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Calendario estrenos cine

2019

Jueves 01 de Agosto de 2019

(2019) | 134 min.
Spin-off de la saga Fast & Furious o A todo gas, como fue conocida en España en sus inicios, que se centra en dos de los personajes, mencionados en el título, Hobbs y Shaw –encarnados por los especialistas en acción Dwayne Johnson y Jason Statham, con vocación de iniciar una subfranquicia. El argumento es más simple que el mecanismo de un botijo, pura excusa para orquestar impresionantes escenas de acción, adobadas con conflictos fraternales y familiares. Hobbs y Shaw son requeridos por los servicios secretos de sus países, tras el robo de un virus letal que estaba en manos del MI6, todo apunta a que ha sido una de las agentes, Hattie, la autora de la sustracción de un arma biológica peligrosa, que podría acabar con todo el planeta. Pero en realidad, la valerosa mujer de acción se ha inyectado en el cuerpo las cápsulas del virus para que no cayera en manos de Brixton, sicario de una organización que piensa que el futuro del planeta pasa por un paso evolutivo consistente en cargarse a casi todo bicho viviente con el virus, y confiar en la tecnología. De hecho Brixton, antiguo colega de Shaw, es medio cyborg, casi un terminator, equipado con sensores que le permiten evaluar a sus oponentes y dar letal respuesta adecuada a los mismos. David Leitch, bregado en el cine como especialista de escenas de acción, y director de segunda unidad en películas del género, pasó a director con Atómica y Deadpool 2. Su fuerte no estriba en pillar las sutilezas de un guion que carece de ellas –aquí firman el libreto Chris Morgan, habitual de la saga, y el recién llegado Drew Pearce–, sino en las escenas de acción y peleas, de las que hay un buen surtido, en su mayoría automovilísticas, faltaría más, destacan la de Londres y la de isla de Somoa. Son sin duda, vistosas, pero la película se alarga innecesariamente, dos horas y media resultan excesivas, y aún se atreven a incluir escenas post-crédito de dudoso interés. No faltan detalles humorísticos, un tono amable en general, y subtramas elementales sobre la rivalidad entre Hobbs y Shaw, obligados a formar equipo en contra de su voluntad, y la idea de recuperar las relaciones fraternales perdidas, ambos protagonistas tienen que hacer las paces con su pasado y redescubrir los lazos familiares y el cariño que importa. Al reparto se suman en esta ocasión dos actores con pedrigí, Idris Elba, el villano que es descrito en cierto momento como “un supermán negro”, y Vanessa Kirby, la princesa Margarita de The Crown. Lo de Helen Mirren, que repite como mamá de Shaw, es puro cameo, pero seguro que conlleva un sustancioso cheque.
5/10

Viernes 02 de Agosto de 2019

(2018) | 188 min.
Sinan, que acaba de graduarse en la universidad, vuelve a casa, un pueblecito turco. Ahí se reencuentra con su padre, maestro, con su madre, y con su hermana pequeña. Y de nuevo se topa con una realidad que le asfixia y le incomoda: Idris, su progenitor continúa con su adicción a las apuestas en las carreras, y se gasta lo que no se debería gastar, mientras su madre lo soporta y se ve obligada a trabajar de canguro, para redondear los ingresos del hogar. Aunque Idris trata de estrechar lazos con Sinan, invitándolo a acompañarle al campo para trabajar en una finca familiar los fines de semana, él otro sólo lo hace a regañadientes, y con ínfulas de superioridad; él aspira a ser algo más que un maestro mediocre y fracasado, pretende convertirse en novelista, y de hecho tiene listo su primer manuscrito, “El peral salvaje”, sólo necesita alguien que lo publique, y si no, él mismo se financiará una autoedición. Otra obra maestra del cineasta turco Nuri Bilge Ceylan, que coescribe de nuevo el guion con su esposa, Ebru Ceylan, y a ellos se suma por primera vez Akin Aksu, también actor, que asume uno de los roles secundarios, el del imam Veysel. Permanecen sus señas de identidad, o sea, una capacidad maravillosa para indagar en la naturaleza humana, dibujando a sus personajes con múltiples matices, las actitudes, gestos y palabras son muy creíbles; un “tempo” deliberadamente lento, no hay prisas, y si hacen falta más de tres horas de metraje para contar la historia, no se vacila un instante en dedicarle ese tiempo; y unas imágenes y sonidos maravillosos, del paisaje rural austero, ya sea del campo puro y duro, con la tierra, los árboles, los animales, con sol, con lluvia, con nieve, con viento, o del pueblo, sus viviendas, sus locales. El aliento poético que recorre el film deja al espectador... sin aliento. Nuri Bilge Ceylan sabe contagiar la atmósfera triste ante la mezquindad del ser humano suavemente, nunca impone nada, y además siempre aletea, también con discreción, la esperanza, hay posibilidad de cambiar, las personas nunca dejan de sorprendernos. Una prueba de ese no imponerse es la puntual presencia de la música de Bach, que se escucha en unos pocos y atinados momentos. La película, en el fondo, nos describe un viaje, el de Sinan, hacia la madurez. Desde la petulancia de la juventud insolente y desencantada, muy segura de sus paticortos planteamientos vitales, que se cree mejor equipada para afrontar la vida frente a los mayores, a los que juzga con inusitada dureza, toca caerse del guindo, o del peral, para aprender de las otras personas y su personal experiencia, y no echar las culpas al destino o las circunstancias. A lo largo del metraje, Sinan va encontrándose y charlando con muchos personajes, y ninguno está introducido para rellenar metraje, la presencia de todos tiene su sentido, que enriquece al protagonista, aunque éste de entrada no lo advierta. Están los padres y abuelos, por supuesto, pero también la joven Hatice, que con un poco de humildad, podría haber sido su esposa; el escritor veterano cuya prosa desprecia y no le duelen prendas en decirlo, con sarcasmo; posibles patrocinadores de su obra, el alcalde del pueblo y un constructor; y el imam Veysel, que sucedió en el puesto a su abuelo, y que en tertulia con un tercero, un ayudante, mantienen una conversación sobre los nuevos tiempos y la función que puede jugar en ellos la religión. Todo son piezas que ayudan a construir con enorme solidez la relación de Sinan con su madre –fantástico el momento en que le entrega su novela– y, sobre todo, con su padre, con reproches y desprecios, se hace patente la ingratitud y la indelicadeza, el escaso esfuerzo por cultivar el cariño, porque se cree que la otra parte no lo merece; hasta llegar al magnífico clímax. En tal sentido son muy importantes los actores, y los tres con mayor presencia –Dogu Demirkol, Murat Cemcir, Bennu Yildirimlar– están sensacionales, muy bien secundados por el resto del reparto.
9/10
(2018) | 109 min.
Tercera película del argentino Benjamín Naishtat, director y guionista, situada a finales de los 70 en una zona provinciana, viene a ser como una especie de parábola del miedo, el silencio y la corrupción que se instalan en un país donde la máxima aspiración es “vivir en paz”, al precio que sea. Claudio es un abogado que aguarda en un restaurante a su esposa que llega tarde a cenar. Un joven ansioso se encara con él, afeándole su conducta, que ocupe una mesa mientras él tiene que esperar. Acaba cediéndole el sitio, pero sometiéndole a una humillación pública que termina en trifulca, y más tarde, ya en el exterior, después de cenar con su mujer, en amenazas e intento de suicidio. Meses más tarde, tras esa emoción fuerte, Claudio ha vuelto a su rutina, a su vida burguesa, con su mujer y sus preciosa hija Paula. Pero un antiguo policía, el detective Sinclair, conocido por sus programas televisivos donde resuelve casos de desapariciones, llega al lugar tratando de dar con el paradero del joven broncas al que apodaban el “hippie”. Naishtat demuestra dominio de la narración fílmica, la escena de arranque en el restaurante es ejemplar. Su estética con una paleta de colores apagados, y el uso del rojo durante un eclipse de luna, sirven para el buscado estilo seco que remite al cine estadounidense de los 70, William Friedkin o Sidney Lumet. Logra inquietar con la atmósfera triste que se respira en una Argentina que se encuentra en un “impasse”, donde el autoritarismo está a punto de tomar el absoluto control. El desierto, el rojo o el truco de magia funcionan como elementos simbólicos, pero hay decisiones más bizarras, como la de Sinclair considerándose una especie de instrumento de Dios, aliado con san Miguel Arcángel, para tratar de evitar que el país se vaya al carajo, porque se impone la ley del silencio o del olvido; también está metida con calzador la subtrama de la hija de Claudio y el novio celoso, capaz de hacer desaparecer a alguien que ni siquiera es quien podría estar tratando de birlarle a Paula. Darío Grandinetti hace un trabajo muy contenido como el taciturno y contemporizador Claudio, mientras que Alfredo Castro sabe dar a su detective el aire de sabelotodo que le corresponde.
6/10
(2019) | 100 min.
Claude es un anciano, viudo, que vive solo, y deja pasar sus días entre achaques, con la compañía de su amigo y vecino Shane. Sabedor de que su yerno ha engañado a su hija Selma por enésima vez, se ofrece a acogerla a ella y a su nieta, pero declina la oferta, quiere salvar su matrimonio. Entretanto, se entera de que un antiguo amor de juventud, la celebérrima actriz Lilian, tiene Alzheimer y ha ingresado en una cercana residencia para personas con esta enfermedad. Con la complicidad de Shane, trazará un plan para ingresar en el centro como supuesto enfermo, mientras la familia cree a los dos amigos de vacaciones por España, con idea de ayudar a Lilian a recuperar la memoria y reconquistarla. Segundo largo del español afincado en Estados Unidos Martín Rosete, que se dio a conocer con el corto multipremiado Voice Over. Aquí ofrece una comedia romántica con ribetes dramáticos, que no acaba de dar con su tono, y a la que perjudica una pobre definición de personajes. La idea del protagonista, encarnado por el solvente Bruce Dern, de hacerse pasar por enfermo con Alzheimer, podía haber propiciado numerosas situaciones cómicas de enredo, pero no se explota apenas estas posibilidad. Mientras que el planteamiento de quien, siempre enamorado, quiere aprovechar la segunda oportunidad que se le ofrece para reconquistar a su amada, carece de la emotividad necesaria, pues hay flecos –no se nos cuenta nada de la mujer con la que finalmente se casó, madre de su hija, y el marido de Lilian, que viene a verle de vez en cuando, tampoco parece mal tipo…–; además, la subtrama de la hija engañada y la nieta, queda bastante perdida, y algo parecido ocurre con el vecino Shane, que enfadado al enterarse de que el marido de Lilian vive, hace mutis por el foro. De modo que queda un film esforzado pero fallido, que desaprovecha a veteranos solventes actores como Bruce Dern y Brian Cox que apenas saben que hacer con sus personajes. La española Verónica Forqué, que interpreta a la directora de la residencia, tampoco puede lograr gran cosa con un rol muy simple.
3/10
(2018) | 102 min.
Peter Bogdanovich, además de actor y director de grandes películas, es un cinéfilo por los cuatro costados, al que se deben grandes obras dedicadas a geniales cineastas, en formato de libro, entrevistas y documentales, son imprescindibles las dedicadas a John Ford, Orson Welles y Fritz Lang. Ahora suma este maravilloso documental dedicado a unos de los grandes comediantes del Séptimo Arte, el gran Buster Keaton. A poco que Bogdanovich hubiera escogido con tino fragmentos de las obras maestras de Keaton, como Una semana, El maquinista de La General o El colegial, habría salido más que airoso de la empresa acometida, porque ver gags tronchantes del famoso “Cara de palo” –apodo injusto, se nos dice, y ciertamente qué ojos tan expresivos, independientemente de su buscada no-sonrisa–, con acrobacias increíbles que hacía sin dobles, deja a cualquier espectador sencillamente patidifuso, su genialidad ha resistido asombrosamente bien el paso del tiempo. Sin embargo, el director no se muestra en absoluto perezoso en su indagación, sino que ofrece un atinado perfil biográfico de Keaton, prestando especial atención a su década prodigiosa en los 20, que da sus mejores películas, vistas con mayor atención. Rebusca en sus años oscuros, cuando tras su fichaje por la Metro llega el declive, no goza de la libertad de antaño y el sonoro no ayuda, y su vida personal se resiente, con problemas de alcohol, depresiones y rupturas matrimoniales. Lo que incluye un matrimonio al fin estable y feliz, con Eleanor Norris, y algunos trabajos en televisión y anuncios, si no memorables, sí satisfactorios. No se deja de comentar el momento en que compartieron film Charles Chaplin y Buster Keaton, memorable escena de Candilejas. Pero está además la descripción de su estilo tan visual, sus ocurrencias increíbles, y el modo en que arriesgaba su propia vida, incluso produciéndose lesiones, como una en el cuello, de las que ni se daba cuenta, tanta pasión ponía en el cine. Bogdanovich logra un documental modélico, una verdadera delicia, que recoge además declaraciones de cineastas comediantes como Carl Reiner o Mel Brooks, e incluso de directores más cercanos al tiempo e inesperados que reconocen su influencia, como Jon Watts, el director de Spider-Man: Homecoming. Hasta Werner Herzog y Quentin Tarantino se rinden anten él y ofrecen su punto de vista. Actores como Dick Van Dyke también explican cómo aprendieron a caerse gracias a Keaton, y éste muestra con orgullo el taco de billar que le regaló.
8/10
(2019) | 98 min.
Javier es padre de familia numerosa, cinco hijos pequeños, la mayor preadolescente, muy dedicado a su trabajo de informático, el peso de educar a los niños recae sobre todo en su esposa. No ha sido capaz de conseguir los días de permiso para irse con su mujer a celebrar los 15 años de matrimonio, pero le anima a ella a que se vaya con su cuñada, él lo tendrá todo bajo control, y no le faltará la ayuda de la asistenta Rosaura, y en caso de necesidad puede acudir a su hermano. Pero llevar el día a día familiar va a resultar una tarea más absorbente y difícil de lo que imaginaba. Comedia familiar dirigida y protagonizada por Santiago Segura, quien asegura haber tenido como referente al clásico La gran familia de Fernando Palacios, aunque le falta algo de su peso específico, son otros tiempos en que la mirada es más leve, prima la superficialidad. El guión es del propio Segura y de Marta González de la Vega, con quien ya escribió otra comedia “blanca”, Sin rodeos. Y como en ese caso, se basa en una película previa de cierta repercusión en Argentina, Mamá se fue de viaje, que protagonizaba Diego Peretti. El film resulta simpático, y pone en valor el auténtico heroísmo cotidiano de algunos padres de familia, que se desviven día a día por sacar adelante a su prole, en vez de satisfacer sus metas narcisistas; pero la verdad es que podía haber dado más de sí. Es evidente que Santiago Segura tiene una gracia natural, y maneja bien a los correctos niños protagonistas, dos de ellos hijas suyas en la vida real. Algunos gags, por ejemplo los propiciados por las nuevas tecnologías, los chats, las apps y la moda de los youtubers, tienen su gracia. Y hay riesgo en un par de ocasiones en que se juega con calculada ambigüedad a ser políticamente incorrecto, rompiendo el saque con los estereotipos sobre las familias numerosas, o las preguntas incómodas de los niños. De todos modos, puede llegar a ser reiterativa la acumulación de pequeñas catástrofes propiciadas por los pequeños, y no se saca partido ni al viaje caribeño de las cuñadas ni a Leo Harlem. A veces uno duda si el director no ha temido que el otro cómico le robara la función, desde luego su charla con un pequeño acerca de los zombies chinos es tronchante, y se echan en falta más momentos como ése.
5/10
(2019) | 90 min.
Isa cuida habitualmente de sus dos hijas, al tiempo que ejerce como modista, realizando pequeños trabajos para las vecinas. Sufrirá una crisis cuando su marido, Alcydes, la presione para tener otro hijo, quizás un varón. Ella no está de acuerdo pero no se atreve a decírselo, así que recurre a la contracepción a escondidas. Debut de la costarricense Antonella Sudasassi, que se desenvuelve bien como realizadora, en especial dirigiendo a los actores, sobre todo a la casi debutante Daniella Valenciano, que soporta en solitario la mayor carga de la película. Compone algún momento hermoso, como cuando el personaje central se lava su largo cabello en su jardín a la luz del sol.. Acierta cuando consigue expresar los pensamientos de su protagonista mediante miradas, o acciones sutiles. Otras veces se decanta por el recurso fácil, previsible y un poco agotador que muestra lo que realmente querría hacer, para luego resultar ser todo fruto de la imaginación, pues en realidad está comportándose como se espera de ella. En general, El despertar de las hormigas ofrece una imagen angustiosa de las compatriotas de la realizadora, a través de una protagonista agobiada por su suegra, obligada a satisfacer todo lo que demandan de ella, que debe pedirle a su esposo el dinero que necesita justificando sus gastos, y a la que no se permite tomar sus propias decisiones. Parece que se hace hincapié en reivindicar que la protagonista debe desarrollar, aunque sea a escondidas, su propia sexualidad (¿debería haberse titulado El despertar de las hormonas?), en línea con los viejos lemas feministas de “yo decido lo que hago con mi cuerpo”. Siguiendo este patrón, ni se cuestiona que se usen métodos anticonceptivos. Al menos la presencia de las niñas aporta cierto optimismo, dando a entender que el futuro puede ser mejor.
4/10
(2018) | 93 min.
Violet Valenski es una joven adolescente de origen polaco que vive en una granja de la Isla de Wight, en Inglaterra. Disfruta con la música y quiere ser cantante, pero su vida es muy distinta de ese sueño. Vive sola con su madre, a quien ayuda en los trabajos de la granja y además gana un sueldo como camarera. Pero un día de camino a la escuela ve un anuncio de “Teen Spirit”, concurso televisivo para promesas de la música. Violet decide entonces presentarse al casting que van a hacer en la isla. El actor Max Minghella sigue la estela de su padre Anthony Minghella y se pone detrás de las cámaras por primera vez para contar una emotiva historia sobre los sueños y las ilusiones, ambientada en un programa televisivo que busca nuevos talentos para la música, al estilo de La Voz. Entronca así con películas sobre jóvenes cantantes, tales como Idol o Wild Rose. El guión, escrito también por el propio Minghella, es bastante clásico en su planteamiento –joven sin recursos, antigua estrella que le ayuda, peligros de la ambición, trampas en el camino–, pero está narrado con oficio y sin prisas, y es perfectamente convincente dentro de su previsibilidad y su potente tono optimista. Minghella tiene su fuerte en la fuerza que imprime a las imágenes y a la ambientación sonora, esta última usada como un resonante y continuo humus que habla del estado agitado del espíritu de la joven protagonista y que indudablemente genera también cierto estado de vibración en el espectador. También sabe crear originalidad en las actuaciones sobre el escenario, servidas con un ritmo estupendo y jugando con insertos pretéritos u oníricos. Acierta además el debutante al ir derecho a lo que importa y hace un magnífico uso de la elipsis en toda la narración –ocasiones ha tenido para dejarse llevar por el sentimentalismo o las situaciones forzadas–, si bien es cierto que el final abrupto quizá demandaba algo más de aire. Pero sin duda el buen resultado de Alcanzando tu sueño (Teen Spirit) se debe en gran medida a una impactante interpretación de Elle Fanning. Muestra un aplomo llamativo en los momentos más dramáticos, con ese modo tan triste, reconcentrado y solitario (incluso indolente) que tiene de mostrar su intimidad, algo que por otra parte ya conocemos de la actriz. Sin embargo, lo que más sorprende es verla cantar con un micrófono y moverse en el escenario, sobre todo en su interpretación de “Don’t Kill Me Vibe”. Minghella ha acertado aquí de pleno con su elección. El resto del reparto, con el mentor interpretado por Zlatko Buric en primer lugar, cumple.
6/10

Viernes 09 de Agosto de 2019

(2019) | 94 min.
El podólogo Philippe se ha enamorado de Carole, divorciada con dos hijos, Manon y Julien. Para ganarse al segundo, le promete que si aprueba el bachillerato llevará a todo el clan de vacaciones a cualquier destino que elija. Tras aprobar, el chico se decanta por Ibiza, pues meses atrás se trasladó allí la chica por la que se siente atraído, así que confía en encontrarla. Christian Clavier ha demostrado su talento para la comedia, sobre todo en la divertida Dios mío, ¿pero qué te hemos hecho?, realmente hilarante. Esta vez contaba a su favor con que le da la réplica Mathilde Seigner, una excelente actriz, más versátil que él, pues fue La chica de París, o la principal actriz de Harry, un amigo que os quiere, aunque también tiene en su filmografía disparatados subproductos concebidos para la risa como Camping y su secuela. El dúo se esfuerza a la hora de levantar un guión que tras el planteamiento inicial se centra en tópicos sobre la isla balear, y sus excesivas fiestas, donde se consumen todo tipo de drogas. Retrata el contraste generacional entre los veteranos y los jóvenes, lo que da lugar a escenas que hacen esbozar una sonrisa. Dirige con un estilo academicista Arnaud Lemort, cuyos dos trabajos anteriores, L'amour, c'est mieux à deux y Dépression et des potes, no habían tenido demasiada repercusión. Por desgracia, la mayor parte del metraje se limita a presentar a secundarios que no aportan demasiado. En ocasiones recurre al humor grosero o escatológico o a chistecitos fáciles, pero se trata de un film sin demasiadas pretensiones.
4/10
(2019) | 86 min.
Pese a los problemas iniciales de convivencia, el terrier Max ha aceptado a Duke, el terranova callejero adoptado por Katie, su dueña. Ahora ésta se ha casado con Chuck, y ha dado a luz al bebé Liam, a quien Max sobreprotege, hasta el extremo de entrar en crisis cuando le envían a la guardería. También la seguirá cuando sus progenitores la lleven de viaje a una granja. Por otro lado, el conejo Snowball tratará de rescatar con ayuda de la perrita Shih Tzu Tiffany a un felino explotado en un circo por el malvado dueño, Sergei. Finalmente, la pomerania Gidget tratará de recuperar el juguete favorito de Max, una pelotita que ella debía custodiar, pero la ha perdido en un apartamento lleno de gatos. Tras no lograr las cifras esperadas con El Grinch, Illumination juega sobre seguro con una secuela de uno de sus mayores éxitos junto a Gru, mi villano favorito. Si la primera entrega resulta poco original, ya que se trataba de un remake encubierto de Toy Story, que exploraba la idea de qué ocurría cuando las mascotas se quedaban solas sin sus dueños, esta segunda parte guarda curiosos paralelismos con Toy Story 4, que se rodó simultáneamente. Así, al igual que el sheriff Woody, su protagonista se erige como defensor de una niña, a la que también escolarizan. Una secuencia con los personajes manipulando un vehículo también recuerda a uno de los mejores momentos del film de Pixar. ¿Casualidad o espionaje industrial? El guión no tiene la agilidad de su predecesora, poniendo de manifiesto que se ha apresurado la producción, para que el film llegara a los cines antes de que llegaran a la adolescencia los jóvenes espectadores a los que estaba dirigida aquélla. De hecho tarda en arrancar porque se enreda al ceder el protagonismo a demasiados personajes, como si no se tuviera muy claro qué contar. Sobra algún detalle poco apropiado para niños, pese a que no entenderán por qué la gata Chloe está drogada debido a la ‘hierba feliz’ proporcionada por su dueña. A su favor cuenta con una impecable animación, con impresionantes secuencias nocturnas. Además, sus personajes derrochan carisma, al tiempo que abundan las secuencias que arrancan carcajadas, lo que deriva en un entretenimiento familiar efectivo, sin demasiadas pretensiones. Trata diversos temas, como los riesgos de la sobreprotección, abogando por cuidar a los seres queridos sin caer en el fanatismo, y la explotación animal en espectáculos públicos que últimamente las asociaciones denuncian con insistencia.
5/10
(2018) | 105 min.
Los hermanos Esnard. Lola, abogada que se enamora de uno de sus clientes en proceso de divorcio, es algo así como el imprescindible nexo de unión fraternal, que se plasma en las visitas periódicas a la tumba de sus progenitores. Benoît, el mayor, óptico, se casa por tercera vez, puede que haya encontrado en Sandra a la mujer de su vida. Y Pierre, divorciado a disgusto, con un hijo en la universidad, y bastante desordenado, ha sido despedido de su trabajo de demolición de edificios, le ha tocado cargar con los efectos colaterales del último encargo, y no tiene con quién compartir su frustración. Dirige esta amable comedia francesa con rivetes dramáticos uno de los actores protagonistas, Jean-Paul Rouve, que encarna al hermano mayor. Incide en la idea de la importancia de los lazos familiares, que hay que cultivar, el cariño se da por supuesto, pero hay que esforzarse y saber detectar cuándo un hermano o una hermana necesitan ayudan, un hombro sobre el que poder llorar, y ponerse a tiro, no escurrir el bulto. Tienen encanto las discusiones y reproches, incluso con períodos de cortar relaciones, junto a un amor que acaba siendo incondicional, por un herma o se hace lo que haga falta. Rouve, también coguionista, ha contado con la ayuda del especialista David Foenkinos (La delicadeza, La biblioteca de los libros rechazados) en la elaboración del libreto, lo que se nota en la humanidad de los personajes, y en la capacidad de entrelazar los palos que da la vida –los altibajos y sinsabores provocados por el paro, las dificultades matrimoniales, la desilusión porque los hijos no llegan...– con un tono optimista y esperanzado, incluso con elementos humorísticos que nunca parecen metidos con calzador. Además de Rouve, están bien Ludivine Sagnier, José Garcia, Ramzy Bedia, Pauline Clément y Lola Dubus en sus respectivos papeles.
6/10
(2019) | 111 min.
Una pequeña localidad de Estados Unidos, en 1968, cuando el ex vicepresidente republicano Richard Nixon está a punto de enfrentarse en las elecciones al demócrata Hubert Humphrey. En Halloween, la joven aspirante a escritora Stella Nicholls, y sus amigos, llevan a Ramón, emigrante mexicano que les ha salvado de unos matones, a una auténtica mansión encantada, donde se supone que una tal Sarah envenenó a varios niños. Allí, Stella encontrará un libro, donde se escriben solos relatos con final trágico que se convierten en realidad. Creador en 2016 de la serie animada Trollhunters, inspirándose en experiencias personales de su infancia y otras fuentes, Guillermo del Toro quizás se sentía en deuda con el realizador noruego André Øvredal, responsable del falso documental Trollhunter, con el que no guarda relación, salvo por la presencia de las mismas criaturas fantásticas. Es posible que por esta razón haya decidido apadrinar su segundo trabajo estadounidense (tras la interesante La autopsia de Jane Doe), en este film en el que el mexicano ejerce como productor y creador de la historia original. Parte de una serie de libros, compuestos por historias independientes de terror, de Alvin Schwartz, que publicó el primero en 1981. En realidad el punto de partida del guión sirve como excusa para ir enlazando pequeños relatos de miedo procedentes de estos volúmenes, aunque también se introducen elementos de It (aquí también los protagonistas forman una pandilla juvenil, y se despierta la nostalgia con una ambientación del pasado, en este caso sesentera) y de las películas de los 80 de Amblin presentadas por Steven Spielberg. De La noche de los muertos vivientes, que los protagonistas contemplan en un autocine en el arranque, se hereda el afán de salpicar un relato fantaterrorífico de ciertas lecturas políticas, pues de aquí se deducen sobre todo una crítica a la Guerra de Vietnam –los jóvenes de la época eran reclutados en masa para acudir al frente– y también se habla de la discriminación hacia los emigrantes mexicanos, habiéndose filmado en la era Trump. Mantiene el interés del espectador, con una buena ambientación, y algún que otro susto bien construido, como el de la criatura bajo la cama. El reparto juvenil, encabezado por Zoe Margaret Colletti (desconocida con cierta experiencia en filmes como Annie) logra dar la suficiente entidad a sus personajes como para que preocupen al espectador. Encarna a su progenitor el carismático Dean Norris, cuñado de Walter White en Breaking Bad, que tiene una presencia muy secundaria.
6/10
(2019) | 95 min.
Insólito documental deportivo, que no se parece a ningún otro, y que empieza con una cita de Jean-Luc Godard, donde se señala que el cine miente, pero el deporte no, lo que siente las bases de la propuesta de Julien Faraut. En efecto, el cineasta parte del esfuerzo de la Federación Francesa de Tenis para realizar una serie de documentales didácticos sobre el deporte de la raqueta, y se ocupa de la empresa Gil de Kermadec. En sus primeros intentos, en que quiere que el tenista reproduzca los movimientos del saque o se mueva sobre marcas en el suelo, como si tuviera consigo un actor, descubre que no va a lograr autenticidad en su propósito. Pasados los años, en el Open de Roland Garros de 1984 que enfrenta en la final a John McEnroe con Ivan Lendl, sí encuentra algo de lo que busca, pero Faraut, manejando muchas bobinas descartadas por Kermadec irá más allá. Quizá al espectador no demasiado aficionado al tenis pueda cansarle la indagación del director, que le acerca al cine experimental. Pero tiene su interés el modo en que busca atrapar la épica del enfrentamiento, pero yendo más allá, centrándose en McEnroe, a veces con planos en que queda fuera el rival, están sólo él y sus demonios interiores, que le llevan a protestar por todo, los árbitros y los cámaras de televisión, incluido el propio Kermadec. De modo que surge la duda, ante los ojos del espectador hay una composición casi actoral, pero de cine verité –Tom Hulce reconoce que se inspiró en McEnroe y lo que parecía una actitud caprichosa de un genio para su trabajo en Amadeus–, y a la vez el documentalista no deja de interrogarse si con su presencia no habrá modificado el juego del tenista y el resultado del partido decisivo.
6/10
(2019) | 117 min.
Raphaël y Olivia se enamoran en el instituto. Él aspira a ser novelista y ella está dando sus primeros pasos como concertista de piano. El tiempo pasa y se convierten en inseparables, se hacen novios, se casan… Pero tras la publicación de su primera novela, Raphaël se convertirá pronto en una celebridad e irá dejando de lado a su mujer, hasta el punto de que la situación se vuelve crítica. Tras una discusión nocturna, el mundo cambiará completamente para Raphaël, quien tendrá que poner todo su empeño para recuperar el amor de Olivia. “Para venir a lo que no posees, has de ir por donde no posees / Para venir a lo que no eres, has de ir por donde no eres.” Estos versos de San Juan de la Cruz bien podrían glosar esta agradable comedia francesa, una fábula romántica con toque mágico y reminiscencias caprianas que, a pesar de que abusa de vocablos, digamos, poco elegantes que pretenden “modernizar” una historia de hechuras clásicas, optimista y positiva, indaga en cuestiones de fondo de toda la vida: las dificultades de mantener el amor, el peligro del éxito, el egoísmo y la vanidad como enemigos de la vida en común, el valioso apoyo de la amistad, los sufrimientos por recuperar el amor perdido, la renuncia en favor de lo que amamos, etc. Funciona muy bien ese arranque de aventura de acción distópica, para luego trasladarnos a la mente de un joven de instituto que sueña con ser novelista. Y es formidable el prólogo, donde se narra la historia de amor entre los protagonistas durante los títulos de crédito. A partir de ese punto, la creación, los sueños y el amor se mezclarán con la dura realidad y aunque el giro clave llegue algo por sorpresa el espectador acepta encantado y rápidamente el arriesgado planteamiento del guión, un libreto magníficamente trabajado por el equipo de guionistas. Por lo demás, el director Hugo Gélin (Mañana empieza todo) no pierde el ritmo en ningún momento y cuida convenientemente a sus personajes, que se hacen cercanos gracias también a unos actores que siempre están a la altura, tanto los protagonistas François Civil y Josephine Japy, como el amigo interpretado por Benjamin Lavernhe. Amor a segunda vista es siempre agradable y ofrece algunos momentos especialmente cómicos, tan divertidos como disparatados, como la conversación del amigo de Raphäel con el editor.
6/10
(2018) | 114 min.
Tras sufrir una pesadilla, el joven indígena Ihjãc camina hasta una cascada en la que le habla el espíritu de su padre, que le pide que organice el banquete fúnebre tradicional. Sólo así el espíritu del fallecido podrá llegar a la aldea de los muertos. Pero el joven se siente abrumado por tener que afrontar este deber; para él la muerte de su progenitor significa la obligación de tomar las riendas de su vida, y luchar junto a su esposa para sacar adelante a su bebé recién nacido. Empieza a sufrir dolores, posiblemente psicosomáticos, que según él mismo sólo pueden tratarse si acude a una clínica. El portugués Joao Salaviza (Montanha) y su cónyuge, la brasileña Renée Nader Messora (debutante en el largometraje), ganaron en el Festival de Cannes el Premio Especial del Jurado de la sección Un certain regard, con esta exploración de las costumbres de los Krahô, de la aldea Pedra Branca, en el centro norte de Brasil. Con un estilo muy próximo al documental, y un toque de realismo mágico, con diálogos en la lengua nativa, se muestran los ritos del chamán, cánticos variados, la elaboración de la comida, y su choque cultural con los habitantes de la gran ciudad. El argumento acaba siendo sencillo, una historia clasificable como ‘coming of age’ o ‘introducción a la vida adulta’, con el típico personaje que se resiste a crecer. Los cineastas ponen al descubierto la marginación que sufren este tipo de comunidades de aborígenes, aprovechan para denunciar la presión de políticos blancos para obtener el voto, y no pueden evitar que se note cierta fascinación por la espiritualidad ancestral y la forma de vida de los protagonistas, que permanecen lejos del mundanal ruido, y no necesitan de grandes adelantos para sobrevivir. Como cabe esperar en este tipo de cine, los realizadores recurren a actores no profesionales, que cumplen, sobre todo Henrique Ihjãc Krahô, protagonista, que usa su nombre real, lo que refuerza la idea de que interpreta a un personaje muy parecido a sí mismo.
6/10
(2018) | 136 min.
Magnea tiene 15 años. Hija de padres divorciados, vive con su padre y con su nueva mujer. Cuando conoce a Stella y a su novio, la joven comienza a distanciarse de su mejor amiga, Helga. Con sus nuevos amigos vivirá experiencias límite, cometerá robos, se ausentará del colegio, asistirá a fiestas de adultos, mentirá a sus padres, iniciará una relación lésbica con Stella y empezará a consumir drogas. Desolador retrato de la juventud islandesa que deja poco aire para el optimismo. El director y coguionista Baldvin Zophoníasson es muy claro a la hora de mostrar los peligros a los que se enfrenta hoy en día gran parte de la juventud, cuando ningún valor o motivación hace mella en sus vidas. Volubles y maleables, ávidas de experiencias, sin filtros a la hora de comenzar amistades poco recomendables y sin voluntad para decidir con perspectiva lo que desean, las jóvenes de Dejame caer son carne de cañón de depresiones, absentismo escolar, drogadicción, promiscuidad sexual, etc. La película entronca directamente con otras producciones serias sobre la drogadicción y sus destructivos efectos, como Réquiem por un sueño o Yo, Cristina F. El director no se anda con chiquitas a la hora de hablar de las consecuencias de tomar esa cuesta hacia abajo que sumerge cada vez más en el fango de la degradación, sembrando la tristeza y la infelicidad alrededor. Es posible quizá enderezar el rumbo, o no, lo que está claro es que las vidas de esas jóvenes están en el filo de la navaja, ya jamás serán las mismas. El dolor y la culpa entrarán en juego. Hay momentos impactantes, magníficamente concebidos, como el encuentro entre Magnea y Helga en el cajero, de una tristeza inconsolable, o la mirada que se cruza con su antigua compinche Stella en el centro de mujeres. Zophoníasson muestra especialmente la impotencia y preocupación de los padres, incapaces de acceder al interior de la protagonista mientras ésta se va desmoronando. Están bien concebidos y son convincentes los intentos desesperados del padre por hacer entrar en razón a su hija, las conversaciones entre los padres, y se refleja bien la indolencia adolescente, una especie de caparazón que impide entrar a fondo en las cuestiones importantes, opacidad que irá progresando hacia la falsedad y el engaño, desde donde será imposible edificar. La película es muy dura, realista, sin medias tintas. El director elige una estructura con saltos en el tiempo, en donde sitúa a los personajes en diferentes etapas de su vida. Rueda con elegancia y pausa, con escenas bien diseñadas y a menudo con una cámara que se mueve con viveza. El elenco actoral está notable.
6/10

Jueves 15 de Agosto de 2019

(2019) | 161 min.
Año 1969. Rick Dalton es un actor venido a menos, el show televisivo que protagonizaba, un western, ha sido cancelado, y tiene problemas con el alcohol. Mantiene una estrecha amistad con Cliff Booth, el especialista que le dobla en las escenas de riesgo, que ahora ejerce para él de chófer y chico de los recados. Éste le aconseja que escuche los consejos del productor Marvin Schwarzs, que le recomienda que emprenda la aventura europea de los spaghetti-western. Antes debe rodar un film como villano. Con su casa linda la del prestigioso cineasta Roman Polanski, cuya esposa, la actriz Sharon Tate, espera un bebé. Vibrante canto de amor al cine escrito y dirigido por Quentin Tarantino, es quizá su película más nostálgicamente romántica, lo que no impide la presencia de sus clásicas señas de identidad: comedia y drama intensos, y la violencia paródica, aunque más rebajada de lo habitual en él. Destacan el medido guion y los ingeniosos diálogos, con un maravilloso dominio del “tempo” narrativo y la duración de las escenas, el cineasta ha sabido corregir los desequilibrios que se advertían en su anterior film, Los odiosos ocho. No resulta exagerado afirmar además que Tarantino no teme a nada ni a nadie a la hora de arriesgar y liberarse de las cadenas de lo políticamente correcto, por ejemplo en la mirada a la contracultura, o en el sorprendente desenlace. Toda la narración está sembrada de detalles encantadores que harán la delicia de los cinéfilos, con los rodajes, los clips promocionales, la visita a las salas de cine, las fiestas de Hollywood, la ilusión de verse en pantalla, las fotos con los fans, los decorados de los grandes estudios y la irrupción de la televisión. Dentro de un reparto con mucho grandes actores en pequeños papeles, están muy bien trazados los dos principales personajes masculinos, una relación mágica, con uno a la sombra del otro. Leonardo DiCaprio hace una fabulosa interpretación como actor en declive, las escenas con la niña en el rodaje de un western poseen enorme fuerza; también desprende un brillo especial Brad Pitt, que recuerda en algunos momentos a Jeff Bridges con su sonrisa levemente irónica, son fantásticos los momentos que comparte con la menor Pussycat (Margaret Qualley), que trata de seducirle y le introduce en la comuna hippy, el otro elemento que sirve para unir a unos personajes ficticios, con el horror de la Familia Manson. Por su parte, Margot Robbie compone casi con trazos impresionistas a Sharon Tate, ilusionada con su matrimonio, su maternidad, su carrera de actriz y la posible traslación a la pantalla de “Tess, la de los d’Urberville”, la novela de Thomas Hardy.
8/10
(2018) | 125 min.
Mientras busca financiación para rodar su siguiente película, sobre el fallecimiento de su propio hermano, la realizadora Anna recibe una devastadora noticia. Su marido, Luca, con el que tiene una hija en común, ha decidido abandonarla, porque se ha enamorado de una mujer más joven. Tratará de superar la separación durante las vacaciones, en la lujosa residencia veraniega de su familia. Se conoce más a Valeria Bruni Tedeschi como actriz de títulos como Locas de alegría, y a nivel popular como hermana de la archifamosa Carla Bruni, lo que la convierte en cuñada del ex presidente Nicolas Sarkozy. Pero tiene en su haber varios largometrajes como directora, de hecho éste hace el sexto. De nuevo vuelve a inspirarse en su propia vida, pues como en Es más fácil para un camello… y Un castillo en Italia parece interpretarse a sí misma, y aunque no se sabe dónde acaba la realidad y empieza la ficción, todo tiene visos de haber ocurrido de verdad. De nuevo retrata en clave de comedia dramática a su familia de clase alta, poniendo hincapié en la dificultad para aceptar el divorcio, todo indica que recogiendo elementos de su relación con Louis Garrel. Pero también habla con sorna de la frivolidad con la que algunos ricos tratan a sus empleados, la poca importancia que se le puede dar a asuntos tan serios como la infidelidad, y el hastío que produce una vida desocupada. También se trata la utilización del cine por parte de los creadores para exorcizar los demonios personales. A los personajes centrales se les critica con ironía pero sin hacer sangre, incluyéndose ella misma como una de las dianas contra las que arroja dardos. Llega a tomarse a broma su propio cine, con el impagable momento de la reunión con la comisión del CNC (Centre national du cinéma et de l'image animée), organismo que concede las subvenciones al Séptimo Arte en el país galo, que señalan sin piedad que no se sabe muy bien de qué trata el film que les ha presentado, y que no se diferencia mucho de sus filmes anteriores (como realmente ocurre). El metraje se excede demasiado, y algunas tramas resultan un tanto simplonas. Pero acierta con algunas secuencias que rebosan espontaneidad, como la canción que Bruni Tedeschi entona junto a su compatriota Valeria Golino. La cineasta cuenta con un reparto que mezcla actores gesticulantes italianos (Golino, Riccardo Scamarcio y ella misma), con ilustres representantes de la Comédie-Française (Noémie Lvovsky, Bruno Raffaelli, Pierre Arditi, Yolande Moreau), y su auténtica hija, la espontánea Oumy Bruni Garrel. La propia Bruni tiende a sobreactuar, de acuerdo con el tono algo disparatado de la cinta.
5/10
(2019) | 125 min.
Días tontos de cálido verano en Madrid. La primera quincena de agosto, que culmina con la Virgen de la Paloma el día 15. Eva, a punto de cumplir los 33 años, se ha quedado sola, un conocido le ha prestado su apartamento en el barrio de La Latina, donde a pesar del calor pulula la gente, turistas y lugareños que participan en las fiestas populares, San Cayetano y la Verbena de la Paloma. Transcurren las jornadas, lánguidas, con actividades inusuales, encuentros casuales, pequeños incidentes y ratos de asueto: seguir a una turista, entrar en el Museo Arqueológico, sentarse en una terracita, contemplar una “performance” o un concierto, acostarse y levantarse tarde. No pasa nada y pasa todo, ya sea estando de cháchara con un amigo periodista, con la vecina danesa, con los dos colegas ingleses, con un antiguo novio, con David, apoyado sospechosamente en la barandilla del viaducto de Segovia con desconocidas intenciones. Cuarto largometraje dirigido por Jonás Trueba, que en esta ocasión lo coescribe con su protagonista, Itsaso Arana, con la que ya trabajó en su anterior film, La reconquista. El cineasta demuestra coherencia en su carrera fílmica, pues vuelve a abordar la crisis existencial de jóvenes treintañeros sedientos de una felicidad que no saben cómo ni dónde encontrar, y que pasan, resignados, por fases de tanteo, encuentros y desencuentros, momentos de alegría –ese chapuzón en el río, con imágenes evocadoras de los prerrafaelitas– y de vacío rayano con el absurdo –el seguimiento a una desconocida–, e incluso de recurso a técnicas de relajación mental y conexión con las energías vitales femeninas. Trueba narra con voluntaria morosidad y largo metraje, más de dos horas, una situación reconocible para cualquiera que se queda en su vacía ciudad de origen durante la temporada estival, lo que no le impide lograr un cierto ritmo que despierta el interés, dosificando elípticamente la entrega de información acerca de qué le pasa a Eva, y una progresión en su trayectoria, en el objetivo de lograr algo parecido al equilibrio, resumido en la frase final de aceptación de su situación, que justifica el título de la película. E introduce, es algo de familia, citas cultas, como a Ralph Waldo Emerson, recomienda indirectamente libros de cine, con la inspiración al fondo citada en los créditos de “Las noches blancas” de Fiodor Dostoievski.
6/10
(2019) | 89 min.
México, península de Yucatán. Mia, Sasha, Nicole y Alexa son cuatro chicas de instituto que deciden hacer una excursión a una zona selvática cercana a la playa. Una de ellas conoce una piscina natural que enlaza con unas antiguas cuevas de la civilización Maya que se encuentran sumergidas a muchos metros de profundidad. Y allá irán las cuatro jóvenes inexpertas con sus equipos de buceo para darse un garbeo. Lo que no saben es que hay tiburones. Una película angustiante. El título corresponde a la secuela de A 47 metros, en donde varias chicas lo pasaban muy mal en alta mar, encerradas en una jaula con unos tiburones al acecho. En este caso, la presencia de chicas y de escualos es el único punto de conexión, pues ni el argumento, ni los personajes, ni las localizaciones tienen que ver con la película precedente. Puede entenderse que una cueva laberíntica submarina sea tomada ahora como una especie de jaula en donde las jóvenes deberán sobrevivir, pero ahí estaría todo el nexo de unión. Y en la escabechina sangrienta que seguirá, claro. Vuelve a ponerse tras las cámaras Johannes Roberts, quien ha contado también con el mismo coguionista, Ernest Riera. Ambos llevan la trama por derroteros muy previsibles: excursión temeraria, imprudencias infantiles, histerismos, muertes inesperadas, sorpresas, etc. Pero hay que decir que se logra una correcta atmósfera de angustia a lo largo del film. La triple amenaza –tiburones carniceros, claustrofóbica cueva submarina, reducción paulatina de oxigeno– ejerce su función magníficamente y el espectador tendrá lo que se espera. Algunos momentos se ven venir y no son muy originales –esos ataques instantáneos desde no se sabe dónde–, otros apuestan más por la inquietud, la intriga, la desesperación, donde el afán de supervivencia llegará al cénit. Y funciona bien el adrenalítico desenlace. Hay que reconocer, por otra parte, la pericia a la hora de rodar bajo el agua durante la mayor parte del tiempo, en lugares estrechos, poco accesibles, jugando con la falta de luz, los haces de las linternas, el lodo marino, los equipos de buceo. En general se logra situar siempre a los personajes y dentro de lo que cabe hay coherencia en la narración. Entre el reparto destaca sin duda Sophie Nélisse, siempre creíble, bien acompañada por John Corbett y por las jovencitas Corinne Foxx y Sistine Rose Stallone, ésta última hija de Sylvester Stallone, que debuta en el cine con bastante personalidad.
5/10

Viernes 23 de Agosto de 2019

(2019) | 87 min.
Florida está siendo sacudida por el huracán Wendy, se está procediendo a la evacuación de toda la zona. Haley, que se esfuerza por ser nadadora de élite en la universidad, intenta dar con el paradero de Dave, su padre, impelida por su hermana Beth. Como no responde, se salta todos los controles de seguridad, y acude al hogar familiar, donde encuentra al progenitor inconsciente. Deberán enfrentarse no sólo a las adversas condiciones climáticas, sino a los peligrosos caimanes que se han colado en el sótano de la casa. El especialista francés en cine de terror Alexandre Aja dirige esta cinta con bastante más acierto que la prescincible Piraña 3D, también terror acuático con animalitos peligrosos. El acierto del guion de Michael y Shawn Rasmussen es plantear la película como de tipo catastrofista –hay una magnífica recreación de los efectos del huracán, con su viento e inundaciones–, combinada con el cine de terror, donde se demuestra que los monstruos más temibles muchas veces son los que nos ofrece la naturaleza en el mundo real; y como elemento humano estructurador de la trama, funciona bien la idea de un hogar roto –los padres de Haley se han divorciado una vez que ella y su hermana llevan una vida adulta bien orientada–, con la desconexión que se ha producido entre Dave y Haley, el primero era muy exigente a la hora de sacar a la luz las cualidades nadadoras de su hija, y nunca parecía quedar satisfecho con ellas. Aja concede a esta esmeradísima serie B un ritmo impecable, jugando al contraste entre los exteriores de la tormenta, y los interiores claustrofóbicos del sótano y la casa, y con el suspense de los sustos y apariciones de otros seres humanos, bien dosificados. También recurre a un simpático perro, Sugar, sin convertirlo en elemento acaramelado. Los protagonistas, Kaya Scodelario y Barry Pepper, hacen creíble la recuperación de la relación hija-padre, y logran que el espectador suspenda la incredulidad ante los desafíos físicos que deben afrontar. Están muy bien recreados los caimanes, y la violencia de los ataques es relativamente contenida.
6/10
(2019) | 96 min.
Isla Pájaro sigue en constante guerra con la Isla Cerdito. Por suerte, los animales alados cuentan con un equipo de héroes para mantener sus seguridad: el cardenal rojo Red, el cuervo Bomb y el veloz canario Chuck. Sin embargo, algo va a desequilibrar la estabilidad entre las dos islas cuando ambas son bombardeadas por enormes bolas hielo procedentes de otra isla cercana cuya presencia desconocían. Ahora los pájaros y los cerdos tendrán que unir fuerzas para combatir a un enemigo común que quiere destruirlos. Secuela de Angry Birds, la película, film basado en un popular videojuego que hizo furor desde su creación en 2009. Tres años después de su primera película llega esta segunda aventura animada, dirigida por Thurop Van Orman, que debuta como director de largometrajes. Mantiene el espíritu de su predecesora, con el protagonista Red empeñado en ser el héroe de su comunidad, pues tiene miedo de quedar relegado en el olvido, pero además aquí se sumará un nuevo personaje a la aventura, el de la “pitagorina” Silver, que será el perfecto contrapunto femenino al divismo del pájaro rojo. El trío de guionistas, que ha trabajado en películas como Ice Age o Cars, logra que apenas haya diez segundos de intervalo entre gag y gag, de modo que toda la película es una acumulación de chistes de todo tipo. Aunque a veces son poco eficaces a la hora de divertir, gracias al ritmo de la acción se asegura más o menos el entretenimiento. Porque desde luego aquí la aventura es constante y es seguramente la clave del éxito. Sin embargo, tampoco hay de fondo una historia demasiado original, con lo que el encanto de la historia se supedita casi únicamente a las situaciones generadas entre personajes, cada uno con sus minutos de gloria y una equilibrada presencia en el relato. Se crean así momentos especialmente graciosos, como los bailes de breakdance, la aventurilla de los polluelos o la escena de los baños, por citar sólo unos pocos. Por lo demás, la calidad visual de Angry Birds 2 es notable, con ese sello personal de la utilización de una amplía y luminosa paleta de colores repartida entre los animales. Y en cuanto al fondo, se transmite a la chiquillería la importancia del trabajo en equipo: cada uno posee unos talentos que ha de hacer fructificar y el intento de querer granjearse uno mismo todos los méritos está condenado al fracaso. Compartir es vencer.
4/10
(2018) | 110 min.
El juicio de Jacques Viguier, un hombre que fue acusado del asesinato de su mujer, desaparecida en 2000, y finalmente quedó absuelto. Ahora, 10 años después, deberá comparecer de nuevo en otro juicio ante el tribunal de apelación. Nora, una mujer que conoce a la hija del acusado y está convencida de su inocencia, buscará un abogado prestigioso, Maître Eric Dupond-Moretti, para que represente a Viguier y además le echará una mano en todo lo que pueda. Inspirada en el caso real de Jacques Viguier, que mantuvo en jaque a la opinión publica francesa, estamos ante una de esas películas de juicios cuya intriga va acelerándose con el paso de los minutos. Las referencias explícitas al cine de Hitchcock no son para nada fortuitas en este sentido. Debuta con ella en la dirección Antoine Raimbault, quien se apoya en una idea original de Isabelle Lazard, con quien escribe además un guión audaz que, desde luego, va en dirección contraria a los clichés de #MeToo. Sorprende mucho el modo abrupto de entrar en materia. Presenta a la protagonista, Nora, sin una ligera introducción, como una mujer llamativamente implicada en el caso de Viguier y a partir de ese momento su dedicación no conocerá tregua hasta el final. Es cierto que el modo realista de afrontar este planteamiento es quizá excesivo, sobre todo durante la primera media hora, pues Raimbault agota un poco al mostrar durante muchos minutos a Nora escuchando grabaciones magnetofónicas, y eso aunque intente eludir el problema gracias a un vivo montaje. Tampoco parece demasiado verosímil el modo de conducirse de Nora, que sin ningún tipo de explicaciones es capaz de la noche a la mañana de desentenderse de su hijo y de su trabajo para entregarse a una causa ajena con un empeño desconcertante. En cualquier caso reconforta mucho que alguien sea capaz de hacer algo así por salvar a una persona. Una íntima convicción es también interesante en cuanto que nos da de bruces frente a una serie de cuestiones de calado, aunque conocidas, que se refieren al mundo de la justicia: la relación entre la verdad de los hechos y lo que puede probarse, el lugar de las conjeturas y la imaginación en la mente del jurado, las manipulaciones de los testigos, la indefensión ante la opinión pública, la presunción de inocencia. Queda claro que, cuando lo que hay en juego es el futuro de una persona, la responsabilidad judicial del jurado debe eludir cualquier frivolidad y encomendarse seriamente a la propia conciencia. Entre el reparto destaca la eficiencia de Marina Foïs (El taller de escritura) como la incansable protagonista, aunque quizá el plato fuerte recaiga en el secundario Olivier Gourmet (El niño de la bicicleta) en la piel de un abogado nada idealista, con los pies en la tierra. Su alegato final es fantástico.
6/10
(2019) | 95 min.
A Max, estudiante de sexto, le invitan a una fiesta de besos, a la que acudirá la compañera de clase que le hace ‘tilín’. Consigue que le dejen ir acompañado por sus inseparables amigos, el aspirante a cantante de musicales Thor, y el grandote Lucas, desesperado porque sus padres acaban de anunciarle que se divorcian. Pero el trío arruina un dron que usa para su trabajo el padre de Max, que cuando lo descubra le castigará, lo que implica perderse el evento si a los muchachos no se les ocurre cómo solucionar la situación. Curiosa mezcla, de la que al menos se puede decir que no le falta originalidad. El actor y realizador especialista en comedias gamberras Seth Rogen produce con Evan Goldberg, su colaborador habitual, una obra centrada en el fin de la infancia, cuando los chavales tratan de comportarse como adultos, pero se nota a la legua que están confundidos sobre muchos conceptos, o que presumen de haber besado a alguna muchacha cuando está claro que jamás lo han hecho. Se saca punta a esta premisa en varios gags, algunos divertidos, como el de la cerveza, donde el récord de los chicos está en beber tres sorbos, los alumnos de sexto consideran imposible tragar más. En suma, la fórmula vendría a ser como mezclar las películas típicas de niños en esta edad, como Cuenta conmigo, o Un puente hacia Terabithia con las de humor salvaje tipo Supersalidos. Por desgracia, el guión del realizador, Gene Stupnitsky, y Lee Eisenberg, con el que ya había colaborado en varios capítulos de The Office, abusa de esta fórmula, y tiende a la grosería, sobre todo en las numerosas ocasiones en las que se recurre a mostrar juguetes sexuales que los protagonistas no tienen muy claro qué son, por lo que los confunden con cosas normales. Esto acaba agotando. Puede llamar la atención del público que tenga los mismos años que los personajes, pero no resulta nada apropiada para esta categoría. Para el resto de espectadores, sería discutible recomendarla, aunque se debe decir que en el fondo la obra tiene cierto corazón, y hasta un tono positivo, pues habla de la necesidad de mantener la amistad a lo largo de los años, de luchar por lograr los sueños, pese a lo que puedan pensar los demás, y del drama que supone una ruptura familiar. Además, cuenta con un notable trío protagonista, compuesto por Jacob Tremblay, inolvidable en La habitación, que aquí ya algo más crecido muestra que también tiene talento para la comedia, Keith L. Williams (El último hombre sobre la Tierra) y Brady Noon (Boardwalk Empire). Componen unos personajes que pese al argumento disparatado resultan cercanos, y hasta entrañables e inocentes, pues sólo buscan el amor verdadero. Una pena que estos intérpretes no hayan caído en un proyecto de mayor entidad.
5/10
(2019) | 105 min.

STU (Kumail Nanjiani) es un tranquilo y educado conductor de UBER. Un buen día recoge a un pasajero (Dave Bautista), un policía duro en busca de un brutal asesino. Desde ese momento se verá envuelto en una desagradable y violenta experiencia y tendrá que intentar por todos los medios no perder la sensatez, la vida y sobre todo su “puntuación 5 estrellas”.

(2017) | 126 min.
Mitsuru Sasaki es un maestro de la cocina, un chef con un maravilloso don, le basta probar cualquier plato para reproducirlo y prepararlo tal cual. Egocéntrico y solitario, era propietario de un restaurante, pero se arruinó por su carácter exigente, no admitía en la cocina ningún plato que no alcanzara la perfección. Ahora debe pagar su deuda cobrando cantidades exorbitantes a moribundos millonarios que quieren probar una última vez el plato exquisito que les hizo felices antaño, antes de dejar este mundo. Tan centrado está en sí mismo Mitsuru, que ni siquiera asiste a las honras fúnebres de quien fuera su padre adoptivo, algo que le reprocha su mejor amigo, a quien no hace ningún caso. En esta tesitura recibe la llamada de un misterioso hombre muy adinerado, el chef más famoso de China, que le pide que dé con el paradero de las recetas del legendario banquete del emperador que preparó en la Manchuria de los años 30 el gran chef Naotaro Yamagata, está dispuesto a pagarle generosamente. En su intrigante investigación irá ahondando en la personalidad de Yamagata, en el que empieza a verse reflejado como en un espejo. Aunque director de una dilatada filmografía, casi una cincuentena de títulos, sólo tres películas de Yojiro Takita se han difundido en España, La espada del samurái, Despedidas y, ahora, El cocinero de los últimos deseos. El cineasta nipón vuelve a demostrar una gran sensibilidad y un humanismo fuera de lo común a la hora de adaptar una novela de Keiichi Tanaka. Sabe retratar bien el riesgo del profesional que se sabe un “primer espada” en su especialidad, pero que en vez de convertirla en un modo de servir a los demás y canalizar su amor, la transforma en elemento que le encastilla y aísla de los demás, hasta volverle insoportable y cínico. Con estas ideas, un punto de intriga y el poder redentor del amor, articula una emocionante trama que envuelve e interesa, no cansan las dos largas horas de metraje. Además, el telón de fondo histórico de los flash-backs, que nos llevan a la Manchuria de 1933 ocupada por los japoneses y al auge del comunismo chino, y los deliciosos platos que preparan Yamagata y Mitsuru, mostrados de modo exquisito, no se limitan a ser elementos ornamentales, sino que están integrados de modo orgánico en la trama, son determinantes del modo en que van transcurriendo sus vidas y en que se forjan sus personalidades. Lo mismo cabe decir de la familia que forma Yamagata, y del cariño que le profesa su esposa, el modo en que le ayuda a documentar sus platos con fotografías, o la ilusión por la hija que va a nacer. El film incide también en la libertad de los personajes, que no están marcados por un destino inexorable que les lleva a ser como son, sino que toman sus propias decisiones, de las que son responsables, lo que se advierte no sólo en los cocineros, sino también en los dos ayudantes de Yamagata.
7/10
(2018) | 100 min.
Película basada en un libro autobiográfico escrito por el cómico alemán homosexual Hape Kerkeling (Recklinghausen, 1964) –conocido sobre todo en su país, aunque en España tiene publicado “Bueno, me largo”, libro sobre su experiencia al hacer el Camino de Santiago–, en el que rememora con tono amable su infancia, donde abundan los momentos entrañables, pero donde también asoma la tragedia. Lo adapta a la pantalla Caroline Link, ganadora del Oscar a la mejor película extranjera por En un lugar de África en 2001. Y siguiendo las pautas de la obra original, domina la mirada optimista y esperanzada, todo se tamiza por un sano sentido del humor, destacando la idea de que para alcanzar la felicidad la mejor receta es tratar de hacer felices a los demás. Algo que parece tener bien interiorizado Kerkeling, al fin y al cabo su dedicación profesional consiste en hacer reír a la gente. La narración transcurre durante la década de los 70, cuando Hape es un niño, y vive con sus padres y su hermano mayor. La familia acusa los viajes por trabajo del progenitor, y la madre, que trabaja en una tienda familiar, sufrirá una enfermedad a la que acompaña una depresión. Las circunstancias obligan a idas y venidas al campo y a la ciudad, donde conviven con los abuelos maternos y paternos. Hape, desde pequeño, demuestra ser un completo “ganso”. Gordito, tiene una capacidad increíble para hacer imitaciones, disfrazarse, gastar bromas y escenificar situaciones, lo que provoca las risas de su numerosa parentela, y también sorprende en el ambiente escolar y entre los otros chicos de su edad. La película contiene momentos muy emotivos. Conmueven los esfuerzos de Hape para divertir a su madre cuando la ve triste; y el modo en que ella resuelve una situación incómoda en una fiesta familiar, en que el chico se ha disfrazado de princesa. Link logra un ajustado equilibro entre los momentos divertidos, la repetición satírica de los comentarios de una señora cotilla o el chico con los abuelos atendiendo a la asistente social, con los trágicos, la noche en que la madre está muy enferma y sólo Hape está con él. Incluso un momento tan sencillo como la tía monja descubriendo su cabellera siempre oculta por la toca, resulta mágico. Hape Kerkeling, con sentido y sensibilidad, no ha concebido el film para apuntarse a la militancia gay. En algunos rasgos del pequeño se apunta una posible inclinación, pero si estuviéramos en una ficción no tendríamos modo de saber a ciencia cierta adónde va a evolucionar Hape. Porque la película de Link pone sobre todo el acento en las emociones, subrayando la idea de que los lazos familiares, la amistad, el amor y el ocuparse de la alegría de los demás, es lo que verdaderamente nos llena. Todo el reparto está magnífico, pero sobresale el niño debutante en las pantallas Julius Weckauf.
6/10

Viernes 30 de Agosto de 2019

(2019) | 119 min.
Luc Besson se lanza a reverdecer los laureles de su exitosa trama de espionaje de finales de los 80 en Nikita, y nos cuenta las andanzas de otra agente letal como aquella, Anna, reclutada por el KGB en una situación en que la alternativa para ella era morir o trabajar para la agencia. El cineasta, director y autor del guión, orquesta una trama con numerosos flash-backs, idas y venidas en el tiempo, que durante bastante tiempo pueden mantener al espectador despistado. La idea es jugar con la sorpresa, y romper el saque todo el tiempo. Que tal mecanismo narrativo esté bien engrasado es otra cuestión, discutible. Porque de entrada Anna es una chica que vende muñecas rusas en un mercadillo de Moscú, y que es fichada por un tipo siempre a la búsqueda de bellezas despampanantes, que puedan convertirse en modelos de modistos para reportajes en las revistas de papel couché. De modo que Anna deja Rusia y descubre la vida lujosa de París, donde tiene una amante, lo que no impide que flirtee con un poderoso magnate compatriota, socio en la agencia de modelos. Pronto descubriremos que todo forma parte de la misión que le ha encomendado el KGB con sus enlaces Alex y Olga, mientras la CIA, con su oficial Lenny, anda algo mosqueada con la modelo del pelo teñido en rubio platino. Aunque el film es medianamente entretenido, le perjudica que no acaba de dar bien con su tono dentro del esquema de espías de la guerra fría, a veces parece que quiere jugar al realismo de producciones recientes como Gorrión rojo o la serie The Americans, y en otros momentos la acción no está muy lejos de las películas de James Bond, singularmente cuando Anna realiza una acción letal en los cuarteles generales de la KGB e inicia una fuga sin demasiadas sutilezas. Hasta el clímax del parque, que genera expectativas –¿cómo resolverá el director este lío?, se pregunta el espectador–, y acaba dejando cierto sabor a decepción. Besson recurre a la acción que tanto le gusta, evitando que la violencia sea muy gráfica, igual que ocurre con el tono sensual que domina el mundo de la moda y las alcobas de la protagonista. El film supone el primer papel protagonista de la rusa Sasha Luss, que tuvo un rol menor para Besson en Valerian y la ciudad de los mil planetas. Aguanta el tipo al estilo de otras heroínas de francés, como la ucraniana Milla Jovovich. Entre los secundarios parece pasárselo en grande Helen Mirren, con un papel menor.
5/10
(2019) | 100 min.
Mike Banning no atraviesa su mejor momento de salud. Casado y con una hija pequeña, debería tomarse un respiro en su trabajo como agente de seguridad del presidente de los Estados Unidos, Allan Trumbull. Pero su sentido de responsabilidad le impide hacerlo. En esa situación, se convertirá en el primer sospechoso de un intento de asesinato del presidente, en el que muere todo el equipo de seguridad excepto él. Con Trumbull en coma y la nación en manos del vicepresidente Kirby, Banning deberá descubrir la verdad de la conspiración mientras es perseguido por las fuerzas del orden. Tercera entrega de las hazañas de Mike Banning, el mejor hombre sobre el terreno en el equipo de seguridad del presidente de los Estados Unidos, un papel que le va al pelo a Gerard Butler y gracias al cual ha conseguido hacerse un hueco entre los mejores actores de acción. Desde luego sigue funcionando en pantalla el personaje creado por Katrin Benedikt y Creighton Rothenberger, el ex militar cuya habilidad en el combate le hace salir airoso de las situaciones más inverosímiles y dejar un reguero de cadáveres a su espalda como si tal cosa. Obviamente, la trama de Objetivo: Washington es muy simple, pero las continuas escenas de acción –con drones, bombas, tiroteos, puñetazos, peleas a cuchillo, etc.– no dejan siquiera darse cuenta de ello, mientras el espectador se pregunta cómo diantres saldrá esta vez Banning del atolladero. El resultado es eminentemente entretenido, correctamente rodado por Ric Roman Waugh (El mensajero), aunque por su falta de novedad quizá no alcance el nivel de la primera entrega. De fondo, hay mención al peligro de ciertos gobernantes estadounidenses que demandan continuamente un estado de guerra, ‘modus vivendi’ que necesitan para sacar su propio beneficio. Entre el reparto, además de Butler destaca la presencia de un barbudo Nick Nolte –cuyo novedoso personaje aporta también un punto de humor– y de Piper Perabo, que sustituye a Radha Mitchell como esposa de Banning.
5/10
(2019) | 99 min.
La neoyorquina Marla sueña con viajar por el mundo después de graduarse. Pero tras la muerte de sus padres en accidente de tráfico ha perdido su espíritu aventurero. Cuando acude a buscar a su aún fantasioso hermano menor, Charlie, a una exposición de Playmobil, ambos se ven transportados por arte de magia al universo de estos juguetes, donde ella se ha convertido en una versión de sí misma como figurita de plástico, mientras que el niño se ha transformado en un feroz guerrero vikingo. Regresar a casa no será fácil, sobre todo porque el emperador Máximo secuestra al chaval. A Lino DiSAlvo, animador principal de Frozen, El reino del hielo y Enredados, de Walt Disney, le han encargado la compleja tarea de debutar como realizador en un largometraje protagonizado por los populares muñecos que encandilan a los niños desde que los comercializa la compañía alemana Horst Brandstätter, desde comienzos de la década de los 70. Se trata de repetir la jugada de La Lego película, que incrementó la venta del producto que promocionaba. Por desgracia no tiene un guión tan brillante, ni sabe recurrir al mismo humor surrealista, por lo que se nota que tenían que salir a la fuerza, con o sin justificación, los Playmobil en sus diferentes gamas, o sea los piratas, cowboys, romanos y astronautas, bien conocidos por los niños de diferentes generaciones. En suma, queda un anuncio comercial alargado, en el que caben pocas concesiones al público adulto. Pese a todo el film funciona por el alto nivel de su animación, se nota que a DiSalvo es lo que mejor se le da. También porque los números musicales están muy cuidados, incluyendo uno inicial con actores reales, los siempre eficaces Anya Taylor-Joy (La bruja) y Gabriel Bateman (joven revelación como protagonista de Muñeco diabólico). Lo disfrutarán sobre todo los peques, que aprenderán mensajes positivos sobre la responsabilidad familiar y la importancia de preservar la capacidad de ilusionarse.
5/10
(2019) | 102 min.
Simpática cinta familiar de aventuras, que se inspira en la famosa serie educativa infantil Dora exploradora. Produce Walden Media, especializada en cine con valores, y que respaldó tres películas basadas en Las crónicas de Narnia. Sigue a esta niña, que vive con sus padres arqueólogos en la jungla peruana. Cuando ya es una adolescente, consideran que es oportuno que vaya al instituto a la ciudad, mientras ellos siguen explorando tratando de dar con la mítica ciudad perdida de los incas Parapata. Allí Dora se reencuentra con su primo Diego, pero su naturalidad y franqueza chocan con la rutina y crueldad de unos chavales que van a su bola. De todos modos, por su condición de “outsiders” acaba formando una pandilla improbable con Diego, la estirada empollona Sammy y el friki Randy, sobre todo cuando son secuestrados por los villanos de turno, que quieren localizar a los padres de Dora, ya que creen que han encontrado finalmente Parapata y sus tesoros. Por suerte les rescata Alejandro, al parecer un viejo amigo de sus padres. La cinta viene a ser un cruce de En busca del arca perdida con Los Goonies, pero aderezado con muchos guiños a la serie didáctica donde aparecía Dora, lo que da pie a muchas bromas, con los personajes aportando datos y explicando conceptos, e incluso hablando a cámara. También, sin complejos, se da paso a personajes como el mono Botas y otros animales hechos con ordenador, y hasta hay un pasaje de dibujos animados. En el reparto están algunos de los actores latinos más populares del momento, Isabela Merced, Michael Peña, Eva Longoria y Eugenio Derbez, y en la versión original se usa con frecuencia el español, todo un reconocimiento a la contribución hispana a la cultura estadounidense. Dirige James Bobin, que antes firmó las cintas familiares Los Muppets y Alicia a través del espejo.
6/10
(2019) | 90 min.
Antonio Padín, conocido patriarca de una banda de narcotraficantes gallegos, sale de prisión, ya anciano, pues sufre una enfermedad degenerativa. Aunque lo natural sería que fuera a casa, decide ingresar en una residencia especializada. En parte le desagrada que sean testigos de la actual debilidad sus dos hijos, Kike y Toño, en cuya capacidad para hacerse cargo del “negocio” familiar no confía demasiado. Mario, enfermero jefe, se toma muchas molestias para ocuparse personalmente del cuidado de Antonio. Y es que algún misterioso hecho del pasado le liga a este hombre, del que desea vengarse de modo particularmente refinado y cruel. Todo acontece cuando Julia, la mujer de Mario, está a punto de dar a luz, y en medio de una operación de narcotráfico muy arriesgada, que lideran Kike y Toño, y que implica a chinos y colombianos. Sólida película de intriga de Paco Plaza, con grandes valores de producción, que abandona por una vez completamente el elemento fantástico del género de terror en el que se ha bregado –El segundo nombre, Romasanta, la saga [Rec]– para pegarse más al terreno de la realidad –algo que ya hacía en gran parte en Verónica, donde demostró que había alcanzado la madurez como cineasta–, con un libreto ideado por el pontevedrés Juan Galiñanes y el veterano Jorge Guerricaechevarría. Éste, que en sus inicios trabajó casi en exclusiva con Álex de la Iglesia, ha abierto el campo con éxito hace tiempo a la colaboración con otros cineastas en el thriller, véanse Daniel Monzón –La caja Kovak, El Niño–, Daniel Calparsoro –Cien años de perdón– o Norberto López Amado –El cuaderno de Sara–. La experiencia de Plaza en el terror se advierte en muchos momentos de suspense, los pasillos de un hospital, o las carreteras nocturnas son escenarios más que propicios para ello. La idea que da título al film atraviesa toda la narración, Quien a hierro mata habla de cómo el odio y el afán de venganza reconcomen los espíritus y los destruyen, incluso anulando en parte los amores nobles, en Mario el que quiere brindar a su mujer y al hijo por nacer. También puede verse en el caso de Antonio, cuyo “imperio” de nada le vale ante el avance de la enfermedad, y la evolución de dos hijos a los que considera poco menos que unos inútiles, de cuyos errores casi parece alegrarse, en lo que suponen de confirmación de la consideración que merecen a su entender. Hay en lo que ocurre una lógica interna, donde el guion sabe atar cabos, pero que dejará al espectador un regusto de amargura, porque domina un profundo pesimismo y una nula confianza en la capacidad del ser humano de sobreponerse a sus malas inclinaciones; en tal sentido al desenlace le falta un punto de brillantez. Decir a estas alturas que Luis Tosar hace un gran trabajo actoral quizá no sea decir gran cosa, porque es a lo que nos tiene acostumbrados. Por eso merece la pena hacer hincapié en la estupenda interpretación de los poco conocidos Xan Cejudo –que da vida al patriarca, y sabe hacer creíble el empeoramiento de su salud–, Ismael Martínez –el hijo más reflexivo– y Enric Auquer –el otro hijo, más impulsivo, que sabe encarnar el miedo cuando toca–, mientras que el punto de ternura lo pone María Vázquez, la esposa que ve venir demasiado tarde lo que le pasa a Mario.
6/10
(2018) | 117 min.
Federica Marín (Prakriti Maduro) está obsesionada con quedarse embarazada. Ante la dificultad decide acudir a la fecundación in vitro y pedirle el semen a un amigo homosexual. Fabiola Martín (Mariaca Semprún), una cantante famosa, también tiene problemas para quedarse embarazada de su marido y ambos acuden a la misma clínica de fecundación in vitro. Ambos embarazos se producen, pero al poco tiempo se dan cuenta de que han intercambiado los embriones. En 2012 el venezolano Miguel Ferrari logró un inesperado éxito con Azul y no tan rosa, galardonada con el Goya a la mejor película iberoamericana. Seis años después entrega La noche de las dos lunas, una coproducción hispano-venezolana sobre la obsesión femenina por la maternidad. A priori podría resultar interesante, pero se diría que la producción no puede escapar a su origen y acaba entrando de lleno en el territorio del culebrón más asombroso. Las situaciones rocambolescas van aumentando conforme avanza el metraje –fecundación in vitro, intercambio de embriones, maternidad subrogada, maternidad biológica y gestante– y los conflictos en las relaciones entre personajes –heterosexuales, homosexuales, maternofiliales, matrimoniales– se disparan hasta el capricho. Tampoco la sutileza está hecha para este film. Ferrari se deleita así desnudando cuerpos con exhibicionismos gratuitos y desnudando almas con diálogos burdos y poco elaborados, que muestran sentimientos a flor de piel de un modo totalmente inverosímil para la sensibilidad europea. A la vez el guión está poco trabajado, abusa de coincidencias narrativas nada sensatas y ofrece momentos que rozan el ridículo. Justo es reconocer que ante este panorama la cosa pinta muy mal y tampoco se arregla demasiado con un desenlace efectista e incompleto. Al menos los interpretes hacen un trabajo correcto, aunque desde luego brilla con luz propia la española María Barranco, con un divertido papel de actriz retirada que dedica sus días a ver una y otra vez las películas con las que alcanzó el estrellato, a la vez que cita continuamente diálogos de sus actrices fetiche, Bette Davis, Gloria Swanson, etc.
3/10
(2018) | 110 min.
Encantadora película, apasionadamente romántica y al mismo tiempo muy contenida, se diría que muy conscientemente su director y guionista Ritesh Batra quiere situarse en las antípodas del con frecuencia empalagoso cine que suele hacerse en Bollywood. Sigue los pasos de Rafi, un fotógrafo callejero, que vino a ganarse la vida desde su pueblo a Bombay, y que suele posicionarse cerca de la Puerta de la India, un obligado lugar de visita para los turistas, donde toma instantáneas que imprime inmediatamente. Su divisa para vender es que tal recuerdo evitará que las voces, el viento, las sensaciones de ese día, queden olvidadas para siempre. Un día toma una foto a Miloni, una atractiva joven, estudiante de contabilidad, y de mejor posición social. Pero cuando va a entregarle la imagen, ella ha desaparecido. Una casualidad fotográfica –un primer plano de la laureada Miloni en un cartel sirve para promocionar la academia donde estudia– propicia el reencuentro, que se intensifica cuando Rafi pide a Miloni que simule ser su novia ante su abuela, que es la que le crió, y va a venir a visitarle a la ciudad. Tiene en general bastante mérito el continuo esfuerzo de Batra por manejar los elementos melodramáticos, y no caer en la lágrima fácil, o en los giros poco creíbles. La narración es sutil, con leves apuntes humorísticos –los amigos de Rafi– y dramáticos –el creciente conocimiento mutuo de la pareja, lo que apunta al enamoramiento–. Pero este enfoque también tiene un riesgo, y es el dejar al espectador algo frío, lo que ocurre sin duda en el desenlace, que tal vez sea coherente, pero que sabe decididamente a poco, además de resultar un tanto brusco. El espectador que vea la película me entenderá si digo que no acaba de brillar la chispa de la Campa Cola. Todos los actores están muy bien, aunque resulta obligado mencionar el trabajo de la pareja protagonista, Nawazuddin Siddiqui y Sanya Malhotra, y el de la anciana Farrukh Jaffar.
6/10
(2019) | 124 min.

La historia trata sobre una batalla de poder que se está llevando a cabo en los escalones más altos del poder. Episodios no relacionados y desconectados que ocurren en diferentes partes del mundo se entrelazarán de manera imprevista con la revelación de los juegos mentales.

(2018) | 96 min.
Puesto que tiene la sensación de que han llegado sus últimos días el reconocido poeta Younghwan pide a sus dos hijos, Kyungsoo y Byungsoo, a quienes no ve desde hace tiempo, que acudan a visitarle, al hotel en el que se hospeda. En el mismo establecimiento se hospeda Sanghee, joven que ha roto con su novio tras descubrir que le ha sido infiel. Telefoneará a Yeon-Joo, su mejor amiga, para que se reúna con ella. Hong Sang-soo rueda un lírico drama en el que destaca la sugerente fotografía en blanco y negro. Utilizando pocos escenarios, básicamente el establecimiento hostelero y sus alrededores, con únicamente cinco personajes que tengan importancia, impresiona que el realizador coreano sortee caer en la pedantería, cuando sin embargo está tratando de asuntos trascendentales, básicamente de la necesidad de comunicarse y estar en compañía, cuando se abordan momentos críticos en la vida, tanto la muerte como pequeñas crisis. Componen el reparto actores habituales de Hong, como el veterano Gi Ju-bong, con quien trabajó en En la playa sola de noche y Ahora sí, antes no, y su actriz fetiche, Kim Min-hee, aunque se le conozca más por encabezar el cartel de La doncella, de Park Chan-wook. Ambos interpretan con convicción al igual que sus compañeros. Al film, de ritmo lento, quizás le sobra algo de metraje, pero tiene un desenlace sólido, por lo que merece la pena tener algo de paciencia.
5/10