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Calendario estrenos cine

2019

Miércoles 01 de Mayo de 2019

(2018) | 107 min.
Ópera prima del danés Kristoffer Nyholm, hasta ahora artífice de diversos episodios de las series The Killing y Taboo. Se ha basado en la leyenda local surgida en las islas escocesas de Flannan, en torno a tres fareros, que desaparecieron el 15 de diciembre de 1900, sin que exista ninguna pista sobre lo ocurrido. Los veteranos James –que deja temporalmente a su esposa y a sus hijos– y Thomas –que ha enviudado recientemente– se disponen a ocuparse del faro local durante seis semanas, acompañados del joven con poca experiencia Donald, huérfano al que denigran sus vecinos por considerarle un bastardo. Éste encuentra un bote salvavidas destrozado entre las rocas, que lleva a un hombre aparentemente muerto y un cofre cerrado. El tal Nyholm construye muy bien un thriller sobre la codicia que bebe claramente de El tesoro de Sierra Madre, y otros títulos sobre el tema dirigidos por el especialista John Huston. Muestra muy bien la dificultad para detener la espiral de la mentira, una vez iniciada, y consigue describir poco a poco a los personajes, aprovechando los sugerentes escenarios naturales de Escocia. El arranque –y el hecho de que se haya exhibido en Sitges– permite suponer que el relato va a derivar en elementos fantásticos, pero después trata de resultar bastante realista, lo que para un sector del público aficionado al fantaterror puede resultar decepcionante si le pilla por sorpresa. Sobra algún momento un tanto anodino, y alguna secuencia repetitiva, como suele resultar inevitable en el caso de directores primerizos. A su favor, cuenta con excelentes interpretaciones del reparto, compuesto por dos veteranos escoceses, Gerard Butler y Peter Mullan, y un inglés, el joven debutante en la pantalla grande Connor Swindells, que no desmerece del trabajo de sus compañeros. Los tres soportan la práctica totalidad del metraje casi en solitario, y consiguen plasmar bastante bien el riesgo de locura en el que puede desembocar la soledad.
6/10
(2019) | 87 min.
La muñeca de peluche Moxy sueña con que algún día acabará haciendo muy feliz a algún niño. Sin embargo, vive en Feolandia, ciudad en la que se congregan los juguetes rechazados por algún defecto de fabricación, a los que normalmente les falta un ojo o algún otro elemento. Aunque está condenada a no abandonar nunca ese lugar, Moxy decide salir al exterior, con ayuda de varios amigos, para intentar pasar las pruebas que les permitirían ser adoptados por un humano. Por desgracia, su presencia molesta a los muñecos óptimos, liderados por el atractivo y teóricamente perfecto Lou. Como indica su nombre, los Uglydolls son unos muñecos feos (aunque en el fondo adorables) creados en 2002 por el matrimonio formado por David Horvath y Sun-Min Kim. El realizador Kelly Asbury (Shrek 2, Gnomeo y Julieta) adapta sus aventuras a la pantalla, siguiendo la estela de películas animadas que se basan en famosos juguetes, como La Lego Película y Trolls. Supone el primer trabajo de la división animada de STX Entertainment, que tiene casi listo el segundo, Playmobil: La película, que lleva a la pantalla otro producto bien conocido por la chavalería. Se ha tratado de que no tenga ninguna tara en su elaboración, como los protagonistas, lo que quiere decir que cuenta con una animación que cumple su propósito, y que los protagonistas tienen cierto atractivo. De la misma forma, se incluye de fondo algún mensaje educativo, que reivindica el valor de quienes son diferentes, haciendo hincapié en la importancia de aceptarlos sin discriminaciones de ningún tipo. También se habla de seguir adelante sin renunciar a lograr los sueños propios pese a sufrir algún tipo de rechazo. Consigue hacer reír en algunos momentos y deriva en un final emotivo. Pese a todo, le falta algo de frescura, está tan saturado el mercado del cine de animación digital que resulta difícil sobresalir, y estamos ante un relato tipo Toy Story, sin puntos realmente novedosos. Lo mismo sucede con las numerosas canciones, que no suenan mal, pero recuerdan a muchísimas piezas musicales ya conocidas.
5/10
(2018) | 122 min.
La trayectoria del bailarín de ballet ruso Rudolf Nureyev, hasta que pide asilo político en Francia en 1961. La película arranca precisamente en el momento en que las autoridades soviéticas piden explicaciones a quien ha sido su maestro, Alexander Pushkin, acerca de cómo ha podido ocurrir tal cosa, para retrotraerse al pasado, y desplegar varios hilos narrativos temporales distintos, el de su infancia, el de su formación bajo el ala de Pushkin, y el de su estancia en París con otros compañeros de danza del Kirov. Todos sirven para desplegar y dar a conocer la figura del artista: su indudable talento, la disciplina y esfuerzo con que se prepara, y un temperamento difícil, que anhela ahondar en la belleza, tiene ansias de libertad, y desarrolla una personalidad egocéntrica. El acierto del guión que ha escrito David Hare para Ralph Fiennes –quizá ha acudido a él por el notable trabajo que hizo en El lector, donde él actuaba– reside en que se evitan los simplismos, con muchos rasgos de Nureyev apuntados y sugeridos. De modo que el individualismo y soledad de Nureyev, no se explican sólo con el cliché tan manido de "así son los artistas", sino que tiene que ver con una infancia provinciana difícil, la tardanza en llegar a conocer a su padre, y su ingreso en una academia de ballet ya con cierta edad, lo que exige un esfuerzo suplementario. También se apunta a una reacción al colectivismo comunista, y a la asfixia de la libertad, tan importante para desarrollar la creatividad artística, o para ir más allá de la técnica, el seguimiento del consejo de Pushkin, "cuenta una historia", para sus bailes. Y además hay una necesidad de socializar en París, de salir con gente de ahí, los bailarines occidentales, y empaparse de lo que se le ha negado en la Unión Soviética. Es una pena que no respete el título original, "el cuervo blanco", una alusión a ese ser diferente, la dificultad para empatizar de alguien que ha evolucionado de un modo tan especial. Fiennes, que ha optado por rodar en ruso gran parte del metraje, no sólo hace una estupenda composición de Puhskin, usando ese idioma, sino que demuestra acierto en su tercer film tras la cámara, es muy selecto en lo que decide dirigir –antes abordó Coriolanus, sobre una obra poco conocida de Shakespeare, y The Invisible Woman, sobre el lado menos amable de Charles Dickens–, y aunque no sea brillante, va ganando en seguridad, y aquí entrega su mejor trabajo: se muestra seguro en los saltos temporales, y está soberbio en el clímax del aeropuerto, aunque el espectador conocedor sepa perfectamente lo que va a ocurrir. Además, parece tener clara la idea principal de su film, la necesidad de poder ejercer la libertad de todo ser humano, y se aferra a ella para destacarla, de modo que está presente en todo el metraje, sin que tampoco se tenga la sensación de un didactismo irritante. Acierta además al mostrar su talento artístico, pero sin caer en la trampa de que sus actuaciones anulen la trama dramática que se quiere desarrollar; y por supuesto, queda clara la sexualidad de Nureyev, pero sin convertirla en elemento de cansino adoctrinamiento, algo que se agradece en una época en que esto se hace con excesiva frecuencia y gran tosquedad. Funciona muy bien el reparto, con rostros pocos conocidos, el que más suena, aparte del de Fiennes, es el de Adèle Exarchopoulos, Claire Saint, la amiga chilena de Nureyev. Tiene mérito Oleg Ivenko, que debuta en la pantalla y aguanta bien el peso del protagonismo.
7/10
(2018) | 107 min.
Fascinante película sobre el mundo de la adopción en Francia, arranca con la comunicación a Alice de que ha sido seleccionada para concederle un bebé recién nacido en adopción, lo que supone una mezcla inenarrable de sorpresa y felicidad. Han sido casi diez años de espera hasta que le llega esa noticia. El film, que transcurre en la pequeña localidad de Brest, en la Bretaña, describe con muchísimo detalle y siempre sin cansar, la cadena de acontecimientos que ha conducido a esa situación, a partir de la llegada de Clara, joven encinta a punto de dar a luz, que no se ve capaz de ocuparse de su bebé, y los pasos para entregar a la criatura al procedimiento de adopción, para buscarle unos padres, lo que incluye la intervención de una trabajadora social, y el trabajo temporal de unos padres de acogida; por otra parte, flash-backs puntuales muestran el laborioso procedimiento que afrontan potenciales padres adoptivos como Alice, pues en el sistema el punto de vista es encontrar unos padres a un bebé, no un bebé a unos padres, la criatura, un bebé o un menor de edad, es siempre la parte principal con la que no se puede jugar. Jeanne Herry, guionista y directora, sólo tenía en su haber hasta el momento otra película, Elle l'adore. Aquí demuestra una habilidad inmensa a la hora de ofrecer una historia coral con conciencia social, con múltiples personajes y numerosas subtramas muy bien hilvanadas, donde no falta ni sobra nada; y sabe pintar, con apenas unas pocas pinceladas, pequeños y grandes dramas cotidianos, introduciendo cuando es preciso un puntito de humor. La película ofrece emociones genuinas, y el espectador nunca tiene la sensación de que están intentando convencerle de algo. Simplemente se muestra la belleza de la vida, que merece la pena valorar y amar, y de la necesidad que tiene cualquier niño de un entorno familiar sano y acogedor; y cómo un conjunto de profesionales se empeña en buscárselo, en un precioso proceso de acompañamiento a las personas implicadas, la madre que entrega y, en este caso, la madre que adopta. Llama la atención los cuidados primorosos que merece un bebé, donde se insiste en que cualquier elemento perturbador cercano puede afectarle, y que en cambio ayuda mucho hablarle con cariño y dulzura, como si pudiera entendernos perfectamente. Esto podía haberse contado en un documental, pero el gran logro de Herry es hacerlo con una historia de ficción tremendamente humana, de personajes que aprendemos a querer, y con distintos rasgos: Alice, que fue con su marido para adoptar porque no podía tener niños, y que tras divorciarse ha perseverado en su intención de ser madre adoptiva; Clara, la joven que no quiere hipotecar su futuro con el hijo que lleva en su vientre; Mathilde, la trabajadora social que atiende a Clara, acogedora, que no intenta condicionarla, que le explica con claridad todo lo que puede hacer para ayudar a su hijo antes de entregarlo; Jean, el padre de acogida que ha aceptado su rol de “amo de casa”, mientras su esposa trabaja; Karine, la pediatra y supervisora de Jean, por el que tiene un amor imposible; Lydie, la trabajadora social que habla con los candidatos a adoptar; Irène, la directora del centro de adopción... Todos y otros tienen fuerza, y están encarnados por un reparto excepcional, Élodie Bouchez, Leïla Muse, Clotilde Mollet, Gilles Lellouche, Sandrine Kiberlain, Olivia Côte, Miou-Miou...
8/10
(2019) | 90 min.
Reconstrucción de unos sangrientos hechos al comienzo de la Transición Española, acontecidos en la ciudad y el día aludidos en el título, en 1976, por tanto pocos meses después de la muerte de Francisco Franco. Agentes de la policía lanzaron gases lacrimógenos y dispararon contra trabajadores en huelga que asistían a una asamblea en la Iglesia de San Francisco de Asís, del popular barrio de Zaramaga. Muestra cómo se gestó la tragedia, encadenando los pasos de los miembros de una familia de clase media de la localidad, vinculada al paro laboral que derivó en el sangriento suceso. Sigue sobre todo al padre, José Luis, periodista de radio Álava que recibe una curiosa oferta, y su hija, Begoña, estudiante enamorada de un trabajador de Forjas Alavesas que se involucra en los movimientos sindicales. Supone el debut como director de largometrajes del santanderino Víctor Cabaco, hasta el momento responsable de capítulos de la serie televisiva Compañeros. Pese a que cuenta con un presupuesto bastante limitado, consigue lo más difícil, que la ambientación de la Vitoria-Gasteiz de la época esté más o menos conseguida, con imágenes documentales añadidas, y la inclusión de himnos del momento, como “A galopar” de Paco Ibáñez o “Campanades morts” de Lluís Llach. Logra buenas interpretaciones de los principales actores, sobre todo de la joven Amaia Aberasturi (vista en la serie 45 revoluciones), como Begoña, y Ruth Díaz, nominada al Goya a la actriz revelación por Tarde para la ira, aquí la madre del clan protagonista. Otros, más secundarios, no logran resultar naturales, quizás por unos diálogos demasiado didácticos. Pese a tratarse de una ópera prima, tiene un guión ágil, y explica bastante bien los errores clarísimos que se cometieron, para quienes desconozcan los hechos. Más discutible resulta alguna sugerencia de que la Transición no fue real, sino una mera mascarada para que siguieran en el poder los mismos –apuntándose al carro de las reivindicaciones de partidos radicales–. A este respecto, el empresario Eduardo (José Manuel Seda), uno de los personajes, llega a citar la célebre frase de “El gatopardo”, de Giuseppe Tomasi di Lampedusa: “Algo debe cambiar para que todo siga igual”. Aunque estremecen las grabaciones policiales reales, con el famoso “Hemos contribuido a la paliza más grande de la historia”, y está claro que resulta significativo que no se juzgaran los hechos, pueden resultar discutibles los rótulos finales, que parecen reivindicar que se pronuncien los tribunales ahora, cuarenta años después: no tendría sentido.
5/10

Viernes 03 de Mayo de 2019

(2019) | 103 min.
Isabel y Sebastián forman un matrimonio sevillano de mediana edad. Él es un militar prejubilado y ella es ama de casa. Pero ahora le va a tocar a él cuidar de su mujer, ya que el mal de Alzheimer se aproxima e Isabel empieza a perder la memoria y a tener vacíos mentales. En esa situación Sebastián descubre que su mujer tuvo una aventura con otro hombre hace años. Tras Todo saldrá bien, el sevillano Jesús Ponce vuelve a insistir en una película dramática de sesgo realista. Con leves incursiones de otros personajes, la historia se vertebra en la relación que une a Isabel y Sebastián, dos personas muy opuestas, cuyo matrimonio no ha sido de color de rosas. El guión de La primera cita se excede quizá al pintar los clichés del militar machista, putero, sumamente egoísta, no muy inteligente y sobre todo desconsiderado con su esposa. En el otro lado, la mujer servil que lleva aguantando toda su vida los desprecios y ninguneos de su marido. La idea de contar una historia de redención es por supuesto elogiable, pero no acaba de resultar creíble la evolución interior de Sebastián, ni tampoco muchos de los momentos en la relación con su mujer, falta imaginación. Quizá destaque más el realismo que se desprende en la conversación con el médico o con el ex compañero militar. Tampoco hace un favor al conjunto la puesta en escena muy sosa, con una iluminación especialmente desvaída, que lleva a pensar por momentos en el cine amateur. Entre el reparto destacan actores habituales del director, en primer lugar Isabel Ampudia, que hace un trabajo esforzado, y luego Mercedes Morán y Víctor Clavijo. Por su parte, Sebastián Haro no parece sentirse cómodo con su rol protagonista, y sí hace una convincente aparición Bruto Pomeroy.
4/10
(2018) | 234 min.

Al norte de China, una enorme ciudad posindustrial está sumida en una niebla perpetua que atrapa a sus habitantes. Una mañana, un simple altercado entre dos adolescentes de un instituto va a forjar el destino de cuatro individuos, víctimas del egoísmo familiar y de la violencia social. Lo único que comparten es la misma obsesión recurrente: huir hacia la ciudad de Manzhouli, donde según dicen, un elefante de circo permanece sentado durante horas, inmóvil, impasible, ajeno a los problemas del mundo.

Lunes 06 de Mayo de 2019

(2019) | 90 min.

A través del uso de la inteligencia artificial y tras décadas de estudios y búsqueda, Leonardo V Centenario logra recomponer, de forma exclusiva, miles de páginas de los códices y redescubre con nuevas y perspicaces perspectivas las teorías y aportaciones prácticas de su trabajo. Y gracias a destacados expertos internacionales y un grupo de técnicos e ingenieros, la película arroja una nueva luz sobre las observaciones y estudios de da Vinci, dando a los espectadores la oportunidad de ver las obras de Leonardo a través de las implicaciones modernas de su trabajo. La industria civil y armamentística, la ingeniería, las comunicaciones, la medicina, la anatomía y el arte del siglo XXI, todos comparten, como denominador común, la investigación y el desarrollo encontrados en la obra del gran Leonardo da Vinci.

Martes 07 de Mayo de 2019

(2017) | 80 min.

Largometraje documental sobre la música argentina y uruguaya, que incluye a más de 70 destacados artistas rioplatenses (Fito Páez, Jorge Drexler, Gustavo Santaolalla, Hugo Fattoruso y Pedro Aznar entre ellos). Fue rodado durante 5 años en las locaciones más diversas de Buenos Aires y Montevideo, retratando todos los paisajes musicales de la región, provenientes del Tango, el Rock, la Murga, el Candombe, la Cumbia y la Milonga.

Viernes 10 de Mayo de 2019

(2019) | 94 min.
En la Costa Azul, la sofisticada estafadora Josephine utiliza ingeniosas tácticas para desplumar a millonarios, en casinos u hoteles de alto standing, pero descubre que ha llegado a su territorio Penny, que usa trucos similares en bares de baja categoría, con vìctimas más humildes. Ambas se unirán para poner en marcha un plan con el que estafan a varios incautos haciéndose pasar por hermanas, pero acabarán enfrentadas en un duelo, a ver quién le saca los billetes a Thomas, un tipo que se ha forrado tras inventar una exitosa aplicación para móviles. Tercera versión de la amena Dos seductores (1964), de Ralph Levy, donde brillaban Marlon Brando y David Niven. Ya tuvo un remake, el inferior pero resultón Un par de seductores (1988), con Michael Caine y Steve Martin, dirigido por Frank Oz. Ésta se apunta a la moda de revisar viejos éxitos con protagonistas femeninas, en la línea de Cazafantasmas, y Ocean's 8, con toques feministas pensados para la era del MeToo, por ejemplo, en un momento del metraje el personaje de Anne Hathaway afirma que las mujeres son mejores timadoras, porque los hombres siempre las subestiman.  La cinta empieza bien, tiene gracia el segmento en el que le birlan un enorme anillo al personaje del siempre eficaz Dean Norris, inolvidable cuñado de Breaking Bad. Pero después el debutante como realizador de largometrajes Chris Addison no logra remontar un guión que hace aguas. Hathaway cumple con cierta profesionalidad, pero no realiza un trabajo memorable, mientras que Rebel Wilson está cómoda, como es habitual, en el terreno de la comedia, pero pese a su gracia natural no consigue que cuelen unos diálogos más bien sosos. Acaba siendo la peor de las tres versiones, lo que da pie a preguntarse de nuevo, ¿no sería mejor crear películas con personajes femeninos completamente nuevas en lugar de revisiones que dan lugar a la comparación?
4/10
(2018) | 122 min.
Los hermanos Charlie y Eli Sisters son dos matones que ejecutan sin piedad las órdenes de su jefe, El Comodoro, siempre consistentes en liquidar a sus enemigos. Un nuevo encargo, matar a Herman Warm, se complica cuando su informante, John Morris, se asocia con su objetivo e intenta despistarlos. Deben emprender entonces un largo viaje-persecución desde Oregón hasta San Francisco, donde la fiebre del oro causa furor. Y en el camino surge el cambio de impresiones entre Eli, el mayor, que desearía abandonar su vida criminal, y Charlie, más visceral y salvaje, al que la negativa relación con su progenitor ha marcado a fuego por la senda de la violencia. Poderoso western dirigido por el francés Jacques Audiard, que escribe el guión con su colaborador habitual desde Un profeta, Thomas Bidegain, a partir de una novela de Patrick Dewitt. Sorprende su visión descarnada del salvaje oeste, donde impera con frecuencia la violencia, con muertes brutales, caciques que se creen investidos del poder para decidir sobre las vidas ajenas, y subalternos que acatan sus órdenes como mercenarios sin escrúpulos. Pero también el modo en que puede introducirse la humanidad: la búsqueda de la utopía, una sociedad democrática donde todos compartan iguales derechos, la comunión con la naturaleza, la camaradería que lleva a compartir lo que uno lleva dentro y exponer ante el amigo los propios demonios interiores. Y aquí el motivo de la fiebre del oro y la fórmula química para encontrar el dorado metal se convierten en estupendo símbolo catalizador de un formidable, brioso cambio de timón en la historia. La gran habilidad del film es el modo delicado en que se nos desliza por esta pendiente de la añoranza de algo mejor, que conduce a momentos verdaderamente entrañables. Que pueda convivir lo brutal y lo emotivo en este film es una especie de milagro, donde la transformación de los personajes nunca parece artificiosa. Los cuatro actores principales, con mención especial para John C. Reilly, están sencillamente soberbios. La última secuencia es pura mágia, con un plano muy fordiano en el umbral de la puerta, y otro en que los efectos visuales, usados sin alardes, nos conducen suavemente a la hermosa conclusión. Audiard ha contado además con un magnífico equipo técnico en apartados como el diseño de vestuario –la mítica y 4 veces oscarizada Milena Canonero–, la música –vuelve a trabajar con su compositor habitual y uno de los más talentosos del momento, Alexandre Desplat, 2 veces ganador del Oscar– y la fotografía –el no tan conocido Benoît Debie, que fuerza algunos momentos difícules de imágenes nocturnas–.
8/10
(2018) | 154 min.
1819. Inglaterra sufre una gran carestía tras las Guerras contra Napoleón. Como siempre, es el pueblo llano quien más nota la falta de recursos, de alimentos, de empleo. El impuesto sobre el maíz, por ejemplo, hace que las familias carezcan de los alimentos más básicos. Y lo peor es que no pueden hacerse oír porque sus reclamaciones no tienen voz en el parlamento. Para alentar una reforma política los pueblos del norte, guiados por una serie de personas influyentes, decidieron organizar una multitudinaria manifestación en Manchester. El cineasta británico Mike Leigh debe principalmente su prestigio a películas como Secretos y mentiras, Todo o nada o Another Year. Director eminentemente social suele centrar el tiro en las clases desfavorecidas, gente humilde que lucha por salir adelante y que sufre dramas familiares, donde aletea casi siempre el amor recio, real, complicado a veces, entre padres, esposos, hermanos. Acomete ahora en La tragedia de Peterloo una historia de época, la segunda consecutiva después de Mr. Turner, algo poco habitual en él, y más cuando se inspira en los terribles hechos reales que tuvieron lugar en Manchester en 1819, cuando las tropas de la caballería inglesa masacraron a la población civil reunida pacíficamente en San Peter’s Field, en lo que pronto se conoció como Peterloo, o la masacre de Peterloo, en referencia a la última batalla de Napoleón. Desgraciadamente no estamos ante la mejor película de Mike Leigh. Aun con sus aciertos hay puntos importantes que acaban rebajando la propuesta. Funciona sin duda la explicación de que la monarquía británica usó los sucesos de Peterloo como explicación de su postura ante unas reivindicaciones populares que le recordaban peligrosamente a la Revolución Francesa, apenas ocurrida 30 años antes. No quería el príncipe regente Jorge (luego Jorge IV) acabar como Luis XVI. Pero la masacre que tuvo lugar fue algo desproporcionado desde todos los puntos de vista y supuso la creación del periódico The Guardian of Manchester (después The Guardian), tal fue el impacto popular que tuvo. Pero el modo en que Leigh elige contarlo llama mucho la atención por su maniqueísmo. El guión pinta a una aristocracia de lo más burdo en su esclavización social y moral del pueblo, no hay matices en los abusos, no hay discrepancias razonables, todo es demasiado simplista. Mientras el pueblo es mostrado como una víctima de la pobreza que clama por una justa representación parlamentaria, todos ellos trabajadores bondadosos, las autoridades, el ejército, los eclesiásticos y el rey son retratados por Leigh como simples negreros sin escrúpulos. A esa carencia de equilibrio se suma una forzada, digamos, modernización en los diálogos, la oratoria parece ser un talento natural generalizado entre los personajes y el conjunto se hace demasiado discursivo, lo que sumado al larguísimo metraje –más de dos horas y media– no le hace ningún favor a la película. Por otra parte, es elogiable el aspecto formal de La tragedia de Peterloo. Hay un potente trabajo de reconstrucción histórica en el vestuario y en la puesta en escena, tanto en interiores como en exteriores, aunque quizá sobresale el uso excepcional de la luz y de la planificación en los espacios cerrados, que retrotrae a lienzos pictóricos de la época. El reparto es muy coral, con pocas licencias al lucimiento de los actores, aunque quizá puede mencionarse especialmente el esfuerzo de Rory Kinnear (recordado por el impactante capítulo inicial de la serie Black Mirror) en su papel del histórico orador Henry Hunt.
5/10
(2018) | 135 min.
Drama homosexual en el París y la Bretaña de comienzos de los 90 del pasado siglo, cuando el sida hacía estragos en la comunidad gay. Jacques Tondelli es un escritor parisino gay de 35 años, que de gira en una pequeña población, conoce al provinciano homosexual Arthur Pringent, de 20 años, que sueña con ser director de cine, aunque resulta un futuro improbable. En ambos se despierta una mutua atracción, y aunque ignoran todo sobre su vida previa –el primero ha tenido relaciones varias, también con una mujer, madre de su único hijo, un niño, Loulou, y está enfermo; el otro es bastante promiscuo, lo que ha compatibilizado con una novia– piensan que entre ellos ha surgido la chispa del enamoramiento. Mantendrán el contacto, e incluso Arthur acaba viajando a París. Christophe Honoré escribe y dirige la que seguramente es su película más madura, y a la que imprime un ritmo narrativo que no decae casi nunca, a pesar del largo metraje, superior a las dos horas. Como casi toda su filmografía, se sitúa en el minoritario mundo gay, por lo que es difícil que arrastre al gran público. Se nota un esfuerzo por ofrecer un cuadro sincero y nada autocomplaciente del mundo gay, donde se experimenta mucho sufrimiento, la sensibilidad está a flor de piel y resultan frecuentes la búsqueda hedonista del placer y la promiscuidad compulsiva, una dificultad para encontrar una suerte de amor duradero, y aceptado como comportamiento corriente. Esto no impide que puedan surgir lazos afectivos, también heterosexuales o de amistad, que vienen a ser como un trago de agua fresca en el desierto, pero están acompañados del habitual desconcierto y desgarramiento interior, y una búsqueda constante de la gratificación. Tiene algo de patético, por ejemplo, ver al amigo reportero de mediana edad pagando a un musculoso prostituto negro, bastante ilustrativo de cómo confluye un sentimiento de vergüenza, con el equívoco de pensar que se trata de una “conquista”; o la clasificación tipológica de gays a cargo de Jacques. No se acaba de entender el título en español, pues el original se traduce literalmente como “Complacer, amar y correr deprisa”, el "deprisa" se aplica a las tres acciones, y no hay en cambio ninguna alusión a “amar despacio”. Sea como fuere resulta, por qué no decirlo, triste, ver a auténticos náufragos existenciales, con pocas tablas de salvación a las que poder agarrarse, para los protagonistas la enfermedad y la muerte no tienen sentido, y el suicidio es una salida perfectamente válida cuando los padecimientos se antojan insoportables. Están próximos al nihilismo, aunque hayamos de suponer que sus trayectorias de artistas, o animando un campamento de verano, han de ser reveladoras de una rica vida interior. También llama la atención la desconexión con sus familias, no existe trato con padres y hermanos, se sobreentiende que por incomprensión mutua. E incluso los que muestran una mirada más comprensiva –las mujeres que han estado con Jacques y Arthur–, mantienen una relación de tipo pragmático –custodia en días alternos del hijo– y en que puede asomar el resentimiento –¿estuvo con otros hombres mientras eran novios?–. Hay quizá respeto, también de los amigos de Arthur, pero a la vez una incapacidad para ponerse en su lugar y acompañar adecuadamente. Vincent Lacoste y Pierre Deladonchamps componen los papeles principales de modo convincente.
6/10
(2019) | 104 min.
Tras la muerte de su padre, el detective Harry Goodman, en un extraño accidente automovilístico, Tim viaja a la ciudad donde éste residía, Ryme City, lugar en que los humanos coexisten en armonía con los pokémon, pequeños monstruitos de diferentes especies. En el apartamento del fallecido se encuentra a la mascota de éste, un pikachu al que por misteriosas razones puede entender cuando habla, pese a que el resto de personas sólo escuchan las palabras “pika-pika”. Con su ayuda tratará de aclarar qué le ocurrió a su progenitor. No acaban de funcionar en la gran pantalla las adaptaciones de videojuegos, ha habido alguna más o menos salvable, como Resident Evil, pero la mayoría fracasan estrepitosamente, como se puede comprobar en Supermario Bros, Assassin’s Creed y demás. De ahí que resulte meritorio este digno largometraje familiar, que versiona el gran éxito de la pequeña consola Nintendo 3D. Tiene al frente a Rob Letterman, responsable de filmes de animación digital como El espantatiburones y Monstruos contra alienígenas y de imagen real, como Los viajes de Gulliver, que aquí combina ambos mundos, pues en la pantalla se mezclan actores con criaturas creadas con gráficos digitales, con una historia típica de film noir que bien podría traer a la memoria ¿Quién engañó a Roger Rabbit?, de Robert Zemeckis. Aunque no lo tenía difícil para ello, supera con creces a Pokémon. La película, insufrible largometraje de animación tradicional estrenado en 1999. Funcionan mejor las secuencias humorísticas, como el interrogatorio a Mr. Mime, o el trozo musical, que la acción, un tanto convencional. Su principal mérito reside en que la historia, previsible y sencilla, y dirigida sobre todo al público infantil, no requiere conocer nada de la famosa saga de videojuegos japonesa; se suceden las referencias y algún que otro chiste sobre los pokémon que disfrutarán los apasionados, pero éstas no molestan a los neófitos. Técnicamente loable, destaca la criatura a la que alude el título, que compensa con creces que su partenaire, Justice Smith (Jurassic World: El reino caído) deje por contra mucho que desear, ya que le falta fuerza, al igual que a Kathryn Newton, principal actriz. Se ha publicitado mucho la presencia de Ryan Reynolds, que le pone la voz a Pikachu, pero puede resultar un poco decepcionante que en pantalla sólo aparezca en un breve cameo. Por su parte, Bill Nighy, que sube el nivel de todas las películas en las que aparece, aquí está totalmente desaprovechado.
5/10
(2019) | 94 min.
Un grupo de amigos treintañeros van a pasar el fin de semana a una amplia cabaña en medio del bosque, antaño lugar de veraneo de Alba, una de las chicas. Habrá mucha bebida y mucha cháchara, juegos y risas, pero la primera noche también servirá para constatar que la relación entre Alba y su novio Pablo no marcha bien. A la mañana siguiente, cuando Alba camina por un riachuelo, la joven despertará de repente en la furgoneta que los lleva a la casa del bosque, como si el día anterior no hubiera ocurrido. Debut en el largometraje del director y guionista pamplonica Jon Mikel Caballero, hasta ahora autor de cortometrajes. Elige para dar el salto una historia no demasiado novedosa, que ya ha adoptado diversas versiones en el cine, desde la comedia al terror, y que responde principalmente a la idea de revivir siempre el mismo día, con la salvedad aquí de que ese día va menguando cada vez. El problema de El increíble finde menguante es que el contenido argumental tiene muy escasa entidad, el distanciamiento amoroso es poco dramático, el desarrollo de la trama carece de intriga y el conjunto no consigue implicar al espectador. Jon Mikel Caballero juega con diversos elementos para captar la atención –la tirita, el balón, el trueno, la cena de los novios, los tesoros escondidos–, pero más bien parecen meros añadidos para dar consistencia a lo que no pasa de ser una ocurrencia fantasiosa, mágica, curiosa. Sabe jugar, eso sí, con la forma de modo convincente, en primer lugar con esos congelados efectistas, pero también con el uso del sonido y la eficaz idea de ir reduciendo el formato de pantalla conforme se suceden las repeticiones. También hace un buen trabajo la actriz Iria del Río (El club de los incomprendidos), protagonista absoluta del film.
4/10
(2019) | 91 min.
Un acercamiento desapasionado y que se esfuerza por ser objetivo, a la figura de Steve Bannon, polifacético personaje y uno de los responsables de que Donald Trump sea el actual presidente de Estados Unidos. Resulta más acertado el título original del film "The Brink", alusivo al punto en que una situación nueva está a punto de comenzar, que el no demasiado sutil con que se estrena en España, en que se despacha a Bannon con un descalificativo al que le falta eso tan sugerente llamado "matiz". La directora Alison Klayman ha tenido un acceso muy próximo al protagonista, y se agradece que haya tratado de honrar esa confianza mostrando lo que ha visto, lo que no significa ser complaciente, pues se advierte sin lugar a dudas de que ella está muy lejos de los postulados conservadores y populistas que configuran el pensamiento de Bannon. Su documental sigue de cerca la trayectoria de Bannon, desde el momento en que cesa como asesor de la Casa Blanca, hasta los resultados electorales a mitad del mandato presidencial, en que los republicanos pierden la mayoría de la Cámara de Representantes. En ese período el antiguo productor, jefe de Breitbart News y banquero desarrolla una amplia actividad como "influencer", respaldando candidatos al Congreso y al Senado, y aglutinando un movimiento internacional de partidos políticos que comulgan con las ideas que trata de promover en todo el mundo. Quizá si por algo destaca el film es porque nos muestra a una persona algo gris, de la que resulta difícil entender por qué levanta tantas pasiones. Le seguimos en la trastienda, dando instrucciones, organizando reuniones, mandando mensajes. Trata de hacer llegar sus ideas, pero tampoco tenemos la sensación de que haga nada que no hagan los del bando contrario, incluso en su caso sin el apoyo de la mayoría de los medios. No se dejan de incluir las acusaciones habituales de racismo –su salida de la Casa Blanca fue cercana los disturbios de Charlottesville–, que él niega.
6/10
(2019) | 92 min.
Bombay. Desde pequeño Aja ha sido un joven revoltoso. Hijo de una madre soltera, trabajadora y buena, Aja empieza siendo un ladronzuelo y acabará años después convirtiéndose en un mago callejero, un faquir que aprovecha su dotes de prestidigitador para birlar las pertenencias de los turistas. Pero las mafias querrán su trozo de la tarta y, a la muerte de su madre, Aja decidirá marcharse a París para esparcir allí sus cenizas. Gratificante adaptación del best seller “El increíble viaje del faquir que se quedó atrapado en un armario de IKEA”, debut literario del franco español Romain Puértolas, con producción europea e india y dirigida por Ken Scott, conocido por las correctas Starbuck y ¡Menudo fenómeno! Sigue el director canadiense optando por la comedia y esta vez atina con una historia muy entretenida, surrealista y romántica, que tiene numerosos puntos en común con Slumdog Millionaire –la comisaría, la narración, el origen del protagonista, las diversas peripecias–, aunque aquí se apunte más directamente hacia el humor y el resultado general sea eminentemente más ligero. La insólita aventura de Aja –es decir, Ajatashatru Lavash Patel– no da un momento de respiro, incluyendo localizaciones muy diversas, desde Bombay hasta París, pasando por Londres, Roma, Barcelona y Libia. En cada una de esas etapas Aja vivirá situaciones de lo más variopintas: se enamorará, viajará dentro de un armario, será robado por unos piratas africanos, se hará aliado amoroso de una actriz, escapará en globo, etc. El guión –escrito por el propio Puértolas en colaboración con Luc Bossi, también productor– es saltarín y variado, narrado con ritmo adecuado, con escenas muy logradas –el modo de conocer a la chica del Ikea, el espectacular baile en Roma– o ideas especialmente inspiradas, como la del contador de historias de la cárcel o la despiporrante obsesión del chavalín por los muebles de IKEA. De fondo, De la India a París en un armario de Ikea homenajea a la maternidad y habla de solidaridad, especialmente en su mirada a los inmigrantes, personas desesperadas que han tenido que huir de sus lugares de origen y para quienes no existe muchas veces una solución estable en los países de occidente. Se opta en este sentido por una visión optimista (irreal dirán algunos), con ocurrencias muy caprianas, como la del reparto libio. Hay que reconocer la valía para el papel protagonista de Dhanush, un célebre actor indio, totalmente desconocido para el gran público fuera de su país. Es un acierto, pues da con el tono de tipo inocentón, de gran corazón, a quien el karma emplea como juguete del destino. Y además baila que da gusto. Le secundan muy bien las actrices Bérénice Bejo (The Artist) y la dulce Erin Moriarty (¡A ganar!). También funciona a la perfección la música de Nicolas Errerà, melódica y diversa.
6/10
(2019) | 98 min.
Yibuti, 1976. El pequeño país del cuerno de África es aún colonia francesa. Un grupo armado que busca la independencia secuestra un autobús escolar que transporta a numerosos niños franceses. Su objetivo es llegar a la frontera somalí, pero el vehículo quedará en tierra de nadie, entre los puestos fronterizos defendidos respectivamente por tropas francesas y somalíes. Eludiendo cualquier conflicto internacional, la ministra francesa enviará allí a un todavía inexperto comando de francotiradores. El tiempo apremia. Segundo largometraje del francés Fred Grivois, que narra un episodio bélico real acontecido en un periodo de tan sólo 12 horas en la frontera somalí el 3 de febrero de 1976. Fue un hecho puntual, poco conocido, y es precisamente la naturaleza pequeña de ese suceso el que favorece el resultado del film, que atrapa en todo momento sin alardes imaginarios, sin apenas gestos para la galería. En su escueto realismo recuerda quizá a 7 días en Entebbe, aunque en ese caso había más localizaciones y una mayor amplitud del acontecimiento. La intervención, por su parte, es una película más modesta a priori, pero sus elementos están magníficamente cuidados y está narrada con excelente oficio. Quizá lo más destacado sea el adecuado ritmo que imprime el director. El espectador se introduce en las horas de espera, de tensión vivida por los francotiradores, en sus dudas, en sus prioridades, en sus tiranteces con los mandos militares. A la vez, de modo sutil presenta a los personajes con escasas pero eficaces pinceladas, diálogos certeros, de modo que adquirimos una rica información sobre sus personalidades, su camaradería o, en su caso, discreción. Es creíble también el desarrollo de las actividades de la profesora, aunque alguna conversación con los secuestradores resulta forzada. Y en su apuesta por la sencillez Grivois economiza bien las escenas y va directo al grano. Por ejemplo huye razonablemente de malabarismos formales: en la primera parte del film usa la fragmentación de la imagen con finalidad exclusivamente narrativa, para luego olvidarlas cuando el escenario es único. Y la acción, realista y seca, irrumpirá con fuerza cuando toca, cuando todo ha sido ya preparado. El reparto está a la altura y aunque destacan sin duda los dos protagonistas, el capitán André Gerval y la profesora Jane Andersen, interpretados respectivamente por Alban Lenoir y Olga Kurylenko, ambos se apartan convenientemente de cualquier divismo, al igual que se eluden excesos sentimentales de cualquier género. Al final queda un producto digno, la crónica de una operación bélica llevada a cabo por un grupo de francotiradores franceses que llegaría a ser legendario.
6/10
(2018) | 102 min.
Tres hombres y una mujer se quedan atrapados a cientos de metros bajo tierra tras un derrumbamiento de una vieja mina en Asturias. Las horas y los días pasan, falta el aire, la situación se hará cada vez más desesperada y el rescate no llega. Angustiosa coproducción argentina y española escrita y dirigida por el asturiano Luis Trapiello, que debuta en el largometraje. La narración está dosificada sabiamente: por un lado se muestra la desesperación de los sepultados; por otro, la situación en la superficie y los escasos planes para intentar un rescate imposible. A la vez, Trapiello da aire al espectador al mostrar imágenes del pasado del personaje protagonista, Daniel, un argentino nuevo en el equipo, cuyo matrimonio traviesa una crisis y que ha accedido por primera vez al interior de la mina. Por lo demás, el guión de Enterrados trae alguna reminiscencia de ¡Viven!, habla de providenciales coincidencias y en su vertiente social la historia critica a los empresarios insensibles que exigen lo imposible a unos trabajadores que explotan minas secas a costa de un riesgo claro para sus vidas. Hay un esfuerzo en el dibujo de los personajes atrapados, servidos con conversaciones, discusiones, ensoñaciones, soliloquios, preguntas, pesadillas. El reparto es sólido, con correctos trabajos del argentino Joaquín Furriel (Taxi a Gibraltar) y la española Candela Peña (brillan especialmente sus comentarios existenciales), los actores más conocidos. Hay por lo demás un convincente uso de la iluminación, especialmente en el interior de la mina. La banda sonora, usada sin excesos, juega también en ciertos momentos un papel primordial para crear una ambientación agobiante, cerrada.
5/10
(2017) | 71 min.
Esther tiene razones para sospechar que Robert, su esposo, la engaña con otra. Cuando le sigue en su coche, descubre que se trata de un peligroso psicópata que rapta a una prostituta, a la que traslada a una finca alejada de la gran ciudad. Pese a su limitadísimo presupuesto, el debutante Ángel L. González Martínez logra capturar la atención del público, con un ritmo ‘in crescendo’. Acierta al crear tensión manteniendo la elegancia, sin recrearse en secuencias violentas. Ha compuesto un reparto formado por tres efectivos actores, que sostienen el film en solitario, prácticamente en un escenario único. Destaca el trabajo de Susana Abaitua (Sé quién eres), carismática actriz que da vida a la secuestrada y que promete dar que hablar en el futuro, aunque sus compañeros dan la talla. Habla del shock que supone descubrir que no se conoce bien a quien se tiene más cerca. Por desgracia, al guión le falta dibujar mejor a los personajes, aunque sea con unas breves pinceladas, sobre todo al villano, del que no se sabe absolutamente nada, salvo que no le funciona muy bien la cabeza. Por esta razón, el espectador se lleva la sensación de que está viendo un corto alargado, de setenta y cinco minutos que se podían haber quedado en diez. Por otro lado, al guión le falta un poco de frescura, todo parece mil veces visto en diversas cintas de asesinos, y la reacción final del villano no acaba de resultar del todo creíble.
4/10
(2018) | 96 min.
Imaginativa película animada húngara del pintor y artista multimedia Milorad Krstic, nacido en 1952, que debuta en el largometraje y coescribe el guión con la también recién llegada Radmila Roczkov. Sigue las vicisitudes de Ruben Brandt, psicoterapeuta que trata a sus pacientes con originales métodos basados en al arte. Pero él mismo parece estar necesitando urgente atención psiquiátrica, pues desde niño sufre pesadillas y alucinaciones relacionadas con célebres cuadros, que han ido "in crescendo". Cuatro agradecidos pacientes, encabezados por la cleptómana Mimi, deciden ayudarle de una forma muy singular: robando los cuadros protagonistas de sus malos sueños, que se exhiben en museos repartidos por todo el mundo. Resultan ser muy eficientes a la hora de ejecutar los robos, pero les pisa los talones el policía Mike Kowalski, que además se siente fuertemente atraído por Mimi. Una de las grandes virtudes del film es saber combinar la entrega de una entretenida y dinámica trama, con muchos pasajes de acción, incluidas vertiginosas persecuciones, con una atrevida mezcla de géneros, y al mismo tiempo, dar una lección de arte con las numerosas referencias a estilos pictóricos y clásicos del cine, cuyo reconocimiento hará las delicias del espectador. Cuando Krstic describe la película como "una enciclopedia continua del arte y del cine" no está exagerando un ápice. Porque con un estilo visual dominante influido por Dalí y Picasso, hay además referencias a numerosos pintores, Velázquez, Botticelli, Magritte, etcétera, e incluso hay espacio para la performance improvisada, genial el pasaje del robo en el museo de Tokio. Mientras que lejos de convertirse en mezcolanza indigesta de géneros variopintos, conviven muy bien la acción, la intriga con un punto de comedia que remite a títulos como Charada y Con la muerte en los talones, las referencias al psicoanálisis, las convenciones del subgénero de las películas de robos, o las teorías de la conspiración de la Guerra Fría; también hay una deuda, por supuesto, con el surrealismo de Luis Buñuel. Merece aplauso el logrado ritmo, con una descripción mínima de los personajes y sus traumas de infancia, que tratan de superar conformando un equipo, nunca mejor dicho, "por amor al arte". Los diseños son originales, con mención especial para el protagonista Ruben, pero también la esbelta Mimi. o el personaje bidimensional, los surrealistas rasgos, dos corbatas o tres ojos, se aceptan con total naturalidad, forman parte del atractivo juego urdido por el artista total Krstic.
8/10

Viernes 17 de Mayo de 2019

(2019) | 111 min.
Nueva adaptación de las andanzas del diabólico personaje de cómic de Dark Horse creado por Mike Mignola. Si ya la versión con dos películas de Guillermo del Toro resultaba algo cansina, la nueva revisitación a cargo del poco conocido Neil Marshall consigue ganarle en tono plomizo. En muchos momentos de visionado del film viene a la cabeza esa frase manida de "esto parece un tebeo", lo que alguien podría considerar virtud, pero que es expresión muy utilizada cuando una narración acumula situaciones sin ton ni son, muestra personajes que se mueven de un lado a otro como si existiera el tiempo cero, y abusa de frases humorísticas en situaciones dramáticas. Nos remontamos a los tiempos del rey Arturo, en que éste logró vencer a Nimué, la Reina de Sangre, y tras trocear su cuerpo, selló los pedazos en herméticos cofres. Luego, ya en la actualidad, Hellboy es una criatura infernal que aún ignora sus orígenes, está muy unido a su "papá" y trabaja para una agencia secreta del gobierno de actividades paranormales. El caso es que Nimué va a volver a la vida dispuesta a desatar el apocalipsis, y le gustaría que Hellboy fuera su aliado. Lo anterior es la descripción sencilla de la trama del film. Porque a lo largo del metraje hay espacio para la lucha libre a la mexicana, los nazis, los duendes ladrones de bebés, las hermandades secretas, las videntes, los transformistas y los frailes que han hecho voto de silencio. Nada que objetar a tal mezcolanza, si sirviera al propósito de dar consistencia a una historia sólida, capaz de emocionar en algún momento. Pero el guión de Andrew Cosby renuncia a crear verdaderos conflictos y emociones, y los personajes no parecen alterarse por nada, véase cuando a Hellboy le explican quién es su mamá. La idea de un demonio, Hellboy, que pasaría de ser ángel caído a ángel elevado, por así decir, investido de una "sagrada misión", ni siquiera se roza, y francamente, importa un bledo. Al no superconocido David Harbour le toca dar vida al musculoso personaje colorado de poderosa musculatura y recubierto de maquillaje, y en fin, se limita a estar, igual que el resto del reparto. Así que lo que queda es la acción y el enorme esfuerzo de producción, con borrachera de efectos visuales y diseño de criaturas que parecen recién salidas de Mordor, donde destaca la pelea con los gigantes. Al que le guste eso, tal vez disfrute del film.
4/10
(2018) | 126 min.
Acercamiento a la figura de Sergei Dovlatov (1941-1990), uno de los escritores rusos más relevantes del siglo XX. Dovlatov, que emigró a Estados Unidos en 1978, en donde se ganó la vida como director de un periódico, publicó sus novelas y cuentos en el exilio, con notable éxito. Sin embargo, en Rusia no fue reconocido literariamente hasta después de su muerte, tras la caída del comunismo. El moscovita Aleksey German se centra únicamente en seis días en la vida del escritor en San Petersburgo (entonces Leningrado), concretamente del 1 al 6 de noviembre de 1971, cuando Dovlatov luchaba por entrar en la Unión de Escritores. Fueron momentos críticos para él, puesto que fue despedido de la revista en que trabajaba y la censura denegó la publicación de sus escritos por ser demasiado banales, normales, poco claros, cuando el régimen exigía un arte absolutamente unívoco y realista, sin metáforas ni ironías que sugirieran sentidos implícitos más allá de los textos. Y ése era precisamente el punto fuerte de Dovlatov, cuyo espíritu burlón y sarcástico era el sello de identidad de sus obras. El film es interesante pero también resulta aburrido. Formalmente nos transmite la apagada vida del país con una fotografía brumosa y clara, sin colores contrastados. El metraje es extenso, el ritmo lento, y, salvo algún trágico suceso y los intentos del protagonista por comprar una muñeca para su hija, las escenas tienen poca relevancia, sin giros ni apenas sorpresas. Asistimos así a las andanzas del escritor (encarnado por un Milan Maric al que le falta algo de garra) y a sus reuniones clandestinas con los artistas de la época, novelistas, poetas (entre ellos Joseph Brodsky, gran amigo de Dovlatov), pintores, músicos, comerciantes del mercado negro, que se reunían para charlar, escuchar jazz, conocerse y encontrar algo de paz entre las dificultades que imponía el sistema.
5/10
(2018) | 111 min.
A los ocho años, Eda vive con cierta normalidad en Praga, pese a que corren los terribles años de la Segunda Guerra Mundial, y los alemanes han invadido la ciudad. Cuando los nazis desalojan a su familia de su apartamento, por escuchar una emisora de la resistencia, se impone hacer las maletas para mudarse a la casa rural, donde se reúnen con un rígido abuelo paterno, y sus tíos. Allí tendrá que abrirse hueco entre otros niños, rudos campesinos. El checo Jan Sverák logró en 1997 el Oscar a la mejor película extranjera con la emotiva Kolya, basada en un guión de su progenitor, Zdenek Sverák, también en torno a un chaval, aunque más pequeño, que quedaba a cargo de un chelista, durante la época en la que la Unión Soviética controlaba el país. Esta vez el realizador también adapta un material firmado por su progenitor, en este caso una novela de marcado cariz autobiográfico. Por esta razón, la cinta también guarda relación con su ópera prima, Escuela primaria, aunque allí la protagonista sea una niña, y la acción transcurra al término de la contienda. Barefoot está rodada con un tono poético y nostálgico, que filtra la guerra a través de los ojos del niño, hasta el punto de que algunos fragmentos se vuelven cómicos, como la divertida secuencia de apertura. Viene a explicar que la infancia tiende a la felicidad, incluso en tiempos duros, con el uso de la imaginación y momentos de aventura al estilo de Mark Twain, y una cuidada fotografía que recrea una niñez idílica. Pero no se oculta el horror del Holocausto, con una secuencia dura, en la que a un anciano tartamudo le saca a la fuerza de su apartamento la Gestapo. En este sentido, recuerda mucho a Esperanza y gloria, el film de John Boorman donde el británico revivía sus propias experiencias. Buen trabajo del jovencísimo debutante Alois Grec, sin cuya espontaneidad la película no sería la misma. También resulta llamativa la labor del abuelo, encarnado por Jan Tríska, uno de los secundarios checos que más ha trabajado en Hollywood, en títulos como Ronin, El escándalo de Larry Flynn  o 2010: odisea dos.
7/10
(2018) | 116 min.
Vistosa película del veterano cineasta Zhang Yimou, que sabe combinar espectacularidad, exquisito esteticismo y drama íntimo con tintes de trágico fatalismo y comportamientos casi maquiavélicos. Se inspira en las leyendas tradicionales de los Tres reinos y la épica de Jingzhou, revisitadas con frecuencia por el cine chino, y que en el caso que nos ocupa se centra en la figura de “la sombra” o “el doble”, aquella persona de humilde condición pero que presenta un enorme parecido físico con alguien poderoso, y al que se mantiene en la oscuridad hasta que llegan determinados momentos decisivos, en que puede tocarle sustituir al original. El rey de Pei se mueve entre la pusilanimidad y el pragmatismo. No quiere un nuevo enfrentamiento con el reino vecino, pues ya en el pasado salieron escaldados, y parece haber renunciado a reclamar la ciudad amurallada de Jing. Indignado, su comandante ha retado unilateralmente al rey vecino; aunque en realidad lo ha hecho su “sombra”, siguiendo sus instrucciones, pues el comandante auténtico mora escondido, con heridas del pasado que le impiden combatir, y sólo su esposa y la “sombra” saben de este ardid. Todo forma parte un elaborado plan para conquistar Jing, donde el duelo de la “sombra” está urdido a modo de distracción. Aunque las cosas pueden ser aún más complejas de lo que parece a simple vista. Yimou, con su coguionista Li Wei, entregan una historia de intrigas palaciegas que engancha, con amores trágicos –la esposa del comandante se debate entre el amor a su esposo, y la atracción por “la sombra”–, y las decisiones injustas típicas de los tiranos, a los que no importa jugar con las vidas de sus súbditos, e incluso de sus personas más queridas, para alcanzar sus fines. En tal sentido los dramas del rey veleidoso, su hermana cuyo matrimonio se negocia en condiciones vergonzosas, o el triángulo del comandante, su esposa y la “sombra”, tienen resonancias de la tragedia clásica, ya sea griega o shakespereana. Y esto no impide que el film incluya también vistosas escenas de acción y lucha, con magníficas coreografías que permiten metáforas sobre lo femenino y lo masculino, el yin y el yang y los opuestos, o sobre los afectos no confesos, y algunos giros argumentales sorpresivos en el tramo final. Visualmente la película es una verdadera gozada. Arriesga Yimou junto a uno de sus directores de fotografía habituales, Zhao Xiaoding, a la hora de apostar por una paleta de colores que se mueve entre el blanco y el negro con una amplia gama de grises, el resto de la grama cromática mantiene siempre un aspecto apagado –el color carne, los verdes vegetales...–, que la acerca a dichos colores. Esto, junto a los cielos nubosos y la perpetua lluvia, concede al conjunto un aspecto maravilloso, que funciona muy bien, y que viene influido, según confesión del propio director, por las tradicionales imágenes tintadas de su país. Aunque el film cuenta con muchos figurantes, apenas hay una decena de personajes con líneas, y todos ellos están muy bien interpretados. Está muy bien Deng Chao en su doble papel de comandante y “sombra”, pero también las mujeres, Sun Li, la esposa, y Guan Xiaotong, la hermana, además de Ryan Zheng, que sabe conceder inesperados rasgos al rey de Pei.
7/10
(2018) | 75 min.
Segunda película como director de Louis Garrel, de nuevo con su protagonismo dando vida a un personaje llamado Abel, como el de su primer film, Los dos amigos. Consiste en una pequeña pieza de cámara, de estructura impecable, en cuyo guión ha intervenido también un peso pesado de la escritura cinematográfica, el colaborador habitual de Luis Buñuel Jean-Claude Carrière. Se trata de una cinta muy francesa, deudora del cine de la nouvelle vague, y muy concretamente del de François Truffaut. Sigue al indolente Abel, plantado por su pareja Marianne, que se va a vivir con quien era su mejor amigo, Paul, está esperando de él un hijo. Ocho años después, Paul muere repentinamente. Y Abel y Marianne retoman su antigua relación, entre las suspicacias del niño Joseph, el hijo de ella, que asegura que la madre envenenó a Paul; y las de Ève, hermana pequeña de Paul, que siempre estuvo obsesivamente enamorada de Abel. La película está bien llevada, se sigue con interés, y capta una instantánea de esta sociedad nuestra poblada de adultos inmaduros, los pensamientos de Abel, Marianne (Laetitia Casta) y Éve (Lily-Rose Depp), recogidos con una voz en off, junto a sus decisiones y acciones, impulsivas y poco razonables, son buena muestra de ello.
6/10
(2019) | 94 min.
Verderonne, un pueblecito en el Oise francés. La anciana Claire Darling, viuda y propietaria de una preciosa casa en el campo, decorada con todo tipo de tesoros preciosos, cuadros, muebles, autómatas, ha decidido sacar todo al jardín y venderlo en un improvisado mercadillo. La sensación es que ha perdido la cabeza, algo que parece confirmar su idea de que va a morir ese día; Martine, una lugareña amiga de la infancia de Marie, hija de Claire, la avisa, y aunque hace muchos años que no hay contacto, acude a ver qué pasa. Lo que hace que vuelvan a supurar heridas afectivas nunca cerradas, debidas a una tragedia familiar del pasado. Julie Bertucelli, que se ha formado –y se nota– al calor de cineastas como Otar Iosseliani, Krzysztof Kieslowski, Bertrand Tavernier y Rithy Panh, de los que ha sido ayudante de dirección, y rodado varios documentales, vuelve a la ficción sobre la familia y la muerte que caracterizó a su film El árbol con esta adaptación de una novela de Lynda Rutledge. El film sabe jugar bien con esa esa especie de demencia senil que parece aquejar a Claire, para manejar un estructura narrativa deconstruida, en que conviven el presente y el pasado, a veces en el mismo plano. Con cierto atrevimiento pueden verse versiones actuales y juveniles o infantiles de los personajes, y en algunos momentos es clara la deuda con el realismo mágico. Y queda todo el rato la tristeza de un final de etapa, y la intriga de qué le ocurrió a la querida familia Darling. Podría sonar todo a artificioso, pero el guión del film a varias manos es sólido, y Catherine Deneuve está sensacional como protagonista ida, también en su confrontación con Chiara Mastroianni, su hija, los reproches, el sabor agridulce de lo no resuelto y del daño mutuamente infligido está ahí. Por el tono del film se juega también a la carta de la ambigüedad, uno no acaba de tener claro si hay motivos para haber alimentado un sentido de culpa, y la hija la ayuda con una mentira piadosa, o si la soledad y la amargura han hecho que ese sentimiento creciera y se hiciera muy real. Este no estar seguros, también en los sentimientos entre Claire y el sacerdote que se apiadó de ella cuando sobrevino la tragedia, da al film una vaporoso atmósfera, muy especial y elegante.
6/10
(2018) | 97 min.
El jovenzuelo inexperto Arnaud Jaurès da clases de alemán a un político, motivo por el que le surge la oportunidad de ayudar en las primarias de la campaña presidencial de Francia, como ayudante de Agnès Karadzic, mujer pragmática que se mueve como pez en el agua en las procelosas aguas de la política. Esto le obliga a postponer el viaje a Canadá con su novia para ayudar a una ONG en el trabajo con los inuits, nativos de ese país. Pasarán las semanas, y Arnaud ya nunca será el mismo. Insulsa comedieta francesa sobre el mundo de la política a cargo del debutante Mathieu Sapin, también coguionista. El film, más allá de mostrar cómo el "polluelo" protagonista se convierte en algo parecido a un "gallito", con su maestra Karadzic, que es superada por su aprendiz, poco más parece tener que ofrecer, falta una trama medianamente sólida. Así que simplemente seguimos la campaña, el cambio de candidatos, los mítines, pequeñas crisis, algún revolcón, más el cinismo contagioso de Karadzic, todo ello mostrado sin excesivo talento, incluida la gracieta del supuesto plagio en un discurso. Tampoco los actores parecen tener muy claro lo que se espera de ellos. Cierto que Alexandra Lamy tiene la suficiente presencia para que nos la creamos un poco, con su radiante sonrisa ligeramente burlona, y que Finnegan Oldfield da el tipo de personaje indolente que se adapta a los vientos que soplan, sin plantearse nunca grandes cuestiones. Pero lo que ocurre no interesa, y el candidato interpretado por Gilles Cohen no tiene ningún carisma, de modo que el giro que da en el último tramo resulta un tanto ridículo.
4/10
(2019) | 120 min.
Las trayectorias de Charlotte Field, flamante Secretaria de Estado, y Fred Flarsky, periodista contestatario, vuelven a encontrarse muchos años después de que se conocieran siendo unos jovencitos, ella le hacía de niñera. Tras saber que el presidente Chambers no se presentará a la reelección, adelantará sus planes para postularse como candidata a la Casa Blanca, su idea es lograr un gran éxito con un importante acuerdo ecológico global, el trampolín perfecto que la situará como favorita. Ella es una mujer preparada y capaz, y además luce casi como una modelo de pasarela, pero sus asesores piensan que a sus discursos les falta un toque de humor. Y se lo podría proporcionar Fred, personaje desastrado y que siempre lo cuestiona todo, pero con indudable ingenio y visión de las cosas, con quien ha coincidido casualmente en una reunión social. Inesperadamente, sobre todo por parte de ella, prende la chispa del enamoramiento. Comedia gamberra, pero con elementos románticos y de sátira política, que reúne a Jonathan Levine con uno de sus actores habituales, Seth Rogen, ambos han rodado juntos 50/50 y Los tres reyes malos. El guión lo firma una pareja atípica, Dan Sterling, que ha escrito para series como South Park y The Office, y Liz Hannah, que escribió para Spielberg Los archivos del Pentágono. El resultado, de dos largas horas, funciona mejor de lo previsto, logrando que aceptemos el romance de Rogen con Charlize Theron, a priori poco creíble, y encajando un buen puñado de ideas como la posibilidad de que una mujer sea algún día presidenta de Estados Unidos. No es que se busque la credibilidad, pues todo resulta conscientemente disparatado, pero sí la coherencia, que el cambio de tono suceda sin que la cosa chirríe demasiado. Porque no faltan desde elementos zafios al estilo de los hermanos Farrelly –Algo pasa con Mary es un obvio referente, y sería digno de estudio en una tesis doctoral cómo el fijador del pelo que un día sorprendió puede dar paso ya a cualquier cosa sin que el espectador casi ni pestañee, la banalización de la masturbación prosigue–, y bromas con el consumo de drogas –más banalización– a otros más románticos, pasando por momentos al estilo El ala Oeste de la Casa Blanca, y bombardeos y todo propios de una cinta de acción, y hasta hay tiempo para una crítica mordaz donde reciben sopapos los políticos que conciben su trabajo como un espectáculo y un reparto de prebendas, el estado profundo con los millonarios que operan presionando en la sombra, o los medios de comunicación, con tendencia a frivolizar e insultar. Hay cierto ingenio en dar la vuelta a las previsiones de lo que se piensa que funcionará o no ante la opinión pública y en las encuestas, y sorprende agradablemente que se pongan en la picota los prejuicios y rechazo hacia los que piensan de modo diferente, invitando a la autocrítica. Aunque se hacen malabarismos para encajar ideas, el film intenta jugar al equilibrio a la hora de señalar que en política y en la vida en general hay que llegar a compromisos y saber ceder en lo que uno pueda ceder, a la vez que aboga por la fidelidad a los propios principios. Está bien el reparto, sobre todo la pareja protagonista, muy divertidos y con química, pero también los secundarios menos conocidos.
6/10
(2018) | 82 min.
Jesús García Colomer, autor de los libros “Medjugorje” (sobre las apariciones marianas en la aldea de la ex Yugoslavia) y “¿Que hace una chica como tú en un sitio como éste?” (en torno a la vocación religiosa femenina), debuta como realizador en el campo del documental con un logrado trabajo que se centra en los voluntarios que acompañan y asisten a los enfermos que peregrinan cada año a Lourdes desde España. Aparecen imágenes que recogen a los protagonistas en acción, pero cobran importancia sobre todo los testimonios, tanto de éstos, como de las personas a las que asisten, sacerdotes y algún que otro familiar. Se hace hincapié en la búsqueda de sentido para el sufrimiento en personas con parálisis cerebral y otras dolencias que les impiden valerse por sí mismos, y que en muchas ocasiones están a punto de sufrir graves depresiones antes de viajar a la localidad del sur de Francia, donde acaban recuperando la alegría. El realizador no pretende hablar de los milagros ocurridos allí y reconocidos por la Iglesia Católica, pues prefiere poner de manifiesto que la mayoría de peregrinos reciben un beneficio aún mayor, porque gracias a la experiencia aprenden a encarar su desgracia con optimismo, y con fe. Lo que se vive en el lugar también resulta beneficioso para los voluntarios, que según sus propias palabras se dan cuenta de la importancia de desprenderse de lo innecesario; pues en la sociedad occidental los ciudadanos sufren por problemas que resultan absurdos cuando se comparan con los de personas que deben afrontar terribles enfermedades, y sufren graves problemas de movilidad, entre otros hándicaps. Introduce la cinta una voz en off, supuestamente de la propia Virgen, que establece un tono distendido. Se trata de una producción específicamente dirigida a los creyentes, a diferencia por ejemplo de los trabajos de Juanma Cotelo, quizás ir en la línea de este cineasta habría aumentado su público potencial. Por otro lado, algunas veces el autor del largometraje parece haber seleccionado declaraciones que se apartan un poco del camino que se supone que tiene que seguir. Por ejemplo, un matrimonio habla de que la relación con sus hijos discapacitados refuerza los vínculos entre ellos y da sentido a su unión conyugal, o una mujer africana narra su periplo (ambos casos darían para una película aparte). Da igual, pues el conjunto resulta emotivo, que realmente es lo difícil de conseguir en el cine, y da que pensar sobre la necesidad de huir del hedonismo predominante en la sociedad moderna.
7/10
(2018) | 98 min.
Serbia, 1999. Mientras la OTAN bombardea el territorio controlado por el régimen de Slobodan Milosevic, a Vlada le encargan transportar en su camión un cargamento totalmente cerrado, desde Kosovo hasta Belgrado, lo que supone cruzar la mayor parte del territorio devastado por la guerra. No debe hacer preguntas, ni abrir los paquetes, ni detenerse, aunque no podrá evitar de vez en cuando buscar un teléfono para conversar con su esposa enferma. La ruta directa está cortada, así que deberá aventurarse por alternativas que no conoce bien. Debut en la ficción del documentalista serbio Ognjen Glavonić, que participó en la Quincena de Realizadores del Festival de Cannes. Metáfora clara desde el título sobre la pesada carga de la historia reciente serbia, y de la degradación moral de los ciudadanos corrientes, el film retoma el espinoso tema de los crímenes de guerra cometidos por la policía y el ejército de su país en el conflicto que asoló los Balcanes, que el realizador ya había abordado en el docuthriller Depth Two, donde entrevistaba a víctimas y verdugos. Demuestra un enorme talento, al sugerir la amplitud del horror, sin mostrar directamente la violencia. De ritmo lento, el realizador imprime un tono de thriller que trae a la memoria El salario del miedo, de Henri-Georges Clouzot, y también Carga maldita, el remake rodado por William Friedkin, y consigue crear suspense alrededor de la naturaleza de la mercancía. Pese a que se trata de un film muy difícil para los actores, por sus extensos silencios, Leon Lucev consigue sostener la mayor parte del metraje, con gestos contenidos. Le acompañan competentes secundarios que paulatinamente van adquiriendo protagonismo, como el autoestopista, al que da vida el expresivo adolescente Pavle Cemerikic.
6/10
(2019) | 135 min.

Ashish (Ajay Devgn) tiene 50 años. La joven Ayesha (Rakul Preet Singh) tiene 26 años (50- 24=26). Los dos se conocen en las hermosas calles de Londres donde surge el amor. En su regreso a India, Ashish presenta a la joven a su familia y se arma el revuelo. Sus dos hijos tienen la misma edad que su novia y quizás queden asuntos por resolver con su ex-mujer Manju (Tabu). Ashish descubrirá si lo viejo es todavía oro o la edad es sólo un número. Después de todo, el amor tiene la fuerza y la resistencia para superar cualquier barrera ... ¿O no?

(2018) | 96 min.

Lili es una niña de 11 años con un gran secreto...¡puede hablar con los animales! su especial talento ha causado muchos problemas a su familia y les ha obligado a mudarse. Lili promete no contarle a nadie su secreto....Pero tenddrá que romper su promesa para salvar a un pequeño elefante de las garras de un despiadado ladrón de animales.

Viernes 24 de Mayo de 2019

(2018) | 127 min.
Semblanza musical de Blaze Foley (1949-1989), cuyo verdadero nombre era Michael David Fuller. Blaze fue un músico outsider, que se movió en el terreno del country y del folk-blues y dejó una huella imborrable en la tradición del movimiento Texas Oulaw Music, que tuvo eminentes representantes en Merle Haggard o Willie Nelson. Blaze fue un tipo singular, compositor de genio, poético, capaz de embelesar a la concurrencia con sus baladas, que, lejos de grabaciones comerciales, fueron tocadas por el camino, guitarra en mano, en muchos bares y locales rurales, y pusieron sus cimientos para la inmortalidad. Porque Blaze, como él mismo dice en la película, no deseaba ser una estrella, más bien prefería ser una leyenda. Y es que las buenas canciones duran para siempre. El actor, guionista y director Ethan Hawke es un tipo inquieto. Su faceta artística no sólo incluye el ámbito cinematográfico, sino también el teatro y la literatura. Y se ve que este proyecto es muy personal, algo propio de una visión artística fuera de las esclavitudes de la moda y el negocio. Y está mimado hasta el extremo. Vierte así en este film una visión tierna y mitificada del artista desnudo, auténtico, de vida desarrapada y errante, anárquico y visceral, aunque sin endulzar el resultado. Blaze se basa en las memorias de quien fuera su esposa, Sybil Rosen, que también ejerce de coguionista, y cuya relación con el músico vertebra prácticamente todo el film y lo sitúa en una vertiente romántica y trágica a la vez, en la línea de las dificultades afectivas del artista sin fisuras, incapaz de instaurar orden en su vida familiar –la pareja llegó a abortar a su hijo– y de comprometerse más allá de lo que él considera una vida libre. Narrada de modo desestructurado, Hawke comienza su film con una entrevista radiofónica a sus amigos artísticos, que hablan de la prematura y trágica muerte del músico a causa de un disparo ajeno. La trama serpentea entonces por dos fases de la vida de Blaze, la centrada en su última actuación y la que recoge diferentes eventos de su vida, sobre todo en lo referente a su relación amorosa con Sybil. Y todo el film, absolutamente todo, está trufado de las baladas del genial músico, muchas veces como temas de fondo aunque la mayoría proceden del propio desarrollo argumental, bajo la sentida interpretación directa de un asombroso Ben Dickey, que parece completamente mimetizado con el personaje. También está estupenda Alia Shawkat. Destaca además un extraordinario tratamiento fotográfico de Steve Cosens, pleno de colores tostados y nocturnos que impregnan de nostalgia la película. Blaze nace para ser minoritaria, una rara avis del cine actual, pero que los amantes de la música, de las canciones populares, de los creadores de raza apreciarán sin duda como un soplo de aire en medio del desierto.
6/10
(2017) | 98 min.
Amable comedia italiana, con su punto agridulce a cuento de la reflexión social. Sigue a Giovanni, que lidera un think tank de gran influencia en la Unión Europea, en lo que se refiere a cómo abordar el caótico crecimiento de las deprimidas periferias de las urbes de Italia. Separado y con una hija adolescente, sus buenas intenciones de ayudar a la mejora de esas barriadas choca con una inesperada dosis de realidad. Porque su niña, Agnese, una niña bien, está saliendo con Alessio, chaval de barrio, que vive con su madre y sus tías gemelas, ladronas compulsivas, su padre está en la cárcel por rajar a un individuo. Giovanni comenzará a seguir vigilante los pasos de su hija, medida de prudencia en la que coincide con Monica, la madre, que trabaja en el comedor de una residencia de ancianos, y que también mira preocupada la relación. A pesar de las diferencias, ambos progenitores comenzarán a congeniar. Quizá la cinta coescrita y dirigida por Riccardo Milani podía haber sido más divertida, y contar con un ritmo más ágil, pero lo que tenemos funciona razonablemente bien. Hay buenos gags a cuento de los contrastes entre dos mundos –el de las clases acomodadas y culturetas, y el de las barriadas y gustos y posibilidades populares–, y en el modo en que evolucionan las posibilidades de los aspectos románticos de la trama existe un cierto realismo. Se agradece un equilibrio al poner en solfa la burocracia corta de miras de Europa, al fin y al cabo, se recuerda, hay un esfuerzo por crear políticas que mejoren las condiciones sociales y la integración de los inmigrantes, aunque no siempre funcionen, por no pisar la calle y propiciar encuentros del tipo del inopinado –por parte de los padres– que da pie a esta película. En lo relativo al reparto, los chavales se limitan a estar, y no ser empalagosos, que no es poco. Antonio Albanese da bien el tipo de tipo gris, algo timorato, que se gana bien la vida, y Paola Cortellesi el de mujer de barrio, mientras que en su breve intervención, Sonia Bergamasco nos hace reír con su afrancesada mujer que compone esencias a base de lavanda.
6/10
(2019) | 113 min.
Fallida película escrita y dirigida por una Isabel Coixet poco inspirada, quizá por la innegable militancia de la propuesta, se trata de la primera producción que hace para Netflix. Pese a contar con el morbo de basarse en un hecho real, el casamiento en una iglesia de dos mujeres, Elisa y Marcela, una de ellas disfrazada de hombre, en la Galicia de finales del siglo XIX, lo cierto es que no funciona en ningún momento. Su preciosista fotografía en blanco y negro, y el deseo a toda costa de querer mostrar el amor lésbico matrimoniado de las protagonistas como una especie de heroica gesta, acaban resultando pretenciosos, lindantes con la pedantería. El film describe el ingreso en una escuela llevada por monjas de Marcela, que enseguida hace buenas migas con Elisa, que vive con las religiosas. Ayudar a Marcela a secarse de un aguacero, es el primero de muchos contactos físicos que encienden una enorme pasión, que superará la prueba del paso del tiempo, y de la incomprensión social, mayormente de la Iglesia. Con un ritmo de premiosidad agotadora, y unos diálogos vacuos, toda la trama está atravesada de clichés: las clases que imparten las monjas con un toniquete insoportable, el padre brutote cuya esposa tiene inquietudes por leer nada menos que a doña Emilia Pardo Bazán, el intercambio epistolar tras la separación forzosa, el mozo bien plantado que llama a una de ellas marimacho, el acoso y los escraches... Ver a Elisa travestida de Mario, pobre Natalia de Molina, resulta risible. Y el gran drama por el bebé, con la intervención feliz de unos bondadosos portugueses frente a los intolerantes españoles, hace que la narración desemboque en el oceáno del folletín insípido.
2/10
(2019) | 128 min.
Mientras trata de sobrevivir en las calles de Agrabah, con su inseparable mono, Abu, el ladronzuelo callejero Aladdin ayuda a una muchacha en apuros, sin saber que se trata de Jasmine, hija del sultán, que recorre las calles de incógnito por un día, harta de que por ley esté obligada a casarse con un príncipe. Convencido de que se trata de una sirvienta de la heredera del trono, el chico se colará para verla de nuevo en el palacio, pero allí le capturan los hombres de Jafar, malvado gran visir, que le liberará para entrar en la Cueva de las Maravillas, donde debe buscar una lámpara de aceite. Pese a la alta calidad media de los ‘live action’ de clásicos de animación de Walt Disney, como El libro de la selva, Cenicienta, La Bella y la Bestia y Dumbo, se esperaba poco de la reinvención de Aladdin, dirigida en 1992, por Ron Clements y John Musker. En primer lugar, los tráilers permitían presagiar lo peor, al presentar una imagen horrible de Will Smith pintado de azul, y después porque la carrera de su director, Guy Ritchie, tocó fondo con su infame Rey Arturo: la leyenda de Excalibur, su trabajo anterior. Sin embargo, resulta ser un film dinámico, colorista y muy divertido, con brillantes coreografías musicales, que no sólo recrea muy bien los elementos del original, y su mensaje que advierte de los riesgos de la codicia y defiende el amor sincero, sino que sabe introducir muy bien canciones y subtramas nuevas. Destaca el hilarante y romántico idilio del genio con Darla, sirvienta de Yasmine que no aparecía en el film anterior. Se utilizan con mucha imaginación los efectos visuales, sobre todo a la hora de recrear al genio, y en la alfombra mágica, que parece tener vida propia. En la era del MeToo, se ha añadido un toque de feminismo, pues aquí Jasmine se rebela contra la jerarquía masculina, abogando por la igualdad, como queda subrayado con el nuevo tema musical "Speechless". El film sigue siendo un revoltijo de elementos de la cultura árabe, aunque en tiempos de corrección política se impone que todo esté tratado con mucho respeto, y por supuesto, se han escogido actores étnicos. Éstos realizan un buen trabajo; destila talento y simpatía el egipcio-canadiense Mena Massoud, capaz de reflejar la picaresca de su personaje, conocido en España –salvo por el film de Disney– como Aladino. Está a su altura la británica de origen indio Naomi Scott (Jasmine), o el holandés-tunecino Marwan Kenzari, como Jafar. Pese a todo, se corona como rey de la fiesta un Will Smith que recupera su mejor forma tras años de decepciones como Focus, Cuento de invierno o After Earth. En su registro cómico, exageradísimo, el actor se mueve como pez en el agua, y logra el milagro de resistir las comparaciones con Robin Williams, que encarnó al genio en el original.
7/10
(2019) | 90 min.
Tory y Kyle Breyer, granjeros, están desesperados porque no consiguen dar a luz a un hijo. Un día cae un misterioso artefacto cerca del lugar en el que viven. Cuando acuden a investigar, descubren que se trata de una especie de vehículo tripulado por un bebé, aparentemente normal. Conforme crece, Brandon no sólo nunca se pone enfermo sino que manifiesta capacidades sobrehumanas, cada vez más sorprendentes. Lo malo es que al llegar a la adolescencia, comienza a comportarse de forma bastante extraña. James Gunn ha tratado la figura de los superhéroes con la saga iniciada con Guardianes de la galaxia, y en su comedia menos conocida Super. Ahora produce un film de terror que parece inspirarse en la historia de Superman, pero que ofrece un inquietante giro a la misma: ¿qué hubiera ocurrido si el niño recogido en la tierra por una pareja de humanos no hubiera sido tan bondadoso como el kryptoniano Kal-El? El guión está escrito por Brian y Mark Gunn, hermanos de James, mientras que la realización ha recaido en manos del joven David Yarovesky (The Hive). Resulta bastante inquietante por su crudo retrato de esta etapa de crisis que atraviesan todos los humanos, lo que da que pensar: qué alivio que en la edad del pavo los chicos no tengan las capacidades extraordinarias del protagonista, por su culpa podrían desviarse del buen camino. Quizás se excede en crudeza en algunos puntos del relato, y el desenlace resulta previsible. Al menos, Elizabeth Banks (Tori) y el jovencísimo Jackson A. Dunn (Vengadores: Endgame) llevan a cabo aceptables interpretaciones.
5/10
(2019) | 85 min.
Un documental que recrea la polémica que rodeó al rodaje e intento de estreno de El crimen de Cuenca de Pilar Miró durante los años de la transición. Prevista su llegada a las salas en 1979, hace justo ahora 40 años, su lanzamiento se paralizó, primero con un procedimiento administrativo, y luego con el secuestro de la cinta y un proceso ante un tribunal militar; se consideraba que el film, por sus explícitas escenas de tortura –que recreaban un caso real ocurrido a principios del siglo XX, en Tresjuncos y Osa de la Vega, en Cuenca– injuriaba gravemente a la Guardia Civil. La película de Víctor Matellano se sigue con interés, aunque por desgracia muchos de los protagonistas que podrían dar su punto de vista y matizar lo que se cuenta ya han muerto, e incluso alguno ha fallecido antes de que se estrenara el film, el caso de Diego Galán. Y se juega con la idea de que al igual que El Cepa, el presunto muerto que está vivo del crimen de Cuenca, vuelve a su pueblo, el actor que le da vida, Guillermo Montesinos, hace lo propio en este documental. El punto de partida es que Miró hizo su film inocentemente, sin ninguna intención política oculta de criticar a la Guardia Civil coetánea. Pero que los militares y guardias civiles ultrasensibles, que supuestamente practicarían la tortura también entonces, sintieron que se les estaba acusando, y con cierta torpeza pusieron obstáculos al film, lo que produjo finalmente el efecto contrario de contribuir a su popularidad, una vez que por fin llegó a las salas. Aunque se aportan diversos elementos de juicio de la obstaculización del estreno, con testimonios interesantes de los funcionarios de Cinematografía, para que el espectador se haga su composición, llama la atención cómo se pasa de puntillas en lo relativo a los asesinatos de ETA de la época, un detalle no pequeño que permite entender que los responsables de las fuerzas de seguridad del Estado no se sintieran cómodos con que se exhibiera un film que en su opinión, les dejaba en mal lugar, justo cuando eran víctimas del terrorismo; al menos se podía haber mencionado la inoportunidad, pero nada de esto se menciona, poniendo el acento en la libertad de expresión, y en las resistencia a plena instauración de las reglas del juego democrático. En cambio sí se incide en el 23-F, para remachar la idea de que quedaban aún restos no pequeños que añoraban el franquismo. Sobre las contribuciones de los que hablan, hay de todo. Son valiosas las del equipo artístico y técnico de la película, la del abogado de Miró y los investigadores, las de los citados funcionarios, la de algunos críticos. En cambio desentona un político como José Bono, que pontifica de un modo bastante demagógico.
6/10
(2019) | 98 min.
Frances aún no ha superado la reciente muerte de su madre, está distanciada de su padre y ha dejado Boston para irse a vivir al piso de su amiga Erica en Manhattan. Un día encuentra un bolso en el metro y, al ver la identificación de su dueña, Greta Hideg, decide acercárselo a su casa. Pronto se entablará entre ellas una cordial relación, pues Greta resulta ser una viuda que tiene a su hija en París y se siente sola, mientras que Frances necesita el cariño materno que le falta. Al irlandés Neil Jordan suelen interesarle las historias donde nada es lo que parece o donde las identidades son más bien sinuosas, ahí están Juego de lágrimas, Entrevista con el vampiro o La extraña que hay en ti. En el caso que nos ocupa es fácil darse cuenta de que la encantadora viudita francesa Greta esconde una personalidad diferente y no va a ser precisamente dulce y cariñosa, algo que el saber hacer de Isabelle Huppert va a transformar en una pesadilla terrorífica. Tras el gancho del bolso –acertado punto de partida– el guión sigue derroteros clásicos en donde el engaño, la tensión y la intriga van creciendo exponencialmente hasta el correcto desenlace. De camino se hace referencia a la vulnerabilidad generada por las carencias afectivas y se regalan un par de momentos sanguinolentos, aunque en general la violencia está bastante contenida. Otra cosa es la verosimilitud. El acoso de Greta a la ingenua Frances adquiere a veces tintes casi fantásticos, parece que la viuda tiene algo así como el don de la ubicuidad, véase la escena en que persigue a Erica y va enviando fotos a velocidad de crucero. La profesionalidad de la policía queda a la altura del betún y por supuesto se incluyen reacciones de los personajes que no resultan demasiado veraces, lo cual se adecúa a ese tipo de películas en que el espectador se pregunta: ¿pero qué hace? ¿es tonta o qué? Por otra parte, justo es reconocer que las jóvenes actrices Chloë Grace Moretz (The Equalizer) y Maika Monroe (It Follows) hacen un eficiente trabajo resaltando sus caracteres totalmente contrapuestos.
5/10
(2018) | 104 min.
A la imponente escuela rural de S. Joseph llega Pierre, que viene a cubrir la vacante por intento de suicidio del anterior profesor. Pierre se ocupará principalmente de una clase muy especial, de pocos alumnos, integrada por los más inteligentes del colegio. Pronto notará en que las altas capacidades de los estudiantes no son sinónimo de educación y normalidad, más bien al contrario, y poco a poco sus tareas docentes empezarán a ser poco gratificantes para él, cuestión en la que tampoco ayudan demasiado los demás profesores. Segundo largometraje del francés Sébastien Marnier, que adapta una novela de Christophe Dufossé. Presenta una situación un tanto insólita, un colegio en donde los alumnos se erigen casi en dominadores de los adultos, con situaciones verdaderamente desconcertantes para el profesor protagonista, presa de insolencias, desprecios e incluso burlas que, y aquí está la clave, lo que generan es inquietud y temor, pues los estudiantes no se comportan como simples jóvenes sino como seres faltos de alma, de sentido común, diríase que carecen por completo de empatía, casi como si provinieran de una de las novelas marcianas de Bradbury. Pero el guión juega muchas veces al despiste: ¿es un problema sólo de los alumnos? ¿o están todos locos, alumnos y profesores? ¿o es el propio profesor quien está perdiendo la cabeza? De fondo, el film hace hincapié en el desastre medioambiental que inunda el planeta, algo de lo que sólo parecen ser conscientes los alumnos aventajados, a quienes su exacerbada conciencia ecológica les ha convertido en una especie de ancianos existenciales, incapaces de disfrutar de su vida. Y también se incide en la posición de fuerza que los estudiantes están adquiriendo en la educación actual, la falta de autoridad del profesorado, las barreras impuestas en esta materia por lo políticamente correcto, etc. De todas maneras, sin lugar a dudas lo mejor de La última lección es la atmósfera que ha sido capaz de generar el director. Apoyado en una banda sonora bien usada, con escenas inquietantes como la de los puñetazos y el ahogamiento en la piscina o casi oníricas como la del paseo equilibrista en la cantera, Marnier genera la turbación requerida, una especie de temor enigmático que va “in crecendo”. Eso no quita que se incluyan ciertos momentos tramposillos, como la desaparición del ordenador o la presencia gratuita de las cucarachas, recursos un tanto simplones. Los actores, en especial Laurent Lafitte y la jovencita Luàna Bajrami, están bien.
6/10
(2018) | 95 min.
Deborah Feldman es una mujer que se educó en el más estricto judaísmo hasídico en Brooklyn, Nueva York. Sentía que su vida no tenía voz y decidió abandonar su pasado ortodoxo. Leyla Hussein es una psicoterapeuta somalí que sufrió de niña la mutilación genital y ahora es una activista contra la ablación e imparte conferencias y realiza grupos de trabajo en todo el mundo. Rokudenashiko es una joven artista japonesa que causó un escándalo en su país por sus reproducciones de vaginas al estilo pop-art, actividad por la que fue arrestada. Doris Wagner es una ex monja alemana que fue violada varias veces en su convento por un sacerdote. Vithika Yadav es una activista de la India que se negó a casarse en un matrimonio concertado y fundó la asociación “El amor importa”. Con Placer femenino Barbara Miller ofrece un combativo documental con las historias de estas cinco mujeres que luchan por reafirmar su identidad en unas situaciones adversas en las que la condición femenina es o ha sido muchas veces sinónimo de esclavitud y desprecio, y en donde a menudo se las cosifica como meros instrumentos de placer y objeto de dominio por parte del hombre. Por medio de entrevistas a las protagonistas conocemos sus historias, siempre duras, al hilo de las cuales hablan de la situación de la mujer en el mundo, muchas veces consideradas personas de segunda clase –también aún en los países occidentales–, y de cómo ellas han afrontado sus problemas. La culpa de todo ello, según Barbara Miller, es de la religión. El documental deja claro que la responsabilidad de las muchas veces penosa vida de la mujer en el mundo recae en primer lugar sobre las religiones. Judaísmo, islam, cristianismo, budismo y sintoísmo son atacadas y señaladas explícitamente como caldo de cultivo para que los hombres hayan modelado las culturas a su manera. Se citan palabras textuales de los libros sagrados de estas religiones para acusarlas de denigrar a las mujeres, aunque otras veces se incide en que el mal proviene de interpretaciones extremistas de hombres que usaron la religión para su provecho. Ni que decir tiene que no hay ejemplos aquí de mujeres que se hayan sentido bien tratadas, consideradas y amadas. En este film sólo hay denuncia. Algunos enfoques de fondo causan menos impacto (aunque no dejen de ser terribles), como el tema de los matrimonios concertados; otras provocan un tremendo horror, como la cuestión de la ablación; y otras son un triste escándalo, como la violación de la monja, quien ya secularizada ataca a la Iglesia con desprecio y llega a afirmar que la existencia del estado religioso no tiene otro cometido que mantener la estructura de poder en la Iglesia. Quizá el enfoque más pintoresco es el de la artista japonesa, cuya personalidad de la protagonista se presta más al humor. Placer femenino quiere reivindicar también el cuerpo de la mujer como algo bueno, lejos del calificativo de tabú con el que muchas veces es considerado, relacionándolo con algo sucio o usándolo únicamente como reclamo en anuncios publicitarios. Barbara Miller cuida el aspecto formal y procura no resultar desagradable para espectadores sensibles, lo que no quita que ofrezca momentos impactantes que buscan concienciar acerca de la crudeza de ciertas costumbres, como la clase práctica que da Leyla Hussein sobre la ablación a unos cuantos jóvenes. Lo hace sobre una gran maqueta de plástico y aun así es espeluznante.
5/10
(2019) | 94 min.
Juan, empresario de medio pelo, recibe una notificación del banco, que le embargará su casa, ya que la puso como aval para un desastroso negocio. Pese a que su caradura socio, Ximo, insiste en que no va a perder su hogar, acaba en la calle, para desesperación de Ana, su esposa, que seguía viviendo en la opulencia, ignorante de la mala situación económica de la familia. Tras mudarse a la casa de los progenitores de Juan, éste intenta salir adelante con la rehabilitación de un inmueble, mientras Ana se pone a trabajar en la tienda familiar de fontanería. Hijo del legendario Luis García Berlanga, José Luis Berlanga ha despuntado sobre todo como montador, en producciones animadas de Cruz Delgado, como Don Quijote de la Mancha y Los viajes de Gulliver. No dirigía un largometraje desde la no muy bien recibida Barrios altos, de 1987, aunque se ha ocupado de numerosos capítulos televisivos. Ahora traza una comedia en la que intenta conectar con el cine de su progenitor, por su costumbrismo, un personaje lisiado –padre del protagonista– que se aborda con mucho humor negro, y el interés por la temática social, ya que aborda la España de los trapicheos inmobiliarios, los impresentables en los mundos de los negocios, etc. Sin embargo, no ha heredado la chispa, su trabajo resulta demasiado convencional. Se nota que se trata de una producción pensada para obtener subvenciones de la Comunidad Valenciana, pues muestra localizaciones de la zona, cuenta con un reparto mayoritariamente local, introduce en el guión frases en valenciano, y por supuesto muestra la joya gastronómica de Valencia, la paella. Berlanga, Jr., cuenta con solventes profesionales que sacan adelante más o menos el producto, como el director de fotografía Javier Salmones (Nadie conoce a nadie), o la coguionista Alicia Luna (Te doy mis ojos). Pablo Chiapella, ultraconocido como Amador, en la longeva telecomedia La que se avecina, tiene gracia natural, lo que ayuda a levantar algunas escenas. Pero desentonan la mayor parte de secundarios, como Laura Romero (Ana), salida de La Vall, serie de Radiotelevisión Valenciana.
5/10

Jueves 30 de Mayo de 2019

(2017) | 104 min.
Han pasado cinco años desde la guerra entre las familias Sanno y los Hanabishi, los dos grandes clanes de la yakuza en Japón. Ahora, el matón de la mafia Otomo se ha ido del país, exiliándose en la isla de Jeju, en Corea del Sur, donde trabaja para Mr. Chang, reconocido capo local. Al lugar también llega otro matón, Hanada, que maltrata a dos prostitutas de Chang, y como no puede ser de otra manera, a Otomo le toca ajustar las cuentas, lo que dará lugar a una escalada de enfrentamientos, pues el tipo formaba parte de los Hanabishi, con los que conviene no meterse. Los críticos ponen de moda a los creadores tan fácilmente como los olvidan. Éstos ensalzaban a Takeshi Kitano cuando pasó de presentador de absurdos concursos televisivos (popularizados en España a través del popular programa Humor amarillo) a ganar el Festival de Venecia en 1997, con Hana-Bi, y participar en la sección oficial de Cannes en 1999, con El verano de Kikujiro, y 2010, con Outrage. Parecen haberle enviado al baúl de los recuerdos, ahora que estrena casi de tapadillo la tercera entrega de esta saga criminal, que de nuevo dirige, escribe y protagoniza. Sin embargo, el japonés ofrece exactamente lo de siempre, una correcta muestra del género de hampones nipones (conocido como ‘yakuza eiga’), bien rodada, con puntuales momentos de violencia seca. Es más de lo mismo, nada resulta demasiado sorprendente. La trama de la cinta resulta bastante difícil de seguir, aunque se hubieran visto las dos anteriores entregas de la saga justo antes. Abundan los personajes que tejen variopintos engaños y conspiraciones para estar en la cima del mundo criminal, por lo que el espectador se pierde con facilidad, a veces hasta resulta imposible saber a qué bando pertenece cada uno. Sin embargo, todo se disculpa cuando entra el propio Kitano en escena, con su cara de tipo duro, que llena la pantalla cuando pega tiros, y por los agradecibles golpes de humor.
5/10

Viernes 31 de Mayo de 2019

(2018) | 137 min.
Sensible retrato de una mujer de carácter, en dos tiempos, antes y después de su estancia en prisión, por defender y sacrificarse por el hombre que ama. Esta estructura la maneja con mano férrea el cineasta chino Jia Zhang Ke, director y guionista, que se beneficia del maravilloso trabajo que realiza su actriz principal y habitual de su cine, Zhao Tao, con la que está casado; ciertamente su complicidad es perfecta, como ya ocurriera previamente en títulos como Naturaleza muerta o Más allá de las montañas. Zhang Ke sabe dar a las dos partes de su film el tono adecuado, que se manifiesta también en las interpretaciones, y sin que el pase de una a otra se realice bruscamente. Al principio Qiao es una mujer hermosa y sofisticada, que se maneja con desparpajo ante su amado, el gángster Bin. Pero corren nuevos tiempos, y jóvenes violentos rechazan los modos de hacer de los mafiosos a la vieja usanza, invadiendo el territorio de Bin, e incluso atacándole directamente. Uno de estos enfrentamientos es el que da pie al ingreso carcelario de ella, y a su salida es una mujer distinta, con el rostro endurecido, despojada de todo maquillaje. Lo que sí se mantiene es su amor incondicional a Bin, pero puede que él no esté a la altura, tras su fachada criminal hay una personalidad nada segura de sí misma. El simbólico título que apela a la pureza del blanco de las cenizas, resulta muy apropiado para expresar esta idea.
7/10
(2018) | 106 min.
Debut en la dirección de largometrajes de ficción del documentalista Matthew Heineman, responsable de trabajos como City of Ghosts. Cuenta la trayectoria profesional de la corresponsal de guerra para el Sunday Times británico Marie Colvin, utilizando la datación de Ohms, 2012, conflicto de Siria, para datar sus reportajes previos desde 2001, cuando en Sri Lanka perdió un ojo mientras cubría el conflicto de las autoridades gubernamentales con los tamiles. A partir de aquí la seguimos en Irak en 2003, donde se asocia con el fotógrafo Paul Conroy, arriesgando su vida en cada destino-punto caliente, por contar lo que ocurre, centrando la atención sobre todo en las personas concretas, sus duras penalidades, más que en las estrategias polícias e intereses de los bandos en conflicto. De ahí el título original, "A Private War", que incide en en ese acento en lo privado, lo que muchos corresponsales de guerra no llegan a contar, casi siempre porque no llegan hasta las víctimas, la gran mayoría civiles que sólo quieren vivir en paz. Aunque resulta fuera de toda duda el interés humano de la historia de la premiada periodista Colvin, y lo que refleja en sus artículos, el film por desgracia no cuenta con un guión a la altura. Arash Amel, que escribió el libreto de Grace de Mónaco, y Heineman, que lo plasma en imágenes, entregan un film algo plúmbeo, en que se hace difícil la conexión emocional con la protagonista, a pesar del esfuerzo interpretativo de Rosamund Pike, que en algunos momentos tiene un aire a las actrices clásicas de fuerte carácter tipo Katharine Hepburn o Bette Davis. Se quiere pintar el inevitable desequilibrio psicológico de Colvin –carga sobre sus hombros con una especie de sentido de misión, y ha acumulado a lo largo de los años persistentes imágenes de muerte y destrucción en su cerebro–, y el modo de llevar eso, que le empuja a beber mucho y a fumar más –no exagero si digo que a lo largo del metraje se enciende cerca de un centenar de pitillos, una imagen reiterativa–, y a buscar ocasionales compañeros de alcoba, o a encontrar a alguno más estable, como el encarnado por Stanley Tucci, pero del que no se nos ofrece mucha información, por lo que tal romance no involucra al espectador. Destaca el verismo de las escenas bélicas y de la ruina de las ciudades, el plano final de Ohms impacta, y es que nos acostumbramos demasiado al horror de las guerras que asolan el planeta. Pero en los intercambios entre personajes falta un hervor, se cae en lo plomizo, o bien en el cliché reiterativo, ya sea la periodista más novata, o el director del periódico insistiendo una y otra vez en que ya no debería volver al frente... o que sí debería. Aunque sea al precio, que Colvin está dispuesta a pagar, se ser la polilla que se acerca demasiado al fuego.
5/10
(2018) | 95 min.
La niña mestiza Dilili forma parte de una exposición para mostrar las costumbres africanas en el París de la Belle Époque. Allí se hace amigo del joven Orel, un repartidor que se mueve en triciclo, y ambos investigan el misterioso caso que tiene aterrorizada a la capital gala, el secuestro de niñas como Dilili. En su periplo para descubrir qué mueve a los componentes de la sociedad secreta de los hermanos Alfa, que están detrás de los hechos, se encontrarán con lo más granado del mundo artístico, cultural y científico del momento. Simpática película animada familiar del especialista francés Michel Ocelot, responsable de títulos como Kirikú y la bruja. Se dirige especialmente al público infantil, con indudables intenciones didácticas. Maneja una trama de intriga sencilla pero eficaz, que sirve para ofrecer un punto de vista feminista, los secuestradores estarían actuando para otorgar a las mujeres un rol social de inferioridad, incluso vejándolas haciendo que se muevan a cuatro patas; de este modo se recuerdan las discriminaciones del pasado. También están presentes las actitudes despectivas por el color de la piel, en que la actitud de Dilili en todo momento es desarmante para los racistas, por su sincera ingenuidad. Por otro lado, en el ir de aquí para allá, hay tiempo para introducir a los más pequeños en el conocimiento de personajes históricos variados, ya sean pintores como Pablo Picasso, Pierre-August Renoir o Toulouse-Lautrec, escritores como Marcel Proust, científicos como Marie Curie y Louis Pasteur, o cantantes y actrices como Emma Calvé, Collette o Sarah Bernhardt, por citar sólo a unos pocos. Hasta se establece una conexión de Dilili con Louis Michel, que habría sido para ella una suerte de institutriz. Visualmente el film es muy gratificante. Por un lado los dibujos siguen la muy reconocible estela de los anteriores trabajos de Ocelot, de modo que el uso de la animación en 3D en los personajes es discreto, para que persista su particular encanto naïf de trazos sencillos. Y de fondo, resulta muy original utilizar como decorados fotografías de París, con sus calles, jardines y monumentos tan reconocibles, que se presentan estilizados, de modo que la integración de los dibujos es perfecta. El desplazamiento en triciclo de Orel y Dilili da pie a escenas de acción muy dinámicas.
6/10
(2018) | 97 min.
Un hombre lucha por sobrevivir día tras día en un paisaje helado, inmenso, desértico, cubierto de nieve hasta donde alcanza la vista. Vive en el interior de una avioneta siniestrada, lanza meticulosamente cada día señales de radio para ser localizado, come los peces crudos que pesca rudimentariamente en el hielo… La esperanza renacerá cuando avista un helicóptero, pero éste cae en picado presa de una tormenta. Hay una superviviente gravemente herida. Nieve, nieve y más nieve. Eso es lo que tiene esta producción islandesa que propone una impactante historia de supervivencia extrema, dirigida y coescrita por Joe Penna, en lo que supone su primera incursión en el largometraje. El mayor logro de Ártico es la credibilidad de la apurada situación del protagonista, abocado a vivir en una situación desesperada e insoportable. Está bien descrita en los primeros minutos la monotonía de los días, la soledad de un lugar helado e inhóspito, donde para hacer avanzar la narración Penna introduce con sutileza diversos elementos: el avistamiento del oso, la alegría de la pesca, la meteorología cambiante, la colocación de piedras funerarias, hasta que finalmente la aparición del helicóptero requerirá otras acciones más audaces impelidas por el afán de salvar una vida ajena, por el sacrificio, la esperanza, el miedo y también por la culpa. Resulta encomiable el empeño del protagonista por no rendirse, con momentos que son verdaderamente heroicos y sobrecogedores. El problema de un film de estas características es, sin embargo, la invariabilidad del desarrollo, pues la trama se vuelve necesariamente repetitiva, no hay más que la nieve ártica y un hombre que camina. Y aunque haya escenas sobresalientes, como la del oso en la cueva, en algún tramo el film puede hacerse algo cansino. Las palabras que se pronuncian durante la hora y media de metraje se pueden contar casi con los dedos de una mano y eso tampoco ayuda. Sí lo hace, sin embargo, la poderosa composición de Mads Mikkelsen, un actor con gran capacidad de generar sensaciones únicamente con su mirada. Su trabajo es excelente. Por otra parte, destaca lógicamente la cuidadísima fotografía de Tómas Örn Tómasson y la ambiental banda sonora de Joseph Trapanese.
6/10
(2019) | 121 min.
La trayectoria personal y profesional del cantante, pianista y compositor británico Elton John, articulada alrededor de una sesión de adictos anónimos, en la que cuenta su historia y cómo ha tocado fondo por el alcohol, las drogas y el sexo, a lo que se une una tremenda soledad, aun rodeado siempre de gente. Lo que nos lleva a su infancia, un entorno familiar desgraciado: es hijo único e introvertido que responde al nombre de Reggie Dwight, el padre les deja, y se cría con su despreocupada madre y su entrañable abuela, que es la primera en darse cuenta de que tiene un talento musical excepcional. Una formación adecuada en el Conservatorio, no exenta de dificultades, y los primeros pasos en el mundillo profesional de los conciertos y las discográficas, le permiten conocer a personas fundamentales en su vida, como el letrista Bernie Taupin, o gente de la industria, Ray Williams, Dick James y John Reid. Dexter Fletcher demostró en Amanece en Edimburgo su habilidad para articular una película musical con canciones ya existentes, en ese caso de “The Proclaimers”. Aquí vuelve a las andadas, aunque con un film de perfil diverso, pues la idea es abordar la trayectoria de un músico consagrado, al estilo de la reciente Bohemian Rhapsody dedicada a Freddie Mercury, aunque con la particularidad de que Elton John todavía vive, y que ha participado en el film, incluso figura acreditado como productor. El guión es obra de Lee Hall, que hizo el libreto de Billy Elliott: El musical, donde precisamente John ejerce de compositor. En la trama existe un esfuerzo por huir de la autocomplacencia, el retrato del artista no es acomodaticio, tiene aristas: no se trata pues de echarle incienso sin ton ni son, sino que se pintan sus luces y sombras. Elton John asegura que ha querido ser sincero al impulsar el film, y aunque sin duda quiere reivindicar la persona en la que finalmente se ha convertido, queda claro que el camino recorrido no ha sido de rosas. La idea así es plantear una historia de redención, donde sobresale el don musical, pero también las inseguridades y las adicciones que le hacen dar tumbos, y unas necesidades afectivas que no sabe cómo colmar, porque de algún modo siempre ha estado y se ha sentido solo. De modo que se pinta la familia desestructurada en la que se cría Reggie, se hace hincapié en la duradera amistad con Bernie, y se incide en el esfuerzo por llevar dentro de la vorágine de la fama una vida que querría llamar normal, y hacer las paces con su sexualidad, lo que incluye un matrimonio con una mujer, Renate Blauel, a modo de fachada, y la tempestuosa relación homosexual con su representante y amante John Reid. De todos modos, la opción de Hall y Fletcher es ofrecer reinventados estos elementos realistas, como es típico en tantos musicales, pues la puesta en escena incluye números con trazos fantásticos, como el de Rocketman suspendido en el aire, ingrávido, cuando da uno de sus característicos brincos al piano, o el de apertura, con todos los personajes descoloridos menos Reggie niño. Y esto ayuda a que el muestrario de las personas que de algún modo hicieron daño a John, sublimado, no dé la impresión de componer una suerte de ajuste de cuentas, o que las escenas de orgías con imaginería homoerótica, no resulten excesivamente provocativas; incluso se viene a decir, de algún modo, que, al modo Gollum en “El Señor de los Anillos”, han jugado un necesario papel para esculpir la personalidad del artista. Además, como resulta obligado, la selección de canciones de John, por ejemplo la inicial “The Bitch Is Back” para presentar a la madre, sirve bien al propósito de hacer avanzar la historia. Estamos ante una de esas películas en que hay acierto en el reparto al completo. Por supuesto destaca Taron Egerton, actor habitual de Fletcher y del productor Matthew Vaughn, que logra convertirse en John, también a la hora de interpretar sus canciones, en un trabajo donde ha podido colaborar directamente con el personaje real. Pero además hay un buen grupo de estupendos secundarios, como Bryce Dallas Howard, la indolente madre, Gemma Jones, la abuela, Jamie Bell, el letrista y amigo Bernie Taupin, o Richard Madden, el representante y amante.
6/10
(2019) | 101 min.
La profesora universitaria Claire Millaud mantiene una relación ocasional con el joven Ludo, pero después éste se niega a tener algo más serio e incluso a ponerse al teléfono. Pese a la humillación, decide espiar al muchacho creándose un perfil falso de Facebook, donde finge ser la veinteañera Clara Antunes, veinteañera que tendría la apariencia de su joven sobrina, ya que coloca algunas fotos de ésta en la red social. Pero inicia casualmente una conversación con Alex, compañero de piso de Ludo, con quien conecta bastante, hasta el punto de que pasan a conversar por teléfono. Claire se engancha cada vez más a esta relación virtual, pero no se atreve a quedar con el chico y desvelarle la verdad. El prestigioso director de teatro Safy Nebbou cuenta con media docena de largometrajes, todos escritos por él, como el excelente drama La marca del ángel (2008). Aquí adapta una novela de Camille Laurens, en un film que ahonda en varios problemas de la sociedad contemporánea, sobre todo en la obsesión por la juventud: a la protagonista, su marido y padre de sus dos hijos la ha sustituido por una veinteañera. Al mismo tiempo ella teme que el tipo del que se ha enamorado la rechace al darse cuenta de su edad, pese a que espiritualmente parecen hechos el uno para el otro y pasan largo tiempo charlando. También se mete el dedo en la llaga de las redes sociales, que suplen artificialmente las relaciones humanas, y fomentan la falsedad; son habituales en el mundo moderno las historias de desamor similares a la que se cuenta en la cinta, y también está a la orden del día que se descuide a las personas próximas, en este caso los niños, por dedicar la atención a desconocidos que están al otro lado de la red. Pese a que prima el tono dramático, Nebbou introduce varios giros que acaban acercando el film al thriller; curiosamente ninguno de ellos rompe la magia o desinteresa al espectador, están bien resueltos. Deslumbran un par de escenas, como la primera vez que Claire observa de lejos a Alex, convertida más o menos en una versión femenina del protagonista de “Muerte en Venecia”. Posiblemente la cinta no hubiera sido posible de no tener al frente a una gigante de la interpretación, Juliette Binoche, pues tiene que defender la mayor parte del metraje en solitario, tecleando en el ordenador o utilizando el móvil, y sale del paso con aparente sencillez. Pese a que no resisten la comparación, demuestran un gran nivel Nicole Garcia, psicóloga de la protagonista, y el joven pero experimentado François Civil (Nuestra vida en la Borgoña), que encarna a Alex.
8/10
(2019) | 131 min.
John Wick ha sido expulsado de The Continental, el hotel donde todos los mafiosos conviven en armonía, por haber roto la principal regla del lugar: matar. Declarado “incomunicado” por la organización mafiosa conocida como Alta Mesa, esto significa que nadie puede ayudarle a escapar, so pena de ser considerado también un traidor. Además, se ofrecen catorce millones de dólares por su cabeza, por lo que numerosos cazadores de recompensas tratarán de detenerle, mientras huye a la desesperada por las calles de Nueva York. John Wick (2014), dirigida por el hasta entonces especialista de cine de acción Chad Stahelski, lograba cierta frescura, pese a ser un refrito del cine de acción de serie B ochentero y las producciones orientales. El mismo cineasta se hizo cargo de la segunda entrega, John Wick: Pacto de sangre, más espectacular, aunque menos rompedora, y ahora de la tercera. Esta vez, las secuencias de acción parecen aún más elaboradas, si cabe, con los mejores profesionales ejecutando números que parecen imposibles, con retoques digitales que no se notan y un protagonista, Keanu Reeves, que parece haber estado implicado en parte de las mismas sin recurrir lo mínimo posible a los dobles. Por ejemplo, una persecución en moto deja boquiabierto al espectador, al igual que una en la que los personajes se lanzan cuchillos. Se abusa de la violencia explícita, aunque en cierta medida ésta se ve aligeradas por golpes de humor en muchos casos mejores que el de algunas comedias actuales de Hollywood. Por ejemplo, provoca hilaridad un instante en el que el personaje central vuelve a colocar en el estante de la biblioteca un libro de cuentos rusos con el que acaba de atizar a lo burro a varios adversarios. Quizás tantos mamporros resulten un poco interminables al público más exigente, que tendrá ‘la osadía’ de quedarse con las ganas de un mayor desarrollo de los personajes, y algo de trama, de hecho salvo porque desvela que el protagonista se formó con unos criminales rusos, apenas aporta nada a lo ya visto. Reeves consigue hacer expresivo a su lacónico personaje, pese a la falta de diálogos, en la línea del mejor Clint Eastwood en sus westerns con Sergio Leone. Por lo demás, aparecen brevemente diversas estrellas que suplen con carisma lo poco que se sabe de sus papeles, como Ian McShane, Laurence Fishburne, Anjelica Huston y Halle Berry.
5/10
(2019) | 98 min.
Junior, un traficante local de droga en Gran Canaria, ve con horror cómo la guardia civil decomisa dos kilos de mercancía, lo que le deja en muy mala posición ante sus superiores, que piden el pago inmediato y duplicado del dinero que debe aportar periódicamente. No se le ocurre mejor solución que robar a la mano que le da de comer, encargando el trabajo a El Rubio, un delincuente que había abandonado su actividad, pero que debe pagar el caro tratamiento de cáncer que necesita su esposa. Y para dar "el palo", acude a Cora, un prostituta de alto standing, y a Tito, un jovenzuelo que hizo con él algunos trabajillos y que trata de llevar una vida honrada. Aunque se supone que la cosa es sencilla, algo va a salir mal. Película de robos a la española, que con su realismo sucio recuerda un poco a las primeras películas de Enrique Urbizu, como Todo por la pasta. Pero el resultado es inferior, de Elio Quiroga lo mejor que se puede decir es que se esfuerza, que cuenta lo que quiere contar, y que existe coherencia interna en la narración. Pues el ritmo es cansino hasta bien avanzado el metraje, el rodaje cámara en mano temblequeante se nota mucho, y algunos pasajes son muy tópicos, ya sea la relación romántica de Cora y Tito, el modo en que un pringado cae bajos los encantos de Cora y se la lleva a su casa, o la actitud violenta de Junior. Y el recurso de dividir la pantalla en algún momento no aporta nada a la trama, es un pueril fuego de artificio, si no sirve, prescinde de ello, aunque quede bonito, debería haber sido la divisa del director. La cosa mejora un poco cuando se nos explica la razón del título, La estrategia del pekinés. El reparto es apañado, dentro de que los personajes son bastante planos, nos cansamos de escuchar algo así como que "los perdedores como nosotros nunca ganan". Destaca el secundario Pep Jové como el gordo capo que viene a enderezar los torcido.
4/10
(2017) | 65 min.
Un bosque nevado. Allí vive una pequeña comunidad de animales. Gordon es un sapo, veterano jefe de la policía, que ha de investigar la desaparición de unas bellotas pertenecientes a la ardilla Valdemar. Le ayudará su reciente ayudante, la ratoncita Paddy. Encantadores dibujos animados llegados desde Suecia que imaginan una levísima trama, de gran simpleza en sus planteamientos, dirigida a los más pequeñines de la casa, que disfrutarán de su galería de animales del bosque: sapos, ardillas, conejos, ratones, zorros, topos, erizos, urracas, peces. Los personajes transmiten mucha ternura y camaradería y están bien perfilados: el bondadoso e inocentón del poli, la inteligente y resolutiva ratoncita, la triste y exagerada ardilla, etc. Basado en los cuentos de Ulf Nilsson y Gitte Spee, ofrece el film dirigido por Linda Hambäck enseñanzas acerca de la importancia de colaborar en una misión común, de la urbanidad y la amabilidad con los demás, de la vida en el bosque, de la amistad, servido con momentos entrañables entre los protagonistas, con sencillos toques de humor. El resultado es siempre agradable, también por la calidad de los dibujos, de colores cálidos y líneas simples, con fondos naturales y estáticos, bellamente elaborados.
5/10
(2018) | 111 min.
Baaba, policía del barrio parisino de Belleville, no puede evitar que tiroteen a Roland, su amigo de la infancia, mientras cena con él en un restaurante. Para descubrir quién está detrás de su asesinato tomará su lugar como agente en el Consulado de Francia en Miami. Acompañado de su madre, viaja hasta la ciudad estadounidense, donde formará tándem con Ricardo, detective local con mal carácter. El francés de ascendencia argelina Rachid Bouchareb prometía al principio de su carrera, con títulos como Little Senegal y Days of Glory, nominada al Oscar a la película de habla no inglesa. Parece impropia de su filmografía esta fallida comedia de acción que bebe de las exitosas cintas ochenteras protagonizadas por Eddie Murphy Límite: 48 horas y Superdetective en Hollywood, sobre todo de la segunda, que tenía una premisa casi idéntica a la de Infiltrado en Miami. Sustituye al famoso actor estadounidense por Omar Sy, que ha demostrado un enorme talento para la comedia cuando tiene guión y está bien dirigido, sobre todo en Intocable, pero que aquí no puede arreglar una sucesión de gags sin pies ni cabeza, y unos diálogos insufribles, empeorados (si cabe) en la versión doblada en español (la que se pudo ver en el pase para los medios), ya que da la sensación de que se ha tratado de arreglar torpemente lo que en el original deben ser confusiones entre el francés, el inglés y el español. Resultan aún peores las persecuciones y peleas, desde un enfrentamiento a palos con un atracador al principio del film, donde Bouchareb deja claro que las coreografías de acción no son su punto fuerte, ya que ni crea tensión, ni consigue que se vean bien los golpes. Abundan los homenajes a películas de policías, como Arma letal o Harry el sucio, y a series como Corrupción en Miami, pero no parece que el cineasta haya aprendido absolutamente nada de ellas. Para colmo de males, Sy no está bien secundado por Luis Guzmán, eficaz actor de carácter cuando tiene que interpretar a pandilleros latinos (como ha hecho a lo largo de tres décadas de carrera), pero al que le viene grande un papel principal. Resulta especialmente espantoso el título que le han puesto en español, casi idéntico al de la comedieta Infiltrados en Miami, de 2016, cuando aquí nadie se infiltra en ningún sitio. Originalmente se llama Flic de Belleville (El poli de Belleville).
3/10
(2018) | 80 min.
Sorprendente documental experimental de Víctor Moreno, que es toda una invitación a aguzar los sentidos, pues muestra otra cara de las ciudades, la que se oculta en la oscuridad de túneles y alcantarillas subterráneas, de sorprendente belleza y que resulta verdaderamente desconocida. Con una pala cromática por momentos casi en blanco y negro, donde cobran extraordinaria importancia los contrastes, podemos vislumbrar en la oscura noche puntitos luminosos que podría ser estrellas del cielo o no. Y emprendemos un viaje por las vías del metro, en que se alternan luces y sombras, y en que hasta los sonidos más nimios crecen en intensidad y significado. El ruido de los motores y del paso de los convoyes sobre los raíles, el agua de infiltraciones y tal vez la lluvia, o los residuos que circulan como un torrente, animales nocturnos sueltos, un búho, ratas, insectos, la electricidad estática, los mensajes de los controladores del metro, la música que escuchan los viajeros, la sirena de una ambulancia, o de los bomberos... Con distintas cámaras de alta definición, o de visión nocturna, a veces la sensación que se experimenta es la de de estar inmersos en una película de ciencia ficción, en que el espectador estaría realizando un viaje tras atravesar la puerta de las estrellas al más puro estilo 2001, una odisea del espacio. El resultado es hipnótico y de singular belleza, ya sea cuando estamos en los túneles, o cuando vemos las pantallas de control. Por supuesto que estamos ante una propuesta minoritaria, y que aguantar casi hora y media del espectáculo descrito no es tarea adecuada para todas las pupilas y oídos de potenciales espectadores. Pero los valientes y con sensibilidad, si ven el film en una sala idónea, con buenas condiciones de proyección, visuales y sonoras, no quedarán defraudados de la audaz propuesta.
6/10
(2019) | 101 min.
Mike abandona San Francisco junto con su mujer Sarah y se muda por un tiempo a la casa familiar en Los Ángeles, para echar una mano en el cuidado de su padre, que padece una enfermedad degenerativa y cuyos accesos de ira dificultan la vida con su madre. No es un plato fácil para Mike, pues sufrió una infancia y juventud desgraciadas, dominadas precisamente por su padre autoritario y violento. Las dificultades se agravarán aún más porque Mike da muestras de haber heredado el mismo mal neurológico y, como no quiere acabar como su padre, se planteará la opción del suicidio. Thriller coproducido por España y Estados Unidos que supone el segundo largometraje como director del español David Martín Porras, tras el telefilm norteamericano Unwritten Obsession. Como en su debut, The Chain está rodada íntegramente en inglés y con actores mayoritariamente americanos. Se trata de una película singular, con una historia algo rebuscada, que se mueve en terrenos entre el misterio y la intriga, llevando la inquietud por derroteros casi de pesadilla en algunos tramos, y que toca temas de interés como los traumas paternofiliales, la amenaza de la enfermedad degenerativa y las prácticas inmorales de organizaciones secretas. El guión firmado por el propio Martín Porras y por el también español afincado en Estados Unidos Andrés Rosende, está trabajado y ensambla bien los diversos elementos familiares y médicos, con un desarrollo de la historia razonablemente verosímil –aunque inevitablemente en ocasiones roce el exceso de truculencia– y también sabe jugar sus bazas del despiste para mantener la atención del espectador en varios frentes. Muestra sus buenas maneras el director utilizando con eficacia los recursos del flash-back y de la cámara nerviosa o el uso sutil del sonido para incrementar la tensión en escenas cotidianas, donde gran parte del mérito lo tiene especialmente Ray Wise, un magnético actor que sigue explotando su veta turbadora desde que se hiciera famoso en Twin Peaks. El resto del reparto, comenzando por el protagonista John Patrick Amedori (Electrick Children), cumple bien con sus papeles, aunque quizá se echa en falta una mayor presencia de la veterana Adrienne Barbeau (1997: Rescate en Nueva York), algo desaprovechada. Y destaca por lo demás el convincente trabajo de la española Neus Asensi.
5/10
(2019) | 94 min.
Simpática comedia italiana dirigida por el especialista Alessandro Genovesi (Soap Opera), escritor teatral, guionista y director de cine, cuyas historias suelen hacer hincapié en la vida cotidiana de las familias, las dificultades y tiranteces en el hogar, siempre servidas con un humor amable. También 10 días sin mamá se caracteriza por su tono eminentemente positivo y ligero y su argumento –un padre en apuros con sus retoños– entronca así con otras comedias del mismo estilo que han tenido gran acogida por el público español, como El mejor verano de mi vida. Aunque ciertamente previsible en su desarrollo, Genovesi logra entretener en todo momento con las cuitas de Carlo, un padre pazguato que se verá avasallado por sus tres hijos –la quisquillosa adolescente Camilla, el inagotable Tito y la pequeña Bianca– cuando tenga que encargarse de ellos a tiempo completo, pues su madre Giulia ha decidido tomarse unas vacaciones. Compaginar esas necesidades familiares con el trabajo en su empresa será una ardua tarea y cada uno de sus hijos dará sus particulares quebraderos de cabeza al bueno de Carlo, quien finalmente sabrá poner en su lugar las prioridades de su vida. Hay gags por doquier, aunque algunos tienen más gracia, como la escena de “pesca” en la oficina, el tema de los dientes o el momento del videojuego. Quizá el conjunto vaya de más a menos en cuanto a originalidad y falte cohesión a la hora de cerrar el círculo. También probablemente se podría haber sacado mayor partido a la rivalidad en la oficina o a la relación del protagonista con la empleada del hogar, pero en cualquier caso se trata de una comedia agradable, rodada con un ritmo correcto y que da una visión alegre y desde luego nada aburrida de la vida familiar. Genovesi cuenta felizmente con su actor fetiche para el papel principal, Fabio de Luigi (Un día sin fin), un tipo eficaz que borda su aspecto de “atontao” de buen corazón a quien le sobrevienen todo tipo de calamidades. Y está muy bien la actriz Valentina Lodovini (Bienvenidos al sur), en los pocos pero intensos momentos en que aparece en pantalla en el papel de la madre.
5/10
(2018) | 94 min.
Okko, una niña, pierde a sus padres en un accidente mortal de automóvil. De modo que se va a vivir con su abuela al hostal Harunoya que regenta su abuela junto a un balneario. Ahí, quizá consecuencia de haber estado cerca de morir en el accidente, Okko puede ver al fantasma de Uribo, un niño que era vecino de su abuela cuando ésta era pequeña. Es el primero de varios fantasmas, pues también también tiene ocasión de departir con Miyo, la hermana mayor de Matsuki, que también otro balneario, e incluso con otro ser sobrenatural con pinta de diablillo. Suponen un consuelo para sobrellevar la pena, y también para pensar en que a ella le tocará ser la encargada del hostal cuando no pueda ocuparse la abuela, tarea que empieza a ejercer aunque aún sea una niña que va a la escuela. Agradable anime de Kitaro Kosaka, que ha participado como animador en muchos filmes de Hayao Miyazaki e Isao Takahata. Sabe atrapar el dolor por la muerte de los seres queridos, el consuelo que dan los amigos, y la importancia de ir ganando en sentido de responsabilidad acerca de las tareas que toca desempeñar en el mundo. La idea de las aguas del balneario, que sirven para sanar, es buena, se convierte en eficaz metáfora de la importancia de restablecer el equilibrio cuando nos sobreviene alguna desgracia que trastorna nuestra existencia. También es inteligente plantear que los fantasmas proporcionan un consuelo que no durará para siempre, hay que saber afrontar la vida real. Arriesga al buscar el equilibrio entre el realismo de la tristeza y la fantasía de unos espectros algo bromistas, como Uribo, de grandes dientes y que siempre se está hurgando la nariz. Aunque contiene momentos encantadores, no siempre se mantiene el tono, la parte en que Okko encuentra una especie de figura materna en una huésped del hotel, que es adivina, y a la que le encanta ir de compras, chirría un tanto; y la presencia de los huéspedes del último tramo, relacionados con el accidente, resulta sin duda forzada.
6/10
(2018) | 89 min.
Gustave, transportista con graves problemas económicos, viaja al sur de España con sus hermanos, el anarquista Jules y Lou, la más joven, para hacerse cargo de la modesta herencia paterna, una casa destartalada rodeada de viñedos. Pronto surgirán las tensiones entre ellos, y se despiertan los fantasmas del pasado. Tras varios cortos, la belga Sarah Hirtt, asume su primer largometraje con afán perfeccionista, parece haber cuidado mucho cada plano, y se toma mucho tiempo para presentar a los protagonistas, de hecho desesperará a la mayor parte del público. Ella misma ha escrito el guion, que como si tuviera miedo de no volver a rodar nunca jamás habla de numerosas cuestiones, sobre todo del dolor por la pérdida paterna, de las relaciones fraternales, y de la contraposición entre los ideales y la realidad. Pero también parece contraponer tres formas de ver la vida, representadas por cada uno de los hermanos protagonistas: el que agarra la vida por los cuernos, con una visión más tradicional, continuando la labor de su padre, Gustave, el rebelde por sistema y anticapitalista Jules, y la joven Lou, que no tiene claro a cuál de los dos tomar como modelo, así que se debate entre un extremo y otro. Estos ricos personajes dan pie a elaborados trabajos de los actores que les dan vida, respectivamente François Neycken, Yohan Manca y Raphaëlle Corbisier. Les acompañan correctos profesionales, entre ellos los españoles Sergi López, Bruna Cusí y María León, que resulta especialmente convincente en este trabajo.
5/10