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Calendario estrenos cine

2019

Lunes 01 de Julio de 2019

(2014) | 96 min.

Una increíble exposición de uno de los mayores maestros del barroco y uno de los artistas más célebres de los Países Bajos, presentada gracias a la National Gallery de Londres y el Rijksmuseum de Ámsterdam. Explora cada una de las obras clave de la exposición, a través de contribuciones de invitados especiales. La historia de un hombre que supo empatizar con la condición humana a través de sus pinturas y, por ello, se le considera como uno de los grandes profetas de la civilización.

Viernes 05 de Julio de 2019

(2018) | 90 min.
1993. Durante la noche del baile de su instituto, Cameron es sorprendida por su novio mientras mantenía un encuentro sexual con su amiga Coley. El estupor es grande y Cameron será llevada por sus tíos al campamento “La promesa de Dios”, con la esperanza de que la curen de su enfermedad homosexual. La estancia allí no será precisamente feliz. La estadounidense de origen iraní Desiree Akhavan (Appropriate Behavior), actriz y directora cuya filmografía gira íntegramente en torno a la ideología de género y al mundo LGTBI, entrega una película modélica en este sentido, basada en la novela de Emily M. Danforth. Entronca su historia con otra película de “reeducación sexual” muy similar, Identidad borrada, aunque en este caso se trataría de la versión femenina (si es que a estas alturas se puede aún hablar de géneros, claro). Aquí asistimos a la triste vida en el campamento La promesa de Dios, una organización de la Iglesia Evangélica donde sin ningún tipo de violencia física se ejerce una presión emocional de carácter integrista. Las terapias se suceden: reuniones religiosas, arteterapia, conversaciones entre internos, terapia grupal. En La promesa de Dios se insiste continuamente en el pecado –los asistentes deben ser salvados–, se infunde así el miedo y el temor al futuro. La película es burda a la hora de ridiculizar la actitud aparentemente familiar y cariñosa de la doctora jefe de la institución, cuya atmósfera opresiva se irá volviendo cada vez más irrespirable para la protagonista. Como no podía ser menos La (des)educación de Cameron Post es una película tristona. Aunque correctamente rodada, no hay grandes momentos ni escenas especialmente significativas, sólo una continua y gris desazón vital. Bajo los planteamientos de la ideología de género, el film denuncia el trato que las personas LGTBI etc. han recibido en el pasado y se incide en el sufrimiento que ese rechazo ha causado. No hay más que esa visión ideológica de un colectivo que se ha sentido marginado por el miedo, por la sociedad, por la cultura, por la religión. Las interpretaciones son correctas.
4/10
(2019) | 129 min.
Para olvidar los trágicos acontecimientos vistos en Vengadores: Endgame, Peter Parker tratará de disfrutar, como un adolescente más, del viaje de fin de curso con sus compañeros de instituto, por varios países de Europa, durante el que tratará de conquistar a MJ, la chica que le hace tilín. Por esta razón, el muchacho se resiste a atender la llamada de Nick Furia, que debe darle unas tecnológicas gafas legadas por Tony Stark. Aunque al principio le fastidia que su tía May le haya puesto a escondidas en la maleta el uniforme arácnido que pretendía dejar en casa, le vendrá de perlas cuando en Venecia una bestia formada por agua siembre la destrucción en los puntos más turísticos. Durante el enfrentamiento, Spider-Man descubre que un desconocido con poderes, Mysterio, está plantando cara con éxito al supervillano. Pese a que hasta entonces sólo había rodado dos largos ‘indies’ poco conocidos, Clown y Coche policial, Jon Watts consiguió lo que parecía imposible, darle frescura a la sobreexplotada franquicia del Hombre Araña, en Spider-Man Homecoming. Ahora retoma al personaje, de nuevo encarnado por Tom Holland, pero no llega a la misma altura, ni a la de la imaginativa Spider-Man: Un nuevo universo, ganadora con toda justicia del Oscar a la mejor película de animación. Pese a que están compuestas con sofisticados efectos visuales, quizás resulten un tanto rutinarias sus escenas de acción en distintas localizaciones mundiales, al estilo de James Bond, con destrucciones de lugares emblemáticos, como en los filmes de Roland Emmerich. Por otro lado, el principal giro argumental resulta evidente desde el primer momento para cualquiera que haya ojeado alguna vez un cómic del Trepamuros. Funciona mejor su parte de comedia romántica para adolescentes, muy al estilo del cine ochentero de John Hughes, que logra diferenciar a esta entrega de los numerosos estrenos superheroicos del año. Por una vez dejan más poso secuencias como la de Ned –interpretado por el inspirado joven Jacob Batalon– tratando de conseguir que su amigo Peter se siente en el avión al lado de MJ –la vivaracha Zendaya–, con resultados distintos a lo esperado, que la habitual exhibición de efectos visuales, y es que el citado Tom Holland parece sentirse como pez en el agua en ese terreno adolescente. Como en el film anterior, para la banda sonora se recurre bastante bien a clásicos del rock (pese a que el personaje central se hace un pequeño lío al identificar alguno de ellos). En general el resto del reparto no falla, por ejemplo Jake Gyllenhaal parece haberlo pasado en grande en su primera incursión en el género, Jon Favreau, Samuel L. Jackson y Cobie Smulders sacan partido a sus personajes, los ya conocidos Happy Hogan, Nick Furia y Maria Hill, y Martin Starr, conocido por Silicon Valley, desata algunas risas como el profesor Harrington. Quizás se eche de menos esta vez una mayor presencia de Marisa Tomei, como la tía May. Merece la pena esperar a ver las dos escenas de los títulos de crédito (una de ellas al final del todo, tras seis minutos de rotación de nombres), pues aportan sustanciosas novedades de cara al futuro del personaje, y a la anunciada fase 4 del universo Marvel, que comienza a partir de ahora.
6/10
(2019) | 115 min.
Poco antes de su fallecimiento, Agnès Varda, una de las grandes de la nouvelle vague, logró terminar su último trabajo, un documental que parece concebido como su propio obituario, estrenado fuera de competición en el Festival de Berlín. En sus imágenes, ella misma imparte una especie de conferencia o clase magistral, en la que recorre los títulos más importantes de su carrera a lo largo de seis décadas, comenta diferentes cuestiones acerca de su vida, y habla de su pasión por hacer fotografías; cuando retrataba a personas le encantaba enseñarles el resultado, para a su vez registrar sus reacciones. Sobre todo transmite una enorme pasión por la creación artística, pese a su avanzada edad. Confiesa que sintió terror cuando se convirtió en octogenaria, pero que ya lo ha superado tras cumplir los noventa, y sigue adelante con ganas de acometer nuevos proyectos con la ilusión de siempre. Varda por Agnès deja clara la pasión de la cineasta belga por el cine documental, pues por ejemplo considera que los mejores momentos de su largometraje de ficción Cléo, de cinco a siete, son los que muestran simplemente a los ciudadanos parisinos caminando. Recuerda también a su esposo, el realizador Jacques Demy, que murió en 1990, explica cómo se mudó con él a Los Ángeles, tras el éxito internacional de Los paraguas de Cherburgo, y rememora Jacquot de Nantes, el film sobre la infancia de su compañero de vida, que ella misma filmó. No teme a las críticas, por lo que incluye una entrevista con Sandrine Bonnaire, con la que trabajó cuando ésta tenía diecisiete años, en Sin techo ni ley (1985), otro de sus mejores trabajos, que la recuerda como una directora muy exigente (quién lo iba a decir con su apariencia de abuelilla encantadora). Expone su discurso feminista, incluido su incondicional apoyo al aborto. También se permite repasar sus mayores fracasos, sobre todo el documental de actores hippies nudistas en Hollywood Lions Love, de 1969, o su homenaje al centenario del cine Las cien y una noches (1995). Queda tiempo para recordar sus colaboraciones con grandes de la pantalla como Robert De Niro, Catherine Deneuve o Alain Delon, pero por otro lado evita hablar de su significativo amigo Jean-Luc Godard, que se negaba a recibirla groseramente, al final de Caras y lugares. A quienes conozcan menos la labor de Agnès Varda fuera del cine les sorprenderán las videoinstalaciones que a lo largo de los años ha ido exhibiendo en galerías de arte. Por ejemplo, la tumba de su gato, que se convirtió en una obra permanente de la sala Cartier de París, o la proyección supuestamente colectiva, pero en la que cada espectador coge unos auriculares, con los que escucha en exclusiva a una de las mujeres, en realidad varias viudas, que aparecen en las diferentes pantallas que tiene enfrente. Rodada con la sensibilidad habitual de su autora, resulta curioso que se trate de un documental de lo más convencional, cuando su cine se ha distinguido hasta ahora por su afán de experimentación. Todo eso da igual, porque la propia Varda cautiva al espectador con su verborrea. Las casi dos horas de metraje de este documental vienen a ser una carta de amor al cine, pero también una lección de humildad, ya que la realizadora evita el autobombo, o regodearse en sus logros. Pero sobre todo manifiesta un profundo amor por el ser humano, y en concreto por las personas a las que ha filmado a lo largo de los años.
7/10
(2019) | 112 min.
Jack Malick vive en Suffolk, Gran Bretaña, y está a punto de tirar la toalla en lo relativo a su sueño de triunfar en el mundo de la canción. A pesar del apoyo de Ellie Appleton, su amiga de toda la vida, que además de ser profesora de matemáticas en un colegio, ejerce de “manager amateur”, no hay forma de llamar de atención. Hasta que una noche, volviendo a casa en bicicleta, sufre un accidente debido a un inexplicable apagón mundial de doce segundos. Se despierta con heridas leves en un hospital, y tras ser dado de alta, sus mejores amigos se quedan boquiabiertos cuando le escuchan tocar con la guitarra “Yesterday”, de Los Beatles. ¿Los qué? Nadie ha oído hablar de John, Paul, George y Ringo. Jack se mueve en una realidad alternativa, en que casi todo es igual que antes, pero Los Beatles no han triunfado nunca, son desconocidos. Y se abre ante Jack la posibilidad de alcanzar el éxito, presentando como propias unas canciones que el mundo ignora por completo. Original film de aires caprianos, hace pensar en ¡Qué bello es vivir!, aunque en vez de plantearnos qué habría ocurrido si George Bailey nunca hubiera existido ni hecho por tanto las buenas obras que hizo, aquí toca mirar a un mundo sin la magia musical de Los Beatles, y a la introducción por tanto de sus canciones de un modo muy diferente: al protagonista le toca recordar partitura y letras, un proceso de reconstrucción no tan sencillo, darlas a conocer luego por primera vez en un contexto contemporáneo, y conseguir que alguien crea en él como les ocurrió en otra existencia en sus inicios a los componentes de la banda de Liverpool. El británico Richard Curtis, a partir de una idea de Jack Barth, ha pergeñado una comedia romántica optimista y positiva, de mimbres muy sólidos, en la línea de sus libretos originales más brillantes, los de Cuatro bodas y un funeral, Notting Hill, Love Actually y Una cuestión de tiempo. Y por primera vez ha colaborado en una película con su compatriota Danny Boyle, que ya ofreció una curiosa muestra del género, Una historia diferente, además de un film encantador de aire entre mágico y milagroso, Millones. El resultado es una película deliciosa, con una historia de amor in crescendo entre el joven que encuentra el triunfo por caminos inesperados y la chica sencilla que siempre le ha amado, aunque el otro no se entere; en tal sentido están muy bien el desconocido Himesh Patel –en Gran Bretaña le conocen por la serie EastEnders, pero Yesterday es su primera película de cine–, que lleva todo el peso de la película, y que actúa y canta muy bien, y la consagrada Lily James, que sabe brillar con un papel a priori poco lucido. Las letras de las canciones sirven para ir desarrollando el progreso de la relación con momentos que exigen “Help!” o recordar que “All You Need Is Love”. No falta una reflexión, con mucho humor, sobre el lado más delirante del mundo de la música, las servidumbres de la fama, las técnicas de marketing, la ambición de las discográficas. A tal efecto hay personajes secundarios muy simpáticos, como el cantante Ed Sheeran haciendo de sí mismo, el amigo desastre Rocky –Joel Fry, que recuerda a Rhys Ifans en Notting Hill–, la manager interpretada por Kate McKinnon, los papás de Jack, Sanjeev Bhaskar y Meera Syal, entre otros. O las dudas acerca de si resulta moralmente correcto adueñarse del trabajo ajeno, aunque exista la coartada de dar a conocer así una obra genial, en tal sentido Jack sería un hombre con una misión; eso sí, vivirá con el temor a ser descubierto como una suerte de impostor. Y entre medias hay gags divertidísimos, sobre algunos otros cambios que se han producido en esta realidad alternativa.
7/10
(2019) | 90 min.
George, joven agorafóbica, no puede alejarse de su apartamento sevillano más de 522 pasos. Tras la muerte de su gato, Fernando, instala su hogar en una furgoneta, y le pedirá a un amigo, dependiente de un comercio chino (aunque en realidad es japonés) que le lleve a Portugal, siguiendo una guía de viajes escrita por su padre, para sepultar las cenizas de su mascota en algún lugar especial. Colaborador habitual de Alberto Rodríguez, el también hispalense Paco R. Baños debutó en el largometraje como realizador y guionista con Ali, sobre relaciones maternofiliales, que tuvo poco recorrido comercial. Ahora firma su segundo título, también escrito por él, con un tono literario, en el que el miedo a los espacios abiertos constituye una metáfora de la dificultad para afrontar los problemas y luchar contra las limitaciones personales que cada uno se impone. El realizador compone una road movie salpicada de capítulos cercanos al surrealismo, con personajes estrambóticos, que en cierta manera conecta con el cine de Julio Medem en sus inicios. Reivindica la necesidad de conectar con las raíces, reconciliándose con el pasado, pese a que se haya sufrido algún trauma de gravedad. Natalia de Molina, ganadora de dos Goyas, por Vivir es fácil con los ojos cerrados y Techo y comida, y Alberto Jo Lee, que dejó un grato recuerdo como camarero chino de un bar típico español en Tapas, sostienen la mayor parte del metraje con oficio, si bien no acaban de lograr con su esfuerzo que el espectador conecte con sus singulares personajes. Aparecen Nadia de Santiago y Manolo Solo, pero apenas tienen presencia. El film quizás desconcierta a ratos, pero tiene momentos muy bien trazados y utiliza muy bien los sentimientos de los fados portugueses para darle fuerza a sus imágenes.
5/10
(2019) | 90 min.
Meritoria película de animación española inspirada en la primera circunnavegación al globo terráqueo emprendida en 1519 por el almirante portugués Fernando de Magallanes y terminada por el español Juan Sebastián Elcano, ambos navegando bajo la bandera del rey Carlos I (que un año más tarde sería nombrado emperador). La expedición duró tres años, desde que las cinco naos –Trinidad, San Antonio, Concepción, Victoria, Santiago–, con un total de 239 hombres, zarparon desde Sanlúcar de Barrameda hasta la llegada a la misma ciudad de una única embarcación, la nave Victoria, en 1522. Tan sólo 17 hombres sobrevivieron a la odisea. Como es sabido, Magallanes murió en una escaramuza con los indígenas de las Islas Filipinas, por lo que el mando durante el regreso recayó en Elcano. Coincidiendo con el V centenario de la expedición llega esta película, cuyo guión de José Antonio Vitoria y Garbiñe Losada imagina multitud de aventuras y calamidades de los protagonistas, algunas con base real –los peligros meteorológicos, las tempestades, las escalas, el riesgo en algunos pasos, el hambre, etc.– y otras claramente inventadas –la subtrama de la traición, la persecución por parte de algunos marinos portugueses, los amoríos de Elcano, etc.–. Están bien definidos los personajes, tanto Magallanes (un portugués orgulloso de servir a la corona española), como sobre todo Elcano, éste con un marcado aire de pícaro aventurero que será muy del gusto del público familiar. A este efecto acierta el director Ángel Alonso en conceder muchos minutos al dinámico prólogo en Sevilla. También destaca el brioso ritmo de toda la narración; nunca decae y cobra intensidad en algunas secuencias magníficas (como el paso por el estrecho), lo cual compensa la limitada calidad de la animación –correcta pero por debajo de mucho cine actual del género–, quizá obligada por el escaso presupuesto. Sirve Elcano y Magallanes, la primera vuelta al mundo para que los más jóvenes conozcan uno de los hitos históricos más audaces de la época gloriosa de los conquistadores, porque hay que decir que aquí lo españoles son los héroes (aunque no se cite la palabra España ni una sola vez), mientras que los portugueses quedan como los enemigos intrigantes. De todas formas, la película resulta agradable también para un público más adulto, de hecho hay algunas breves escenas de batalla con armas de fuego que pueden sorprender a los más pequeños. Queda, en fin, una película correcta y entretenida, donde también hay que mencionar a su favor la banda sonora de Joseba Beristain y la canción final, “Confía en el viento”, compuesta e interpretada por La Oreja de Van Gogh.
6/10

Jueves 11 de Julio de 2019

(2019) | 130 min.
El británico Asif Kapadia ha demostrado una gran habilidad para el documental de tintes biográficos sobre personajes a los que pasa factura el paso de la fama, son especialmente notables Senna (2011), sobre el piloto brasiseño de Fórmula 1 Ayrton Senna, y Amy (2015), sobre la cantante pop británica Amy Whinehouse. Ahora le llega el turno al considerado por muchos como el mejor futbolista de todos los tiempos, el argentino Diego Armando Maradona. Con abundante material de archivo, gran parte de él inédito, Kapadia nos presenta los modestos orígenes de Maradona, en la paupérrima barriada de Lanús en Buenos Aires, donde crece con sus padres Diego y Tota, y sus cuatro hermanas. Su habilidad con el balón se manifiesta a edad muy temprana, y tras sus inicios en equipos argentinos, hasta llegar al Boca Juniors, pasará fugazmente al Barcelona, donde no logra descollar, entre otras cosas por una lesión, pero luego en el Nápoles logra colocar al equipo italiano en lo más alto, además de descollar con la selección nacional, por ejemplo en el mundial de México de 1986, donde su triunfo ante Gran Bretaña es visto como un desquite tras la humillación de la derrota de la Guerra de las Malvinas. El film juega un poco al desdoblamiento de la personalidad el pintar al futbolista, al estilo Dr. Jekyll y Mr. Hyde, puede ser Diego, el chico humilde que llega a lo más alto gracias a la genialidad que supera su pura condición física, no la mejor para este deporte, y Maradona, el tramposo, provocador, que se desliza por la pendiente de la droga, que sale con mujeres a espaldas de su novia y luego esposa Claudia y tiene una paternidad no reconocida, y que acaba ligado a las malas compañías de la Camorra. Por otro lado también se aborda el fanatismo, la conversión del fútbol en una especie de seudorreligión con las constantes menciones a Maradona como un dios o semidiós, lo que da pie además a reacciones viscerales, sobre todo cuando su papel se convierte en decisivo para la eliminación de Italia del Mundial de 1990; la reflexión sobre el ídolo caído en que se convierte Maradona da mucho que pensar. Kapadia tiene el mérito de ofrecer una imagen bastante completa del futbolista, incluyendo las aristas y defectos del protagonista, pero evitando arremeter contra él con desmesura e injustamente. La selección del abundante material existente sobre Maradona para componer el film, tiene mucho mérito, y es gráfico a la hora de abarcar su talento y su declive, además de que el cineasta ha contado con valiosas declaraciones del propio futbolista y personas de su entorno, que aportan luces sin iras ni rencores.
7/10

Viernes 12 de Julio de 2019

(2019) | 114 min.
Sócrates y Capi, un campeón de rallies y su copiloto, recogen en pleno desierto a una joven autoestopista que les pide que la lleven a una especie de centro de tonificación del cuerpo, dirigido por un gurú descerebrado, rodeado de muchachas esculturales, a las que ofrece consejos para mantener su belleza. Sócrates querrá quedarse allí, cuando descubre que una de las residentes es una muchacha de la que estuvo enamorado, hasta que sus padres pidieron una orden de alejamiento, por ser ella menor de edad. Comedieta con menos gracia que la muerte de la madre de Bambi. El barcelonés Jordi Arencón, debutante como director y guionista de largometrajes, tras una larga trayectoria en libretos televisivos, da a entender en sus declaraciones que a través del humor absurdo y surrealista –para el que toma quizás como referente a películas como Amanece, que no es poco– pretende realizar una crítica a la obsesión por la estética y a la superficialidad de la sociedad contemporánea. Pero se limite a chistes que conseguirían su objetivo de escandalizar, a base de escatología, machismo, simplonería y grosería –por ejemplo en torno a la pederastia o la necrofilia–, de no ser porque el espectador entra en un estado de sopor desde los primeros minutos de proyección, por la absoluta falta de interés de la cinta. Armando del Río (Pancho, el perro millonario) ha debido ser el único actor que ha aceptado encabezar el reparto de este despropósito junto a la mexicana Yanet García, que al parecer tiene en su currículum ejercer como chica del tiempo en una importante cadena de su país. Está por ver si ambos, así como el resto del reparto, pueden demostrar talento en algún otro largometraje, porque se debe decir en su descarga que éste no lo salvaban ni Spencer Tracy y Katharine Hepburn en su mejor momento. El equipo técnico posiblemente habrá firmado con pseudónimo, pues pese a cumplir con profesionalidad, nadie querría estar asociado a este desatino. 
1/10
(2019) | 106 min.
Baker Dill es un patrón de barco en Plymouth, pequeña población pesquera en el Caribe. Se dedica a pasear a bordo de su barco, el "Serenity", a turistas que desean presumir de haber atrapado con sus cañas bien cebadas buenos peces. Pero parece obsesionado por capturar un enorme atún al que denomina Justicia. Un día se asoman por ahí Karen Zariakas, la madre al parecer de su hijo adolescente, apasionado de la informática y la programación, siempre encerrado en su cuarto, y su nuevo y tosco marido, Frank, que al parecer maltrata a la mujer y al chico. Y Karen le hace la proposición de asesinar a Frank, haciendo que parezca un accidente. Extraña película escrita y dirigida por Steven Knight, conocido sobre todo por su faceta de guionista, suyos son los libretos de filmes valiosos como Amazing Grace, Promesas del Este, Un viaje de diez metros y El caso Fischer, además de que es el creador de la serie gangsteril Peaky Blinders. Como director había conseguido llamar la atención con Locke. En esta ocasión, pese a los indudables valores de producción del ambicioso film, y de volver a reunir a Matthew McConaughey y Anne Hathaway, que habían trabajado juntos en Interestellar, entrega una película fallida, que desconcierta con su confusa trama, las supuestas sorpresas y giros parecen bizarros caprichos que no vienen demasiado a cuento, descolocan sin que nunca transmitan la sensación de que la trama tenía que discurrir así, rasgo que siempre poseen los buenos guiones, que sugieren y anticipan lo que pasa, por muy sorprendente que sea. En los primeros pasos, parece que tenemos una historia de personaje cortado por patrones marineros que hacen evocar “Moby Dick” de Melville, o “El viejo y el mar” de Hemingway. De pronto asoma una mujer fatal, la Hathaway teñida de rubio para la ocasión de este nuevo planteamiento “noir”. Pero no contento con esto, finalmente Knight nos hace una propuesta metafísica bastante pintoresca, la vida es juego, y con esta pirueta que no es cuestión de detallar apunta a que somos criaturas a las que un creador maneja a su antojo, y surgen dudas sobre nuestra libertad, quiénes somos y adónde vamos; en este último tramo, puede uno pensar, tal vez, en El show de Truman, o en Westworld, con otro enfoque y sin excesiva brillantez.
4/10
(2019) | 93 min.
En Fuentejuela de Arriba, pueblo de la provincia de Ávila, lo están pasando mal. No hay riqueza ni turismo y faltan vecinos para que siga manteniendo su identidad. De hecho, si no consigue llegar pronto a 18 habitantes la aldea quedará irremediablemente anexionada a Fuentejuela de Abajo. Los habitantes se niegan en rotundo y a la cabeza de esa lucha está Teresa, ex mujer del alcalde. Puede que la llegada por sorpresa de cuatro africanos les solucione el problema. La directora argentina Marina Seresesky sorprendió en 2016 con su primera película, La puerta abierta, un drama equilibrado que tocaba temas espinosos con mesura y mirada optimista. Su segunda película supone un giro radical, pues se decanta por la comedia ligerita que no ofrece precisamente temas de reflexión (la referencia a la despoblación rural es a lo más que se llega), sino que únicamente plantea una situación rocambolesca, irreal y tontorrona, con el único objetivo de arrancar la sonrisa del espectador. Lo consigue a medias. El guión no resulta demasiado original, los tópicos abundan, la farsa se va desarrollando linealmente, con humor más o menos saludable (algún toque chusco hay) y el desenlace resulta correcto pero bastante soso. Los mimbres son los que son y no se puede hacer milagros. Vuelve a contar Seresesky con Carmen Machi para su segundo largometraje y la actriz madrileña se convierte en la dueña y señora de la función. Suyos son sin duda los mejores momentos de Lo nunca visto (incluidas un par de escenas bastante graciosas) y sin ella estaríamos hablando de una película todavía inferior. Entre el reparto, le acompaña especialmente en esa vertiente cómica una inspirada Kiti Mánver.
4/10
(2018) | 135 min.
Adaptación de la novela homónima de Christine Angot, de trazos en parte autobiográficos, coescrita y dirigida por otra mujer, Catherine Corsini. Está puntuada por una voz en off, que se hace notar demasiado, la de la hija de la protagonista, que vendría a ser el “alter ego” de Christine Angot. Describe, a lo largo de cinco décadas la trayectoria, de la joven mecanógrafa Rachel Schwartz, hija de judío y católica, que ha llevado una vida provinciana sin grandes complicaciones en la pequeña población de Châteauroux. Allí conoce al cosmopolita traductor de la base americana Pierre, cuya familia goza de buena posición social, y que enseguida despierta su fascinación y del que se enamora. La introducirá en un mundo de vertiginosa sensualidad, y en las lecturas que han conformado su pensamiento, como Friedrich Nietzsche, y ambos mantienen una relación donde Pierre dicta las condiciones, nunca se casarán, y, más o menos, él hará lo que le plazca. Tal individualista modo de proceder pasa por su primera prueba cuando tienen una hijita, Chantal. Las ausencias de Pierre se harán más y más prolongadas, además de que rehúsa reconocerla oficialmente como suya. Sin embargo, cuando Chantal crezca, los lazos de esta extraña familia se estrechan de un modo nada convencional. Estamos ante una deprimente y nihilista historia de frustrados anhelos de un amor que se muestra demasiado elusivo, en grandísima medida por el egocentrismo de quien debía ejercer como esposo y padre, pero también por el modo algo pasivo de llevar las cosas de Rachel, lo que acaba teniendo terribles consecuencias en Chantal. La alusión del título a un amor imposible se puede referir a muchas de las relaciones descritas en el film, en que el cuidado y la preocupación no son necesariamente sinónimos o rasgos del amor. Se pinta sin duda la entrega de una mujer a su hija, y el modo en que logra sacar adelante una carrera profesional siendo madre soltera, para educarla; pero hay algo de enfermizo en la relación de Rachel con Pierre, y, al menos tal y como se muestra, también de culebrón en el modo en que evoluciona la relación de Chantal con sus padres cuando se convierte primero en una adolescente y luego en una adulta. Los reproches sobre la ceguera de Rachel y los síntomas de depresión de ésta cuando cree haber perdido el afecto de Chantal, datos sobre el suicidio de la madre de Pierre o el atropello accidental que protagonizó éste y que le llevó a la cárcel, o una historia de abusos sexuales, producen el efecto de acumulación de información, pero hay que reconocer a Corsini y a Laurette Polmanss cierta habilidad en su incorporación al relato. Los actores están bien, tanto Virginie Efira en el papel de protagonista enamorada, como Niels Schneider dando vida a una pareja bastante impasible que se construye su propia moral (o falta de ella), y las cuatro actrices que dan vida a Chantal a distintas edades.
6/10
(2019) | 75 min.
Años 70. Vacaciones estivales en un pueblecito catalán en medio del campo. Pep, un chaval adolescente, pasa esos días con su abuela. Y con los chicos y chicas de ahí, él es veraneante, que viene de la ciudad. Planes de pandilla, juegos, piscina. Pero una de las chavalas, Sara, desaparece. Y Pep, que siente atracción por ella, la encuentra escondida en su habitación. La ocultará allí durante días, mientras una pareja de la guardia civil investiga la desaparición, todo hace pensar que la chica se ha fugado, sus padres no se llevaban bien. Debut en el largometraje de Laura Jou, que adapta una novela de Pep Puig. Se trata de una película nostálgica sobre la adolescencia, el despertar sexual y el ingreso en la vida adulta, con un “mood” muy adecuado, y donde no se demoniza a ningún personaje. La época está bien atrapada, la languidez del pueblo, los ritmos marcados por los planes de piscina o la misa dominical. Está un poco en la línea de títulos como Viaje al cuarto de una madre y Verano 1993. Pou dirige bien a un reparto integrado mayoritariamente por chavales jóvenes, donde destacan Maria Morera y Biel Rossell. Y se juega al contraste entre sus personajes. Porque Sara se ha visto obligada a crecer antes de tiempo por la desestructuración de su familia, y porque se siente ahogada en el pueblo, con deseos de respirar más allá, algo que expresa bien la escena en que Pep entra en su cuarto. De todos modos quizá resulta algo forzada su personalidad algo cínica, la decepción que le han proporcionado los adultos, y su capacidad de leerse “Ana Karenina” como si tal cosa; aunque la directora tiene el buen sentido de darle una escena en que acaba mostrando lo que aún resta de fragilidad infantil. Por su parte a Pep le define la ingenuidad, todavía es en gran parte un niño, enganchado a los tebeos, que nunca ha leído una novela, y que empieza a creerse un hombre tras su primer morreo, cuando aún le quedan muchas cosas que aprender sobre la vida.
6/10
(2019) | 129 min.
Desde hace cuarenta años, Mara Ordaz, estrella de la época dorada del cine argentino, vive retirada en una impresionante mansión, anclada en el tiempo, rodeada de una extensa parcela. Le acompañan su marido, el actor de poco éxito reconvertido en pintor Pedro de Córdova, el realizador Norberto Imbert, autor de las películas más importantes de Ordaz, y el guionista habitual de éste, Martín Saravia. El cuarteto vive alternando cierta beligerancia entre ellos y algo de armonía, hasta que su vida se ve alterada por la llegada de Francisco y Bárbara, dos automovilistas en apuros, que reconocen a Ordaz. La maldición del Oscar ha afectado a Juan José Campanella, que tras triunfar en la categoría de película extranjera con la impecable El secreto de sus ojos llevaba diez años sin dirigir un largometraje con actores de carne y hueso, centrándose en numerosísimos episodios televisivos, y en el film de animación Futbolín. Para su regreso ha elegido curiosamente un remake un tanto libre de Los muchachos de antes no usaban arsénico, de José Martínez Suárez, título considerado de culto en su país, pues se estrenaba en 1976, justo antes del golpe militar. El film deja claro que el argentino –también coguionista – ha escogido este proyecto sobre todo para divertirse, pues se trata de un sentido canto de amor al cine, que homenajea al original, del que se declara ferviente admirador, y a numerosas películas de antes, como El crepúsculo de los dioses, el film de intriga La huella y las comedias repletas de humor negro de Ealing, como El quinteto de la muerte. Introduce con mucha gracia numerosos elementos metacinematográficos, y se toma a broma a sí mismo, a su film estadounidense El niño que gritó puta, y hasta a la estatuilla dorada. Todo esto no quita que el espectador no enterado, que no capte las referencias, pueda disfrutarla con agrado, sobre todo por sus eficaces giros. Retrato del enfrentamiento intergeneracional, en un mundo despiadado donde sólo triunfa el más fuerte, proclama que la veteranía es un grado, y advierte de que no se puede subestimar al adversario por su edad, ni relegar al olvido a los ancianos. Abundan las réplicas mordaces, y el humor negro, y pese a que el noventa por ciento de la trama transcurre en la misma mansión, algunos planos resultan brillantes, como el del rostro de la joven Mara Ordaz proyectado sobre ella misma de anciana. Quizás tenga un tono demasiado teatral y grandilocuente, y baja un poco el nivel hacia el tramo final, pero esto no desmerece el conjunto. A Campanella se le da muy bien sacar oro del escogidísimo reparto. Destaca Graciela Borges, como Mara Ordaz, una nostálgica Norma Desmond, con su escalera y todo. Pero no desentonan Óscar Martínez (el realizador), Marcos Mundstock (el guionista), Luis Brandoni (el marido), Nicolás Francella, hijo del actor Guillermo Francella, habitual de Campanella, un agente inmobiliario, y la española Clara Lago, socia de éste, que está mejor que nunca, hasta se ha trabajado a la perfección el acento argentino (al igual que en Al final del túnel).
7/10
(2019) | 93 min.
La historia de la productora británica HandMade Films, que inició su andadura allá por finales de la década de los 70 del siglo pasado y que se mantuvo en activo un total de 11 años, durante los cuales produjo películas independientes muy variopintas pero que tuvieron una enorme repercusión mediática en las salas británicas y en las de todo el mundo. Muchas de esas producciones aún mantienen un status de obras prestigiosas dentro de la comedia, como La vida de Brian o Los héroes del tiempo, protagonizadas por los Monty Python; del género negro gangsteril, tales como Mona Lisa o El largo viernes santo; o se inscriben en las producciones delirantes e inclasificables, como Withnail y yo o Función privada. Aunque también es cierto que hubo grandes chapuzas entre sus producciones, véase Shanghai Surprise, Loca juerga tropical o Privates on Parade. An Accidental Studio es un repaso documental de ésas y de otras de las películas de la compañía. Conocemos primeramente los orígenes de HandMade Films, cuando el bajista de The Beatles George Harrison decidió producir una película de los Monty Python que había sido rechazada por los grandes estudios por escandalosa. Asociado con el abogado Denis O’Brien, ambos darían inicio así a HandMade Films y empezarían a producir varias películas juntos con una increíble libertad creativa. Los directores Bill Jones, Kim Leggatt, Ben Timlett narran con cierta frescura los entresijos de las películas más destacadas que sacaron al mercado, las dificultades económicas, las decisiones arriesgadas, las controversias creativas y empresariales, las decepciones y los peligros del éxito. El resultado es interesante, pero también eminentemente minoritario. Gustará especialmente a los estudiosos de la historia del cine e incluso más exactamente a los frikis del cine independiente, fans de las producciones de HandMade Films. Disfrutarán de las entrevistas –contemporáneas o grabadas hace años– que se ofrecen de cineastas y actores célebres (George Harrison, Michael Palin, Terry Gilliam, Bob Hoskins, Richard E. Grant, Neil Jordan, etc.) y de los insertos de las películas y los secretos que hubo detrás de ellas. Y es curioso ver la evolución de la productora, con la faceta creativa y aun filantrópica de George Harrison, frente a la mentalidad empresarial y férrea de Denis O’Brien, un antagonismo a la hora de trabajar que seguramente fue decisivo para dar por concluida su colaboración en 1981.
5/10
(2019) | 100 min.
La joven veinteañera Rose-Lynn Harlan sale de la cárcel de Glasgow tras pasar doce meses encerrada. Llegará a casa de su madre, Marion, trabajadora en una panadería, que durante todo ese tiempo ha cuidado a los dos hijos de Rose. Hay tirantez entre ella y su hija, y entre ésta y sus hijos, que casi la miran como una desconocida y prefieren la compañía de su abuela. Y es que Rose nunca ha asumido sus responsabilidades de madre y persigue sin norte y con rotunda ingenuidad su sueño de infancia de ser cantante de country, faceta para la que ciertamente tiene sobrado talento. Pero ese deseo de marchar a Nashville, en Estados Unidos, está destruyendo su vida. Valiosa película británica que narra una historia de maduración personal escrita por Nicole Taylor, hasta ahora autora de algunos guiones de episodios de series televisivas. Compone una historia de hechuras clásicas, hasta cierto punto previsible, con un personaje principal que en algún momento perdió el norte de su vida y al que le cuesta un mundo desandar el camino y retomar el sendero correcto. Hay realismo en la situación caprichosa de la protagonista, no es mala mujer, pero es incapaz de centrarse, de descubrir sus verdaderas prioridades. Aunque alguna fase resulta un tanto forzada –ese cariño espontáneo y exagerado de su la dueña de la casa donde trabaja–, hay credibilidad en su evolución, la realidad se impondrá poco a poco, con momentos cotidianos en pantalla llenos de hondura. Recuerda la atmósfera al de otras películas británicas, de temática social, al estilo de la más descarnada Fish Tank o de algunas películas de Mike Leigh o Ken Loach, en donde las clases trabajadoras luchan por salir adelante y hacer realidad sus sueños. El director Tom Harper (Peaky Blinders, Guerra y paz) ha tenido buen ojo con el casting porque el notable resultado se apoya sobre todo en dos extraordinarias interpretaciones. El oficio de Julie Walters es bien conocido y aquí se mete en la piel de una madre realista, que actúa con mano dura en las situaciones que lo requieren, pero que jamás abandona y que sabe reorientar maravillosamente sus juicios hasta cambiar la propia perspectiva con encomiable humildad. Pero lo que más sorprende es la intensa actuación de Jessie Buckley, cantante reconvertida en actriz cuyo rostro recuerda mucho al de Sienna Miller. En 2008 esta joven irlandesa se presentó al concurso televisivo de la BBC “I Do Anything” y quedó segunda. Desde entonces Buckley ha sabido granjearse el favor de la industria y emprender una carrera que promete, gracias a un potente carisma frente a la cámara y una naturalidad encomiable. Y por supuesto, tiene una voz colosal, que en Wild Rose brilla en toda la banda sonora pero que en pantalla es disfrutable sobre todo en las composiciones “Peace in this House” o “Born to Run” y en ese reconfortante tema final “No Place Like Home”.
7/10
(2018) | 89 min.
Debut en el largometraje –tras varios cortos– de Eloy Domínguez Serén, que compone un documental sobre los problemas del pueblo saharaui. Él mismo ha ejercido como director de fotografía, componiendo potentes imágenes, uno de los puntos fuertes de su trabajo. Sigue a Sidahmed, Zaara y Taher, trío de amigos que vive en uno de los campamentos de refugiados donde habitan los suyos. Por la falta de recursos, el realizador gallego se ha visto obligado a rodar a ciegas, pues no pudo llevar en sus viajes a un traductor de hassania, la lengua saharaui. Meses después de haber rodado, cuando por fin pudo reclutar a un profesional de los subtítulos en España, se dio cuenta de que las declaraciones tenían un enorme interés (tuvo suerte de que no le tomaran el pelo). El título, Hamada, significa ‘desierto’ y ‘sin vida’ en hassani. Pero está puesto con cierta ironía, pues los protagonistas tienen muchas aspiraciones y sueños para salir de la realidad de su día a día. Pese a la falta de oportunidades, y las duras condiciones en las que tratan de sobrevivir (apenas tienen agua y electricidad), en el fondo no se diferencian demasiado de los adolescentes europeos, y hacen gala de un enorme optimismo al tratar de buscarse la vida, y hasta sentido del humor, sobre todo Zaara, que trata de conseguir un trabajo como mecánica, pese a que no tiene ni idea de coches. Se explican las consecuencias históricas de que España abandonara el Sáhara Occidental, y la angustia que produce no poder visitar la tierra de donde uno es originario, porque está aislada por un muro y un campo minado, colocado por Marruecos. Se habla también de otros temas interesantes, como la dificultad para vivir en el desierto, o la libertad de la que gozan las mujeres saharauis, muy superior a la que permiten otras naciones islámicas, por lo que nunca se pierde el interés durante el visionado.
6/10
(2019) | 106 min.
1968. El matrimonio formado por Ed y Lorraine Warren encierra a la peligrosa muñeca Annabelle, que actúa como un faro para los espíritus, en un armario de vidrio, como parte central de su colección de objetos diabólicos, que permanecen en una habitación cerrada a cal y canto de su residencia de Connecticut. Cuando un año más tarde los Warren deben viajar por uno de sus habituales casos paranormales, dejan sola a su hija de diez años, Judy, con Mary Ellen, niñera adolescente. La tragedia sobreviene cuando una amiga de ésta, Daniela, consigue entrar a hurtadillas en la sala que alberga a Annabelle y la libera de su prisión. Tercera entrega del personaje, y quinto spin-off salido de Expediente Warren, pues se tienen que contar también la decepcionante La monja, y la amena La llorona. El creador de la saga, James Wan, se mantiene como productor ejecutivo, y autor del argumento, y parece haber velado porque el debutante realizador Gary Dauberman, uno de los guionistas de It, se ajuste a los parámetros de su cine, pues éste se esfuerza en crear una atmósfera espeluznante, y en componer buenos sustos, muy al estilo clásico, sin recurrir a los excesos hemoglobínicos. Destacan el momento del piano, o el monitor con retardo, que en general no decepcionan. Se abusa de los clichés del género, pero por otro lado logra resultar refrescante al ceder el protagonismo a la hija de los Warren. Se ha acertado al reclutar para interpretarla a Mckenna Grace, a la que se recuerda como hija de Kiefer Sutherland, en Sucesor designado, y está bien respaldada, sobre todo por la prometedora Katie Sarife (Sobrenatural), que da vida a Daniela, el papel más difícil, pues trata de superar la muerte de su padre. Y por supuesto, se agradece que vuelvan a aparecer los progenitores de la protagonista, nuevamente Vera Farmiga y Patrick Wilson, que siguen llenando la pantalla. El film está dedicado a la auténtica Lorraine Warren, que falleció durante el rodaje.
6/10
(2019) | 156 min.

Historia basada en hechos reales sobre la vida del genio matemático Anand Kumar. Un joven de la India que decidió ayudar a niños provenientes de familias desfavorecidas del interior del país que soñaban con una educación. Emprendió el programa educativo Super 30 en el que entrenaba a niños para el examen de ingreso al Instituto de Tecnología de la India (IIT-JEE), además de proporcionarles una alimentación y alojamiento. Super 30 es una historia inspiradora sobre la lucha y el logro de uno de esos hombres que decidió marcar la diferencia en la sociedad cambiando el futuro de muchos niños. Cada uno de los niños que formó están ahora trabajando en grandes empresas de todo el mundo ocupando altas posiciones de responsabilidad en el mundo científico, informático y matemático.

(2018) | 93 min.
Nicole, hija de uno de los empresarios más ricos de República Dominicana, y José Miguel, hijo de un vendedor de repuestos de coches, se han enamorado y quieren casarse. Ninguno de los padres está de acuerdo con esa unión, así que pergeñerán diferentes planes para evitar la boda. Película procedente de la República Dominicana que tiene trazas similares a las de los culebrones televisivos propios de los países caribeños. Aquí todo es sumamente leve: bajo un tono de comedia blanca en donde priman los sentimientos superficiales, el amor entre los enamorados y las tiranteces familiares, destaca un perfil de los personajes muy simplista, personas que parecen conducirse por la vida con dos o tres neuronas. Por momentos, el resultado parece un capítulo de cualquier serial televisivo. Es un tipo de cine que quizá tenga tirón en su país de origen, pero en el resto del mundo la cosa se complica. El director Frank Perozo ofrece al menos algunos momentos divertidos, propiciados por el pasadísimo actor Raymond Pozo, como esa escena en que chapurrea el inglés en la reunión directiva. Pero es poco bagaje en una historia que resulta muy tontorrona. La producción está, eso sí, más o menos cuidada, pero las interpretaciones vuelven a ser una piedra en el camino. O más bien un pedrusco. Aspavientos exagerados, ademanes físicos o reacciones artificiales llenan las escenas. Lo único salvable de qué León (Una vaina loca) es su fondo optimista y jovial, donde el amor es capaz de salvar los obstáculos una y otra vez y saltarse a la torera los estratos sociales. Por supuesto, el gancho del film es el protagonismo del cantante puertorriqueño Ozuna, muy conocido como representante señero del reggaetón.
3/10

Martes 16 de Julio de 2019

(2019) | 93 min.
Apasionante documental sobre la primera misión espacial tripulada con destino a la luna, producida con motivo del 50 aniversario de la histórica gesta, una de las más grandes jamás realizadas por el hombre. La llegada del Apolo 11 al satélite terrestre se produjo el 20 de julio de 1969, después de más de 195 horas de viaje por el espacio. La exitosa misión duró en total 8 días, desde el 16 de julio hasta el 24 de julio, cuando los astronautas Neil Armstrong, Michael Collins y Edwin Aldrin amerizaron sanos y salvos en el Océano Pacífico. Acababa (o comenzaba, según se mire) así la carrera espacial impulsada por el ya entonces fallecido presidente norteamericano John Fitzgerald Kennedy y Estados Unidos ganaba el pulso a la URSS al ser los primeros en colocar su bandera en la superficie lunar. Lo más impactante de esta película es que no parece en ningún momento un documental elaborado en 2019. Parece historia pura, un trozo del pasado que se vive en el presente. Se trata de la cuarta película del director Todd Douglas Miller y de su tercer documental. Para su realización ha accedido a un material extraordinariamente novedoso, procedente de la NASA y filmado en los momentos en que tuvieron lugar los hechos y –esto es lo más fascinante– se incluyen numerosos minutos de lo que captaban las diferentes cámaras del Apolo 11 instaladas en los dos módulos que lo componían, el Columbia y el Eagle, este último destinado a alunizar, así como las tomadas por los propios astronautas. Las imágenes que vemos son sobrecogedoras, hipnóticas, de un realismo inaudito, tanto que son las mismas que se vieron en directo en las oficinas de la NASA y el sonido es el de entonces, el que procedía de los astronautas y de los técnicos que guiaban el viaje, que hacían una y otra vez todo tipo de comprobaciones. Escuchamos al presidente Nixon conversar con Armstrong y también la célebre frase de éste: “Un pequeño paso para un hombre, un gran salto para la humanidad”. Para acrecentar este sumo realismo Todd Douglas Miller no ha incluido material “extra”, es decir, distinto del rodado entonces, e incluso la voz del narrador es la de aquella época. Nada nos trae a la actualidad. Parece que su única licencia ha sido la inclusión de algunas imágenes del Apolo 8 en lugar del Apolo 11 en los momentos de la propulsión inicial. Se entiende que la labor de Miller ha sido principalmente la criba y la selección del material original entre las más de 11.000 horas de película grabadas por las cámaras y una posterior labor de montaje verdaderamente encomiable. El resultado es fascinante, asombroso de principio a fin y la sensación del espectador es que ha sido trasladado a ese momento de agosto de finales de los sesenta. Por supuesto, viendo estas imágenes es difícil dudar de la veracidad de la hazaña espacial (por más que haya tanta gente empeñada en ponerla en entredicho). De modo cronológico asistimos al evento, desde la cuenta atrás, con unas increíbles tomas de Cabo Cañaveral, en Florida y de las multitudes que lo presenciaron, hasta una recopilación magníficamente proporcionada de las distintas etapas de la misión: la propulsión inicial, las diferentes fases de desacoplamiento, el viaje por el espacio, la separación de los módulos, la rotaciones lunares, el perfecto alunizaje, la estancia en la luna de Armstrong y Aldrin (que duró menos de tres horas), el regreso del Eagle al módulo Columbia y el viaje de regreso hasta la Tierra, con la incertidumbre de esos críticos segundos de entrada en la atmósfera que aún hoy, cincuenta años más tarde, cortan la respiración.
8/10

Jueves 18 de Julio de 2019

(2019) | 118 min.
Revisitación de El rey león, una de las película animadas más queridas de Disney, 25 años después de ser realizada, en esta ocasión con técnicas digitales fotorrealistas aplicadas a la creación de los animales, que ya había utilizado el director, Jon Favreau, en El libro de la selva. No deja de tener guasa que figure acreditado un solo guionista, Jeff Nathanson, no ligado al film anterior, en el que hasta 29 personas eran mencionadas como participantes en el libreto. Sobre todo, cuando se sigue la trama del original casi al milímetro, incluidas por supuesto las canciones de Elton John y la partitura musical de Hans Zimmer, espléndidas. En la sabana africana, todos los animales celebran el nacimiento de Simba, un cachorro de león que será su futuro rey. Actualmente lo es su padre, Mufasa, a quien envidia el hermano de éste, Scar, que ni siquiera acude a Pride Rock a la presentación del heredero. Simba es travieso, y disfruta de su infancia en libertad con una amiga leona, Neila, y con las enseñanzas de su padre acerca del ciclo de la vida, del que todos los animales forman parte. Pero su afán de aventuras propicia la tragedia, pues se verá atrapado en un desfiladero, en peligro de ser aplastado por los animales en estampida. Le salva su padre in extremis, pero el precio es muy alto, y Scar hará que el peso de la culpa recaiga en el cachorro, que emprende el autoexilio, mientras el otro se proclama rey, rodeado de un ejército de siniestras hienas. Entretanto, Simba se rehace gracias a dos nuevos amigos, el suricato Timón y el jabalí Pumba, y la filosofía que le inculcan de la despreocupación, Hakuna matata, que mal entendida puede llevarle a la dejación de sus responsabilidades. La historia, de tintes shakespereanos, sigue siendo tan poderosa como antaño, con el trauma de Simba, un hijo que es consciente de que no ha estado a la altura de su padre, un tío, Scar, que sabe pulsar las teclas adecuadas para acentuar su sentido de la culpa, y un par de secundarios cómicos que hacen las veces de los clásicos bufones y similares que tan bien supo crear el bardo inglés. La principal pega que se puede poner a esta nueva representación es que no aporta nada nuevo, alguna variación o enfoque que ayude a subrayar alguna idea al menos. Es cierto que otras adaptaciones con actores reales acometidas por Disney de sus cintas animadas, como Dumbo, facilitan la exploración de nuevos caminos, y que da más respeto tocar algo de El rey león, pero ahí estaba el desafío, respetar el original, y hacerlo aún más grande. Existe cierto conformismo, pensar que entregar la historia con animales creados por ordenador, y que parezcan de verdad, es suficiente. Y ciertamente, hay muchos pasajes –no todos, en el arranque se notan en exceso los efectos visuales–, de un realismo asombroso, con los animales hablando, jugando y peleando con toda naturalidad, el espectador llega a aceptar que eso está sucediendo. Pero es pura tecnología, falta el alma.
6/10

Viernes 19 de Julio de 2019

(2017) | 125 min.
Singular película turca, basada en hechos reales, que documenta una realidad poco conocida, la contribución militar de este país a la Guerra de Corea. En los años 50, Süleyman es un hombre feliz, enamorado de una mujer estupenda, al que se le presenta un futuro prometedor. Pero debe partir a Corea con el ejército, para contribuir en la lucha que ahí se libra contra el adversario comunista. Ahí pronto va a ser testigo de los horrores bélicos. Sin embargo, salvar a una niña, la pequeña Ayla, que ha perdido a toda su familia, le devuelve toda su humanidad. Se ocupará de ella, despertando la ternura también en todos sus compañeros. La duda es qué pasará una vez termine la guerra. Can Ulkay dirige con buen pulso una historia que llega directa al corazón, y que sabe combinar las secuencias bélicas con los momentos dramáticos. De larga duración, la película abarca un amplio arco temporal, quizá en tal sentido queda algún agujero, la vida de Süleyman de vuelta a casa no queda todo lo explicada que sería de desear, de modo que los recuerdos de lo vivido allí, y el desenlace al que ayuda el hecho de que el mundo se haya convertido en una “aldea global”, aunque de interés, les falta un punto de emoción. Ismail Hacioglu hace un buen trabajo componiendo al Süleyman, mientras que Kim Seol es un encanto de niña componiendo a Ayla, su inocencia, que no extraña que emocione a la mismísima Marilyn Monroe, cuando llega a Corea a dar ánimos a las tropas combatientes.
6/10
(2018) | 90 min.
El noruego Erik Poppe, conocido por la excelente La decisión del rey, vuelve a reconstruir un suceso real acontecido en su país, esta vez más cercano en el tiempo, el sangriento atentado que tuvo lugar en verano de 2011, cuando como se recordará un asesino de masas, autodeclarado enemigo de la sociedad multicultural, hizo detonar bombas en Oslo, en el entorno de las oficinas del primer ministro, y después acudió al campamento de las juventudes de su partido, en la isla de Utoya, a pocos kilómetros de la capital. Tras abrir fuego contra los chavales del lugar, dejó un macabro saldo de 77 muertos y más de un centenar de heridos. El triste suceso ya dio lugar a 22 de julio (2018), rodada por el británico Paul Greengrass para Netflix. Pero Poppe construye un largometraje distinto, que renuncia a buscar la motivación del psicópata y a contar lo que ocurrió en el juicio, simplemente muestra el atentado en tiempo real, desde la perspectiva de lo que debieron sentir las víctimas. En concreto se siguen los pasos de Kaja, una chica ficticia, aunque basada en las personas que realmente estuvieron allí. Tras hablar por el móvil con su madre, que le habla de las explosiones acontecidas en la capital, ella le explica que no se siente en peligro, todo a su alrededor parece seguro. Sin embargo, tras discutir con Emilie, su hermana, que ha tomado su jersey sin preguntar, y hacer planes con un chico al que ha conocido en la zona, Kaja escucha lo que parecen disparos, y observa una multitud de muchachos que corre en busca de refugio… Estamos ante una visita al infierno, similar a una película de terror, en la que se rememora la angustia que debieron sufrir quienes estuvieron allí, con detalles escalofriantes, como que no se sabe qué está ocurriendo, que se confía en que llegará pronto la policía, pero esta parece retrasarse indefinidamente, o la reducida extensión de Utoya, lo que limita bastante los sitios para esconderse. Apenas se vislumbra al atacante de lejos, lo que le quita por completo humanidad. Abundan las secuencias intensas, como el encuentro con la chica herida que quiere hablar con su progenitora. Recuerda a los filmes cercanos al docudrama sobre tragedias reales del propio Greengrass, sobre todo a United 93 y Bloody Sunday, y también a Elephant, donde Gus Van Sant mostraba la matanza del instituto de Columbine. Todo está filmado en un plano secuencia de 93 minutos de duración, sin aparentes cortes, lo que exige una enorme precisión técnica, y una buena coordinación de los actores. La jovencísima Andrea Berntzen (que tiene cierto parecido con Jennifer Lawrence, y también su talento) ofrece un extraordinario trabajo, ya que aguanta la totalidad del metraje en pantalla, a menudo en solitario.
7/10
(2018) | 99 min.
Sentido documental de la directora alemana Margarethe von Trotta dedicado a Ingmar Bergman, con motivo de su centenario. Aunque se trata de un encargo, la cineasta lo ha tomado con muchísimo gusto, por sentidas razones personales, que explica a lo largo del metraje. El séptimo sello, que vio en París en los años 60, fue la razón por la que decidió dedicarse al cine, de ahí que en el film arranque a la orilla del mar, explicando en la localización auténtica la escena en que el caballero cruzado dormita con su escudero, y tras despertarse e iniciar una oración tiene su primer encuentro con la muerte. Von Trotta desgrana la escena plano a plano. También recuerda con orgullo que Bergman seleccionó su película Las hermanas alemanas como una de sus favoritas. Quizá el protagonismo de von Trotta acaba siendo excesivo, a veces incluso interrumpiendo a los entrevistados, llevada por el entusiasmo. Pero ofrece en cualquier caso una mirada muy interesante, y conversa con muchos personajes como Liv Ullman, Daniel Bergman, Olivier Assayas, Jean-Claude Carrière y Carlos Saura. Y desgrana los típicos temas de la filmografía de Bergman y su cualidad de artista de influencia imperecedera para cualquiera que se dedique al Séptimo Arte, incluyendo fragmentos con declaraciones suyas o dirigiendo. Por supuesto asoman los temas de Dios, la muerte, las relaciones de pareja, el sexo. Y la infancia, de la que se señala que a Bergman no interesan tanto los niños, o sus propios hijos, como mirarse a sí mismo de niño, añorando aquella etapa de su vida, que desea atrapar de nuevo, como le ocurría al protagonista de Fresas salvajes. No se trata tanto de ofrecer un documental biográfico al uso –aunque no falten abundantes datos al respecto–, como ofrecer una suerte de cuadro impresionante del artista, que anime a revisitar o visionar por primera vez su filmografía, teniendo bien en cuenta que un artista genial no tiene por qué ser alguien impecable.
6/10
(2018) | 129 min.
Guillaume vive interno en un instituto. Es un tipo extrovertido y jaranero, ejerce un poco de graciosete de la clase, es listo y seguro de sí mismo. Y además es un tipo sensible, que se interesa por la buena literatura. Pero algo en su vida no acaba de encajar, no está a gusto en su entorno. Su hermanastra Charlotte está en la universidad y mantiene una relación estable con Maxime; sin embargo, una revelación de éste va a decepcionarla y su estabilidad afectiva se trastocará completamente. Drama canadiense, premiado en varios festivales, escrito y dirigido por Philippe Lesage, en su tercer trabajo de ficción tras Los demonios y Copenhague A Love Story. Indaga en los vaivenes afectivos de una juventud que ignora el camino hacia el amor verdadero y en cómo el permisivismo sexual que reina en el ambiente donde se mueve acrecienta un desconcierto en los corazones que sólo provoca desconsuelo. Especialmente gráficas son las situaciones que vive el personaje de Charlotte, una joven cuyo giro radical hacia el nihilismo y la pérdida de inocencia habla con espanto de la peligrosa candidez de sus afectos y de los pocos asideros y seguridades que le ha transmitido su educación y su vida familiar, apuntada claramente ésta por la ausencia de los padres en los asuntos de su vida. Esa situación de desconcierto la vive igualmente Guillaume cuando nota que hay algo distinto en él, una atracción ¿repentina? por su mejor amigo. El guión deja claro que aceptar esa condición puede merecer la complacencia pública de lo políticamente correcto (es muy expresivo aunque irreal el aplauso en la clase, ciertamente) mientras que en el ámbito privado el ostracismo y la incomprensión sean quizá más frecuentes. La película, desigual y no muy reconfortante, va alternando ambos hilos narrativos con bastante naturalidad y en general ofrece una historia y unos personajes que interesan, bien interpretados por Théodore Pellerin y Noée Abita. Sobran eso sí algunas escenas que se hacen largas –fiestas, bailes, etc.– y en muchos momentos cierta premiosidad sugiere que se llega al final, pero no, siempre hay más y más escenas. Por eso la gran sorpresa es el largo epílogo con que se cierra el film, que viene a ser en realidad una tercera historia aparentemente distinta y desligada de las demás: un campamento juvenil de chicos y chicas preadolescentes, en donde nace el primer amor en dos de ellos Félix (Édouard Tremblay-Grenier) y Béatrice (Émilie Bierre). Es ésta parte quizá la más bella de todas, desprende inocencia, amor puro, realismo en las miradas esquivas, en las reacciones de los jovencitos. Se ve así, en verdad, como un prólogo a lo anteriormente expuesto, porque, al fin, parece decir Lessage, el amor deja siempre heridas, despedidas, dolor. Toda persona ha vivido esa Génesis y está abocada irremisiblemente a saber gestionar esa experiencia en el futuro. Por su bien.
5/10
(2019) | 64 min.
Paula, una adolescente obligada a madurar antes de tiempo. Escucha como sus padres separados le organizan el verano, intercambiando meses de estar con ella, y con el plan de la madre, encinta, de que vaya al pueblo, Ojos Negros, en Teruel, con su anciana abuela y su tía, a las que apenas conoce. Pasarán los días, lánguidos, y trabará amistad con una chica que también pasa allí las vacaciones, Alicia. Primera y nostálgica película de las jóvenes Marta Lallana e Ivet Castelo, alumnas de la Universidad Pompeu Fabra, de hecho se trata de su trabajo fin de carrera. Con aire tristón, y sin un marco temporal preciso –no hay móviles, y el “Volver a empezar” de Julio Iglesias en una verbena invitan a pensar en los 80– apenas ocurre nada, pero se crea el “mood” adecuado, e intuimos los sentimientos de Paula, que ha aprendido en carne propia lo que es el egoísmo de los adultos, los reproches y la amargura, al tiempo que advierte que la vida tiene fecha de caducidad –la abuela no goza de buena salud–, y que entre “vivir tu vida” y “cuidar de los tuyos” debería haber algún punto intermedio en que poder disfrutar de la propia existencia. La joven y desconocida protagonista, Julia Lallana, está bien, trasluce la belleza de quien se está convirtiendo en mujer, y cierta tristeza resignada por lo que ocurre a su alrededor.
5/10
(2019) | 90 min.
Tras divorciarse, Sarah se va a vivir con su hijo, Chris, a una aislada zona rural de Irlanda, en busca de una vida tranquila. Pronto descubrirá en el bosque cercano a su casa un agujero enorme que parece no tener fondo. Una noche, el niño desaparece entre los árboles, pero cuando por fin regresa, su comportamiento ha variado, hasta el punto de que empieza a sospechar de que no se trata del mismo. El éxito de Hereditary y Un lugar tranquilo ha puesto de manifiesto que en el terror funciona mejor describir lentamente a los personajes al viejo estilo, que los excesos sangrientos. Se agradece que navegue en esa dirección el debutante realizador irlandés Lee Cronin, que obtuvo críticas positivas cuando estrenó su cinta en el Festival de Sundance de 2019. Compone alguna escena sobrecogedora, y logra el ritmo adecuado. Además, tiene buena mano con los actores, sobre todo con la desconocida fuera de Irlanda Seána Kerslake (Can’t Cope, Won’t Cope) –la madre–, y el chaval James Quinn Markey, habitual de la serie Vikingos. Quizás se echa de menos la ambición componer algo más que un típico film de terror, ahondando en el drama familiar. Y si bien se entiende perfectamente a la progenitora, se pinta al retoño con pocas pinceladas, no pasa de ser el típico chico que echa de menos a su padre, y poco más. Además, el film tiene la mala fortuna de estrenarse poco después de dos películas de infantes malvados, The Prodigy, que abordaba una historia bastante similar, y El hijo, con la que también tiene puntos en común.
5/10
(2019) | 100 min.
Matthias Le Goff, prestigioso nadador profesional francés que busca presentarse a los mundiales de natación, es sorprendido en una entrevista con unas declaraciones despectivas sobre los homosexuales. El comité deportivo decide imponerle entonces una sanción ejemplar: deberá entrenar a un equipo de waterpolo integrado por homosexuales, en vistas a que puedan acudir todos a Croacia, en donde tendrán lugar los Gay Games, evento multideportivo de la comunidad gay. Comedia francesa, ligerita y frívola, en torno a la inclusión social del colectivo LGTBI etc. Los directores y guionistas, Maxime Govare y Cédric Le Gallo, no se estrujan demasiado la cabeza a la hora de pergeñar una historia amable y más o menos previsible que mira con ternura a los homosexuales, aunque los personajes de la película no sean precisamente el colmo del equilibrio. De hecho, se incide en la pose gay exagerada, a veces estilo loca, que conduce a un modo despreocupado de vivir la vida, con actitudes revoltosas, tontas e infantiles, a veces desvergonzadas. Pero en su intención pedagógica sobre la ideología de género los cineastas evitan desviarse del tono cordial, y cuidan correctamente los diferentes tipologías, comenzando por el entrenador despectivo y siguiendo con los diferentes miembros del equipo de las Gambas Purpurina. Qué duda cabe que el film persigue hacer reír con numerosas situaciones y chistes, y aunque se evitan las groserías excesivas sí hay imágenes soeces y procacidades varias que pueden resultar molestas. Por lo demás está clara la intención de fondo de mostrar el arco de evolución del entrenador Matthias y de tocar la fibra sensible del espectador con algún conflicto dramático de entidad. Entre el reparto destacan algunos actores más conocidos, como Alban Lenoir y Michaël Abiteboul.
3/10

Viernes 26 de Julio de 2019

(2018) | 125 min.
Tras el final del curso en la universidad, Jule, de 24 años, estudiante de Biología en Berlín, decide hacer un viaje en caravana para hablar con su novio. Está embarazada y necesita aclararse. De camino, otro joven, Jan, que ha emprendido una viaje para conocer a su padre biológico, le pedirá ayuda en el transporte. Jule decide ayudarle y llevarle hasta Colonia. Una sencilla y vivísima comedia dramática, verosímil y romántica, narrada en forma de road movie con enorme fluidez. La dirección corre a cargo de Hans Weingartner responsable de la estimable Los edukadores. Es inevitable que su planteamiento retrotraiga a otra película del mismo cariz, Antes del amanecer, así como que su desarrollo eminentemente discursivo recuerde las interminables conversaciones que mantenían entonces Hawke y Delpy. Hablamos efectivamente de películas similares. En este caso los guionistas –el propio Weingartner y Silke Eggert– ofrecen igualmente una verborrea reiterada, pero resulta igualmente encantadora y está tamizada además por el cambiante paisaje, que a menudo invita a la contemplación, la mirada se explaya y los sonidos se evitan. Presenta 303 dos personas que resultan entrañables y cercanas, con buen corazón y mucha cordura. Por supuesto tienen un no se qué de la inocencia de la juventud, un cierto idealismo que se revela en sus discusiones y defensa vehemente de sus puntos de vista, actitudes auténticas que provocan ternura. Resultan agradables sus encontronazos intelectuales y cómo se preocupan por la marcha de la humanidad, que si la sociedad comunista o capitalista, blablabla, o se preguntan por la naturaleza del amor y de la sexualidad. Cada uno, Jule y Jan, arrastran traumas y tristezas en su vida, cuestiones y estados de animo que irán saliendo poco a poco a la luz. Y así, paulatinamente –la evolución es creíble–, de lo general pasarán a lo concreto, de los problemas del mundo a los suyos y de mirar hacia fuera a mirarse mutuamente. Hay encanto en su relación. Filmado con elegancia Hans Weingartner no se deja llevar por derroteros fáciles e incluso hace quiebros asombrosos –ese baño en el mar– y saca partido a la atmósfera veraniega que recrea todo el film. En cierto modo es una historia de lo más idílica, donde chico y chica recorren miles de kilómetros de preciosos pueblos y paisajes –Alemania, Bélgica, Francia, España–, con sus momentos de carretera, pero también de estancias tranquilas, descanso del camino. Funciona razonablemente una banda sonora compuesta esencialmente de canciones sencillas, guitarra y voz, que cuadra sin contraste con lo que estamos viendo. Los actores están verdaderamente perfectos.
7/10
(2018) | 76 min.
Una meritoria primera película japonesa, donde su responsable Hiroshi Okuyama acumula las tareas de director, guionista, montador y director de fotografía. Cuenta la costosa experiencia de un niño, Yura, cuando debe cambiar de ciudad y de colegio, el abuelo se ha muerto, y los padres han decidido irse a vivir a casa de la abuela. No tiene amigos, y además resulta que su escuela es cristiana, y él no conoce nada de lo relativo a la religión. Pero se siente atraído por la figura de Jesús, quien inesperadamente se le aparece y comienza a hacerle pequeños favores, como el tener un amigo. Se trata de un planteamiento desconcertante e infantil, por no deducir inmaduro, en lo relativo a la oración y lo que se puede obtener a través de ella, aunque se pueda aducir que es la mirada de un chaval que va a conocer los sinsabores de la vida. La imagen que se ofrece de la religión es un tanto pueril y superficial, las apariciones de Jesús en miniatura casi recuerdan a las del genio de la lámpara de Aladino, con el añadido de que no habla, sino que simplemente se mueve con mucha marcha. Lo que está claro es que el film plantea que la religión no es magia, y que ante acontecimientos como la muerte, esperar que las cosas las resuelva Dios sin más con un milagro no es realista. De todos modos, esa especie de brutal puñetazo en la mesa en clímax del film resulta amargo, un planteamiento existencialista desesperanzado y utilitarista, que considera que la trascendencia no forma parte de la ecuación de la vida, o que puede ser ignorada, ya que no siempre se obtiene el resultado deseado rezando. La puesta en escena es sobria y sencilla, con un efecto especial de miniatura que funciona.
5/10
(2019) | 118 min.
Remake estadounidense de la película noruega Uno tras otro, a cargo de su mismo director, Hans Petter Moland, conocido por haber dirigido Redención. Los casos del Departamento Q. Sigue a Nels Coxman, supuesto ciudadano ejemplar, casado y con un hijo adulto, Kyle, que trabaja con su máquina quitanieves despejando las carreteras en lo más crudo del crudo invierno. Cuando Kyle es asesinado por una banda de narcotraficantes –estaba en el lugar equivocado, su compañero de trabajo Dante tenía trato con ellos–, la familia Coxman queda hecha añicos, pero Nels se muestra tremendamente resuelto y metódico a la hora de vengarse de los responsables, no acepta la versión oficial de que murió de sobre dosis. Irá escalando, peldaño a peldaño, en dar pasaporte a los que tuvieron que ver con el deceso de Kyle, hasta dar con el líder de ese grupo criminal, Viking, divorciado y con un niño, de carácter cruel y veleidoso, que se equivocará de enemigo, hasta desatar una guerra con los indios de la reserva con los que estaba asociado en el negocio del narcotráfico. Mientras, una policía local, Kim, empezará a darse cuenta de lo que pasa, mientras su veterano jefe, le ruega que se tome las cosas con calma. Alguien ha debido pensar que Liam Neeson es el actor ideal para encarnar a personas normales que desatan los demonios que llevan dentro cuando les infligen daño, momento en que deciden castigar al contrario con algo incluso más allá del clásico “ojo por ojo”, su venganza va a ser terrible. No en balde protagonizó una trilogía que se tituló precisamente Venganza. Un referente ineludible en tal sentido es sin duda Charles Bronson con su saga El justiciero de la ciudad. El actor hace pues su trabajo sin despeinarse mucho, encarnando a un antihéroe monolítico. Aquí tenemos una historia que el desconocido Frank Baldwin ha trasladado a Estados Unidos, introduciendo elementos locales como los indios, con mucha violencia gráfica y un tono de humorada negra y toques surrealistas –véase la escena en la morgue– que emparentan Venganza bajo cero con el universo Fargo imaginado por los hermanos Coen, y con la violencia paródica de Quentin Tarantino. Aunque, nunca mejor dicho con tanta nieve y temperaturas gélidas, el resultado es bastante más frío, se mira todo con mucha distancia, resulta difícil implicarse emocionalmente. Incluso el posible elemento tierno que podía introducir el hijo de Viking, amante de la música de Bach, que juega con los gorilas asesinos de su progenitor, y que acaba haciendo migas –algo que cuesta creerse– con Nels, te deja gélido, aunque sea lo más parecido a la inocencia que nos propone el film, como contrapunto al modo de proceder de los demás personajes. Moland sabe rodar con buen ritmo, de modo que las casi dos horas de metraje se siguen bien, con el macabro recuento de los muertos violentamente, tan abundantes como en un spaghetti-western de Sergio Leone, y una retahíla de motes –Speedo, Esquimal, Limbo, Santa, Wingman...– correspondientes a variopintos matones. La fotografía con paleta de colores fríos, correspondiente a los parajes nevados, con escenarios como el del cementerio, con las lápidas recortándose contra un cielo tan blanco como la propia nieve, está muy conseguida.
6/10
(2019) | 102 min.
Marion, vitalista autora de comics, acude a una cita con Ben, moderado comercial, graduado en una historia de negocios, al que ha conocido a través de una aplicación informática para buscar pareja. Pese a tener caracteres contrapuestos surge la atracción, por lo que pasan la noche juntos. Al día siguiente, Ben le propone a Marion la locura de irse juntos de vacaciones, pese a que se conocen desde hace pocas horas. Al final se decantan por viajar a Bulgaria, por estar a medio camino de Beirut y Biarritz, los destinos que cada uno de ellos tenía previsto visitar ese verano. Ópera prima de Patrick Cassir, que reúne a famosos integrantes de la nueva ola de cómicos televisivos con éxito en Francia, con Jonathan Cohen y Camille Chamoux –que han triunfado con shows de enorme repercusión allí como Serge le Mytho y Clem, respectivamente– a la cabeza. Por desgracia, ambos actores tienen que lidiar con personajes un tanto planos, el tipo que sueña con unas vacaciones cómodas, con todo tipo de lujos, enfrentado a la ‘modernilla’ que prefiere integrarse con la población local, y se emociona exageradamente con cada descubrimiento que considera exótico, o cuando le proponen deportes de riesgo. El contraste da lugar a algún momento con cierta gracia, pero en general predomina la falta de ideas. No faltan gags a bases de escatología, hasta el punto de que todo indica que el personaje principal se llama Ben en claro homenaje a Ben Stiller, protagonista de Algo pasa con Mary. Otras secuencias cómicas resultan sencillamente demasiado idiotas, como el momento en el que el botones del hotel se empeña en explicar detalladamente cómo funcionan aparatos de la habitación sobradamente conocidos, como el aire acondicionado y el televisor. En suma, posiblemente hasta los numerosos fans galos de Cohen y Chamoux queden decepcionados.
4/10
(2017) | 89 min.
Desde que nació, la pequeña Laura no se ha separado de su juguete más querido, un tigre de peluche llamado Minitigre. Pero los años han pasado y a la pequeña Laura le han regalado una tablet y ahora se pasa el día con ella, está olvidando sus juguetes de antaño. Minitigre advierte que la infancia de Laura está despareciendo porque el mundo digital se la está robando. Junto a su amigo Dientudo, un cocodrilo también de peluche, conseguirá entrar en el mundo digital con la intención de devolver a su querida niña la infancia perdida. Producción china de dibujos animados claramente deudora de la saga Toy Story de Pixar, a la que se suman elementos que recuerdan al Ralph rompe internet de Disney. En este caso, Juguetes guardianes muestra a unos cuantos juguetes con vida propia y las aventuras que habrán de vivir para mantener el lazo afectivo con sus dueños. Del guión se desprende una clara crítica a la invasión digital que los niños están viviendo actualmente, un aturdimiento tecnológico que les impide convivir mejor con su familia y disfrutar de entretenimientos más naturales y sanos. De todas maneras, el film deja claro que ese peligro también puede afectar a los padres. Con ritmo creciente presenciamos las aventuras de Minitigre y Dientudo, a quienes se les suman dos personajes digitales, Hojalata y Seta. Juntos tendrán que sortear difíciles pruebas y superar juegos digitales de ingenio y habilidad. Ese periplo servirá al protagonista para aprender la importancia de cumplir la propia misión, aunque haya que perseverar una y otra vez, así como de ayudar a quien lo necesita sin pensar en preferencias egoístas. Los dibujos son eficaces, aunque su calidad visual está por debajo de otras producciones hollywoodienses, y quizá la narración atraviesa momentos confusos, algo sofisticados. De todas formas, la gran batalla final es bastante espectacular y el conjunto es original. El resultado gustará sin duda al público infantil.
5/10
(2018) | 115 min.
Original documental sobre el norteamericano Orson Welles (1915-1985), uno de los más reputados cineastas de la historia. Niño prodigio de la creación, dirigió con tan sólo veinticinco años la que aún es considerada por muchos la mejor película jamás filmada, Ciudadano Kane. Junto a ella rodó otras producciones memorables que forman parte del imaginario de cualquier cinéfilo, tales como El cuarto mandamiento, El proceso, La dama de Shanghai, Campanadas a medianoche o Sed de mal. Hay que reconocerle al documentalista Mark Cousins la originalidad con que plantea su película. No se trata de un biopic al uso, que vaya repasando hitos, fechas o simples eventos de su vida, sino que estamos más bien ante un sentido homenaje a Welles en su faceta creadora (que no se redujo únicamente al cine). Welles fue hombre de personalidad poco común, de ideas claras y carácter fuerte, con una mente privilegiada para impactar con su talento artístico. Para indagar en este aspecto, Cousins ha escrito un guión en toda regla, una serie de textos muy elaborados, sugestivos y llenos de contenido, que van ilustrando la faceta creativa de Welles. El propio Cousins lee sus textos, que son propiamente una indagación personal acerca de las ideas, los aspectos del mundo y la forma de ver la realidad por parte del cineasta. La columna que vertebra la narración son los dibujos que se conservan de Orson Welles (su vertiente como pintor y dibujante fue central en su vida), que Cousins estudia con verdadero detenimiento, a veces quizá excesivo. El aspecto formal de las reflexiones es también original, pues consciente de que casi siempre se trata de propias conjeturas u opiniones, Cousins dirige cuestiones e interrogantes al propio Welles. Aunque algo reiterativo, es también un modo brillante de mantenerlo vivo durante todo el metraje. La mirada de Orson Welles es un documental cuyo título se ajusta perfectamente a los que observamos. Cousins ha querido acercar a los cinéfilos (es ésta una película dirigida especialmente a ellos, no al público en general) el interior del genio de Wisconsin. A lo largo de casi dos horas vamos reflexionando así sobre su obra, al tiempo que se relacionan sus temas predilectos (lugares, amores, preocupación social, caballerosidad, maldad del hombre, soledad, idealismo) con un atractivo recorrido visual de sus películas más emblemáticas, de las que se recogen secuencias o escenas cuidadosamente escogidas.
6/10
(2019) | 97 min.

La historia de Bernardo, catedrático de la Universidad de Buenos Aires, que se niega a incinerar a su mujer, como ella pidió. Días después su tumba aparece profanada y Bernardo se ve empujado a un extraño viaje por la Costa del Sol, donde ella nació, para arrojar sus cenizas. En ese viaje descubrirá que no conocía tanto a su mujer como él creía.

(2018) | 110 min.
París, siglo XIX. Tras una intensa vida de criminal y fugitivo de numerosas cárceles, gracias a la cual su nombre se ha hecho célebre en toda Francia, Vidocq ha recalado en París, en donde se gana la vida como comerciante bajo una identidad falsa. Pero será descubierto y para alcanzar el indulto comenzará a trabajar para el jefe de policía con el objetivo de dar caza a los delincuentes más peligrosos de la ciudad. Su eficacia pronto será probada. Eugène-François Vidocq (1775-1857) es una personalidad histórica que mantiene intacta su aura legendaria en la cultura francesa. Desde luego su vida es para hacer una y mil películas y sin duda ha inspirado más de un relato gótico al estilo de los de Edgar Allan Poe y su detective Dupin. Su vida fue narrada en Escándalo en París y es conocida asimismo la película Vidocq, filmada por Pitof y donde Gérard Depardieu encarnaba al protagonista. Retoma al personaje en El emperador de París el director Jean-François Richet, un cineasta que ha mostrado su talento en películas de acción como Asalto al distrito 13 o Blood Father y que aquí deja su impronta en un producto digno y entretenido, de alta factura visual. Lejos de otras visiones barrocas como la película de Pitof antes mencionada, Richet muestra un retrato realista de París y de los personajes. Se aleja de tramas fantasiosas o fantasmagóricas, tan dadas en este tipo de películas, y traza un itinerario de la aventura bastante razonable, alejado de atmósferas turbias y con cierto clasicismo, con su prólogo y su epílogo correspondientes, que enmarcan una trama policiaca, en donde más allá de deducciones o investigaciones, importan los hechos: peleas, amores, camaradería, acción policial y un poco de intriga y tanteo… Algunas escenas destacan especialmente, como el acoso a Annette en la calle o el clímax en la iglesia. Se imprime el ritmo adecuado, el guión de Éric Besnard y del propio Richet se centra en lo importante, aunque sabe cuándo ofrecer diálogos con chispa o con tensión, y la puesta en escena realista está meticulosamente cuidada, con una reconstrucción de calles y casas muy convincente. La música de Marco Beltrami, violines al viento, es notable. El Vidocq aquí mostrado es visto indudablemente con simpatía, aunque sea un tipo serio, mal encarado a menudo. Su personalidad ejerce cierto magnetismo y su estilo ético guarda parecidos razonables con los caracteres de los detectives de la novela negra del siglo XX. Vincent Cassel hace un trabajo intenso y eficiente, aunque quizá sin demasiadas aristas que lo hagan original. El resto de personajes está trabajado, desde la espabilada y dulce Annette (Freya Mavor) hasta el oponente encarnado por August Diehl. Cojea sin embargo el personaje de Madame Giverny, que parece que va a tener influencia decisiva en la trama y acaba siendo prescindible (una pena porque Olga Kurylenko pone todo su encanto para intentar remediarlo). Por el contrario, resultan a su modo fascinantes las breves apariciones de Fouché, ese político astuto y sibilino que ha pasado a la historia por saber mantener su poder quedándose siempre en segundo plano. Pocos actores podrían haberlo encarnado mejor que Fabrice Luchini.
6/10
(2019) | 105 min.
Comedia gamberra de instituto con mirada femenina, cuenta principalmente con dos protagonistas, Kaitlyn Dever y Beanie Feldstein, mueve la cámara la actriz debutante en la dirección de largometrajes Olivia Wilde, y firman el guión cuatro mujeres, Emily Halpern, Sarah Haskins, Susanna Fogel y Katie Silberman. Va en la línea de títulos como Supersalidos o Superfumados, de planteamientos y gracia bastante limitados, pero sopla a favor el viento del #MeToo, por lo que ha sido recibida con desmesurados aplausos, como si hubiera logrado atrapar la quintaesencia del humor y el enredo. Sigue a dos amigas inseparables, Amy y Molly, muy listas pero no demasiado populares. A punto de graduarse en el instituto con magníficas notas, han sacrificado el tiempo de “pasarlo bien” con juergas y francachelas, en aras de poder escoger universidad de postín. Pero tienen la sensación de haber perdido el tiempo, pues descubren que sus descerebrados compañeros de clase, sin haber estudiado tanto, tienen ante sí también un futuro prometedor, en universidades de élite, equipos de deporte o empresas tecnológicas. Así que deciden recuperar el tiempo perdido desmelenándose en la fiesta de graduación, en que Amy, lesbiana, intentará ligar con la que chica que le gusta, y Molly también tirará los tejos a un chico molón. Pero va a ser una noche larga, llena de disparatados contratiempos. El film tiene la inteligencia de estar construido sobre la amistad puesta a prueba de las protagonistas, lo que resulta ser una roca bastante sólida. Por lo demás, sigue el esquema de noche loca en que se acumulan situaciones surrealistas, al estilo de El guateque, pero sin la inspiración del film de Blake Edwards. Aquí las gracias giran en torno al sexo y las drogas con frecuencia, transitando el terreno de la zafiedad. Y el discurso de empoderamiento de la mujer y de construcción personalísima de la propia identidad sexual, que va un poco en la línea de Lena Dunham en su serie Girls, empieza ya a resultar cansino, aunque esta suerte de adoctrinamiento se suaviza en parte con la atmósfera alocada y delirante.
5/10
(2019) | 140 min.
Rota por el fallecimiento de sus padres y su hermana, la joven Dani decide acompañar a su novio, Christian, que ha planeado irse con sus amigos a Suecia, para celebrar la Festividad de Midsommar, que se celebra anualmente allí para dar la bienvenida al verano, al igual que en España la noche de San Juan. En concreto, el plan consiste en acudir a Harga, donde habita una estrafalaria comunidad con la que se crió uno de ellos. En principio, los recién llegados se topan con un caluroso recibimiento, y son invitados a comer setas alucinógenas, y a formar parte de extraños rituales, pero nada les resulta alarmante… Al menos hasta que contemplan la inmolación de dos miembros del grupo, mientras que los demás ni se inmutan. Segundo trabajo de Ari Aster, que no tiene mucho que ver con la excelente Hereditary, sobre todo porque allí lograba aterrorizar, sugiriendo, más que mostrando, sin recurrir a la violencia explícita, mientras que aquí se abusa de los excesos sangrientos, por lo que al final la cinta resulta más desagradable y truculenta que otra cosa, dejando mal cuerpo al espectador. Al menos, el cineasta americano vuelve a concentrarse en la descripción de personajes, como en su ópera prima, lo que posibilita el lucimiento de Florence Pugh, actriz en alza tras Lady Macbeth y la recomendable serie La chica del tambor, que saca adelante un personaje complejo; están a la altura sus compañeros de reparto. Tiene cierto interés su denuncia de hasta donde pueden llegar las sectas destructivas, surgidas en la generación “beatnik”, y de los radicales seguidores de la espiritualidad “new age”, al estilo de “La familia”, el tristemente célebre grupo de seguidores de Charles Manson o de los davidianos de Waco (localidad a la que se alude). Se analiza el proceso por el que estas sectas pueden aprovecharse de personas normales, pero con desorientación y anímicamente en horas bajas, para lavarles el cerebro, con ayuda de drogas, hasta que acepten de buen grado unirse a la causa, pese a haber sido testigos de actos brutales. Estéticamente, llaman la atención las imágenes luminosas del paisaje idílico en el que viven los protagonistas. Pese a todo, su metraje –dura 140 minutos– acaba pesando demasiado, no hacen falta tantas escenas que muestren que los miembros de la comunidad post-hippie están como una chota. Y llegan a resultar involuntariamente ridículos algunos pasajes, sobre todo la escena de sexo entre dos personajes, rodeados por las sectarias desnudas, que entonan… ¡un canto coral! O la del protagonista masculino correteando sin ropa, realizando duros descubrimientos, donde sólo se echa en falta la sintonía de las persecuciones de El show de Benny Hill.
4/10
(2019) | 90 min.
Gilbert es un muermo de esposo con el que Simone lleva 35 años, y que se ha jubilado recientemente, ha cerrado su taller de vehículos en un pueblecito de la campiña francesa. De modo que ella le engaña con el mejor amigo de ambos, Étienne. Tan insoportable es Gilbert, que Simone acaba abandonándolo precipitadamente, hasta el punto de que se deja el móvil en casa. Ello coincide con las insistentes llamadas de la hija de ambos, con la que Gilbert no se habla desde hace tiempo; debe mandarles durante una temporada a su nieto Térence, pues a ella le están haciendo algunas pruebas, le han diagnosticado una enfermedad. Ante la ausencia de la esposa, Gilbert debe ocuparse del niño, que es mestizo. Comedia coescrita y dirigida por José Alcala, que pese al terceto de veteranos actores protagonistas –Daniel Auteuil, Catherine Frot, Bernard Le Coq– hace agua por todas partes, hace falta muy buena predisposición para ver esta insípida película. Ni resulta emotiva en lo que podía ser una parte lacrimógena, en relación a la distancia con la hija y su enfermedad, o la posible entrañable relación redescubierta con el nieto, ni se puede decir que sea divertido lo relativo al triángulo amoroso de vodevil, que podía haber dado a un planteamiento más o menos ingenioso de guerra de sexos. Ni siquiera en la pretensión de transmitir un discurso feminista –por fin la mujer, siempre atada en corto, va a conocer un poquito de libertad–, logra despegar este previsible film, que no sabe desarrollar mínimamente unos hilos narrativos muy deshilachados, lo que incluye pegotes como una boda homosexual que no viene a cuento de nada, o la iniciativa emprendedora de la pizzería.
3/10