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Calendario estrenos cine

2019

Viernes 06 de Septiembre de 2019

(2018) | 123 min.
El padre de familia Arjun se incorpora a su trabajo como camarero del Hotel Taj Mahal, uno de los mejores establecimientos para alojarse en Bombay. Allí se hospedan Vasili, arrogante hombre de negocios procedente de Rusia, y el arquitecto David, con su esposa Zahra y su bebé recién nacido, al que dejan bajo la custodia de su niñera, mientras bajan a cenar. Todos ellos ignoran que se acaban de desembarcar en la ciudad terroristas con siniestros planes. El australiano Anthony Maras debuta con esta cuidada reconstrucción de los trágicos acontecimientos que tuvieron lugar el 26 de noviembre de 2008 en Bombay, cuando varios atentados dejaron en la ciudad india un trágico saldo de 173 muertos y más de trescientos heridos. En concreto, se centra en lo ocurrido en el Taj Mahal, donde varios hombres armados muy jóvenes ocuparon el hotel durante cuatro días, asesinando a sangre fría a clientes y empleados –muchos se escondieron donde pudieron, asistidos por el personal del hotel– y buscando rehenes entre los huéspedes occidentales. El film recuerda a trabajos similares rodados por Paul Greengrass, como United 93, con un estilo cercano al documental, y explícitas secuencias que muestran rápidamente, pero con brutalidad la violencia que se desató. Se intercalan imágenes auténticas de lo ocurrido, que aparecen en algunos televisores presentes en las localizaciones. Maras brilla al dar entidad a los atacantes, que presenta como pobres diablos, a quienes les han lavado el cerebro. Se ha tomado la opción de mezclar personajes reales, con otros inventados, pero que deben ser muy similares a los que vivieron los hechos. Forman parte de este último grupo los encarnados por Jason Isaacs (Vasili), Dev Patel (Arjun, representante de los auténticos camareros sij del establecimiento), Armie Hammer (David) y Nazanin Boniadi (Zahra), vista en Homeland, que realiza un trabajo especialmente bueno.
6/10
(2019) | 169 min.
Tras sufrir la persecución del payaso abductor de niños Pennywise en Derry, su pueblo natal de Maine, la pandilla de chavales compuesta por Bev, Bill, Richi, Mike, Ben, Eddie y Stan se juraron volver a reunirse si alguna vez aparecía de nuevo en sus vidas este personaje de pesadilla. Veintisiete años después se han dispersado y convertido en adultos, cada uno lleva su vida sin mantener el contacto; por ejemplo, Bill se ha convertido en escritor de novelas nunca satisfecho con las adaptaciones al cine, Bev se dedica a la moda, Richie tiene un programa cómico televisivo. Sólo Mike se quedó en Derry, y la reaparición amenazante de Pennywise propicia que les convoque, y es que todos notan su presencia maléfica, que propicia el despertar de recuerdos que habían quedado sepultados en el olvido. Segunda entrega de la adaptación de la larga novela de Stephen King “It”, repiten tras la cámara Andy Muschietti, mientras que Gary Dauberman asume el rol de guionista en solitario. Aunque la película sigue las andanzas de los protagonistas una vez alcanzada la madurez, en el fondo la apuesta es de nuevo la infancia, y no sólo por los abundantes flash-backs sobre sucesos del pasado, en que podemos ver a los actores niños del film anterior. Aletea en todo momento la nostalgia por los años en que uno es un chaval y descubre las cosas por primera vez, mientras saborea el valor de la palabra dada, lo que es un flechazo, la lealtad prometida a los compañeros, la franca camaradería y las aventuras compartidas. En el fondo Bev y compañía adultos nos interesan en la medida en que vemos en ellos a niños grandes, que quieren recuperar esos sentimientos perdidos; en cambio, lo que sería propio de la vida de mayores, en el film resulta hasta grotesco, véase la descomunal pelea que casi al inicio mantiene Bev con su marido maltratador, sin que se nos ofrezcan muchas explicaciones, o el acoso homófobo de unos matones a una pareja gay. It: Capítulo 2 es una película que puede propiciar en el espectador sentimientos contradictorios. Para empezar, es una película desmesurada, en su duración y en la acumulación episódica de sustos, efectos visuales y recuerdos, que acaban siendo reiterativos, aunque algunas secuencias resulten ciertamente brillantes. Al modo de una atracción ferial, somos vapuleados vertiginosamente en el gran contenedor en que consiste el film, subimos arriba y abajo, a menudo caprichosamente, con el clásico humor bizarro y tono oscuro que tanto le gusta a King. Y hay momentos logrados, pero otros agotan y no aportan nada. Las escenas que afectan a los niños en el presente parecen concebidas para buscar el puro efectismo, y sí, vienen a recordar la traumática desaparición del hermanito de Bill en la primera entrega. Y desde luego hace falta estar muy entregado para aceptar sin pestañear todo lo que tiene que ver con la maldición india, los fuegos fatuos y el modo de deshacer el conjuro que afecta al payaso. No estamos ante el mejor film que adapta a King, y resultaba sin duda más redondo el anterior It. Pero como se aferra desesperadamente a los sentimientos que encerraba éste y que lo emparentaba con Cuenta conmigo, no deja de despertar simpatía. Los efectos especiales son de gran calidad, y cuenta con un estupendo reparto, donde tienen casi el mismo peso los niños actores que los actores adultos más o menos famosos –sobre todo Jessica Chastain, James McAvoy y Bill Hader, el mejor de los tres–, que dan la versión adulta de sus personajes. Bill Skarsgård sigue logrando que Pennywise resulte bastante siniestro.
5/10
(2019) | 110 min.
A Emilio, profesor de matemáticas gruñón, ya jubilado de Valencia, le han diagnosticado Alzheimer. Mientras se resiste a instalarse en casa de su hija, Julia, el insensible marido de ésta, y su nieta, Blanca, decide buscar a la mujer a la que amó en su juventud, pese a que todo indica que vive en Pamplona, para confesarle, pese al largo tiempo transcurrid,o lo que ha sentido por ella, antes de olvidarla por la progresión inevitable de su enfermedad. Con Lluvia en los zapatos, Tu vida en 65’ y Rastros de sándalo, María Ripoll demostró que tiene un estilo muy personal, así como sensibilidad a la hora de rodar. Tras dos comedias de encargo, la más o menos aceptable Ahora o nunca y la menos interesante No culpes al karma de lo que te pasa por gilipollas, acierta de pleno al regresar a su universo personal, con un guión de la prometedora María Mínguez, debutante en el largometraje a la que habrá que seguir. Toda la trama se articula en torno a los efectos de la temible dolencia, incluso en personas de mente privilegiada; resulta triste aceptar que alguien capaz de resolver complejos problemas e incluso de descubrir un número primo, degenere poco a poco hasta ser incapaz de restar. Pero sin ocultar la dureza de esta tragedia, la barcelonesa ha conseguido no sólo un tono bastante positivo, mucha humanidad y un par de secuencias emotivas, sino hacer reír, incluso se diría que en ocasiones a carcajada limpia. Se centra en las relaciones entre las diversas generaciones de una familia, con interpretaciones de auténtico lujo. Cada vez se está haciendo mejor actriz Inma Cuesta, casi siempre creíble, pero aquí realmente brillante como mujer que pretende convertirse en una hija modélica, a quien las complicaciones para afrontar el mal que sufre su progenitor, se le juntan con el descubrimiento de que le resulta muy difícil mantener unido su matrimonio, pese a que ella lo ha hecho todo bien. Está aún mejor, si cabe, la niña de diez años Mafalda Carbonell, hija del famoso actor, cantante y presentador Pablo Carbonell, que padece artogriposis, como su personaje, pero resulta un ejemplo de superación, pocas debutantes en el largometraje resultan tan expresivas. Refleja muy bien las características de las nuevas generaciones, obsesionadas por los móviles, lo que supone una serie de ventajas, pero también inconvenientes. Por su parte, Óscar Martínez no cambia mucho con respecto a su registro de gruñón, visto en cintas como El ciudadano ilustre, pero da igual, el argentino tiene una fuerza pocas veces vista en una pantalla, así que cuando está con alguna de las dos, surge la magia. Quizás desentona un poco Nacho López (Isabel), no por falta de capacidad, sino porque el libreto resulta muy poco sutil al describir a su personaje, pese a que se le utiliza para llevar a cabo una divertida crítica al ‘coaching’, tan de moda en los últimos tiempos. Por otro lado, el film está lleno de secundarios hilarantes, que propician las mejores escenas, como la mujer que abre la puerta a los protagonistas en un momento clave, interpretada por Mamen García (Señoras del (h)AMPA), y otros rostros menos conocidos, que dan vida a la enfermera, a la mujer que evalúa a Emilio, y a la novia borracha de la boda, que ni siquiera tiene diálogo.
7/10
(2019) | 98 min.
Documental sobre el destape de la larga cadena de presuntos acosos y abusos sexuales, aprovechando su privilegiada posición de poder, del exitoso productor cinematográfico de Hollywood Harvey Weinstein, ganador del Oscar con películas como Shakespeare in Love. Las primeras informaciones de los medios que hablaba de Weinstein como depredador sexual aparecieron en el otoño de 2017, en The New Yorker y The New York Times, posibilitando el nacimiento del movimiento feminista #MeToo, que denunciaba casos semejantes y exigía un profundo cambio de actitudes en el mundo laboral. Dirige la cinta Ursula Macfarlane, obviamente a rebufo del revuelo mediático de las informaciones publicadas, y de las consiguientes citaciones judiciales. Como sugiere el título, los responsables del film tienen el coraje de tocar un tema intocable, aunque a estas alturas Harvey Weinstein sea ya un ídolo caído, sobre el que se permiten bromear los cómicos de turno que antaño habrían doblado ante él, sin dudarlo, el espinazo, para rendirle pleitesía. Porque si algo se colige del documental es que el magnate de Hollywood, a pesar de todo, mantiene poder e influencias, o al menos eso se diría por el hecho de que muchos poderosos, políticos y cineastas, evitan hablar en contra de él. Aquí lo hacen algunas de sus víctimas, que cuentan sus tristes experiencias, algunas trabajadoras de la propia compañía de Harvey, antaño Miramax, otras actrices o aspirantes a serlo, pero casi siempre de segunda fila, que tal vez han visto malogradas sus carreras por el amargo trago, aunque tal vez nunca habrían llegado a ninguna parte por carecer de talento; la única que suena de verdad, y que dice haber podido esquivar los avances poco amistosos de Harvey, es Rosanna Arquette. Ésta es una de las dificultades insalvables del film. Resulta difícil que alguien importante en Hollywood y con una sólida trayectoria admita que sabía lo que Harvey Weinstein hacía, porque la pregunta inmediata es “¿Y por qué no lo denunció?”, además de que se arriesga a caer en el ostracismo. Y es la cuestión de la complicidad, del mirar hacia otro lado de las grandes estrellas y cineastas con poder, aceptando un determinado estado de las cosas, la que se apunta someramente, pero no se llega a abordar a fondo, sólo la menciona Ken Auletta, autor de un perfil en 2002 sobre Harvey Weinstein en The New Yorker, y que dice que en aquella época no logró testimonios suficientes para publicar lo que entonces se decía en voz baja. Aunque hay modos sutiles de criticar los silencios, como mostrar los agradecimientos de los premios de las estrellas, ninguna deja de mencionar a Weinstein, o el compartir mesa de Hillary Clinton con alguien que trata de enterrar su pasado apoyando causas feministas de Planned Parenthood. Por otro lado, se habría agradecido un poco de valor para hablar de las relaciones sexuales consentidas con mandamases, con la idea de prosperar en Hollywood y conseguir un papel: tal vez no sean un crimen punible por la ley, pero tal comportamiento ética y moralmente reprobable permite entender que alguien poderoso se crea con el "derecho" a disponer de la voluntad de las mujeres hermosas que están a su alcance, aunque ellas rechacen sus avances por encontrarlo "repulsivo" u otras razones. El documental, más allá del interés del tema abordado, no resulta especialmente brillante. La narración combina la descripción de la trayectoria profesional de Harvey Weinstein, con las declaraciones de víctimas y compañeros de trabajo acerca las acusaciones sexuales que pesan contra él, lo que incluye mostrar un talento para el business cinematográfico, pero también un carácter explosivo y despótico de su poder, y detalles escabrosos de los acosos. Se culmina de un modo algo precipitado con las menciones a los “scoops” periodísticos, que en el caso de Ron Farrow le ha valido el Pulitzer, y al nacimiento del movimiento #MeToo, mientras algunas imágenes muestran a un Weinstein con pinta de boxeador noqueado, que hace lo que puede por no sucumbir ante los tribunales, mientras su vida profesional y personal ha quedado claramente hecha añicos.
6/10
(2016) | 79 min.

Los sencillos habitantes de la pacífica isla de Kikoriki se embarcan en una gran aventura después de que un científico invente un dispositivo sorprendente: un casco que intercambia la personalidad de un individuo con la de otro.

(2018) | 125 min.
Septiembre de 1979. Peter Strelzyk, electricista descontento, y su esposa, Doris, deciden que sus dos hijos no tendrán ningún futuro en la República Democrática Alemana, por lo que trazan un plan para construir un globo aerostático, en el que poder escapar del bloque socialista. A su aventura se unirán los Wetzel, una familia amiga. Pero un vecino de la Stasi, la policía secreta, comienza a sospechar sus intenciones. El alemán Michael Bully Herbig, más conocido en su país como actor cómico, fue autor de la poco inspirada Vicky, el vikingo. Esta vez reconstruye un hecho real, ya llevado al cine por Walt Disney, en la eficaz Fuga de noche, dirigida en 1981 por Delbert Mann, con John Hurt y Beau Bridges como protagonistas. La revisión se ha rodado en 2018 para preparar las celebraciones al año siguiente del trigésimo aniversario de la Caída del Muro de Berlín, pero curiosamente se estrena en España cuando se cumplen exactamente cuatro décadas de los acontecimientos que narra. Se entiende que esta versión germana se ciñe más a la realidad, al parecer se ha realizado una labor de documentación exhaustiva, entrevistando a testigos y protagonistas de lo ocurrido. Sin embargo, el guión no describe el contexto político, ni siquiera se entiende muy bien en el arranque por qué quieren huir los personajes centrales. Después no se logra dotar de ninguna tensión a la escapada, mientras que la música no está bien utilizada. Se desaprovecha así el correcto reparto, en el que destaca Thomas Kretschmann (King Kong) como el villano. Frente al original, Balloon (globo), se ha escogido como título en castellano Viento de libertad, que hace referencia a que los protagonistas necesitan esperar que el viento sople hacia el norte para poder despegar.
5/10
(2018) | 108 min.
El fotógrafo Richard Billingham ganó el Premio Turner, que se concede al mejor artista británico menor de cincuenta años. Obtuvo las mejores críticas de su carrera en 1997 con la exposición "Sensation", donde dio a conocer una serie de fotografías centradas en sus padres, Ray y Liz, en situaciones cotidianas; después las recogió en el libro "Ray's A Laught". Les retoma en su primer largo como realizador, rodado mucho después de haber firmado el mediometraje documental Fishtank, de 1998. El film comienza mostrando al envejecido progenitor de Billingham, Ray, que ya viejo consume en soledad en una destartalada vivienda las botellas de alcohol que le trae su vecino. Años atrás, atravesaba una depresión como consecuencia del desempleo, mientras todavía convivía con su esposa, Liz, una mujer obesa y tatuada que fuma compulsivamente, sus dos hijos, Richard y Jason, y Lol, su hermano disminuido. La madre se ha gastado toda la indemnización por despido de su marido en alcohol. Los problemas empeorarán porque Will, un matón del lugar, tratará de convertir a Lol en un delincuente, y cuando Jason, el hermano menor se escape de casa. Rodado en 16 mm con una textura similar a la de las grabaciones caseras de pasadas décadas, Ray & Liz tiene un tono cercano al documental. Su autor se ha esforzado por reconstruir con fidelidad los suburbios de Birmingham durante su infancia, y ha utilizado como localización un piso vacío que ha encontrado en su antiguo bloque de viviendas, que él mismo se ha dedicado a empapelar tal y como lo recordaba, y a llenarlo con muebles destartalados. Además, ha escogido a dos protagonistas con un asombroso parecido a sus padres tal y como aparecen en las instantáneas.   El film realiza un retrato demoledor de los desempleados que malvivían de las ayudas gubernamentales, en la era de Margaret Thatcher, criticando que no se daban salidas a la clase obrera. Además de abusar del humor negro, apenas ofrece rayos de esperanza, en la línea del cine de Ken Loach, pero sin la fuerza de este realizador. Alguna secuencia resulta desgarradora, como cuando Liz se encuentra con su hijo fugado, pero no parece preocuparle demasiado que vuelva con ella. Queda como resultado un film agobiante, con interés, pero al que le sobra metraje reiterativo e innecesario. Destaca el trabajo interpretativo de Tony Way (Al filo del mañana), que encarna con gran humanidad a Lol. Pero salvo este personaje, la egoísta Liz, y el alienado Ray, el resto están completamente desdibujados.
5/10

Viernes 13 de Septiembre de 2019

(2019) | 126 min.
Cuando no ha pasado ni un lustro del término de la Guerra Civil Española, Anselmo Rojas cruza desde Francia los Pirineos con su unidad de maquis para llevar a cabo acciones de sabotaje, en espera del advenimiento de la Operación Reconquista, un intento de atacar el valle de Arán, para provocar una rebelión popular. Pero sus compañeros mueren por un fallo al detonar explosivos para volar un puente, mientras que a su superior, Vicente Roig, le arrestan, y él pierde la capacidad auditiva. Tratará de escapar en solitario, mientras le siguen de cerca Darya Sergéevich, una temible francotiradora rusa, y una guarnición de soldados franquistas comandados por el frío Capitán Bosch. Segundo largometraje de ficción de Alfonso Cortés-Cavanillas, que ya manifestó que puede ocuparse de rodar filmes poco usuales para el cine español con la apocalíptica Los días no vividos, fallida, pero que tenía alguna aportación interesante, y estaba correctamente realizada. Ahora, parte del cómic homónimo de David Muñoz, uno de los guionistas de El espinazo del diablo, y Rayko Pulido, para componer una especie de western crepuscular en la España de finales de los años 40. La cinta bebe sobre todo de Quentin Tarantino, especialmente de la bélica Malditos bastardos, hasta llegar al absurdo, en una secuencia de violencia desencadenada en la línea del cine del americano, con unos sobreactuados Antonio Dechent y Manuel de Blas enfrentados al personaje de la rumana Olimpia Melinte, una despiadada malvada de opereta, al ritmo de los compases de “Suspiros de España”. Precisamente ahí reside el punto más flojo de la película. Si normalmente, el cine español guerracivilista tiene problemas para superar los estereotipos, aquí se rompen todos los récords, al presentar a los franquistas como unos malos de tebeo más similares a bestias salvajes que a cualquier otra cosa. En este bando, se salva únicamente Imanol Arias, que sí logra insuflar humanidad a un nacional que ha aprendido a ser ecuánime después de que los republicanos le perdonaran la vida. Entre los republicanos sobresale Asier Etxeandía, que no requiere de los esfuerzos de otros de sus trabajos, pero al que se le da muy bien interpretar al brigadista cuya sordera sería una metáfora de la incomunicación entre bandos irreconciliables. ¿Han pensado los responsables del film en intentar comunicarse o comprender a quienes no piensan como los personajes del lado hacia el que simpatizan? El film también adolece de problemas de ritmo, y abunda en secuencias innecesarias que alargan demasiado el metraje. No obstante, se debe conceder a Cortés-Cavanillas que demuestra talento para componer algunos momentos impactantes.
4/10
(2017) | 94 min.
Cuando dos asaltantes que han irrumpido en su casa atacan a sus padres, la pequeña Jessica abraza a su hermanita menor, Sophie, a la que tapa los ojos y los oídos para que no se entere de lo que está ocurriendo. Dos décadas después, las chicas viven en la misma casa. Mientras que la primera sufre paranoia, la segunda se ha convertido en una gran promesa del piano. Ambas sufren una conmoción cuando se enteran por televisión de que los dos responsables del asesinato de sus progenitores han salido de prisión. El alemán Oliver Kienle dirige a Frida-Lovisa Hamann y Friederike Becht, actrices que como él provienen de la pequeña pantalla, en un correcto thriller que consigue atrapar más o menos al espectador, con un buen punto de partida. Salvo porque los personajes hablan en alemán (obviamente, en la versión original) se distingue poco de algunos productos de Hollywood; el realizador parece estar buscando aposta que le fichen, o que al menos le compren los derechos para un remake. Juega muy bien con la ambigüedad de que lo que ocurre pueda tener una explicación sobrenatural, o bien sea fruto de una mente desquiciada tras haber sufrido un trauma. Aunque se sigue con interés, su desarrollo resulta bastante precipitado, pues entra en el clímax muy rápido, sin describir lo suficientemente a los personajes. Las actrices realizan un gran esfuerzo, pero en cierta medida éste cae en saco roto. Además, algunos giros resultan demasiado forzados, lo que no empaña que pueda servir como entretenimiento menor.
4/10
(2018) | 127 min.
Jerusalén. Sarah y Saleem mantienen una relación adúltera. Sarah es judía, casada con un oficial del ejército, con quien tiene una hija pequeña; Saleem es palestino, también está casado y va a ser padre muy pronto. Una imprudencia y una serie de curiosas circunstancias van a crear el malentendido de que Saleem trabaja para la inteligencia palestina y recluta espías israelíes, entre las cuales estaría Sarah. Un hondo conflicto humano sirve como metáfora de la difícil convivencia entre judíos y palestinos, dos pueblos condenados a entenderse pero que permanecen en permanente conflicto. El director palestino Muayad Alayan arriesga con una historia nada halagüeña que ejemplifica las dificultades de entendimiento entre los dos pueblos, con un guión, escrito por su hermano Rami Alayan, que no elude las coincidencias a fuer de ofrecer una situación insostenible que va generando más y más sufrimiento a todos los implicados. A decir verdad, en algún momento la cosa resulta un tanto kafkiana, pues los protagonistas se ven arrastrados por una pesadilla que se complica más y más y de la que no pueden salir sin fatales consecuencias para todos. Imposible huir del avispero en donde se han metido. Rodada con realismo y con creciente tensión, el meollo de la historia tarda quizá algo en aparecer, pero la película está bien narrada y va adquiriendo poco a poco un tono opresivo y agobiante bastante eficaz, realzado por una fotografía a menudo apagada. Se agradece que Alayan mantenga siempre un gran equilibrio a la hora de retratar a sus personajes, no hay parcialidad hacia judíos o palestinos, y si acaso incluso el cuñado palestino de Saleem sea el que salga peor parado. En realidad, la mirada hacia los personajes es compasiva, son dignos de lástima, porque Los informes sobre Sarah y Saleem es sobre todo un terrible drama humano, en donde a la culpa por la infidelidad, se sumará la vergüenza, la sospecha y el dolor causado a las familias. En este sentido, las historias y reacciones de los cónyuges engañados resultan dignas de crédito. Todos los actores están magníficos.
6/10
(2019) | 116 min.
Stella es una adolescente cuya vida ha transcurrido siempre entre hospitales debido a la fibrosis quística que padece. Su salud es frágil, y el trasplante de pulmones que necesita, en caso de que se lleve a cabo, sólo le ofrece cinco años adicionales. Con ganas de vivir, pero obsesionada con el control, su ordenada rutina sufre un vuelco cuando ingresa en el Hospital Saint Grace Will, un chico de su edad también enfermo, que a pesar de su actitud algo cínica, acaba enamorado de ella, un sentimiento mutuo, pero que han de vivir a distancia, sin contacto físico, por el peligro de una infección mortal. Historia de amor adolescente en la línea de la reciente Bajo la misma estrella. El guion es obra de los desconocidos Mikki Daughtry y Tobias Iaconis, que este mismo coescribieron el libreto de La llorona. Dirige debutando en el largo Justin Baldoni, conocido sobre todo por su faceta actoral, él es Rafael Solano en la serie Jane the Virgin, de la que llegó a realizar un capítulo. Sigue pautas previsibles, donde a la distancia inicial no sólo física que mantienen Stella y Will sigue un acercamiento en que se aprenden a conocer, y en que ella le anima a ceñirse a las pautas de su tratamiento, mientras él le aporta una mayor soltura y despreocupación, para disfrutar el momento. Aunque las intenciones del film son buenas, mostrar cómo se puede disfrutar de la vida a pesar de la enfermedad y el sufrimiento, o el valor de sacrificarse por la persona amada, el amor no es sólo físico, el resultado es irregular, la narración es bastante descuidada. Los personajes secundarios están desdibujados, las enfermeras o las amigas de ella, por ejemplo. Sobre todo resulta difícil aceptar la escasa presencia de los padres de los chicos enfermos en la trama; se concede peso en cambio al amigo de la infancia de Stella, Poe, “casualmente” también paciente del hospital, y gay, una circunstancia metida con calzador. Y la condición YouTubera de Stella no resulta muy creíble, cualquiera que suba vídeos explicando su enfermedad estaría interactuando con muchas personas en esa red social, un detalle que se nos escamotea. Sin demasiado disimulo se quiere apelar al sentimentalismo del espectador, lo que podría ser admisible hasta cierto punto, las sorpresas que se dan Stella y Will acaban siendo muy empalagosas, véanse los globitos púrpura, y el melodramático clímax sobre el hielo resulta a todo punto excesivo, al igual que el visionado de luces con que se sueña ella. Los actores están bien, sobre todo Haley Lu Richardson, aunque también, tras su etapa infantil Disney con Hanna Montana y Zack y Cody, Cole Sprouse y Moises Arias saben crecer con papeles más desafiantes.
4/10
(2018) | 113 min.
Adicto al alcohol y a las drogas, James toca fondo, pero su hermano Bob le interna en una rigurosa clínica de desintoxicación, inspirada por principios católicos. Al considerarse ateo no logra conectar con la doctora que le atiende, Joanne, pero poco a poco ésta se lo va ganando. En el centro coincide con John, un paciente homosexual que se autoagrede, Leonard, un tipo maduro que trata de integrarle en su grupo de amigos y Lilly, que trata de encandilarle pese a que las reglas prohíben estrictamente las relaciones entre pacientes. Tras venderse a la industria con la infumable Cincuenta sombras de Grey, experiencia de la que salió tan escaldada que no repitió en las secuelas, la realizadora Sam Taylor-Johnson vuelve a dirigir a su marido, Aaron Taylor-Johnson, a quien tuvo bajo su batuta en Nowhere Boy, esta vez en un drama basado en hechos reales, para el que ambos han compuesto el guión. Adapta el libro de memorias de James Frey, que causó una enorme controversia en Estados Unidos porque pese a venderlo como autobiográfico tenía pasajes completamente inventados, como la intervención dental sin anestesia, que ha sido recogida en la cinta. Una cita de Mark Twain que aparece al principio del film le quita hierro al asunto: “He vivido cosas terribles en mi vida. Algunas de ellas realmente ocurrieron”. Dejando aparte esta cuestión, el film tiene mucho valor, por su visión del infierno del alcoholismo y las drogas, centrándose en la extrema complicación para desengancharse, y hacer frente al demonio interior que puede arrastrar a las personas a tocar fondo. Se explica muy bien que el propio enfermo puede ser su peor enemigo, al no reconocerse como tal, y estar convencido de que sus adicciones le traen felicidad. De esta forma resulta fundamental encontrar una motivación que le empuje a dejarlas. Estamos ante un film donde cobra una importancia fundamental la relación del protagonista con los secundarios. Por suerte, cuenta con trabajos de primera categoría del reparto, sobre todo por parte del aludido Taylor-Johnson. Pero está bien respaldado por actores reconocidos; brillan sobre todo Billy Bob Thornton (Leonard), Juliette Lewis (la doctora), Giovanni Ribisi (John) y Charlie Hunnam (hermano del personaje central).
6/10
(2019) | 90 min.
Litus se ha suicidado, en un momento de bajón decidió estrellar su furgoneta contra una tapia. Han pasado varios meses, y sus amigos treintañeros siguen afectados, aunque la vida sigue. Convocados al piso que compartía con Pablo, su mejor amigo, por allí aparecen Pepe, que empieza a triunfar en el mundo de la canción; Laia, su antigua novia, y que ahora está con Toni, el hermano de Litus; Marcos, algo deprimido por sus vaivenes sentimentales; y Su, ex pareja de Marcos, y que está a punto de casarse. El motivo de la reunión es despedir de algún modo a Litus, algo que propicia un hecho que todos desconocían: el difunto dejó cartas para cada uno de ellos, que obran en poder de Toni. Producción de A Contracorriente dentro de su alianza con Amazon, y que dirige Dani de la Orden, quien tras la insípida El pregón logró una simpática comedia familiar en El mejor verano de mi vida. Aquí maneja una historia dramática, claramente de tipo teatral, escrita por Marta Buchaca, autora también del guión, y con un escenario casi único, el apartamento de Litus y Pablo. Se trata de pintar a un grupo de Peterpanes que se resisten a crecer, en plena crisis vital, y a los que toca madurar; no por casualidad se cita la película de Kenneth Branagh Los amigos de Peter. Aunque comienza algo cansinamente, siguiendo al indolente Marcos y al más activo José, en un piso iluminado con desgana, la película va creciendo en intensidad, con sorpresas y revelaciones que muestran a unos personajes excesivamente narcisistas, siempre mirando el propio ombligo y con sus sentimientos a flor de piel. De modo que es representativo de una sociedad apática, en que a los personajes les faltan asideros a los que agarrarse fuerte, y en cambio se dejan llevar por las olas de los acontecimientos sobrevenidos. Se trata de una historia hija de su tiempo, que quiere transmitir buenas vibraciones, pero bastante amarga por su nihilismo y pobreza antropológica. Los actores están bien, sin exagerar.
5/10
(2019) | 98 min.
Connor es un joven estadounidense que ha tocado fondo, su hermano le ha birlado a la novia, su madre ha muerto mientras él estaba supuestamente triunfando en el mundo de la canción –en realidad trabajaba limpiando en un bar–, y su padre le reprocha que vaya a lo suyo. Con tendencias suicidas, le salva su afición rayana con la obsesión al Quijote de Cervantes, y la ayuda de su terapeuta Martha, que le presta su anillo mágico, con el que puede pasar un día en el lugar del mundo donde prefiera. Cuando viaja a Madrid, conoce a la chica de los sueños, y repetidamente sigue haciendo viajes a la capital de España en que le toca volver a conocerla como si nunca hubiera estado con ella. Película “indie” gestada a lo largo de varios años por David Hebrero, que ha contado con el apoyo también entusiasta de su coguionista y protagonista Steven Tulumello. Rodada con presupuesto limitado y cámaras digitales, se mira con simpatía por la ilusión que han puesto sus responsables en llevarla a buen puerto, como si fueran unos modernos quijotes deseosos de vivir aventuras, en este caso fílmicas. De todos modos, le falta consistencia y una mejor definición de los personajes, todo resulta algo elemental, de escasas emociones genuinas, pese a los serios problemas que aquejan al protagonista.
4/10
(2019) | 90 min.
Al retirado campeón de automovilismo Jean-Louis Duroc, interno en una residencia de ancianos, le diagnostican Alzheimer. Su hijo acude a visitar a la antigua productora de cine Anne Gauthier, que mantuvo una breve relación con su padre, porque éste aún la recuerda como el gran amor de su vida, así que le pide que acuda a visitarlo, ya que está convencido de que volver a verla le hará mucho bien. Claude Lelouch se enfrenta a su película 49, después de que hayan transcurrido ese número de años y alguno más. Recupera a los personajes de su mayor éxito, Un hombre y una mujer, de 1966, por el que ganó el Oscar al mejor guión y la Palma de Oro en Cannes. Ya rodó una secuela, Un hombre y una mujer: 2ª parte, en 1986, y un film del mismo corte, pero en clave de western, Otro hombre, otra mujer, de 1977. Apela a la nostalgia desde el arranque, cuando una terapeuta del centro en el que vive el protagonista propone a los residentes ejercitar la memoria, recordando la fecha de acontecimientos históricos destacados de las últimas décadas, como la elección de François Mitterrand como presidente, o los atentados del 11 de septiembre de 2001. Un amplio porcentaje de la cinta se compone de flash-backs, en los que en realidad se repite el metraje más destacado de la primera parte (ignorando por completo la segunda), y resuena, como no podía ser de otra manera, el famoso “Ba daba daba”, compuesto para aquélla por Francis Lai. Sin embargo, el visionado resulta ameno, porque ofrece una visión muy optimista de la última etapa de la vida, en la que se nota la sinceridad del propio realizador, que vislumbra que se acerca al final. Se habla también de las oportunidades perdidas para mantener lo que verdaderamente importa, deduciéndose una crítica sin aspavientos a la época en la que triunfó la famosa cinta, cuando faltaba poco para el mayo del 68, y a la época de la contracultura. Entonces se abogaba por el amor libre, lo que implicaba no mantener en el tiempo relaciones que hubieran podido ser más serias y profundas. Como ocurría con sus dos predecesoras, Los años más bellos de una vida se compone sobre todo de conversaciones entre los dos protagonistas, Lelouch debió ser una buena fuente de inspiración para Richard Linklater, para su trilogía iniciada con Antes del amanecer. Enfermo de cáncer en la vida real, el casi nonagenario Jean-Louis Trintignant –más deteriorado físicamente que en Amor, de 2012– mantiene gran parte de su fuerza en pantalla, mientras que Anouk Aimée ha envejecido mejor, y no ha perdido su talento. Sorprende la intensidad de Monica Bellucci, que aparece únicamente en una escena, que quizás aporta poco al conjunto, lo que da igual por su brillantez.
6/10
(2018) | 98 min.
Júlio César, importante psicólogo, se encarama en la cornisa de un edificio con la intención de lanzarse al vacío. Un mendigo que pasa por ahí subirá para hablar con él y le hará cambiar de opinión. A partir de ese momento Júlio César acompañará al “maestro” (como llaman al mendigo) y aprenderá cuál es su visión de la vida y por qué decidió romper con el pasado y empezar de nuevo. Adaptación del libro de Augusto Cury a cargo del brasileño Jayme Monjardim, especializado ante todo en series de televisión. Tiene esta historia un aire de libro de autoayuda, servido con una sensibilidad propia del país de origen, caracterizada quizá por una exposición de ideas demasiado vaga y utópica, aunque sin duda hable de grandes verdades. La denuncia del modo de vida que están alcanzando muchas sociedades capitalistas, donde el individualismo, el dinero y el afán de poder pretenden arrogarse el secreto de la felicidad es sin duda poderosa y digna de elogio, pues responde a una realidad que palpamos todos los días. Obviamente, la felicidad está en cosas muy distintas, como dice este film –en la sencillez y el abrirse a los demás, en dedicar tiempo a los seres queridos–, aunque tantas veces la busquemos en el lugar equivocado. Pero la pena de El vendedor de sueños es que estas cuestiones se plantean burdamente, sin ninguna sutilidad, a través de una historia que se desarrolla con demasiada simpleza y que a menudo resulta muy poco verosímil (véanse como ejemplos modélicos la charlita en el funeral o la intermediación en el robo del bolso). Además, el protagonista de aspecto y actitudes mesiánicas no logra en ningún momento ejercer sobre el espectador el atractivo que se le supone, como tampoco tienen el gancho requerido los personajes que se le unen. En fin, que lo más destacable es sin duda el sentido positivo de la historia.
4/10
(2019) | 111 min.
La directora colombiana Cristina Linares ofrece en esta película tres historias muy humanas que se desarrollan en diferentes puntos del planeta. En Cacula, un reducida comunidad de Angola, el pequeño Santinho se pone enfermo y se teme por su vida; en La Boquilla, Colombia, unos cuantos habitantes luchan por mantener las tradiciones ante la amenaza de perder sus tierras a manos de los especuladores; en Aranjuez, España, una niña se ve obligada a dejar las clases de ballet debido a que su madre está en paro. La concepción del film resulta al comienzo algo desconcertante, pues parece al inicio un documental muy pegado al terreno, en donde se narran dramas cotidianos que afectan especialmente a los niños. Sin embargo, muy pronto salta a la vista que los personajes están actuando frente a las cámaras, pese a que las situaciones y conflictos que se describen puedan ser muy reales y de hecho lo sean. Se trata de una película de presupuesto muy reducido y de hecho se agradece el esfuerzo de la producción, que durante 53 días ha llevado el rodaje hasta tres continentes distintos. Curiosamente, pese a su falta de exotismo la historia que acontece en la localidad madrileña de Aranjuez es la mejor construida y la que ofrece mayor atractivo. Diversas situaciones en los otros relatos resultan más reiterativas (el niño en el árbol, por ejemplo) y además los personajes no llegan tanto al espectador, también porque quedan muy al descubierto las limitadas aptitudes interpretativas de la mayoría de los actores, no profesionales, de modo que algunos diálogos y actitudes suenan artificiosos. De cualquier forma, Semillas de alegría ofrece tres historias sencillas de convivencia en tres puntos del globo que invitan a reflexionar acerca de la infancia y a tener esperanza en la solidaridad entre seres humanos.
4/10
(2018) | 91 min.
De buenas a primeras, Nina, una jovencita de 16 años, se presenta ante sus padres, divorciados, vestida de musulmana y diciendo que se ha convertido el Islam a través de Internet (tan sólo hay que pronunciar unas palabras en presencia de dos testigos). Sus padres, Wanda y Harald, quedan estupefactos, sobre todo la primera, y desde entonces hará todo lo posible por cambiar el modo de pensar de su hija Nina, que ahora se hace llamar Fátima. Película austriaca cuyo título emparenta con el éxito francés Dios mío, ¿pero que te hemos hecho? y cuya temática tiene claros puntos en común con la italiana Si Dios quiere. La guionista y directora Eva Spreitzhofer debuta así tras las cámaras en el largometraje de ficción y lo hace de modo desigual, adoptando un tono de comedia pero que no acaba de arrancar la sonrisa del espectador. Quizá es un problema del humor centroeuropeo, un tanto formal, más alejado de gags sencillos o gestuales o simplemente que no se logra desembarazar del todo del conflicto de fondo, serio de por sí, con lo que pesa una sensación de desconcierto que no termina nunca de desaparecer. Aquí son las situaciones surrealistas las que quitan hierro a las circunstancias y la acercan a la comedia al uso, pero no todos los momentos funcionan tan bien como la secuencia del niqab (vestimenta femenina que sólo deja al descubierto los ojos) o algunos momentos de la comida inicial. La película muestra una familia completamente desestructurada, formada por matrimonios y ex matrimonios con sus hijos respectivos, en donde la religión (cualquiera de ellas) es para ellos cosa de un pasado medieval. Tanto daría que la chica se hubiese convertido al hinduismo o al catolicismo, pues los padres no razonan sobre ello, sólo aprecian el cambio de su hija como una locura mental adolescente, algo negativo que no entra en sus estrechas miras burguesas y acomodadas. En ese sentido se ridiculizan las creencias y hay también cierta crítica a algunos modos de vivir el Islam, aunque todo está plenamente envuelto con el estupor humorístico de la madre, verdadera protagonista de la historia, interpretada por una Caroline Peters bastante eficaz.
4/10
(2019) | 98 min.
Homenaje biográfico a Luis Eduardo Aute (1943), cantautor español con una carrera de más de cincuenta años a sus espaldas, a lo largo de la cual ha ido ganando un enorme prestigio en el mundo artístico, también por su insaciable inquietud creativa, que le ha hecho llegar mucho más allá de la música, dando rienda suelta a su faceta de pintor, poeta e incluso de director de cine. En 2016 Aute sufrió un grave infarto y permaneció dos meses en coma. Nunca se recuperó del todo y a partir de entonces se retiró de la vida pública. Esta situación provocó que sus amigos organizaran en 2018 un concierto en su honor, que tuvo lugar en Madrid bajo el título “Ánimo, animal”. En él importantes personalidades de la música española e internacional se dieron cita para cantar temas compuestos por Aute a lo largo de su dilatada carrera. Serrat, Massiel, Ana Belén, Silvio Rodríguez, Joaquín Sabina, Jorge Drexler, Pedro Guerra, Dani Martin o Rosa León fueron algunos de los artistas que actuaron ante la enorme multitud reunida en el WiZink Center. Aute retrato (magnífico título) es una hagiografía en toda regla. No hay fisuras acerca de la veneración hacia Aute por parte de la narración y de todos las personas que intervienen en ella. El director bilbaíno Gaizka Urresti (Bendita calamidad) aprovecha el material del concierto-homenaje para estructurar su personal ofrenda fílmica al cantautor, de manera que ésta se compone por una parte de momentos del concierto y entrevistas a los intérpretes presentes en él (Serrat, Pastora Vega, Sabina, Ana Belén, etc.), y, por otra, de un relato más cronológico de la vida del cantante, para la cual se incluye mucho material de archivo –entrevistas, actuaciones, fotografías– de las décadas de los 70, 80 y 90 principalmente. Aunque no se toquen demasiado temas personales –la familia, la política–, el resultado es satisfactorio si se quiere conocer la vida y la personalidad de Aute, alguien que verdaderamente parece estar en las antípodas del divo, de la estrella mediática, lo cual no le ha impedido influir a su alrededor. Por otra parte, no cabe duda de que hablar de Aute en España es retrotraerse a la época de la lucha contra el franquismo y que su ideología de extrema izquierda le emparenta con una serie de artistas que enarbolaron la bandera comunista y que influyeron notablemente en la cultura española de los años 70 y 80. Aunque no puede dejar de estar presente ese aspecto, se agradece que Urresti no haya tiznado el documental con el sesgo ideológico y se haya centrado en el hombre, en el artista. En el documental se destaca, por último, la vertiente polifacética de Aute. Fascinado por la pintura, no ha dejado de coger el pincel desde que tenía diecisiete años y con él ha vertido sobre el lienzo sus obsesiones, entre ellas el sexo, la infancia perdida o las referencias religiosas con una fuerte carga de irreverente carnalidad, cuestiones éstas que también pueden apreciarse en sus películas, véase Un perro llamado dolor. Tiene gracia también su faceta de poeta, en donde Aute deja escapar un locuelo sentido del humor, aunque diga verdades como puños: “Quien no tenga sueños… que se disponga a tener dueños”.
5/10

Viernes 20 de Septiembre de 2019

(2018) | 91 min.
Beth, joven retraída que aspira a convertirse en sucesora de H.P. Lovecraft como maestra de la literatura de terror, se muda con su hermana extrovertida, Vera, y su madre, Colleen, a la lúgubre mansión que les ha dejado en herencia una tía. Pero cuando acaban de llegar, dos psicópatas irrumpen en el inmueble… Pascal Laugier contribuyó al nacimiento del nuevo terror francés, o Nouvelle Horreur Vague, de principios de siglo con Martyrs (2008), uno de los títulos más importantes de esta oleada, junto a Frontiers (2007), de Xavier Gens, Al interior (2007), de Alexandre Bustillo y Julien Maury y Alta Tensión (2003), de Alexandre Aja. Pero su paso por Hollywood para el film con Jessica Biel El hombre de las sombras, de 2012, no salió demasiado bien, así que el realizador se había tomado seis años de retiro forzado, en los que sólo ha rodado un corto y un capítulo televisivo. Ahora, regresa al género con un film en la línea de sus inicios, también con giro sorprendente, que parece ser una marca de la casa. Pese a que el realizador se distingue por su violencia incómoda, la abundancia de secuencias brutales incluso para el público acostumbrado a los excesos, y una clara propensión al morbo y a deleitarse con el sufrimiento de sus personajes, logra una enorme potencia visual en espacios opresivos aprovechando al máximo elementos como la casa llena de muñecos antiguos, y la apariencia de los villanos, uno grandote similar a una especie de troll y otro ataviado como una bruja. De igual manera, logra una enorme credibilidad de sus actores, en especial de Emilia Jones y Crystal Reed, que encarnan a la protagonista de adolescente y adulta. Sobre todo, se agradece que no resulte un film del todo vacío, pues aunque no se puede desvelar demasiado, aborda la necesidad de afrontar las situaciones complejas en lugar de refugiarse dentro de uno mismo, y la necesidad del apoyo familiar. Paradójicamente, la conclusión resulta bastante más positiva de lo que permite presagiar el arranque. En cualquier caso, Laugier demuestra que tiene cuerda para rato, y tiene el mérito de que su cine continúe teniendo interés, mientras que el de sus compatriotas, antes mencionados, se ha desinflado en poco tiempo.
5/10
(2019) | 124 min.
Un futuro no muy lejano. Roy McBride ha seguido los pasos de su legendario padre, Clifford McBride, con su dedicación profesional como astronauta. El progenitor dedicó su vida a la búsqueda de vida extraterrestre más allá del sistema solar, pero supuestamente perdió la vida en la misión conocida como Proyecto Lima. Ahora una extrañas tormentas eléctricas están sacudiendo a la Tierra, y todo apunta a que este preocupante fenómeno tiene su origen en Saturno, el lugar donde se perdió el contacto con Clifford años atrás. De modo que encomiendan a Roy viajar a Marte, para enviar desde ahí un mensaje a su padre, en lo que es una misión ultrasecreta. Con apenas media docena de títulos, James Gray ha demostrado ser uno de esos cineastas a los que merece la pena seguir la pista. Tiene un sentido innato de la narración, y no teme tomarse su tiempo, o emplear elocuentes silencios, para contar sus historias. Aunque se inició con cintas policiales (Cuestión de sangre, La otra cara del crimen, La noche es nuestra), pronto quedó claro que le interesaba indagar en los dilemas morales y vicisitudes de las personas, lo que se vio en la cinta romántica Two Lovers, pero también en su mirada a la inmigración al nuevo mundo en El sueño de Ellis, y en la cinta aventurera de exploración de ignotas tierras en Z, la ciudad perdida. Es también el caso de Ad Astra, donde con un guión coescrito con Ethan Gross –apenas conocido por su contribución a la serie Fringe– se mueve como pez en el agua –o nave en el espacio- con una aventura galáctica de ciencia ficción, que presenta elementos que recuerdan al cine de Terrence Malick. No parece casual en tal sentido que el protagonismo recaiga en un excelente Brad Pitt, que también ejerce de productor a través de su compañía Plan B, y que hizo con Malick El árbol de la vida. La película combina sabiamente el drama colectivo –la Tierra corre peligro, el ser humano está en decadencia– con el personal –Roy es un gran profesional, pero está solo, no ha sabido formar una familia, y corre el peligro se seguir los pasos de su padre en su individualismo revestido de preocupación por el bien común–, lo que lleva a la reflexión acerca de la deshumanización de la sociedad –los astronautas que se limitan a cumplir órdenes, sin interrogarse acerca de las razones de sus actos–, y la creciente tendencia al aislamiento, algo paradójico en un mundo tan mediático, donde supuestamente son tan fáciles las comunicaciones, y que contrasta con la búsqueda casi obsesiva de vida extraterrestre. La mirada antropológica abierta a la trascendencia es rica, y gran mérito de Gray estriba en no transitar nunca por caminos tediosos: la voz en off de Roy se introduce con oportunidad y no cansa, y algunos episodios de acción –la parada en la Luna, la atención a una llamada de rescate de una nave...– se convierte en inteligente y no forzado respiro para el espectador impaciente. Pitt sabe sostener la narración, presente en casi todos los planos del film, pero se encuentra bien respaldado por el resto de los actores, claramente en roles secundarios, pero que cumplen a la perfección: Tommy Lee Jones, Liv Tyler, Ruth Negga y Donald Sutherland, los más conocidos, especialmente.
7/10
(2019) | 122 min.
Los Crawley reciben la inesperada noticia de que el rey Jorge V y su familia se hospedarán una noche en su mansión, Downton Abbey, que les pilla de paso en un viaje que llevan a cabo. Los señores de la casa, Lord Robert –Conde de Grantham– y Lady Cora, se sienten honrados, pero por otro lado están intranquilos, pues supone una grave responsabilidad, así que la hija mayor, Lady Mary, decide recurrir al antiguo mayordomo, Carson, porque su sustituto, el antiguo lacayo Thomas Barrow, parece bloqueado por la situación. Pero preocupa la visita real sobre todo a la abuela, la condesa viuda, porque acudirá también su sobrina lejana, la dama de honor de la reina, Lady Bagshaw, que no tiene herederos directos, por lo que debería dejárselo todo a su primo, Lord Robert, aunque no parece dispuesta a ello. Julian Fellowes, creador y guionista de Downton Abbey, había cerrado muy bien las subtramas, después de seis temporadas de la famosa serie británica bastante aceptables. Sin embargo, consigue el milagro de volver a hilvanar conflictos que generan del interés del espectador en un largometraje que continúa la historia de los Crawley y sus vasallos en el mismo punto en el que se había quedado. Resulta meritoria su habilidad para sacar tajada a los numerosos personajes ya conocidos por el público, salvo quizás a Bates, y a los condes. Al tiempo que reincide en su mensaje en tono amable sobre la importancia de preservar la tradición, transmite los cambios que vivió el mundo en los años 20, cuando está condenada a desaparecer la forma de vida que retrata, florecen los movimientos anarquistas y comunistas, los trabajadores se organizan para protestar y los homosexuales empiezan a reivindicarse. Por otro lado, subyace la idea en el libreto de que la Historia es una obra de teatro, donde todos los humanos estarían destinados a interpretar algún papel, por muy secundario que éste pueda ser. Dirige Michael Engler, responsable de algunos capítulos de la ficción, que en realidad no se sale de los cánones de cualquiera de ellos, el film parece uno más de mayor duración, lo que en el fondo no resulta fácil, pues el nivel está alto. Se trata de un trabajo coral con una media actoral de sobresaliente; el espectador habitual ya está casi acostumbrado a los méritos de intérpretes como Jim Carter (Carson), Michelle Dockery (Lady Mary), Laura Carmichael (Lady Edith), Phyllis Logan (Mrs. Hughes), Allen Leech (Tom), y por supuesto la inimitable Maggie Smith (la condesa viuda Violet Crawley), que esta vez maravilla por su enfrentamiento con la recién llegada a esta saga Imelda Staunton (Lady Bagshaw).
7/10
(2019) | 88 min.

Manou es una pequeña golondrina que, tras un incidente, se cría con una pareja de gaviotas. Él crece pensando que es una de ellas, pero pronto descubrirá que nunca será aceptado como tal. Tras varios intentos fallidos por encajar, decide conocer a los pájaros de su misma especie y quedarse a vivir con ellos. Pero pronto, tanto las golondrinas como las gaviotas, tendrán que enfrentarse a un problema de tal magnitud que tendrán que trabajar juntos y, Manou, se convertirá en el héroe que nunca había sido.

(2017) | 85 min.

Nelly es una detective novata pero intrépida y Simon un joven científico inexperto que debe demostrar sus teorías si no quiere perder su trabajo. Ambos deberán trabajar juntos en un caso importante: emprenderán un increíble viaje a las cumbres del Himalaya para probar la existencia del Yeti. Para conseguir su objetivo, Simon y Nelly seguirán las instrucciones del diario de un explorador desaparecido, en el que está marcada la  ubicación de la guarida secreta de esta mítica criatura. Acompañados del sherpa Tenzig y de Jazmín, un alocado pájaro parlanchín, nuestros héroes se enfrentarán a innumerables peligros y divertidas aventuras mientras buscan al legendario YETI.

(2019) | 118 min.
En Luton, un pequeño pueblo de Inglaterra, ha crecido Javed, hijo de inmigrantes pakistaníes. Aunque cuenta con su amigo Matt, a sus dieciséis años Javed lleva una vida tristona, se siente desplazado e incomprendido debido a su procedencia, lo que le ha convertido en un ser apocado, inseguro, incapaz de luchar por sus inquietudes creativas más allá de los poemas y diarios que escribe desde su infancia. Pero algo cambia drásticamente en su vida cuando un nuevo amigo del instituto le deja dos cintas de Bruce Springsteen. Javed quedará como hipnotizado y encontrará en las canciones del rockero de New Jersey la voz de su propio interior. Agradable película sobre las dificultades de integración de un joven idealista para quien su origen pakistaní es prácticamente un obstáculo insalvable a la hora de cumplir sus sueños. No es un tema nuevo para la directora británica de origen indio Gurinder Chadha, cuyo primer triunfo en pantalla, Quiero ser como Beckham, versaba precisamente sobre los problemas que tiene una joven india para jugar al fútbol en Inglaterra. Desde luego en Cegado por la luz el protagonista tiene que afrontar una gran hostilidad por parte de la sociedad, sus compañeros e incluso por su tradicional padre, que no aceptan que dé rienda suelta a sus sueños y que sea capaz de integrarse en el país como un británico más. Ambientada en los nostálgicos años 80, el aspecto musical vuelve a ser aquí el protagonista, como ya lo fue en otro de los grandes éxitos de la directores, Bodas y prejuicios. Resultan de lo más estimulantes los temas musicales que inundan toda la narración desde su comienzo –Pet Shop Boys, a ha, etc.-, hasta que, ya metidos en harina, llegan las canciones del gran Bruce Springsteen, cuyos temas han servido además como hilo conductor a Sarfraz Manzoor para escribir la historia en que se basa el film, que por otra se inspira en personajes reales. En verdad estamos ante un homenaje en toda regla al Boss y las letras de sus canciones casan a la perfección con los sentimientos y frustraciones del protagonista, convertido en un auténtico fanático del cantante estadounidense, hasta resultar incluso divertido, como en la escena en que se declara a la chica en el mercado o en esas en que corretea por las calles de Luton. La puesta en escena ochentera está muy cuidada, con esas ropas y peinados marca de la época, lo cual viene incrementado con el ambiente social del momento, el paro creciente y las protestas contra la entonces primera ministra Margaret Thatcher. Aunque algo forzado (sobre todo en el discurso final, demasiado impecable para un joven de 16 años) y un tanto reiterativo, el film funciona además en el choque generacional entre el protagonista y su padre (por lo demás, un tipo de conflicto demasiadas veces visto), cuyo desarrollo llevará a un colofón muy positivo, más o menos previsible. Y el guión cuida los pequeños detalles que influyen en el protagonista: esa profesora que le empuja a escribir, la complicidad de su hermana, el anciano y lacónico vecino, el padre de su amigo, la chica… El reparto está muy bien, pero hay que felicitar sobre todo a la directora por sacar una soberbia interpretación a Viveik Kalra, que está soberbio y transmite sus cambiantes estados de ánimo de modo impecable.
6/10
(2019) | 125 min.

Año 1714. La ciudad de Barcelona lleva más de un año asediada. Agnès, una joven que vive con su familia, intenta sobrevivir, día tras día. Pero el tiempo se acaba, los recursos se están agotando y parece que la ciudad no podrá resistir mucho más.

(2017) | 86 min.
Una chica contempla desesperada la conversión de su novio en un zombie, que acaba atacándola. En realidad, ambos son actores que ruedan un film de terror de tres al cuarto en una planta abandonada, que en teoría se usaba para tratamiento de aguas, al servicio del director Higurashi. Éste no ha quedado contento con las actuaciones, por lo que acaba discutiendo con ellos, pues no transmiten la emoción que esperaba, así que desesperado abandona el set. Mientras el equipo aguarda su regreso, entre bambalinas uno de sus miembros sale a fumar un cigarro al exterior, donde sufre un inesperado ataque de un tipo que parece estar maquillado para la película, aunque en realidad se trata de un muerto viviente real. Todo un fenómeno en su país de origen, pues costó unos 27.000 dólares, se estrenó en un cine pequeño y gracias al boca a oreja se convirtió en un fenómeno. El realizador y coguionista totalmente desconocido Shin'ichiro Ueda sorprende para bien con este film que a priori parece que va a repetir todos los tópicos del género, pero que sin embargo logra frescura, con algún giro de guión logrado. El título podría traducirse como el plano secuencia de los muertos, lo que viene al caso porque todo el arranque está rodado en un corte único de treinta y tantos minutos que técnicamente casi harían palidecer al Orson Welles de Sed de Mal, el Alfred Hitchcock de La soga, y al Alejandro González Iñárritu de Birdman (o la inesperada virtud de la ignorancia), de no ser porque aquí no existen muchas pretensiones, como mucho hace reír, un poco en la línea de Zombies Party, pero en versión japonesa. Sus actores, la mayoría debutantes procedentes de una escuela de cine, consiguen cierta simpatía, y no sobreactúan tanto como en las comedias niponas. No se ha conseguido sortear del todo el habitual recurso de éstas a chistes facilones, o que parecen demasiado localistas. En el tramo final, se gana incluso a los espectadores con más prejuicios. Acaba convirtiéndose en un sentido homenaje al Séptimo Arte, sobre todo al entusiasmo de quienes tratan de sacar adelante sus proyectos, pero también a los profesionales sin los que ninguna producción podría salir adelante.
6/10

Viernes 27 de Septiembre de 2019

(2019) | 107 min.
19 de julio de 1936. El capitán Barros anuncia el comienzo del alzamiento militar frente al Consistorio de Salamanca. Cerca de allí, Miguel de Unamuno trata de mantener su rutina, y pese a que su familia preferiría que se quedara en casa hasta que se tranquilizase el panorama, sale a tomar café con sus allegados, que debaten sobre lo que está ocurriendo, cuando él parece aún estar asimilándolo. Poco después, se entera de que el gobierno republicano le ha destituido de su cargo como rector vitalicio de la Universidad de la ciudad castellana. Mientras tanto, Millán-Astray anima a su viejo amigo, el general Francisco Franco, a imponerse a la Junta Militar para quedarse al mando del bando nacional, pero éste prefiere maniobrar sutilmente para evitar un paso en falso. La mejor de las tres películas basadas en hechos reales rodadas hasta el momento por Alejandro Amenábar, más reflexiva y madura que Mar adentro y Ágora, y superior a la media de los acercamientos del cine patrio a la Guerra Civil, casi siempre lastrados por el maniqueísmo y el afán propagandístico. Él mismo ha compuesto un guión esforzado, lleno de matices y detalles, junto a Alejandro Hernández, ganador del Goya por Todas las mujeres, y nominado por El autor. Se le puede reprochar que falta algo de frescura en algunos pasajes, como las conversaciones de Unamuno con su nieto, o cuando un soldado le pide un autógrafo, y hasta resultan un tanto grotescos los momentos oníricos en los que con el fin de sacar una lágrima al respetable se sube el volumen de la banda sonora (un trabajo aceptable del propio Amenábar, que no firmaba la partitura desde su biografía de Ramón Sampedro). Pero el realizador logra menos frialdad que en otras ocasiones en algunas secuencias, como la de Millán Astray ordenando que se cante el himno nacional para acompañar el alzamiento de la bandera rojigualda, o en el tramo final, que recrea con rigor histórico el célebre episodio del Paraninfo de la Universidad de Salamanca, del 12 de octubre de 1936, cuando el escritor pronunció la célebre frase “venceréis pero no convenceréis”. Se reivindica la independencia intelectual, defendiendo que el posicionamiento de cada uno debe ir marcado por los hechos y los resultados, no por la pasión, la adscripción incondicional a un bando contra viento y marea o el cainismo. Sobre todo, el cineasta de padre chileno y madre española ha captado la postura del emblemático autor bilbaíno –equidistante entre los radicalismos, y similar a la de muchos españoles–. Desencantado por la República, que no había traído el orden y la prosperidad esperadas, apoya un golpe militar que en principio restituiría la paz. Sin embargo, una vez que se inicia el conflicto, se cometen injusticias y actos de barbarie por ambos bandos, lo que afectó a amigos y familiares de todos los ciudadanos; además, inesperadamente Francisco Franco toma el poder absoluto del lado nacional, con planes muy distintos a los esperados. Tienen interés las conversaciones del protagonista con sus dos amigos más cercanos, donde se defienden actitudes discrepantes, pero se pone de manifiesto el valor del diálogo. En uno de ellos, Unamuno achaca a la izquierda –pese a ser éste el bando con el que simpatiza Amenábar, a tenor de sus declaraciones públicas– su supuesta superioridad moral, y su defensa apasionada de la libertad cuando después se muestra una enorme tolerancia con dictaduras terribles como la estalinista. Todo ello remite a la actualidad, cuando las posiciones siguen siendo igual de extremas; de hecho, llega a tratarse con cierta profundidad el nacionalismo, y los intentos de romper España, tema bastante contemporáneo, con una crítica a quienes atacan por este asunto a vascos y catalanes, cuando también son parte de nuestro país. A Amenábar se le dan muy bien las escenas en las que hace gala de un gran despliegue de producción, gracias a su imaginación visual, lo que deja claro desde el asalto a la Plaza Mayor de Salamanca en el arranque. Pero el film está dominado por secuencias intimistas, en las que aprovecha el talento de la totalidad del reparto. Pocas veces se ha sacado tanta tajada a Karra Elejalde, que expresa muy bien la lucha interna de Unamuno. Pero resulta encomiable la labor de los secundarios, tiene sobre todo cancha Eduard Fernández, que pinta un Millán Astray excesivo, lo que parece corresponderse con la realidad, que defiende la acción directa, frente a quienes se permiten el lujo de opinar, pero desde la distancia. Sorprende mucho la labor de Santi Prego (hasta ahora muy secundario en títulos como La sombra de la ley), un Francisco Franco de apariencia apocada, pero inteligente y maquiavélico, a quien se acusa de haber alargado innecesariamente el conflicto y hasta de agarrarse a la fe católica que profesaban su esposa y su hija conforme a sus intereses. Aunque estos tres personajes copan la mayor parte del metraje, están bien descritos algunos otros, que tienen sus propios momentos de gloria, como el general sospechoso de pertenecer a la masonería Luis Valdés Cavanilles, defendido por un magistral Tito Valverde, o Luis Zahera (el pastor protestante Atilano Coco) y hasta los femeninos, que en principio tenían menos parcela en esta historia, como Patricia López Arnaiz (María, hija de Unamuno), Nathalie Poza (esposa del alcalde de Salamanca) e incluso Mireia Rey (una Carmen Polo que ayuda a Unamuno a salir del campus).
6/10
(2019) | 89 min.
Treinta y siete años después de su creación, Sylvester Stallone cierra la saga protagonizada por uno de sus personajes más emblemáticos, John Rambo. Nació en una época en donde el fracaso de la Guerra de Vietnam aún escocía en Estados Unidos y el cine denunciaba a menudo los traumas causados por el conflicto con un tono realista y amargado. Acorralado mostraba cómo la sociedad había dejado de lado a sus héroes y lo que éstos habían aprendido en la jungla para sobrevivir. Pronto se convirtió en un clásico de las películas de acción. La calidad de las siguientes partes no elevó el listón, desde luego, pero en 2006 Stallone recuperó al personaje en John Rambo, le dotó de mayor humanidad, dispuesto al fin a cerrar sus heridas, abandonar la selva y volver al hogar, a Arizona. Trece años después llega Rambo: Last Blood. John lleva una vida idílica en el rancho familiar, criando caballos. Le acompañan una abuela mexicana y su nieta, Gabriela, a la que Rambo ha criado y adora como si fuera su hija. Pero su tranquila vida va a quedar hecha trizas cuando la incauta jovencita es raptada por un cártel mexicano de trata de blancas. La ira tomará cuerpo en Rambo, que no descansará hasta recuperar a su pequeña. El guión es obra del propio Sylvester Stallone en colaboración con Matthew Cirulnick y es un ejemplo de cómo coger directamente el toro por los cuernos. Aquí nadie se pierde en la jungla, ni se va por las ramas. En 89 minutos vemos cómo se las gasta un John Rambo más desatado que nunca. En verdad que se ofrecen un par de escenas de una inusitada violencia y –aviso para navegantes– una de ellas quedará para siempre grabada en la retina, no apta para el público impresionable. Hay que reconocer el magnífico pulso en la dirección por parte de Adrian Grunberg, que ya demostró su talento en la única película en su haber, Vacaciones en el infierno. Sabe dónde poner la cámara e imprime un ritmo adecuado, con las elipsis y los tiempos bien confeccionados, y con una intensidad que va ‘in crescendo’ hasta el paroxismo final. Antes se nos ha preparado levemente, claro, con una bucólica calma hogareña, con paseos a caballo y conversaciones paternofiliales, al tiempo que comprobamos las luchas de Rambo por escapar de sus demonios bélicos del pasado, algo que desde luego no ha conseguido, pues sus tierras ocultan una red de túneles más propio de las trincheras de una guerra apocalíptica que de una vida retirada y pacífica. Puede achacarse al film que es directamente una exaltación de la venganza. Lo es. Aquí el héroe encarnado por Stallone da rienda suelta a su faceta más salvaje y justiciera, y lo hará de un modo implacable y premeditado, consciente de que la misericordia es imposible ya porque su corazón ha sido aniquilado. Y hay que decir que el actor mantiene el tipo extraordinariamente ¡a sus 73 años! Al fin, tras el subidón de adrenalina los fans agradecerán con entusiasmo el nostálgico epílogo, que recoge durante los títulos de crédito imágenes de todas las películas de una saga que, aunque les pese a muchos, se ha convertido indudablemente en clásico. Rodada en su mayor parte en las Islas Canarias, entre el reparto, destaca una terna de actores españoles de primera categoría: Óscar Jaenada, Paz Vega y Sergio Peris-Mencheta bordan sus personajes mexicanos, correctamente escritos y desarrollados.
6/10
(2018) | 99 min.
La jovencísima viuda Ratna abandonó su pueblo natal para instalarse en Bombay, donde ejerce como asistente de Ashwin, chico de buena familia. Con el dinero que recibe le paga a su hermana mayor los estudios que ella no pudo tener. Su jefe, que atraviesa una depresión porque ha roto con su novia poco antes de la boda, al descubrir una infidelidad, le apoya cuando ella decide pasar unas horas diarias como aprendiza de un sastre, ya que siempre soñó con dedicarse a la alta costura. Entre ambos surge la atracción. Tras haber firmado previamente un documental, la india Rohena Gera produce, escribe y dirige su prometedora ópera prima en la ficción, una positiva apuesta por el poder del amor para romper todas las brechas, incluso en un país donde desde tiempos ascentrales está prohibido relacionarse entre las diferentes castas. Bajo la sencilla apariencia del relato se oculta una compleja disección del país, con costumbres rancias, que hasta irritarán al espectador occidental, como que los criados coman en el suelo; aunque las nuevas generaciones evolucionan poco a poco, se señala también que los chicos de buena familia del momento actual –al menos los de las grandes ciudades– están abiertos a cambiar las injusticias. Sobre todo se habla de la necesidad de luchar para hacer realidad las aspiraciones, por mucho que parezcan imposibles, o haya que hacer frente a estúpidas habladurías de gente que no tiene nada mejor que hacer. Todo está contado con detalles, como los brazaletes de moda que la protagonista se tiene que quitar cuando le toca visitar su pequeña localidad. Lo mejor, los trabajos de Tillotama Shome (Ratna) y Vivek Gomber (Ashwin), que interpretan con sutilidad, en apariencia sus personajes no se han enamorado, al estilo de Lo que queda del día, pero el espectador está viviendo que algo les está revolucionando por dentro. Ambos se lucen, sobre todo ella, particularmente en la escena en la que ella baila, y después suben juntos en ascensor.
7/10
(2019) | 180 min.
Yaojun y su esposa, Liyun, están de duelo tras la muerte del pequeño Xingxing. No han reparado en el dolor que padece el mejor amigo del niño, Haohao, que le acompañaba cuando tomaron la fatídica decisión de ir a nadar en un embalse. Tiempo después, la desconsolada madre se queda nuevamente embarazada, pero tras un chivatazo de Haiyan, progenitora de Haohao, le obligan a abortar, por las leyes del gobierno chino que sólo permitían un hijo por familia. Destrozada, Liyun acaba mudándose con Yaojun a un pueblo remoto, donde ambos adoptan a un niño huérfano. Lo malo es que con el paso del tiempo éste se convierte en un adolescente rebelde, que comete un robo en su centro escolar, y se niega a pedir perdón. Con la que se ha convertido en su película más conocida, La bicicleta de Pekín, Wang Xiaoshuai logró en 2001 el Oso de Plata y el Gran Premio del Jurado en el Festival de Berlín. Dieciocho años después se ha hecho con los premios al mejor actor y a la mejor actriz con un drama, también escrito por él, que mediante la historia de las dos familias protagonistas recoge todos los cambios sociales y la evolución del régimen comunista de China desde la década de los 80. Se trata de su proyecto más ambicioso, de mayor presupuesto y el más largo, y puede confundir inicialmente al espectador, pues sus secuencias no se desarrollan cronológicamente, parecen estar unidas porque expresan sensaciones parecidas. Con una puesta en escena naturalista, Xiaoshuai ofrece un duro retrato social, que no oculta críticas claras a la represión llevada a cabo por el Partido Comunista durante la Revolución Cultural, donde se encarcelaba a la gente por ‘delitos’ como tocar música occidental. En especial se pone en solfa al temible control de natalidad por parte del estado; parece que al realizador se lo han permitido porque ahora la legislación se ha relajado, en teoría, pues se mantiene el límite de dos hijos por pareja… ¡y además hay que rellenar solicitudes para ello! Temible el segmento en el que los protagonistas son reconocidos con una distinción por formar una familia ejemplar, pese a que les han hecho acabar con la vida de su futuro bebé. Por otro lado, parece que finalmente se reconoce a la cúpula política que el país ha avanzado, o sea una de cal y otra de arena… Pero sobre todo, Hasta siempre, hijo mío se centra en los cambios que estos años han traído en las personas individuales, y aborda de forma positiva el sentimiento de culpa, que puede destrozar a quien lo padece durante toda su vida. Cuenta con un reparto ejemplar, de actores capaces de expresar cómo afecta el paso de un largo período de tiempo a sus personajes, con poco maquillaje. Sobresale la hasta ahora muy secundaria y desconocida fuera de su país Yong Mei (Liyun), pero también Jingchun Wang (Sombra) como Yaojun. Aunque se trata de un film de metraje largo, unas tres horas, la última resulta tan emotiva que no se tiene la sensación de que sobre nada.
7/10
(2019) | 90 min.
Pese a haber afrontado un doloroso divorcio, las cosas parecen ir bien para el cuarentón y padre de un hijo adolescente Fred Bartel, al frente de una compañía que realiza diseños para perfumes y cosméticos. Pero Hacienda descubre que ha mentido, domiciliando la entidad en un barrio pobre, para lograr incentivos fiscales previstos para quienes den trabajo a los desfavorecidos. Cuando le dan a elegir entre pagar un pastizal como sanción, o trasladarse realmente con sus trabajadores a la zona periférica parisina, Bartel escoge lo segundo. Acaba en la Corneuve, zona muy conflictiva, donde los recién llegados no parecen encajar demasiado bien, aunque el jefe contratará a un tipo que le suplica que le dé un trabajo, Samy, guardia de seguridad que resultará de gran ayuda. Nicolas Duval Adassovsky, uno de los productores de Intocable, está detrás de esta comedia que pretende ir en la misma línea, pues acumula chistes sobre el contraste de clase social entre los dos protagonistas principales, al tiempo que muestra la realidad de las zonas más pobres de Francia, dándola a conocer en tono amable, sin ocultar problemas que han dado lugar a terribles disturbios. No en vano, la realización le ha sido encomendada a Mohamed Hamidi, que abordaba con gran sentido del humor la disparidad entre inmigrantes y franceses de origen en sus dos anteriores trabajos, Mi tierra y La vaca. Quizás no resista comparaciones con el film sobre el millonario tetrapléjico y su asistente, y se le podría haber sacado algo más de jugo al punto de partida. Pero logra arrancar carcajadas, en momentos inspirados, como el recorrido turístico en autobús de los subalternos de Bartel por la nueva ubicación de su empresa, o la lección de Samy para integrarse en el barrio. A Gilles Lellouche se le da tan bien el terreno de la risa como actuar en dramas del nivel de En buenas manos, y forma buen tándem con el menos conocido Malik Bentalha, secundario en las dos anteriores cintas del director.
6/10
(2018) | 105 min.
Un grupo de amigos, compañeros de universidad, donde estudiaron informática, se reúnen para compartir un fin de semana en un refugio de montaña en los Picos de Europa. En bastantes casos hace tiempo que no se ven, y para algunos es la ocasión de presentar a sus parejas, esposas o novios. Ejerce de anfitrión Rafa, que con David formaba el alma de la pandilla de amigos. Y en efecto, de nuevo vuelve a mostrar su poderosa personalidad, cuando comienza a hablar con tintes oscuros de lo vulnerables que somos a los ciberataques a través de internet. Los juegos para adivinar los passwords de los amigos dan paso a una inesperada revelación. Rafa ha logrado desencriptar uno de los archivos supersecretos de Julian Assange, el impulsor de Wikileaks, que se supone son su seguro de vida para no sufrir “accidentes”. Y ahí se ocultaba una revolucionaria aplicación de realidad aumentada que podría cambiar el rumbo de la historia de la humanidad. Una agradable e inesperada sorpresa, que sabe cambiar el paso a lo que parece la típica película de reencuentro de amigos que se van a tirar los trastos a la cabeza con reproches del pasado, para crear intriga de la buena. El debutante Manolo Munguía, director y guionista, combina sus conocimientos de ingeniería de telecomunicación y realización cinematográfica para orquestar, con presupuesto limitado, actores poco conocidos y mucho entusiasmo, un inquietante thriller que advierte del lado oscuro de la tecnología, con una fuerza que ya quisieran para sí algunos episodios de la tan cacareada serie Black Mirror. Quizá no es perfecta, pero tiene un buen guion, buenas explicaciones informáticas no sólo para frikis, inteligentes giros, un ritmo adecuado, y engancha al espectador. Los trazos de los personajes pueden ser algo elementales, pero sirven al deseado propósito de distinguirlos y diferenciarlos, con eficaces conflictos. Como defectos, hay que señalar unos pocos diálogos que deberían estar más pulidos, y algunas escenas montadas un tanto rudimentariamente.
6/10
(2019) | 0 min.

Patrizio Etxebeste (Ramon Agirre) se ve obligado a dejar la alcaldía “por problemas de salud”. Para no perder el mandato del ayuntamiento, nombra a su mujer Maria Luisa (Elena Irureta) la primera mujer alcalde del pueblo. Maria Luisa se tomará muy en serio su nuevo trabajo, y cambiará de arriba a abajo el funcionamiento del ayuntamiento, poniendo patas arriba su relación de pareja y el ambiente de casa.

(2019) | 98 min.
La carrera de la ególatra diva del cine de autor Julie Varenne está en declive, así que acepta el consejo de su agente, que sugiere que sorprenda al público, protagonizando una comedia sin pretensiones, a punto de rodarse. Pero antes de incorporarse al set, se somete a un tratamiento estético para quitarse unas arrugas que sale mal, lo que le produce una horrenda hinchazón en los labios. Para poder salvar su carrera pondrá en marcha un plan loco, que consiste en pedirle que le sustituya a una modesta peluquera a la que acaba de conocer, que se parece bastante a ella. La desconocida fuera de Francia Anne Giafferi, que tiene en su haber numerosísimos capítulos de series y dos largometrajes, escribe y dirige un producto que no aspira a salir mucho de la rutina, trae a la mente relatos de gemelos intercambiables, como Tú a Boston y yo a California, El príncipe y el mendigo, El prisionero de Zenda y hasta Vaya par de gemelos, con Paco Martínez Soria. Sin embargo consigue bastante humanidad, y está rodado con gracia. Pese a su aparente ligereza, encierra bastante contenido, sobre todo en torno al vacío que produce la separación familiar, pero también subraya la necesidad de las personas del entorno para poder afrontar el día a día, el peligro de sufrir un trauma en la infancia, que puede perseguir al individuo toda la vida, y la diferencia de clases sociales. Sobre todo, seducirá a los conocedores del Séptimo Arte, y sobre todo a los profesionales del sector, por su divertido tratamiento del cine dentro del cine, pues se muestra con mucho humor desde un junkett de prensa hasta las relaciones con maquilladoras, regidores y resto de personal de una filmación. Todo está al servicio de la veterana Mathilde Seigner, que no sólo se luce bastante en un doble papel, sino que además parece tomarse con bastante humor tanto su profesión como su edad. Prácticamente eclipsa a un reparto sin fisuras.
6/10