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Calendario estrenos cine

2019

Viernes 01 de Marzo de 2019

(2017) | 93 min.
Wendy sufre de autismo, por lo que vive en una residencia para chicos con trastornos de San Francisco, bajo la supervisión de la psicóloga Scottie, mientras que su hermana, Audrey, la única familia que le queda, le presta poca atención, porque acaba de ser madre. Apasionada de Star Trek, que conoce todos los detalles de la saga, un día se entera de que Paramount ha organizado un concurso de guiones de la franquicia galáctica. Decide viajar para entregar el suyo, pues si gana el premio podrá evitar que se venda la casa donde pasó su niñez, a la que planea mudarse. Dakota Fanning, que se dio a conocer de niña con el film sobre una persona con discapacidad Yo soy Sam, protagoniza una producción en la misma línea, también de tono amable, que por sus referencias a la cultura popular recuerda en cierta medida a Wonder, rodada más o menos a la vez. Con una puesta en escena típicamente ‘indie’, el especialista en estos temas Ben Lewin (Las sesiones) logra cierta frescura, con momentos dramáticos, pero amenizados con eficaces golpes de humor. Le queda un producto optimista, con un mensaje esperanzador que invita a luchar para superar las limitaciones personales. Pese a que su hermana menor Elle Fanning parece haberle quitado el status de estrella en los últimos años, Dakota resulta creíble en un papel complicado, y no desmerece frente a la extraordinaria como siempre Toni Collette (la terapeuta de nombre Scottie, como el ingeniero jefe de la nave Enterprises). Tampoco desmerecen los actores Alice Eve (que curiosamente participaba en Star Trek: en la oscuridad), y Patton Oswalt, que en el rol de oficial de policía, propicia la mejor escena del film
6/10
(2018) | 110 min.
El pintor y director Julian Schnabel (La escafandra y la mariposa) entrega una película muy personal que indaga en el arte pictórico y más exactamente en la búsqueda de la belleza como programa de vida. Para mostrar esa íntima faceta humana se acerca a la vida de Vincent Van Gogh, uno de los pintores más universales y cuya controvertida existencia ha dado ya pie a numerosos libros y películas, recuérdese el clásico El loco del pelo rojo o la más reciente Loving Vincent. Van Gogh, a las puertas de la eternidad recorre los principales hitos de la vida del artista: su traslado de París a Arles; su estancia allí con Paul Gauguin; sus diversos internamientos en hospitales mentales; la automutilación de su oreja; los desvelos de su querido hermano Theo; su traslado a Auvers-sur-Oise. Pero el guión de Schnabel, escrito en colaboración con Jean-Claude Carrière y la debutante Louise Kugelberg, usa los hechos únicamente para adentrarse más y más en el interior del personaje. El director de Basquiat no centra su atención en la obra, sino sobre todo en el pintor, en los anhelos y fantasmas de un Van Gogh que se sabe presa de un don celestial, un estado casi de ansiedad y estupor por el que percibe la eternidad en la naturaleza, para él sinónimo de Dios, Belleza absoluta. El director quiere enfatizar esa urgencia artística con movimientos nerviosos de la cámara, vibraciones impacientes, que al espectador pueden resultar ligeramente molestos en algún momento. Con profusión de primeros planos e imágenes subjetivas, también asistimos a correrías del pintor por los campos, mirando al cielo, a las plantas, al horizonte, mientras suena con fuerza el piano de Tatiana Lisovkaia, al tiempo que se nos va mostrando la mente del artista cada vez más inestable, más insegura. El film puede resultar pesaroso y podría decirse que produce ante todo una "impresión" sobre Van Gogh, no tanto un itinerario vital, por lo que gustará especialmente a personas con sensibilidad artística interesados en la psicología del pintor holandés. Para tal fin, el actor escogido se antoja sencillamente perfecto, pues Willem Dafoe da el tipo de persona contradictoria, reflexiva, inquietante, sublime. Está bien acompañado por una platea de actores de primer orden que en algunos casos sólo cuentan con unos segundos en pantalla, entre los que destacan Oscar Isaac (Gauguin), Rupert Friend (Theo), Emmanuelle Seigner (Madame Ginoux) o Mathieu Amalric (Dr. Gachet).
6/10
(2018) | 116 min.
Robert Zemeckis se ha aficionado a convertir documentales en largometrajes dramáticos, pues cuatro años después de rodar El desafío (The Walk), reconstrucción de la experiencia del funambulista que cruzó las Torres Gemelas, Philippe Petit, inspirada por Man on Wire, ahora parte de Marwencol, donde Jeff Malmberg recogía la historia real de Mark Hogancamp, ilustrador que sufrió una brutal agresión por parte de cinco descerebrados que le escucharon hablar de su afición a ponerse zapatos de mujer. Como consecuencia, sufrió serios daños cerebrales y amnesia, pero consiguió mejorar poco a poco mediante la construcción de Marwen, una ciudad en miniatura habitada por un juguete que le representaba a sí mismo como a un héroe de la Segunda Guerra Mundial que combate a los nazis, con ayuda de diversas muñecas basadas en mujeres de su entorno. Sorprende que el veterano cineasta se empeñe en autorreferenciarse, como si a sus 66 años quisiera rememorar lo más granado de su filmografía. Así, la cinta recupera la captura de movimiento que utilizó en Polar Express y Cuento de Navidad, pero la mezcla con imagen real, un poco al estilo de ¿Quién engañó a Roger Rabbit?, si bien no conviven dibujos y actores en la misma secuencia. Se rememora el mismo conflicto bélico que dio lugar a Aliados, resulta inevitable que el protagonista discapacitado recuerde a Forrest Gump, y un vehículo capaz de viajar en el tiempo remite a Regreso al futuro. Él mismo ha coescrito el guión con la reputada Caroline Thompson, responsable de Pesadilla antes de Navidad y Eduardo Manostijeras. La cinta exhibe algunos valiosos hallazgos, en concreto algunas mezclas de ficción y realidad, y ciertas reflexiones de fondo sobre la capacidad del ser humano de superar los percances de la vida con fuerza de voluntad. Pero no sorprende que la propuesta se haya saldado con el mayor fracaso comercial del realizador, pues no resulta del todo satisfactoria. Por ejemplo, las historias bélicas procedentes de la imaginación del personaje central acaban resultando repetitivas, y sus saltos entre lo imaginario y lo que sucede de verdad pueden desconcertar a parte del público, como ocurría en títulos del mismo corte, como El último gran héroe o Sucker Punch. Realizan un buen trabajo las actrices principales, Merritt Wever (la dependienta de la juguetería), Gwendoline Christie (una asistenta rusa) y Leslie Mann (la vecina de la que el personaje central se enamora), pero pese a su buen hacer habitual, no acaba de resultar convincente por una vez Steve Carell. A veces resulta un poco exagerado y nunca consigue que el público empatice con un personaje con puntos algo turbios, ya que (aunque todo está tratado con elegancia y sutileza), resulta ser un fetichista del calzado femenino, y aficionado a la pornografía.
5/10
(2018) | 97 min.
Londres. Jarvis Dolan, veterano presentador radiofónico, está al frente del espacio “The Grim Reality”, donde trata temas de actualidad, con comentarios sarcásticos, y debates con invitados. Pero cuando está a punto de entrevistar a un viejo colega, unos encapuchados irrumpen durante la emisión en directo, obligándole en un principio a seguir con el programa, como si no hubiera pasado nada, pero después le hacen tratar en directo la violación y posterior desaparición de una joven. Jaume Collet-Serra, responsable de filmes de éxito, como Infierno azul, o Sin identidad, apadrina a través de su productora, Ombra Films, al debutante en la realización Pedro C. Alonso, hasta ahora responsable de spots publicitarios. Éste ha coescrito un guión bastante resultón con Alberto Marini, autor de títulos como El desconocido. Pese a que casi todos los técnicos son españoles, y las filmaciones han tenido lugar en Galicia, está rodada en inglés, con un reparto internacional, encabezado por el británico Eddie Marsan, inspector Lestrade de los filmes de Sherlock Holmes, de Guy Ritchie, y que cuenta con una española, Ivana Baquero, la ya crecida niña de El laberinto del fauno. Los actores cumplen, pero ninguno cobra el sueldo de una superestrella, no ha hecho falta un gran presupuesto, pues la historia se desarrolla en pocos escenarios – unas cuantas habitaciones del estudio radiofónico–, y trata temas de actualidad, como las Fake News, la guerra de líderes de opinión de izquierdas y de derechas y los comentarios en redes sociales, entre otros, por lo que tiene interés a nivel global, así que se trata de un producto pensado para ser rentable en el mercado internacional. Quizás innecesariamente violenta, y aunque a veces deja tregua al espectador para preguntarse sobre la coherencia del relato en un par de puntos, lo cierto es que Feedback mantiene la tensión, con giros bien resueltos, y el ritmo adecuado. También tiene cierto fondo, pues se pregunta sobre la legitimidad de quienes denuncian constantemente irregularidades de los otros en los medios de comunicación.
6/10
(2019) | 105 min.
Tocho y Jean-Pierre, ya talluditos, deciden viajar a Tombuctú, en Mali, a visitar a su amigo enfermo Joseba, una forma de recuperar el espíritu aventurero de antaño. Embarcan en la aventura a la hija de éste, Ely, que nunca le ha perdonado que la abandonara siendo una niña. Y se van en el viejo 4 Latas veterano del rally Paris-Dakar, pues pretenden llegar a su destino cruzando el desierto, donde les toca superar mil y un obstáculos. Gerardo Olivares reincide en una trama dramática en un marco de naturaleza tras títulos como Hermanos del viento y El faro de las orcas, aquí con formato de road-movie, complicidad de colegas y algunos golpes humorísticos. Desgraciadamente no da con el tono, la narración se hace muy larga, y todo es previsible y se haya atravesado de clichés buenistas, como la ayuda a un polizón clandestino subsahariano que se había escondido en el maletero del vehículo. Incluye muchos elementos, relación padre-hija, inmadurez, corrupción, inmigración, picaresca, hasta la chatarra espacial de los americanos, y bromas de pedorreta. Pero la mezcla no es armoniosa, y los personajes son planos, ni siquiera se aprecia lo que parece exigir el guión, su evolución hacia una suerte de equilibrio o redescubrimiento personal. Además se banaliza el consumo de marihuana. Sin duda son bellas las imágenes del desierto con sus dunas interminables, donde el manejo de drones ha dado el resultado apetecido.
4/10
(2018) | 94 min.
Un documental etnográfico de creación, que demuestra que la vida misma puede dar la mejor de las tramas. De sencilla narración y evitando la tentación de los aspavientos efectistas, cuenta la peripecia del danés Anders Hvidegaard, recién licenciado en Magisterio, que pide como destino el punto más remoto de Groenlandia que imaginar cabe: la minúscula población de Tiniteqilaaq, conocida abreviadamente como Tinit, como poco menos de un centenar de habitantes. Allí debe lidiar con niños y sus padres y abuelos, que hablan otro idioma, y tienen una percepción muy distinta de la vida, con oficios sencillos, incluido el de cazador, que atrae al pequeño Assed. Acostumbrarse a una ambiente adverso, por climatología y por rechazo de los lugareños, no va a ser sencillo. Pero paulatinamente Anders se hace con un estilo existencial que le evita repetir el que parecía que debía seguir, ser agricultor como sus ancestros Hvidegaard hasta ocho generaciones. Samuel Collardey ha tenido sin duda en la cabeza el padre de todos los documentales, Nanuk, el esquimal, a la hora de contar su historia, donde se agradece que se eviten los buenismos ecologistas tan al uso en los tiempos que corren. Con humildad cuenta las cosas como son, quizá con una parsimonia que pondrá a prueba la paciencia del espectador. Pero le sirve para mostrar la belleza del entorno, el lujo que es tener agua corriente, la fe sencilla, la realidad de la muerte, lo importante de la actitud de no rendirse ni creerse superior a los demás, el ambiente de familia y camaradería...
6/10
(2019) | 63 min.
El día a día de un artista de la talla de Antonio López (1936), dibujante, pintor y escultor español de renombrado prestigio, célebre para el gran público por sus cuadros hiperrealistas. El director y guionista Nicolás Muñoz Avia captura imágenes de su trabajo cotidiano, del trato con sus colaboradores, de su labor frente al lienzo, de los martillazos a una escultura, de su atención en una exposición, etc., con un montaje que pasa de un ambiente a otro –el taller, la escuela, el exterior, la sala de exposiciones- con enorme frescura. Y de vez en cuando escuchamos en off la voz del artista que habla y reflexiona sobre diversos aspectos del arte, de su experiencia en el dibujo, la pintura, la escultura. También el mismo artista hace una leve semblanza de su vida, narra recuerdos de infancia y sus primeros anhelos artísticos, hasta que hizo sus primeros cuadros en el verano del 1949, de su marcha a Madrid, del encuentro en la Academia de Artes de San Fernando con quien sería su mujer, Mary. Hay algo en Antonio López, apuntes del natural que llama especialmente la atención, y es que el artista transmite una asombrosa humildad. Sus palabras, sus discusiones con sus colaboradores, las ideas que traslada a los pintores noveles están envueltas en modestia, una actitud que nunca parece una pose, que comunica una profunda autenticidad. Una de las expresiones que más repite en sus respuestas es “creo”, lo cual da idea de que está en las antípodas del super-ego del artista, del que impone su criterio por decreto, algo que al menos también se aprecia en sus gestos, en sus preguntas, en sus dudas. De este modo, el film sabe mostrar al artista, pero también al hombre. Muñoz Avia incluye en su película grabaciones y fotografías antiguas de Antonio López, tomadas a lo largo del tiempo. Son muy curiosas sus referencias a El sol del membrillo, el film que Víctor Erice dedicó al pintor. Y por supuesto a lo largo del relato podemos ver muchas de sus obras. Aunque sin duda lo más destacado de este film –poco más de una hora de duración– son las reflexiones del artista, un hombre para quien “la verdad está antes que la estética”.
6/10
(2018) | 110 min.
Película basada en hechos reales, que ya habían conocido una versión hollywoodiense rodada en 1987, La escapada de Sobibor. La que nos ocupa es de nacionalidad rusa, aunque en su producción también han intervenido Polonia, Alemania y Lituania. Describe la fuga más espectacular ocurrida en uno de los campos de exterminio nazis durante la Segunda Guerra Mundial, el de Sobibor, aunque previamente dedica mucho tiempo a la descripción de las vejaciones sufridas por los prisioneros judíos, que no sólo son gaseados en el caso de ser considerados inútiles para el trabajo, sino que en sus tareas cotidianas los otros resultan sometidos a continuas burlas y humillaciones, donde sus vidas penden de un hilo según sus reacciones y el humor cambiante de sus guardianes. Se trata de un film interesante sobre al anhelo de libertad y la capacidad de resistencia del ser humano ante las situaciones más adversas, pero resulta descompensado en su estructura narrativa y contiene pasajes muy violentos. Quizá Konstantin Khabenskiy –director y actor que compone a uno de los personajes principales, el oficial soviético prisionero Alexander Pechersky que orquesta la fuga– quiere incidir en las degradaciones que padecen los prisioneros, para hacer más liberador el momento de la catarsis, pero tal planteamiento resulta excesivo, se echa en falta un poco de humanidad, la apuesta es una atmósfera opresiva y desesperanzadora; también resulta un hándicap que los personajes estén definidos con trazos algo elementales, aunque se quiera subrayar la dignidad humana que se puede conservar y expresar, a veces con tan sólo una mirada.
5/10

Viernes 08 de Marzo de 2019

(2016) | 80 min.

Joy no es incapaz de olvidar a su ex, no consigue volver a enamorarse y no puede parar de acostarse con extraños. Esta es la historia de una joven de Tel Aviv que anhela tener algo íntimo pero también le aterra; que no para de hablar pero, en realidad, nunca dice nada.

(2019) | 124 min.
Karell, valiosa combatiente del ejército de los Kree, raza alienígena enfrentada a los skrull, seres que pueden cambiar de forma. Tras recibir entrenamiento por parte de Yon-Rogg, líder de su escuadrón, acaba en una escaramuza que no acaba bien, y como consecuencia se estrella en la Tierra, perseguida por el enemigo. En nuestro planeta encontrará pistas que le ayuden a esclarecer los fogonazos que le sobrevienen de un pasado que no recuerda, y recibirá la ayuda de un humano, Nick Furia, agente de la organización SHIELD, que no entiende muy bien qué está pasando. Puesto que Elektra, de 2005, fracasó en las taquillas, más por falta de calidad que por ninguna otra razón, han tenido que pasar catorce años para que otra superheroína de Marvel tenga su propio largometraje en solitario. A rebufo del éxito de Wonder Woman, de la competencia, DC, llegan a la pantalla las peripecias del personaje, creado por el guionista Roy Thomas y el artista Gene Colan, en 1968. Supone la primera cinta de la casa que tiene al frente a una mujer, Anna Boden, que la ha codirigido y coescrito con su pareja profesional, Ryan Fleck, con quien por ejemplo había elaborado el guión del film de profesor desorientado Half Nelson, dirigida por el segundo. Geneva Robertson-Dworet (Tomb Raider) ha retocado su libreto para darle agilidad y algo de humor. Se consigue imprimir algo de frescura a lo que no deja de ser una convencional historia del género, sobre todo porque no se muestra cronológicamente el origen de la protagonista, el espectador descubre su origen al mismo tiempo que ella, que sufre de amnesia. También se ha incluido algún giro eficaz, y se le da un aire nostálgico al relato, que transcurre en los 90, con referencias a elementos de entonces como los videoclubs, cibercafés, canciones de Nirvana, etc. Por supuesto, los sofisticados efectos especiales de rigor garantizan la suficiente espectacularidad. Tiene de fondo un mensaje positivo, que ensalza el valor de la perseverancia, lo importante sería seguir adelante, levantándose después de cada caída. Su principal acierto reside en que no carga las tintas en el discurso feminista, se limita a presentar a una mujer independiente, a la que Brie Larson dota sin despeinarse de cierta humanidad, estando a su altura Samuel L. Jackson, como la versión rejuvenecida de Nick Furia, presentado con más humor del habitual, aunque parte de las carcajadas las desata Goose, el gato. Se disculpa que el ritmo sea un poco irregular, y que le falte algo de tensión, porque la Capitana Marvel resulta tan poderosa que no parece que sus adversarios estén a la altura, ni que tenga un tendón de Aquiles.
6/10
(2018) | 100 min.
Una película de atracos que juega a la intriga, porque se guarda argumentalmente varias cartas en la manga. Seguimos a Raquel, que escoge cuidadosamente una sucursal bancaria de Bilbao para solicitar un crédito. Necesita 35.000 euros –o sea, 70 binladens, en el argot delictivo así se conocen los billetes de 500 euros–, para el tratamiento de una enfermedad de su hijita, o eso asegura al director de la entidad. Pero justo cuando se está tramitando loa operación, una pareja de ladrones asalta el lugar. Las cosas se complican y el atraco se convierte en una situación con rehenes, en toca negociar con dos especialistas de la ertzaintza, la policía autonómica vasca. Curiosamente Raquel va a convertirse en una especie de intermediaria, por la torpeza de los atracadores. Koldo Serra tiene a sus espaldas una larga década de experiencia como cineasta desde su debut en el largo de Bosque de sombras, un thriller que prometía más de lo que daba, ahí está la ambiciosa Gernika, sobre el bombardeo a esta población durante la guerra civil, que también dejaba parcialmente insatisfecho al espectador. El caso es que 70 binladens, sin ser una película perfecta, resulta mucho más redonda. El director maneja bien los recursos del género, con escenas típicas en torno al nerviosismo de los atracadores, la negociación con la policía y la actitud de los rehenes. Sin duda que lo más novedoso es el comportamiento singular de la protagonista, muy bien interpretada por Emma Suárez, su manejo de la situación, conversando con asaltantes y policía, despierta el interés acerca de por qué es alguien tan especial. Los toques humorísticos y de crítica social con la crisis económica y de valores como telón de fondo, pueden hacer pensar en El mundo es nuestro, pero los giros y sorpresas, y las conversaciones telefónicas, también remiten a la exitosa serie La casa de papel.
6/10
(2018) | 95 min.
Una película de ésas en que tardas en ubicarte, el relato es moroso, la información llega con cuentagotas y has de fijarte mucho para ir atando cabos. Con fotografía gris y desvaía, y una languidez capaz de sacar de quicio al espectador impaciente. Chela y Martina. Dos amigas. Más que amigas. Son pareja. Viven juntas. Imaginamos, por su edad, son sexagenarias, que desde hace muchos años. Les va mal económicamente, y aunque tienen una buena casa, parece ser que heredada, de ahí el título de la película, están vendiendo muebles, cuadros, cubertería, todo tipo de enseres, para sobrevivir. Para colmo de males, una deuda asumida por Martina con la firma de unos papeles ha propiciado que haya sido acusada de fraude y termine con los huesos en la cárcel. Chela va a verla de vez en cuando a prisión, e improvisadamente comienza a ganarse un sueldo como taxista, llevando a amigas y vecinas de su edad. En una de las carreras conoce a la joven y esbelta Angy, por la que empieza a sentir una fuerte atracción. Debut en el largometraje del paraguayo Marcelo Martinessi, también guionista. Entrega una historia de atmósfera muy triste y desoladora, que habla de supervivencia y miedo a lo que pueden ser ataduras, el ir tirando, y también a lo nuevo, que da miedo. Es delicada al tratar el lesbianismo, el deprimente sexo en solitario y la angustia en que se puede encontrar una mujer madura y sola existencialmente, no tiene a nadie a quien abrirse y expresar lo que siente. Ahí hace un gran trabajo, la protagonista Ana Brun, que fue premiada por su interpretación en el Festival de Berlín. La arropan bien el resto del reparto, todas mujeres, una apuesta que no deja de llamar la atención.
6/10
(2018) | 116 min.
Una película basada en hechos reales, describe el singular camino a la redención de Earl Stone, un octogenario experto en cultivar flores, ocupación que le ha llevado a recorrer a lo largo y a lo ancho los Estados Unidos, pero al precio de descuidar a su familia, esposa, hija, nieta, de los que se ha distanciado. En tiempos de internet su negocio se va al traste, pero casi por casualidad, le reclutan de un cártel mexicano para transportar droga, porque es la tapadera perfecta, además de un conductor seguro, con un historial sin multas. Acepta un encargo, y no más, sin querer saber muy bien lo que transporta, pero luego viene otro, y otro, y otro... El dinero viene muy bien para ayudar a las necesidades de ancianos, algunos veteranos de Corea, como él, e incluso a esa familia a la que ha perdido. Entretanto Colin Bates, un agente del FBI, con ayuda de su compañero Trevino, pisan los talones al cártel, y desean asestarle un golpe identificando y deteniendo a Tata, el sobrenombre de la "mula" que más kilos de cocaína está moviendo en este momento. Clint Eastwood dirige y protagoniza una agradable, inteligente y nada complaciente historia, que le va como anillo al dedo, y que en parte es complementaria de Gran Torino, de hecho comparte guionista, Nick Schenk. Aunque si ahí encontraba a una nueva familia tras la alienación producida con la suya, en la película que nos ocupa se trata de valorar lo que ha perdido, arrepentirse y aprovechar, tal vez, una segunda oportunidad. Estamos además ante una nueva reivindicación de la ancianidad y la experiencia de la vida, la posibilidad de poder tomar aún decisiones, y de aceptar la responsabilidad por las propias acciones, la vida sigue, y "aunque tengas 99 años, deseas cumplir 100". Rodada casi al mismo tiempo que otra película de cineasta legendario de edad similar, con personaje que se salta la ley y basada en hechos reales, The Old Man & the Gun, está claro que Eastwood gana la partida sobradamente a Robert Redford, su film es superior. La cinta, rodada con el elegante clasicismo que caracteriza al cine de Eastwood, donde convive el drama con leves apuntes humorísticos que dinamitan la omnipresente corrección política, presenta una gran humanidad en la definición de los personajes que pululan alrededor de Earl, y que se encuentran en tres campos, fundamentalmente: el familiar, donde destacan la esposa, Dianne Wiest, la hija, Alison Eastwood, y la nieta, Taissa Farmiga; el del narcotráfico, donde a pesar de ser unos mafiosos, matones sin demasiados escrúpulos, les dota de rasgos humanizadores, ya sea el jefe del cártel de la vieja guardia, Andy García, o las "niñeras" a los que da sabios consejos a pesar de sus malos modales; y el policial, donde tienen cierta magia las escenas que comparten Eastwood y Bradley Cooper, pues ambos podrían estar tropezando en la misma piedra del descuido familiar. Inclusos los más secundarios, e incluso sin diálogo, están muy bien perfilados, con actores bien seleccionados para interpretarlos.
7/10
(2018) | 101 min.
Halla es una mujer en la cincuentena que se dedica a la música. Directora de un coro, es soltera y vive sola en Reikiavik. Pero Halla tiene un secreto: es quien está detrás de los actos de sabotaje eléctrico que se están cometiendo en los alrededores de algunas industrias establecidas en Islandia. La opinión pública y la policía están cada vez más alerta. Pero Halla no ceja en su empeño. Es su modo de protestar contra el daño que se está infringiendo al medio ambiente y está dispuesta a combatirlo por todos los medios. Una película demasiado marciana. El espectador espera en vano que al paso de los minutos la cosa se equilibre, que escampe de algún modo el aire de comedia dramática surrealista, pero La mujer de la montaña no abandona nunca esa etiqueta, con una protagonista que no acaba de hacerse entrañable, cercana, verosímil (sus aptitudes para el camuflaje le dejan a uno perplejo). Podemos lógicamente entender sus motivaciones ecológicas, compartir su desacuerdo con las decisiones políticas que entregan la explotación de la naturaleza a las grandes industrias, a potencias económicas mundiales, pero esa denuncia ideológica del relato debería encontrar su sentido en la historia personal de Halla. Y es ahí donde la cosa no acaba de funcionar. Porque la implicación es mínima. Bien interpretada por Halldóra Geirharðsdóttir, la conocemos sin embargo muy poco, sus aventuras son demasiado estrambóticas y fantasiosas, y dentro del conjunto la subtrama de la adopción no es más que un aderezo sentimental artificioso, no digamos la presencia clave de la hermana gemela. Es cierto que el film es original. La atmósfera de cuento surrealista está enormemente acentuado con una puesta en escena que rompe la narrativa tradicional. La banda sonora está interpretada en vivo en las propias escenas de la película. Da igual que la localización sea en medio de los inmensos páramos de tundra, en el tejado de un edificio, en una cocina o en un orfanato ucraniano, ahí están los músicos de la banda interactuando visiblemente con la protagonista e incluso modelando la trama. El director Benedikt Erlingsson (De caballos y hombres) explica: “Se podría decir que cada vez que un músico está frente a la cámara tocando, el cineasta pone comillas alrededor de la escena, recordándonos que estamos en medio de una ficción y que detrás de toda esta pretensión hay un mensaje o una conclusión a la que el público debe llegar”. Una reflexión que también puede hacer referencia a la insistencia de la policía por detener continuamente al pobre turista mexicano como chivo expiatorio.
4/10
(2018) | 93 min.
Tras romper con su novia, Sam acude a su casa para recoger una caja con cintas que ha grabado. Pero la muchacha está dando una fiesta con amigos, tan ruidosa como multitudinaria, así que resulta complicado hablar con ella; al final la ex le sugiere que espere en una habitación, donde enseguida se reunirá con él. Tras pasar algún tiempo, no hace acto de presencia, por lo que Sam acaba derrotado por el sueño. Al despertar, la casa está llena de cadáveres, mientras que en las calles el panorama no resulta más alentador… Tras la sobreexplotación de las películas y el cine de zombies, resulta complicado darle al subgénero algo de frescura. Lo consigue en cierta medida el debutante Dominique Rocher, que adapta una novela de Pit Agarmen. Pese a que recurre a los tópicos del género, ha compuesto un film intimista, que reflexiona sobre los efectos de la soledad; el metraje se centra en el deterioro que va sufriendo el protagonista, y en una de las secuencias más interesantes llega a encerrar a un zombie en el ascensor para tener con quién hablar. Resulta meritorio el trabajo del actor Anders Danielsen Lie (Personal Shopper), que sostiene sin ninguna compañía la mayor parte de la cinta. Por desgracia, tras un arranque prometedor, el film se estanca en cierta medida, repitiendo las rutinas diarias del protagonista, y le falta algo de tensión. Se recupera medianamente con un final que no está mal del todo.
5/10
(2019) | 92 min.
En su cumpleaños la reina Isabel II recibe un regalo inesperado de su marido Felipe: un perrito corgi llamado Rex. Desde ese momento la mascota se convierte en la favorita de la reina, algo él asume con arrogancia, lo cual no es visto con muy buenos ojos por sus otros compañeros perrunos, que llevan ya tiempo viviendo en palacio. Uno de ellos querrá por eso usurpar el lugar de Rex y planeará deshacerse de él. De la noche a la mañana el hogar del pequeño corgi pasará de ser un palacio para convertirse en una perrera. Los corgi (en galés “cor-gi”, perro enano) son una raza de perros originarios de Gran Bretaña, de talla pequeña y pelaje pardo y blanco. Durante muchos años estos perros han acompañado a la reina Isabel II de Inglaterra desde que su padre le regalara tres de ellos cuando tenía seis años, aunque ya ninguno habita en el Palacio de Buckingham. Este film animado de producción belga se apoya en tales hechos verídicos para narrar una simpática aventura de trazas en general bastante clásicas, con una gran calidad de dibujos, bastante coloridos, y un ritmo ágil muy adecuado para no perder el interés. Pero el resultado no es memorable. Aunque la película de Ben Stassen está claramente dirigida a un público infantil, llama un poco la atención que el guión de Rob Sprackling y Johnny Smith incluya algunos gags un tanto chuscos o cuando menos no demasiado finos si tenemos en cuenta a quién va destinado. Ese tono moderno y desenfadado de Corgi. Las mascotas de la reina sí funciona en cambio en otros momentos. Para los espectadores más adultos lo mejor serán sin duda las apariciones norteamericanas del presidente Trump y Melania, así como los refunfuños de Felipe de Edimburgo. Para los niños, sin embargo, se llevarán la palma las escenas en la perrera –las peleas, la historia de amor– y las trastadas perrunas en el palacio. De fondo quedan los mensajes acerca del error de creerse por encima de los demás y la convicción de que el verdadero regalo es tener buenos amigos.
4/10
(2018) | 100 min.
Una película que invita a pensar sobre las cosas que hacen que la vida merezca la pena. Sigue a Alain Wapler, un empresario de fama mundial, de los mejores en la industria automovilística, que está a punto de lanzar al mercado un nuevo coche eléctrico, una rueda de prensa donde espera hacer uso de su célebre dialéctica. Hiperactivo y con la agenda completa las 24 horas del día, sólo vive para el trabajo, quizá un refugio desde que enviudó, pero donde le toca pagar la factura a su hija de 19 años, a la que apenas presta atención. Un inesperado (para él) ictus le obliga a pisar el freno. Por fortuna, han podido atenderle a tiempo, pero deberá atravesar un lento proceso de rehabilitación, en que le presta especial ayuda Jeanne, una logopeda, para mejorar su ahora limitado habla. Entre las dudas de si será capaz de presentar en Ginebra en público el esperado nuevo automóvil, quizá lo importante es que tal vez empiece a ver la existencia con otros ojos. El desconocido Hervé Mimran adapta con inteligencia el exitoso libro autobiográfico de Christian Streiff “J'étais un homme pressé”, donde cuenta su experiencia personal de “hombre bajo presión”, continuamente estresado, y que debe someterse a un auténtico proceso de reeducación, en que el aprendizaje de tareas que damos tan por supuesto como la capacidad de hablar y explicarnos, sirven para asimilar una lección aún más valiosa, la de que la vida es un regalo que hay que saber aprovechar. Necesitamos sin duda el humanismo en la empresa, no somos máquinas, es una idea que recorre con fuerza el film. Aunque un derrame cerebral y sus consecuencias constituyen de entrada una situación dramática, lo cierto es que Mimran sabe imprimirle también un lado divertido, a partir de las limitaciones y los cambios involuntarios en las palabras que hace el protagonista –magnífico Fabrice Luchini, con una buena vis cómica–, cambiándoles el sentido –la idea se utiliza de un modo muy original en los títulos de crédito finales–, o con la necesidad de adaptar su decidido carácter a la nueva situación. Ahí juegan un buen contrapunto la paciente logopeda, y un celador del hospital donde está ingresado, siempre alegre y con un gran sentido del humor. Una relación que el film sabe desarrollar es la de padre e hija. En efecto, los lazos se estrechan tras el colapso paterno, con los cuidados que ella le presta, y la recién descubierta atención que él tiene con ella, y que sirven para desarrollar una subtrama hacia el último tercio inesperada, la de la preparación de ambos para hacer el Camino de Santiago.
6/10
(2018) | 93 min.
Una cansina película sobre las tribulaciones de Fadil para sacar adelante a su familia con el telón de fondo de las circunstancias políticas que atraviesa Kosovo a principio de los años 90, cuando se suspende la autonomía de este territorio de una Yugoslavia en descomposición, y los serbios tratan de mantener su dominio frente a los albanos. El director y coguionista Ismet Sijarina trata de mostrar los dilemas morales del protagonista, que debe pensar en su familia y no arriesgar su trabajo, lo que algunos pueden interpretar como una suerte de colaboracionismo con las autoridades. Lo hace de un modo algo gris, sin lograr implicar emocionalmente al espectador, quien se supone debe conocer perfectamente el contexto histórico del film, lo que tal vez sea demasiado suponer, recursos como el muy presente retrato de Slobodan Milošević no son suficientes. El frío invernal y el calor del hogar parecen sugerir una metáfora, acerca de lo que es una decisión racional donde también debe intervenir el corazón.
5/10
(2018) | 111 min.
Lírico documental de creación dramatizado, rodado en blanco y negro, que reflexiona sobre los desplazamientos y el exilio a los que obligan las diferencias políticas y la persecución de los regímenes autoritarios. Está planteado en clave bidireccional, manejando distintos planos temporales, con los Pirineos como frontera que se atraviesa en uno u otro sentido: soldados del bando republicano cruzan en dirección a Francia en 1939, cuando concluye la guerra civil española, y unos meses después el pensador Walter Benjamin, en 1940 y durante la Segunda Guerra Mundial, emprende rumbo a España huyendo de la Alemania nazi y el régimen galo de Vichy. Respaldado por el inquieto productor español Lluís Miñarro, con los italianos Fabio Parente y Marcello Fagiani, el trabajo de Fabrizio Ferraro resulta de difícil visionado por su ritmo parsimonioso, donde apenas ocurre nada, y en que el espectador puede revivir lo que suponían las largas caminatas por la montaña. Sin apenas diálogos, y con la música frecuentemente ausente, escuchamos ruidos naturales, los pasos al andar, la respiración fatigosa, las canciones junto a una fogata, el sonido del viento... Los actores que encarnan a los personajes, se limitan a estar, se prescinde de cualquier intento de crear una acción dramática al uso. Este naturalismo acerca el film al cine experimental, y puede agotar al espectador impaciente. Aunque la fotografía y la composición de los planos están muy cuidadas. No resulta menos ardua la parte dedicada a Benjamin: también el silencio domina en el pasaje de la biblioteca, hasta que en una larga conversación departe con otro filósofo, tal vez Theodor Adorno, sobre certezas e incertidumbre, o la influencia de Friedrich Nietzsche. Los momentos de parrafadas, por ejemplo cuando se incluyen en off fragmentos de lo que está escribiendo, invitan a considerar que el pensamiento de un filósofo exige la palabra escrita, un libro sobre el que uno puede detenerse y reflexionar, en una película las ideas se las puede llevar literalmente el viento. De todos modos, hay que reconocer la capacidad de riesgo de Ferraro, incluido el largo plano sostenido que cierra el film con Benjamin acostado a la intemperie. Además se evita entrar en el terreno especulativo sobre la muerte del filósofo, siempre considerada un suicidio, pero que mentes conspiranoicas no dejaron de atribuir a Stalin o incluso a Franco.
6/10

Jueves 14 de Marzo de 2019

(2017) | 131 min.
Tokio, ciudad ahora conocida como Edo, ha sido conquistada por los Amanto, una raza de alienígenas disfrazados de animales que derrotaron a los humanos. Después de que a éstos se les haya prohibido llevar espadas, los samuráis han entrado en decadencia. Es el caso del perezoso Gintoki Sakata, de cabello plateado, que convive con su aprendiz, Shinpachi, y Kagura, una adolescente alienígena. Los tres se ven abocados a llevar a cabo todo tipo de trabajos para pagar el alquiler, como por ejemplo, capturar clases exóticas de escarabajos, por los que pagan una sustanciosa remuneración. Adaptación en imagen real del manga homónimo de Hideaki Sorachi, que ya había dado lugar a una serie de anime que cosechó un enorme éxito. De presupuesto insuficiente, cuenta con efectos especiales de muy mala calidad, escenarios grotescos, vestuarios surrealistas, y actores exageradísimos, empezando por Shun Oguri, que abusa de las muecas absurdas, en su interpretación del protagonista. Tiene cierta gracia el arranque, por su imitación de los típicos planos de animación japonesa, pero con personas reales, y por el delirante argumento, lleno de humor –a veces demasiado pueril–, y de referencias a otros títulos nipones. Sin embargo, en un punto determinado comienza un interminable combate, que posiblemente hará las delicias de los niños nipones, pero que aburrirá mortalmente al resto del público. Además, algunos datos parecen dirigidos a quienes estén familiarizados con el material previo, por lo que no se entienden.
4/10

Viernes 15 de Marzo de 2019

(2016) | 90 min.
La historia del escritor y teólogo británico John M. Hull, que en el año 1983 se quedó completamente ciego debido a una enfermedad en la retina. Terriblemente frustrado se dio cuenta de que si no lograba entender de algún modo lo que le estaba pasando no podría superar la situación, no podría seguir dando clase y sería un lastre para su familia. Para tal fin empezó a grabar un diario en su magnetofón, donde quedaron plasmadas sus reflexiones, emociones, miedos, dudas, etc., derivadas de su discapacidad visual. Los directores Pete Middleton y James Spinney han recolectado ese material grabado y han confeccionado un guión elaborado a partir de las palabras de Hull. El resultado es una película, desde luego original, que anda a caballo entre el documental y la ficción, si bien tiene mucho más de documental, en tanto en cuanto aquí lo importante es la voz del narrador. Los directores han echado mano de actores para recrear las vivencias del protagonista en su casa, en su despacho, en la universidad, con sus hijos, en el campo con sus padres, pero los intérpretes vienen a ser poco más que figurantes en una historia que es por encima de todo un ejercicio de interioridad. Como dice el título, Contemplación es cine pausado, reflexivo, nada comercial. Middleton y Spinney han optado por una puesta en escena donde priman imágenes oscuras, interiores opacos y recargados, tristones, con partes borrosas, etc., en un intento por trasladar a la pantalla, en la medida de lo posible, las sensaciones del protagonista, para quien con el paso de los días, de los meses y de los años se fueron desdibujando de su memoria hasta los rostros más queridos. Sin embargo, tal elección cromática de los cineastas junto con la propia naturaleza del discurso narrativo hace que la película sea algo plúmbea en líneas generales, pesarosa, escasa de vitalidad. Eso no quita que haya momentos de gran belleza, como cuando irrumpe la lluvia y el protagonista es capaz de “ver” con otros ojos el mundo que le rodea. De cualquier forma, lo más positivo es seguramente poder conocer la ejemplar historia de John M. Hull, quien llega a afirmar que “su ceguera es un don –aunque un don, explica, que no se desea ni para uno ni para nadie– y por tanto no hay que preguntarse su porqué sino lo que se está dispuesto a hacer con él”.
5/10
(2018) | 111 min.
Primera película hollywoodiense del belga flamenco Felix Van Groeningen, que logró sorprender en 2012 con Alabama Monroe, película con la que Beautiful Boy tiene bastantes puntos en común, una suerte de narración desestructurada, con elementos impresionistas del pasado, y el dolor de unos padres por los padecimientos de sus hijos. Basada en hechos reales, narrados en dos libros por uno de sus protagonistas, el periodista David Sheff, describe la adicción de Nic Sheff, su joven hijo, a todo tipo de drogas, y sus esfuerzos por desengancharse. Una lucha de años, donde su padre, divorciado y vuelto a casar, con dos hijos del nuevo matrimonio, presta toda su ayuda, sufriendo hasta la extenuación. La película tiene fuerza, y todo el reparto está espléndido, aunque es obligado destacar a Steve Carell y Timothée Chalamet, padre e hijo, muy convincentes, el primero en su rol de padre preocupado que se siente impotente, y el otro como drogadicto que quiere pero no puede vencer su adicción, también están muy bien Amy Ryan y Maura Tierney, aunque su presencia e importancia es menor. La inclusión en roles secundarios de Timothy Hutton como médico asesor de David –que era un hijo necesitado de ayuda al que su padre no lograba acceder en Gente corriente– y de Andre Royo como padrino del hijo que busca desengancharse –era el confidente que se movía entre camellos de The Wire–, puede interpretarse como singular subtexto del film. El principal problema del film, que no pueden ocultar esas vueltas al pasado como fogonazos, es que la trama no deja de resultar algo lineal y repetitiva, “recaída y recuperación”, se nos dice explícitamente, con lo que sólo cabe jugar con la idea de que el pozo es cada vez más profundo, y puede llegar el momento en que el enfermo no pueda salir de él. Además, se acaba tensando demasiado la cuerda de jugar la carta de la dureza, evitando los buenismos, con la sensación de que el amor y estar ahí no basta para ayudar al ser querido a vencer su dependencia de las drogas, de modo que un pasaje en que la madre del chico llama a su ex marido, con la reacción de éste, no acaba de encajar de todo en lo que hemos visto hasta ese momento.
6/10
(2019) | 120 min.
Simpática cinta juvenil de aventuras, escrita y dirigida por Joe Cornish, que llamó la atención con la curiosa película de serie B Attack the Block, de 2011, pero que curiosamente no había vuelto a ponerse tras la cámara desde entonces. También ha participado en los guiones de Las aventuras de Tintín: El secreto del Unicornio y Ant-Man. No es baladí traer a colación el “background” de Cornish, pues sirve para entender este nuevo esfuerzo aventurero, muy personal, para acercar el universo del ciclo artúrico al público más joven, con numerosos guiños a sagas que les resultarán más conocidas, son citadas explícitamente Harry Potter, El Señor de los Anillos y La guerra de las galaxias. Alex es un chaval al que le toca vivir en un mundo cínico, el nuestro contemporáneo, con divisiones políticas, número creciente de dictadorzuelos y frivolidad juvenil. Conserva un fondo idealista, que considera el legado de su padre, que salió de su vida siendo niño, ha sido su madre la que le ha criado y sacado adelante. Pero parece que su optimismo se quiebra cuando defiende a su fiel amigo Bedders del acoso escolar de dos compañeros grandullones y abusones, Lance y Kaye. Huyendo precisamente de ellos una noche, Alex recala en una obras de construcción, donde encuentra una espada hundida en una piedra. ¿Se tratará de la mítica Excalibur? Él logrará sacarla de ahí, y es que es el elegido para salvar al mundo de la amenaza de Morgana, que acecha de nuevo para hundirlo en la oscuridad, como solía en tiempos del rey Arturo. Alex irá tomando conciencia de su misión animado por Bedders, y por la aparición de un excéntrico compañero nuevo de clase, Mertin, que en realidad es el viejo mago Merlín. Cornish entrega una película muy entretenida, que quiere ser una parábola válida para los tiempos actuales, en que trata de señalar a los más jóvenes que no deberían contagiarse del pesimismo desesperanzado de los adultos. De modo que ensalza virtudes como la camaradería, el espíritu de sacrificio, el confiar en los demás, el perdón y las segundas oportunidades, el amor que debemos a los seres queridos. Aunque quizá en algunos pasajes se alarga en exceso, con la ración empalagosa de efectos visuales que parece obligatoria en el cine actual, logra una pergeñar una trama que atrapa, casi siempre ágil, que sabe combinar los momentos emotivos con los humorísticos. Funciona muy bien la relación entre Alex y Bedders, encarnados por los jóvenes Louis Ashbourne Serkis –hijo del actor Andy Serkis– y Dean Chaumoo, que hacen pensar en Frodo Bolsón y Sam Samsagaz de El Señor de los Anillos. Entre los actores adultos puede reconocerse a Patrick Stewart encarnando al mago Merlín adulto; cuesta más ver a Rebecca Ferguson como Morgana, la villana de la función, por los efectos especiales.
6/10
(2018) | 100 min.
Simpático anime escrito y dirigido por Mamoru Hosoda, responsable de El niño y la bestia, que combina ingeniosamente una historia doméstica con los elementos fantásticos. Sigue una trama de “príncipe destronado”, Kun es un mimado chaval de cuatro años que ve cómo pasa de ser el centro de la atención de sus padres y abuela, a pasar a un segundo plano cuando nace su hermana pequeña, Mirai. Empiezan a asaltarle unos celos insufribles, que le llevan a caer en berrinches fuera de lugar. Sin embargo, en el jardín de su casa empiezan a producirse extraños fenómenos. Su perro adopta una forma humana y trata de darle una explicación de los sentimientos que se han apoderado de él. Y también se le presenta su hermana Mirai en el futuro –precisamente su nombre en japonés significa futuro–, ya una adolescente, y otros personajes de su familia en diferentes etapas de su vida, que le transmiten valiosas acciones. Con una animación ocurrente, que se nota que ha acudido al uso del ordenador en las impactantes tomas aéreas, Hosoda tiene la habilidad de combinar las pequeñas tragedias cotidianas –aprender a montar en bicicleta– con el humor, esto último en la divertida escena en que que Kun, ayudado por los personajes de sus visiones, debe recoger un juego de muñecas para evitar cierta maldición. La narración incorpora cuestiones como el hecho de que marido y mujer comparten tareas domésticas, e incluso a veces el esposo puede que tenga que hacer un esfuerzo extra ante las obligaciones profesionales de ella. Y el pasaje en la estación de tren donde Kun se siente abrumado tiene un encanto que no se recordaba en ese entorno desde La invención de Hugo.
7/10
(2019) | 92 min.
Al salir de la cárcel, el embaucador sudamericano Diego le propone a León, taxista acuciado por las deudas a punto de convertirse en padre, que le transporte en su vehículo a Gibraltar; tiene una buena razón para ir hasta allí que no le desvela, pero está dispuesto a pagarle una buena cantidad por la carrera. Por el camino se les unirá Sandra, alocada joven que tras una despedida de soltera ha decidido dejar atrás su vida anterior. Segundo trabajo como realizador del bonaerense Alejo Flah, que inició su singladura como guionista de la miniserie Vientos de Agua, de Juan José Campanella, nada menos. Como su ópera prima, Sexo fácil, películas tristes, tiene cierto nivel, contrasta a personajes españoles con argentinos, y mezcla drama con comedia sencilla, pero elegante. Pero también tiene el mismo defecto, pese al innegable talento como narrador de historias de su responsable, le falta algo, y no resiste comparaciones con buenos filmes de chófer y pasajero, como Green Book, ganador de tres Oscar, con personajes de mayor tirón, que aprenden mucho más el uno del otro. Al menos, Flah logra algún momento divertido, sobre todo los que están protagonizados por una pareja de guardias de Gibraltar, que como llanitos mezclan inglés y español con acento del sur con mucha gracia. Resulta destacable el trabajo de Dani Rovira, que se esfuerza en componer un personaje algo distinto al del resto de su filmografía, pues se trata de un tipo irascible, pero el actor le da cierta humanidad. También resultan cercanas las composiciones de Joaquín Furriel e Ingrid García Jonsson.
5/10
(2018) | 97 min.
1937. En la cima de su popularidad, Laurel y Hardy están peor pagados que otros cómicos. El primero amenaza con dejar la productora de Hal Roach, seguro de que su compañero seguirá sus pasos, pero éste no lo hace. Dieciséis años más tarde, ambos están en decadencia y sufren problemas financieros, así que aceptan una gira por Reino Unido, que les servirá para apoyar su nuevo proyecto de película, una parodia de Robin Hood. Cinco años después de la prometedora pero no del todo redonda Filth, el escocés Jon S. Baird firma un retrato crepuscular de una de las grandes parejas cómicas del cine, a partir del libro “Laurel and Hardy: The British Tours”, adaptado para la pantalla por Jeff Pope, guionista de Philomena, que contaba también con Steve Coogan como protagonista. Describe sobre todo el lado trágico de la pareja, oculto tras sus hilarantes trabajos, Laurel no le ha perdonado a su socio lo que considera una traición que les ha perjudicado gravemente, mientras que Hardy tiene problemas con el juego, y con su salud, pero ambos están unidos por una enorme amistad, que por mucho que se ponga a prueba parece subsistir siempre. También se trata la fugacidad de la fama, en el caso concreto de estos intérpretes, conocidos en España como El Gordo y el Flaco, debió resultar duro –como se comprueba en un momento clave del film– que el público les sustituyera por Abbot y Costello, que aparentemente trataban de imitar su estilo de humor, pero con mucho menos talento. El director logra un film conmovedor, al tiempo que se luce con algunos segmentos destacados, como el travelling inicial en un estudio de cine, que recuerda a El juego de Hollywood, o cuando repite alguna secuencia con pequeñas diferencias y logra dar a entender que los protagonistas se han pasado de moda o que lo que resulta hilarante en pantalla, puede resultar dramático en la vida real. Con ayuda de los diseñadores de prótesis y un excelente maquillaje, el citado Coogan –en su mejor trabajo– y el camaleónico John C. Reilly –en un nuevo acierto– se mimetizan, parecen realmente los biografiados, y son capaces de dar humanidad a dos personajes que para la mayor parte del público son iconos. Pese a su buen hacer, consiguen robarles puntualmente la función Nina Arianda y Shirley Henderson, que encarnan respectivamente a la enérgica y descarada Ida, esposa de Laurel, y a la minúscula mujer de voz chirriante Lucille, señora de Hardy. Lo describe muy bien uno de los personajes del film, en una escena en la que al verlas sentencia: “tenemos dos parejas cómicas por el precio de una”.
7/10
(2018) | 97 min.
Notable debut en el largometraje de ficción del cineasta egipcio A.B. Shawky, director y guionista, que ha trabajado con su esposa Dina Emam, productora del film. Describe la peripecia de Beshay, que vive en la colonia de leprosos de Abu Zaabal en Egipto desde que era un niño, su padre le dejó ahí asegurando que volvería a buscarle cuando estuviera curado, pero nunca volvió a saber de su familia, a pesar de superar la enfermedad, sólo le queda la deformación del cuerpo y rostro, con llamativas cicatrices. En el mismo lugar hay diversas instalaciones, un centro psiquiátrico, donde se encuentra su esposa, y un orfanato, donde vive el niño nubio Obama. Cuando muere la esposa de Beshay, éste decide intentar la aventura de localizar a su familia. Se colará en su carro tirado por un burro Obama, que también anda a la búsqueda de un lugar en el mundo. Estamos ante una emotiva película, que se atreve a hablar de los desheredados de la Tierra, de los que una sociedad occidental acomodaticia con frecuencia desea saber lo menos posible, cerrar los ojos y hacer como si no existieran. También es un film que invita a arriesgarse y no quedarse encerrado en un rincón, hay que ver mundo y descubrir la propia verdad familiar, aunque pueda ser dolorosa. Aunque contiene momentos duros, y muestra la tremenda realidad que le toca vivir a Beshay y a algunos amigos "freaks" que hace en el camino, destaca el tono de fondo optimista y esperanzado, incluso con algún momento humorístico. Y es que el simple hecho de vivir es una bendición, sobre todo cuando das y recibes amor. Se puede carecer de todo, pero tener un corazón compasivo, no tiene precio, es un auténtico tesoro, como se ve en el film. Aunque la fotografía del argentino Federico Cesca refleja una realidad, por ejemplo, la de los vertederos de basura, es bella, con tonalidades muy cuidada. Y la música de Omar Fadel, se convierte en buen refuerzo de las ideas positivas que atraviesan el film. Shawky concede al film un formato de singular "road-movie", ya nos movamos en carro, a pie, en tren o en camioneta. Los encuentros y situaciones sirven para ofrecer un rico cuadro de Egipto, donde vemos la realidad de la convivencia de distintas religiones: Beshay es cristiano, y Obama musulmán, y podemos ser testigos de oraciones en una mezquita, o intuir que el hombre con el que el primero llega a compartir celda, es de los Hermanos Musulmanes, aunque no se diga explícitamente. Aunque la lepra es una enfermedad en extinción, se nos propone cómo un mal físico puede producir miedo y rechazo, convertirse en un estigma, lo que da pie a una poderosa escena en un tren que rinde homenaje nada disimulado a El hombre elefante. Aunque ninguno de los dos es actor profesional, están muy bien y son muy naturales, el auténtico leproso Rady Gamal y el niño Ahmed Abdelhafiz.
6/10
(2018) | 107 min.
Tras cuatro meses de cautividad en Siria, el periodista de guerra treintañero Gabriel es repatriado a París. Para tratar de curarse del trauma viaja a Goa, la región de La India donde pasaba los veranos durante su infancia, antes de que sus padres se divorciaran. Allí se reúne con Monty, su padrino, millonario local que posee un hotel de lujo, pero durante su estancia empieza a sentirse atraído por Maya, la hija de diecisiete años de éste. Consagrada ya como una de las cineastas más importantes de Francia, Mia Hansen-Løve rompe con su filmografía anterior, con un trabajo en el que la acción transcurre casi por completo en otro país; casi parece que la autora pretende tomarse un paréntesis en su vida, como el propio protagonista, para meditar sobre una serie de temas, algunos ya tratados anteriormente, como las crisis de identidad y sobre todo el idealismo juvenil contrapuesto al pragmatismo de los adultos, y el mundo de las clases acomodadas, lo que le da pie a criticar a las élites económicas por su frivolidad. Esta vez aborda también la dificultad de superar un secuestro, y las consecuencias del terrorismo del ISIS. De ritmo pausado, la cámara se recrea muchas veces en el periplo del protagonista, por ejemplo sigue con parsimonia sus desplazamientos en moto, muestra el paisaje de los alrededores, o se detiene en detalles costumbristas locales. De puesta en escena elegante, se aprovecha muy bien la expresiva mirada de Roman Kolinka, habitual del cine de la realizadora, que ha aparecido como secundario en Edén y El porvenir, por una vez en el papel principal. Están a su altura con naturalidad el resto de actores, demostrando un gran talento sobre todo la debutante Aarshi Banerjee, en el papel que da título a la cinta. Choca a veces la frialdad con la que se comporta el protagonista, por ejemplo tras el encuentro con su madre. A algunos espectadores algunos puntos del argumento les recordarán a Call Me By Your Name (2017), de Luca Guadagnino, pues aunque sea en versión hetero, también recrea el romance de un amigo de la familia con un menor de edad, en este caso una chica. Falta quizás algo de hondura en la resolución de la historia, y un poco de pasión, y una diferencia notable es que aquí el padre no se tomaría nada bien enterarse de semejante acercamiento.
6/10
(2019) | 99 min.
Seis personas son invitadas a participar en un misterioso juego con la posibilidad de ganar un cuantioso premio económico. Sin saber de qué se trata, serán convocadas en un edificio y los cuatro hombres y dos mujeres se conocerán en una sala de espera. Pronto se darán cuenta de que han quedado allí encerradas y sólo encontrarán la salida a base de ir reuniendo las pistas ocultas en la estancia. Sus vidas están en juego. Entretenimiento banal dirigido por Adam Robitel, responsable de Insidious. La última llave, cuyo agobiante planteamiento de varios individuos encerrados en un espacio cerrado que han de ir pasando pruebas si quieren sobrevivir remite a títulos como Cube o la española La habitación de Fermat (la escena inicial parece sacada del film de Luis Piedrahita y Rodrigo Sopeña). El problema de Escape Room es que después de atravesar una o dos estancias, el desarrollo del guión resulta inevitablemente muy reiterativo y además el hallazgo de las pistas es en la mayoría de los casos altamente casual e inverosímil. El film procura enriquecer la trama al dar algunos datos sobre la vida de los participantes, pero lo cierto es que acaba siendo pura información de relleno y no se explotan convenientemente las capacidades de cada personaje. Hay que reconocer, no obstante, un esfuerzo de producción en la invención de los escenarios, llenos de enigmas y trampas. Algunos funcionan especialmente bien, como la sala de billar; otros son totalmente fallidos, como la habitación psicodélica. De entre el reparto destacan especialmente tres nombres: Taylor Russell (Blackwood), Logan Miller (Zombie Camp) y Deborah Ann Woll (Daredevil).
4/10

Viernes 22 de Marzo de 2019

(2019) | 108 min.
Salvador. Un español, director de cine, que triunfó en los 80 en la escena internacional. En lo relativo a su producción artística, en la actualidad se encuentra varado en el dique seco. Se le acumulan las molestias físicas, de columna, y dificultades para tragar, más terribles migrañas, un cuadro que le sume en la depresión y le lleva a estar acostado gran parte del día. En un estado de duermevela afloran recuerdos de infancia en su pueblo natal, de su querida madre Jacinta, de su gusto por la lectura y el cine, del único modo de acceder a la educación. Ello coincide con el reencuentro con Joaquín, protagonista de uno de sus éxitos, con el que terminó mal, siempre le reprochó su adicción a la heroína. Curiosamente otros dolores del alma le llevan a entablar con él una nueva relación, y a sumergirse él mismo en la droga, el comienzo de un inesperado camino que le posibilitará cerrar heridas y tal vez volver a crear. Pedro Almodóvar, director y guionista, como es norma, se pone en esta ocasión más serio de lo habitual, los años pasan, la gravedad se va imponiendo en su cine. “¿Drama o ficción?” le pregunta su médico a Salvador cuando le habla de un nuevo proyecto, y la respuesta del personaje interpretado por Antonio Banderas, su escueto “no sé”, explica parte del secreto del nuevo film del manchego, de claros tintes autobiográficos, hasta el aspecto físico del protagonista se asemeja a Almodóvar, aunque por supuesto, ficcione. Estamos ante una obra muy personal, estructurada en un presente donde los flash-backs asoman con fluidez, en que trata cuestiones muy queridas, la del amor al cine y todo lo que le rodea, pero también el modo en que nos marcan nuestras raíces. El tema de la madre, cómo influye en la vida de las personas, y concretamente en la suya, ya lo había tratado antes Almodóvar. Aquí insiste, aunque sacando a la luz, no sólo lo que es una amorosa y entrañable relación maternofilial, sino también los reproches y la conciencia de decepcionar a ese ser querido, con comportamientos y actitudes que no se pueden compartir, aunque el amor no cese, en una y otra dirección. Al tratarse de una película muy almodovariana, exige una complicidad para conectar con su estado emocional, quien carezca de tal complicidad reconocerá una obra hábil, bien diseñada, llena de guiños personales, cuidada hasta los últimos detalles visuales –decorados, atrezzo– y sonoros, canciones como la del río de Rosalía, las menciones a Chavela Vargas, los libros como subtexto... Pero tal vez los reencuentros y rememoraciones, los amores homosexuales del protagonista y la evocación del primer chispazo de deseo sexual, introducidos con demasiados “deus ex machina”, le resulten artificiosos, algo forzados. Igual que la insistencia en las drogas, la explicación de las “asignaturas” de geografía y anatomía, o el preparado de los fármacos pulverizados para una más fácil ingesta. El director ama sin duda a los personajes, y se agradece una mirada amable, no es ésta una película de ajustes de cuentas ni amarga. Estamos ante una reivindicación del arte como forma de vida, no sólo en el sentido de ganarse un sueldo, sino como casi la única forma de seguir existiendo y soportando este mundo y encarar la inevitable muerte, de encontrar algo parecido a la fe que mueve montañas cuando se carece de una fe religiosa. Y esto, y ciertas pulsiones de puro sentimiento, son las emociones a las que caba agarrarse en el claroscuro de la vida, llena de dolores, y en que los momentos de gloria, desde el punto de vista almodovariano, son escasos y esquivos. Da gusto ver un conjunto de personajes bien perfilados como el de este film, incluso los numerosos secundarios: el médico (Pedro Casablanc), la actriz (Cecilia Roth), el moderador del coloquio (Julián López), la beata del pueblo (Susi Sánchez), el padre de Salvador (Raúl Arévalo), la madre de Salvador ya anciana (Julieta Serrano), la ayudante de Salvador (Nora Navas)... También está bien Salvador niño (el debutante Asier Flores), y por supuesto Penélope Cruz (una madre que compone con desparpajo), Asier Etxeandia (el actor que no se hablaba con Salvador), Leonardo Sbaraglia (un amor reaparecido), y Banderas, que lleva el peso de la película con gran dignidad.
6/10
(2017) | 95 min.
Una extraña y enigmática película italiana, de corte decididamente experimental. Valentina Pedicini, directora y coguionista, la empieza asegurando que va a contarnos más de 700 historias distintas de nómadas. Estamos junto a un lago, en una especie de sanatorio. Quizá una residencia geriátrica, o para enfermos de enfermedades respiratorias. Ahí trabajan Anna y Hans, la primera es una especie de enfermera, y el otro su ayudante. Todo se muestra lacónicamente, con pompa y circunstancia, buscada languidez, rostros serios de huéspedes y empleados que se arrastran por los largos corredores. Se diría que estamos atrapados en un sitio donde el tiempo y el espacio no responden a los parámetros habituales. Y en efecto, cuando aparece una anciana, Gertrud, vamos hacia atrás temporalmente, y vemos que ahí se hacen experimentos con niños. Hay que acudir a la sinopsis oficial para entender que los niños son nómadas de la etnia yeniche, y que Anna y Hans son víctimas con secuelas, estuvieron ahí siendo unos tiernos infantes, se buscaba su exterminio mediante la esterilización. Y ahora parece que los papeles se intercambian, aunque la antigua torturadora conserva todo su orgullo, e incluso que ahora Anna puede ser peor que ella. La belleza de las imágenes no oculta la excesiva pretenciosidad del film, demasiado engolado y poco accesible, donde se viene a decir que lo bueno puede corromperse y volverse tan malo o peor que aquel que te hizo daño.
4/10
(2018) | 84 min.
1975. El ejército comunista de Pol Pot logra entrar en Nom Pen, capital de Camboya, obligando a la mayor parte de la población a desplazarse a campos de trabajo rurales, para dedicarse a la agricultura. El joven matrimonio formado por Chou y Khoun debe dejar su hogar, con Sovanh, su hijo de cuatro años. Obligados a caminar durante muchos días, sin apenas comida, acaban perdiendo de vista a su pequeño en el cruce de un río por culpa de la aglomeración de gente. Sin ningún tipo de piedad, los soldados les obligan a seguir adelante y se les informa de que quizás se reencontrarán con el chico más adelante, si tienen suerte… El franco-chino-camboyano Denis Do firma su ópera prima, un durísimo drama inspirado en la historia de sus propios progenitores, que se vieron obligados a escapar de los jemeres rojos (de la misma forma que sus abuelos habían tenido que dejar China por la invasión japonesa durante la II Guerra Mundial), y estuvieron separados durante mucho tiempo del hermano del futuro realizador. El film –que ganó el primer premio en el Festival de Animación de Annecy– trae a la memoria el gran clásico que denuncia este episodio oscuro de la historia del siglo XX, Los gritos del silencio, aunque de igual forma conecta con Se lo llevaron: Recuerdos de una niña de Camboya, dirigida por Angelina Jolie, que también mostraba los campos de trabajo en donde se recluía a los ciudadanos. Por otro lado, el estilo de dibujo realista y el tono remiten a una serie de películas de dibujos concebidas para adultos de la última década, entre las que destacan Vals con Bashir, El pan de la guerra y Un día más con vida, todas sobre conflictos bélicos reales. De calidad técnica aceptable, destacan los fondos concebidos por el director artístico Michael Crouzat, uno de los principales animadores de Gru, mi villano favorito, porque la belleza del paisaje camboyano contrasta con las duras condiciones de los personajes, y sus dificultades para sobrevivir. El propio realizador ha coescrito con las también debutantes en el largometraje Magali Pouzol y Elise Trinh un guión que abarca prácticamente los cuatro años que duró la barbarie, sin escatimar detalles –desgraciadamente reales– de la crueldad del régimen: ejecuciones sumarias, el adoctrinamiento ideológico, la paranoia que obliga a buscar constantemente a disidentes, etc. Aciertan al centrarse en uno de los peores dramas que puede sufrir un ser humano, desconocer cuál ha sido el destino de un hijo, y muestra como los progenitores que sufren una tragedia de este estilo dejan todo lo demás en segundo plano, y son capaces de cualquier sacrificio con tal de salvar a su pequeño. Se diría que con este material el resultado tiene que ser obligatoriamente un film deprimente, y aunque por lógica no es para un público fácilmente impresionable, tiene un tono ligeramente esperanzador, sobre todo porque muestra que aunque los regímenes totalitarios tienden a separar a las familias –para formar a los jóvenes conforme a sus principios doctrinales–, las agresiones sólo consiguen que el vínculo entre sus miembros se vuelva más fuerte.
7/10
(2018) | 102 min.
La acción transcurre en un país de Sudamérica no especificado, al que viaja el importante industrial japonés Katsumi Hosokawa, enviado por su gobierno para estudiar la instalación de una fábrica en ese lugar. El vicepresidente pretende agasajarle con una fiesta privada en su residencia, a la que acudirá Roxane Coss, reputada soprano estadounidense a la que Hosokawa admira desde siempre. Pero mientras ésta canta fragmentos de ópera, irrumpen en la mansión unos violentos guerrilleros. Tras unos años centrado en su labor como productor y director de algunos capítulos de la serie Mozart in the Jungle, Paul Weitz, que dirigió su mejor trabajo, Un niño grande, junto a su hermano Chris, regresa a la pantalla grande con una adaptación de la novela de Ann Patchett, de 2002. El texto, que obtuvo unas críticas muy elogiosas, se basa parcialmente en el asalto a la embajada japonesa en Perú por parte del movimiento izquierdista Túpac Amaru. Tiene a su favor un reparto encabezado por la siempre meritoria Julianne Moore, bastante creíble como diva de la ópera, con una ayudita de la soprano real Renée Fleming, que la dobla a la hora de cantar. Está rodeada por solventes actores, como Ken Watanabe (El último samurái), como Hosokawa, o Tenoch Huerta (Vacaciones en el infierno), en la piel de un comandante de los secuestradores. Se habla de temas de interés, sobre todo de la comunicación entre personas de diferentes ideologías, aunque hablen idiomas distintos, y del poder conciliador de la música. Sin embargo falta algo de tensión, y todo resulta predecible. Aunque se intenta ofrecer una perspectiva poliédrica de la situación, intentando que se entienda no sólo la angustia de las víctimas, sino las motivaciones de los captores, la mayoría de personajes resultan un tanto simplones. Por esta razón no acaban de funcionar las subtramas románticas, una que involucra a los personajes de Moore y Watanabe, y otra que enlaza al traductor con una insurgente. Está peor resuelto todavía, e incluso genera risas involuntarias, lo relativo al terrorista que tras desafinar y admitir que aspiraba a ser tenor… ¡recibe clases de canto por parte de la estrella secuestrada!
5/10
(2018) | 75 min.
Eusebio Mayalde es un hombre de lo más variopinto, de un tipo de los que ya no existen. Vive en la provincia de Salamanca, en un pueblo llamado Aldeatejada. Allí Eusebio es toda una institución, pues domina una serie de tradiciones folclóricas que durante siglos han formado parte de las gentes de aquellos parajes. Pero se trata de costumbres, usos y ritos ancestrales inevitablemente destinados a desaparecer. Casi todos tienen que ver con el sonido, con el ritmo, con la música, donde los instrumentos son los utensilios más cotidianos: unas cucharas, unas vasijas, sartenes, piedras, etc., sin olvidar, claro está, las propias manos. Eusebio es un maestro de esa tradición de la vida sencilla, rural que él aprendió de sus mayores, y teme que cuando él se vaya se pierda el testigo –“¿quién escucha hoy a las encinas?”, se queja–, así que intenta por todos los medios inculcar esa sabiduría tradicional a su nieto de ocho años, Zaniki. El guionista y director salmantino Gabriel Velázquez (Iceberg), autor de películas pequeñas pero llenas de autenticidad, conoció a Eusebio Mayalde y a su familia y quedó prendado de las habilidades y del desparpajo de este hombre maduro, que parece tener un vínculo atávico con su tierra. Decidió entonces rodar un singular documental sobre él y sobre las tradiciones que acumula cual chamán del lugar. Asistimos así en Zaniki a una colección de escenas que acercan al espectador un mundo cultural casi extinto, en donde vemos a Eusebio explicar a su nieto y a otros niños cómo se llevan a cabo diversos quehaceres manuales, desde la capacidad de hacer música con sartenes, hasta imitar el sonido de los caballos con las propias manos o usar una cerrumba para espantar a los lobos. No se trata de un documental típico, ya que Velázquez ha pergeñado una breve trama inventada como pretexto para transmitir el legado. Como bien explica sobre el film el propio Eusebio: “Zaniki es una gran mentira contada en honor a la verdad”. Sorprende en el original conjunto la atmósfera decididamente telúrica de la narración, con claras reminiscencias paganas. La factura visual del film es notable y Velázquez saca un gran partido al paisaje castellano, páramos inmensos y solitarios que invitan a la contemplación y que hacen pensar inevitablemente en el pasado que se fue, en lo que nos queda de tanta historia, de tantas vidas, de tantos siglos de seres humanos habitando en las inmensas y desnudas tierras de la alta estepa de Castilla.
5/10
(2019) | 120 min.
En la década de los 80, la niña Adelaide pasaba las vacaciones en Santa Cruz, California, donde una noche se separó de sus progenitores, descubriendo una curiosa atracción de feria junto a la playa, en la que tuvo una experiencia traumática. Treinta años después, regresa a la localidad, ya convertida en madre de familia, junto a Gabe, su marido, y sus dos hijos, Jason y Zora, y muy cerca del matrimonio el un poco odioso Tyler, que se esfuerza en exhibir su superioridad económica. Una noche se presenta ante la puerta de la cabaña en la que se alojan un extraño cuarteto, integrado por personajes muy parecidos a ellos, pero vestidos de rojo, con un aspecto amenazador. Tiene mérito que Jordan Peele ganara el Oscar al mejor guión original por su ópera prima, Déjame salir, al tratarse de un film de terror con mensaje social, que enlazaba con el cine de John Carpenter de los años 70, pero que en el fondo tenía pocas pretensiones. Se esperaba con gran impaciencia su siguiente trabajo, con el que el afroamericano demuestra que lo suyo no fue un golpe de suerte, sino que le sobra talento. El film –tan bueno como el anterior, pero más terrorífico– recuerda en cierta medida a M. Night Shyamalan, cuando en su mejor momento utilizaba el género para lanzar reflexiones de cierto calado. También el recién llegado domina el suspense y las técnicas para asustar, pero además se le da mejor que a él el humor, y visualmente sabe sacarle mejor partido al director de fotografía Mike Gioulakis (Múltiple, Glass), por ejemplo, con una inquietante imagen de una cadena humana. Por el contrario, le falta mucho para conseguir un final tan sorprendente como el de El sexto sentido; el de esta cinta no resulta difícil de anticipar si se han visto filmes de corte similar, y no puede evitar algún bajón de ritmo, por excesivas repeticiones. Puesto que el cine de terror está sobreexplotado, se agradece la frescura de la cinta, quizás no original en su planteamiento, pero que no hace pensar todo el rato en que ya se ha visto algo similar. Tras hablar del racismo en su obra anterior, el cineasta compone en esta ocasión una parábola, de la que se puede deducir una crítica a la sociedad, a la que parece asustarle lo diferente, cuando el peligro puede estar en su propio interior. Sobre todo se pone en solfa a los estadounidenses, de hecho el título original, Us, puede traducirse como “nosotros”, o interpretarse como las siglas de United States. Se sostiene el film en el trabajo del reparto, que exhibe un gran nivel, aunque supera a todos Lupita Nyong’o, en un doble registro. Pese a su menor presencia en pantalla también logra sobresalir Elizabeth Moss, que aprovecha la oportunidad de interpretar un papel desagradable, muy diferente al de sus personajes en Mad Men y El cuento de la doncella.
6/10
(2018) | 84 min.
En 2010 dos investigadores de la Universidad de León hicieron un sorprendente hallazgo. Según unos pergaminos procedentes de Egipto, el cáliz que usó Jesucristo en la última cena con sus discípulos fue trasladado en el siglo XI desde El Cairo hasta Denia, en Valencia, para llegar finalmente a manos del rey cristiano Fernando I de León. Posteriormente pasó a manos de su hija Doña Urraca y actualmente se encuentra en el Museo de la Colegiata de San Isidoro, en León. Este documental hace una crónica de estos sucesos y ofrece una nueva perspectiva acerca del Santo Grial, uno de los objetos más codiciados por arqueólogos e historiadores, además de tratarse de una las reliquias más importantes del cristianismo. Lo primero que sorprende en esta producción española es su narrador, Jim Caviezel. Con un aura de misterio, apoyado en su poderosa y sugerente dicción, el actor de Washington introduce al espectador en la historia y, caracterizado como un monje medieval (y también con un punto de humor), va estableciendo el nexo de unión entre los diversos elementos de la trama, que explora momentos del presente y del pasado. El director Roberto Girault (El estudiante) ha escogido para contar su historia una narración ficcionada, de modo que tanto el monje narrador, como otros personajes –los investigadores, los reyes de León, Heinrich Himmler y hasta el mismísimo Saladino– están interpretados por actores de prestigio, el citado Caviezel, Maria de Medeiros o Anthony Howell entre otros. Pero también se incluyen entrevistas con los dos investigadores reales, Margarita Torres y José Luis Ortega, así como declaraciones de historiadores y expertos en la materia. Gracias al equipo de guionistas, la historia se sigue con interés, está bien dosificada y dialogada, servida con una cierta intriga que funciona correctamente. Logra incluso un plus de emoción en momentos clave, como ése en el que los investigadores toman por fin la reliquia entre sus manos, imágenes que se complementan con las palabras entrecortadas de su protagonista real. De innegable interés por su temática, Onyx, los reyes del grial es además una película sugerente y original, que, al margen de que existan otras opiniones igual de razonables, abre diferentes perspectivas en torno al Santo Cáliz. Quizá haya algún defecto llamativo –¿por qué los actores de ficción hablan en inglés, cuando interpretan a personajes españoles?– y una tramposilla decisión al incluir la subtrama nazi (a todas luces prescindible), pero son cuestiones menores y en líneas generales el resultado es notable. Y dentro de su modestia, es un documental en donde no se han ahorrado esfuerzos de producción, con unos costes que superan el millón de dólares. Se comprueba el buen destino de esos emolumentos en la cuidadísima calidad visual, la variedad de localizaciones, la excelente fotografía de Rafael Bolaños y el gran trabajo artístico de todos sus componentes.
6/10
(2019) | 80 min.
El artista conceptual italiano Piero Manzoni escandalizó, pero a la vez dio que pensar sobre la frivolidad del mercado del arte, cuando expuso en 1961 su obra “Mierda de artista”, serie de latas que según él mismo contienen sus propios excrementos, que hoy en día han alcanzado una cotización de cuatro y cinco dígitos en euros. En cierta forma, ha trasladado la idea al mundo del cine Ismael Prego, conocido como Wismichu, famoso youtuber con 8,3 millones de seguidores en la popular plataforma de vídeos, que proyectó en el Festival de Sitges Bocadillo, en teoría su primer largometraje, pero realmente una repetición en bucle durante 65 minutos de un brevísimo sketch, lo que resulta agotador. La cólera de los asistentes tuvo repercusión mediática. Carlo Padial, director de las comedias Mi loco Erasmus y Algo muy gordo, debuta en el documental con un film que sigue a Wismichu durante el proceso de preparación de esta tomadura de pelo. El resultado puede resultar irritante para parte del público, ya que se puede interpretar como una justificación, al vestir de experimento sociológico lo que no deja de ser una gamberrada, un poco intrascendente, pero sin demasiada gracia. Y el autor del delito al final ha salido recompensado al publicitarse a sí mismo; lo ocurrido sólo se ha traducido en un aumento de popularidad, hasta el punto de que Bocadillo se puede considerar el largometraje español más visto de 2018; sus 8 millones de visionados en YouTube dan sopa con onda a los tres millones y pico de Campeones. Pero por otro lado, el trabajo de Pardial tiene mucho interés, da que pensar sobre el loco mundo del cine actual. Ahora, una película se proyecta en un certamen, arrastra a seguidores que recorren centenares de kilómetros para asistir a la proyección, e incluso capta la atención de una distribuidora interesada en estrenarla (no se dan nombres), por el simple hecho de que está rodada por un tipo que acumula una cantidad desmesurada de fans, por lo que en principio el negocio resultará redondo. Se deduce que la mayor responsabilidad en lo ocurrido la tienen los medios de comunicación, que hicieron crecer la bola de nieve, mediante entrevistas y artículos muy poco pensados; todo indica que traer a un programa televisivo o emisora de radio a Wismichu llamará la atención de los adolescentes que no se pierden sus vídeos, por lo que da igual si nos está tomando el pelo. De tono amargo, la obra cuestiona el fenómeno de los youtubers, poniendo en solfa por qué unas piezas de calidad poco profesional triunfan entre la chavalería, y se encumbra a sus responsables, pese a que venden humo: no parecen tener grandes cosas que contar. Se concluye que se trata de un fenómeno efímero, o estos creadores se reciclan o quedarán relegados al olvido; el propio Wismichu sabe que no va a estar muchos más años en esta ocupación. Lo mejor, la secuencia del niño pidiendo un autógrafo a un Wismichu arrepentido (al menos en teoría) por lo que ha hecho.
6/10
(2017) | 90 min.

En Muxía, costa da morte gallega, los percebeiros se juegan la vida día a día en acantilados e islotes, buscando el preciado marisco con el que sobrevivir. En Navidad es donde alcanzan la mitad de sus ingresos anuales, teniendo que enfrentarse a un mar tremendamente peligroso. Un trabajo de personas que viven al límite, tanto económico, como vital. Un reflejo actual de la relación entre el hombre y el mar, el hombre y su entorno. Años después del hundimiento del Prestige, se muestra un reflejo de personas que viven al limite, en constante adaptación al peligro, tanto económico, como vital.

(2018) | 103 min.

Esta es la historia de un viaje. Comienza una mañana con la conversación por Skype entre el músico Mikel Urdangarin con el artista Alain Urrutia. Éste último ofrecerá a Mikel un lienzo como regalo, con la condición de que tiene que ir a recogerlo a Londres. Con la excusa del viaje, enlazando los mitos de la Antigua Grecia y los conciertos de grandes audiencias, empezaremos a conocer el día a día del artista, que decide trabajar a base de la creación de sus propias obras y percibe el sudor de la impotencia, la sombra de los errores y la soledad que viene con la fama. Sin esperarlo, la clave la tendrá Mikel Urdangarin.

(2017) | 81 min.

Ambientada durante la Guerra Fría, en medio de la intriga y el espionaje en las Naciones Unidas de finales de los 70 y 80, esta es la dramática historia de Theo van Boven, como el nuevo Director de Derechos Humanos, su equipo y los sobrevivientes que lo empujaron a acto. Van Boven abrió la puerta de la ONU por primera vez a los refugiados y sobrevivientes de abusos a los derechos humanos en todo el mundo. Comenzó una acción drástica contra los muchos miles de desapariciones, con la primera investigación de la ONU de un país: Chile, luego las acciones contra la junta argentina y otras dictaduras militares, y eventualmente incluso las desapariciones masivas de Franco en España...

(2018) | 92 min.

De los corrales de Mataró a los escenarios de medio mundo, la aventura artística y personal de Peret, el artista que con un poco de mambo, un chorro de tanguillo y una pizca de rock creó la rumba catalana. 50 años después del éxito de Borriquito, los nietos del maestro protagonizan un retrato íntimo de la familia, y de la creación del único género musical nacido en la calle en Europa durante el siglo XX, con Andreu Buenafuente como narrador. El título no da lugar a equívocos: este es un retrato íntimo y a la vez un homenaje a Pere Pubill Calaf, Peret para el mundo entero, el rey de la rumba catalana para la historia.

(2018) | 90 min.

Wheely, un taxista de los barrios bajos de la ciudad -aunque corredor de corazón- se enfrenta, en una batalla cuesta arriba, a un monstruoso camión de 18 ruedas que es el cerebro de una banda de ladrones de coches de lujo. Todo para salvar a la rápida chica de sus sueños.

(2018) | 85 min.

Historia de amistad donde dos amigos, Marek (14 años) y Heduo (12 años), recorren el país en un viejo Audi robado. De forma separada a la historia del viaje, Marek está siendo interrogado en una comisaría. La película va alternando paralelamente la trama del viaje por carretera y lo que Marek decide explicar al agente de policía.

Lunes 25 de Marzo de 2019

(2018) | 85 min.
La compañía Exhibition on Screen rueda impresionantes documentales de arte en colaboración con los mejores museos del mundo. Esta vez el cofundador de la empresa David Bickerstaff recoge la ambiciosa exposición sobre Edgar Degas organizada por el Museo Fitzwilliam de Cambridge. Las imágenes de la muestra se complementan con algunos detalles biográficos, y con otras obras del autor que complementan la narración. Se detiene en las más de 150 piezas de escultura, muy poco conocidas, que fueron encontradas tras su muerte en el estudio, que estaban destinadas a ser destruidas. Están fabricadas en cera, precisamente porque no tenían pretendían perdurar. Por otro lado, las obras pictóricas están recogidas con enorme detalle, dejando claro incluso que no son planas, pues a veces sobresalen algunas pinceladas por encima de otras, por lo que los aficionados y estudiosos valorarán muchísimo esta filmación. El documental resulta ágil, pues la narradora está acompañada por actores que ponen voz a algunos personajes del relato, y por una música inspirada firmada por Asa Bennett. Como adelanta el título, se habla de la obsesión perfeccionista del especialista en bailarinas. Da pie a una reflexión sobre la conveniencia de guardar un equilibrio, pues por un lado se debe dedicar a cada tarea el tiempo necesario, pero por otro se corre el peligro de no darla nunca por finalizado y acabar estancándose.  
6/10

Viernes 29 de Marzo de 2019

(2018) | 123 min.
Acercamiento a la vida de la escritora sueca Astrid Lindgren (1907-2002), una auténtica eminencia en su país, autora de numerosos libros juveniles y conocida internacionalmente por ser la creadora del personaje de Pippi Långstrump, que incluso protagonizó la exitosa serie televisiva Pippi Calzaslargas en 1969, cuyo guión escribió la propia Lindgren. Como se explica al comienzo de la película, Conociendo a Astrid recoge únicamente algunos hechos de la vida de la futura escritora, un periodo crítico que atravesó mucho antes de firmar su primer libro. No es por tanto una biografía al uso e incluso se disfrutaría igual si el espectador no relacionase esa historia con alguien conocido. De hecho, hay cierta dicotomía en el planteamiento narrativo, de modo que para unir la historia al personaje real se echa mano de una treta algo simplona: el inserto inicial de las imágenes de una anciana que recibe cartas de agradecimiento de niños lectores. Y es que, como he apuntado, el guión narra exclusivamente un periodo concreto de la juventud de la escritora –entonces llamada Astrid Ericsson–, su adolescencia, sus primeros pinitos en la redacción de un periódico local y luego como secretaria en una empresa automovilística, tiempos que concuerdan con una época convulsa de su vida, cuando siendo una adolescente tuvo una relación con un hombre casado, mucho mayor que ella, fruto de la cual Astrid quedó embarazada. Además de tocar cuestiones históricas como la libertad femenina o la irrupción de las mujeres en el mundo laboral, la cineasta sueca Pernille Fischer Christensen (En familie, Alguien a quien amar) gusta de plantear temas familiares de hondo calado y aquí indaga en las dificultades de Astrid para encajar en la sociedad protestante de Vimmerby, un pequeño pueblo de Suecia. Chica díscola, tremendamente despierta y risueña, su relación adúltera chocó de frente con su educación y el ambiente familiar de la granja donde vivía con sus padres, un matrimonio piadoso que tenía otros dos hijos. Pero la directora y guionista no se deja arrastrar por los hechos negativos o las incomprensiones ajenas, más bien deja ver que son hechos de su tiempo, que no provienen del corazón de las personas. Es más, Astrid encontró mucho amor en esa época de su vida, verdaderos ángeles de la guarda que la ayudaron a sobrellevar decisiones heroicas y dolorosas. Hay por tanto en el film una visión esperanzada en la lucha contra las dificultades y un retrato real de amor familiar. Rodada con elegancia, bien ambientada y con una emotiva banda sonora de Nicklas Schmidt, destaca la interpretación de la joven Alba August, hija de Bille y Pernilla August, que está acompañada por dos grandes actrices nórdicas Maria Bonnevie y Trine Dyrholm.
6/10
(2018) | 73 min.
Insólito documental del canario Octavio Guerra, que logró colarse en la Semana de la Crítica, del Festival de Berlín. Sigue el periplo de Óscar Peyrou, argentino residente en Madrid, que supuestamente preside la llamada Asociación Española de Críticos de Cine, cargo que le permite representar a los profesionales del gremio españoles a la hora de otorgar el premio de la FIPRESCI (Federación Internacional de la Prensa Cinematográfica), lo que le permite viajar a gastos pagados a los diferentes festivales internacionales del mundo, no sólo a los más prestigiosos, sino también a los de menor interés. No se sabe bien para qué medio trabaja, más bien charla sobre las películas con algunas personas que se encuentra. Pero en cualquier caso, Peyrou se enorgullece de valorarlas sin necesidad de verlas; le basta con conocer el título de la misma, y el póster. Es más, en un alarde de surrealismo defiende que de esta manera sus reseñas son más rigurosas que las de colegas que han visionado la cinta en su totalidad. En realidad, sufre un problema de vista que mantiene en secreto, por lo que en todo caso para seguir un film se lo tiene que poner en el ordenador, colocándose la pantalla muy cerca. El film se limita a seguir al protagonista, que explica sus particulares puntos de vista a la cámara, mientras viaja a diferentes certámenes, como Cannes, Valladolid o San Sebastián. A veces le entrevistan algunos medios, pues no en vano se supone que representa a los críticos españoles, o interviene en mesas redondas donde su actitud irrita a algún profesional sí reconocido, como Javier Tolentino, de Radio Nacional, o Antonio Weinrichter, de ABC. Pero sobre todo el metraje logra transmitir la profunda soledad que vive Peyrou, separado de su esposa, que posteriormente ha fallecido, sin amigos a su alrededor, pese a que en teoría disfruta de un chollo, pues disfruta de todo gratis, por lo que en principio cualquiera se cambiaría por él.
5/10
(2019) | 114 min.
Revisitación del clásico animado Dumbo, basado en la obra de Helen Aberson, que parecía de difícil adaptación con actores de carne y hueso y animales creados con verdadero realismo con ordenador, pues se trata del largometraje más breve de Walt Disney, y contiene algunos pasajes surrealistas. Tim Burton, que ya participó en un reto de características similares, siguiendo la intención de la factoría de convertir sus filmes de animación en películas con actores, Alicia en el País de las Maravillas, se muestra más inspirado en este film, que conecta bien su cine poblado de criaturas inadaptadas, imaginativas y de buen corazón. Tras el final de la Primera Guerra Mundial, el jinete y adiestrador de caballos Holt Farrier vuelve al circo donde trabajaba en Estados Unidos, pero habiendo perdido un brazo, viudo, y con dos niños, Millie y Joe, a los que cuidar especialmente, pues añoran a su madre, y el progenitor, parco en palabras, se ha vuelto poco menos que un extraño. El entusiasta responsable del espectáculo itinerante, Max Medici, pone a Holt al cuidado del elefante, la señora Jumbo, que da a luz a una criatura de enormes orejas, lo que le convierte en un friki, objeto de burlas y chanzas. Bautizado azarosamente como Dumbo, los niños se hacen muy amigos del animal, y Millie, gran amante de la ciencia, está convencida de que el elefante podría volar gracias a sus grandes orejas, y a la presencia de una pluma. Cuando finalmente ocurre, el visionario V.A. Vandevere pretende llevárselo a su formidable parque temático, junto a todo el circo de los hermanos Medici, asociándose con Max, que se convertiría en vicepresidente. Piensa que Dumbo podría ser todo un éxito, montada en sus vuelos por la bella trapecista Colette. Tim Burton logra combinar la entrega de un entretenido film disfrutable por toda la familia, con la fagocitación de la trama del elefante volador en el entramado de sus intereses creativos personales. Como cabe imaginar, se le ve encantado en el ambiente circense, donde abundan los personajes marginales, el forzudo, la mujer sirena, etcétera, con el padre lisiado y, por supuesto, el más friki de todos, Dumbo, que sigue los pasos de su madre, a la que acusan de haber enloquecido por haber querido defender a su retoño; unidos por su singularidad, todos estos “diferentes”, sabrán sumar fuerzas cuando se hace necesario para ayudar al elefante que da título al film. Además, a Burton se le brinda la oportunidad de dar una visión de quien sería la alternativa oscura de un Walt Disney, Vandevere, personaje encarnado por Michael Keaton y que le emparenta con el aprovechado de las hamburguesas Macdonald en El fundador. Emprendedor y con ideas, pero egocéntrico y dispuesto a pisotear a los demás para hacer realidad sus sueños, el actor –que hizo para Burton Bitelchús, Batman y Batman vuelve– lo compone hábilmente sin apenas despeinarse. De todos modos lo anterior no quita para que Burton se encuentre más encorsetado y con menor capacidad de riesgo, siendo bastante políticamente correcto, incluido el subrayado mensaje en contra del cautiverio animal, que se apañen los circos con los seres humanos, nos viene a decir. Aunque el futuro imaginado en el parque y pasto de las llamas tiene cierta retranca abierta a las interpretaciones. En cualquier caso el balance del film es más que notable, con momentos magníficos, ya sólo la escena de apertura es un maravilloso ejemplo de cómo poner en situación al espectador de un modo exclusivamente visual, sin palabras; y tiene encanto reconocer los numerosos guiños al film animado original, incluido el número de circo en que los payasos deben rescatar al bebé Dumbo de un pavoroso incendio.
7/10
(2018) | 127 min.
Pierre-Paul es doctor en filosofía, pero trabaja de repartidor, una ocupación que le genera más dinero del que obtendría dando clases o escribiendo libros. Ayuda en una organización benéfica de ayuda a los sin-techo, y le encanta filosofar en los bares, creyéndose más listo, mejor preparado y con más preocupación por los demás que la media, de hecho considera que la gente que consideramos importante, en realidad son todos un montón de mediocres. Tante teoría y tan poca práctica produce la ruptura con la mujer que estaba saliendo, madre soltera. Pero de pronto, le ocurre lo que considera el golpe de fortuna necesario para alcanzar la felicidad. Se produce un atraco en un negocio-tapadera para blanquear dinero, que deja un reguero de cadáveres, y un par de bolsas repletas de billetes. Pierre-Paul, que es el único que está por los alrededores, se queda con las bolsas. Contactará con Bigras, un famoso preso, recién salido de la cárcel, para manejar ese dinero que "quema", al tiempo que inicia una relación improbable con Aspasie, una prostituta de lujo, cuyos servicios había requerido por internet, y con la que se produce una conexión y complicidad inmediatas. Más de 20 años después de El declive del imperio americano, de la que hizo una secuela, Las invasiones bárbaras, el canadiense Denys Arcand hace nuevamente una declaración sobre el estado de las cosas de la enferma sociedad contemporánea con el título de su nuevo film, hablando ya con tono catastrofista de "caída" del sistema vigente con el imperio americano bajo la presidencia Trump. Hacia donde vamos, no es fácil decirlo. Pero Arcand pinta un mundo donde abundan los marginados, que exhiben una dicha genuina a pesar de tener poco o nada, a veces les basta la camaradería de los amigos, y una asistencia generosa. Incluso una pareja de policías puede encontrar un momento de felicidad desconocida colaborando brevemente en un comedor social. La novedad en el caso de Arcand viene del envoltorio que contiene su parábola y crítica de una sociedad que anhela valores más altos, algo que llene el espíritu, sin daber dónde encontrarlo. Porque la idea en tono de comedia negra, del infeliz que se cree muy listo, torpe socialmente y más o menos buena persona, al que le llueve el dinero providencialmente, y los personajes variopintos que le rodean, hacen pensar en el cine de los hermanos Coen, en propuestas como Fargo, aunque en el caso que nos ocupa todo queda tamizado por el evidente mensaje, que quizá alguno tacharía de populista, pero que tiene sin duda su punto de razón. En cualquier caso invita a pensar acerca del poder corruptor del dinero y el bienestar, y la dificultad de establecer aquello con lo que deberíamos conformarnos. El director cuenta con uno de sus actores más emblemáticos, Rémy Girard, y al mismo tiempo apuesta por algunos jóvenes valores, como Alexandre Landry o la recién llegada Maripier Morin.
6/10
(2018) | 108 min.
Un hacker pone en solfa a la ciudad de Salem, al sacar a la luz las perversiones del alcalde, el director del instituto y el jefe de policía. Necesitados de cabezas de turco, los lugareños acabarán poniendo en su punto de mira a las jóvenes rebeldes Lily, Bex, Sarah y Em. Segundo largometraje de Sam Levinson, tras el poco conocido Another Happy Day, que formalmente exhibe cierta frescura, apelando a códigos que reconocerá el público adolescente, ya que usa el lenguaje de los videoclips más modernos, o de los fragmentos filmados por YouTubers. También recurre continuamente a mensajes de texto o memes superpuestos en pantalla. Cuenta también con buenos trabajos de High Life, reconocida por la serie High Life, y del resto del reparto. Quienes se dejen llevar por esta propuesta juvenil, de tono subversivo, se verán recompensados con valiosas ideas sobre la doble moral en el momento actual, y la tendencia a linchar a quienes según las redes sociales pueden haber obrado mal, sin esperar a ningún tipo de juicio. El realizador, también guionista, se apunta a la era del #MeToo, poniendo el acento en reivindicaciones feministas variopintas. Se pide libertad absoluta para el género femenino, pese a que se pinta una visión deprimente de las mujeres jóvenes, ya que –al igual que los varones de su edad– las nuevas brujas de Salem que presenta como protagonistas se interesan parcialmente por la cultura, pero en general parecen obsesionadas por el sexo y el desenfreno. Por si alguien no capta de qué se va a hablar, al principio se adelantan algunos momentos del film, señalando con lenguaje combativo los temas centrales a tratar: mirada masculina, bullying, etc. También se apunta al carro del activismo LGTB, con un personaje transexual. Pese a que la propuesta tiene cierto interés, falta tridimensionalidad a los personajes, y el desarrollo no acaba de resultar en ningún momento creíble.
5/10
(2019) | 102 min.
Roberto y Daniela Allende-Salazar son hermanos, propietarios de una importante empresa naviera, y sus caracteres no pueden ser más diferentes. Él es un guaperas portada de todas las revistas, ligón al que le gusta la buena vida, y es muy creativo; precisamente ha bosquejado los planos de una turbina que podrían revolucionar la industria, o eso piensa él. Mientras que ella es fría y calculadora, distante con las personas, y le gusta pisar tierra, hasta el punto de que piensa que la única manera de reflotar la compañía es una traumática reestructuración con cierre de fábricas y despidos, y no invertir en las fantasías turbineras de Roberto. Pero hay un tercer hermano en discordia, almirante de la Armada, cuyo voto es esencial para la decisión final. Y él y Roberto se juegan ese voto decisivo en una singular apuesta: lograr que alguien toque el corazoncito de hielo de la hermana, y la seduzca. Y tras mucho cavilar y mucho fracaso, Roberto deduce que su hermana es lesbiana y que la mujer ideal para conquistarla es Isabel, una aspirante a actriz y monologuista, que ha hecho reír a Daniela en una fiesta de empresa. Comedia de enredo con la que debuta en la dirección de largos Inés de León, que hasta ahora sólo había hecho cortos, spots publicitarios y episodios de series televisivas de escaso tirón. Colabora en la producción Santiago Segura, que se reserva un pequeño papel. Aunque hay sinceros esfuerzos por resultar divertida y no muy zafia –las bromas de contenido sexual son verbales, y muy acordes con los tiempos superficiales y políticamente correctos de nuestros días, donde el compromiso brilla por su ausencia–, la película tiene decididamente muy escaso recorrido, con una partitura musical que se empeña en subrayar lo supuestamente gracioso que es todo. Una vez planteada la trama, y dibujados los personajes principales con unas pocas pinceladas, todo se reduce a dar vueltas a lo mismo, con abundantes monólogos humorísticos, incluso con pildoritas feministas muy suyas, que consiguen hacer a Leticia Dolera bastante cargante. Mientras que Amaia Salamanca no cambia mucho de registro de mujer estirada e insoportable, y el “soñador” Javier Rey resulta bastante soso; los dos secundarios camareros del bar donde trabaja Isabel, no son mucho mejores en su afán de provocar, al menos, una sonrisa, con Brays Efe en su línea, y Mariam Hernández como la típica buena amiga que se acuesta con el tipo del que está enamorada Isabel, y no pasa nada. Por supuesto, hay algún gag surrealista que funciona, como todo lo que hay en torno a un disparatado chamán, pero en líneas generales, ¿Qué te juegas? es una película decepcionante y tal vez sintomática de que hacer comedias como churros, la última fórmula secreta del cine español, no siempre funciona.
3/10
(2018) | 70 min.
Una actriz de teatro prepara el personaje de su última obra. Se trata de Lady Anne, la mujer pretendida por el rey Ricardo III de Inglaterra, después de que éste asesinara a su marido y a su padre. Ambos se enfrentan en un diálogo seductor de insoportable intensidad. Se suceden los ensayos junto con el actor principal y poco a poco la tensión que sufre la actriz se va haciendo insostenible. ¿Cine o teatro? He aquí la cuestión. El director David Rodríguez Losada recoge en este audaz film, de poco más de una hora de duración, toda una colección de diálogos teatrales, de ensayos, de repeticiones, monólogos y réplicas basados en la inmortal obra de William Shakespeare “Ricardo III”. Servido en dos escenarios y tres situaciones diferentes –la casa de la actriz, en donde ésta ensaya con su compañera de piso; ensayos en el teatro sin público, con las pautas del director; y representación final en el teatro con el público correspondiente–, Lady Off ofrece también una leve trama de ficción –sobre todo interior– para mostrar las inquietudes de la actriz que prepara la obra, pues resulta que los dos actores enfrentados son ex amantes en la vida real. El quid de la cuestión es transmitir la idea de la imposible separación entre realidad y ficción. ¿Hasta qué punto puede sentirse el papel en la propia piel? ¿Influye esa realidad en la ficción? ¿Y la ficción no transforma la realidad? Aunque apenas haya algo más que los mismos diálogos repetidos hasta la exageración, el director logra que la experiencia no se haga en exceso pesada ni reiterativa, también porque sabe mostrar los diversos modos de interpretar, aunque eso no quita que la propuesta sea bastante singular (algo parecido al cine de arte y ensayo de otros tempos) y que el desenlace no sea demasiado óptimo. Lógicamente, en una película de este tipo el resultado depende mucho de los dos actores, y aquí especialmente destaca el trabajo formidable de Marta Fuenar, que da todo un recital de interpretación.
5/10
(2019) | 112 min.
Después de que una editorial rechace su libro, el joven de 27 años Boi se siente desnortado, por lo que su novia le abandona. Mientras trata de recuperarla, comienza a trabajar como conductor privado, en una compañía de VTC, que le asigna como primeros clientes a Michael y Gordon, dos empresarios de Singapur, que han llegado a Barcelona para cerrar un acuerdo comercial, pero que sin embargo van a precisar que su chófer les preste ayuda más allá de sus obligaciones profesionales. Esperanzadora opera prima en el largometraje del barcelonés Jorge M. Fontana, prolífico cortometrajista, que compone un film de cine negro urbano, que en principio parece que va a ir en la línea de Taxi Driver, de Martin Scorsese, aunque conforme se desarrolla va recordando más a los filmes líricos de conductores Noche en la Tierra, y Paterson, de Jim Jarmusch, por su factura propia del cine ‘indie’, y a los trabajos de David Lynch, por su tono surrealista. No se trata ni de lejos de un film redondo, pues promete más al principio de lo que después ofrece, y se alarga en demasía, pero retrata la insolidaridad urbana, y ofrece un retrato convincente del artista que transforma la gris realidad en arte. El director ha contado como protagonista con Bernat Quintana, conocido en Cataluña por diversas series de TV3, que demuestra su talento componiendo al típico chico que al borde de la treintena siente vértigo a la hora de madurar. Está rodeado de actores creíbles, mientras que el veterano José Sacristán pone la voz al jefe del personaje central.
5/10
(2018) | 102 min.
L'Envol es un centro social para mujeres sin techo en donde trabajan Audrey, Manu, Hélène y Angélique. Diariamente reciben en la instalación a un buen grupo de mujeres, la mayoría en edad madura, que están solas y no cuentan con los recursos necesarios para vivir. Allí se asean, comen y pasan el rato. Pero la situación se va a poner difícil cuando el ayuntamiento anuncia el cierre del centro. Las cuatro asistentes sociales elaborarán entonces un plan oculto para intentar que las mujeres que dependen de L'Envol puedan salir adelante por sí mismas. Adaptación del libro de investigación de Claire Lajeunie, que ya tuvo su versión documental y que ahora el director Louis-Julien Petit adopta con un sesgo más bien humorístico y optimista, aunque no reste gravedad a la situación desesperada de las mujeres sin techo. Las invisibles es por una parte un retrato de una parte de la sociedad que existe, pero a la que probablemente no se le dedica demasiada atención, tantas mujeres mayores que por diversos azares de la vida acabaron en la calle y a las que les resulta prácticamente imposible encontrar empleo. Pero sobre todo es un homenaje a otras muchas mujeres anónimas que dedican su vida a los demás, luchando día a día por construir un futuro para esas personas desfavorecidas. La película logra crear ese fresco solidario de modo convincente, en donde sobresale una especial conexión femenina, con mucha cháchara, desacuerdos, contradicciones y risas, situaciones que transmiten un buscado realismo y espontaneidad. El guión contiene momentos especialmente logrados (ese encuentro entre “Julia Roberts” y “Hugh Grant”, las charlas de Audrey con su hermano), así como puntuales y efectivos gags, pero también cabe achacarle un cierto desorden que da lugar a una trama excesivamente deslavazada. Esto se nota en que la mayoría de los personajes están desdibujados o simplemente desaprovechados, perdidos entre el popurrí general. Se salvan algunos, como el de Chantal (esa mujer que siempre dice la verdad) o el de Audrey, la magnífica y generosa protagonista interpretada por Audrey Lamy.
5/10
(2019) | 155 min.

Kashmir situada en el norte de la India para impartir clases como profesor. Situada en el medio del remoto lago de Wuller, la escuela carece de las comodidades básicas como agua potable y electricidad y cuenta con un pequeño grupo de estudiantes. Kabir no era lo que se imaginaba cuando firmó el contrato de profesor. Un día cualquiera en la escuela, Kabir encuentra un diario que dejó la anterior profesora en la escuela, Firdaus (Pranutan Bahl). De pronto, su vida entera dará un giro inesperado.

(2019) | 0 min.

María (Estefanía de los Santos) una chica de unos 40 años algo descuidada se entera de la muerte de su madre, con la que tenía un gran distanciamiento, con la ayuda de Isabel (Alfonsa Rosso) una maruja que sabe todos los cotilleos del barrio, entre las 2 van a cumplir su sueño que es vestirla con la “mortaja” que siempre quiso pero ellas asombradas mirando dentro de la caja, descubren un traje de flamenca, la visten y la maquillan como si fuera el último deseo de su madre. Segundo (Secun de la Rosa) primo de María algo afeminado y con cojera, aparece para ayudar a su prima, y se descubre que en el fondo también está enamorado de ella. El tiene un grupo de música junto a Rosi (Mariola Fuentes) llamado Bay Bay, los cuales son encargados de cantar en velatorios canciones animadas.

(2017) | 84 min.

Historia sobre un grupo de niños tibetanos que se embarcan en una odisea, cada uno por una razón diferente. Thupten, con un ojo trabajando parcialmente y el otro completamente disfuncional, quiere ver el mundo antes de que su vida se vuelva completamente oscura. Droma, una hermosa niña tejedora, quiere demostrarle a su abuela que es más que una tejedora al ingresar a un programa de televisión. Sonam, un masajista ciego, está harto de su trabajo aburrido. Kalsang, el más joven de ellos, simplemente sigue a los demás porque suena terriblemente divertido. Con la ayuda de una familia nómada, una flota de motociclistas y un productor de televisión, la banda marcha hacia el área metropolitana de Shenzhen. Su objetivo es cantar para todos a través de la red de televisión...

(2019) | 65 min.

Al sur de España, en la ciudad andaluza de Jerez de la Frontera, al comienzo de cada primavera se celebra la Semana Santa. La tradición, la memoria y el folclore, recorren las calles a hombros de un pueblo que exhibe con orgullo un legado arraigado en su cultura desde hace siglos.

(2018) | 27 min.

Zog es un dragón que va a la escuela a aprender a volar, a escupir fuego por la boca y a raptar princesas. No se le da muy bien, pero va superando los obstáculos gracias a la amistad de una princesa que le ayuda y le hace entender que no están obligados a ser lo que el mundo espera de ellos. Una historia acompañada de cuatro cortos protagonizados por niñas valientes e imaginativas.