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Calendario estrenos cine

2019

Viernes 08 de Noviembre de 2019

(2019) | 97 min.
Una estupenda película de animación de producción española, que tiene detrás al veterano Sergio Pablos, quien ha desempeñado diferentes tareas en títulos tan importantes como los de la factoría Disney El jorobado de Notre Dame, Hércules o Tarzán, además de aportar el argumento de Gru. Mi villano favorito. Aquí debuta en la dirección con una trama original suya, que imagina cómo Santa Claus, o aquí, Klaus, llegó a convertirse en la entrañable figura que trae regalos a los niños con ocasión de la Navidad. Todo comienza con el indolente joven Jesper, que no se toma en serio su trabajo en el servicio de correos, el negocio familiar que él debería continuar. Harto de su frivolidad, su padre le destina a la gélida población cercana al Polo Norte de Smeerensburg, donde debe poner en marcha una oficina, que no abandonará hasta que haya logrado tramitar 6.000 envíos. A regañadientes se traslada ahí, y aquello resulta ser aún peor de lo que imaginaba, a las bajas temperaturas y lo inhóspito del lugar, debe sumar la división del pueblo en dos mitades, pues los clanes de los Krum y los Ellingboe son enemigos desde tiempo inmemorial. De hecho, la maestra del lugar, Alva, ha renunciado a su tarea de dar clase a los niños y sobrevive... ¡vendiendo pescado! Jesper intuye que no lo va a tener fácil para incentivar los envíos postales, hasta que conoce a Klaus, un fabricante de juguetes anciano y malhumorado, que vive solo en una cabaña del bosque. El gesto altruista de entregar un juguete a un niño triste iniciará una cadena de envíos que podría dar la vuelta a la sombría atmósfera que siempre ha reinado en Smeerensburg. Klaus sorprende porque nunca se convierte en el clásico título empalagoso, con individuo gordo vestido de rojo vociferando “jo, jo, jo”, del que tanto ha abusado el cine. La trama explica cómo algunos de los elementos que se asocian al personaje acaban formando parte de su imaginería, pero lo hace con ingenio, y armando una historia sólida, donde juega un papel principal la “extraña pareja” que forman el locuaz Jesper y el silencioso Klaus, quienes acaban madurando y complementándose, o esa división del pueblo en facciones irreconciliables. La idea de que una buena acción puede echar a rodar, como si de una bola de nieve se tratara, otras buenas acciones, funciona muy bien. Además es simpático el diseño de los personajes, muy estilizados, y hay algún secundario encantador, sobre todo la niña lapona Márgu. También hay acierto en los escenarios, que no buscan el realismo desaforado, y que tienen algo de gótico, hacen pensar en los títulos animados de Tim Burton, aunque evitando lo siniestro. El film contiene buenas escenas de acción, y momentos divertidos, que aseguran el entretenimiento de pequeños y adultos.
7/10
(2019) | 135 min.
Casi diez años después de Pequeñas mentiras sin importancia, el grupo de amigos de antaño vuelve a reunirse, algo que no logran con facilidad. La ocasión de los 60 años de Max parece perfecta, y el resto de la pandilla decide darle una sorpresa y presentarse en su casa en la campiña. No parece una buena idea. Separado de su mujer, y con una nueva relación, se encuentra bastante deprimido, su situación económica no es boyante, y está buscando comprador para la casa, algo que no ha explicado a su ex ni a sus hijos, para quienes tal decisión sería sin duda un berrinche. Max tiene idea de echarlos a todos, pero se ablanda, además Eric, que viene acompañado de un bebé, su hija, y la niñera, anuncia que ha alquilado un casoplón en línea de playa donde lo van a pasar en grande. Y nos vamos poniendo al día acerca de Marie, con un niño, y que echa de menos al hombre de su vida, mientras desatiende los requerimientos de Eric, enamorado de ella. Guillaume Canet insiste en su celebración de la amistad –los amigos están para lo bueno y para lo malo, nunca deberían fallar, y menos en las horas malas–, ahora con un guión coescrito con Rodolphe Lauga, donde se ahonda en la idea de personas que han de hacerse cargo de su edad, aceptar sus limitaciones, dejarse ayudar, sentar la cabeza. De modo que se conjuga lo trágico y lo cómico, los vericuetos sentimentales, la nostalgia por el pasado simbolizada en la casa de Max, y los pequeños dramas que te ponen el corazón en un puño, la aventura de navegación de los hijos. A pesar de su largo metraje, superior a las dos horas, se trata de una película coral que no se hace larga, porque es conscientemente ligera a pesar de tratar los grandes temas de la vida y sus múltiples personajes, aunque podamos considerar a François Cluzet con su Max como protagonista. Está compuesta de pequeñas situaciones bien planteadas e hilvanadas, y con un magnífico reparto, que vuelve a encontrarse muy a gusto dirigido por el también actor –aquí detrás de la cámara– Canet.
6/10
(2018) | 93 min.
El mundo de las apariencias, de quien vive banalmente y por encima de sus posibilidades, fiándolo todo a las riquezas, hasta que al final se estrella. Sofía es una mujer casada, con tres niños, que disfruta de una magnífica mansión con un gran jardín, y que ocupa el día en no hacer nada, o sea, ir de compras, jugar al tenis, chismorrear con sus amigas ricas como ella. Pero México, bajo la presidencia de José López Portillo en 1982, va a padecer una severa crisis que va a sacudir también a Sofía, la burbuja en la que vive está a punto de estallar. Alejandra Márquez Abella, guionista y directora, nos cuenta una historia que transcurre en un universo no muy diferente al de Roma, de Alfonso Cuarón, aunque aquí la fotografía sea en color, y el punto de vista el de los ricos venidos a menos en vez del de una criada, con enormes dificultades para sobrellevar la humillación de no poder mantener su despilfarrador estilo de vida, que supone tarjetas de crédito rechazadas, o la reclamación por parte del servicio de los sueldos no pagados; o también el de ver con envidia el ascenso de una recién llegada, que además desconoce los ridículos códigos de lo que es elegante y lo que no. Acierta Márquez Abella con la utilización del subtexto de una célebre canción de Julio Iglesias, en efecto Sofía y compañía se han olvidado de vivir, no distinguen lo importante de lo accesorio, y se mueven en el quehacer cotidiano como auténticos zombies. Ilse Salas hace un magnífico trabajo protagonista, toda la trama gira alrededor de ella, quien sabe soportar bien tal responsabilidad, aunque ciertamente bien arropada por el resto del reparto.
6/10
(2019) | 100 min.
Película escrita y dirigida por Lulu Wang, cineasta nacida en China, pero formada en Estados Unidas, donde reside. La trama parte de su experiencia personal, lo que se nota, para bien, y se centra en Billi, una joven de origen chino, pero que se trasladó a Nueva York con sus padres cuando era una niña. Tiene dificultades para vivir una vida independiente, y a ello se suma una terrible noticia, a su abuela Nai Nai, a la que siempre ha estado muy unida, le han diagnosticado un cáncer terminal, y apenas le auguran tres meses de vida. La familia decide ocultar la enfermedad a la anciana, y hacen planes para reunirse todos en la ciudad de Changchun, con la excusa de la boda de un primo de Billi con una chica japonesa. De modo que los dos hijos de la enferma, que viven fuera de China, y el resto de la parentela, podrán despedirse de Nai Nai. Siguen calando en Estados Unidos las historias de chinos afincados ahí, tras el inesperado éxito de Crazy Rich Asians. Aquí tenemos una comedia amable, que invita a considerar las diferentes costumbres en Oriente y Occidente. En efecto, para un no-chino –y Billi, que casi toda su vida la ha pasado en Estados Unidos, de hecho habla con dificultad el idioma de sus ancestros, podría considerarse en parte una no-china–, resulta incomprensible que no se le comunique a Nai Nai su grave estado de salud, para que pueda exprimir los días que le quedan, despedirse, arreglar asuntos pendientes, etcétera, pero como el film sabe apuntar, late también el altruismo en la decisión de no decir nada a la afectada, de modo que es la familia la que asume la pesada carga. El film dibuja muy bien a los numerosos personajes, incluso los que tienen una presencia menor, como el gordito adolescente Bao, pegado a la pantalla de su teléfono móvil, por citar sólo un caso. Y centra la atención en la perplejidad de la protagonista, toda emotividad, Awkwafina sabe encarnar muy bien su manojo de sentimientos contradictorios, donde conviven la pena, la sensación de que debería decir algo a su abuela, y la comprensión de que también hay algo noble en el otro punto de vista. Además, ella misma no es sincera con sus padres, pues les oculta por ejemplo que le acaban de denegar una beca. Resulta entrañable el dibujo de la relación abuela-nieta, pero también tienen entidad las conversaciones de Billi con su padre y su madre, y con su tío, o las más colectivas reuniones familiares, que sirven para abordar la cuestión de la inmigración y cambio de país, con lo que conlleva de nuevas costumbres y conservación de las del país de origen, el famoso choque cultural. Los pasajes emotivos conviven con los humorísticos, en perfecto y suave equilibrio, evitando cualquier tipo de estridencias.
7/10
(2019) | 103 min.
Helga Pato ingresa a su marido en una institución mental tras comprobar en él un comportamiento desequilibrado. Un día de vuelta coincidirá en el tren con un médico de la institución que empezará a contarle el extraño caso de Ángel Sanagustín, uno de los internos más extraños que tuvo... El donostiarra Aritz Moreno debuta en el largometraje con esta comedia rarita, rarita, basada en una novela de Antonio Orejudo supuestamente igual de estrambótica: "Imaginemos a una mujer que al volver a casa sorprende a su marido inspeccionando con un palito su propia mierda", así comienza. Como se ve, el esqueleto del film es muy simplón (un viaje en tren en donde charlan dos pasajeros), simple excusa para introducir cada una de las historias de que se compone la película, a cada cual más retorcida y peculiar, por lo que podrían haberse añadido más y más relatos sin que se modificara el planteamiento, porque trama propiamente dicha no hay. Y porque muy pronto nos damos cuenta de que aquí lo único que importa es la singularidad de cada historieta, da igual si es la de Helga y su marido, la que cuenta (o inventa) el doctor en el tren o la que puede leerse en la carpeta roja sobre los internos del hospital. La cosa es epatar al espectador. Hay que reconocer originalidad de las narraciones, todas bastante descacharrantes. Sin embargo, los responsables de Ventajas de viajar en tren denotan tal gusto exagerado por lo bizarro y morboso que pueden echar para atrás a parte del público, hasta el extremo de generar repulsión. Aunque el episodio más explícito y redondo es el de la mujer-perra, una especie de fábula cercana al terror que bien podría entenderse como una metáfora del abuso machista, lo cierto es que las demás historias, claramente inferiores, son igual de surrealistas, insólitas y tendentes a lo desagradable. La sensación es que el novelista Orejudo y el guionista Javier Gullón (Invasor) han dado rienda suelta a su imaginación más calenturienta y enfermiza y… ¡hala, a ver qué sale! Que el conjunto resulte confuso y sin orden interno no les importa lo más mínimo. De hecho, Aritz Moreno afirma explícitamente por medio de un personaje que “la realidad y la verosimilitud están sobrevaloradas”. Toda una declaración de intenciones que también funciona como parapeto de trampas e incoherencias. Pese a tratarse de una comedia, no estamos ante una película para todos los paladares. Se abusa de muchas y grotescas situaciones sexuales, así como de ciertos momentos que lindan con el gore. Se agradece que el director no se recree demasiado en las imágenes y que muchas veces decida mantenerlas fuera de campo. Pero eso no impide que sobrevuele en el conjunto un tufo bastante insano. El reparto es fenomenal y variado, también con algunos rostros muy conocidos que apenas cuentan con unos minutos en pantalla. Todos ellos hacen un trabajo notable, desde el divertidísimo Ernesto Alterio (magnífico su arranque) hasta la esquizoide pareja formada por Pilar Castro y Quim Gutiérrez, pasando por un Luis Tosar muy pasado de rosca.
4/10
(2019) | 110 min.
Conan, detective convertido por sus enemigos en un niño, no puede salir de Japón, porque su pasaporte no se corresponde con su nueva apariencia. Se perderá el combate de artes marciales al que quiere asistir, en Singapur, donde el ganador recibirá como recompensa un valioso zafiro azul, que tras haber permanecido durante siglos bajo el mar, después del hundimiento del barco pirata que lo transportaba, ha sido recuperado por el millonario que organiza la competición. El chico llegará a su destino de la forma más insospechada, cuando le secuestra su archienemigo el ladrón Kaito Kid, que aspira a robar la joya, pero necesita su ayuda para encontrar al culpable de un delito del que se le acusa. Si Conan no colabora, no le devolverá a su país de origen. Nuevo largometraje (al parecer hace el número veintitrés) del personaje creado para las viñetas por Gosho Aoyama, que dio lugar a una popular serie televisiva en 1996. Fue un éxito en su país de origen, Japón, donde tuvo siete millones de espectadores, por lo que no cerrará la saga. Como es habitual, desarrolla una trama detectivesca que recuerda a las novelas de Agatha Christie, pero con numerosas escenas de acción. Supone el debut en el largometraje como realizador de Tomoka Nagaoka, hasta ahora responsable de numerosos capítulos de series como ¡No es mi culpa el no ser popular!. Se nota que cuenta con un presupuesto pequeño, que sólo le permite recurrir a una animación limitada, pero al menos ésta resulta lo suficientemente efectiva, y los elaborados fondos muestran lugares emblemáticos singapurenses, que se presentan con cierto tono didáctico. El film resulta ameno, aunque puede resultar un poco complejo para los recién llegados a la saga que no estén familiarizados con los numerosos personajes.
5/10
(2019) | 90 min.
Proceso de gestación del álbum “The Hope Six Demolition Project” de la cantante británica Polly Jean Harvey (más conocida como PJ Harvey), publicado en 2016. Se trata de un trabajo discográfico muy personal, pues es fruto de un singular viaje en donde PJ Harvey acompañó al cineasta irlandés Seamus Murphy en su visita a tres lugares muy distantes del planeta: Kosovo, Afganistán y Washington D.C. Esa experiencia visual y vital dio lugar primero al libro de poemas “The Hollow of The Hand”, al disco anteriormente citado y también más tarde a este documental que recoge imágenes de los lugares visitados y las desenfadadas sesiones de grabación del disco que tuvieron lugar entre enero y febrero de 2015. PJ Harvey: A Dog Called Money está escrito y dirigido por Seamus Murphy, quien también ejerce de director de fotografía y productor de la cinta. Con PJ Harvey ya había trabajado previamente en una serie de cortometrajes reunidos bajo el título Let England Shake, pero éste es su primer largometraje de cierta entidad, aunque no deje de ser un trabajo muy minoritario. Ofrece dos líneas narrativa, una que recoge imágenes de los distintos lugares del mundo –Kosovo, Afganistán, Washington– visitados por PJ Harvey y otra que plasma diferentes momentos en el estudio de grabación en Londres, concebido a modo de pecera en donde espectadores externos podían observar lo que se hacía dentro sin ser vistos. Con su trabajo Murphy y PJ Harvey se acercan al mundo de los desfavorecidos, ámbitos en donde la violencia, la pobreza, la injusticia y la miseria moral inunda las vidas de las personas que allí se encuentran. Las letras de las canciones de Harvey son sencillas, formadas por breves frases metafóricas, a modo de poemas, con versos a menudo repetitivos, cuyo mensaje de denuncia acaba calando en el oyente gracias al ritmo musical conferido por su banda: saxo, batería, teclado, flauta, etc. Aunque el resultado final no sea especialmente significativo, hay cierta originalidad en la propuesta y gustará a los fans de PJ Harvey.
5/10
(2019) | 125 min.
El noruego Roald Amundsen (1872-1928) es uno de los más importantes exploradores de la historia. Es conocido sobre todo por haber dirigido en 1911 la primera expedición que llegó al Polo Sur, venciendo en su carera al británico Robert Scott, casi tan célebre como él. Pero Amundsen no se paró en aquella hazaña y siempre quiso emprender cualquier aventura con tal de ser el primero en realizarla. Su arrojo era asombroso. Sin embargo, su personalidad era difícil y tenía un carácter individualista que con facilidad le distanciaba de las personas que tenía alrededor e incluso de sus seres más queridos. Esta película arroja luz acerca de las hazañas de Amundsen, llevadas a cabo en la segunda y tercera décadas del siglo XX. Tras la cámara se sitúa quizá el director noruego de mayor proyección internacional en la actualidad, Espen Sandberg, que tiene en su haber películas importantes como Max Manus o Kon-Tiki y que dio el salto internacional sobre todo con Piratas del Caribe: La venganza de Salazar. Ahora, como en las dos primeras películas citadas, vuelve a centrarse en un héroe de su país ampliamente conocido por el público. El guión de Ravn Lanesskog se centra en tres aspectos de la vida de Amundsen: sus viajes, su amor por distintas mujeres y la relación con su hermano. Es esta última cuestión la que proporciona las mejores claves para conocerle como persona y casi la que ejerce como columna vertebral del film. Funciona magníficamente en este sentido el arranque, con la sincera conversación nocturna entre el hermano y la amante, un buen modo de introducir la historia del héroe ausente y generar interés. Sin embargo, aunque la película es correcta, tiene en contra algunas particularidades que restan emoción. En primer lugar, la personalidad de Amundsen es poco atractiva, un tipo seriote y envarado, con modos de actuar poco agradables. La primera discusión en el Polo Sur con un hombre de su expedición o el desprecio que le hace a su hermano en una de las recepciones finales enmarcan ese aspecto que se repite en la narración. En segundo lugar, hay poco énfasis en las hazañas, se pasa por ellas de refilón, de modo que la escasa épica de lo que vemos no le hace ningún favor. Por último, aunque hay un cuidadoso y realista diseño de producción, la trama es siempre tristona, huye de momentos intensos, de planos o secuencias llamativas (qué poco partido se saca al ataque del oso, por ejemplo), lo que genera una sensación algo plomiza, más si cabe durante la última media hora. Destaca el tratamiento fotográfico de Pål Ulvik Rokseth y entre el reparto sobresalen especialmente Christian Rubeck y Katherine Waterston, en los papeles del hermano Leon y la prometida de Amundsen, Bess Magids. Mientras que el actor Pål Sverre Hagen logra de sobra el objetivo de hacer distante al protagonista.
5/10
(2019) | 109 min.
Destiny es una joven que entra a trabajar como stripper en un club nocturno. Allí pronto se siente utilizada por sus jefes y comprende que tiene poco poder para hacerse valer. Encontrará lo que busca gracias a Ramona, una experimentada prostituta que es la reina del baile en el lugar, capaz de camelarse a los clientes más pudientes. Ambas se harán íntimas y los negocios irán viento en popa. Hasta que llega la crisis y entonces Ramona, Destiny y otras chicas diseñarán un plan para robar a sus clientes. La directora y guionista Lorene Scafaria, que entregó la correcta Una madre imperfecta, pincha en hueso en su siguiente film, Estafadoras de Wall Street, una frívola historia en torno al mundillo de las strippers que se inspira en la historia real publicada en diciembre de 2015 por Jessica Pressler, la periodista que destapó las criminales artes con las que un grupo de estas trabajadoras de la noche desplumaron a sus clientes durante años. Es posible que el delicado material con el que juega Scafaria le haya jugado una mala pasada, pero se queda en la parafernalia banal (y venal) y está claro que el guión resulta bastante pobre y poco imaginativo, escaso de momentos de interés. Y es que estamos ante la típica película ligerita cuyo único reclamo es la cuestión del morbo sexual por mucho que se disfrace la trama de un asunto criminal. El film centra burdamente su poder de atracción en los encantos sensuales de Jennifer López, que demuestra estar en forma y que busca epatar desde su primera aparición, haciendo un descocado y largo numerito en la barra del club nocturno. Será el gancho para que la protagonista –una correcta Constance Wu– quede prendada de sus habilidades y quiera seguir sus pasos. La maestra y la aprendiz se ponen entonces en marcha y a partir de ahí la película acumula tópicos –las strippers superamigas, madres amorosas de día y prostitutas de noche, las socias delictivas tan cortitas, el simplón modus operandi, etc.– mientras que el desarrollo de una trama de entidad es inexistente. El espectador acabará agotado con tantos grititos, besitos, abracitos y escenas donde la víctima de turno cae en las redes sexuales de sus depredadoras. Hay muy poco más. Y Scafaria es reiterativa en las escenas de engaño (los numeritos privados, los clientes en el bar) y se detiene sin razón alguna en momentos anodinos que no aportan nada (esa agotadora y absurda tarde navideña), además de mostrarse torpe a la hora de estructurar su historia, lo cual lleva a desaprovechar a una actriz de peso como Julia Stiles.
3/10
(2017) | 101 min.
Cuando Doni pierde el trabajo entra en una espiral negativa que acaba llevándole a la ruptura con su mujer y a plantearse seriamente el suicidio. Doni no es feliz, siente que su vida no es del todo suya, no puede hacer lo que desea, se siente coaccionado socialmente por todos lados. Coincidirá en esa visión con tres personas más: su amigo David, productor de cine; el ex policía Max; y el hacker internacional Jack. Los cuatro están dispuestos a hacer ver al mundo que el actual sistema social coarta la libertad del individuo y no está funcionando. Película española que supone el debut de David Sousa Moreau, autor también del guión y productor del film. Al decir de Sousa la película se gestó durante un periodo de más de quince años y ha contado con un limitado presupuesto de seis mil euros, cuatro mil de los cuales han sido destinados a pagar impuestos. Vistas así las cosas se entiende que Reevolution sea una película muy personal, ambiciosa, que responde a una visión reivindicativa de su autor, quien plantea cuestiones tan interesantes como utópicas, como la de implantar un sistema sin países, donde cada individuo geste su propia vida sin apenas injerencia de los estados. Hay en ese planteamiento –tan razonable a priori si se tiene en cuenta la variedad de injusticias que se viven a diario– una inocencia también absurda, la propia de algo no sólo irrealizable en el plano social, sino que da por hecho cierta visión antropológica demasiado buenista, falsa a todas luces de lo que podría ser una vida más justa si cada uno viviera sólo por su propio interés. Esto no significa que no haya que aplaudir cierta valentía en el desparpajo con que Sousa plantea la cuestión antisistema, pero de ahí a resultar verosímil hay un trecho. Películas como V de Vendetta, de clara influencia en el film, funcionan precisamente por su carácter de parábola de ficción. El limitado presupuesto se deja ver claramente en el desarrollo narrativo, especialmente en el deficiente uso de la cámara en las pocas secuencias de mayor acción y en la utilización exagerada de elementos como el sonido o el montaje para dinamizar una trama que muchas veces se ve supeditada a largos parlamentos con que los personajes explican su comportamiento. Tampoco el tono fotográfico ayuda a olvidar que estamos ante un film de corte casi amateur, aunque a Sousa no le falte talento a la hora de planificar las escenas. Ha contado, eso sí, con un reparto apañado, que logra aportar cierta credibilidad, con rostros conocidos como los de Fele Martínez, Gorka Otxoa o Hovik Keuchkerian.
4/10
(2019) | 94 min.
Sorprendente creación distópica de un trío virtualmente desconocido, los guionistas David Desola y Pedro Rivero, y el director Galder Gaztelu-Urrutia. Aunque habían trabajado en alguna producción de interés, sobre todo Psiconautas, los niños olvidados, nada hacía prever el “pelotazo” que ha supuesto El hoyo, no sólo por su triunfo en el Festival de Sitges con el premio a la mejor película, sino porque cautiva en cualquier certamen internacional donde se programa, como ha ocurrido en Toronto. El planteamiento es sencillo, y remite a otros títulos como Cube, pero está muy bien desarrollado, y con los suficientes elementos para hacer progresar la acción hasta un desenlace, que quizá puede parecer algo brusco, pero que resulta coherente y satisfactorio. Con propósitos desconocidos, alguien, “la Administración”, ha diseñado un plan, una sociedad, el hoyo, en el que participan personas voluntariamente, a cambio de algo, tal vez un “título homologado”. Los que ingresan en el hoyo, se despiertan por parejas en un nivel, el que les designan, no se sabe siguiendo qué criterio. En el nivel cero se prepara un espléndido banquete, donde hay comida suficiente para que se alimenten todos los que integran esta suerte de experimento social. Pero ocurre, como en la vida, que los de arriba se aprovechan, comen más de la cuenta, de modo que la comida y su apetitoso aspecto mengúa, a medida que desciende de nivel. Estar en un nivel muy bajo supone no tener casi qué comer, y pensar en otras formas de conseguir alimento lo que incluye el canibalismo. La trama se centra en Goreng, que ha elegido como elemento que llevar consigo, el único que le permiten, un ejemplar de “El Quijote”, lo que dice mucho de su personalidad, frente a otros que han escogido un arma u otro objeto supuestamente más útil. Compartirá nivel con Trimagasi, anciano experimentado que ya lleva algunos meses en el hoyo, y que se maneja con un particular código ético, mientras mina la confianza y principios quijotescos de su compañero. Es cierto que una vez planteada la trama, la película que dirige Gaztelu-Urrutia sigue derroteros algo previsibles en lo que supone bajadas y subidas de nivel, y nuevos compañeros, además de excesos sanguinolentos. Pero el conjunto atrapa la atención del espectador, y sirve como fábula social, en que se nos invita a la esperanza, siempre hay alguien revestido de rasgos mesiánicos que puede incentivarnos ante una panorama existencial deprimente. El cineasta maneja imágenes poderosas de las profundidades y las alturas, o de esa mesa que desciende, y cuyo espléndido festín pronto puede convertirse en un conjunto de despojos donde sólo el hambre puede invitar a comer de ahí. Los actores, todos desconocidos menos Antonia San Juan, están bien, hay que destacar los trabajos del protagonista, el televisivo Ivan Massagué, de un Emilio Buale relegado a secundario desde la lejana Bwana, y el veterano que supone un verdadero descubrimiento Zorion Eguileor.
6/10
(2019) | 107 min.
Valioso documental en torno al célebre cuadro de Diego Velázquez de “Las meninas”, orquestado por Andrés Sanz, licenciado en Bellas Artes y con estudios de cine, que aquí ofrece su primer largometraje de larga elaboración, más de cinco años. El resultado es fascinante, de los que pueden crear afición, también entre el público más joven. Sorprende la originalidad de la propuesta, que se aleja de otros planteamiento de documentales en torno al mundo de la pintura más convencionales. Aquí se juega con la nostalgia del propio director, que confiesa en el arranque del film haber estado dando vueltas al cuadro, incluso con sueños recurrentes, desde la infancia. Y con la fascinación que suscita la insólita propuesta de Velázquez, un cuadro en torno a la infanta Margarita y sus meninas, con más personajes de su corte, pero también con la presencia fantasmagórica de sus padres los reyes en el espejo, y la nada habitual del propio pintor, pintando el cuadro que podría ser, o no, el de “Las meninas”. Sanz suscita la curiosidad del espectador con la de Eusebio Poncela mirando por el ojo de una cerradura, tratando de atisbar la habitación donde se produce la escena que reproduce el cuadro. Y hay algo de investigación detectivesca, incluso con el uso de imágenes de una película de Sherlock Holmes, a la hora de tratar de interpretar el lienzo, lo que representa, las intenciones que guiaron al artista, un intento de decodificación que divide a los expertos, restauradores, historiadores, artistas, entre los que se encuentran Jonathan Brown, Manuela Mena, Javier Portús, Matías Díaz Padrón, Félix de Azúa, Francisco Calvo Serraller, Keith Christiansen, Michael Gallagher y Antonio López. Todos muestran pasión por el cuadro, y conviven visiones diversas, que en los extremos serían la de que el cuadro es lo que es, no habría que darle más vueltas, y los que consideran que ahí está escenificada incluso un deseo sucesorio de Felipe IV, interpretación audaz que no convence a los escépticos. Unas y otras ayudan a meternos en la época y en los años y circunstancias de composición del cuadro, entre 1656 y 1659. En cualquier caso, Sanz sabe crear misterio e intriga en una narración dividida en capítulos, muy ágil en los cortes con las opiniones de los especialistas, con buen uso de la música, y aún más de la animación con stop-motion para recrear el espacio del cuadro de “Las meninas”, y movernos por ahí y hacernos así una composición de lugar. Verdaderamente se nota que hay detrás horas de trabajo, también para encontrar las declaraciones de Dalí sobre el aire del cuadro, el modo en que se exponía el cuadro con un juego de espejos hace ya tantos años, o la inclusión de fragmentos de recreaciones fílmicas de la corte de Felipe IV y la ejecución del cuadro.
7/10

Viernes 15 de Noviembre de 2019

(2018) | 75 min.

Bob y Max, un castor y un gato algo alocados, deben enfrentarse a una trepidante y peligrosa misión: liberar a los animales del Planeta Tierra capturados por unos malvados extraterrestres que viajan por toda la galaxia buscando nuevas especies para exhibirlas en el zoológico espacial.

(2019) | 210 min.
La historia del gangsterismo alrededor del IBT, el sindicato de transportes más importante en Estados Unidos, contada desde el punto de vista de Frank Sheeran con amplio lienzo. Este personaje de origen irlandés, reconoció poco antes de morir en 2003 a Charles Brandt –autor del libro “Heard You Paint Houses”, en que se basa la película– haber asesinado al misteriosamente desaparecido desde 1975 Jimmy Hoffa, presidente del IBT. Martin Scorsese demuestra encontrarse en plena forma creativa, y se nos presenta como auténtico “superhéroe” del cine de personajes y tramas de entidad, dotado de unos “poderes” en la línea de sus dos mejores películas gangsteriles, Uno de los nuestros (1990) y Casino (1995), pero quizá más sabio por más experimentado, los años cuentan. Su film, producido por Netflix, pero con otros pesos pesados como el propio Robert De Niro y el veterano Irwin Winkler, conocerá un estreno limitado en salas de cine, concesión a los cinéfilos y al propio director, pero, los tiempos mandan, su difusión masiva toca en la plataforma de streaming. El experimentado director maneja aquí un sólido guion en solitario de Steven Zaillian, libretista con el que había trabajado en Gangs of New York (2002). Funciona muy bien la estructura narrativa de encapsulamiento de tres hilos, a modo de muñecas rusas: la voz en off de un Frank Sheeran ingresado en una residencia de ancianos, que cuenta el viaje en automóvil que realiza con su mentor Russell Bufalino y las esposas de ambos, para acudir a una boda, y la primera parada frente a una estación de servicio, que sirve para evocar el pasado, cómo se conocieron y el modo en que se produjo su ascenso en el sindicato de transportes y en el mundo criminal en los años de la presidencia de John Fitzgerald Kennedy. Lejos de ser caprichosa, tal estructura responde a una perfecta lógica interna, cuyo sentido se constata cuando en el último tramo acaban uniéndose los hilos hasta quedarnos con el de Sheeran envejecido. Están impregnadas las imágenes de un agradecible clasicismo, incluidos algunos elegantes planos secuencia, y eso que la labor de edición de la habitual colaboradora de Scorsese, Thelma Schoonmaker, es altamente meritoria, a las tres horas y media de metraje no parece sobrarle un solo plano, su labor es auténtico encaje de bolillos. Y al final lo que se nos cuenta con enorme habilidad y con una violencia más contenida de lo que Scorsese acostumbra, sin moralina facilona pero con un indudable punto de vista moral, más nítido que en otros filmes del italoamericano, es la historia del progresivo descenso a los infiernos del protagonista, Frank Sheeran. Su alma cada vez se encuentra más emponzoñada, al aceptar ejecutar personalmente despiadados asesinatos, pero hábilmente se nos presenta un contrapunto interesante, el de una de sus cuatro hijas, Peggy, cuyas miradas, de niña, y luego convertida en mujer, vienen a ser como la voz de la conciencia que le recuerda la inmoralidad de sus acciones. Los dramas personales se combinan con el telón de fondo histórico, sugiriéndose una explicación acerca de la invasión de Bahía de Cochinos ordenada por JFK, y su posterior asesinato, hechos en los que habría tenido que ver la mafia, molesta por la actuación del aguerrido fiscal general Robert Kennedy. Y tienen mucha fuerza los personajes principales, y las relaciones que se establecen entre ellos, singularmente las de Sheeran con su mentor Buffalino y con Hoffa, el hombre al que debe proteger. En tal sentido los actores están soberbios. Las técnicas digitales utilizadas para rejuvenecer en algunas escenas a los personajes no distraen, y tenemos a un magnífico Robert De Niro, del que se pinta una evolución plausible, un Joe Pesci inesperado, porque no hace el papel que habríamos pensado, está muy contenido, y Al Pacino –aquí, sí, por fin, podemos decir que tenemos una película que comparten de verdad con De Niro–, que sabe componer al sindicalista que quiere nadar en un estanque de lodo sin embarrarse e imponer su punto de vista por considerarse intocable. El resto del reparto tiene menor presencia, pero está perfectamente escogido, y cada uno brilla entregándose en las escenas que les tocan.
9/10
(2019) | 152 min.
Años 60. En Ford creen que están perdiendo la carrera de la imagen pública y la modernidad frente a empresas automovilísticas como Ferrari, apreciadas por los apasionados de la velocidad por su participación en prestigiosas carreras. Tras dar un paso en falso para comprar Ferrari, que atraviesa problemas económicos –Fiat se acaba llevando el coche al agua–, en Ford deciden contraatacar en el terreno en que los italianos son líderes, fichando al diseñador automovilístico Carroll Shelby, que además es el único estadounidense que ha ganado la carrera de Le Mans. Apartado del circuito por problemas de corazón, Shelby quiere contar con su amigo Ken Miles como piloto, lo que choca con la visión de los capitostes de Ford, a los que gusta tener todo bajo control, lo que no será posible si Miles maneja el volante. Película basada en hechos reales, que funciona tan maravillosamente bien como uno de los Ford GT40 que tan buen papel hicieron en Le Mans en 1966 y años sucesivos. Tras Logan, quizá su mejor película hasta la fecha, James Mangold sigue demostrando ser un sólido director, cada vez más seguro, nunca se pasa de frenada, ni acelera locamente su película hasta dejarla sin control. Firman el guion que dirige los hermanos Jez y John-Henry Butterworth, ambos avezados en libretos inspirados en hechos reales –Caza a la espía, I Feel Good, Black Mass–, junto a Jason Keller. No figura acreditado Mangold, aunque a buen seguro que ha contribuido a la forma final del libreto. El film sabe combinar la épica deportiva de la competición ­– las imágenes introducen al espectador dentro del coche, casi se siente el contacto de las ruedas sobre el asfalto y el vértigo de la velocidad–, con una mirada al mundo de la empresa a menudo fría, donde imperan los egos y la visión del “business is business”, y a las relaciones humanas, sobre todo a la amistad entre Shelby y Miles, de caracteres muy diferentes, pero también al entorno familiar del piloto. Algunas de las escenas sobresalen por su fina escritura y ejecución en imágenes. Por ejemplo, en una película en que dominan los hombres, tiene perfecta lógica la escena de la discusión con Mollie, la esposa de Miles, en que ella conduce el automóvil a lo loco, para afirmar su personalidad y el deseo de que el otro sea franco al hablar de sus planes profesionales, lo que sirve para dar poderosa presencia a Caitriona Balfe, conocida por Outlander. Los pasajes que comparten unos estupendos Christian Bale y Matt Damon están muy bien pensados y sirven para mostrar su conexión, pero también su distinta personalidad. Quizá se cargan las tintas en los ejecutivos de Ford –Leo Beebee, interpretado por Josh Lucas, se lleva la peor parte con su exagerado personaje, frente a unos medidos Lee Iacocca (Jon Bernthal) y Henry Ford II (Tracy Letts)–, pero se logra no caer en el ridículo, sino todo lo contrario, en la escena en que Shelby monta a Ford en el GT40, y la idea del helicóptero sirve para apuntalar las distintas concepciones empresariales de Ford y Ferrari.
7/10
(2019) | 97 min.
El parado en apuros Santi gana un pastizal en la lotería, nada menos que veinticinco millones de euros. Pero decide ocultarlo en su entorno hasta que termine su proceso de divorcio, para no tener que pagarle la mitad a Mayte, su ex, de la que sigue enamorado, además de que le fastidia que parece estar haciendo buenas migas con un tipo odioso. Más centrado en los últimos años en la televisión, Álvaro Fernández Armero no rodaba para el cine desde Las ovejas no pierden el tren, de 2014. Siguiendo la tendencia española de versionar grandes éxitos de otros países, en la línea de Perfectos desconocidos y Padre no hay más que uno, se ocupa del remake de la francesa Ah! Si j'étais riche, que tenía a Jean-Pierre Darroussin y Valeria Bruni Tedeschi al frente del reparto, estrenada sin pena ni gloria en España en 2002 con el mismo título, Si yo fuera rico, que alude al famoso tema musical de El violinista en el tejado (“Dubi dubi dubi du”). Se aprovecha bien el punto de partida, dando lugar a momentos divertidos, y tiene buen fondo, se habla de que el dinero puede resultar de gran ayuda, pero no lo es todo, y de que merece la pena luchar para mantener el amor, en lugar de tirar la toalla a la primera de cambio. En general, la mayor parte del público saldrá satisfecha, porque ofrece lo que se promete. Sin embargo, produce la sensación de que los elementos de la trama podrían dar más de sí, si se hubieran cuidado más algunos aspectos, sobre todo con un ritmo más dinámico; también habría hecho falta pulir el guión, pues algunos personajes aportan poco, otros no están del todo definidos, y sobra algún leve recurso zafio. Alex García tiene fuerza, pero despunta más en dramas como La novia que en comedias estilo Gente que viene y bah. Un actor con mayor vis cómica, como el mismo Dani Rovira, habría sacado mayor tajada a las mismas escenas. A su lado cumplen profesionales como Alexandra Jiménez, Adrián Lastra, Jordi Sánchez y en apariciones más breves Isabel Ordaz y Antonio Resines. Atención al talento de la desconocida secundaria Bárbara Santa-Cruz, que da lugar a los pasajes mejor resueltos como policía.
5/10
(2018) | 94 min.
Tras conocerse durante el 15-M, los cineastas indignados Xavier Artigas y Xapo Ortega se han especializado en mostrar situaciones de desidia administrativa. Denunciaron un escandaloso caso de corrupción policial en Ciutat Morta, y hablaron de inmigración en Tarajal. Ahora, recuperan este último tema, en un duro largometraje centrado en la figura de Idrissa Diallo, guineano de veintiún años que en 2012 falleció en un centro de internamiento de extranjeros (CIE) de Barcelona, en circunstancias no aclaradas. Después de seis meses de instrucción, la magistrada archivó el caso. Los cineastas investigan si hubo un crimen racista, e inician –a través de la cooperativa audiovisual Metromuster, su productora– una colecta de fondos con el objetivo de trasladar el féretro –enterrado en un nicho anónimo– a Tindilla, su pueblecito natal, para que su familia le pueda dar sepultura. Supone una dura crítica hacia el tratamiento que las autoridades españolas ofrecen a los inmigrantes, denunciando desidia, a la hora por ejemplo de ofrecer atención médica a Idrissa, o de pisotear la dignidad de un fallecido, por las enormes trabas que la administración pone a la hora de repatriar el cuerpo. A diferencia de otros largometrajes que cuentan la historia que han elegido desde fuera, éste transmite una enorme implicación de sus responsables, pues serán figuras decisivas no sólo al tratar de esclarecer los hechos, también porque al final tendrán un papel clave a la hora de devolver la dignidad al protagonista. Quizás el film tenga un tono reivindicativo y alarmista un tanto exagerado, pues se transmite la idea de que el gobierno español maltrata por sistema a todos los recién llegados en situación irregular. Pero el conjunto resulta interesante, sobre todo en lo que se refiere a las entrevistas a ciudadanos guineanos que conocían al joven, y a varios familiares. De esta forma, se subraya que no se trataba de un mero número en las estadísticas, sino de un ser humano con aspiraciones, y allegados. La cinta resulta emotiva en su tramo final.
5/10
(2019) | 128 min.
En 2007 Rodrigo Sorogoyen rodó un corto tremendamente eficaz e impactante, titulado igual que este film, Madre, que entre otros logros fue nominado al Oscar. Transcurría casi en su totalidad en el interior de un apartamento, donde Elena, una angustiada madre, separada, mantenía contacto telefónico con su hijo pequeño Iván, el padre le había dejado solo en una playa desierta, donde se adivinaba que corría peligro, por la aparición de un extraño, tal vez un pervertido. Ahora Madre debería titularse “Madre 2”, porque viene a ser la secuela de ese corto. Lo que ocurre es que esta nueva Madre puede permitirse el lujo de engullir el corto, que se convierte en prólogo o detonante de la nueva trama, vuelto a rodar, eso sí, con la misma actriz, la murciana Marta Nieto. La idea es dar respuesta a la pregunta de qué fue de esta madre, tras la tragedia de la desaparición de su hijo, sobre todo en lo relativo a restañar sus hondas heridas afectivas. Para ello nos trasladamos diez años después del suceso a la pequeña población playera donde el pequeño fue visto por última vez, allí, en el País Vasco francés, Elena se ha afincado, trabajando como encargada de un pequeño restaurante, con la secreta esperanza de volver a ver un día a su pequeño. Ahora que ha conocido a Joseba, ese nuevo amor podría permitirle pasar página. Pero la llegada con su familia de un veraneante francés, Jean, un adolescente con la edad que ahora tendría su hijo, produce una conmoción y maraña de complejos sentimientos en Elena. Quizá la pega del nuevo film escrito por Sorogoyen con su habitual coguionista Isabel Peña es haber hecho un largo muy largo, donde las complicaciones amorosas pueden ser algo retorcidas, mientras se juega la carta de la ambigüedad, no siendo muy explícitos acerca de lo que bulle en la cabeza de los personajes, toca al espectador imaginarlo. ¿Ve Elena en Jean un sustituto de su hijo, o aquello es algo más… “complicado”? ¿A Jean le da pena “la loca de la playa” –así han conocido a Elena durante años los lugareños–, o se ha despertado un amor adolescente por una hermosa mujer madura, que en efecto, podría ser su madre? Las dudas planean en la narración, pero entretanto no acaba de convencer la actitud de Joseba como convidado de piedra, o la de la familia de Jean, pintados como burgueses timoratos que no expresan a las claras lo que piensan, hasta que llegue el momento de explotar. El director sigue demostrando que es muy potente visualmente, su cámara sabe aprovechar el gris paisaje playero, que contagia al espectador el “mood” triste de la protagonista, que se está iluminando por un nuevo “sol” levemente. Y dirige bien a los actores, que resultan convincentes, tanto Nieto –tremenda la escena con su ex marido, donde destila toda su amargura–, como el recién llegado Jules Porier, o el veterano todoterreno Álex Brendemühl.
6/10
(2019) | 106 min.
Henri Mohen es un escritor que alcanzó la gloria con su primera novela, y que recuerda con nostalgia su etapa italiana, en que rebosaba creatividad y talento. Pero luego se casó con Cécile, tuvo cuatro hijos, y su obra posterior no tuvo la misma repercusión, aunque ha seguido publicando. Con los cuatro hijos ya adultos, y una esposa insatisfecha de vivir en una casa en la campiña junto al mar, lejos de París, en la vida de todos reina una suerte de descontento. Una noche lluviosa, un enorme perrazo se cuela en la finca, y aunque al principio quieren echarlo, acaba cayéndoles en gracia, al tiempo que le bautizan como Stupid, o sea, Estúpido. El can combina una serie de cualidades –no es ruidoso ni ladrador, pero parece continuamente en celo, y es un poco “destroyer”–, acaba convertido en símbolo de la frecuente estupidez humana. Adaptación de un relato del escritor y guionista hollywoodiense John Fante (1909-1983), cuya trama ha sido trasladada y adaptada a la idiosincrasia francesa, está detrás de ella, como realizador y también como coguionista, Yvan Attal, quien además se ha reservado el papel protagonista, concediendo el segundo rol principal a Charlotte Gainsbourg, que es además su esposa en la vida real y madre de sus tres hijos. No alcanza las cotas de brillantez que sí mostraba en la precisamente titulada Una razón brillante, quizá hay un error de casting en estos dos personajes centrales, a pesar de ser buenos actores y ser auténtica pareja, pues resultan antipáticos en exceso, con su existencia gris y el desencanto vital que parecen transpirar por todos sus poros. Es cierto que estamos ante la adaptación de un autor asociado al llamado “realismo sucio”, pero falta el punto de emoción y pasión que exige una historia fílmica, acaba imponiéndose una indolencia irritante. La narración está estructurada con los capítulos de la nueva novela que Henri se esfuerza en escribir, y sirve para explorar temas como la crisis de la mediana edad, la paternidad no demasiado bien ejercida, o el modo en que se permite que el amor matrimonial envejezca y se marchite. En algún momento puntual asoma lo que quizá se busca, una luz que brille en la oscuridad, la catarsis a través del arte literario, pero no se logra que tales ocasiones eleven el conjunto entero, como debiera ser.
5/10
(2019) | 92 min.
Carbondale, ciudad universitaria del medio oeste en Illinois. Harper sufre acoso a través de mensajes de texto de su ex novio, un chico con problemas con el alcohol. Ocultando con ayuda del maquillaje que éste la ha dejado un ojo morado, decide salir para olvidarse del problema por Halloween, con Bailey, su mejor amiga, y dos compañeras de piso. Tras conocer al atractivo Nathan y a su amigo borracho, Evan, el grupo acaba en una carretera rural solitaria, donde se ha instalado una atracción de mansión del terror que promete una experiencia extrema a quienes se aventuren a traspasar su umbral de entrada. Aunque son testigos de algunos sucesos extraños, piensan que forman parte del espectáculo, pero empezarán a preguntarse si no están realmente en peligro cuando una de las chicas desaparece. Eli Roth (Hostel) apadrina como productor este film escrito y dirigido por Bryan Woods y Scott Beck, que formaron parte del equipo que escribió la extraordinaria Un lugar tranquilo. Si aquélla lograba una enorme frescura, aquí parece que se ha buscado todo lo contrario: rodar el típico producto para que los jóvenes entren al cine durante la fiesta de las calabazas. Hasta los disfraces de los psicópatas parecen querer recordar a Ghostface, de Scream, o Leatherface, de La matanza de Texas. Sin embargo, están trabajados los escenarios de la casa por la que se mueven los protagonistas, con habitaciones que tienen espejos deformantes, o decorados con telarañas y ambientaciones variopintas propias del fantaterror. Alguna secuencia genera tensión, sobre todo aquélla en la que los personajes deben meter el brazo en un orificio al estilo de Vacaciones en Roma. Se agradece que se le haya buscado un trasfondo a la protagonista, una joven que se ha buscado a un abusador como novio, tras haber perdido su autoestima debido a una traumática infancia. Ayuda a hacerlo creíble el trabajo de la desconocida Katie Stevens (The Bold Type). Una pena que no se haya realizado el mismo esfuerzo para desarrollar un poco al resto de personajes.
5/10
(2019) | 99 min.
Pertenece The Audition a ese conjunto de películas que se ambientan en el mundo de la clásica, profesores y alumnos que trabajan duro para descollar, gestionando lo que parece talento. En este caso seguimos a Anna, exigente y perfeccionista profesora del conservatorio, casada con un lutier, y con un hijo adolescente, Jonás, que también estudia música. Anna acepta bajo su tutela a un nuevo alumno, Alexander, a quien debe preparar para la audición en que se decidirá si es o no aceptado para hacer la carrera musical. Ella le hace trabajar duro, de un modo un tanto desquiciado, que parece responder a sus propias frustraciones de no haber podido destacar más tocando el violín. La alemana Ina Weisse construye su película sobre el concepto de alguien que busca fuera de su propia casa lo que ya tiene ahí. En efecto, su hijo tiene talento, y su esposo la quiere, pero necesita sobresalir fuera, demostrarse algo, ya sea con un colega amante, ya sea con un alumno que piensa que podría dar más de sí. Las escenas de practicar y tocar están bien ejecutadas, la música funciona. Pero el personaje que tiene que interpretar Nina Hoss se antoja antipático y contradictorio, y es que quizá mérito de esta gran actriz que el resultado no se convierta en banal. Porque es verdad que algunos comportamientos de personajes, o su mera presencia –los padres de Anna–, resultan un tanto infantiles o no están suficientemente justificados.
6/10
(2019) | 101 min.
Hay quien disfrutará de un título más de la saga One Piece, dentro de la cual One Piece: Estampida hace el número catorce. Se trata de una serie de películas basadas en el manga de Eiichirō Oda, que comenzó su andadura allá por 1997 y que trata de las aventuras de varios piratas que van en busca del legendario One Piece, el tesoro que mencionó Gold Roger, el llamado Rey de los piratas, antes de morir. En este caso el argumento reúne a una inmensa multitud de piratas y barcos que se dan cita en una isla secreta para llevar a cabo la Expo Pirata, unos juegos competitivos ideados por el anfitrión y manipulador Buena Festa, que en realidad busca hacerse con el celebre tesoro de Gold Roger. Para ello ideará el enfrentamiento mortal de los piratas contra el todopoderoso Bullet Douglas, criminal huido de la cárcel y antiguo miembro de la tripulación del Rey de los piratas. Tendrá en el joven Sombrero de Paja y su banda a sus mayores oponentes. Por mucho prestigio que tenga entre sus seguidores, si por algo puede definirse esta película es por la confusión. Tendrá su público, de acuerdo, pero aquí no hay más que un ruido atronador, una acción trepidante, un delirante y nervioso montaje, imágenes de explosiones continuas, gritos amenazantes, sortilegios para la batalla y un cansino y continuo salto de uno a otro personaje (y son muchísimos). Esto exige al espectador estar muy, muy familiarizado con la serie de One Piece y aceptar rendidamente la increíble simpleza del guión y la limitada calidad de los dibujos.
4/10
(2019) | 132 min.
La acción transcurre en 1774, quince años antes de la Revolución Francesa. Los nobles Madame de Dumeval, el Conde de Tesis y el Duque de Wand, expulsados de la puritana corte de Luis XVI, están a punto de llegar a Berlín, donde han decidido buscar al Duque de Walchen, tan libertino como ellos. Cuando cae la noche, cerca de Postdam, se entregarán a la pasión montando una orgía con todo tipo de prácticas aberrantes. El realizador catalán Albert Serra se distingue porque no deja indiferente a nadie, tiene sus defensores, y hasta se ha convertido en un habitual del Festival de Cine de Cannes, donde este título ganó un Premio Especial del Jurado, en la sección Un Certain Regard. Y sin embargo, su cine resulta bastante discutible, sobre todo por su reducción al mínimo del argumento, los escenarios, y los movimientos de cámara. Si Honor de cavallería ofrecía apuntes interesantes sobre el choque entre el idealismo y el mundo real, recuperando la figura de Don Quijote, y La muerte de Luis XIV –pese a resultar agotadora– al final reflexionaba sobre la igualdad de todas las personas cuando llegan sus últimas horas, en esta ocasión el cineasta toca fondo por completo con un producto supuestamente intelectual, pero en realidad vacío y pretencioso. Incluso resulta desfasada su voluntad de escandalizar, su tratamiento descarnado del sexo sadomasoquista ya no levantará ríos de tinta, como en su momento hiciera Pier Paolo Pasolini con Saló o los 120 días de Sodoma, también enfermiza pero en la que al menos se podía vislumbrar una voluntad del autor de divulgar sus ideales comunistas, criticando a los poderes fácticos. Con aquélla, el público abandonaba el cine en oleadas, ésta pasará desapercibida. El film se reduce a una sucesión de escenas, bastante cercanas a la pornografía, a veces irreverentes, con los típicos personajes del cine de Serra, ataviados con ropajes de época y pelucas, que hablan a veces en tono solemne, pero también son capaces de soltar las barbaridades más tremendas. Incluso los espectadores más acostumbrados a ver de todo lo tienen difícil para resistir algunas imágenes de maltratos, cuerpos desnudos antiestéticos, y escatología diversa. Resulta complicado encontrar un sentido artístico a la fotografía del poco experimentado Artur Tort, que filma todo como si el espectador estuviera vislumbrando de lejos lo que ocurre en plena noche, pero la realidad es que muchas veces no se distingue nada. Los actores lo tienen muy complicado para defender textos absurdos, y personajes desdibujados. Y eso que Serra ha reclutado al veterano Helmut Berger, ideal para dar vida a un aristócrata, pues fue el Luis II de Baviera, el rey loco, de Luchino Visconti. Figura también en el reparto su actor fetiche, Lluís Serrat, que tiene potencial, quizás llegará a ofrecer interpretaciones interesantes, si le recluta otro realizador.
1/10
(2019) | 80 min.
El Padre Pío de Pietrelcina (1887-1968) es uno de los grandes santos de nuestro tiempo. Nacido como Francesco Forgione, su vida estuvo marcada muy pronto por múltiples sucesos extraordinarios, pese a que la mayor parte de su vida la pasó recluido en el convento de un pequeño pueblo italiano de la región de Apulia, San Giovanni Rotondo. Pero más allá de los hechos milagrosos (el más impresionante de los cuales fue la aparición de los estigmas que llevó en manos, pies y costado durante cincuenta años), el Padre Pío fue un instrumento para la conversión de los pecadores y un gigante del sufrimiento, que tuvo que padecer la enfermedad, la incomprensión, la calumnia y la persecución pública durante toda su vida. Este documental viene a completar el realizado un año antes por el mismo director, El misterio del Padre Pío, en donde José María Zavala narraba la extraordinaria vida del capuchino de los estigmas y explicaba el impacto que había tenido sobre la humanidad. Ahora, como colofón a ese biopic reúne en Renacidos: El Padre Pío cambió sus vidas una variado puñado de testimonios de personas que han sentido profundamente el influjo santo del Padre Pío. Se trata de hombre y mujeres, jóvenes y viejos, que narran sus experiencias en referencia al santo italiano. Son historias que tienen que ver con la enfermedad, con hechos inexplicables o extraordinarios, con problemas personales, etc., pero que sobre todo hacen referencia a su conversión o su vuelta a la practica religiosa. Zavala no ha contado con grandes medios y se limita a ofrecer el busto parlante de los entrevistados, que él entremezcla con oficio con imágenes históricas del Padre Pío o con instantáneas más actuales, en especial de las peregrinaciones a su convento de Santa Marie delle Grazie. El resultado es sin duda estimulante por el contenido y la emoción emerge en algunos testimonios, aunque también se requiere una predisposición activa y seguramente no todo el público recibirá lo narrado de la misma manera.
5/10
(2018) | 105 min.
Adaptación de la novela folletinesca “Sin familia” del escritor francés Hector Malot (1830-1907), que al menos en su versión fílmica recuerda mucho a la obra de Charles Dickens, un autor también del siglo XIX. Sigue las tribulaciones de Rémi, un joven huérfano, que descubre a corta edad que la mujer que ha llamado mamá y a la que tanto quiere no es su madre, y que su supuesto padre, casi siempre ausente del hogar, ha decidido entregarlo a un orfanato, pues ya no pueden hacerse cargo de su sustento. Pero el feriante Vitalis, que con sus animales y su música recorre los pueblos poniendo en escena espectáculos callejeros, le adopta, y el chico irá forjando su carácter, y mientras descubre también su talento para cantar. Tras diversas peripecias, se descubre que Rémi podría pertenecer a una buena familia, de la que se separó siendo un bebé por razones misteriosas; mientras que el propio Vitalis esconde algún secreto, se trata de alguien demasiado cultivado para su profesión ligada a vivir como un vagabundo. Dirige esta cinta familiar el desconocido Antoine Blossier, que acude a una estructura donde Rémi, ya anciano, cuenta sus andanzas a un grupo de niños cuya razón de estar en su casa sólo se descubre en el plano final. La trama acumula calamidades y contrariedades, incluidos rayos, truenos y nevadas, e incluso lobos, como parece exigir el género del folletín, y conviven personajes de escasos sentimientos –por ejemplo, unos gendarmes que piden sus papeles para actuar en la calle a Vitalis–, con otros de alma generosa –como una mujer de buena posición, música, conmovida por escuchar a Vitalis tocando el violín–. De modo que funciona como combinación de aventura y apelación a los buenos sentimientos del espectador. El film cuenta con un buen reparto donde llevan el peso el veterano Daniel Auteuil y el niño Maleaume Paquin, adecuado con su aspecto bondadoso. Los demás tienen una presencia de menor peso, aunque destaca Jacques Perrin, que asume el rol de narrador, o sea, de Rémi cuando ya es un anciano.
6/10
(2019) | 84 min.
Verano, en un pueblecito de Mallorca. El cuarentón sin mucho futuro Juanito vive con su madre porque no encuentra trabajo; pasa el rato viendo cualquier película de zombies que se ponga a su alcance. Su amiguete Luis, conserje de un colegio, le confiesa un día que ha escrito un guión para una de esas películas de muertos vivientes. Ambos deciden rodarla con los pocos medios a su alcance, pues si la estrenan en YouTube pueden conseguir una buena suma de dinero. A la aventura se suma Alfredo, hermano de Juanito, que aparece de repente huyendo de unos matones. Cualquiera que eche un vistazo a un par de escenas de Turbulencia zombi llegará a la conclusión de que ha sido rodada por un amateur, que no sólo no ha estudiado cine, sino que apenas conoce películas. Sin embargo, está rodada por el mallorquín Martín Garrido Ramis con una larga experiencia; se ve que pese a los años transcurridos ha aprendido poca cosa. Comenzó como actor a finales de los 70, llegando a trabajar a las órdenes de Fernando Fernán Gómez en Mi hija Hildegart. Pero el éxito se le resistía, por lo que se ha reconvertido en realizador, con siete títulos anteriores de bajo presupuesto, como Una función para olvidar, o El hijo bastardo de Dios, que no han hecho ningún ruido. Ni el montaje ni la fotografía tienen calidad. El tal Garrido Ramis demuestra ineptitud absoluta, a la hora de lograr una mínima credibilidad de un grupo de actores no profesionales, sin ningún talento para la interpretación. Él mismo ha escrito un guión caótico, con diálogos rudimentarios. Tanto el título como el cartel resultan engañosos, pues promete que será un film de zombies, pero en realidad se trata de una comedia de cine dentro del cine. Al menos, logra cierta simpatía, porque transmite pasión por el séptimo arte. Y refleja bien que las películas nacen de un esfuerzo colectivo, y lo complicado que resulta conseguir una mínima financiación. El propio realizador se toma con humor a sí mismo, en su aparición como secundario, con la que transmite que se lo está pasando muy bien en compañía de amigos.
4/10

Lunes 18 de Noviembre de 2019

(2019) | 85 min.
Interesante documental del especialista David Bickerstaff, que surge a propósito de la exposición temporal organizada por el Museo Van Gogh de Amsterdam en la primavera de 2018, que abordaba la relación entre Vincent Van Gogh y Japón. Se abre y se cierra con exóticas imágenes japonesas, para de este modo explicar la relación entre artista y país bidireccionalmente. Es conocida la admiración de Vincent Van Gogh por el país del lejano oriente, que se ilustra con las menciones a la cuestión en la correspondencia con su hermano Theo y otros amigos y artistas, o con la colección de ilustraciones japonesas que poseía, y que se conserva en el museo casi en su integridad. Lo que el film de Bickerstaff explora es hasta qué punto hay una verdadera influencia de esas pinturas ingenuas y de trazos sencillos, pues también se advierte que, además de que Van Gogh nunca pisó Japón, tenía una visión algo idealizada, hasta el punto de que esa influencia, más que del Japón real, sería del Japón idealizado. En cualquier caso, la indagación sobre algo sólo posible en un período, mediados del siglo XIX, en que el casi siempre encerrado en sí mismo Japón se abrió al exterior, atrapa de inmediato al espectador, y sirve para recorrer las obras maestras de Vincent Van Gogh, vistas desde el prisma nipón, como en el caso de “El zuavo”, con su increíble gama de colores, o el del autorretrato como un bonzo, con su cabeza sin sombrero y llamativamente rasurada, y donde de nuevo el contraste de los colores es asombroso.
6/10

Viernes 22 de Noviembre de 2019

(2019) | 103 min.
Poco después del fin de la Guerra Civil, un niño huye del capataz, cacique que tiraniza a un pequeño pueblo andaluz, pues le tenía recluido en su casa, en teoría con el consentimiento de sus padres, personas muy humildes forzadas a aceptar la situación, pues saben que no volverán a trabajar en las inmediaciones si se oponen a la voluntad del amo. Mientras éste emprende una intensa búsqueda con sus sicarios más fieles, el chico recibirá la inesperada ayuda de un pastor que atraviesa la zona con sus cabras. Cuarto trabajo como realizador de Benito Zambrano, rodado cuando se cumplen veinte años de su ópera prima, Solas, tras la que nunca ha alcanzado el mismo nivel. Ahora tenía una oportunidad de oro, pues adapta la brillante novela con la que debutaba en el panorama literario el extremeño afincado en Sevilla Jesús Carrasco, que se desarrollaba en un país y un tiempo determinados, y tenía muchos puntos en común con La carretera, de Cormac McCarthy, pero con los detalles de costumbrismo rural de Miguel Delibes. Traslada el relato a la inmediata postguerra, que el realizador ya trató en La voz dormida, por lo que el guión de Pablo y Daniel Remón (Casual Day) convierte una potente alegoría del abuso de poder en general, un poco en un nueva denuncia social de la época. Asoman de vez en cuando diálogos con opiniones sobre la guerra y otros temas que parecen extraídos del manual básico del buen comunista. En otro orden de cosas, el cineasta lebrijano ha filmado el largometraje como si de un western se tratara. Este recurso funciona más o menos, pues se han escogido como localizaciones áridos paisajes del Altiplano Granadino, que se distinguen poco del desierto de Arizona y similares. Sin embargo, le falta fuerza a la hora de filmar un tiroteo decisivo para la historia, se nota que Benito Zambrano no tiene ninguna experiencia rodando secuencias de acción. Como cabía suponer, se le da muy bien dirigir a los actores. Luis Tosar demuestra una vez más su versatilidad, convierte en cercano al típico personaje al margen de la sociedad, que se ve obligado a su pesar a intervenir para combatir la injusticia, que tan bien interpretaron Alan Ladd en Raíces profundas o Clint Eastwood en El jinete pálido. No desentona a su lado el jovencísimo Jaime López, que ya resultaba convincente como hijo de Natalia de Molina en Techo y comida. Además, se ha mantenido la elegancia a la hora de abordar los elementos más escabrosos, sugiriendo que late al fondo un caso de pederastia, pero sin mostrarla explícitamente.
6/10
(2019) | 103 min.
Tras seis años de espera llega la secuela de Frozen, una de las películas animadas de mayor éxito en la historia de Disney, que ofrecía una aventura inspirada en el clásico de Hans Christian Andersen “La reina del hielo”, aunque los personajes eran más bien de creación propia. Los mismos directores y guionistas, Chris Buck y Jennifer Lee han tenido tiempo de sobra para inventar una nueva historia con la que encandilar a grandes y pequeños. La trama de Frozen II retoma el hilo en la idílica vida del pueblecito de Arendell, en donde ya viven reunidas las dos queridas hermanas, la blanca reina Elsa y la pelirroja Anna. Ésta es pretendida en matrimonio por noble y patoso Kristoff, que no acierta a encontrar el momento propicio para pedirle la mano. Pero su tranquila existencia va a terminar cuando Elsa acude a una llamada interior que la empuja hasta un lejano y mágico bosque donde vive la tribu de los Northuldra. Y allí llegará acompañada de Anna, Kristoff, el reno Sven y, cómo no, el muñeco de nieve Olaf. Visualmente se trata de una película preciosa, donde el equilibrio de los colores –casi siempre suaves– y la textura de los dibujos, su volumen y perfección, supera en belleza incluso al film original. Hay encanto en cada fotograma, en cada gesto, en cada mueca y movimiento, y eso pese a que no hay escenas especialmente asombrosas (quizá porque todo lo es). El ritmo es adecuado y se entremezclan bien la acción, el humor, el drama y el musical. Quizá se ve mejor la primera parte del relato que la segunda, en donde hay algo de confusión en la trama y falta ajuste narrativo en las acciones paralelas, por lo que puede dar la sensación de que el desenlace llega demasiado bruscamente. Pero más allá de esos detalles y de lo puramente formal la historia atrapa. Narra la necesidad de buscar respuestas ante los interrogantes que nos presenta la vida. En este caso Elsa siente que no está donde debe estar, que le falta algo. ¿Pero quién es ella? ¿De dónde viene? ¿Por qué posee su magia? Fiel a la procedencia del relato se introducen aspectos paganos en forma de las divinidades de Tierra, Agua, Fuego y Aire, elementos que componen al armonía de la naturaleza. Y, por supuesto, no faltan actos de sacrificio, de valentía, de superación ante las dificultades, donde se habla de la importancia de dar el paso correcto en los momentos de prueba, de abatimiento, cuando nada parece tener ya sentido. Cuestión aparte merece la banda sonora de Christophe Beck y las muchas y estupendas canciones que salpican toda la narración, varias deliciosas, especialmente “All is Found”, “ Some Things Never Change” y “Into the Unknown”. Cada personaje tiene su momento musical y en ellos se incluyen letras que no son nada ligeras: “Hay cosas que nunca cambian”, “hay cosas que siempre son verdad”, sentencias que no están nada mal en tiempos de relativismo y que casan bastante con el sentido clásico de la narración. Y a lo largo del film nunca falta el humor, con numerosos gags, los mejores de los cuales vienen por supuesto de la mano del muñeco Olaf.
6/10
(2019) | 119 min.
Tras varios años en prisión, Juan sale en libertad condicional los fines de semana, lo que supone que puede asistir a la primera comunión de Estrella, su hija, en la barriada de las Tres Mil Viviendas. Pero la niña muere en un accidente de tráfico provocado por un vehículo en el que huían los autores de un atraco a un clan de rumanos. Mientras que Juan, miembro de la familia Santos, que antaño tenía el control del tráfico de drogas en la zona, trata de esclarecer si sus rivales, los Fortuna, están involucrados, y baraja tomarse la justicia por su mano, la policía pone a cargo de la investigación oficial a Eli, inspectora que acaba de incorporarse a su puesto tras una larga baja. Después de Aparecidos y Carne de neón, visualmente prometedoras, pero poco consistentes, el sevillano Paco Cabezas se fue a Hollywood, donde ha dirigido las prescindibles Tokarev y Mr. Right, así como capítulos de diversas series televisivas. Le ha sentado muy bien regresar a España, donde ha rodado de lejos su mejor película, se nota que procede de un entorno similar al que retrata, pues logra describir con enorme realismo a sus desfavorecidos protagonistas. Recuerda al Cine Quinqui de los 70, especialmente a títulos como Perros callejeros (1977), pues se trata de un thriller modélico, pero con un fondo de cine social. Y tiene la sólida factura de películas españolas más actuales, sobre el submundo criminal, como Quien a hierro mata, de Paco Plaza. Habla de la dificultad para redimirse, de los lazos familiares y de la pérdida de un ser querido, pero sobre todo contrapone la sed de venganza con la búsqueda de la justicia, que no resulta tan fácil cuando el hombre se ve tentado continuamente por corromperse y enriquecerse con facilidad. Quizás el desarrollo resulta un tanto convencional, pero se trata de un film vigoroso, con buenos intérpretes. Criticado por muchos, y adorado por el grueso del público, Mario Casas realiza un trabajo correcto como Juan, habiéndose trabajado muy bien el acento andaluz barriobajero. Cuenta también con interpretaciones bastante creíbles de secundarios solventes como Carlos Bardem (un policía que vela por su hijo, también agente) o Natalia de Molina (Trini, la esposa de Juan, rota de dolor). Pero se apodera de la cinta Ruth Salas, como la idealista Eli, que suple con su fuerza interpretativa que su personaje tendría que estar descrito con más matices.
6/10
(2019) | 82 min.
Documental que toma como metafórica excusa argumental un centro de reciclaje de residuos plásticos, producto de la desaforada sociedad de consumo, para mostrar cómo entre sus trabajadores, René, Walter, Eugene, Pier y Ana, está lejos de haberse hecho realidad el sueño americano, ellos también vendrían a ser desechos de una sociedad capitalista tremendamente injusta. La acción se sitúa en ese centro, situado a las afueras de Nueva York. Aceptado el interés humano de los problemas de los cuatro personajes, con un trabajo por debajo de su capacitación universitaria en algún caso, o en el esfuerzo por superar el alcoholismo, o la fuerza de las imágenes de los interminables envases empaquetados, hay que señalar que la propuesta de Adán Aliaga y Àlex Lora resulta un tanto cansina, con un ritmo lento y unos testimonios que no logran emocionar.
4/10
(2019) | 102 min.
Euforia patriótica en Francia, con despliegue de banderas tricolores por todo París, la selección nacional de fútbol acaba de ganar el Mundial de Rusia. Pero la cohesión social está lejos de ser una realidad, como va a comprobar enseguida Stéphane, recién incorporado a la Brigada AntiCrimen que opera en el conflictivo distrito de Montfermeil. Sus resabiados compañeros de patrulla, Chris y Gwada, le ponen a prueba a la hora de resolver un caso que podría ser dinamita, el robo de un cachorro de león a un circo llevado por gitanos, perpetrado por Issa, un adolescente subsahariano. Una respuesta violenta desproporcionada y un dron registrando los hechos disparan las alarmas entre la policía y las bandas de influencia que controlan, es un decir, la zona. El título del film de Ladj Ly, Los miserables, no es casual, se quiere evocar en efecto la obra de Victor Hugo, y de hecho se cita explícitamente al autor, que la escribió justo, se nos recuerda, en Montfermeil. Pero no pretende ser una traslación a la actualidad de la emblemática novela, al estilo de la que hizo Claude Lelouch en 1995 con Testigo de excepción y el contexto de la Segunda Guerra Mundial. Eso sí, se pueden detectar algunos trazos en los personajes, que se diría que se inspiran lejanamente en Valjean, Javert o el obispo Myriel. El desconocido director originario de Mali y criado en Monrfermeil Ladj Ly entrega una película vigorosa, muy bien coescrita con Giordano Gederlini y Alexis Manenti. Describe bien el proceso de inmersión de Stéphane en la jungla urbana de Montfermeil, con dos colegas que se mueven entre el fatalismo de “las cosas son como son” y “las reglas del juego son inamovibles”, y la chulería de quien piensa que ha logrado imponer su “modus operandi” en un sitio que se caracteriza precisamente por la ausencia de normas que puedan ser aplicadas. Tienen rasgos de humanidad los tres personajes policías, pero también los chavales que se encuentran en vías de convertirse, si no lo son ya, en criminales, y el tímido que se acerca a las chicas con su dron; el “alcalde” del distrito que se supone que arregla los conflictos; y una especie de santón musulmán, que se acercó a su fe y filosofía vital tras una vida de delincuencia. Están muy bien los actores, tanto los profesionales –notable Damien Bonnard–, como el joven recién llegado Issa Perica.
8/10
(2019) | 145 min.
Años 50. Las jóvenes hermanas Eurídice y Guida sueñan con abandonar la casa en la que viven con su progenitor, un tiránico panadero de Río de Janeiro. La primera sueña con estudiar piano en el conservatorio en Viena, pero se casa con un adinerado individuo, aplazando sus sueños, mientras que la segunda acaba huyendo con un marinero. Como éste resulta tener un amor en cada puerto, Guida regresa a casa desengañada, pero también embarazada. Como consecuencia, el padre la repudia, y nunca da pistas a cada de una de las chicas de dónde está la otra, así que pese al amor fraternal que se profesan acabarán separadas. Karim Aïnouz (Madame Sata) adapta la novela homónima de Martha Batalha, pero le queda un melodrama lleno de giros, al estilo de la telenovelas de su país, Brasil. Exige suspensión de incredulidad por parte del espectador para aceptar algunos elementos del relato: un detective que fue un policía “de los buenos” parece espabilado para unas cosas y muy parado para otras, unas cartas escondidas en secreto pasan a otras manos por arte de magia, la hermana pobre idolatra a la otra, a la que cree la mejor pianista del mundo, hasta el extremo, pero no hasta el extremo de perdonar a su padre para ir a su casa por Navidad a ver si se produce el ansiado reencuentro, etc. Por otro lado, la militancia feminista de su autor va en detrimento de la complejidad de los personajes masculinos. Así que sólo aparecen en la trama hombres despóticos e irascibles que tienen a su esposa esclavizada, como el panadero, sinvergüenzas como el marinero, idiotas como el marido de Eurídice, obsesionado con el sexo, o como mucho neutrales, como un médico que aparece ocasionalmente. Recibió la máxima distinción de la sección Un Certain Regard, de Cannes, lo que se explica porque el realizador rueda con agilidad, y le saca mucho partido a las dos actrices protagonistas, Carol Duarte y Julia Stockler, que recibieron ex aequo el premio de interpretación femenina en la Seminci, donde también logró la Espiga de Plata. En cualquier caso, supera a ambas la veteranísima Fernanda Montenegro, inolvidable escritora de cartas de Estación Central de Brasil, que protagoniza el tramo final, el más eficaz y emotivo del conjunto.
5/10
(2019) | 135 min.
Charlie, director teatral de prestigio en Nueva York, se casó con Nicole, actriz que triunfó con una película comercial de tres al cuarto, pero que se convirtió en la gran estrella de la compañía de su marido, con el que tuvo un hijo, Henry. Pero ella se traslada a Los Ángeles con el niño, para rodar el piloto de una serie, y aprovecha que Charlie acude de visita, para darle los papeles donde le pide el fin de su relación de forma tajante. Aunque en un principio, se supone que ella quiere resolver la ruptura cuanto antes, sin necesidad de pasar por los tribunales, Charlie descubrirá que tiene una abogada, Nora, capaz de cualquier táctica para favorecer a su cliente, lo que unido a algún malentendido desatará el infierno. Noah Baumbach se inspiró en el divorcio de sus padres, que le dejó traumado, para Una historia de Brooklyn, de 2005, el film que le colocó en el mapa de realizadores a tener en cuenta. Ahora que ha sufrido en sus propias carnes que Jennifer Jason Leigh le pidiera la ruptura matrimonial en 2010, el cineasta puede narrar de primera mano la otra cara de la moneda. Se puede deducir que el film está lleno de referencias personales, marca personal de este autor, que logra su film más sentido. Rehuye los excesos melodramáticos, es más, va involucrando al espectador en el conflicto poco a poco, con un tono en principio intrascendente, y numerosos golpes de humor –que recuerdan al cine de Woody Allen–, hasta que se desvelan poco a poco los resquemores entre los protagonistas y la situación se va volviendo cada vez más tensa. A Baumbach le encanta hablar de incomunicación, que aquí parece ser el principal desencadenante de la trama. Genial resulta la escena del juicio donde los dos personajes no se hablan, son los abogados quienes cuentan una historia exagerada que no tiene mucho que ver con la realidad. También recoge la drástica transformación de quienes se supone que se llevan bien, pero cuando se produce un conflicto son capaces de transformarse en monstruos, convirtiéndose en seres capaces de usar cualquier táctica rastrera a su favor. Queda como moraleja la constatación de que un divorcio nunca puede ser bueno, por muy buena voluntad que ambas partes le pongan, aunque como reflejo de la sociedad actual el film parece aceptarlo como inevitable, nadie parece plantearse la posibilidad de seguir juntos y tratar de resolver la situación. El neoyorquino deja siempre mucho espacio para los actores, por su puesta en escena teatral. De esta forma permite el lucimiento de los dos protagonistas, Scarlett Johansson y Adam Driver, pocas veces mejor aprovechados, ambos dejan boquiabiertos al respetable sobre todo en sus monólogos (el de ella cuando acude por primera vez a ver a Nora, el de él en un bar), y en una discusión entre los dos en la que sacan todos los rencores que tienen dentro. Están rodeados de una cohorte de secundarios de primera fila, entre los que destacan Laura Dern –que da lugar a los mejores momentos de risa como letrada al servicio de ella–, el veterano Alan Alda –jurista que aconseja al protagonista masculino– o Ray Liotta –abogado tiburón–.
7/10
(2019) | 105 min.
Historia ambientada en dos tiempos, el Chile de Salvador Allende, antes de que éste sea derrocado, y la actualidad, cuando Gerardo es detenido tras una espectacular persecución automovilística a un pobre ratero, que acaba aplastado por el vehículo. La noticia llega a oídos de Inés y Justo, un matrimonio de la alta sociedad, que cuando eran jovencitos formaba parte de un grupo radical de ultraderecha que se oponía a la política de Allende. Aunque vistosa de producción, la película de Andrés Wood –conocido por títulos como Machuca– resulta un tanto irregular, son demasiado elementales los trazos con que se compone a Gerardo –Marcelo Alonso y Pedro Fontaine en las versiones adulta y joven–, prototipo de tonto útil y fácilmente manipulable, y a la parejita bien –Mercedes Morán y María Valverde, Felipe Armas y Gabriel Urzúa–, con sus aires de superioridad, donde ella se beneficia a los dos hombres y él usa a Gerardo, aunque no puede dejar de sentir celos. No deja de ser curioso ver un film en que la militancia política se invierte, quizá si los activistas que vemos fueran de izquierdas, el juicio al que se invita al espectador de los personajes sería menos severo que el que suscitan los “fachitas” ricos. En cualquier caso cuesta entender qué ideales mueven a los personajes, y el modo en que se deja utilizar Justo, como si fuera alguien de usar y tirar.
5/10
(2019) | 81 min.

En un laboratorio parisino, una mano amputada escapa de su infeliz destino y se propone reconectar con su cuerpo. Durante una espeluznante escapada por toda la ciudad, la extremidad se defiende tanto de las palomas como de las ratas para reunirse con el pizzero Naoufel. Sus recuerdos de Naoufel y su amor por la bibliotecaria Gabrielle pueden proporcionar respuestas sobre lo que causó la separación de la mano, y un poético telón de fondo para una posible reunión entre los tres.

(2019) | 95 min.
Alex aspiraba desde niño a ser un cazafortunas. Cuando era un joven apuesto consiguió encandilar a Denise, madura millonaria que despilfarraba dinero a espuertas con él. Pero veinticinco años después, la buena vida ha hecho mella en Alex, que ha perdido la forma física, por lo que ella le reemplaza por un vendedor de coches más joven. Tras salir de la mansión con una mano delante y otra detrás, se verá obligado a pedir alojamiento a su hermana, Sara, de la que no se ha preocupado durante años, hasta el punto de que no conoce al hijo de ésta, Hugo. Intentará recuperar su estatus conquistando a la abuela de una compañera del colegio del niño, otra anciana forrada. El franco-argelino Kad Merad ha triunfado en el drama, con Los chicos del coro, y en la comedia, con Bienvenidos al norte, dos de los títulos más populares del cine galo de los últimos tiempos. Pero lleva unos años en caída libre, por lo que se ha visto obligado a protagonizar el remake francés de la insulsa cinta estadounidense Instrucciones para ser un latin lover, protagonizada por el mexicano Eugenio Derbez. El guión adaptado, coescrito por el propio Merad con Olivier Baroux, que dirige la cinta, no aporta significativas novedades, por lo que la cinta acaba siendo una mera fotocopia del original, y hereda su principal defecto, el arranque promete, pero el final no acaba de resultar del todo satisfactorio, sobre todo porque su personaje central no evoluciona. En cualquier caso, Merad demuestra un gran talento para el género, y se luce en diversos gags parodiando a los típicos hombres sin escrúpulos, y vividores. Destaca una secuencia con el veterano Thierry Lhermitte, como decano de lo que los protagonistas consideran una profesión, donde incluso se apela a que los políticos deberían preocuparse por sus problemas. El protagonista demuestra su valía como actor sobre todo porque pese a interpretar a un egoísta, le imprime un punto de humanidad, y sabe hacer creíble que éste deslumbre a su sobrino. Gracias a su talento y a unos secundarios correctos, el film funciona como entretenimiento menor.
5/10
(2019) | 73 min.
Los preparativos para celebrar el 54 cumpleaños de Paco Bernal, que vive con su hermana Rosa y nació con síndrome de Down. Una grave enfermedad pulmonar afecta a su delicada salud, de modo que la fiesta que le prepara la familia y amigos es también una celebración de un año más de resistencia. Le quedará el tiempo que Dios quiera, pero Paco ha vivido una vida feliz, y ha desarrollado una asombrosa capacidad pictórica, con unos cuadros alegres y coloridos que están muy cotizados en el mercado del arte. Julio Suárez recoge la normal intimidad de los hermanos, una situación difícil que procuran llevar con buen ánimo. Quizá como documental a su trabajo le falta un hervor, pero lo suple el interés humano del relato.
5/10
(2019) | 120 min.
Una de las caras más conocidas del cine español, Antonio Resines, debuta como realizador con este ligero pero ameno documental, que firma junto a Ana Pérez-Lorente, su pareja desde 1992, que también escribió la biografía del actor. Se limitan a reunir a un buen puñado de amiguetes, sobre todo actores, como Maribel Verdú, José Coronado, El Gran Wyoming o Loles León, pero también directores, como Fernando Trueba, el intérprete pero sobre todo crítico de cine Carlos Boyero, y el productor Enrique Cerezo, que ha aportado las escenas de diversas películas que también aparecen en pantalla. En el primer segmento todos ellos repasan la obra de los grandes directores surgidos desde que en 1896 se proyectasen en el Circo Price las primeras imágenes en movimiento que llegaban a la península. Se reivindica la figura de Segundo de Chomón, inventor de asombrosos efectos especiales, y se repasan los incendios en laboratorios que destruyeron la mayor parte de nuestro cine mudo. Se rememora algún capítulo interesante, y poco conocido, como la relación entre Luis Buñuel y José Luis Sáenz de Heredia, al que salvó la vida cuando los republicanos le apresaron en Madrid durante la Guerra Civil. Pero resulta más divertida la segunda parte, cuando los entrevistados cuentan anécdotas vividas a lo largo de los años en el desarrollo de su profesión. Que nadie espere un análisis profundo del estado del cine español o de sus problemas más acuciantes; es más, algún entrevistado saca a relucir que la situación siempre ha dejado mucho que desear, pero lo hace con humor, mezclado con cierta resignación. Esa falta de pretensiones del film juega a su favor, ya que se ve como un encuentro distendido de viejos conocidos, donde prima el humor. Destaca por su gracia natural el ‘gamberro’ Jesús Bonilla, que cuando Resines se equivocaba durante el rodaje de La niña de tus ojos, le gritaba a Santiago Segura: “Los galanes baratos salen caros”. Quizás resulta un poco sospechosa la arenga patriótica de David Trueba, que explica que se sintió orgulloso de ser español cuando asistió a una proyección de Buñuel en París, como si hubiera aprendido la lección de su hermano Fernando, cuando con un discurso de signo opuesto, se ganó innecesariamente enemigos.
6/10
(2019) | 119 min.

Macià decide visitar Irlanda siguiendo una ruta que sus padres hicieron 20 años atrás. Bruna y María buscan un lugar para huir y desconectar. Sus viajes se cruzan en Ardara, donde comparten los últimos días de verano. Un verano que acaba bruscamente allí donde termina Europa.

Viernes 29 de Noviembre de 2019

(2019) | 102 min.
Una película naturalista, de ésas que siguen la estrategia de que el espectador las vea como si las hubiera pillado empezadas, lo que le obliga al ejercicio de hacerse cargo de la situación de los personajes. Seguimos a Sara, de 22 años. Con trabajos precarios como limpiadora, aunque el de ayudante de cocina en un restaurante podría ser prometedor. Tiene un bebé. Y un hermanito pequeño. Está soltera, aunque a veces ve al padre de la criatura, con quien querría compartir la vida (pero él no). Un día se topa con un señor mayor. Resulta que es su padre, y que acaba de salir de la cárcel, parece ser que fue condenado por ladrón. Intenta acercarse a ella, pero la otra guarda la distancias. Incluso, con su abogado, está intentado hacerse con la custodia de su hermano. Prometedor debut en la dirección de Belén Funes, también guionista con Marçal Cebrián, con quien ha rodado algunos cortos. Logra el que parece su principal propósito de “cinema verité”, atrapar las vicisitudes de personas corrientes con mala fortuna, que luchan por salir adelante. Siguiendo las pautas de no dar todo mascado al espectador, se apunta a que el padre de Sara podría haberla maltratado en el pasado, y que por eso lleva un aparato para la sordera, pero como todo en la narración son apuntes sutiles, sugerencias para que el espectador se haga su composición. Hace falta “buen oído”, si se nos permite el símil, para adivinar el porqué de algunos comportamientos y actitudes. Y puede cansar el ritmo lento, algo cansino, de la película. Eso sí, se agradece que no se nos trate de vender moralina, y que se muestren sin complejos cosas tan normales como el repaso que Sara hace con su hermano del padrenuestro, antes de hacer la primera comunión, o la alegría de los compañeros de trabajo cuando a otros les hacen, por fin, un contrato. En el campo interpretativo, lleva bien el peso de la narración la protagonista Greta Fernández, presente en casi todos los planos y que trabaja por primera vez con su padre, el también actor Eduard Fernández, que hace precisamente el rol de su progenitor. La actriz fue justamente premiada en el Festival de San Sebastián.
6/10
(2019) | 130 min.
Tras la celebración de su 85 cumpleaños, Harlan Thrombey, editor, escritor, millonario y cabeza de un gran clan familiar, muere aparentemente por suicidio en su gran mansión campestre de Kentucky, en Estados Unidos. Todos los familiares y el personal de servicio quedarán impactados con la noticia, pero la situación se hará más desagradable aún cuando tras el entierro dos agentes de policía y el enigmático investigador Benoit Blanc se presenten en la mansión para dilucidar con sus pesquisas la verdadera causa del deceso. El director Rian Johnson entrega una película la mar de entretenida. Tras comenzar su andadura con la notable Brick, el director de Maryland ha ido labrándose poco a poco una filmografía muy apañada, en donde el cuidado del guión es una de las señas de identidad. Precisamente aquí da muestras de gran maestría a la hora de manejar a un variado grupo de personajes, de captar la atención a base de diálogos, preguntas y respuestas, de sembrar la duda con verdades a medias, generando todo tipo de sospechas secretas entre los miembros del clan y dosificando siempre la información de modo natural (esas conversaciones en el despacho del muerto). Que duda cabe que el argumento, la ambientación y las indagaciones del investigador en medio de una amplia familiar en donde abunda el lujo, el dinero y los rincones ocultos son elementos deudores de las historias de Agatha Christie o de los episodios televisivos protagonizados por Jessica Fletcher (hay de hecho un homenaje explícito a Se ha escrito un crimen), pero Johnson demuestra ser un más que digno discípulo. Y como un guiño argumental que pulula por toda la trama, se permite además dar una vuelta más de tuerca al crear mágicamente una intriga donde aparentemente no la hay, pues el espectador sabe muy pronto las circunstancias que han rodeado la muerte del jefe de familia. Sin embargo, por encima de todo, Puñales por la espalda es una deliciosa y ligera charada, rodada con encanto y estilo, en donde el humor, siempre presente, es además protagonista en numerosas ocasiones. Ya sólo la ocurrencia de que uno de los personajes principales no pueda mentir sin generar en su organismo el acto reflejo de una aparatosa vomitona demuestra ser una idea tan brillante como estrambóticamente divertida, pero el director va más allá y la convierte en humorística ocasión de vertebrar varios momentos de la trama. Las interpretaciones son perfectas, tanto que a veces se echan de menos más minutos para el reparto coral (es el caso de una genial Jamie Lee Curtis, por ejemplo, o del colosal nonagenario Christopher Plummer). Y entre todos es justo destacar a los dos ejes principales del asunto: una Ana de Armas que seguramente firma el mejor papel de su carrera hasta la fecha y un hilarante Daniel Craig en estado de gracia. Se ve que quiere deshacerse de James Bond a marchas forzados y se lo ha pasado bomba rodando a las órdenes de Johnson.
7/10
(2016) | 94 min.
El bravucón y arrogante erizo Bobby presume de ser el más fuerte del lugar, aunque a veces le salen competidores, como Tie Tui, que pelea con él para bajarle los humos. Como consecuencia, Bobby recibe un golpe que le hace perder la memoria, así que no logra encontrar su hogar, pese a que recibe la ayuda inesperada de Hubert, una paloma poeta de buen corazón. Mientras tanto, un científico sin escrúpulos culpa a los animales del bosque de la propagación de un virus que diezma a los humanos, por lo que ha decidido capturarles y destruir sus hogares. No resulta demasiado fácil destacar en el cada vez más sobresaturado mercado de la animación digital para el público familiar. La mayoría de productoras, conscientes de que no pueden competir con la superioridad técnica de Disney-Pixar, cuidan al menos otros aspectos, incluyendo por ejemplo humor propio de los cartoons clásicos, o personajes divertidos, como en el caso de Illumination, que ha creado Gru, mi villano favorito. Sin embargo, Bobby el erizo no aporta gran cosa, no ha encontrado ningún elemento que le distinga de la competencia. Huang Jianming debuta en el largometraje con esta producción de animación digital china, donde resulta llamativo el nulo carisma de los personajes, todos ellos demasiado insulsos; ningún chaval se pedirá como regalo un peluche de los mismos. La cinta tampoco resulta muy fluida a nivel narrativo, se limita a encadenar diversos episodios sin que se siga un rumbo determinado, mientras que se abusa de un humor facilón. Al menos, puede servir como entretenimiento para el público infantil menos exigente. No tiene tampoco moralejas muy nítidas, si bien se pueden entresacar algunos mensajes positivos, que elogian la amistad y el trabajo en equipo.
4/10
(2019) | 102 min.
Amable comedia romántica navideña, inspirada por la popular canción de George Michael que da título al film. Firma el libreto Emma Thompson –que asume además un papel menor– con la recién llegada Bryony Kimmings, y se diría que intenta aletear el espíritu que permitió a la primera hace años ganar el Oscar al mejor guion adaptado, o sea el de Sentido y sensibilidad, que partía de una novela de Jane Austen. Tras un breve prólogo en una función navideña en una iglesia de la antigua Yugoslavia en 1990, la acción se traslada al Londres de nuestros días. Allí Kate –originalmente Katarina– es una joven no demasiado centrada, con ligues ocasionales, una mala relación con su familia, que emigró desde Croacia años atrás, y en definitiva, un egocentrismo insoportable que le lleva a ser echada de los pisos en que sus amigos la acogen; por si fuera poco, Santa, su jefa en una tienda muy cuca de objetos navideños, demuestra tener con ella una paciencia infinita, pues puede ser impertinente con los clientes, y tener descuidos como el de olvidar echar el cierre al establecimiento cuando se va la última. La aparición en la tienda de un tipo encantador, Tom, va a cambiar su percepción de las cosas. Este joven de rasgos exóticos es voluntario en un hogar de acogida, es atento y comprensivo, y la invita a mirar hacia arriba, al cielo, en vez de andar siempre con una visión cortita y a ras de tierra. ¿Podría ser alguien de quien al fin enamorarse? Paul Feig conoció un éxito inesperado gracias a la comedia La boda de mi mejor amiga. Aquí entrega un film de resultados desiguales, que a ratos quiere parecerse a Love Actually, aunque con un claro personaje principal. Se agradecen sus buenas intenciones, y la protagonista, Emilia Clarke, desprende encanto, e interacciona bien con el resto del reparto, ya sea con otros actores con personajes de peso como Henry Golding y Michelle Yeoh, o con otros más secundarios pero simpáticos, como los que interpretan a los desfavorecidos del hogar de acogida, o a la pareja femenina de policías, que se diría una versión uniformada del Gordo y el Flaco. Además esta bien apuntada la idea de cómo pequeñas acciones hechas por amor pueden marcar la diferencia, hacerte mejor persona, y por tanto, más feliz. Pero la cinta es algo tramposa en las sorpresas que nos reserva, y que no es cuestión aquí de desvelar, aportando información relevante para adivinarlas ya bien avanzada la trama, con toda seguridad porque la mayoría de los espectadores habrían adivinado por dónde iban los tiros. Y algunos aspectos que prometen, como la relación de Kate con sus padres y su hermana, tiene en realidad poco peso, al final sólo sirve para apuntar más el egoísmo que la lastra, y el caso de la hermana, para introducir un innecesario elemento lésbico, celebrativo de la diversidad en boga.
5/10
(2019) | 110 min.
Una amable película que viene a decir que algunos ladrones sí son gente honrada. Adapta “La fábrica de la Usina”, una novela de Eduardo Sacheri que se hizo acreedora del Premio Alfaguara en 2016. Y en el seguimiento de un esquema de película de robos perpetrado por “no-profesionales”, sigue las pautas de filmes como Atraco a las tres y Granujas de medio pelo, y en su deuda a los clásicos cinematográficos del subgénero, se permite una justa cita a Cómo robar un millón y..., del gran William Wyler. En una población rural cercana a Buenos Aires, un grupo de giles –termino para designar a la buena gente, trabajadora, tal vez algo ingenua...–, liderado por Fermín Perlassi, vieja leyenda del fútbol local, suman fuerzas y dinero para formar una cooperativa agrícola aprovechando los silos e instalaciones de una explotación abandonada. Unos pocos dólares aquí y otros pocos allá devienen en cantidad suficientemente importante para ser depositada en la caja de seguridad de un banco. Cuando el director de la entidad aconseja a Perlassi ingresar el dinero en una cuenta para obtener el crédito que necesitan para realizar toda la inversión, se produce el corralito de 2001 que afectó a toda Argentina, y pierden todo lo que que tenían. No es la única desgracia que se produce, y el disgusto de todos es mayor cuando se enteran de que han sido estafados, el director del banco y uno de sus clientes más importantes, Fortunato Manzi, sabían lo que se avecinaba. Un año después, un cúmulo de circunstancias les lleva a un descubrimiento excepcional: Manzi ha excavado una cámara de seguridad en medio del campo, donde oculta todo el dinero robado. Trazarán entonces un plan para hacer justicia. Sebastián Borensztein, responsable de títulos de interés como Un cuento chino y Capitán Kóblic, dirige y coescribe el film con el autor de la novela, y volviendo a contar con Ricardo Darín como productor y en el capítulo interpretativo, aunque aquí integra un reparto bastante coral, es protagonista pero menos. La narración se hace amable de cabo a rabo gracias a la dignidad y decencia de los personajes, divertidos y con rasgos entrañables, desde los hermanos tan contentos con sus teléfonos móviles, al antiguo zapador del ejército, pasando por el hijo que necesita independizarse de la madre y volar por su cuenta, o el otro que deja sus estudios para ayudar en casa tras las crisis, o al anarquista de boquilla al que encarna Luis Brandoni. Y por otro lado, está bien trazada y explicada la peripecia de quienes, estudiando bien las cosas, roban a un ladrón y merecen lo mejor por ello.
7/10
(2019) | 107 min.
Mathilda, humilde trabajadora en periodo de pruebas de una tienda de ropa que odia su trabajo, da a luz a Gloria, su primera hija, para alegría de su marido, Nicolás, conductor autónomo de Uber. La madre de Mathilda, la limpiadora de oficinas Sylvie, decide avisar al abuelo, Daniel, que acaba de salir de la cárcel, donde ha permanecido tanto tiempo que ella rehízo su vida con el conductor de autobuses Richard, con el que llegó a tener otra hija, Aurore, ahora ya también adulta. A esta última es a la única de la familia a la que parece irle bien, gracias a la tienda de su novio, el poco escrupuloso Bruno, que compra y vende productos de segunda mano a desfavorecidos. Oh, sorpresa, Robert Guédiguian vuelve a ambientar una película en su Marsella natal, repitiendo con su compañía estable, encabezada por su esposa, Ariane Ascaride, y Jean-Pierre Darroussin y Gérard Meylan. Sigue siendo interesante su discurso, esta vez en torno al valor del sacrificio, cuando está destinado a sacar adelante a la familia. Como buen cineasta de izquierdas habla de la explotación capitalista, y de las dificultades para sobrevivir trabajando muchas horas por un salario bajo, y poder conciliar con la crianza de un bebé. Pese a todo, el viejo idealista ha llegado a la conclusión de que mantener la rebeldía juvenil quizás no lleva a un buen puerto, pues se corre el riesgo de acabar envidiando a quien sigue un camino quizás más convencional, y más duro, pero que se ve recompensado con sacar adelante a los suyos. Incluye también una crítica a quienes imponen las huelgas, amparados por la inmunidad que ofrece el cargo de delegado sindical, pero intimidan a quienes legítimamente no quieren seguirla. Y se ponen de manifiesto la degradación de los valores morales, y los peligros de las drogas o de usar el sexo como moneda de cambio. Por supuesto, el autor de Marius y Jeannette sigue siendo un maestro a la hora de dirigir a los actores; a los de siempre posiblemente les haya dado pocas indicaciones, se nota que saben de sobra lo que se espera de ellos. La mejor, como cabe esperar, Ascaride, ideal como abuela coraje, que fue justamente recompensada con la Copa Volpy a la mejor actriz en Venecia. Se luce en una escena en la que su personaje confiesa una revelación inesperada. También demuestran nivel los más jóvenes, Anaïs Demoustier, Robinson Stévenin y Lola Naymark, con los que Guédiguian también había trabajado previamente. Pero esta vez el marsellés pincha un poco, en comparación con su media habitual. No acaba de hacer que funcione un guión artificioso que ha coescrito con Serge Valletti, con el que había colaborado ya en algunos de sus últimos trabajos. Da la sensación de que ambos tenían en mente cómo querían acabar el film, así que todo conduce a un desenlace forzado. Los diálogos no resultan naturales, y a veces la acumulación de desgracias que sufre alguno de sus personajes llega a producir el efecto contrario al perseguido, no logra aumentar el dramatismo sino que incluso produce risas. En concreto, ocurre en un momento con un autobús y unos policías. Otros fragmentos no parecen creíbles, por ejemplo que una de las hijas pida ver un vídeo erótico que ha grabado…¿su hermana?
5/10
(2019) | 114 min.
Hodaka, un adolescente, se ha fugado de casa para instalarse en un Tokio en que por misteriosas razones, tal vez el cambio climático, no deja de llover. Con su móvil y las redes sociales trata de arreglárselas para encontrar un sitio donde quedarse y un trabajo. Acaba trabajando para un tipo que conoció fugazmente, que vive con una jovencita y que dirige una revista de ocultismo y fenómenos paranormales bastante friki. Tal circunstancia le permite a conocer a Hina, una joven muy especial que vive sola con su hermano pequeño, tras la muerte de la madre, y que tiene un don especial para lograr que el sol asome por un rato ahí donde lo desea, lo que le permite ganar un dinero para salir adelante. Logrado anime escrito y dirigido por Makoto Shinkai, responsable de títulos como Your Name, y que con el que nos ocupa ha sido elegido para representar a Japón en la carrera del Oscar a la mejor película en lengua no inglesa. Tiene su encanto la animación con la lluvia que no cesa, y esos oasis de luz solar que alegran a gente que busca un día luminoso. Y también las relaciones que se crean entre los personajes, donde vamos descubriendo que a veces uno hace suposiciones que no se corresponden con la realidad, conviene no prejuzgar e informarse, parece que se nos viene a decir. Aunque la película tiene elementos fantásticos, se tiene el acierto de anclar la trama en situaciones reconocibles y cotidianas, en lo relativo a los problemas que hay que resolver, y a las relaciones que se establecen entre las personas. La idea de la policía que busca a los menores que llevan vida independiente imprime además cierta intriga, pues estos no pueden sentirse seguros en ningún momento. Tiene fuerza el conflicto entre sacrificarse por el bien común, y buscar el bien individual de los que tienen cerca; aunque puede desconcertar el planteamiento de intercambiar una cosa por otra, también se incide en que no podemos pretender cargar sobre nuestras espaldas con los problemas del mundo mundial, cada uno hace lo que puede en la vida. Como suele ocurrir en muchos animes abundan los detalles humorísticos, y se juega con la pubertad de Hodaka y su curiosidad por las chicas, que le llevan a situaciones que le hacen ruborizarse.
7/10
(2018) | 88 min.
Curiosa película polaca, cuyo planteamiento puede describirse a la perfección aseverando que riza el rizo. Porque sigue en el verano de 1945 a ocho chavales del campo de concentración de Gross Rosen, supervivientes del genocidio perpetrado por los nazis. Recién liberados, se alojan de modo provisional en un palacete en medio de un bosque, que hace las veces de orfanato. Pero el horror no ha terminado todavía, en los alrededores pululan los perros lobos con que los alemanes torturaban psicológicamente a sus prisioneros, una amenaza mortal, pues se encuentran en estado semisalvaje. El desconocido cineasta polaco Adrian Panek escribe y dirige una película incómoda y algo árida, que asume la idea de que esos niños nunca o apenas han tenido la oportunidad de vivir una infancia digna de ese nombre, pues han crecido en medio del horror del campo de concentración, muertos de miedo por la crueldad de sus captores, que les obligaban a hacer flexiones sin ton ni son ante su mirada atenta y la de los temibles perros. De modo que los críos son poco menos que "animalicos", que sólo han aprendido a mantenerse con vida. Son ilustrativas las imágenes que les muestran comiendo con las manos vorazmente, y la torpeza con que empiezan a manejar por primera vez unos cubiertos. Una vez queda clara la trama argumental, la cinta se estanca, con situaciones reiterativas acerca de las amenazas que acechan en el bosque. Como los niños no tienen "background", cuesta empatizar con ellos, pues apenas se diferencian unos de otros, más allá de que uno lleve, por ejemplo, gafas, o de distintas reacciones ante diferentes estímulos. La fotografía y el montaje de las imágenes tienen fuerza, pero no bastan para componer una buena película.
4/10
(2019) | 80 min.
Primer largometraje de Armand Rovira, que como sus cortos se inscribe en el terreno experimental; de hecho el título permite deducir que homenajea a uno de los más importantes creadores de este tipo de cine, Paul Morrissey, autor de los célebres Flesh y Trash, que contaron como productor con el mismísimo Andy Warhol. El film está compuesto por cinco cartas audiovisuales enviadas a este autor por parte de otros tantos individuos atormentados que adoran su cine y le consideran una especie de maestro y hasta guía espiritual. Así, Udo Strauss (al parecer el nombre homenajea a Udo Kier, uno de los actores fetiche del homenajeado) visita el Valle de los Caídos para encontrar paz espiritual, pero encuentra a una desconcertante mujer. Joe D’Allesandro (otro de los intérpretes favoritos de Morrissey, encarnándose a sí mismo) le confiesa en su misiva que no se arrepiente de estar enganchado a las drogas. En la tercera, la actriz Oleana Wood se siente tan sola que decide alquilar un poco de compañía. En la cuarta, la actriz y realizadora Saida Benzal le confiesa que en realidad es una vampiresa. En la quinta y última, la japonesa Hiroko Tanaka le explica que sufre una extraña enfermedad que le impide relacionarse con otras personas. El propio Rovira se ha ocupado de escribir junto a la citada Benzal un guión a medio camino entre el surrealismo y el cine de terror, que sobre todo logra transmitir nostalgia por los creadores underground de los años 60, y realiza una apología de la libertad de la que gozaban. Resulta bastante sugerente la fotografía, compuesta por oníricas imágenes en blanco y negro, tomadas con una cámara de 16mm., y un montaje fresco, donde cabe todo, por ejemplo que de repente se parta la pantalla para mostrar el punto de vista de dos personajes diferentes. Por otro lado, los actores no parecen muy entregados, únicamente pasean delante del objetivo, mientras se escucha una serie de voces en off, que reflexionan sobre diversos temas. Sobre todo se divaga acerca de la posibilidad de alterar la realidad gracias al cine o a los narcóticos, como método para evadirse de los problemas. En cualquier caso, queda la sensación de que el film tiene un tono pseudointelectual como si su creador estuviera mirando por encima del hombro al espectador.
5/10
(2019) | 70 min.
Jacob es un niño con mucha imaginación que tiene un don para el dibujo y sueña con ser arquitecto, como su padre. Cuando éste debe hacer un viaje de trabajo el pequeño Jacob ha de abandonar el centro de Riga apara pasar una semana en el suburbio de Maskachka con su prima Mimi. Allí, los dos jovenzuelos harán planes para evitar que destruyan un parque y construyan en su lugar un gran rascacielos. Les ayudará una banda de perros parlanchines. Encantadores dibujos animados producidos por Letonia y Polonia, dirigidos con gran encanto por el letón Edmunds Jansons, en el que supone su debut en el largometraje. La historia, una aventura ecológica para niños, es sencilla narrada a través de una trama infantil, en donde ciertamente sorprende la ausencia de figuras maternas. De cualquier forma, todos los personajes –los primos protagonistas, sus padres y los perros– resultan entrañables y el fondo ecológico de la película, que habla de conservar espacios naturales está contado con naturalidad y sin mensajes forzados. Jacob, Mimi y los perros del barrio está compuesta por medio de viñetas de colores suaves, que forman bellísimas composiciones que casi parecen tener textura de lienzos, como si estuvieran dibujadas a pincel o brocha. El diseño de casas, calles, objetos, paisajes y perspectivas, donde abundan las tonalidades rojizas, es siempre muy agradable a la vista, mientras que los rostros y las figuras humanas son originales, pintados con trazos simples y sin detalles de volumen. Y funciona también la rítmica y trabajada música jazzística de Krzysztof A. Janczak que acompaña las travesuras.
6/10