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2019

Viernes 01 de Febrero de 2019

(2019) | 130 min.
Tony Vallelonga, apodado Tony Lip, trabaja como gorila en un local de moda, que sin embargo va a cerrar unos meses por reforma. Casado, con dos hijos, anda necesitado de dinero por lo que acepta convertirse en chófer y protector del Dr. Shirley, reconocido pianista negro, que ha actuado para el presidente, a punto de iniciar una gira por el profundo sur, donde se meterá en problemas por los prejuicios raciales. Con su hermano Bobby, Peter Farrelly revolucionó la comedia americana, sobre todo con Algo pasa con Mary, muy influyente por su humor extremadamente salvaje y soez, por lo que pese a que sus autores demostraban cierto nivel, no resultaba un producto aconsejable para los paladares más sensibles. Todo lo contrario que su primer trabajo en solitario, donde abandona el tono disparatado, inspirándose en una historia real, y navegando entre varios géneros, pues sobre todo se trata de una road-movie dramática, pese a que queda espacio para algún momento de cierta comicidad, mucho más contenida. El mismo realizador firma un convincente libreto, con Nick Vallelonga, hijo del protagonista real, y un tal Brain Hayes Currie, mas experimentado como actor secundario que como guionista. Se pueden sacar similitudes con Paseando a Miss Daisy, que también desarrollaba la relación entre un conductor y su señora, pues en ambos casos se enfrentan dos personajes opuestos, con diferencias raciales, allí un afroamericano y una anciana judía. De la misma forma, guarda semejanzas con numerosos films de encuentro entre dos individuos contrapuestos, que se ayudan el uno al otro a evolucionar. Pero no se trata de una mera repetición de esquemas ya inventados, no sólo tiene personajes memorables con entidad propia, sino que trata con originalidad temas como la discriminación que se daba en un pasado no muy lejano, y la hipocresía por parte de quienes por un lado veneran al artista Shirley, virtuoso del piano, pero después ven con malos ojos que coma en los restaurantes para blancos, o que use el mismo cuarto de baño que ellos. De hecho, el libro verde aludido en el título era una guía de viajes para hombres de color, que aconsejaba sobre alojamientos que no fueran a darles problemas. Farrelly se apoya en una puesta en escena bastante clásica, casi se diría que desfasada, donde se deja trabajar al actor, sin grandes despliegues de cámara, en ese sentido a veces recuerda al cine de Clint Eastwood. Pero sobre todo saca tajada a su principal arma, dos grandes protagonistas. Viggo Mortensen se ha trabajado el acento e incluso se ha transformado físicamente para dar vida a un italoamericano de buen corazón, padre de familia modélico, pero de modales rudos, y que habla por los codos, metiendo constantemente la pata. Mahershala Ali borda a su antítesis, un tipo refinado y elegante, que se siente desarraigado, pues por su éxito sus hermanos no le aceptan. Gracias al talento de ambos, por ejemplo una secuencia aparentemente sencilla, en la que el primero recomienda al segundo comer pollo frito con las manos, se convierte en todo un manjar cinéfilo para chuparse los dedos. No eclipsan al resto del reparto, formado por actores muy bien escogidos. Se podría citar a Linda Cardellini, vecina con la que mantenía un idilio Don Draper en Mad Men, aquí convincente esposa de Tony, pero hasta los secundarios más episódicos dan bien la talla. Para leer un extenso análisis del guión de la película pincha aquí.
8/10
(2018) | 91 min.
Deprimente película de la cineasa polaca Malgorzata Szumowska, concebida a modo de fábula sobre lo que serían los principales defectos de su país, y que harían la atmósfera social poco menos que irrespirable. Sigue las tribulaciones de Jacek, un tipo joven, al que le gusta el rock, y que trabaja con muchas otras personas de su ciudad en la construcción de una enorme estatua de Jesús, que pretende superar en tamaño a la célebre que domina cualquier vista de Río de Janeiro. Pero sufre un fatal accidente que obliga a practicarle un trasplante de rostro. Su rostro deforme y un habla que dificulta entenderle, provocan la incompresión entre quienes más deberían manifestarle su amor en ese momento, lo que incluye algunos familiares y su prometida. La directora y coguionista parece tomarse el film como una especie de personal ajuste de cuentas, fustigando de modo especial la hipocresía de una sociedad que se autodenomina católica, y que invita a ver a Jesús en el prójimo, pero que cuando toca practicar la caridad en el doloroso mundo real, vuelve, literalmente, la cara a otro lado, véase el último plano del film de la gran estatua. Aunque se trata de una crítica legítima, nadie es perfecto, Szumowska carga la mano hasta caer en lo grotesco, en las escenas del confesonario, y en el esperpéntico exorcismo, momentos en que el espectador tendrá serias dificultades para suspender su incredulidad. También resulta difícil de aceptar el comportamiento de la madre, la transformación que se opera en ella, hay un antes y un después del accidente poco justificado.
5/10
(2019) | 90 min.
Nadia y Adrián llevan casados muchos años y han comprado un precioso chalet a las afueras. Pero la relación entre ambos es tan aburrida como sus respectivos trabajos: él vendedor de un concesionario, ella dueña de un “sex shop” en horas bajas. Cuando Adrián deja plantada a Nadia en la cena del día de su cumpleaños, la situación se descontrola y ella pedirá el divorcio. Comedia española que se ve con una prolongada media sonrisa en el rostro por su disparatado tono humorístico. La directora Juana Macías prosigue su andadura en la comedia, tras Embarazados, aunque seguramente el drama Planes para mañana siga siendo su mejor película. Aquí el simplón argumento explota con gracia la crisis de pareja cuando el nido queda vacío y llegará al delirio con la burbuja inmobiliaria y la imposibilidad de desprenderse de una hipoteca que ha entrampado la vida en común del matrimonio, lo cual puede tener lógicamente una ligera lectura de crítica social. A ello se suman los tópicos del feminismo, que también son una constante: la protagonista regenta la tienda erótica femenina “Los placeres de Lola”, por lo que cierta procacidad humorística tiene su correspondiente cabida. De todas maneras, más allá de ciertas ideas de fondo, Bajo el mismo techo es una comedia muy ligerita, absolutamente delirante y con momentos –hay que decirlo– muy divertidos, como ese que da inicio al film, en donde se presentan las prioridades de hombres y mujeres a la hora de organizar el hogar (¿quién dijo que hombres y mujeres son iguales?) o el de la trifulca a la hora de dividir la casa, digna de cualquier manicomio. Por la intensidad que va cogiendo el enfrentamiento marital, la cosa recuerda, y mucho, a La guerra de los Rose, una película a la que se alude explícitamente. Por lo demás hay que reconocer el valor cómico de la pareja protagonista, unos espléndidos Silvia Abril, con un histrionismo marca de la casa, y un Jordi Sánchez que hace de perdedor como nadie. Lástima que no se cuiden igualmente papeles secundarios como el de Malena Alterio, que seguro que podría haber dado para mucho más.
5/10
(2018) | 105 min.
Durante las vacaciones estivales, Davey Armstrong, adolescente en la edad del pavo, cree haber visto a su vecino, el oficial de policía Wayne Mackey, con un muchacho desaparecido, todo indica que posiblemente muerto a manos de un asesino en serie que atemoriza la pequeña localidad en la que vive y los alrededores. Alerta a su grupo de amiguetes, con los que iniciará una exhaustiva vigilancia, con objeto de determinar si es culpable. François Simard y Anouk Whissell, responsables de la cinta de bajo presupuesto pero más o menos resultona Turbo Kid, mezclan en esta ocasión terror y nostalgia, siguiendo la estela de títulos como Super 8, It o la serie Stranger Things. Por desgracia, ni consiguen evocar el pasado de la misma forma que aquéllas pues quizás le faltan elementos fácilmente reconocibles que trasladen a la juventud, ni atemoriza, pues sus intentos facilones de asustar como mucho funcionarán con el público más sensible. Aunque a los jóvenes protagonistas les falta algo de carisma, esto queda compensado por el buen trabajo de Rich Sommer (Mad Men), como un sospechoso tan ambiguo que logra confundir. Su trabajo es clave, pues el guión juega con que a ratos el policía parece un tipo ideal, otras veces todo apunta a que se trata del asesino. En este sentido, recuerda a la clásica La sombra de una duda, pero no tiene ni de lejos un guión tan redondo, con tantas ideas como en el caso de Alfred Hitchcock, ni los dos realizadores son capaces de rodar escenas tan memorables y potentes como el final en el tren. Pese a todo, el relato funciona, al menos provoca en el espectador el suficiente interés como para querer conocer el desenlace. Algo es algo.
5/10
(2018) | 94 min.
Año 2000. Cuando varios jugadores causan baja en el equipo nacional francés de baloncesto para discapacitados intelectuales, su entrenador, Martin, sufre un duro revés. Si el equipo no acude a las Olimpiadas de Sydney, la subvención estatal se esfumará, lo cual también afectará personalmente a Martin y su familia, pues él mismo tiene una hija con discapacidad. Decidirá entonces probar una treta fraudulenta: fichar a varios jugadores sin discapacidad para poder competir en los Juegos Paralímpicos. Comedia francesa inspirada en el triste caso real de la selección española de jugadores de baloncesto con discapacidad intelectual, que en los juegos paralímpicos de Sydney ganaron la medalla de oro. Sólo dos de los doce jugadores tenían discapacidad intelectual. Lo que podría haber dado pie para una película denuncia o un drama deportivo de entidad, lo convierte en comedia ligera Vianney Lebasque, quizá influido por el éxito en España de Campeones, un film con el que Todos a una guarda muchas similitudes. Ha contado con el buen hacer de Jean-Pierre Darroussin para interpretar al entrenador y con la presencia de algunos rostros conocidos, como el de Camélia Jordana (Una razón brillante). Aunque el resultado es correcto y amable, la sensación es algo decepcionante, había material para más. Los actores no parecen especialmente dotados para la comedia y en cualquier caso no hay muchas escenas que inviten a la carcajada. Tampoco el guión –en gran parte previsible– desarrolla especialmente las relaciones entre los personajes y el final es innecesariamente abrupto. Hay algún momento emotivo, como el de la entrega de la camiseta o los tiros libres finales, que ilustran la camaradería que acaba reinando entre todos los jugadores, sea cual sea su nivel intelectual. Pero sabe a poco.
4/10
(2018) | 100 min.
Al Rey Vegeta le preocupa que un bebé llamado Broly está destinado a tener más poder que su heredero, el Príncipe Vegeta. Envía al rival, acompañado de su padre, Paragus, al desolado planeta Vampa, donde con toda probabilidad morirá. Más de cuatro décadas después, el exiliado se ha convertido en un temible guerrero, al que su progenitor manipula para vengarse del retoño de su enemigo, aunque se descontrolará y puede causar un desastre, si no lo impide el heroico Songoku. La esperadísima serie televisiva Dragon Ball Super, que en 2015 continuaba la saga creada en 1984 por Akira Toriyama para el manga (cómic), dejó desolados a los seguidores, por la malísima calidad de la animación. La subsiguiente polémica sacó a relucir las malas condiciones de trabajo en el campo del anime, pues a excepción de la potente Ghibli, la mayoría de estudios no puede permitirse pagar grandes salarios a sus animadores, y muchos de ellos son freelance, que trabajan desde casa con poco margen de tiempo. La trama de aquel subproducto catódico continúa en este largometraje que por suerte recupera el nivel habitual, por lo que se ha convertido en la entrega de cine más rentable de la franquicia. Tiene algo de fondo, sobre la necesidad de trabajar para superarse a sí mismo, y aprovechar las rivalidades para poder mejorar. Reinventa la historia de Broly, personaje ya conocido, mientras que el protagonista habitual, Goku, queda en segundo plano, y se recuperan algunos secundarios que despertarán la nostalgia de los seguidores de siempre. Hará felices a los incondicionales, sobre todo aquellos a quienes no les importe que repita ideas ya vistas antes, y que disfruten con un larguísimo combate final, que parece no acabar nunca. Pero atención: abstenerse quienes desconozcan la serie, pues da por supuesto que el espectador está familiarizado con numerosos conceptos. Por poner un ejemplo, no resulta recomendable para quienes desconozcan que los miembros de la raza saiyajin pueden convertirse en guerreros súper saiyan, con lo que aumentan su fuerza, y… ¡les cambia el color del pelo!
4/10

Viernes 08 de Febrero de 2019

(2017) | 107 min.
Una serie de brutales asesinatos rompen la calma de la pequeña isla de Jersey. Allí, la joven Moll Huntford trabaja como guía turística al tiempo que se ocupa de cuidar a su progenitor, que padece demencia, bajo la asfixiante mirada de su controladora madre. Inesperadamente se enamora de Pascal Renouf, un chico un tanto excéntrico. Por desgracia se trata de uno de los principales sospechosos de los crímenes. Halagüeño debut en el largometraje del realizador y guionista británico Michael Pearce, que se inspira lejanamente en la carrera criminal de la Bestia de Jersey, violador de niños que sembró el pánico en el lugar en la década de los 60. La historia le atemorizaba durante su infancia. La fotografía prima los planos de parajes de este lugar, o del mar que lo rodea, símbolo de la incapacidad de la protagonista para dejar atrás un pasado tormentoso, y a una progenitora que la perjudica. El cineasta sabe intrigar bastante al espectador, y crear una atmósfera incómoda, que recuerda en cierta medida al cine de Michael Haneke, al tiempo que consigue mezclar muy bien diferentes géneros, sobre todo el thriller con el cine romántico. No se sabe bien hacia dónde se dirige el relato, y se cierra con algún giro bien resuelto. Explora el lado salvaje del ser humano, al tiempo que habla de las consecuencias de los problemas graves en las relaciones familiares. Tanto Jessie Buckley como Johnny Flynn dan muy bien la talla en personajes que no son lo que parecen, ambos son poco conocidos aún pero tienen ante sí un brillante futuro.
6/10
(2018) | 111 min.
Una visita a la América profunda de los blancos más desfavorecidos, cerca de Detroit, en los años 80, donde en una feria de armas puede adquirirse legalmente un Kalashnikov, el único riesgo sería que quisieran darte gato por liebre. Allí están de compras Richard y Rick, padre e hijo. Su hogar está desestructurado, con madre ausente, hermana pequeña Dawn drogadicta, y abuelos vecinos ya mayores, que poco pueden hacer para ayudar, más allá de dar de comer o acoger en casa. De condición humilde, no es fácil traer dinero a casa. De modo que Rick, un adolescente que tiene pelusa en vez de bigote, hace de confidente de la policía, y gracias a su concurso podría ayudar a la detención de unos peligrosos criminales. Pero cuando deja esta tarea, conseguir un trabajo honrado que genere suficientes recursos no resulta sencillo. En cambio, traficar con droga… Películas basada en hechos reales que dirige con buen pulso Yann Demange. Nacido en Francia, pero que rueda en inglés, ya descolló en 2014 con la notable ’71. Demuestra en la puesta en escena ser un buen realizador, y logra describir bien los lazos que unen al chaval con el progenitor, apartado en el que entregan magníficas interpretaciones el desconocido debutante Richie Merritt –es perfecto para el papel de adolescente en la pubertad algo indolente– y Matthew McConaughey, un actor que se crece en cada película que le toca acometer. También lo hace muy bien Bel Powley en el rol más secundario de la hermana. De todos modos, quizá por indefinición de un guión escrito a seis manos, hay algún salto abrupto, y algunos personajes secundarios a los que falta definición. Lo que incluye a los enlaces de la policía, a los que falta un poquito de humanidad. Además, el tema de que Rick es una pura pieza blanca prescindible en el tablero de fichas negras también prescindibles, en la partida de la lucha contra el narcotráfico, podría haber dado bastante más juego.
6/10
(2018) | 124 min.
Fastuosa película de corte histórico, con una magnífica ambientación y un exquisito cuidado en todo lo relativo a maquillaje, peluquería y vestuario. La fotografía de John Mathieson es fantástica, y la banda sonora de Max Richter, con una progresión ascendente que nunca se acaba muy característica, se funde bien con la música sacra y cortesana de la época que asoma puntualmente. Describe el reinado de María Estuardo en Escocia, desde su regreso ahí en 1561 tras enviudar Francisco, rey de Francia, hasta su decapitamiento en 1587, acusada de conspirar contra Isabel I de Inglaterra, su prima. Adapta una biografía de John Guy, y firma el guión Beau Willimon, conocido sobre todo por Los idus de marzo y por ser el creador de la serie de intriga política House of Cards. Tras la cámara se encuentra una mujer, Josie Rourke, que debuta como directora, y que hasta ahora era conocida sobre todo como directora artística de la prestigiosa compañía teatral británica Donmar Warehouse, lo que se nota de sobras en el film. Enseguida resulta evidente la complejidad de la historia que maneja Rourke, y las dificultades para darle la necesaria coherencia y unidad dramática. Por ejemplo, apenas logran definirse bien las diferencias por las guerras de religión, entre la postura protestante y la católica, más allá de las críticas con sermones incendiarios del predicador John Knox contra María, ni siquiera la supuesta profunda devoción de ella se logra atrapar. Hay además una insistencia excesiva, casi risible, en mostrar la complicidad femenina entre María y sus damas de compañía, que a veces parecen unas simples y traviesas colegialas. Y se echa en falta una mayor fuerza a la hora de pintar los lazos entre las "primas": parece que se quiera hacer una declaración feminista, dos mujeres condenadas a no entenderse en un mundo de impresentables hombres, pero incluso en esta visión falta un poco de coherencia y sobra simplismo, casi se viene a decir que Isabel falla a María por... ¡comportarse como un hombre! En lo relativo al tratamiento de la sexualidad hay un tratamiento moderno que no deja de chirriar en algunos pasajes. La gran suerte que tiene la directora, es que tiene a dos formidables actrices bajo sus órdenes, sobre todo Saoirse Ronan, verdaderamente regia, que hace medianamente creíbles las ideas de su personaje de que el amor va por delante de los asuntos de estado, aunque el libreto del film las presente confusamente. Por su parte, Margot Robbie logra perfilar la soledad de Isabel, cada vez menos libre en sus decisiones, como obligada a actuar por imperativos fatales. En un período histórico, la Inglaterra isabelina y la Escocia de María del siglo XVI, en que se suceden las conspiraciones, no es fácil pergeñar una trama consistente, donde todos los puntos de vista, lealtades y traiciones, queden nítidamente trazados; al final lo único que está claro es que María se postula con derecho a reclamar el trono de Inglaterra, si Isabel no tiene descendencia. No es fácil saber si la responsabilidad en el naufragio parcial del relato hay que achacársela a Willimon, a Rourke, o a la fuente histórica de la que principalmente beben, pero los vaivenes de bandos, los protestantes que sirven a la católica María, o la posición de los Estuardo que están en la corte de Isabel, no logran entenderse bien. Lo que incluye también el modo en que se aborda el matrimonio de María con Enrique Estuardo, en que conviven casi de seguido un enamoramiento con el descubrimiento de una sexualidad "abierta" del esposo que descoloca bastante. También parece que hay más de una licencia histórica en lo relativo al malhadado secretario David Rizzio.
5/10
(2019) | 106 min.
Segunda entrega legopeliculera, donde las aventuras que viven los personajes y la falta de armonía imperante tienen que ver con los modos distintos que tienen de jugar con las piezas de construcción del hermanos, el chico ya casi un adolescente, y ella una niña. Ha pasado el tiempo en Bricksburg, pero a pesar de que Emmet, con su proverbial optimismo, sigue cantando aquello de que "Todo es fabuloso", la realidad es un poco diferente. Unas piezas alienígenas de construcción, han llegado desde Lego Duplo al más puro estilo timburtoniano de Mars Attacks! con aquello de "Venimos en son de paz", mientras siembran el caos. De modo que han derribado edificios y convertido aquello en un paisaje postapocalíptico tipo Mad Max. En tal tesitura Lucy se ha vuelto una chica dura, y considera que los planes de Emmet para vivir felices en una casita son una quimera. Pero la gente de Lego Duplo, que retiene a los legosuperhéroes de la Liga de la Justicia, tienen un plan para recuperar la paz. La Reina que puede adoptar cualquier forma les invita a una boda real. Lo que no sabe Batman es que la idea es que sea algo más que un invitado. Phil Lord y Christopher Miller repiten como guionistas en el nuevo, oeri han preferido apartarse de la dirección del film en beneficio de Mike Mitchell, que estuvo detrás de Trolls y Shrek: Felices para siempre. De nuevo estamos ante un film muy dinámico, con una parte breve de actores de carne y hueso, donde se aboga por la unión familiar dentro de las típicas discusiones fraternales o papá que se quita de en medio dejando las tareas incómodas a mamá. Precisamente la rivalidad entre hermanos es la que justifica ingeniosamente la trama que se inventan con sus juguetes, donde chocan dos visiones de Lego. En la dominante parte animada hay un ritmo trepidante, en que se ha logrado un manejo casi perfecto de los ladrillos de construcción, y el modo en que se destrozan las estructuras. Además está muy presente un característico sentido del humor, marca de la casa, gamberro dentro de unos estudiados límites, y con muchísimos guiños cinéfilos y bromas con los superhéroes. Quizá algunos pasajes de acción son un poco reiterativos, pero el conjunto asegura de sobras la deseada diversión.
6/10
(2018) | 80 min.
Unos días en torno a la fiesta de difuntos en una aldea perdida de la Galicia profunda, cerca del pueblo de Villamor. Una niña de doce años narra las sensaciones de su vida en el lugar, al hilo de una experiencia propia vivida con fuerza: la presencia de los muertos en esos parajes, de las gentes que fueron, que marcharon pero que aún permanecen allí, misteriosamente. Diana Toucedo dirige esta inclasificable película que es sobre todo un documental costumbrista de un remoto paisaje, de un modo de vida que se extingue. Aunque parece aletear algo de ficción en la historia, lo cierto es que en Trinta Lumes hay poco más que una mirada a la vida rural de gentes perdidas en esas montañas y valles húmedos, lluviosos, solitarios. Vemos cómo tienen lugar diversos quehaceres cotidianos: la preparación de la comida, el trabajo en la cosecha, la charla alrededor del fuego, el oficio religioso, las clases a los dos únicos alumnos, el trabajo en la fábrica, la partida de caza, etc. Hay muchas imágenes que recogen sin diálogo la naturaleza, las montañas, la lluvia sobre las casas de piedra, envueltas siempre en el velo nublado de la atmósfera de la zona. No basta una idea interesante para hacer una buena película. Aunque lo que hay aquí pueda rezumar autenticidad, un homenaje poético a la memoria del pasado, de las tradiciones, donde el tiempo transcurre lentamente, el resultado final es netamente aburrido y muy poco estimulante.
3/10
(2018) | 110 min.
No, no es Stanley Kubrick, ya quisiéramos. Es la septuagenaria directora parisina Claire Denis, quien nos ofrece una película de ciencia ficción en inglés, que juega al despiste. Porque arranca con un astronauta reparando su nave espacial en el exterior, mientras tiene entretenida a su bebé en el interior de la nave, le habla y le ríe las gracias mientras trabaja, como orgulloso papá. Tiene que pasar casi media hora de metraje para que entendamos que Monte, que así se llama el astronauta, es uno de los supervivientes de una singular misión espacial para hacer experimentos de reproducción asistida, ir más allá del sistema solar, y hasta probar la gravitación de un agujero negro. Lo peculiar es que todos los viajeros espaciales eran presos y criminales, alguno incluso condenado a muerte, que han aceptado el trato de ser cobayas humanos en los citados experimentos. Les preside una doctora, también convicta, que debe presentar resultados diarios de su experimento, que el ordenador de abordo valida para concederles un día más de vida. De desarrollo irritantemente lento, pinta a un grupo variopinto de tipejos, algunos francamente desagradables, y otros que parecen incapaces de matar a una mosca. Con una antropología bastante pobre, Denis no nos ahorra pasajes escabrosos, como la máquina folladora, para tener un placer sexual que no está permitido obtener directamente interactuando con otros viajeros. Llama la atención como se filma con mirada condenatoria una violación, un hombre agrede a una mujer, pero el caso opuesto, el abuso que comete una mujer mientras duerme quien ha decidido vivir castamente, se describe en términos bastante diferentes. Película pretenciosa, con aires de estar expresando algo importante acerca de la condición humana, véase su final interestelar, se trata en realidad de una cinta bastante hueca y prescindible. Aunque Robert Pattinson ocupa la mayor parte del metraje, y el chico se esfuerza, su personaje no da para mucho, la verdad, las comparaciones son odiosas, pero le da mil vueltas el astronauta Ryan Gosling en la coetánea El primer hombre. Mientras que Juliette Binoche tiene que lidiar con una doctora poco creíble.
3/10
(2018) | 103 min.
Amable comedia ambientada en el mundo laboral, para el lucimiento de su protagonista y coproductora Jennifer López. Sigue a Maya Vargas, mujer hecha a sí misma, que trabaja en un supermercado y que sin duda sería un crack en el mundo empresarial si no fuera por la pequeña pega de que su única titulación la constituye el graduado escolar. Pero en el mundo de internet eso tiene fácil arreglo, el hijo de una amiga le crea unos perfiles fabulosos en redes sociales, con diplomas, másteres y actividades deportivas y caritativas que dan un vuelco a su imagen. Hasta el punto de que tiene una entrevista directa con el presidente de Franklin & Clark, una marca de cosméticos, y acaba fichada como jefa de desarrollo de producto. Pero su llegada ha pisado algunos callos, lo que incluye a Zoe, vicepresidente de la compañía e hija del presidente, y se verá envuelta en una competición entre dos departamentos, para desarrollar la crema para la piel más competitiva del mercado. Dirige Jefa por accidente Peter Segal, especialista en comedias no demasiado brillante (Ejecutivo agresivo, 50 primeras citas) pero efectivo. Con un guión del gris Justin Zackham (Ahora o nunca) y la productora debutantes en estas lides Elaine Goldsmith-Thomas, combina la parte que dibuja la competencia empresarial, con una inesperada subtrama melodramática que explicaría la resistencia de Maya a tener hijos, que le ha llevado a romper con el hombre con el que llevaba conviviendo tres años. Con elementos architípicos de comedia, como las amigas del alma de la protagonista, el competidor que utiliza malas artes, y efecto "bola de nieve" que se produce cuando una no dice la verdad, se orquesta un film que se ve con agrado. No inventa la pólvora, pero tampoco lo pretende. Puede tener momentos almibarados, o recurrir a las canciones de un modo algo trillado, pero cumple con lo que pretende, y hay momentos logrados, como el del inesperado baile de Maya en una fiesta.
5/10
(2018) | 80 min.
Durante una comida familiar, Sofía comienza a experimentar calambres estomacales. En la cocina, su prima Leila, médica, se lleva toda una sorpresa cuando se da cuenta de que la muchacha está preñada. Por miedo ha sufrido el trastorno conocido como “negación del embarazo”, no es consciente de que va a dar a luz, y su cuerpo apenas permite deducir su estado. La acompaña al hospital, donde Sofía debe presentar su DNI, pero ésta aduce que no lo lleva encima, pues si se enteran de su soltería puede meterse en problemas. Primer largometraje de la marroquí Meryem Benm’Barek, que obtuvo el premio al mejor guión en la sección Un Certain Regard, de Cannes. La realizadora ha tenido que recurrir a financiación extranjera, en concreto de Francia, Bélgica y Qatar, por sus críticas a su país, en concreto porque se castiga con la cárcel a personas de sexo opuesto que hayan mantenido relaciones sexuales fuera del matrimonio. También pone en solfa a una sociedad cínica, preocupada únicamente por las apariencias, donde se recurre al matrimonio concertado simplemente para evitar el “qué dirán”. No sólo se cuestiona la marginación femenina, sino también el papel del hombre, que debe mejorar a toda costa el status de la familia por encima del nivel logrado por su progenitor. De montaje modélico, que condensa en poco tiempo toda la historia, resultan eficaces los trabajos de las actrices principales, la debutante Maha Alemi (Sofia) y la veterana Lubna Azabal (Leila), así como del resto del reparto. Quizás la trama resulta un tanto sencilla, y se echa de menos la profundidad de Nader y Simin, una separación, donde Asghar Farhadi describe mucho mejor las tensiones entre clases sociales en una ciudad musulmana, pero habrá que seguir la pista a la realizadora.
6/10
(2019) | 98 min.
Minutos después de que en Ohio un cruel asesino en serie sea asesinado a tiros, Sarah Blume da a luz a su primer bebé, compartiendo una enorme alegría con John, su esposo, pues les ha costado mucho que ella se quedara embarazada. A los ocho años, el retoño ha dejado claro que tiene una inteligencia excepcional, y estudia en una escuela para superdotados, pero Sarah sospecha que ha sido el culpable de poner una trampa en el sótano que ha causado un enorme daño en el pie a su niñera… Para despejar las dudas, acude al Dr. Arthur Jacobson, un psicoanalista. Títulos como Mala semilla, ¿Quién puede matar un niño?, El pueblo de los malditos, La profecía, El buen hijo o la más reciente Hereditary han puesto de manifiesto que los niños, supuestamente inocentes, pueden resultar más terroríficos que los más despiadados monstruos y demonios. Se suma a esta rama del fantaterror The Prodigy, dirigida por Nicholas McCarthy, que debutó en 2012 con la interesante El pacto, con dos hermanas que pasaban la noche en una casa encantada. Se trata de un film un tanto convencional, que se limita a repetir clichés del cine de miedo, abusando de los sustos fáciles ( o ‘jumpscares’). Quizás hubiera funcionado mejor si hubiera jugado a dosificar la información sobre lo ocurrido con el chico, pero el guión despeja cualquier duda desde el arranque. Pese a todo, logra mantener en tensión al respetable, lo que no es poco, e incluye algunas críticas a la corrección política actual, y a los tiempos que corren en los que los padres se sienten eternamente culpables de los comportamientos de sus hijos, evitando responsabilizarles de nada. Gran trabajo de Taylor Schilling, famosa como protagonista de la serie Orange is the New Black, como madre que no entiende qué está ocurriendo con su hijo, y pese a que se siente aterrada, trata de protegerle. Pero reina en la función el jovencísimo Jackson Robert Scott, asiduo al género de terror, pues ya fue el niño devorado por el payaso en It, y que demuestra una enorme capacidad para alternar un rostro angelical con miradas inquietantes, sin nada que envidiar a James McAvoy en Glass.
5/10
(2018) | 98 min.
Tim Wardle desvela en este documental un caso real verdaderamente impactante, el de tres trillizos estadounidenses que se vieron por primera vez a los 19 años, en 1980. La cuestión es que cada uno de ellos no tenía ni la menor idea de la existencia de sus hermanos y su encuentro fue totalmente fortuito cuando dos de ellos se conocieron en una universidad del estado de Nueva York. Poco a poco su historia fue saliendo a la luz y en los primeros años de la década de los 80 los trillizos –Bobby Shafran, Eddy Galland y David Kellman– se hicieron muy mediáticos en Estados Unidos, acudiendo a platós televisivos, concediendo entrevistas y explayando su simpatía por los locales neoyorquinos de moda. Incluso aparecieron echándole un vistazo a Madonna en la película Buscando a Susan desesperadamente. Pero este documental echa una mirada atrás casi cuarenta años después de esos felices inicios en la relación de los tres hermanos y ofrece un panorama global inquietante. Porque más allá del increíble reencuentro, Tres idénticos desconocidos descubre detrás de ese cuento de hadas una historia dramática que arroja sobre el caso importantes responsabilidades éticas, en referencia a la instrumentalización del ser humano. Y es que posteriores sucesos perturbadores en la vida de los trillizos fue revelando las causas de su separación cuando siendo unos bebés de seis meses fueron dados en adopción a tres familias diferentes, una que podría denominarse rica, otra de clase media y otra de carácter más modesto. En ese sentido la historia de los tres hermanos pretende ser una respuesta, incompleta o poco concluyente, a la clásica pregunta científica acerca de nuestro condicionamiento genético y de la influencia de la educación en nuestro carácter y comportamiento. El director Tim Wardle ha realizado en este film un valiosísimo documento de investigación y hay que aplaudir su audacia para que esta historia salga a la luz. Aporta impactantes entrevistas actuales a los protagonistas y también a otras personas que estuvieron involucradas de distinta forma en el insólito caso: familiares, periodistas, investigadores, etc. Wardle condimenta esas declaraciones con numerosas imágenes de archivo, fotografías antiguas, grabaciones televisivas e incluso con dramatizaciones de ficción que ilustran la historia. La reacción del espectador ante esta película es inicialmente de asombro, desarrolla después una sensación de injusticia y desasosiego, y finalmente queda inmerso en honda compasión.
7/10
(2018) | 105 min.
Un joven toca el piano en una estación de París. Cuando termina la pieza se le acerca un hombre, Pierre, director del conservatorio de París, que ha escuchado boquiabierto su ejecución en medio del bullicio de la estación. Le recomienda que le llame, pues ve en él un increíble talento. Pero Mathieu Malinski, que así se llama el chaval, es reacio al ofrecimiento. Si embargo, acabará en el conservatorio de rebote, haciendo horas de limpieza para cumplir con el trabajo social impuesto por un delito de robo. El francés Ludovic Bernard escribe y dirige una de esas películas que indaga en el potencial oculto en tantas personas, en su capacidad excepcional de generar belleza. En este caso, Mathieu (Jules Benchetrit) es un virtuoso del piano, un joven que sin una educación especial posee un talento casi innato para trasladar un volcán de emociones a las teclas. Prácticamente se transporta cuando fluye la música hacia sus dedos. Criado en una familia sin padre, con escasos recursos económicos y con amistades poco deseables, Malinski no ha tenido oportunidades para hacer brillar su don y su humilde procedencia ha hecho mella en su carácter, se ha vuelto desconfiado, orgulloso y arisco, de modo que carece de confianza en sí mismo, esa misma confianza que rebosa en Pierre y en su estricta profesora, la condesa. De modo que en el campo docente estará la paciencia, la autoridad, la mano izquierda para ir guiando al aprendiz hasta la explosión de su talento. La clase de piano es una película optimista, algunos dirán que demasiado, pero la emoción que genera en algunas de sus escenas es genuina, especialmente cuando están de por medio Liszt o Rachmaninoff. Es cierto que la historia se desarrolla por un itinerario que cualquier espectador podría trazar con los ojos cerrados, ese final corriendo por las calles de París, o que su esquema es muy tópico (chaval desfavorecido, profesor, conflicto, triunfo), aunque también hay escenas formidables, como la del encuentro nocturno con el piano. Y se echa en falta información de los personajes (en la madre, en Mathieu, en la esposa de Pierre), pero en conjunto es una película correcta, agradable en todo momento, que empuja a buscar lo mejor de sí mismo, a perseverar en el intento y a aceptar la ayuda que se nos presta. El trío de actores protagonistas está muy bien, especialmente los veteranos, Lambert Wilson y Kristin Scott Thomas, que encarnan a profesores capaces de jugarse su prestigio por lo que creen.
6/10
(2018) | 83 min.
Pese a que debe cuidar a su anciana madre, que padece Alzheimer, la periodista Ane Zabalza empieza a trabajar como sustituta de una mujer que va a dar a luz. A sugerencia de una amiga, se pone a investigar para un reportaje, en torno a un caserío que pertenece a la familia de Agus Barandian, líder de la banda de música folk vasca Korrontzi. Pese a que el inmueble tiene quinientos años de antigüedad, las autoridades pretenden demolerlo, por la necesidad de ensanchar una carretera que pasa por su ubicación. El polifacético Joaquín Calderón comenzó como actor, pero ha obtenido una mayor relevancia como director de los documentales Sáhara no se vende, Sarasate, el rey del violín y Arte flamenco on Fire. Ahora, aborda su primer largometraje dramático, si bien ha optado por mezclar actores profesionales con gente que se interpreta a sí misma, como el propio Agus Barandian, protagonista del relato, por lo que no resulta sencillo saber qué partes de la obra son reales o inventadas. Además, recurre a diálogos bastante naturales, se diría que improvisados en su mayoría, así que el conjunto se asemeja a un docudrama, como si los protagonistas de un suceso se hubieran prestado a reconstruirlo ellos mismos. Aunque no logre la misma espontaneidad, mira al cine de Abbas Kiarostami. La trama parece una excusa para reivindicar el valor de las tradiciones, que se pueden perder por prestarles poca atención. En ese sentido, el elemento más valioso del film es su banda sonora, sentido tributo al folclore de la zona, así que sobresalen las escenas en las que Barandian toca con sus músicos.
5/10

Viernes 15 de Febrero de 2019

(2017) | 95 min.
Película basada en hechos reales acontecidos en la ciudad texana de Amarillo en 1997. La trama se articula alrededor de un juicio en el que sabemos que ha habido un enfrentamiento violento entre pandillas, una de punks y otra de blancos deportistas, supuesta gente "de orden". Se nos hurtan hasta bien avanzada la película los hechos concretos que se están dilucidando, y a través de diversos flash-backs conocemos las vicisitudes de unos y otros, y las habituales broncas que finalmente derivaron en una gran pelea nocturna. Dirige y es uno de los firmantes del guión el debutante en el largometraje Jameson Brooks. En todo momento aparecen claras dónde residen sus simpatías. El cineasta quiere pintarnos como jóvenes sin rumbo a unos y a otros, pero al menos los de las crestas, botas y ropas oscuras góticas reconocen su desconcierto vital, y al menos se rebelan contra los encorsetamientos, mientras que sus oponentes son los típicos chavales de familia bien, blancos, anglosajones y protestantes de servicio dominical, pero cuyas vidas son bastante vacías, y que continuamente provocan a los punkies. Se trata de una historia muy de nicho, que a muchos espectadores les puede cansar, con algunos pasajes muy violentos, y cierto histerismo y poses en el tribunal algo manidos, y eso que apenas supera la hora y media de metraje. Sólo se acerca a definir un poco a algunos personajes punkies, con unos padres que admiten su peculiar estilo de vida; de los otros sólo se viene a decir que son unos "hijos de papá" a los que un sistema injusto perdona todo, aunque esté mal hecho, so capa de un hipócrita "american way of life".
5/10
(2018) | 122 min.
Estamos en el siglo XXVI es una sociedad distópica, la guerra con los marcianos 300 años atrás ha dejado profunda huella en la Tierra. En la ciudad aérea de Salem vive una élite inalcanzable, mientras que en tierra firme se encuentran los parias, un conjunto abigarrado de seres humanos, los cárnicos, y de cyborgs, que tiene partes de su cuerpo artificiales. En Iron City, en la zona de desguace, el doctor Ido experto en curar a cyborgs encuentra los restos de la desechada Alita, con un cerebro humano en perfecto estado, y a la que reconstruye en su clínica. Cuando logra que despierte, ella, de aspecto adolescente, no recuerda nada de su pasado, pero pronto sale a la luz que posee cualidades muy especiales, sus dotes físicas son realmente extraordinarias, propias de una guerrera; lo que no quita para que destaquen en Alita unos sentidos muy acendrados de la bondad, la lealtad y la justicia, como se advierte en sus relaciones con esa figura quasi paterna que es el doctor Ido, o con su nuevo amigo Hugo, que le guía en ese mundo hostil, donde se siente muy atraída por un deporte muy popular, el Motorball. Trepidante adaptación del manga de Yukito Kishiro, que ya antes había conocido una versión como serie de anime no demasiado apreciada por los fans. Teniendo detrás la mente creativa de James Cameron, que ejerce como coguionista y productor, puede imaginarse que técnicamente Alita: Ángel de Combate alcanza una perfección inusitada en sus aspectos visuales, tanto en el uso de efectos especiales CGI como en la presentación del 3D, usado con tanta inspiración como en Avatar, el proyecto que tan enfrascado le tiene, da la impresión de que el resto de su carrera sólo dirigirá las secuelas de ese film. Para la dirección, Robert Rodriguez se revela como una acertada elección, pues se nota que el cineasta de origen hispano admira la fuente original, y que posee un talento especial para el cine de acción. Estamos ante un film donde el entretenimiento de calidad es la meta principal, meta que se alcanza sobradamente. La recreación del universo futurista es espectacular, con muchísimos detalles, grandes planos generales de Iron City con edificios semiderruidos o del estadio donde se juega al Motorball. También es fabulosa la calidad y movimiento de los cyborgs, la simbiosis de las partes puramente mecánicas o de robots, con las humanas, manos o rostros, en muchos casos tratados visualmente, como los espectaculares ojos de Alita, todo un homenaje a los clásicos de los personajes del anime, con su redondez saltona. Y las peleas, persecuciones, etcétera, están muy logradas, nada que ver con el cansinismo de ciertas perezosas producciones de acción, está todo muy bien estudiado para asegurar la diversión. Quizá alguno considere que los elementos que componen la trama son muy sencillos o arquetípicos, pero sea como fuere, lo cierto es que funcionan a las mil maravillas. La chica sin memoria que necesita arraigar en algún sitio, conocer el sentido de su vida; los padres sacudidos por una tragedia que les marcó para siempre; los sentimientos paternales y filiales entre Ido y Alita, al modo de una revisión moderna del cuento de Pinocho; la élite controladora de los parias desde la distancia, sin mezclarse nunca con ella; los cazarrecompensas y demás tipos duros; el amigo que decepciona, pero donde siempre cabe el perdón. Rosa Salazar, abonada a las sagas distópicas –Divergente, El corredor del laberinto– asume con aplomo el protagonismo del film y logra hacer creíble la mezcla de pureza y fuerza de su personaje; y funciona muy bien el resto del reparto, incluidos tres oscarizados secundarios de lujo, Jennifer Connelly, Mahershala Ali y Christoph Waltz.
7/10
(2017) | 116 min.
Finales de los años veinte del siglo pasado. El huérfano Paul vive en un orfanato de París. Será recogido por una mujer, Célestine, quien se lo llevará lejos, a los bosques de Sologne, en donde ella trabaja con su marido a las ordenes del Conde de la Fresnaye, dueño de esas tierras. El pequeño Paul descubrirá un mundo totalmente desconocido en medio de la naturaleza y se hará amigo de un cazador furtivo, Totoche. Agradable película francesa que cuenta con todos los alicientes para caer bien: bella ambientación natural, historia emotiva, drama familiar, comedia picaresca, amor y reencuentro, todo ello dentro de un guión que integra a unos cuantos personajes bastante entrañables, bien dibujados. El resultado emparenta con ese tipo de filmes galos tan amables y humanos que sacan gran partido a la campiña francesa, al estilo bucólico de las obras de Jean Becker, con La fortuna de vivir a la cabeza, con un guión que incluye también claras reminiscencias del Oliver Twist de Dickens. El director Nicolas Vanier (El último cazador) explota sobremanera su sensibilidad naturalista, no por casualidad sus anteriores obras versan sobre animales. Aquí por momentos parece que estamos ante un documental sobre la fauna de la orillas del Loira, lugar idílico donde los haya, fotografiado con exquisitez por Éric Guichard. Ciervos, conejos, zorros, jabalíes, garzas, salmones, culebras y todo tipo de pájaros campean en la pantalla como si la finca del conde fuera un verdadero vergel. Y es en ese ambiente en donde evolucionan los personajes de La escuela de la vida: el gruñón Totoche, el espabilado Paul, la dulce mamá Célestine, el bruto Borel, el apesadumbrado Conde de la Fresnaye, su casquivano hijo Bertrand, la gitanita Bella, etc. Todos ellos forman una amalgama familiar que, más allá de leves disputas, está llena de camaradería y que no desentona dentro de ese retrato magnificado de una época pasada que homenajea la sencillez de las gentes del campo, los pequeños placeres de la vida campestre y el amor a la naturaleza. El reparto coral está perfecto, especialmente el trío compuesto por François Cluzet, Valérie Karsenti y Eric Elmosnino.
6/10
(2018) | 113 min.
Ascenso y caída del senador demócrata por Colorado Gary Hart, que apuntaba maneras como posible candidato a la presidencia en 1984, aunque le ganó la mano el fallido Walter Mondale, y luego ya mucho más sólidamente en 1988, cuando era el favorito a disputar la presidencia al entonces vicepresidente George Bush. Un escándalo de faldas acabaría con sus posibilidades para llegar a la Casa Blanca, y este film intenta ser un relato minucioso de lo ocurrido. Gracias por fumar es seguramente el film más político en que ha estado involucrado Jason Reitman, y no le salió mal la jugada de describir cómo se defienden algunas industrias de la mala imagen que proyectan. Aquí se basa en un caso real, y el resultado es algo insulso, muy lejos de la energía que destilan otros filmes coetáneos sobre las luchas de poder, como La favorita y El vicio del poder. Se agradece el esfuerzo por la contención en lo que podía ser escabroso, y la objetividad a la hora de reflexionar acerca de cómo los errores de la vida personal pueden afectar al servicio público, la falta de sentido moral y el puritanismo, los límites del periodismo de investigación, qué es lo relevante y qué es basura, y el respeto a la privacidad. Tal vez sea esta sobriedad la que acaba pasando factura al film, desgraciadamente vivimos tiempos en que prima el amarillismo o lo excesivo; o tal vez, la historia no da, simplemente, para una película; pero sea como fuere, el espectador verá con frialdad las cuitas del protagonista –un Hugh Jackman antipático cuando se niega a hablar de sus "vergüenzas" ante la opinión pública–, o las actitudes de la esposa Lee –Vera Farmiga– y la presunta amante Donna Rice –Sara Paxton–; igualmente la relación con la hija Andrea queda reducida a un par de apuntes inconexos –comprensión hacia lo que se apunta como una relación lésbica, y la decepción de un papá idealizado–. De modo que con lo que más puede empatizar el público es con la maquinaria electoral y los periodistas –con un buen plantel de actores–, pero incluso los segundos están algo desdibujados, hasta parecer leves caricaturas de lo que se supone que es un chico de la prensa, por ejemplo en sus conversaciones añorando tiempos en que no metían sus narices en las camas de los políticos.
5/10
(2017) | 100 min.
Europa, 1721. Las guerras entre Francia y España están diezmando ambos países. Urge una tregua, un periodo de paz. Concertar matrimonios adecuados entre ambos reinos consolidaría la estabilidad entre las dos mayores potencias europeas. Así se acuerda que la niña princesa María Victoria, hija del rey de España, Felipe V, sea dada en matrimonio al jovencísimo rey de Francia, Luis XV. Al mismo tiempo, Luisa Elisabeth de Orleans, hija del regente de Francia, es dada en matrimonio al heredero de la corona española, el príncipe Luis. Sin embargo, ambos enlaces serán complicados. Buen ejemplo de película histórica, que recrea un controvertido y crítico episodio que tuvo lugar en las cortes francesas y españolas a comienzos del siglo XVIII. El director francés Marc Dugain, cuya mayor contribución cinematográfica hasta el momento es quizá el guión de El pabellón de los oficiales, adapta la novela de Chantal Thomas para entregar un trabajo delicado, de corte académico y equilibrado, donde se ha cuidado especialmente la puesta en escena, ceremoniosa y realista, que transmite muy a las claras los aburrimientos y tiranteces de la vida palaciega. La magnífica y clásica partitura de Eric Chevallier y la fotografía de Gilles Porte realzan el conjunto. Dugain transmite bien la obsesión de las monarquías por perpetuarse, aun a costa de infelicidades y fracasos. Y hace un eficaz retrato de los personajes, en donde sale quizá peor parado un atormentado rey de España (un Lambert Wilson un tanto histriónico) a favor del un joven y reflexivo monarca francés (magnífico Igor Van Dessel). Se muestran asimismo mezquindades típicas de la corte e inmoralidades por igual, aunque siempre sin salirse de cierto estilo formal. Por otra parte, aunque se narra una época convulsa de la historia europea, y así se apunta en el film, el director centra su historia únicamente en lo que sucede en ambas cortes y únicamente en lo que se refiere a los matrimonios concertados, con un montaje paralelo eficaz y sencillo, obviando cualquier hecho exterior. Esto junto a las dos horas de metraje quizá aporta cierta asfixia y monotonía al conjunto, lo cual puede ser también en cierto modo lo que se pretendía. Destaca por lo demás el trabajo de Anamaria Vartolomei como Luisa Elisabeth y de la jovencita Juliane Lepoureau en el de la princesa-niña María Victoria.
6/10
(2018) | 120 min.
Siete años ha tardado la también actriz libanesa Nadine Labaki en volver a dirigir una película, tras ¿Y ahora adónde vamos?, que siguió a su debut Caramel. Y para la ocasión cambia de tono, la luminosidad de sus otros filmes, un aire festivo y de comedia muy característico desaparece, la narración se torna sombría y dura, sólo el hecho de que el protagonista sea un niño, Zain, suaviza algo el reguero de penalidades que se nos cuentan, aunque se trata de un chaval endurecido, obligado a ingresar en la edad adulta antes de tiempo. La película está enmarcada por un juicio, en que Zain, de unos estimados doce años, se encuentra acusado de haber apuñalado a alguien, aunque él a cambio, devuelve la acusación hacia sus padres, para echarles en cara la responsabilidad de haberle traído a este mundo sin estar preparados para ejercer como progenitores. Y seremos testigos de su vida penosa en Cafarnaúm, una simbólica población libanesa, donde Zain es el mayor de una numerosa familia, que vive hacinada en su hogar, y donde todos sus componentes, si su edad lo permite, realizan trabajos en la calle para traer dinero a casa. Zain resulta sorprendentemente maduro para sus años, detecta situaciones injustas, quién puede querer abusar de su hermana, o los planes de boda de los padres para con ella; y cuando la madre de un niño etíope, casi un bebé, desaparece, se hace cargo de él, busca alimentos, procura que esté lo mejor atendido posible. El mundo de los refugiados, de las ayudas, el sueño de llegar a un país de acogida donde todo sea diferente, asoma en lo que viene a ser una especie de parábola sobre las injusticias del mundo, que recuerda por momentos a Nadie sabe, del japonés Hirokazu Koreeda, aunque el film que nos ocupa transcurre en el bullicio de una gran ciudad degradada gran parte del tiempo. Aunque hay actores profesionales en el reparto, como la propia directora, se ha optado por no profesionales, como es el caso del pequeño Zain Al Rafeea, muy expresivo y presente prácticamente durante toda la película. La mirada de Labaki y su extenso equipo de guionistas es pesimista, hay en general un actitud condenatoria hacia los adultos, que matan la inocencia de los seres humanos que traen al mundo, sin opciones para que los niños sean ellos mismos, y puedan labrarse una identidad que permita sonreír ante el futuro; es lo que sugiere el último plano del film, que quiere ofrecer un atisbo de esperanza, aunque no sea muy coherente con lo que hemos visto el resto del tiempo.
6/10
(2018) | 92 min.
Tras una mala experiencia en Alemania, el español Braulio trata de labrarse un porvenir en China, pero no ha conseguido ni aprender el idioma, ni que le recluten como investigador, y falta poco para que caduque su visado. Conseguirá renovarlo si contrae matrimonio con Xiao, joven heredera que pese a su juventud tiene la etiqueta de ‘sobrante’, pues en su país está mal visto que no se hubiera casado antes. Mientras trata de conquistarla, Braulio se enamora de ella de verdad, mientras que tiene que lidiar con su compatriota Rafa y el turco Hakan, que le han seguido a Oriente atraídos por sus mentiras, según las cuales le iba de lujo. La comedieta Perdiendo el norte, de Nacho G. Velilla, protagonizada por Yon González, podía calificarse como una actualización poco inspirada de Vente a Alemania, Pepe, pero sobre los españoles que en la actualidad se ven obligados a emigrar. Pese a sus tópicos, y la falta de chispa, arrasó en las taquillas, sobre todo por la promoción televisiva, lo que ha traído consigo una secuela en la que González no ha querido ni asomarse en un cameo, como hace por ejemplo Javier Cámara, que también estaba en la primera. Toman ahora la voz cantante los secundarios de aquélla. Al final, esto ha sido un acierto, pues sobre todo Julián López (Braulio) da rienda suelta a su vis cómica, acompañado por secundarios de mucho talento para el género, sobre todo Edu Soto (instructor de baile flamenco en China), Silvia Alonso (la inseparable amiga española de Xiao), y Younes Bachir (el turco Hakan). Y aunque su subtrama se podría haber eliminado, brillan los veteranos, Carmen Machi y Leo Harlem, que forman una pareja tronchante. Se produce así un fenómeno similar al de la época de las ‘españoladas’, cuando actores que después han demostrado su valía (Alfredo Landa, José Sacristán, Antonio Ferrandis), estaban muy por encima de los productos que rodaban para comer. Aquí, abundan los tópicos, chistes groseros o facilones de telecomedia tipo La que se avecina, algunos próximos al racismo, sobre los ojos de los chinos, por ejemplo. Y si se hace referencia a Aladdin, de Walt Disney, por ejemplo, en un diálogo, conviene poner la banda sonora, y luego aclarar de qué película se está hablando, no sea que alguien no lo pille, por lo que cualquier espectador se sentirá subvalorado. Supone el primer largometraje del cortometrajista y director de capítulos de series Paco Caballero, que no tiene muchas ideas para la puesta en escena, y que aunque parece atisbar en la trama posibilidades dramáticas (el desencanto de quienes buscando la Tierra Prometida topan con la realidad) ni se aventura a explorarlas.  
4/10
(2019) | 93 min.
La joven Tree descubre al culpable de crear el bucle temporal que la condenaba a repetir una y otra vez el día de su cumpleaños, y por tanto a enfrentarse una y otra vez al asesino que la perseguía. Se trata del compañero de habitación de su nuevo novio, Ryan, que con unos compañeros “cerebritos” ha creado una máquina que investiga el movimiento de partículas a nivel cuántico. Pero al ponerse el aparato de nuevo en marcha, Tree se despierta en una realidad alternativa, en la que varios detalles de su vida han cambiado, y en la que el psicópata sigue haciendo de las suyas. Tras la buena acogida de la primera entrega, remake de Atrapado en el tiempo en clave de cine de terror (concretamente de ‘slasher’, al ser un film de asesino en serie sangriento), Christopher Landon reincide como director de la secuela, aunque ahora también ejerce como guionista. No logra un libreto tan redondo como el escrito por Scott Lobdell para la anterior, pero acierta sobre todo al explorar nuevos caminos; no se limita a dar más de lo mismo. Esta vez parece haberse inspirado sobre todo en las numerosas realidades alternativas de Regreso al futuro II, film al que los personajes citan explícitamente. Totalmente intrascendente, aumenta los elementos humorísticos, dando menos importancia al suspense, pero resulta lo suficientemente amena. Además Landon introduce una subtrama emotiva en la que la protagonista se reencuentra en un multiverso paralelo con su madre; todo apunta a que ha querido homenajear a su padre, Michael Landon, protagonista, productor y guionista de la entrañable La casa de la pradera, ya fallecido. Cuenta con un reparto de jóvenes con cierto talento, aunque destaca sobre todo la protagonista, Jessica Rothe, que aquí brilla sobre todo en la parte humorística.
5/10
(2017) | 99 min.
Documental que sigue los preparativos de un grupo de jóvenes, que guiados por un carismático profesor, se prepara para competir en un concurso de oratoria en París, en el departamento de Sena-Saint-Denis. Son de todas las etnias y extracción social, franceses de pura cepa, pero también de origen subsahariano, musulmanes, etcétera. Con detalle se muestran los diversos ejercicios para expresarse mejor, entonar, respirar, defender diversas posturas... Algunos son realmente curisosos. Aunque de interés humano, el film dirigido al alimón por Stéphane de Freitas y Ladj Ly acaba cansando un poco, quizá porque sus discursos, salvo en algunos momentos contados como en el duelo final, no son excesivamente emocionantes.
5/10

Viernes 22 de Febrero de 2019

(2018) | 106 min.
Sorprendente película de tintes tragicómicos, basada en hechos reales. Sigue los pasos de Lee Israel en los años 90 en la ciudad de Nueva York. Ella es una mujer cincuentona, soltera y asocial, a la que gustan las mujeres, aunque no tiene relaciones estables, vive sola en compañía de su gato. Escritora de biografías de celebridades femeninas como Tallulah Bankhead, su carrera autoral no acaba de arrancar. Para colmo de males la despiden de la revista donde trabaja por su difícil carácter, de modo que ahoga sus penas en alcohol. En un bar conocerá al homosexual talludito y experto en trapicheos Jack Hock, con el que hace buenas migas. Preguntándose cómo va a pagar las facturas, la venta de una carta del personaje sobre el que está escribiendo, Fanny Brice, le abre una veta inesperada para mejorar sus ingresos. Primero añade frases sabrosas a misivas auténticas, para aumentar su valor, y luego directamente las falsifica para venderlas. Para su sorpresa, tienen gran éxito entre los coleccionistas, con lo que crece mucho su autoestima, pues se siente una verdadera autora imaginando lo que escribirían algunos de sus escritores favoritos. Nicole Holofcener y Jeff Whitty han ideado un sólido libreto que opta al Oscar, y que funciona bien como estudio de personajes, la soledad urbana, pero también como reflexión acerca de la creación artística, tanto en relación a la impostura, como a a los caminos sorprendentes por los que puede discurrir, con la protagonista metiéndose en la cabeza de autores como Noel Coward o Dorothy Parker. Dirige el film la desconocida Marielle Heller. Sorprende la composición que hace de Lee Israel la actriz Melissa McCarthy, conocida sobre todo en su faceta cómica desde que descollara en la serie Las chicas Gilmore, y que aquí está completamente transfigurada; quizá no tenga mucho que ver, pero a ratos, tal vez porque la película también tenía un escritor en su trama, o por el físico de una y otra, viene a la cabeza el trabajo que hizo en Misery una actriz entonces desconocida, Kathy Bates, que ganó el Oscar, galardón al que ha sido nominada precisamente McCarthy. Sea como fuere, McCarthy sabe componer a la perfección a su brusco personaje, con un ácido sentido del humor, más solo que la una, y que en el fondo querría encontrar el amor y el cariño, que vuelca en el minino que le hace compañía, y que se ha hecho mayor, como ella. El modo en que se siente viva gracias a su nueva “faceta artística”, y la complicidad que surge con otro ser marginal como ella, magnífico Richard E. Grant, también aspirante a la estatuilla dorada, se sirven con convicción y talento. Todo tiene encanto  y está cuidado en el film, de ritmo impecable, incluidos los encuentros con los compradores de las “valiosas” cartas, esa especie de conato de amistad-enamoramiento con una librera, o el reencuentro con una antigua amante.
7/10
(2018) | 84 min.
Con 88 años, los que tenía cuando presentó El libro de imágenes en Cannes, donde le concedieron una Palma de Oro especial, Jean-Luc Godard sigue explorando con el cine y tratando de expresar con imágenes y sonidos sus ideas sobre el mundo, algo que ya se veía en Adiós al lenguaje. Su cine experimental no es de digestión fácil, y ningún espectador tendrá la misma percepción del film. No es lo mismo el acercamiento de un espectador "normal", desconocedor de la historia del cine y del lenguaje del cine, que un sesudo cinefilo lector habitual de "Cahiers du cinéma", poseedor además de una amplica cultura literaria, musical y de mundo, capaz de intuir un poco las posibles intenciones de la propuesta de Godard. La película es un elogio de la verdad que pueden contener los fragmentos, imágenes y sonido, pues la realidad, también, estaría fragmentada. El veterano cineasta juega con brevísimos fragmentos de películas con distintos formatos de grandes maestros, pero también de noticiarios, manipulándolas, variando su tamaño hasta deformarlo, virando el color... E igualmente acude al desconcierto con el sonido, la voz del narrador bruscamente interrumpida por el silencio, como si fallara la banda de sonido, la voz que se superpone a otra voz, hasta dificultar la comprensión de lo que se está diciendo... La planta bien arraigada de su antiguo marxismo parece estar presente en sus andanadas contra el poder real (de rey) al que todos aspiran frente al fáustico, y en la mirada comprensiva a la violencia de las bombas y la revolución, acompañada de una cierta sublimación utópica de Arabia como Arcadia feliz. Resulta indudable que el conjunto tiene fuerza, y que puede entenderse como el equivalente fílmico del arte pictórico o escultórico moderno que renuncia a la representación figurativa para adentrarse en terrenos más instintivos y primarios, pero el alcance puramente intelectual, de visión del mundo, es limitado y para su interpretación requiere de claves hermenéuticas reservadas, quizá una selectiva pero exigua minoría.
6/10
(2019) | 90 min.
El mítico detective literario creado por Sir Arthur Conan Doyle va camino de convertirse en alguien más interpretado en el cine que el mismísimo Hamlet. Hay muchas películas sobre el inquilino de Baker Street, algunas magníficas –recuérdese Mr. Holmes–, y sus historias criminales han tenido versiones en géneros de todo tipo, desde el misterio (Sherlock Holmes contra Moriarty) al terror (El perro de Baskervilles), hasta la aventura (El secreto de la pirámide), la animación (Sherlock Gnomes) o el puro drama (La vida privada de Sherlock Holmes), pasando más últimamente por la acción (Sherlock Holmes) o la serie original (Elementary, Sherlock). Al israelí Etan Cohen le toca en este caso entregar una comedia absolutamente descerebrada, algo que a priori estaría en las antípodas de la idea racional, equilibrada y analítica que tenemos del protagonista. Pero por eso mismo Holmes se presta a ser parodiado hasta el extremo. Dicho lo cual, más que una comedia convencional queda claro que Holmes & Watson es una completa payasada, en la línea de las más chuscas películas de Will Ferrell, a quien Cohen ya dirigió en la infumable Dale duro. Aunque haya un leve hilo conductor –Holmes y Watson tienen un plazo de dos días para salvar a la reina Victoria de un complot mortal orquestado por el profesor Moriarty– en realidad puede decirse que en el guión de Cohen no hay una trama mínimamente consistente, tan solo una sucesión de banales gags, esperpénticos y ridículos, que salvo en contadas ocasiones no logran el objetivo de hacer reír, más bien producen vergüenza ajena. Lógicamente hay algunos momentos divertidos –los comentarios ante la reina, la referencia a Billy Zane–, pero son mucho más escasos de lo esperado y desde luego el abuso del humor soez, en ocasiones bastante grosero, denota una severa falta de creatividad. Los fans del histriónico y artificioso Will Ferrell están ante una película a su medida, para bien o para mal, pero sorprende ver en semejante ‘embolao’ a intérpretes de altura, como Ralph Fiennes o Rebecca Hall, bastante perdidos, aunque quizá sí se le saca un partido adecuado a ese gran actor llamado John C. Reilly.
3/10
(2018) | 125 min.
El colombiano Ciro Guerra dio muestras de poderío narrativo y visual en la singular y ardua película El abrazo de la serpiente, cinta hipnótica rodada en blanco y negro, que fue candidata al Oscar a la mejor película extranjera. Ahora, codirigiendo Pájaros de verano con la productora de aquel film, Cristina Gallego, confirma que el talento detectado entonces no fue un espejismo, el cineasta es capaz de contar nuevas historias que respiran el mismo aire mágico y atávico del indigenismo colombiano, con la audacia de que en esta ocasión aborda una historia de narcotraficantes, con elementos que no chocarían en filmes gangsteriles “padrinescos” o en la serie Narcos. Con una estructura de poema, dividido en cinco cantos, que temporalmente abarcaría más de dos décadas, entre finales de los 60 y principios de los 90, seguimos las vicisitudes de Rapayet y su familia indígena wayuu, quien ve una oportunidad de prosperar introduciéndose en el negocio del cultivo y tráfico de marihuana, aprovechando la presencia de activistas estadounidenses anticomunistas. El dinero fácil afectará a sus vidas, de algún modo la traición a sus costumbres y estilo de vida, acaba pasándoles factura. La combinación narrativa de una historia de ambición, con dibujo atinado de distintos miembros del clan, con aspectos culturales ancestrales, lejos de resultar artificial, posee fuerza y resulta original. La venganza, los matones de turno, los tipos débiles que se dejan llevar por impulsos primitivos, o a los que cuesta tomar decisiones, podrían formar parte de cualquier film de mafiosos. También las cuestiones relativas al honor, el papel de los mensajeros, que las nuevas generaciones no respetan, y que también se abordaban en la célebre saga de los Corleone de Mario Puzo y Francis Ford Coppola.
6/10
(2019) | 114 min.
Hipo se ha convertido en líder de Isla Mema, donde hombres y dragones conviven en armonía. Pero el lugar atrae a cazadores de las criaturas aladas, como Crimmel 'El Cruel', una peligrosa amenaza, así que Hipo decide organizar una evacuación, y buscar un lugar perdido mencionado en las leyendas que le narraba su progenitor. Correcto remate de la trilogía de animación producida por DreamWorks, que se basa en la saga literaria creada por Cressida Cowell. Vuelve a ejercer como realizador, al igual que en los dos filmes precedentes, Dean Deblois, de nuevo guionista, que aprovecha claramente los avances en animación digital que han tenido lugar desde el estreno de la primera entrega, nueve años atrás. Se centra sobre todo en el desarrollo de personajes ya conocidos, sobre todo de Hipo y de su inseparable dragón, Desdentao, pero también de la novia del primero Astrid, que tiene más presencia, o de Tosca, una de las guerreras vikingas. Entre las nuevas incorporaciones sobresale Furia Luminosa, dragona que rechaza a los humanos, con la capacidad de camuflarse, lo que da pie al efecto visual más vistoso de la cinta, mientras que Crimmel, villano de la función, resulta un tanto estereotipado, quizás sea el eslabón más débil de la cinta. Como suele ocurrir en este tipo de sagas, queda casi relegado al olvido algún secundario que ha dado mucho juego anteriormente, aquí es el caso de la madre, Valka, doblada por Cate Blanchett en el original, que fue el principal hallazgo de la cinta anterior, y ahora se ha convertido en mera comparsa. Sobre todo se habla de la necesidad de dar espacio a los seres queridos, sin pretender agobiarles, subrayando la responsabilidad de ayudarles a recorrer su periplo vital. La evolución en la vida conlleva decisiones tristes, pero trae aparejadas también grandes alegrías. Estos temas están tan bien aprovechados que dan lugar a un final emotivo, digno colofón a una serie que quizás no vaya a figurar entre las listas de las mejores de todos los tiempos, pero que se ha ganado un hueco en el corazón de los aficionados a la animación digital. Lo mejor: parece que la compañía ha cerrado la franquicia, antes de que acusara demasiado la sobreexplotación, como en el caso de las cuatro entregas de Shrek.
6/10
(2018) | 123 min.
Erin Bell es una detective de la policía de Los Ángeles interiormente devastada por un caso del pasado mal resuelto que le llevó a estar infiltrada en una banda con Chris, un compañero –ambos simulaban ser pareja–, lo que ha alimentado su dependencia del alcohol y una relación horrible con su hija adolescente Shelby, a la que va camino de perder, si es que no lo ha hecho ya. El hallazgo de un cadáver cosido a tiros, con unos tatuajes bien reconocibles, supone para Erin toparse de nuevo con ese suceso que le pesa como una losa, tal vez sea la ocasión de hacer las paces consigo misma y pasar página. Desde su aplaudido debut con la película independiente Girlfight, Karyn Kusama ha desarrollado una irregular carrera como directora en cine y televisión, abordando tramas con personajes femeninos fuertes –el caso de Aeon Flux y Jennifer's Body, cintas no muy inspiradas–, hasta reencontrarse a sí misma con La invitación, una cinta de terror desasosegante donde había espacio para las sorpresas. Vuelve a mostrar esa capacidad de romper el saque con Destroyer, de estructura singular ideada por sus guionistas habituales Phil Hay y Matt Manfredi, pues combina la investigación de la protagonista con la época en que era agente encubierta; y a este respecto, tanto en la narración en presente como la que retrotrae al pasado, guarda un par de valiosos ases en la manga. De entrada, lo que se cuenta responde al esquema de thrillers violentos en torno a la venganza típicos de los 70, con personajes duros pero hechos añicos por dentro, de los que son representativos títulos como Taxi Driver, citado expresamente por Kusama como referente; la novedad, por supuesto, es aquí tenemos a una mujer en este rol. Y a tal fin, el trabajo de Nicole Kidman es prodigioso, hay matices en su Erin de antes y después, no tiene miedo a mostrarse fea y descuidada, nos la creemos en su deriva existencial, en su enamoramiento, en el deseo de una vida mejor, y en el reconcomerse por dentro debido a la dificultad para conectar y ejercer como madre con Shelby. Quizá el film se estira en exceso en ese ir saltando de “oca en oca” de Erin, hablando con unos y otros para tratar de llegar a la conexión con Silas, el jefe de la banda de la que formó parte, un esquema bastante visto, y en el que la directora se entretiene demasiado; por otra parte, falta algo más de definición a la banda en la que se integraron Erin y Chris. Pero logra crear intriga y construir un personaje con el que el espectador es capaz de empatizar, aunque esté hecho fostatina.
6/10
(2018) | 120 min.
Inspirada película sobre Ruth “Kiki” Ginsburg, actualmente jueza del Tribunal Supremo de Estados Unidos. Hizo historia contribuyendo al cambio en las leyes por discriminación de sexo, con un caso a la inversa, el de un hombre soltero, dedicado a cuidar a su madre impedida, y al que no se le permitía una desgravación fiscal reservada sólo a las mujeres. Su lanzamiento ha coincidido con el del documental candidato al Oscar RBG. La veterana Mimi Leder es una cineasta que se bregó en la televisión, con tv-movies y la serie Urgencias, y a la que Steven Spielberg dio la alternativa cinematográfica en su entonces recién creada compañía DreamWorks con El pacificador y Deep Impact. Sin resultar nunca genial, ha ido ganando en hondura dramática a lo largo de los años, sin dejar de trabajar para la pequeña pantalla, en títulos notables como The Leftovers. Aquí maneja un guión del debutante Daniel Stiepleman, sobrino de la jueza, que huye del didactismo facilón, poniendo el acento en el interés humano de la historia, lo que incluye la conciliación familiar de la protagonista –como su marido, ambos estudian derecho–, y el modo en que se abre paso en un mundo en que se le cierran los bufetes de abogados, y debe dedicarse a enseñar derecho. Contrariedades como la enfermedad del esposo, son encaradas con fortaleza. También tiene su interés el choque generacional, Kiki con su hija, lo que prueba cómo las diferencias entre edades surgen siempre, y cómo el amor es el que logra limar posibles asperezas. El film abarca alrededor de dos décadas en que queda claro que los tiempos cambian, y también el estado injusto de las cosas. Quizá el espectador puede perderse en algún momento con los tecnicismos legales, pero el resultado es muy encomiable, y cuenta con un gran reparto, con sobresaliente para Felicity Jones encarnando a una mujer de carácter.
6/10
(2018) | 94 min.

La vida perfecta de Lucía se desmorona la noche en que su marido la golpea. Más tarde conocerá a un joven seductor perseguido por un oscuro pasado. Sus familias y amigos trenzarán juntos un mosaico de amor, secretos y venganza.

(2018) | 96 min.
Tras pasar cuatro años en una casa de acogida de los servicios sociales, Leon regresa junto a su madre, que pese a que ha roto con su progenitor, un maltratador, se ha buscado un novio igualmente agresivo, adicto a la cocaína, que no le sirve de ayuda para lidiar con sus problemas de alcoholismo. El chico acaba refugiándose en un gimnasio en el que practica boxeo. Se reúne también con sus amigos, que no paran de meterse en líos, por ejemplo son capaces de robar por puro capricho. Con ellos acude a una fiesta en la que todos se drogan, inhalando gas en globos, donde conoce a Twiggy, una muchacha de la que se enamora pese a que tiene novio. Satisfactoria ópera prima de Jamie Jones, que se apoya en una excelente interpretación de su protagonista, el también debutante Marcus Rutherford, rodeado de adecuados secundarios. Su relato transcurre durante los disturbios que ocurrieron en Hackney, una zona del East End londinense, en 2011, como reacción a la muerte por disparos de la policía de Mark Duggan, delincuente afrocaribeño, aunque se unieron muchos agitadores con el único objetivo de saquear tiendas y sacar provecho. El film viene a situar este episodio de violencia social en el marco de un barrio sacudido por la crisis económica, con problemas de desestructuración familiar y todo tipo de adicciones. Describe también las consecuencias de la falta de oportunidades, que da lugar a chicos desocupados que caen en la delincuencia por puro aburrimiento. Con varios puntos en común con las más redondas Moonlight, de Barry Jenkins, y Haz lo que debas, de Spike Lee, Jones demuestra que rueda muy bien, y logra algunas escenas excelentes, en las que hace gala de inteligencia, por ejemplo ésa en la que muestra el punto de vista de los policías, tan asustados por el estallido de violencia como los ciudadanos, o el momento en el que el protagonista juega con un Scalextric, rememorando una infancia feliz precozmente rota. Todo el film tiene un enorme interés, pero desentona en cierta manera la historia de amor, un poco artificiosa, y menos espontánea que el resto de la cinta.
6/10
(2017) | 25 min.
Colección de cuatro cortos de animación, de distinta nacionalidad y estilos diversos, presididos por el que da título a la función. "La rata pirata", corto británico, es quizá el más infantil, sigue a una rata salteadora de caminos, que oculta su identidad con un antifaz, hasta que recibe un escarmiento. Los dibujos vienen acompañados de unos sencillos ripios. Con trazos difuminados casi impresionistas y estilo algo "naïf", "El tigre sin rayas" es un cachorro al que le faltan las rayas típicas de los de su especie, y en su esfuerzo por encontrarlas, se encontrará a sí mismo. Es de nacionalidad francesa. De Rusia llega "Dos tranvías", visualmente original con los tranvías y pasajeros bidimensionales en un mundo tridimensional, el stop-motion para contar como un tranvía veterano traspasa su experiencia a su joven hijo, tiene su encanto. Finalmente, "Kuap" es un corto suizo de trazos minimalistas en el entorno realista de una charca, que sigue a unos simpáticos renacuajos que pronto se convertirán en ranas.
5/10

Lunes 25 de Febrero de 2019

(2018) | 90 min.
Interesante incursión en el mundo pictórico de Vincent Van Gogh (1853-1890), cuyo interruptor es la muestra que de este pintor se exhibe en el Museo Kröller-Müller, situado en medio de un bosque próximo a Ámsterdam. Helene Kröller-Müller fue una mujer que a mitad de su vida quedó obnubilada con las pinturas de su compatriota, muerto cuando Helene contaba sólo veintiún años. Recopiló en su vida 90 de óleos de Van Gogh y 185 dibujos, de modo que la colección Kröller-Müller es la segunda mayor muestra de las obras del genial artista, después del Museo Van Gogh de la capital de los Países Bajos. Partiendo sobre todo de la colección de Kröller-Müller (mujer de quien se hace también una somera semblanza en referencia a su fascinación por el pintor), el director italiano Giovanni Piscaglia ofrece en el documental Van Gogh, de los campos de trigo bajo cielos nublados un recorrido por la obra y las motivaciones vitales del artista, junto con un leve itinerario biográfico. Permite así al espectador situarse a la hora de disfrutar de la obra de Van Gogh, un pintor atravesado por la permanente búsqueda de lo absoluto, una suerte de camino espiritual que le guiaba en su arte. Se habla así de sus vicisitudes vitales, de las influencias pictóricas de Millet y de otros pintores franceses, de sus cartas y de sus delirios, de su evolución artística, de su maestría en el dibujo, de sus preferencias por la naturaleza y por pintar al aire libre, etc. Al hilo de la narradora, la actriz y directora Valeria Bruni Tedeschi, o de otros estudiosos de la obra de Van Gogh, se van mostrando en pantalla algunas inolvidables obras del artista –"Terraza de un café por la noche", "Los comedores de patatas", "Carretera en la Provenza por la noche", etc.– en donde la cámara capta con especial interés la anchura y el volumen de sus pinceladas, la forma de sus trazos, la explosión de colores. La potente música de Remo Anzovino consigue realzar la intensidad contemplativa ante la belleza que se exhibe.
6/10