sus críticas a la guerra originada como negocio por los poderosos y la demonización del islam parece que se quiere poner en solfa a Donald Trump. Incluso el maquiavélico sheriff de Nottingham llega a avisar a sus conciudadanos de que en el futuro sus enemigos se infiltrarán entre la población como inmigrantes, anticipando varios siglos antes la emigración masiva. Choca sobre todo que en esta versión se critique con bastante saña a la Iglesia, con un cardenal que parece el nuevo Darth Vader, encarnado por F. Murray Abraham que parece bajo los efectos de las drogas. Pese a todo, funciona como espectáculo de acción para consumo rápido, en gran medida por la fuerza de sus actores. A Taron Egerton le viene grande el papel, parece un Robin Hood muy joven, aunque tiene cierto carisma. Eve Hewson, hija de Bono, el cantante de U2, se confirma como un buen hallazgo para Lady Marian, haciendo olvidar por un momento a sus ilustres antecesoras, Jamie Foxx borda como cabe esperar su papel de sarraceno amigo de Robin, heredado de Morgan Freeman en el film del 91, y brilla Ben Mendelsohn, como un sheriff memorable, pues se le dan muy bien los villanos.
4/10
(2018) | 152 min.
Años 70. La bailarina estadounidense Susie Bannon pasa una prueba para ingresar como alumna en la academia de baile de Madame Blanc. Pero Patricia, una de sus compañeras, ha desaparecido sin dejar rastro, así que su psicoanalista, el anciano Dr. Josef Klemperer, trata de dar con ella. Una de sus nuevas compañeras, Sara, le pedirá a Susie que le ayude a desentrañar el oscuro secreto que esconde la institución. Luca Guadagnino ha triunfado sobre todo con el relato de pasión homosexual Call Me By Your Name, con la que ganó un Oscar el veterano James Ivory por el guión adaptado. Le tiran sobre todo los homenajes al pasado, como se podía comprobar en dos trabajos con Tilda Swinton a sus órdenes Io sono l’amore (Yo soy el amor), deudor de El gatopardo y otros títulos de Luchino Visconti, y Cegados por el sol, remake de La piscina, de Jacques Deray. Rescata de nuevo a la carismática actriz para componer una relectura bastante libre del film homónimo de terror estrenado en el 77 (la trama de este remake transcurre ese año) de Dario Argento, director con el que tiene en común su primacía de la estética, pese a que ambos tengan sellos muy distintos. De nuevo barroco y excesivo, el cineasta abusa de la violencia, de la truculencia, y del simbolismo, pero sobre todo peca de pretencioso, pues no se limita a desarrollar una simple historia de horror, como el original, sino que pretende reflexionar sobre la psicosis colectiva, preguntándose cómo es posible que las ideas puedan arrastrar a numerosas personas a la violencia. Para ello, compara la secta de brujas presentada en la trama con el nazismo y el terrorismo de la RAF. Incorpora un elemento feminista, al denunciar que se menosprecia la violencia contra las mujeres, a las que se tilda muchas veces de histéricas. Estos temas de fondo tienen interés, pero el realizador acaba reiterándolos demasiado, lo que sumado a su propensión a alargar demasiado algunas secuencias, y a meter demasiados personajes secundarios, deriva en un metraje extenso, 152 minutos que agotan. Muchas escenas resultan llamativas por su poderío visual, sobre todo la de la bailarina que se descoyunta en la sala de espejos, mientras la protagonista ejecuta una coreografía en otra habitación. Pero no logran generar suspense, por la ausencia de personajes que generen una mínima empatía, lo que también deriva en un desarrollo demasiado aséptico. Tampoco aumentan el interés por ellos las excelentes actrices, pues el film cuenta con protagonistas exclusivamente femeninas, y el único personaje masculino de peso, el doctor, está interpretado por la citada Swinton, con maquillaje protésico. También aparece muy caracterizada como la jefa suprema de la escuela, y con una apariencia más reconocible como la directora artística de la misma, inspirada en la coreógrafa Pina Bausch. Desde luego, demuestra que no hay reto que se le resista, mientras que sus compañeras más o menos cumplen, sobre todo Dakota Johnson (Susie), Mia Goth (Sara), en alza con títulos como El secreto de Marrowbone, Chloë Grace Moretz, en una aparición breve, y Jessica Harper, protagonista original de la cinta setentera, como Anke, esposa de Klemperer.
4/10
(2018) | 112 min.
Imaginativa secuela de ¡Rompe Ralph!, la cinta animada de Disney que homenajeaba a los videojuegos arcade que reinaban en los salones recreativos de los 80, y más específicamente al grandullón Ralph, que aparecía destructor en lo alto de un edificio. La idea es confrontar el mundo offline con la era de internet, mientras se insiste en la maravillosa amistad que existe entre Ralph y Vanellope, la encantadora niña piloto de carreras de Sugar Rush. Cuando se rompe el volante que sirve para manejar el videojuego de ella, ambos decide aprovechar la conexión wifi de su salón para viajar por internet en conseguir el deseado recambio, una pieza casi de coleccionista, que habrá que conseguir en una subasta. De este modo se ven confrontados por un mundo alucinante de redes sociales, vídeos populares y virus informáticos. A la vez, sus estrechos lazos son puestos a prueba cuando Vanellope queda fascinada por un juego on line de alta velocidad que triunfa en la red. Rich Moore y Phil Johnston, bien respaldados por un equipo de guionistas y consultores que aportan mil y una ideas, ofrecen una trama divertida, con su punto de advertencia acerca de los efectos perversos de internet, una suerte de autismo o los comentarios lamentables en redes sociales, lo que no significa negar y aplaudir sus indudable ventajas. Introducen en la narración muchas marcas tecnológicas y personajes propiedad de Disney, en lo que se diría una exhibición de hábil “product placement”, pues no se tiene la sensación de que se estén vendiendo productos, incluido nada menos que Movistar –se ve que el acuerdo que tienen en España en su plataforma digital tiene este tipo de frutos–, las diversas presencias quedan justificadas, a veces con un sentido del humor de muy buena ley. La animación alcanza nuevas cotas altas de virtuosismo, con escenas de acción trepidantes, en las carreras automovilísticas, que nada tienen que envidiar a las de Ready Player One, o en el modo en que se plasma un virus informático estrechamente relacionado con Ralph. Y hay originalidad en el diseño de nuevos personajes, inspirados en sus funciones de internet, como pop-ups o buscadores. Al clásico mensaje sobre el valor de la amistad, que incluye respetar el espacio de los amigos y las decisiones que aparentemente pueden alejar, pero que en realidad refuerzan la unión, se suma otro que ya aparecía recientemente en Los increíbles 2, el del empoderamiento femenino, a cuento de las princesas Disney y el interrogante acerca de si Vanellope sería también una de ellas. Lo que incluye alguna broma que puede ser inocente, pero que también deja abierta la puerta a las interpretaciones.
8/10
(2018) | 103 min.
Holly Burns ultima los preparativos para celebrar la Navidad, con su marido Neal y sus hijos, la adolescente Ivy y los niños Lacey y Liam. Pero al regresar a casa con los chicos, se encuentra con la sorpresa de que les aguarda Ben, su hijo mayor, que está ingresado en un centro de rehabilitación por su adicción a las drogas, y se ha presentado inesperadamente para celebrar con ellos la Nochebuena. Asegura que su padrino considera que es una buena idea, pero la ansiedad que exhibe, la desconfianza familiar fundamentada en malas experiencias pasadas y la necesidad de control externo –su madre no le quita el ojo de encima–, invitan a pensar que la cosa puede acabar mal. Peter Hedges, director y guionista, ha demostrado en su filmografía previa –¿A quién ama Gilbert Grape?, Un niño grande, Mi mapa del mundo, Retrato de April, La extraña vida de Timothy Green– su interés y habilidad dramática para describir conflictos familiares, donde pueden surgir chispas, pero también el "pegamento" del amor, cara a lograr la ansiada unidad y cohesión, el estrechamiento de los lazos a pesar de las diferencias. Curiosamente El regreso de Ben coincide casi con el estreno de Beautiful Boy, de temática parecida y basada en hechos reales, aunque puestos a comparar, Hedges logra un film mejor, realista y abierto a la esperanza como el de Felix Van Groeningen, pero mejor resuelto. El director utiliza muy bien el telón de fondo navideño, presenta con convicción las tentaciones de Ben y el encuentro con "fantasmas del pasado" e imprime bríos al periplo que sigue a la asistencia familiar a la misa del gallo, un verdadero descenso a los infiernos en que la Nochebuena se convierte en Nochemala, con madre e hijo compartiendo experiencia. Julia Roberts compone una magnífica madre coraje, y hay química con Lucas Hedges, que da vida a Ben, y que en la vida real es precisamente hijo del director Peter Hedges, el joven se está labrando una carrera de prestigio tras asumir papeles secundarios en Tres anuncios a las afueras, Lady Bird y protagonismo en Identidad borrada. Los secundarios, familia, delincuentes y drogatas, están muy cuidados, se definen bien incluso los de menor presencia, los padres de una compañera de Ben, muerta de sobredosis.
6/10
(2018) | 90 min.
“Desde que tengo memoria, siempre quise hacer una película de atracos”. Con esta declaración de principios que remeda la del arranque de Uno de los nuestros, Elías, un director de cine, explica que ha encontrado el material perfecto para hacer una película de ese género. Los atracos realizados por el llamado Robin Hood de Vallecas, a quien también conoceremos como Flako, en distintas sucursales bancarias, por el método del butrón, en los años álgidos de la crisis financiera, entre 2010 y 2013, año este último en que es detenido. El cineasta se pone en contacto epistolar con el Flako, que está en prisión, y accede a tener encuentros con él. Al principio no quiere contar nada que pueda incriminarle, pero surge una relación que deriva en algo parecido a la amistad, por elementos comunes como una paternidad recién estrenada casi a la vez, y que se prolonga durante años, hasta terminar en peculiar documental, los “apuntes” a que alude el título del film. León Siminiani articula una interesante película, que sabe enganchar combinando el elemento humano de la relación entre director y atracador, y con sus respectivas esposas y bebés, con la intriga y los detalles acerca de cómo el subsuelo urbano de Madrid, las alcantarillas, que ofrecen una inesperada plataforma para los ladrones. El cineasta evita además la posible glorificación romántica de los atracos, un meritorio equilibrio, porque utiliza imágenes de películas clásicas de robos, como Rififí o Los peces rojos, y los detalles técnicos de los robos podían invitar a ello. En cambio intenta entender los motivos, que parecen tener que ver mucho con la infancia y el pasado familiar, y no cae en la tentación de dar a los golpes una consideración social, reacción antisistema a lo 15-M que no tiene. Da idea de la decisión de jugar con las cartas boca arriba, la inclusión y ayuda para que el Flako publique un libro sobre su vida, el hecho de que veamos que se maneja un guión para sus declaraciones en la película o que se recrean conversaciones, la explicación para la máscara que lleva, o las dudas morales acerca del daño que puede hacer a la familia del atracador la realización del film. La decisión creativa desde el principio es la de ofrecer la mirada del atracador y su entorno, aunque no se escamotea señalar que los robos afectan a las víctimas, los empleados del banco retenidos como rehenes con violencia, o la recolección de alguna declaración policial. Y se siguen sus pasos, e incluso se nos lleva por unas alcantarillas sorprendentemente accesibles, los descubrimientos del director son también los del espectador.
7/10
(2018) | 135 min.
Una película intimista y personal del mexicano Alfonso Cuarón, que deja el inglés y la parafernalia hollywoodienses de las exitosas Gravity y Harry Potter y el prisionero de Azkaban, aunque cuenta con un generoso presupuesto, su estatus de gran cineasta le abre puertas para planteamientos arriesgados como el que nos ocupa. La trama transcurre en el barrio de Roma en México, seguimos a una empleada doméstica indita, Cleo, que trabaja al principio de los 70 para una familia acomodada, en la casa viven la abuela, el matrimonio y cuatro niños, más otras dos personas del servicio, y el perro que se hace popó en la entrada con demasiada frecuencia. La narración se nos entrega en un amplio lienzo de glorioso blanco y negro, con una maravillosa recreación de la época, que incluye salas de cine, desfiles militares, manifestaciones violentas de índole política, baños en la playa. La puesta en escena es perfecta, propia de un director talentoso con un gran dominio de la cámara, quien demuestra además una enorme sensibilidad al explicar sin palabras la suerte de hermanamiento que se va a producir entre Cleo y la señora de la casa por encima de diferencias de clase –“las mujeres siempre estamos solas”, le dice ésta a la otra–, ellas son mujeres sometidas a duras pruebas, que demuestran entereza y fuerza de voluntad en sus tribulaciones, donde los hombres, el novio, el esposo, no están a la altura. Llama la atención este contraste, que no da pie a discursos feministas facilones, simplemente se muestra la fortaleza de ellas, y la frivolidad de los otros –dejación de deberes de paternidad, pérdida de tiempo en supuestas actividades importantes, profesionales, deportivas o profesionales, olvidando lo principal, la dedicación a propia familia–. Al final quien tiene verdaderamente equilibrio interior es Cleo, magnífico el simbolismo de esa escena masiva de candidatos a guerreros con un maestro de artes marciales. La película atrapa un cúmulo de sensaciones nostálgicas perfectamente reconocibles, incluida una infancia que nunca deberíamos olvidar, también con sus malos tragos, Cuarón bebe de su vivencia personal y se nota. El reparto es fantástico, pero sin duda que sobresale Yalitza Aparicio en su primer papel en la pantalla. Hay momentos de sublime belleza, donde convive el drama y el suspense, atravesados por el amor, la escena del parto, la escena en la playa con el oleaje peligroso.
9/10
(2018) | 108 min.
Minuciosa reconstrucción de los pormenores de un auténtico robo, perpetrado en Londres durante la Semana Santa de 2015, el objetivo eran las cámaras acorazadas de Hatton Garden, que albergaban diamantes, joyas, dinero y otros objetos preciosos. La particularidad principal de los cinco componentes de la banda de ladrones era su edad, se trataba de ancianos, su edad se movía en una horquilla entre 60 y 77 años, de hecho uno de ellos se desplazó al lugar del crimen en autobús, utilizando su abono de jubilado. Sólo uno de los asaltantes era joven. La película dirigida por James Marsh decepciona un tanto, sobre si tenemos en cuenta que hablamos del responsable de La teoría del todo. Aquí, a pesar de que el subgénero de robos perfectos resulta agradecido, y de que cuenta con un reparto de actores veteranos que da gloria verlos –Michael Caine, Jim Broadbent, Ray Winstone, Tom Courtenay, Michael Gambon– más el contrapunto juvenil de Charlie Cox, domina un punto de sosería. Y eso que se intenta ahondar un poco en lo personal de alguno de ellos, partiendo de sus diferencias, la viudedad que hace echar de menos a la esposa muerta, el choque generacional, o una suerte de relación paternofilial. Son elementos que podían haber dado juego, pero que apenas dan para intercambios dialógicos en que los intérpretes se esfuerzan en dar lo mejor de sí. Está claro que la opción escogida es la de dar todo el protagonismo a los ladrones, por lo que las averiguaciones policiales se entregan de un modo minimalista y sin palabras, son las imágenes las que hablan acerca de cómo los pasos en falso del asalto son detectados. El modo de hacer esto es hábil, pero el precio que paga es la frialdad, que contribuye a la falta de emociones genuinas.
5/10
(2018) | 117 min.
La trágica historia del submarino nuclear ruso Kursk (K-141) y de su tripulación, cuando durante unas maniobras realizadas en el Mar de Barents en el año 2000 sufrió un accidente debido a la explosión de varios torpedos en su interior. Los daños provocaron que el submarino descendiera semidestruido hasta el fondo del mar, en donde unos cuantos marineros lucharon por sobrevivir durante días ante la incapacidad de los servicios de rescate. El prestigioso guionista y director danés Thomas Vinterberg (La caza) se pone detrás de las cámaras para narrar la crónica de esta tragedia que conmovió al mundo al comienzos del siglo XXI. El guión de Robert Rodat (El patriota) presenta con brevedad pero suficiencia a sus personajes, en especial al capitán Mijaíl Averin y a su mujer Tanya (estupendos Matthias Schoenaerts y Léa Seydoux), y logra trasladar la angustia que se vive en los dos escenarios de la película, el interior del submarino y el pequeño pueblo en donde residen las esposas y familias de los siniestrados. En un film de este tipo, en donde el espectador conoce el desenlace de la catástrofe, el argumento no genera especial intriga, aunque hay que reconocer que está muy bien imaginado lo que pudo suceder en el interior del enorme ataúd de hierro. Fiel a su estilo, Vinterberg es sobrio en su narración , aunque eso no significa que no ofrezca momentos de valentía, heroísmo y fraternidad entre los marineros. La película es implacable por otra parte a la hora de señalar a los culpables de que se perdieran aquellas vidas. Y Vinterberg denuncia sin duda la negligencia rusa. La falta de previsión y medios de la Armada Rusa es un hecho incontestable, como lo es también la vergüenza que provocaba tal situación en los arrogantes líderes rusos. Ese recelo a mostrar su debilidad, junto a la mezquindad de los gobernantes –aquí se señala especialmente a Boris Yeltsin, interpretado por Max Von Sydow, aunque el presidente de Rusia era ya Vladímir Putin– a la hora de afrontar globalmente la tragedia fue el freno que impidió el salvamento internacional, una ayuda necesaria que fue aceptada demasiado tarde.
6/10
(2018) | 83 min.
Adaptación fílmica de la obra teatral de Alberto San Juan y Valentín Álvarez, en la que no se trata de disimular en ningún momento su origen escénico. Situado en un espacio oscuro, el escenario de un teatro, e iluminado a contraluz, está el rey Juan Carlos I de España, que acaba de abdicar en favor de su hijo, recién coronado como Felipe VI. Entonces le revisitan diversos fantasmas, que le recuerdan cómo llegó a ostentar la corona. Se trata de una de esas narraciones engoladas, en que el prisma ideológico, el empeño en demostrar que la monarquía es una institución obsoleta, se impone al ingenio creativo, a la capacidad de dotarla de un mínimo de ritmo y chispa. Las visitas de personajes espectrales varios, como el periodista y académico Juan Luis Cebrían, don Juan de Borbón, el padre del rey, o el mismísmo Francisco Franco, se acompañan con audios, a veces auténticos, y con parrafadas discursivas, citando pretenciosamente a autores como Adorno, o haciendo consideraciones vacías sobre lo que el monarca pensaría de su condición real. En cualquier caso el conjunto resulta tremendamente aburrido. Da la impresión de que los mismos autores se dan cuenta de la limitación de su propuesta y de los riesgos que conlleva el sesgo ideológico, por lo que intentan mostrarse contenidos, no ofrecer una pura caricatura. Con lo cual, ni siquiera estamos ante una sátira al uso, de las que provocan la risa o la sonrisa. Luis Bermejo da vida a Juan Carlos I, mientras que Alberto San Juan y Guillermo Toledo se encargan de asumir el resto de roles, en el típico ejercicio de imitaciones.
3/10
(2017) | 52 min.

Ernest es un oso muy grande con espíritu de artista y un corazón generoso. Con él vive Celestine, una ratita huérfana que hace tiempo acogió en su casa. Juntos vivirán todo tipo de aventuras mientras se preparan para la llegada del invierno. Una nueva adaptación de los populares cuentos infantiles de Gabrielle Vincent, llena de encanto y valores positivos, que mantiene la belleza de las ilustraciones originales.

Viernes 07 de Diciembre de 2018

(2018) | 91 min.
Nueva Orleans. Roy trabaja haciendo el trabajo sucio de un mafioso local. Será enviado a hacer un trabajito nocturno en casa de un abogado, pero en realidad es un trampa ideada por su jefe. Salvará la vida por los pelos y en la casa encontrará a Rocky, una joven desvalida que simplemente estaba en ese momento en el lugar equivocado. Huirán juntos de aquel lugar y marcharán hacia el oeste, hasta hacer escala en un motel de Galveston. Sólida adaptación de la novela homónima de Nic Pizzolatto, autor texano cuyo reconocido prestigio viene unido al éxito de True Detective, serie noir creada por él. Sorprendentemente no se pone detrás de las cámaras ningún aguerrido cineasta de filmografía violenta, sino alguien a quien a priori no se le relacionaría con este tipo de cine: las actriz francesa Mélanie Laurent. La protagonista de El concierto firma así la autoría de su cuarto largometraje, el primero de ellos con producción estadounidense. El resultado es notable al trasladar a imágenes el atormentado mundo de Pizzolatto, un autor que no es precisamente la alegría de la huerta y que se ha encargado también de escribir el guión. Sin apenas personajes secundarios, la película se centra en la pareja formada por Roy y Rocky. Asistimos a sus conversaciones, discusiones y decisiones apresuradas. Ocurren pocas cosas y todo es inestable, pero a su vez cada uno extrae lo mejor del otro. En términos generales Galveston narra el tortuoso y largo viaje de un asesino que será a su modo redimido por el amor. Pero no hablamos aquí de un sentimiento blandito y pasajero, sino de un amor potente y duradero, un amor que es puro sacrificio, medio quizá de expiar las propias culpas. Se inscribe así la historia en el modelo clásico del antihéroe capaz de renunciar a sí mismo hasta el fin. Será un itinerario interior y misterioso, una supervivencia violenta ligada también al fatalismo de este tipo de historias que muestran las bajezas y también las grandezas del ser humano, pero que no dan resquicios a la algarabía de los finales de cuentos de hadas. No se ocurre un actor más adecuado para encarnar a Roy Cady que Ben Foster, un tipo que parece siempre a punto de explotar. A su lado Elle Fanning hace un papel excelente de joven vulnerable que no ha tenido suerte en la vida y que va camino de infelices derroteros. Logra la directora mostrar la dureza y degradación del ambiente en que se mueven ambos personajes, pero se agradece su comedimiento a la hora de explicitar la sordidez y la violencia.
6/10

Lunes 10 de Diciembre de 2018

(2018) | 87 min.
Documental sobre las innumerables obras de Bernini exhibidas en la Villa Borghese de Roma, un lugar para siempre ligado a la figura del genial artista ya que perteneció a su gran mecenas, el cardenal Scipione Borghese, y en donde el propio Bernini se sentía como en su casa. No es ésta una película biográfica sobre la figura del napolitano Gian Lorenzo Bernini (1598-1680), del que apenas se habla de su vida, sino únicamente un recorrido sobre su obra expuesta en esa conocida villa romana, una colección de más de 60 creaciones de quien es considerado el inventor del barroco. Hijo de un escultor, Pietro Bernini, el joven aprendiz trabajó con su padre siendo un adolescente, hasta que firmó sus primeras obras, entre las que destacan “Santa Bibiana”, “Fauno entretenido por cupidos”, o el asombroso colchón que esculpió para el “Hermafrodita durmiente” del siglo II. Tras ese aperitivo el documental dirigido por Francesco Invernizzi entra de lleno en el plato fuerte de la visita, las cuatro obras monumentales que son el centro de la exposición: “Eneas, Anquises y Ascanio”, “El rapto de Proserpina”, “Apolo y Dafne” y “David”. Algo más de la mitad del documental está dedicado a estas cuatro obras maestras, que asombran por su excepcional belleza. Como explican los jugosos comentarios de Anna Coliva, directora de la Galleria Borghese, más que esculturas Bernini esculpe un conjunto teatral, nos narra historias donde capta un momento de la acción en movimiento, algo que le diferencia esencialmente de Michelangelo Buonarroti. En Bernini es también esencial la vivísima expresividad de los rostros, marca característica del barroco. La realización de Invernizzi tiene la particularidad de que deja que los ojos se recreen en las esculturas sin aturullarle demasiado los oídos. Tras una breve presentación, el narrador se ausenta y la cámara se detiene largo tiempo en la contemplación de esas obras, se mueve lentamente a su alrededor, se recrea con un detalle y otro, mientras suena una música especialmente elegida. El espectador literalmente se siente trasportado allí, como si de una visita real se tratara. El documental se cierra con la muestra de otras obras del artista, como los bocetos en arcilla de sus grandes construcciones públicas o las esculturas de bustos de personajes célebres: los nueve Papas que conoció, el cardenal Richelieu, Alma bendita y Alma maldita, la sensual Costanza Bonarelli o el Cristo Salvador. También tienen cabida los autorretratos del propio artista, buena muestra de su faceta como pintor.
6/10

Viernes 14 de Diciembre de 2018

(2017) | 82 min.
En una humilde y peligrosa barriada de Caracas vive Pedro, un chaval de doce años. Allí pasa el tiempo jugando en la calle con sus amigos, mientras su padre Andrés está la mayor parte del tiempo ausente. Cuando Pedro hiere de gravedad a otro chiquillo que ha intentado robarle con una pistola, padre e hijo tendrán que poner tierra de por medio para evitar represalias. Visión descorazonadora de la vida y del futuro de Venezuela escrita y dirigida por el caraqueño Gustavo Rondon Córdova, que debuta así en el largometraje con una historia muy realista, alejada de cualquier ligereza y sentimentalismo, que le ha granjeado varios reconocimientos internacionales. Ciertamente el director transmite situaciones vitales poco reconfortantes: la dura supervivencia de un padre y un hijo sin recursos, distantes emocionalmente, que se ven obligados a deambular de aquí para allá, con trabajillos y trapicheos esporádicos. Asistimos así al día a dia en una ciudad miserable, con gran violencia en el ambiente, en donde salir adelante para la gente de condición humilde es poco menos que un milagro. Película seca, directa en sus planteamientos, austera a la hora de conceder esperanza, que destaca por el hiperrealismo en la planificación, las localizaciones y los caracteres de los escasos personajes, gente dura y curtida en las penurias que vive su país.
6/10
(2018) | 128 min.
Un futuro apocalíptico en el que algunas ciudades se han transformado en gigantescos vehículos que recorren las tierras yermas. La pantagruélica Londres captura a una muchísimo más pequeña, Salthook, para quedarse con sus recursos, mientras que sus habitantes son transferidos a la primera. Entre ellos se ha colado la joven Hester Shaw, que planea asesinar a Thaddeus Valentine, poderoso líder de los Historiadores, pues le culpa del asesinato de su madre. Pero uno de sus jovenes aprendices, Tom Natsworthy evita el crimen. Tras la ciclópea tarea de adaptar los libros de J.R.R. Tolkien, concluida con El Hobbit: La batalla de los cinco ejércitos, en 2014, Peter Jackson se ha tomado unos años sabáticos, y en 2018 se ha decantado por volver a la realización con They Shall Not Grow Old, documental sobre la Primera Guerra Mundial, en el centenario de su finalización. También retoma las adaptaciones de novelas fantásticas, pero ha preferido optar por un volumen mucho menos popular y reconocido que la saga de los anillos, aparte de quedarse en segunda fila, como productor y guionista, esto último junto a su equipo habitual, formado por su mujer, Fran Walsh, y Philippa Boyens, y darle la alternativa como realizador al debutante en el largometraje Christian Rivers, que ganó el Oscar por los efectos especiales de su film King Kong. Va en la línea de las sagas distópicas adolescentes, estilo Los juegos del hambre, aunque la trama fusila sin piedad trozos de otras cintas, como Mad Max y Terminator, y sobre todo resulta llamativa la cantidad de elementos en común con La guerra de las galaxias, pues comienza con un vehículo gigante persiguiendo a uno menor, tiene un joven aspirante a piloto, un asalto en aeronaves al arma devastador de los villanos, y hasta una ciudad en las nubes y un giro que trae a la memoria El imperio contraataca. Pese a todo logra resultar algo fresca a nivel estético, pues los diseños de escenarios y vehículos no se han visto mil veces antes. Algo es algo. Relato épico clásico de enfrentamiento entre el bien y el mal, se permite con humor críticas a la era actual, vista en la posteridad como "la era de las pantallas", donde apenas se leen libros. Su punto flaco son los personajes, que no pasan de arquetipos, como la chica de armas tomar, y el muchacho apocado, y los desconocidos protagonistas cumplen, sin dar pie a tirar cohetes. En todo caso del reparto conviene destacar a Hugo Weaving, que tras dar vida a Elrond, con Jackson, aquí ejerce bien como villano.
6/10
(2018) | 108 min.
La misma noche en que Olivia y Mario rompen con sus respectivas parejas, se conocen tras una colisión accidental en que está implicada una bicicleta, y surge el flechazo. Ambos coinciden en su dedicación artística actoral, aunque de corte muy diferente: él es monologuista cómico, y ella actriz de teatro sesudo y con pretensiones. Aunque se lanzan dardos dialécticos todo el tiempo, la química es innegable. Además les unirá un gato callejero al que rescatan de un contenedor de basura, y al que bautizan con el original nombre de "Miamor perdido". Comedia del especialista Emilio Martínez Lázaro, coescrita con su hija Clara. Uno de los actores es Dani Rovira, con el que el cineasta ha cosechado dos de sus mayores éxitos, Ocho apellidos vascos y su secuela, Ocho apellidos catalanes. Empieza bien, con magnífico timing, y la idea de unir actoralmente a Rovira con Michelle Jenner se revela feliz, ambos tienen mucha gracia, y encarnan bien lo que es un buen punto de partida de trama de guerra de sexos. Y sin embargo... Sin embargo, la cosa se enreda y se estanca. Cuando empiezan a producirse algunos altibajos sentimentales, y surge la idea de una obra de teatro basada en la vida de la pareja, hay una clarísima bajada de ritmo, que sólo se recupera a ratos, a base de gags aislados, donde pueden brillar brevemente algunos buenos secundarios, como Vito Sanz. También pesa, algo típico en el cine de Emilio Martínez-Lázaro, la innecesaria sal gruesa y los desnudos, que despojan al film de la condición de "comedia blanca" que también le fue a los dos Ocho apellidos.
5/10
(2018) | 115 min.
Abordar el género biográfico sin caer en lo convencional es ejercicio harto difícil, no hay más que pensar en la reciente La música del silencio, sobre Andrea Bocelli. Icíar Bollaín, directora, y Paul Laverty, guionista, intentan sortear tal dificultad en Yuli, acercamiento a la vida del bailarín y coreógrafo cubano Carlos Acosta, que se interpreta a sí mismo en la cinta, y que por supuesto es uno de los impulsores del film. El modo de lograrlo es una historia con dos tiempos narrativos: en uno de ellos, Carlos Acosta prepara un espectáculo musical de danza autobiográfico, para ser representado en La Habana; en el otro, somos testigos de episodios de la niñez y juventud de Acosta, sugeridos por el álbum de fotos familiares y recuerdos que atesoraba su progenitor. De modo que se procura ofrecer un retrato no exhaustivo, aunque sí dotado de algunos elementos clave para conocer mejor a quien familiarmente era conocido como Yuli, con la idea de evocar, sin pretender ser absolutamente preciso, cómo fue esa vida sacrificada y exigente, no exenta de duras pruebas, sugeridas con pudor, a veces con trazos impresionistas, como lo relativo a los problemas psíquicos de una hermana. Y conocemos el ambiente familiar sencillo, las presiones que soporta el niño para desarrollar su natural talento para la danza y acudir a la Escuela Nacional de Cuba para formarse, las separaciones desgarradoras y estancias en el extranjero, la tentación de quedarse a medio camino. El resultado puede que no sea perfecto, pero funciona en líneas generales, incluidas las coreografías y números de danza del musical, cuidados y que cumplen bien su cometido en apoyo de la narración. Conmueve especialmente el personaje del padre, muy bien interpretado por Santiago Alfonso.
6/10
(2018) | 119 min.
El tándem que conforman Carl y Assad a la hora de investigar casos policiales sin resolver que en muchos se remontan a bastantes años atrás, está a punto de deshacerse, el segundo puede promocionarse y ser transferido a un puesto más relevante en el departamento antifraude fiscal. A Assad le cuesta dar el paso, y también la ayudante de ambos Rose muestra su pena por la anunciada marcha, pero a Karl, fiel a su incapacidad para expresar cualquier tipo de emociones, no se le altera ni un músculo de su hierático rostro. En la semana que les queda juntos llega a su despacho un caso que ha conmocionado a la opinión pública: la aparición de tres cadáveres momificados dispuestos en torno a una mesa, con sus órganos extraídos y colocados en formol, estaban emparedados en un apartamento desocupado desde hace años en pleno centro de Copenhague. Los cuerpos resultan estar relacionados con un establecimiento de infausta memoria para chicas descarriadas situado en la isla de Sprogø, donde en los años 60 se practicaban abortos y esterilizaciones forzosas. Cuarta de la serie de películas danesas, que adaptan los populares best-sellers policíacos de Jussi Adler-Olsen, y que tiene como protagonistas a dos policías muy buenos profesionales pero de temperamento completamente diverso, uno nórdico hasta los tuétanos, frío y nada empático, el otro impulsivo y de sangre caliente, de origen árabe. Nikolaj Lie Kaas y Fares Fares demuestran una vez más que les tienen tomadas perfectamente las medidas. Y la estructura sabe alternar bien escenas de hechos del pasado –la reclusión de Nete en 1961 en el mencionado internado, su familia no admite que mantenga una relación amorosa con su primo–, con la investigación en la actualidad. Christoffer Boe es un recién llegado en la dirección de películas de casos del departamento Q, pero cuenta con el respaldo de Nikolaj Arcel, guionista de las anteriores adaptaciones, Misericordia: Los casos del Departamento Q, Profanación: Los casos del Departamento Q y Redención: Los casos del departamento Q, y sabe mantener el nivel de las anteriores entregas. De nuevo tenemos una intriga que muestra el lado más oscuro del ser humano, pues se dan la mano la inmisericordia y el odio, el deseo de venganza, la falta de respeto a la libertad de las personas, la escasa estima que se puede tener a la vida humana, los prejuicios raciales y el creerse como dioses a la hora de practicar una lamentable ingeniería social que desprecia a los individuos. Y en consonancia con esta mirada poco optimista sobre el hombre, que tiene anclaje en la realidad –se citan en el film las prácticas eugenésicas defendidas en los años 60 por el socialdemócrata que fuera ministro de justicia danés Karl Kristian Steincke–, el film no ahorra pasajes de violencia morbosa, incluidas violaciones que implican a personas de distinto y mismo sexo. En general la narración está bien llevada, con pasajes adrenalíticos, como los ataques que sufren los tres policías del Departamento Q –Rose acudiendo a una cita con un informante, Carl y Assad cuando circulan por la carretera–, bien combinados con los dramáticos, en que conocemos las intenciones de los personajes, o se hacen impactantes revelaciones, como el de la comunicación de una esterilización donde la víctima, que quería un aborto “discreto”, desconocía todo lo que le habían hecho y con qué propósito. Por eso, por el buen ritmo logrado en casi todo el metraje, decepciona un tanto el operístico clímax, demasiado forzado en su formato de circo de varias pistas, aunque quizá el espectador poco exigente lo acepte sin demasiada dificultad.
6/10
(2017) | 92 min.
En su último año en el instituto, Anna planea saltarse un año de universidad para viajar por el mundo, ante la consternación de su progenitor. Su mejor amigo, John, está enamorado de ella, pero no le corresponde, pues se ha fijado en Nick, un matón alérgico al compromiso. Mientras en el centro estudiantil se prepara un musical navideño, se desata una epidemia de muertos vivientes, por lo que Ana y los suyos tendrán que esforzarse para sobrevivir. Mezclar el género musical, con zombies, comedia adolescente y cine navideño no es una misión fácil. Asume el reto el joven realizador británico John McPhail, hasta ahora con un único largometraje en su haber, la desconocida comedia romántica Where Do We Go From Here?, de 2015, Pese a su escaso presupuesto consigue pasar de un terreno a otro con fluidez, e incluso logra algún momento de tensión dramática, centrándose en la relación de la protagonista con su progenitor, su deseo de formar una pareja estable con Nick, o en la tragedia de la amiga lesbiana con problemas de incomprensión y soledad. Funciona mejor la parte musical, por la calidad de las canciones, por ejemplo, una en la que los chicos se lamentan de que en la vida no existen los finales de Hollywood, o aquella en que la protagonista baila desenfadada sin percatarse de que los zombies causan estragos a su alrededor, que remite directamente a Zombies Party, una de las principales fuentes de inspiración. Tiene un tono algo gamberro, pero muy medido, que no llega a molestar, y también incluye una sintonía subida de tono, pero que no llega a resultar explícita, al estilo de los viejos números ‘picantones’ del cabaret, el vodevil y la revista en España. Por otro lado, sus excesos violentos ‘gore’ no son desagradables, primero por la cutrez sin complejos de los efectos especiales, y después porque son tan disparatados como hilarantes. Lo mejor, el trabajo de Ella Hunt, con muy poca filmografía hasta el momento, pero que formó parte del cuerpo de baile de Los miserables, de Tom Hooper. Demuestra su enorme talento otorgándole humanidad a la protagonista, y está bien arropada por sus compañeros. Seguro que Hollywood no tarda en fijarse en ella. En suma, una obra que parece dirigirse a un público bastante ‘friki’, condenada a hacerse con la etiqueta “de culto”, pero que logra cierta simpatía.
6/10
(2018) | 83 min.
Un pueblo innombrado de la Galicia profunda. Un relato fragmentado del que se proporcionan las piezas poco a poco. Una familia, el padre, la hija, el hijo que acaba de llegar con su mujer tras una ausencia de duración desconocida. La madre murió. Deciden la inscripción de la lápida. Hubo un accidente. De automóvil. La hermana se está recuperando. Son las fiestas locales del pueblo. Y los hombres están reuniendo a los caballos, que andan sueltos por el monte. Con largos silencios, mucho laconismo, intuimos reproches y rencores. Xacio Baño rueda su propuesta enteramente en gallego, con parsimonia de trote lento, muy lento, y sonido justificado, sin partitura musical, la vida misma. Una vida tediosa, que no atrapa ni emociona. Al final llegan los planos de los caballos. ¿Para qué? En fin, quizá son más fáciles de manejar que las personas, o algo así.
4/10
(2018) | 101 min.
Tara está triste, aburrida, harta. Casada, con dos niños, es ama de casa, no trabaja fuera. Su marido Mark no es un prodigio de sensibilidad, es más bien tosco, y siempre que puede le pide el débito conyugal. Pero básicamente es un buen tipo, curra mucho y trae el pan a casa, y no elude las obligaciones domésticas, de hecho los hijos le adoran. El caso es que ella es una especie de volcán reprimido a punto de estallar. Busca espacios, tal vez haga un curso de arte, a lo que el marido, dentro de su sorpresa y el coste, no rechista demasiado. No basta. Tara tiene una crisis y huye precipitadamente del hogar, ligera de equipaje, rumbo a París, donde espera disfrutar de París, y más específicamente de unos tapices que descubrió en un libro de arte. Una especie de "madame Bovary" posmoderno, de mujer infeliz sin que sepa muy bien por qué, y de marido que lo detecta, pero que tampoco sabe poner remedio, o abrir las necesarias vías de comunicación que fortalezcan la unidad de la pareja. Así las cosas, la cosa está que arde, y el film sirve como muestrario del estado de las cosas en lo referente a la crisis de la familia en occidente, una crisis existencial personal en sus protagonistas. Es de una de esas cintas que podrían dar para un coloquio en un curso de orientación familiar, y que evidencian que a veces las cosas se estropean por puro narcisismo, un mirarse demasiado el ombligo en vez de darse a los seres queridos, sin reservas. El desconocido Dominic Savage, guionista y director, logra lo que se propone, dejando al espectador en estado de desazón, pues se limita a dejar constancia de cierto estado de las cosas difícil de romper, y donde ninguna de las opciones, la emancipación total o la apuesta por la familia, parecen satisfactorias, siempre queda la angustia y la depresión. Gemma Arterton da bien el tipo de la mujer protagonista que ha llegado al hartazgo y rota busca recomponerse sin dar con el pegamento idóneo.
6/10
(2018) | 84 min.
Reconstrucción de la historia real de Stubby, un desaliñado Boston terrier recogido en las calles de Connecticut por el recluta novato Robert Conroy. Éste se encariña tanto con él que no duda en llevárselo escondido cuando embarca al frente galo, durante la Primera Guerra Mundial. El can se convertirá en un auténtico héroe, pues logra localizar heridos bajo el fuego enemigo, advierte de los ataques con gases venenosos e incluso será capaz de desenmascarar a un espía enemigo. Después de dirigir Road to Victory, serie documental centrada en la Segunda Guerra Mundial, el realizador canadiense Richard Lanni decidió desarrollar un trabajo similar en torno a la Primera. Durante el proceso de documentación quedó fascinado por la figura de Stubby, un perro muy alabado por la prensa de la época. Decidió llevar su historia a la pantalla con este largometraje elaborado a base de gráficos de ordenador lo suficientemente funcionales. Pese a la saturación de productos similares en el mercado, por el atractivo pastel del cine familiar, este trabajo sorprende por varias cosas, por ejemplo por el simpático diseño de personajes, sobre todo del protagonista, con el que se ha tomado la opción de prescindir de que hable o de elementos antropomórficos, así que sólo hace lo que un animal real, excepto porque puede saludar como un soldado humano, lo que al parecer lograba también el Stubby real. Pero sobre todo porque sin mostrar explícitamente la violencia, no oculta, aunque el film sea para niños, el horror bélico, o el dolor ante la muerte de las personas próximas. Hasta el soldado francés Gaston Baptiste, que sirve como contrapunto cómico, tiene un punto amargo y melancólico. Por otro lado, divulga con mucha exactitud, y sin aparentes licencias cómo fue el conflicto, hasta el punto de que puede gustar al público adulto, amante del cine histórico. Otro punto fuerte, la inspirada partitura de Patrick Doyle (Brave, El origen del Planeta de los simios).
6/10
(2017) | 115 min.
Teo, solterón en la cuarentena, trabaja como exitoso publicista. Aunque tiene novia, esquiva cualquier compromiso al tiempo que mantiene encuentros íntimos con otras mujeres. Pero ese modo de vida empieza a cambiar cuando conoce a una atractiva osteópata ciega, mujer fuerte y dulce a la vez, divertida e inteligente. Poco a poco ambos irán intimando. Comedia dramática de sesgo romántico dirigida por el milanés Silvio Soldini, en cuya amplia filmografía destacan títulos como Pan y tulipanes o El comandante y la cigüeña. El guión coescrito por Soldini junto con su colaboradora habitual Doriana Leondeff, a quienes se ha sumado Davide Lantieri, presenta una historia a priori de interés, con dos personajes atractivos: el seductor vividor que salta de cama en cama y una ciega que mantiene un gran equilibrio emocional y asume su vida con enorme fortaleza, algo que ella procura inculcar en otras personas de su condición. Las situaciones generadas entre ambos están bien narradas y el acercamiento es creíble, así como la crisis que inevitablemente se producirá entre ellos. Porque la química no es suficiente. Soldini muestra en Acuarela cómo tarde o temprano hay que asumir la responsabilidad de los propios actos. Y ese proceso de maduración puede suponer asumir los traumas familiares, decidirse por amar y romper encastillamientos egoístas para ser capaces de darse a sí mismos, único modo de crecer emocionalmente o, en otros casos, asumir la propia condición para superar las limitaciones de la propia realidad. Entre las interpretaciones destaca sin duda la de Valeria Golino (Caos calmo), que hace muy convincente su papel de invidente.
5/10
(2018) | 83 min.
Hasta una pequeña villa costera del ártico llega una banda de chorlitos, que como todos los años migran allí en primavera. Durante su estancia nacerá Ploey, un pequeño chorlito que pronto tendrá que aprender a valerse por sí mismo. Sin embargo, tras un accidente provocado por un águila depredadora, Ploey quedará traumatizado e incapaz de volar. En esa situación llegará el invierno y la bandada de chorlitos volará al sur creyendo que Ploey ha muerto. Película de animación producida por Islandia y Bélgica que imagina una tierna y entretenida aventura animalesca en torno a las migraciones anuales de las aves, a los peligros de la meteorología y al acoso de sus depredadores naturales. La historia, creada por Friðrik Erlingsson (La leyenda del martillo mágico, Thor), presenta un simpático protagonista, que sin duda empatizará con los más pequeños, y lo acompaña de secundarios bien definidos –el amigo lagópodo Giron, la dulce Ploeveria, el águila Sombra, etc.–, al tiempo que los introduce en una trama de supervivencia que será un proceso de maduración para el protagonista. En ese itinerario, Ploey recibirá consejos de todo tipo y al final tendrá que tomar decisiones difíciles por sí mismo. En este sentido, tiene gracia la metafórica idea del Valle Paraíso, un lugar en donde la vida es fácil y sin peligros, pero en donde se ha renunciado al amor, a la aventura y a la amistad verdaderas. Por lo demás, el director islandés Árni Ásgeirsson imprime el ritmo requerido a la acción, con algunos logrados golpes de humor. Los jóvenes espectadores aprenderán además los hábitos de las aves migratorias y la existencia de diferentes especies costeras: chorlito, lagópodo, cormorán, charrán, águila, etc. Funciona la evocadora música de Atli Örvarsson y los dibujos son eficaces y expresivos.
5/10
(2018) | 125 min.

Adamo, un joven italo-marroquí que vive en Bélgica, huérfano desde los 6 años, fue acogido por su tío Farid, amigo de su padre. Acompañado por sus tres amigos inseparables, Badia, Younes y Volt, también vecinos del barrio de 't Kiel' en Amberes, estarán dispuestos a todo para convertirse en legendarios pandilleros. Los cuatro se sumergen de cabeza en una guerra de bandas, dejándose llevar por un torbellino de delincuencia cuyas repercusiones llegan hasta Colombia.

Viernes 21 de Diciembre de 2018

(2018) | 121 min.
La película con la que el japonés Hirokazu Koreeda se ha hecho con la codiciada Palma de Oro del Festival de Cannes. Como gran parte de su filmografía, destaca por la humanidad de los personajes en un entorno de familia, aunque el que aquí nos ocupa presente sus peculiaridades. Ninguno de los títulos, internacional, “the shoplifters”, “los ladrones de tiendas”, o español, “un asunto de familia”, recoge lo que señala el original nipón, “manbiki kazoku”, algo así como “de modo implacable”, alusión a la dureza de las situaciones extremas que se presentan en la vida. La historia se desarrolla en una innombrada barriada marginal de Tokio. Ahí habita algo parecido a una familia. Osamu Shibata y su esposa Nobuyo malviven en lo que llaman su hogar, él trabajando ocasionalmente en la construcción. La pensión de la anciana Hatsue ayuda a sobrevivir, y la hermana de Nobuyo, Aki, obtiene algún dinero ejerciendo de lo que podríamos denominar “geisha moderna”. El chaval pequeño, Shota, realiza pequeños hurtos en tiendas, adiestrado por Osamu. Una noche, ambos encuentran a un niña, Yuri, sola y desasistida, y se la llevan a casa. Teóricamente la devolverán al día siguiente, pero la situación se prolonga, la incorporan como una más de la familia, no consideran aquello un secuestro, ante las señales inequívocas de malos tratos que presenta la pequeña. Koreeda ya había explorado previamente en su cine cómo los lazos que constituyen a una familia pueden ir más allá de lo que supone compartir la misma sangre, con la idea de intercambio de hijos en De tal padre, tal hijo, el de la hermanastra recién descubierta de Nuestra hermana pequeña, o la situación de pobreza y supervivencia de unos niños sobrevenidos huérfanos en Nadie sabe. Aquí insiste en esa dirección, indagando en los sentimientos de paternidad, maternidad y filiación, mostrando cómo en situaciones de indigencia y necesidad pueden despertarse la generosidad y entrega, aunque en ese darse a los demás, no vale todo. Destaca en el film del japonés su hondura antropológica, la construcciones de unos personajes complejos, asistidos por razones para actuar como lo hacen, pero que también deben evolucionar y mejorar en un mundo donde nadie es perfecto. Nuevamente cuenta con un conjunto de actores magnífico, muchos de los cuales habían trabajado con él previamente, como la fallecida unos meses después de presentarse el film Kirin Kiki, o el gran Lily Franky, y a los que se suman unos niños muy naturales, Jyo Kairi y Miyu Sasaki.
7/10
(2018) | 132 min.
Memorable continuación del musical disneyano de 1964 Mary Poppins, basado en los cuentos clásicos de P.L. Travers, y cuya gestación y permiso de su traslación al cine a Walt Disney narró el film Al encuentro de Mr. Banks. La trama se sitúa años después, en la época de la Depresión en Londres, con Jane y Michael Banks ya adultos. Ella sigue soltera y es activista de los derechos civiles, ayudando a los más desfavorecidos, mientras que él es viudo y padre de tres hijos, Anabel, John y Georgie, su esposa murió hace un año. La familia Banks corre peligro de quedarse sin su maravillosa casa en la Calle de los Cerezos, las deudas apremian, y el documento que podría salvarles, un certificado de acciones del banco donde Michael trabaja, está en paradero desconocido. Por suerte, sopla viento del este, y se presenta en el hogar de los Banks la entrañable niñera Mary Poppins, dispuesta a traer un poco de orden y fe en la afligida familia. Le ayuda en la tarea Jack, un farolero. Resultaba complicado salir airosos de la empresa de retomar las aventuras de Mary Poppins, pero Rob Marshall, que ya firmó el musical Chicago, lo logra de sobras, con un inspirado guión de David Magee, en el que han intervenido él mismo y el productor John DeLuca. Gran parte del acierto estriba en ceñirse a las claves maestras del original, con numerosos guiños y jugando la carta de la nostalgia, un poco al estilo de lo que hizo J.J. Abrams con La guerra de las galaxias, de modo que estamos como en casa, en un universo reconocible y cercano. Emily Blunt toma el relevo de Julie Andrews, y su Mary Poppins es fantástica, conservando su aire coqueto y vanidoso de quien se mira al espejo, a la vez que sus típicas respuestas tajantes, su aire travieso, y su sincera preocupación por ayudar a los Banks. La trama está bien vertebrada con la excusa argumental de procurar la salvación de la casa de los Banks, lo que sirve para abordar temas con enjundia, que propician inspiradas canciones, que de nuevo tratan de alinearse con las conocidas del film previo: la añoranza de la esposa y madre ausente, que sigue con ellos, una luz en la oscuridad, la imaginación y la fe capaces de sobreponerse a lógica racionalista, y que pueden lograr lo imposible, no hay que guiarse por las apariencias, los libros no son sólo su cubierta, hay que ver desde diversas perspectivas, tener la mente abierta, etc, etc. Tanto en su versión original, como dobladas al español, las canciones suenan estupendamente. Son magníficas la partitura musical y las canciones de Marc Shaiman y Scott Wittman, y destacan las imaginativas coreografías, por ejemplo con los faroleros tomando el relevo de los deshonilladores, y ya sea en el mar o en aire, la magia está ahí en todo momento, incluidos los trepidantes pasajes que combinan actores reales y animación. El conjunto del reparto está sensacional, incluido Lin-Manuel Miranda, que triunfó en el musical "Hamilton", y que puede decirse que ha llegado al cine para quedarse, o así debería ser. Resulta además una gozada descubrir a algún actor del original, y ver que todos los personajes están mimados, incluido el villano de Colin Firth.
8/10
(2018) | 117 min.
Recién llegado como interno a un prestigioso instituto, el afrolatino Miles Morales tiene un poco enojado a su padre, agente de policía de Nueva York, por su afición al graffiti y a colocar pegatinas por las calles. Prefiere pasar el tiempo con su tío Aaron, que una tarde le lleva por los túneles del metro hasta unas instalaciones secretas donde el chico puede pintar sin temor a que le arresten. Pero durante el proceso le pica una araña radioactiva, suceso tras el que adquiere los mismos poderes (y alguno más) que Spider-Man, el superhéroe que vela por la ciudad desde hace una década. No será la única versión alternativa del trepamuros que ronda por allí, pues los experimentos orquestados por el malvado Kingpin han abierto túneles interdimensionales que han atraído a un maduro Peter Parker, a la intrépida Spider-Gwen, un Spider-Man en blanco y negro, una japonesa y hasta al curioso cerdito Peter Porker, todos ellos procedentes de mundos similares, pero en los que cambian algunas cosas. El mercado de los superhéroes está colapsado, pero aún más en el caso de Spider-Man, que ha dado lugar a tres sagas distintas de acción real desde Spider-Man (2002), de Sam Raimi, por lo que resulta bastante complicado lograr algo de originalidad. Lo consiguen Phil Lord y Christopher Miller, creadores de La Lego película, que ejercen como productores de este singular largometraje; el primero también coescribe el guión. Se trata de un proyecto arriesgado, al recoger a versiones alternativas del famoso personaje, bien conocidas por los seguidores de los comics Marvel, en una historia de universos paralelos. Pese a todo, se consigue que la trama se siga sin problemas, aunque se desconozcan por completo las viñetas, mientras que los fans de toda la vida encontrarán numerosísimos guiños que les harán muy felices, como portadas clásicas de la saga que les resultarán bastante familiares, diversos trajes lucidos por el personaje a lo largo de los años, o un emotivo cameo de Stan Lee, que dejó grabada su voz antes de fallecer. La animación digital resulta bastante fresca, con una estética que sobre todo recuerda al pop-art; de hecho se homenajea a los tebeos, mediante la división de la imagen en viñetas, o la utilización de bocadillos para expresar onomatopeyas o pensamientos de los personajes, por lo que a ratos vienen a la memoria los cuadros de Roy Lichtenstein, pero también caben otros estilos, por ejemplo Spider-Ham está tratado como un personaje de cartoon clásico, la nipona parece salida de un anime, y no faltan constantes referencias visuales y musicales al hip-hop dirigidas al público adolescente. Además de que está llena de escenas de acción novedosas, Spider-Man, un nuevo universo consigue mantener el equilibrio entre sus numerosos golpes de humor, y los tramos dramáticos. Recupera los típicos puntos que abordan las adaptaciones de personajes Marvel, como la responsabilidad, el heroísmo y el sacrificio. Pero este título consigue sus mejores momentos cuando aborda la relación paterno-filial, y las dificultades que pueden surgir para un muchacho que no entiende los puntos de vista de su progenitor, pese a que éste sólo busca lo mejor para él.
6/10
(2018) | 143 min.
1985, Maine. Un farero encuentra a una mujer inconsciente arrastrada por las olas. Resultará ser Atlanna, princesa del reino submarino de Atlantis, que ha huido de un matrimonio no deseado. Con los años el amor entre el farero y la princesa les dará un hijo, Arthur. Treinta años después el rey de Atlantis, Orm, pretende reunir bajo su mando a todos los reinos submarinos, proclamarse Amo de los Océanos, y declarar la guerra al mundo terrestre. La princesa Mera, su prometida, solicitará entonces la ayuda de Arthur, el único ser que puede impedirlo. Primer largometraje que adapta las aventuras del personaje de Aquaman, que apareció por primera vez en los cómics de DC en 1941. Creado por Paul Norris y Mort Weisinger, más tarde el personaje protagonizaría sus propias historias en los años 50 y poco después se haría célebre al ser parte de la Liga de la justicia. Que el hábitat del superhéroe sea el acuático ha impedido sin duda durante muchos años un traslado convincente a la pantalla, algo que ahora es ampliamente posible gracias al dominio de los efectos especiales. Aquaman se une así a sus colegas de DC –Batman, Superman, Wonder Woman, El escuadrón suicida– para repartirse la taquilla comiquera con sus rivales de Marvel. Poco a poco las fuerzas se equilibran. El director James Wan, que hasta el momento había sobresalido en el género del terror (Saw, Expediente Warren, Insidious), aparca los sustos para ofrecer esta vez un espectáculo lleno de acción y fantasía, que da poco respiro durante las más de dos horas de metraje. Tras una leve presentación en la superficie, pronto seremos trasladados al fondo del mar en donde las conspiraciones y los enfrentamientos darán comienzo. La trama alternará entonces sin descanso escenarios terrestres –desierto del Sáhara, Sicilia– y acuáticos –Atlantis, Reino de la Fosa–, hasta la apoteósica batalla final en el fondo del océano. Quizá la primera parte del film sea la más floja, en donde se pasa rápidamente de un personaje a otro sin apenas detenernos, generando un prólogo submarino que es un batiburrillo ligero y poco claro. Los diferentes reinos del mar y sus reyes respectivos se muestran con simples brochazos e incluso los piratas de la primera escena no parecen poseer demasiada entidad. Pero el guión de David Leslie Johnson-McGoldrick y Will Beall se recompone correctamente al cabo de los minutos cuando la trama avanza por caminos más tradicionales, que retrotraen a las grandes obras épicas de la mitología: el héroe ha de cubrir varias etapas en la búsqueda del tridente de Atlan, una especie de vellocino de oro para cuya posesión hay que superar una serie de pruebas. Hay además elementos que recuerdan otros seres mitológicos, como la aparición del gigantesco Karathen, una especie de monstruoso Kraken imposible de abatir. Todo el film es un despliegue desmedido de efectos especiales. El estilo de éstos es poco realista, algo que ya podemos apreciar en la sorpresiva e inicial escena guerrera de Nicole Kidman, y que luego se constata especialmente en el ambiente submarino, en donde a ratos parece que estamos ante dibujos animados, tal es el juego de luminiscencias, reflejos de colores y cabriolas que las criaturas ejecutan en el medio líquido. Lamentablemente este aparato visual va en detrimento de la concepción de los personajes, que en general están muy pobremente perfilados. Por ejemplo, se echan de menos más escenas del entrenamiento infantil y juvenil del protagonista, de su crecimiento, de sus conflictos. Pero también ocurre eso con los demás personajes. Además, por si eso fuera poco, la espectacularidad de luces y relámpagos marinos es inversamente proporcional a la tensión y la intriga que provocan. Y también puede resultar agotador el enfrentamiento entre Orm y Aquaman, que recuerda la interminable batalla a puñetazos entre Superman y el general Zod en El hombre de acero. Quizá por eso la mejor secuencia sea la persecución en Sicilia. La banda sonora, potentísima, está muy presente, e incluye algunas versiones de canciones modernillas que dan el pego, aunque entre todas ellas destaca el tema de los créditos "Everything I Need", de Skylar Grey. Entre tanta parafernalia técnica, lógicamente las interpretaciones tienen escaso recorrido, aunque es justo afirmar que Jason Momoa cumple con creces. Es un magnífico Aquaman, una mole de músculo con un punto de humor que en general cae bien, pese a que no es precisamente un actor shakespeareano. Nicole Kidman y Amber Heard, en sus más limitados papeles también hacen un correcto trabajo.
6/10
(2018) | 98 min.
Sensible acercamiento al folclore vasco a través de las danzas y las músicas ancestrales procedentes de esa zona de la geografía española. Con una filmografía eminentemente cómica, el director Telmo Esnal (Aupa Etxebeste!, ¡Feliz año, abuela!) sorprende al ofrecer un original y arriesgado documental que, en la línea de los memorables trabajos de Carlos Saura (Sevillanas, Flamenco, flamenco, Jota), reivindica las raíces de una de las culturas más antiguas de la península, que desde tiempo inmemorial ha guardado sus costumbres, sus bailes, su música y ha preservado así una identidad que desafía el concepto de globalización y la difuminación en el tiempo de sus señas diferenciales. Aunque filmada en localizaciones de varios lugares de España –Guipúzcoa, Navarra, Vizcaya, Zaragoza– la cámara de Esnal sigue principalmente distintas danzas características del País Vasco (incluido Lebort, en Francia), un conjunto de expresiones artísticas tradicionales que aún pueden disfrutarse en lugares remotos de sus valles, de sus pueblos, de sus caseríos. Hay que reconocer que el espectáculo visual es extraordinario, con variadísimos planos de epatante belleza, cuidados con esmero poco común por la fotografía de Javier Aguirre, que destaca especialmente en los planos de semioscuridad, y una inspirada adaptación musical de Pascal Gaigne. Todas las coreografías –creadas por el especialista Juan Antonio Urbeltz– son prodigiosas con gran contenido telúrico, apego ancestral a la tierra que pisan. En el conjunto han participado más de 250 bailarines. Ya desde el comienzo quedamos asombrados, con ese paso desde la oscuridad al sol más ardiente, esa tierra seca que el azadón va agrietando, hasta dar paso a la danza sincronizada de los bailarines, mientras el sonido de la azada rastrilla la tierra al compás de sus cuerpos en medio de un territorio desértico y desnudo. Otras danzas se siguen después, igualmente bellas, en las que se adivina un trabajadísima labor de planificación por parte de Esnal: en una caverna oscura, otra vez en la tierra seca, en las orillas brumosas del mar, en calles y plazas, en lomas verdes y en pulcros patios de piedra, etc. Con total ausencia de diálogos, estamos lógicamente ante un documental eminentemente contemplativo, que exige disfrutarlo sin prisas, deleitándose con el equilibrio visual y plástico que se desprende de la pantalla. A muchos podrá parecer muy pesado, es totalmente comprensible y razonable, pero a quienes gusten de este estilo de expresión artística les dejará pasmados. Desde luego no es habitual encontrarse con este tipo de documentos en la cinematografía española.
6/10
(2018) | 107 min.
Simpática comedia francesa de carcajadas garantizadas, que sabe bromear con inteligencia acerca de la discapacidad que obliga a ir en silla de ruedas, un logro que comparte con la exitosa Intocable. Sigue a Jocelyn, un empresario millonario, mujeriego egocéntrico, dispuesto a acostarse con cualquier belleza que se le ponga por delante. La muerte de su madre y la visita al apartamento de ella, da pie a un equívoco: sentado en la silla de ruedas materna, una despampanante vecina se asoma al piso, y ella le toma por un discapacitado. Y él afronta tal error como un desafío a su supuesto atractivo irresistible, lograr seducir a esa bella mujer anclado en una silla de ruedas. Lo que no puede imaginar es que la otra le va a presentar a su discapacitada hermana Florence, por la que comienza a sentir, tal vez, al fin, amor. El desconocido en España Franck Dubosc –en Francia al parecer es un conocidísimo showman televisivo–, escribe, dirige y protagoniza un divertido film que sabe moverse en el filo de la navaja para no caer nunca en el mal gusto a la hora de concebir gags sobre lo que supone tener que ir siempre en silla de ruedas, incluida una divertida y aleccionadora intentona de lograr un "milagro" (!?) acudiendo nada menos que al santuario de Lourdes. Los personajes secundarios están bien escogidos y los interpretan los actores perfectos –el amigo homosexual de Jocelyn, su insegura secretaria, el hermano mecánico, el padre, la vecina...–, mientras que el encanto y vitalidad de Florence resultan un buen contrapunto al enorme ego del protagonista, en el que pronto asoma la cobardía, la "incapacidad" (nunca mejor dicho) de "levantarse" (sic) y reconocer sus engaños y trapecerías. Y es que hay algunas discapacidades emocionales que pueden ser más graves que las físicas.
6/10
(2016) | 83 min.
Una película con encanto. Hace muchos años, cuando era niña, Fiona dijo adiós a su tía Martha, que se disponía a viajar desde su helado pueblecito de Canadá hasta París, en Francia, para triunfar en el mundo de la danza. Siento ya adulta y bibliotecaria, llega a sus manos una carta desde París de una anciana y algo senil Martha, que requiere su presencia en la ciudad del Sena. Y hacia allí viaja, aunque le ocurren mil peripecias, empezando por la pérdida de documentación y equipaje, a la ausencia de su tía en su domicilio. En su camino se cruza Dom, un sin-techo al que ha llegado la mochila de Fiona, aunque él ignora que le pertenece. El dúo artístico conformado por Abel y Fiona entrega una obra deudora del cine mudo y del burlesco, rebosante de poesía y humor físico, por supuesto en la tradición de Charles Chaplin y Buster Keaton, pero avanzando en el tiempo las conexiones son indudables con Jacques Tati, y en algunos aspectos con Rowan Atkinson y su Mr. Bean, con Delicatessen de Marc Caro y Jean-Pierre Jeunet, y con las películas de Aki Kaurismäki. Todo es muy visual, incluida la cuidada y luminosa paleta de colores, pero sin renunciar a la palabra cuando es necesario. Los gags están concebidos de modo maravilloso, con un sentido prodigioso del timing, hay coreografías portentosas, y el aspecto externo de los personajes está muy trabajado. Se juega muy bien con la aparición y desaparición de algunos personajes, o resolviendo algunas incógnitas que no entendíamos, como la anciana tía Martha morreándose con un vecino para que no detecte su presencia otra vecina que corre escaleras arriba, escaleras abajo. Las caídas al río, la cena en el restaurante, la subida a la torre Eiffel, los encuentros con un policía montado canadiense, el elogio (!?) fúnebre, son momentos descacharrantes, algunos de los ejemplos del film realizado por un par de artistas con talentos, que son además protagonistas en compañía de la gran Emmanuelle Riva en el que sería su último trabajo en la pantalla.
7/10

Viernes 28 de Diciembre de 2018

(2018) | 139 min.
Una de esas películas que nacen con ínfulas de poder ser catalogadas como "de culto", cuando sólo encierra la nada, envuelta en estilosa cinefilia, exhibicionismo enfermizo y ganas de escandalizar. La dirige David Robert Mitchell, que ya firmó It Follows, que se movía guiada por parámetros semejantes. Sam vive en una urbanización de Los Ángeles, suponemos que tal vez se instaló ahí con deseos de triunfar en el mundo del cine –su casa está empapelada de carteles de películas–, pero se pasa todo el día espiando a su madurita vecina semidesnuda o practicando otras actividades sexuales. Un día le llama la atención una nueva vecina, la exuberante y encantadora Sara, que ha llegado con su perrito. Pero de la noche a la mañana ella desaparece junto a todo el mobiliario de su casa, lo que resulta tremendamente raro. Como anda suelto por el barrio un asesino de perros, tal vez ambos hechos estén relacionados. Además, a Sam le ha llamado la atención un cómic de un autor local, que habla del tema, de modo que concierta una entrevista con el bizarro individuo. Mientras, anda obsesionado también con un grupo musical llamado "Jesús y las novias de Drácula", convencido de que sus letras encierran extraños mensajes codificados. Y como telón de fondo, a un millonario magnate de Hollywood también le ha ocurrido algo extraño. Rodada en gran parte con objetivos cortos y grandes angulares, y acompañada gran parte de su excesivo metraje con música que se supone intrigante, la película es un verdadero despropósito sólo apto para amantes de propuestas descacharrantes, batiburrillo de elementos conspiranoicos inconexos. Quiere ser una intriga postmoderna, como una Charada pasada de rosca, e incluso un Terciopelo azul pasado de rosca, si me apuran, pero no tiene la gracia, el talento, el magnetismo necesarios. De modo que con pasajes que podemos calificar benévolamente como irreverentes, desnudos y sexo gratuitos, e incluso algún momento salvaje de gore, ahí tenemos a Andrew Garfield con aspecto de colgado todo el tiempo, no se nos ahorra ni la inevitable broma del cineasta sin ideas del guiño a Spider-Man. Es una pena, porque da la impresión que con con la cabeza un poco mejor asentada, Mitchell podría tener algo que ofrecer, pasajes como la visita a la casa del magnate de la discográfica apuntan en esa dirección, aunque su resolución a guitarrazo limpio, no invitan a que alberguemos demasiadas esperanzas para el futuro.
3/10
(2018) | 113 min.
Michael Bay se toma vacaciones como director de la saga Transformers, lo que le sienta divinamente, porque la progresiva decadencia de los filmes basados en los juguetes de Hasbro era evidente para cualquiera con ojos en la cara. El nuevo film, que tiene detrás a Travis Knight, director de un film animado de culto, Kubo y las dos cuerdas mágicas, es muy disfrutable, palomitero puro, en la línea de las producciones de Steven Spielberg de los 80, de nuevo el Midas de Hollywood figura en los créditos como productor ejecutivo, y es de suponer que con más gusto que en las últimas entregas "transformeras". De hecho Bumblebee ha acertado con una trama bastante independiente de las anteriores escrita por la desconocida Christina Hodson, que incluso prescinde en su título de lo que se ha convertido, casi, en una palabra maldita: Transformers. Estados Unidos, los años de la presidencia de Ronald Reagan. Charlie, a punto de cumplir los 18 años, se siente a disgusto con el mundo. Añora a su padre, muerto de un infarto, con el que estaba estrechamente unido. Y no logra conectar con su padrastro, y tampoco con su madre y su hermano pequeño. Lo único que hace sus días más llevaderos es su pasión por la mecánica y los motores, que heredó de su progenitor. Precisamente por su cumpleaños logra que su tío Hank, que tiene una chatarrería con muchos coches de desguace, le deja quedarse con un Escarabajo Amarillo que se diría que nunca podrá arrancar. Contra pronóstico, ella lo logra, aunque lo más sorprendente es que se trata de un autobot, B-127, que durante la guerra desarrollada en el planeta Megatron con Optimus Prime y compañía en la resistencia, fue enviado a la Tierra. Allí, por diversos avatares, quedó desconectado y sin memoria, ahora es casi como un bebé que tiene que aprenderlo todo, y a la que Charlie bautiza como Bumblebee, o sea, Abejorro. Entretanto, malvados decepticons tratan de dar con el paradero de B-127, para ganar la guerra en su planeta. Hailee Steinfeld es perfecta por su aspecto para dar vida a esta adolescente desubicada, en un hogar desestructurado que recuerda a los de Spielberg, de hecho hay muchos guiños al cine de éste, desde el científico de John Ortiz que asegura que siempre quiso tener un encuentro con extraterrestres, a la entrañable relación que se desarrolla entre Charlie y Bumblebee, al más puro estilo E.T., el extraterrestre. El conato de romance con Memo tiene su gracia, y hay una buena combinación de acción y humor, con bastante equilibrio, se evitan afortunadamente los aburridos excesos de cacharrería. Por ejemplo Knight es consciente que son mucho más "cool" las transformaciones de automóviles y aviones en robots, que las peleas entre robots, de modo que como si fuera un mago, nos deja siempre boquiabiertos con las transformaciones del Escarabajo. Y se juega bien con el carácter tímido de Bumblebee, y su aprendizaje para comunicarse a través de las canciones, lo que sirve introducir temas de la época en que transcurre la acción, incluyendo bromas acerca de los gustos musicales. Hasta ocurrencias como el posible origen de internet, sorprenden para bien.
6/10
(2018) | 95 min.
Año 9177, mil años hacia arriba o hacia abajo. Mientras que los parados y marginados se agolpan en una humilde colonia de chabolas, la clase alta habita en un rascacielos, donde las leyes señalan que sólo pueden existir tres establecimientos de cada sector, por ejemplo tres bares o tres barberías. Un día, un pobre intenta entrar en la zona elitista con el objetivo de vender limonada, lo que el alcalde y el resto de poderosos tratarán de impedir. La Semana Internacional de Valladolid (Seminci) llevó a cabo en 2013 una encuesta para determinar la mejor película española de las últimas seis décadas. Por un lado, la crítica eligió El verdugo, de Luis García Berlanga, pero el público de a pie se decantó por la surrealista Amanece, que no es poco, de 1989, quizás un tanto sobrevalorada, pues pese a valiosos hallazgos (“Alcalde, todos somos contingentes, pero tú eres necesario”), su acumulación caótica de gags acaba agotando. Su artífice, José Luis Cuerda, rodó en 1995 la funesta comedia en la misma línea Así en el cielo como en la tierra, y en 2018 logra estrenar la tercera entrega de la trilogía, Tiempo después, cuyo guión, tras un intento infructuoso de buscar financiación, había publicado en forma de novela la editorial Pepitas de Calabaza, en 2015. Incrementa su carga de crítica social y política, arremetiendo contra todos los objetivos posibles, pues retrata a la monarquía como una institución caprichosa, a la Guardia Civil la representan un general y un escocés que combina el uniforme con la falda típica de su país, mientras que a la Iglesia la tilda de negocio, comparable por ejemplo a las peluquerías, y que está burdamente simbolizada por un cura malvado de armas tomar interpretado por Antonio de la Torre, y por un monje enamorado de una religiosa; todos ellos serían los malos de la película en la visión tópica del autor. Por otro lado, no tiene reparos en cargar también contra la juventud, que según se argumenta a veces se manifiesta por causas arbitrarias, aunque la mayor parte del tiempo se rige por el pasotismo. Ni siquiera se libraría de sus ataques la izquierda, pues aquí los supuestos revolucionarios son unos egoístas que se olvidan de sus ideas en cuanto consiguen una vida tranquila. Se echan mucho de menos a los ilustres secundarios del original, pues la mayoría han fallecido; imposible lograr la gracia natural de Manuel Alexandre, Rafael Alonso, Cassen, María Isbert o Chus Lampreave. Pese a todo, repiten Miguel Rellán y Gabino Diego, y si dejamos aparte las comparaciones, dan la talla los recién llegados, como Joaquín Reyes, Berto Romero, Carlos Areces, Eva Hache o Secun de la Rosa, no tanto el siempre magistral De la Torre, pues su personaje inquieta más que hace reír. Algunos golpes de humor funcionan, sobre todo cuando recupera del original la fórmula de que personajes propios de la España cañí hablen de escritores de primera categoría o se expresen con frases propias de un doctor en Filosofía y Letras. En este sentido tiene su gracia el barbero poeta (el citado Romero) que recita a sus clientes versos de Federico García Lorca, mientras éstos estallan en carcajadas, o la discusión de los muchachos sobre Hegel y otros autores, en pleno botellón. Pero la mayor parte de secuencias no logran hacer reír, por lo que el metraje se vuelve insufrible.
1/10
(2017) | 92 min.
En el Polo Norte, Santa Claus se prepara para repartir como todos los años su regalos de Navidad. Gracias al trabajo sin descanso de 92.000 duendes, su factoría de juguetes está en plena ebullición. Pero unos pocos días antes de la fecha límite una extraña infección en la fábrica, que hace perder la consciencia a los duendes, amenaza con imposibilitar la entrega de los regalos. Santa Claus deberá viajar entonces a lugares más cálidos en busca de vitamina c si quiere cumplir con su misión. Acabará en París y de casualidad encontrará a una familia dispuesta a ayudarle. Amable comedia protagonizada, escrita, dirigida y producida por el francés Alain Chabat (Astérix y Obélix: Misión Cleopatra, ¡¡¡Caverrrrnicola!!!), que probablemente entrega su mejor película como director, aunque no se trate de la séptima maravilla del mundo. Inventa una simpática aventura navideña con un humor que llega a todos los públicos pero sin resultar demasiado infantil ni sensiblero. Lo mejor de Santa Claus & Cia. es la efectiva mezcla de fantasía y realismo que adopta la historia. Y es que sin dejar de ser en ningún momento un cuento en toda regla, Chabat convierte a Santa Claus en un tipo normal que, en cuanto está entre las personas, demuestra ser un completo desastre, un ignorante de las cosas humanas y un tipo de lo más simplón, patoso, algo cascarrabias y no demasiado inteligente. Este retrato da lugar a algunas ideas ingeniosas, como la de aparecer como por ensalmo atravesando las paredes o las repetidas escenas de la cárcel. No se abusa de efectos especiales, pero cuando son necesarios (sobre todo en el vuelo de los renos) son eficaces. Un gran acierto del film es el reparto, con numerosos rostros conocidos del cine francés. Aparte de Chabat destaca el matrimonio protagonista, interpretado por Pio Marmaï y la iraní Golshifteh Farahani.
5/10
(2018) | 109 min.
Naomi Kawase es una directora con visión. Nadie que conozca su obra puede dudar de su sensibilidad y maestría narrativa, a mí Una pastelería en Tokio y Hacia la luz me parecen unas películas muy valiosas. Eso sí, su cine es arduo, y a veces en vez de visión, la directora parece padecer cierta ceguera, o bien tiene alucinaciones, un punto de pedantería trascendente con el que pierde el norte, ciertas disquisiciones y ocurrencias herméticas agotan. Su nueva película empieza bien. Atrapa la fuerza de los elementos naturales de un bosque, el viento entre los árboles, las nubes, la niebla, la luz, el follaje... Y también la intervención del hombre, cazador, o talador de árboles. Tomo vive solo en una zona remota de Japón, no es campesino, pero estaba “cansado” de la vida ahí afuera. Su única compañía es una anciana que vive en los alrededores, con sabiduría arcana, que el ofrece sus consejos. Rompe la rutina la llegada de una mujer francesa que escribe libros de viajes, Jeanne, en busca de visión, el nombre de una legendaria medicina que se supone que acaba con las desgracias y da la felicidad. La acompaña una joven intérprete. Compartirán unos días juntos, y Tomo y Jeanne intiman. Hasta aquí la cosa marcha. Pero empiezan a asomar elementos mágicos, llámase chamanismo, new age, o lo que uno quiera. Y la cosa se enturbia, con cerradísimo simbolismo, y nuevos personajes. Nacimiento y muerte, celos, sexo, partos, las identidades de cada uno se pierden, ya no se sabe quién es quién y lo que pasa. De modo que queda un ejercicio de estilo irregular y antipático, que deja mal sabor de boca. Aunque Juliette Binoche está correcto, mejor aún se nos antoja el trabajo de Masatoshi Nagase.
5/10
(2017) | 82 min.
La estación de tren en Bagdad. El vestíbulo está repleto de gente. Una mujer, la joven Sara, ha venido caminando siguiendo la vía del tren, y entra en el lugar. Ve toda la vida que hay a su alrededor, un auténtico bullicio. Y su mano temblorosa sostiene un detonador, con un pulgar a punto, tal vez, de provocar una explosión suicida y homicida. ¿Ocurrirá? Tal vez tenga una oportunidad de evitarlo, conociendo a las personas que pululan alrededor, y considerando lo que va a hacer: ahí hay niños ejerciendo la venta ambulante, un estafador con mucha labia, una mujer que esconde su bebé en una bolsa, los soldados americanos que patrullan, el anciano que vela el féretro que contiene el cadáver de su hijo, asesinado en un atentado... Mohamed Al Daradji, cineasta iraquí que tiene el estatus de refugiado en Holanda desde 1995, cuenta una historia sencilla con buen pulso, donde el desenlace, incluido el festival de fuegos artificiales, concede al conjunto una suerte de simbolismo metafórico, no se puede hablar propiamente de "happy" o "unhappy end", porque no estamos seguros del todo acerca de lo ocurrido. Pero sí nos ha permitido conocer la complejidad psicológica y emocional de Sara, bien encarnada por Zahraa Ghandour, que de su hieratismo inicial propio del fanatismo irracional, pase a la conciencia de lo que es vivir y morir, hacer el bien o el mal, gracias al contrapunto emocional del pillo Salam, Ameer Jabarah, que la ayuda a poner los pies en el suelo, al igual que lo hacen los niños y un anciano, que cubren lo que debería ser el arco vital de una persona, que nunca debiera ser interrumpido de modo antinatural.
6/10
(2018) | 82 min.
Matias O’Brien ha cambiado de portátil. Tras una conversación con su novia, Amaya, establece una videoconferencia con su grupo de amigos, formado por la indonesia Lexx, el friki de la tecnología Damon, el teórico de la conspiración DJ Lexx, y la pareja de lesbianas formada por Serena y Nari. Pero, en medio de la conversación, recibe mensajes de Erica, desconocida que asegura que le ha robado el ordenador, que por otra parte resulta estar lleno de inquietantes vídeos de asesinatos terribles. Cuando Levan Gabriadze estrenó Eliminado en 2014, tenía cierta frescura por contar la historia a través de las ventanas que aparecían en la pantalla de un ordenador, por lo que con un presupuesto de un millón de dólares recaudó más de 60. Se rodó casi a la vez que Open Windows, y Todos tus secretos, de los españoles Nacho Vigalondo y Manuel Bartual, que recurrían a la misma fórmula, y en 2018 Aneesh Chaganty estrenó la redonda Searching, con diferencia lo mejor que ha dado este atrevimiento formal. Como consecuencia, ahora que llega la secuela de la primera de las citadas ya no causa ninguna sorpresa, lo que no quita que pudiera haber funcionado si la historia o los personajes tuvieran interés. Por desgracia no ofrece nada de esto Eliminado: Dark Web, que supone el debut como realizador de Stephen Susco, también guionista, que ha relevado al citado Gabriadze. No sólo cuenta con personajes adolescentes más bien bobalicones y tópicos, sino que para colmo de males los jóvenes desconocidos que los interpretan no son capaces de darles tridimensionalidad, ni siquiera Stephanie Nogueras (Cambiadas al nacer) a quien le ha tocado el único que tenía posibilidades, una sorda, totalmente desaprovechada. Además, la acción tarda en arrancar. Al menos, después logra algo de suspense, advierte sobre el peligro de los desquiciados que pueden utilizar internet para sus fechorías y tiene alguna idea más o menos eficaz (la irrupción de los SWAT), por lo que sirve como entretenimiento menor, para quien no se ponga exigente.
4/10
(2016) | 110 min.
Architípica biografía de figura de la música, que sigue los esquemas de las estadounidenses Ray y En la cuerda floja o la francesa La vida en rosa. Esta vez se retrata a Elis Regina, conocida como Pimentinha, una de las cantantes más famosas de Brasil, donde renovó la música popular, aparte de convertirse en icono de la oposición contra la dictadura militar. Arranca en los 60, cuando viaja con su padre a Río de Janeiro para una prueba que no puede llevarse a cabo porque se ha producido un golpe de estado. Pese a todo, aprovechará su estancia en la ciudad, logrando una oportunidad para actuar en un club nocturno de moda. A partir de ese momento, su carrera despega… El debutante en el largometraje procedente de las teleseries Hugo Prata prioriza los números musicales, por lo que su trabajo complacerá sobre todo a quienes ya conozcan a la artista, y a quienes estén dispuestos a dejarse llevar por sus pegadizas y animadas melodías. Se apoya en un excelente trabajo de la actriz Andréia Horta, popular en el país que vio nacer a Pelé por la pequeña pantalla, que demuestra un enorme talento y carisma, y reinterpreta las canciones con su propia voz. Está acompañada por competentes secundarios como el uruguayo César Troncoso (La noche de 12 años) que destaca en la piel de un empresario clave en la carrera de la protagonista. Quizás acumula demasiados sucesos con un ritmo atropellado, y se detiene en cuestiones que parecen poco interesantes; hubiera funcionado mejor que se seleccionaran sólo unos cuantos momentos significativos. Pese a todo, logra tensión dramática reconstruyendo la relación de la protagonista con el promotor Ronaldo Bôscoli, con quien atraviesa diversas crisis, por infidelidades, y cuando explora su caída en el alcohol y las drogas. Convencen bastante algunas secuencias como aquella en la que la diva se ve superada emocionalmente al compartir concierto con la mítica Diana Ross.
5/10
(2018) | 155 min.

Simmba (Ranveer Singh) es un chico huérfano de Shivgadh. En esta misma ciudad nació y se crió l honesto inspector de policía, Bajirao Singham (Ajay Devgn). Contrariamente a la filosofía de Singham, Simmba disfruta siendo un policía corrupto y aprovecha al máximo su estilo de vida inmoral y poco ético. Sin embargo, un giro inesperado que afecta su vida privada le transforma y le fuerza a escoger un camino más recto.