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Calendario estrenos cine

2020

Viernes 07 de Febrero de 2020

(2019) | 66 min.

¡Estamos a punto de que empiece la gran carrera de Bahía Aventura! La Patrulla canina está lista para apoyar a el héroe de la carrera, como su equipo de técnicos y de cambio de neumáticos. Pero cuando el legendario piloto no puede participar en el campeonato, ¡llama a Marshall para que le sustituya!

(2019) | 173 min.
Una película sorprendente. Basada en hechos reales, pero nada convencional. Edificante, sin ser cargante. Bellísima, sin apabullar. Para paladares exigentes, habrá quien no pueda con ella. Terrence Malick, director y guionista, se acerca mucho a ofrecer la mirada amorosa de Dios a la hora de describir el singular destino de Franz Jägerstätter, campesino austriaco católico en Los Alpes, casado con Fani, con quien tiene tres niñas. Tras la anexión de su país por Alemania y el estallido de la Segunda Guerra Mundial, su conciencia le impide prestar el juramento de lealtad a Adolf Hitler que viene aparejado con su servicio en el ejército. Su actitud no es comprendida por sus vecinos, muchos de los cuales se encuentran en primera línea de combate. Y se produce una reacción hostil. Incluso a los seres queridos les cuesta aceptar su modo de proceder. En otras manos, Vida oculta podía ser una película interesante, porque el personaje que se retrata lo es, pero poco más. Aquí se eleva a alturas insospechadas por la sensibilidad artística de Malick, que cuenta la historia de un modo inefable. De algún modo, mantiene una cierta distancia, el espectador puede tener la sensación de contemplarlo todo desde una nube, sin verse sacudido por la crispación o las emociones más primarias. Se nos invita con esta perspectiva a ver a Franz como un hombre sencillo, muy enamorado de su mujer, Fani –un sentimiento mutuo–, padre amantísimo de sus niñas, buen trabajador, alegre y cordial con sus amigos. Que tal vez tuviera una juventud azarosa, pero que ya ha sentado la cabeza, también por sus sólidas creencias religiosas. Y que se mantiene fiel a los dictados de su conciencia, le importa hacer lo correcto, el juicio de Dios, aunque los que le presionan insistan en que el suyo es un gesto inútil, del que nadie se va a enterar, y que debería pensar en lo inmediato y acuciante, el riesgo de dejar viuda y huérfanas, si las autoridades dictaminaran su ejecución. Incluso, en la versión original, tiene su sentido distinguir el inglés en que está rodado casi todo el film, con voz en off de Franz y Fani que deviene en plegaria y manifestación de la vida interior de cada uno, del alemán que asoma de vez en cuando, y que ayuda a ofrecer como distintos planos de intimidad y conversación pausada en confidencia, junto a otros más elementales en que se espetan insultos o voces despreciativas. Resulta llamativa la condición sinfónica del conjunto, servido con la fotografía poderosa de Jörg Widmer. El inteligente uso de algunas imágenes documentales de las multitudes idólatras del Führer. El contraste con otras idílicas de los Alpes, la verde hierba, la presencia de la niebla. El encanto del duro trabajo en el campo, arando la tierra, plantando, recogiendo, con las pausas para rezar tal vez el ángelus. El recurso a los objetivos cortos que amplían la mirada del espectador. Y el dibujo de la vida hogareña, cómo la felicidad la componen cosas muy sencillas, somos los hombre los que nos complicamos ambicionando no se sabe qué. Todo casa y se hila armónicamente, también con la fantástica partitura musical de James Newton Howard. Cuando surge el dilema moral de Franz, también se pinta su categoría moral con pulso firme, se entiende esa cita de la Escritura, que hace suya, “es mejor padecer la injusticia que cometerla”. Y resulta natural su petición de consejo, su posición no es la soberbia de quien se encastilla en su punto de vista. Y tiene muchos matices la descripción de cómo reaccionan unos y otros, desde el alcalde de Radegund, a la madre de Franz, la hermana de Fani, el sacerdote local, los vecinos... El secreto radica, ya lo he dicho, en la mirada, una mirada en la que nunca hay odio, sino más bien compasión, misericordia, lástima. De modo que cuando en quien mostraba una actitud mezquina, asoma un gesto de bondad, aquello llega muy hondo. La película está llena de matices, y no resulta posible aquí agotarlos todos. Pero resulta preciosa, y es obligado mencionarla, la descripción del tierno y completo amor de Franz y Fani, que no impide a esta reconocer “yo le amo, pero Él [Dios] le ama más”. Es una relación real, que podemos tocar, y en la que hay verdaderamente dolor y gloria. Ninguno de los cónyuges, maravillosamente interpretados por August Diehl y Valerie Pachner, es impasible o actúa como si el sacrificio que les toca vivir no les rompiera el corazón. Tienen fuerza también todos los pasajes en prisión, en que la violencia de los malos tratos es tratada con inteligencia, elípticamente con el recurso al fuera de campo. Y el proceso a que es sometido Franz tiene un claro paralelismo con el de Jesús antes de ser crucificado, incluso el oficial alemán de Bruno Ganz tiene algo de Poncio Pilato en el reconocimiento de una verdad que no sabe manejar envuelto en el cinismo de esa guerra injusta.
10/10
(2019) | 108 min.
Crónica del escándalo que sacudió al poderoso director de la cadena televisiva Fox News, Roger Ailes (1940-2017), cuando fue denunciado por acoso sexual en 2016 por parte de una de sus empleadas, la presentadora Gretchen Carlson, denuncia a la que se fueron sumando numerosas mujeres que habían sufrido el acoso del magnate a lo largo de los años. El guionista Charles Randolph pergeñó el guión a partir de las acusaciones reales vertidas contra Ailes y ofrece una trama atropellada al principio para irse poco a poco estabilizándose, un poco al modo de su oscarizado libreto de La gran apuesta, una historia que también resultaba poco accesible en ciertas momentos pero que ofrecía un buen tapiz final de la crisis económica de 2008. En El escándalo (Bombshell) se centra principalmente en tres personajes femeninos: las prestigiosas presentadoras Gretchen Carlson y Megyn Kelly, ambas reales, y la recién llegada Kayla Pospisil, personaje ficticio que ejemplifica el modelo de acoso de Ailes. Entre las tres ofrecen una visión poliédrica de las víctimas y las dificultades para tomar unas u otras decisiones que pueden minar el futuro profesional y personal de cada una de ellas. A veces las tramas personales parecen bastante caprichosas –esa relación de Kayla con una compañera-, otras resultan más razonables, como las dudas y crisis de Kelly a la hora callar o hablar. La narración está contada con buen ritmo por el director Jay Roach, más habitual en el género de la comedia. Logra transmitir la trepidación de un canal de noticias, las manipulaciones y controversias políticas (en torno a Trump, etc.), lo cual, por otra parte, exige una atención extra especialmente en el espectador no estadounidense, que probablemente ignora los nombres de las periodistas famosas de la cadena, jefes, compañeros, etc. El resultado es convincente pero también deja un aire general de cierta confusión. No es fácil, se ve, hacerse una idea completa de los hechos en poco más de hora y media, unos sucesos –los mismos– que podía contar con mayores y mejores matices la aplaudida serie televisiva La voz más alta. Sin duda, el punto fuerte de El escándalo (Bombshell), más allá lógicamente de la loable búsqueda de la justicia y la lucha femenina por conseguir la igualdad laboral, hay que buscarlo en el plantel interpretativo, donde hay un trabajo coral de numerosos actores y actrices, a veces en simples cameos. Las tres actrices protagonistas están estupendas y a ellas se debe en gran medida que la película aguante. Hay que destacar a Margot Robbie como la joven ambiciosa y, sobre todo, a una impecable y magnética Charlize Theron, retocada visiblemente en su rostro para ser Megyn Kelly. Su trabajo es formidable. Y también sobresale sin duda el también caracterizado John Lithgow en la piel del repelente Roger Ailes.
6/10
(2019) | 76 min.
Un pueblo de Galicia. Tres mujeres: Julia, una profesora de pintura; Elena, asistente en la clase y madre de la pequeña Olivia; Nadia, que posa como modelo. Un hombre, escopeta en mano y con dos perros, deambula por la zona en busca de alguien peligroso. Arima se inscribe en ese tipo de cine reciente llegado de tierras gallegas, del que es buena muestra Lo que arde, Longa noite o Arraianos. Cine un tanto hermético, rural, introspectivo, en donde el misterio, casi siempre interior o imaginario juega importancia capital e intriga al espectador, lo cual no significa que haya algo especialmente original que contar. El film habla de traumas y pérdidas del pasado, de presencias o sugestiones propias de la tierra, de la imaginación y curiosidad infantil, de pasiones y experiencias turbias, etc., pero lo hace siempre de refilón, de modo difuso. Estamos ante un cine esencialmente femenino, con personajes lacónicos, solitarios, que no pueden sacudirse el desasosiego que les embarga. Filmada principalmente en Mondoñedo, la guionista y directora debutante Jaione Camborda rueda al ritmo lento de la vida en el pueblo, donde hay poco que hacer, la cámara se detiene a menudo lentamente en las imágenes. Desde luego muestra vidas que no parecen precisamente alegres, hay un peso que parece aplastarlas, sensación que se incrementa con la iluminación natural, que crea espacios interiores oscuros, velados y opresivos. El apartado actoral convence, con un puñado de actrices que resultan muy verosímiles.
4/10
(2020) | 109 min.
Harley Quinn ha roto con su novio, Joker, el payaso mafioso de Gotham. Después de volar por los aires la factoría de productos químicos en la que le conoció, como catarsis, tratará de ayudar a la joven carterista Cassandra Cain, que le ha robado un valioso diamante al sádico supervillano Black Mass. Para sobrevivir al acoso de sus sicarios, Harley deberá unir sus fuerzas con la cantante con poderes Canario Negro, la cazarrecompensas letal Cazadora y la policía Renée Montoya. Escuadrón suicida no acabó de tener buenas críticas, pero casi todas salvaban a Margot Robbie como la caótica y loca novia del Joker, que encarnaba en aquella ocasión Jared Leto. Así que los ejecutivos de Warner han optado por darle una película propia a la antiheroína, en teoría acompañada por otras mujeres del universo de los comics DC, aunque lo cierto es que ella copa la mayoría de la función. Leto ni siquiera aparece. Se tenía que seguir la consigna de imitar la fórmula de Deadpool, de la competencia, Marvel, con una protagonista irreverente y salvaje que habla a la cámara, y sobre todo toneladas de humor, muchas veces metacinematográfico. Pero no se logra ni de lejos la misma gracia y frescura. También se ha apostado por sumarse al feminismo post #MeToo, aunque en realidad no se incluyen reflexiones de calado sobre este tema, el film se limita a mostrar mujeres guerreras que la emprenden a guantazos con cuantos hombres se cruzan en su camino, ya que todos ellos son perversos. A partir de un guión de Christina Hodson (Bumblebee), la directora Cathy Yan, que hasta ahora sólo había dirigido Dead Pigs, un largometraje ‘indie’ poco conocido, parece tener como modelos a Quentin Tarantino y Guy Ritchie. La acción arranca a medio camino, para que después se cuente cómo llegó cada personaje a ese punto. Por desgracia, la mayoría de protagonistas apenas tienen interés, no están bien desarrollados, por lo que se desaprovecha a actores de valía como Mary Elizabeth Winstead (Cazadora), Rosie Perez (Montoya) o Jurnee Smollett-Bell (Canario Negro). Tiene mucho más delito que se le haya dado a Ewan McGregor un villano de opereta que ni él consigue sacar adelante. En todo caso se salva la propia Margot Robbie, porque contagia su entusiasmo por Harley Quinn, y transmite que se lo pasa bomba interpretándola. Tienen su mérito también las coreografías de acción, en secuencias como la que se desarrolla en una comisaría.
5/10
(2019) | 105 min.
Merab es bailarín de danza georgiana, un tipo de baile tradicional muy arraigado en el país asiático. Cada día acude a la academia y lucha por un puesto el cuerpo de baile principal. Su mayor rival será un recién llegado, Irakli, por quien inmediatamente sentirá una atracción sexual, mientras su pareja Mary es ajena a lo que está ocurriendo. El sueco Levan Akin rueda una película de temática tristona, pesarosa y sofocante acerca de la dificultad para cumplir los sueños. Akin tiene raíces georgianas y ambienta su película en Tiblisi, capital de esa antigua república soviética a orillas del Mar Negro. Se trata de una película sensible, con cierto aire independiente, que se centra en escasos personajes y que sugiere un mundo interior atormentado. Su protagonista, Merab, es hombre de pocas palabras, que en poco tiempo se verá sometido a una potente atracción homosexual que él sabe que le acarreará problemas, más si cabe cuando está decidido a ser bailarín de danza georgiana, una disciplina que se rige por estrictas normas tradicionales. En realidad Sólo nos queda bailar toma la danza y sus estrictas reglas como metáfora social de las dificultades de aceptación del mundo LGTBI+ para colectivos de ciertos países y en este sentido se sitúa como una película más sobre la ideología de género. Aunque en realidad hay más que eso, como el peso de las tradiciones y de la formas en un país poco evolucionado, véase la subtrama del hermano. Cinematográficamente destacan los momentos más artísticos, en donde vemos a los protagonistas viviendo con pasión la danza, como el modélico colofón. El actor protagonista Levan Gelbakhiani, bailarín profesional, hace un buen trabajo.
4/10
(2020) | 95 min.
Uno de los pacientes del psiquiatra Romain es un hombre que vive en otro mundo. Sostiene que su nombre en clave es El León y que en realidad es una agente secreto especializado en el rescate de rehenes. Un día León avisa al doctor de que su mujer va a ser secuestrada y cuando esto ocurre, el médico decide jugarse el todo por el todo: ayudará a escapar a su paciente del psiquiátrico para que le ayude a encontrar a su mujer. Comedia francesa servida por el gracioso humorista Dany Boon (Bienvenidos al norte), esta vez acompañado de un compañero de cuitas a la altura, Philippe Katerine. La historia de Una misión de locos trae a la memoria ideas felices que ya vimos en películas de un género muy distinto, como Conspiración, en especial la del paranoico que ve espías y asuntos turbios por todas partes y que resultan ser ciertos. Aquí el loco es el más cuerdo y será El León el que será capaz de sacar las castañas del fuego a su “enemigo” el psiquiatra. Dirigida por Ludovic Colbeau-Justin, estamos ante una película menor, aunque agradable, con algunos gags con especial gracia. Sin embargo, el interés inicial se va diluyendo poco a poco y la calidad va de más a menos, pese a que se ve con una continua sonrisa en los labios. Se ha querido dotar a las aventuras de un excesivo tono cómico, hasta el punto de resultar fantasioso en distintas escenas, peleas, caídas, golpes, disparos, puñaladas, etc. Todo es muy leve, simplón y poco elaborado. Esto resta lógicamente cualquier interés real por los acontecimientos, y por supuesto el espectador sabe que desembocarán en un final feliz. Toda la película se asienta sobre el carisma de Dany Boon y Philippe Katerine, para bien y para mal.
4/10
(2020) | 87 min.
Cinta familiar armada alrededor del fin de semana que pasan juntos los niños Lur y Amets con la abuela Andere en su caserío, los padres tienen una boda. Demasiado acostumbrados a estar pegados al ordenador con videojuegos, la abuela las deja sin luz, y logran encandilarles como contadora de historias a la lumbre del fuego de la chimenea, dándoles lecciones de historia con la triquiñuela de convertirles en protagonistas de lo que ocurrió en el pasado: prehistoria, ocupación romana, Edad Media, brujas de Zugarramurdi, guerras carlistas, revolución industrial, guerra civil y franquismo, y época actual. Aunque la idea es simpática, la narración resulta bastante plana, y algunas intenciones pedagógicas como hablar de los avances de la mujer, no son demasiado sutiles. Aunque a tal efecto la peor parte se la lleva el franquismo, que reprimiría el uso del euskera. Dirige la cinta el dúo conformado por Joseba Ponce e Imanol Zinkunegi, que se suman a un sector, el de animación, pujante en el País Vasco. La animación es sencilla, por no decir elemental, y a los personajes les falta expresividad.
4/10
(2019) | 55 min.
Simpático pack cinematográfico compuesto de cuatro cortos infantiles europeos, presidido por Zibila y el poder de las rayas, dirigido por Isabelle Favez, sin duda el mejor. Aunque todos tienen su interés, y comparten su virtud pedagógica por el carácter fabulador, y ello evitando ser cargante. Tienen mucho encanto las tribulaciones de la cebra Zibila, superviviente de un naufragio y adoptada por sus padres caballos. Cuando cambian de ciudad, la simpática Zibila tiene que aguantar las burlas de sus crueles compañeros de clase, o los prejucios de unos vecinos, por ser diferente, ella tiene rayas. Pero sin complejos, Zibila logra hacer amigos, y ayuda al caballo Salvador en el circo, que se gana la vida disfrazado de león, ya que el que tenía a su cuidado se escapó. Destacan los dibujos minimalistas, un poco a lo Picasso o Mariscal, verdaderamente encantadores, transmiten una inusual expresividad. En El fondant de chocolat, que firma Benoît Chieux, también preside la trama la idea de que las apariencias engañan. Cuando dos amigos llevan un pastel por un tenebroso bosque, temen a un enorme gigante con barba que pulula por ahí, aunque resulta que la criatura puede ser mucho más acogedora de lo que cabía esperar. Resulta audaz la diferencia entre los dibujos y el fondo relativamente plano. También es gracioso No tengo miedo del cocodrilo, de los directores españoles Marc Riba y Anna Solanas, que juega a la contra con un cocodrilo, rompiendo los estereotipos al uso. Finalmente en En las alturas, de Marina Svojíková, seguimos a una simpática jirafa que se pierde en el bosque y debe convivir con criaturas muy diferentes a ella.
6/10

Viernes 14 de Febrero de 2020

(2019) | 99 min.
Para escapar de unos malvados seres de su mundo, Sonic, erizo azul con el superpoder de correr a enorme velocidad, se ha refugiado en Green Hill, un pueblecito de la Tierra. Pero no puede llamar la atención, por lo que permanece en soledad, oculto en una cueva; en su desesperación observa desde la distancia a Tom Wachowski, el sheriff local, y a su esposa Maddie, que serían sus padres ideales, con cuidado para que no le descubran. Cuando Sonic provoca un accidente que deja sin luz a toda la zona, el gobierno sospecha de su existencia, por lo que envían al Dr. Robotnik, que tratará de capturarlo con ayuda de sus sofisticados drones. Salto al cine del personaje emblemático de los videojuegos de Sega, creado en 1991 para competir con Super Mario Bros. de Nintendo, la competencia. Puesto que este último dio lugar a un film de valor ínfimo, y no suele ser habitual que los grandes éxitos de las consolas propicien adaptaciones dignas, el proyecto no hacía augurar nada bueno, sobre todo desde que Paramount lanzó el primer tráiler, con un diseño del personaje muy poco atractivo, que fue muy criticado, sobre todo por los fans. En un caso sin muchos precedentes, la ‘major’ escuchó sus lamentos y decidió reelaborar al protagonista, pese a que el proceso acarreó grandes gastos. Quizás por las bajas expectativas, el conjunto sorprende para bien, pues el metraje pasa a toda pastilla. En primer lugar se ha logrado una convincente integración de los actores con el personaje, creado con animación CGI, y sus efectos visuales de última generación propician efectivas secuencias de carreras, y enfrentamientos con Robotnik y sus creaciones. Integra también mucho humor, muy blanco, dirigido al público familiar, referencias a películas famosas como Speed y personajes de la cultura popular como Flash, y muchos guiños para los ‘gamers’, como la sintonía original del juego, y alguna sorpresa post-créditos. El debutante realizador Jeff Fowler aprovecha que el guión se articula en torno a la necesidad de los seres vivos de relacionarse, y tener una familia, de modo que su relato de amistad entre humano y extraterrestre perseguido por el gobierno recuerda lejanamente a E.T., el extraterrestre. También se pone en solfa la tendencia actual de anteponer la carrera profesional a todo, hasta tal punto que se renuncia por completo a los seres cercanos. James Marsden (Wachowski) tiene química con el protagonista animado, se nota que tiene experiencia en este terreno con Hop, donde se hacía amigo de un conejo. A sus 58 años, Jim Carrey se ha olvidado de sus actuaciones contenidas, en títulos como El show de Truman, aquí muestra el lado más histriónico de La máscara y similares, pero su villano de cómic tiene su gracia.
6/10
(2019) | 123 min.
Desencantado de Israel, su país natal, el joven Yoav viaja a París, pues aspira a convertirse en francés, hasta el punto de no volver a hablar nunca jamás en hebreo, su lengua madre. Le encuentran desmayado Émile, joven acomodado que sueña con hacerse escritor, y su novia, Caroline, que le prestarán ayuda. Mientras Émile queda fascinado por la extraordinaria capacidad del recién llegado de contar historias, Caroline se sentirá atraída por él. El israelí Nadav Lapid firmó la interesante La profesora de parvulario, que llegó a tener un remake en Hollywood. Ha ganado el Oso de Oro, máximo galardón del Festival de Berlín, con un film que comparte con aquél su vocación provocadora, aunque en ocasiones se acerca al surrealismo, pese a estar inspirado en la experiencia real de Lapid, también guionista, que residió un tiempo en la capital francesa. Abundan las escenas descarnadas y un poco salvajes de enorme tensión dramática, sobre todo aquélla en la que el protagonista se ofrece como modelo erótico para un extravagante fotógrafo, que le humilla a gritos. Otras veces se decanta por sketchs humorísticos. El resultado desconcierta, y se vuelve premioso, pues no se sabe muy bien a dónde se dirige. Pese a todo, despierta el interés, pues habla de la búsqueda de la identidad personal, y se pregunta cómo se adquiere una nacionalidad; todo indica que se puede renunciar al país propio para cambiarlo por otro, con mucho empeño y cumpliendo requisitos burocráticos. Pero no existe ninguno perfecto, todos tienen ventajas e inconvenientes; en el caso de los galos, una clase alta peculiar, cínica y sin rumbo definido contra la que Lapid parece arremeter sin piedad. Resulta sorprendente el trabajo del debutante Tom Mercier, que parece haberse dejado el alma en su interpretación protagonista; todo indica que estaba dispuesto a esforzarse lo que fuera necesario para mostrar la evolución de Yoav. A su lado, no desmerecen Quentin Dolmaire y Louise Chevillotte, no mucho más experimentados.
5/10
(2019) | 100 min.
A un joven policía le encomiendan vigilar el cuerpo de una mujer desnuda que ha aparecido en medio de la estepa, hasta que venga el juez a levantar el cadáver. Le asistirá una pastora de la zona, apodada “Dinosaurio”, que le trae algo de comida, y lleva consigo un rifle, muy útil por si se acercan los lobos… Quan'an Wang ganó el Oso de Oro en Berlín en 2007 con La boda de Tuya, que describía la forma de vida de los mongoles, que tradicionalmente se dedican al pastoreo. Continúa mostrando la actualidad de la misma etnia –a la que pertenecía su madre– con este film, que se ha hecho con la máxima distinción en la Seminci, en 2019. Parece unirse a la oleada de largometrajes feministas, al centrarse sobre todo en la protagonista femenina, una mujer autosuficiente, capaz de sobrevivir por sí misma en un entorno árido. El realizador chino desconcierta un tanto al espectador, sobre todo en el primer tramo, donde rueda únicamente con planos generales, bastante lejanos, por lo que resulta un tanto difícil identificarse con los personajes. También mezcla géneros, pues comienza como una especie de thriller, pero después mezcla el drama con toques de comedia. De la misma forma, desorienta un poco que juegue a provocar, por ejemplo muestra sexo, lo que no resulta habitual en un film coproducido entre China y Mongolia, pero no lo hace de forma explícita, sino que desenfoca la imagen. Pese a que tiene un ritmo premeditadamente premioso, lo que puede ahuyentar a parte del público, y la narración –improvisada sin guión– acaba resultando bastante sencilla, cuenta con una fotografía elaborada, y buenos trabajos de los actores, sobre todo de Dulamjav Enkhtaivan, debutante protagonista. Viene a decir que las costumbres de su pueblo se resisten a extinguirse como los dinosaurios, y habla también de su choque con quienes viven en las sociedades modernas, y la necesidad de apoyarse en otras personas en entornos hostiles, lo que trae a la mente Dersu Uzala, de Akira Kurosawa.
6/10
(2020) | 90 min.
Marina se dedica a organizar bodas y en una de ellas conoce a Carlos. Surge la chispa del amor entre ellos y esa misma noche tienen un encuentro sexual. Al día siguiente, la novia de Carlos encuentra por casualidad la tarjeta de Marina en el pantalón de Carlos e interpreta sobre la marcha que éste le va a proponer matrimonio. El desconcertado novio se dejará llevar por los acontecimientos. El director Dani de la Orden (El mejor verano de mi vida) dirige esta comedia cuyo planteamiento recuerda a otras de sesgo más romántico y clásico como Planes de boda, donde Jennifer López era la “wedding planner”. Pero aquí todo se presenta con un aire mucho más alocado y ligero, un poco al estilo de la 'screwball comedy', pero en donde las situaciones rocambolescas resultan más sosas de lo esperado, aunque haya algunas escenas de enredo divertidas, como la de la llegada a la casa con el protagonista drogado. La pena es que el guión de Hasta que la boda nos separe, gracioso por momentos, no es para tirar cohetes y va de más menos, alargando el conflicto sin grandes progresos. Y da la sensación de que los diálogos podrían haber sido más ocurrentes, algo que se comprueba en la decisiva escena del barco, que no acaba de funcionar como debiera. Al final queda una comedieta a la española, hablando en términos más o menos tópicos, también por su tono chusco, donde lo mejor es probablemente la actriz Belén Cuesta, que tiene el don cómico necesario para empatizar con el espectador y resulta en general mucho más divertida que su enamorado Álex García (Si yo fuera rico).
4/10
(2017) | 116 min.
Una mujer deambula por el desierto tras salir de un coche accidentado. Camina bajo el intenso sol, duerme, sigue andando desorientada, se derrumba. Un hombre la encuentra semiinconsciente en medio de la nada. La lleva en su coche, le proporciona cuidados médicos. Cuando la mujer despierta al cabo de los días, sufre una profunda amnesia. El hombre le dice que se llama Jake y que es su marido. Una película casi minimalista en su concepción, en donde la localización y la puesta en escena son prioritarias. Se trata del segundo largometraje de Dimitri de Clercq, que ha tardado 25 años en ponerse de nuevo detrás de las cámaras –tras Un ruido de locura (1995)– y ha logrado numerosísimos premios y nominaciones con su nueva propuesta, You go to my head, un título que está tomado de un célebre standard de jazz, aquí bellamente interpretado por la suave voz de Chet Baker en los títulos de crédito. Es un ejercicio de estilo de extrema calidad, epatante e hipnótico, con planos trabajados hasta el máximo y unos encuadres milimétricos, donde la luz natural es deslumbrante, bellísima, y algunas escenas de interior recuerdan nada menos que a Vermeer. Ambientada en Marruecos, en la alucinante Fabe House de Marrakech, y apoyándose en una trama levísima, como se ha dicho, De Clerq juega con cierta intriga acerca de la verdad de los hechos, de quién es quién en esta nueva vida de la protagonista e imprime a sus imágenes algo de ensoñación o incluso de pesadilla con la ayuda de una banda sonora escasa, casi fantasmal. Eso ayuda a que el espectador se interese, aunque lo cierto es que es difícil desprenderse de la belleza y el misterio que emanan las imágenes fotográficas de Stijn Grupping, ya sean de los crepúsculos o de los planos diurnos de la moderna y blanquísima casa diseñada por el arquitecto Guilhem Eustache, por donde se pasea misteriosa la actriz belga Delfine Bafort. Desde luego hay momentos de sosiego impresionante, ayudados por la paz y tranquilidad del ambiente circundante, con subyugantes imágenes de la piscina o del desierto, una inmensidad beig bañada por el sol, límpida y tan desnuda como el cuerpo que exhibe la impudorosa protagonista en numerosas ocasiones.
5/10
(2019) | 103 min.

El detective Jack Radcliff (David Oyelowo) recibe una extraña llamada de su sobrina recientemente asesinada, Ashley (Storm Reid). Aunque al principio no sabe si se trata de un fantasma o de si está perdiendo por completo la cabeza, finalmente descubre que su sobrina sigue con vida. Entre ambos tratarán de averiguar qué es lo que ha sucedido realmente y lucharán a través del tiempo por resolver el asesinato antes de que pueda llegar a ocurrir.

(2020) | 110 min.
Cinta de corte fantástico más o menos terrorífico, que transcurre en una isla paradisíaca de moda, en medio de la nada, a la que ha acudido un grupo de invitados, seducidos por la promesa de que ahí se va a cumplir su deseo más íntimo, y que han consignado en un formulario. Eso sí, una vez iniciado el proceso, les advierte su anfitrión, Mr. Roarke, aquello no se detendrá hasta su “conclusión natural”. De modo que empieza a cumplirse la fantasía de cada uno, que a medida que se desarrolla demuestra tener, como las cebollas varias capas. Los hermanos Bradley y Brax parecen moverse por algo bastante elemental, tías y tíos buenorros –Brax es gay–, pero el primero trata de olvidar un desengaño amoroso, y el otro en realidad está ahí por su hermano; Elena quiere una segunda oportunidad, tras haber dado calabazas al hombre de su vida, aunque algo más le corroe; Sonja desea vengarse de la chica que le hacía bullying en el instituto, lo que amargó su vida para siempre; y finalmente Randall quiere ver cumplido su deseo de servir en el ejército. Dirigida por Jeff Wadlow, que ya firmó una película de este mismo corte, Verdad o reto, el film se inspira en una serie televisiva de los 70 y los 80, pasada por el tamiz de la productora especializada en el terror de Jason Blum. Y ofrece una especie de cruce entre Jumanji y la serie Perdidos, con personajes que deben (o no) superar traumas y purgar culpas pasadas. Con un par de actores conocidos, aunque no superestrellas, Maggie Q, Michael Peña y Michael Rooker, y otros que lo son bastante menos, tenemos un film más o menos entretenido, pero que acaba siendo repetitivo, y algo gratuito en los giros narrativos y supuestas sorpresas.
5/10
(2019) | 94 min.
Hinako es una jovencita que estudia para oceanógrafa, le encanta el mar y hacer surf, y tiene un apartamento en una zona costera. Desde la azotea de su cuartel de bomberos la ve con frecuencia Minato, a la que denomina romáticamente "mi heroína". Una noche se produce un pavoroso incendio en el edificio de Hinako, y Minato acude con sus compañeros y la salva. Es el comienzo de una relación, ambos están profundamente enamorados. Hasta el empalago, piensa la seca Yoko, hermana de Minato, mientras que el bombero Wasabi mira a su amigo con cierta envidia. Pasan mucho tiempo juntos, e Hinako inicia a Minato en el arte del surf. Lo que da pie a un accidente mortal. Masaaki Yuasa logra entregar una sentida cinta romántica, con muchos elementos realistas, en torno al surf y los incendios, y a las personas imprudentes capaces de desencadenar tragedias por su inconsciencia. También habla del dolor que acompaña a la muerte, y de la capacidad de tomar las riendas de la propia vida, para cabalgar en las olas que uno decida. Pero no falta un elemento mágico, aunque a diferencia de otras cintas niponas, aquí resulta completamente inteligible, y es la misteriosa presencia del espíritu de una persona en el agua, a la que se convoca cuando se canta una canción. Esta sencilla idea da pie a bastantes escenas cautivadoras. Además el guion de Reiko Yoshida (A Silent Voice, Okko: El hostal y sus fantasmas) sabe desarrollar bien a los cuatro personajes principales y los elementos que los unen. La animación sigue los parámetros clásicos del anime, con mucho colorido, y sabe aprovechar las cualidades y posibilidades creativas que ofrecen el agua y el fuego; también a veces recurre a la animación reducida, con particular encanto.
7/10
(2019) | 98 min.
Anodina cinta sobre las conquistas amorosas del célebre mujeriego Giacomo Casanova, que consignó en sus memorias y que han inspirado a cineastas como Federico Fellini o Lasse Hallström. La cinta arranca en Bohemia, donde vive semirretirado escribiendo sus recuerdos; una mujer viene a verle para que le ilustre con clases sobre Aristóteles, aunque le entretienen más los relatos de sus amoríos, donde asegura que todas las mujeres con las que mantuvo relaciones venían a ser la primera y la última. Todas excepto una, Marianne de Charpillon, a la que conoció en Londres y le cambió para siempre. El film de Benoît Jacquot consiste en su casi totalidad en un flash-back que pretende dar cuenta de esa relación tan especial. Pero el director, con sus coguionistas Jérôme Beaujour y Chantal Thomas, pergeñan una plúmbea narración, muy premiosa, donde nunca hay espacio para la emoción. La turbación de un descolocado Vincent Lindon –que interpreta a Casanova,– por una mujer que se supone muy especial y que juega con él –papel a cargo de Stacy Martin, que se estrenó en cine con las cinta cargada de sexo de Lars von Trier Nymphomaniac–, nunca llega a entenderse. Y si se ha intentado entregar algún tipo de fábula seudomoral acerca del cazador cazado o el seductor seducido, al que al fin atrae de algún modo la monogamia, sólo cabe decir que la opacidad de su moraleja es total. Ni con la mejor de las disposiciones del crítico resulta posible salvar esta propuesta de tristes personajes desamorados con pelucas empolvadas y personalidad nula.
3/10

Martes 18 de Febrero de 2020

(2019) | 88 min.

Documental que convierte el libro de aventuras que fue la vida de Gauguin en imágenes, pero también es una historia de fracaso, ya que el pintor no pudo liberarse de sus orígenes y de las ambiciones y privilegios del hombre moderno. Después de todo, él era ciudadano de una gran colonia: pintaba entre las palmeras, pero sus pensamientos estaban dirigidos hacia la gente en Occidente. Una paradoja que se reflejó en el destino de su obra, ya que sus pinturas se conservan ahora en los principales museos internacionales, donde cada año millones de personas se detienen frente a esos lienzos de Tahití, soñando con su momento en el paraíso.

Viernes 21 de Febrero de 2020

(2019) | 89 min.
Christian y Lars, agentes de policía de Copenhague, acuden a investigar una llamada rutinaria motivada por lo que parece una pelea doméstica. Pero se encuentran a un violento terrorista del ISIS, de larga barba, que ha torturado a un tipo hasta matarle, que acaba también con la vida de Lars, y consigue zafarse de Christian. Este tratará de dar con el asesino con ayuda de Alex, una nueva compañera que había mantenido un idilio con Lars. Para Brian de Palma sacar adelante un nuevo proyecto se ha convertido en una Misión imposible, lejos han quedado los tiempos en los que dirigió el meritorio blockbuster al servicio de Tom Cruise. Tras Passion, su único proyecto de la década –que no se estrenó en muchos países, entre ellos España– ha tenido muchos problemas de financiación a la hora de rodar este film, que parte de un guión del noruego Petter Skavlan, escritor de Kon-Tiki. En principio, se entiende por qué le ha interesado el libreto al veterano italoamericano, pues combina elementos del thriller, género en el que ha brillado con Doble cuerpo y Vestida para matar, con los conflictos internacionales, temática de Corazones de hierro y Redacted. Por desgracia, no se sabe qué es peor, si la rutinaria parte de suspense, o la puerilidad de la subtrama política, que no pasa de recordar la maldad de los terroristas islámicos y poco más. A De Palma no le asusta partir de una trama endeble, pues en otras ocasiones lo ha arreglado componiendo dos o tres momentos impactantes. Aquí lo ha intentado, pero por falta de presupuesto, sus escenas clave acaban resultando ridículas, sobre todo una persecución por los tejados que quiere homenajear la que abre Vértigo, de Alfred Hitchcock, su película preferida, un atentado en un festival de cine visto a través de la cámara que lleva la fanática que va a cometer el atroz acto, o el final, en la plaza de toros de Almería, donde los protagonistas ven lo que ocurre con binoculares al estilo de La ventana indiscreta, y que pese a levantar buenas expectativas acaba en poca cosa. El cineasta hace gala de algunos de sus personalísimos toques de estilo, por ejemplo, partiendo la pantalla. Podían haber tenido interés sus reflexiones sobre la era de los vídeos en internet, con terroristas obsesionados por la imagen que ofrece lo que cuelgan online. Pero se acaba cayendo en el absurdo, véase por ejemplo al protagonista comentando lo que han enviado los villanos, no parecen preocuparle las víctimas, ni la investigación, sino el valor de las tomas rodadas por drones, como si en lugar de policía fuera un crítico de cine. Su compositor habitual, Pino Donaggio, no se ha complicado mucho la cabeza a la hora de articular una banda sonora que tenga una mínima frescura. Al menos, Domino cuenta con un reparto sólido que se esfuerza por sacar adelante a los personajes, sobre todo dos actores sacados de Juego de tronos, Nikolaj Coster-Waldau (Christian) y Carice Van Houten (Alex), a los que se suma Guy Pearce (el agente de la CIA Joe Martin). No logran remontar el desastre.
4/10
(2019) | 80 min.
Tres hombre se dan cita en el piso madrileño de uno de ellos. Paco, Ramón y Andrade son íntimos amigos, perdieron su puesto de trabajo, están casi en la miseria y ahora se han propuesto llevar a cabo un plan que supone ir a alguna parte. Pero el coche que debería llevarles se ha averiado. Y mientras Paco se reconcome de impaciencia viendo el modo de salir de allí, el desaseado Andrade no hace más que fumar porros en un estado lamentable y Ramón parece ido, ausente, bebiendo cerveza a las nueve de la mañana y haciéndose surrealistas preguntas filosóficas que no vienen a cuento. Una obra teatral de Ignasi Vidal sirve al director y guionista madrileño Polo Menárguez para entregar una película que es todo un alarde interpretativo de los únicos tres actores de la historia. Antonio de la Torre, Raúl Arévalo y Chema del Barco se valen para tener al espectador cogido por las solapas durante los ochenta minutos de función, tiempo durante el cual charlan y discuten en el interior de un piso del que, con la excepción de una brevísima estancia a la acera del portal, nunca salen, un poco al estilo de Un Dios salvaje de Polanski, aunque en ese caso se tratara de tres parejas en lugar de tres hombres. Aunque funciona por momentos el tono de patética comedia, El plan no es precisamente la alegría de la huerta, más bien todo lo contrario. La película cuenta cosas serias, tragedias de entidad, y presenta un panorama desolador, miserable, deprimente, con unos protagonistas castigados por el paro laboral, sin autoestima y cuyas heridas irán saliendo a la luz poco a poco al hilo de diálogos y discusiones. Las revelaciones del porreta Andrade, el impaciente Paco y el alelado Ramón surgirán en un paulatino “in crescendo” hasta el abismo, mientras que el plan del título acabará siendo mera excusa, MacGuffin accesorio en esta catarsis del negro interior de tres perdedores, vidas arrastradas por la tristeza, la humillación y el victimismo. El ritmo es soberbio, la concisión –sólo 80 minutos– se agradece, pero, como se ha dicho, la atmósfera pesimista de la propuesta sólo es digerible gracias al trabajo de un elenco de actores sobresaliente.
6/10
(2019) | 131 min.
En Cincinnati, los afroamericanos Ernest Hinds y Angela Johnson quedan para cenar tras conocerse gracias a una aplicación informática de citas. Cuando Ernest conduce su vehículo para llevar a Angela de vuelta a su casa, un agente de la ley detiene el vehículo por una infracción, pero resulta ser un tipo con prejuicios raciales que se propasa, hasta el punto de que dispara a Angela en la pierna por protestar. El chico acaba forcejeando con el policía, hasta el punto de que le arrebata su revólver y lo mata. La pareja decide poner tierra de por medio. Primer largometraje de Melina Matsoukas, que ha elegido un relato estilo Bonnie & Clyde o Thelma & Louise para denunciar las dificultades de la población negra para vivir el día a día en Estados Unidos, y los excesos policiales contra ese sector de la población. El guión de la debutante Lena Waithe trata de ser reflexivo, pues al mismo tiempo que presenta a los protagonistas como víctimas de una injusticia, advierte de que este tipo de personajes pueden dar pie al populismo, así como causar disturbios donde se sigan produciendo situaciones no deseadas. Se estrena poco después de Joker, que de la misma forma analiza cómo nacen este tipo de situaciones, si bien la diferencia es que aquí se aspira a la identificación con la pareja de forajidos. También invita a buscar la felicidad en los pequeños detalles cotidianos. Funciona muy bien un momento en el que la hasta ese momento autodeclarada atea Angela reza para agradecer a Dios tener un lugar para dormir y otros favores cuya importancia sólo se percibe en situaciones extremas. A veces se consigue algún momento de poesía visual, como en una secuencia con un caballo, a la que cabe reprochar una estética que permite adivinar que la realizadora proviene de los videoclips. Pese a que Matsoukas se revela como una realizadora con futuro, no consigue rematar la faena, por numerosos detalles que sacan al espectador de la historia; por ejemplo un vestuario estrafalario de los personajes, sobre todo el que llevan Ernest y Angela, él con chándal de terciopelo, ella con un vestido estampado de cebra y botas de piel de serpiente, lo que queda un tanto surrealista en algunos momentos. Desentonan también detalles poco creíbles, como un estrambótico atraco a una gasolinera que acaba siendo involuntariamente cómico, o el momento en el que un policía negro se dispone a atrapar a los fugitivos a los que ha descubierto abriendo el portón del garaje. Ni éstos ni ninguno de los otros personajes se plantean a lo largo del metraje qué pasaría si se entregaran, ya que la grabación del coche patrulla del fallecido muestra un suceso que posiblemente cualquier jurado consideraría defensa propia. Cae además Matsoukas en un detalle de dudoso gusto. Intercala una secuencia con una muerte violenta –que podía haber tenido gran fuerza editada de otra forma– con un encuentro sexual entre los protagonistas. En cuanto a los actores, Daniel Kaluuya, que demostró su valía con Déjame salir, está muy por encima de Jodie Turner-Smith (The Neon Demon), que parece escogida más por su inmenso atractivo que por otra cosa. Tampoco todos los secundarios logran sacar adelante a personajes en ocasiones un tanto absurdos.
5/10
(2019) | 102 min.
Singularísima película colombiana, de la que sus responsables refieren influencias literarias de “El señor de las moscas” de William Golding y “El corazón de las tinieblas” de Joseph Conrad, a las que habría que añadir las de sus traslaciones cinematográficas, incluida la inconfesa de Apocalypse Now; también podría pensarse en el clásico de aventuras Viento en las velas, que muestra cómo unos niños pueden embrutecerse y volverse tremendamente crueles, pese a su inocente aspecto. Sigue a un grupo de adolescente, chicos y chicas de la guerrilla colombiana, armados y entrenados por un sargento adulto. Deben custodiar a la doctora Sara Watson, a la que mantienen secuestrada a la espera de cobrar un rescate. Aquello podía ser como una especie de campamento de verano diferente, en que conviven haciendo lo que les da la gana, pero se dedican a matar el tiempo y a mostrar de mil maneras su inmadurez, mientras ella planea cómo fugarse. La película de Alejandro Landes, que antes había dirigido Porfirio, es cualquier cosa menos convencional. Su propuesta es muy visual, con imágenes de gran plasticidad, a veces cercanas al cine experimental; el ritmo es por momentos plomizo, aunque los intentos de fuga animen un poco la narración. E indaga en la inmadurez de los protagonistas guerrilleros, que indudablemente, aunque no conozcamos los detalles, provienen de un entorno familiar y social que les ha dañado irremediablemente, hasta el punto de mostrarse muy insensibles a la hora de ejercer la violencia, física o psicológica; hasta el momento en que es su propia vida la que está en juego, o cuando emerge un deseo o anhelo de lo más hondo, a veces de tintes infantiles, en que las cosas cambian; y no falta quien querría escapar de ese agujero negro en el que está atrapado. Aunque muchos son actores desconocidos, y cuesta entender su cerrado español, los hay con mayor proyección internacional, como Moises Arias, estrella infantil de Hannah Montana ha estado en El juego de Ender –una propuesta también distópica– y A dos metros de ti, o Julianne Nicholson, con títulos como Yo, Tonya.
5/10
(2019) | 80 min.
Dura película de animación, sin concesiones, que sigue la estela de El pan de la guerra, del mismo corte realista. Transcurre en el Afganistán de 1998 dominado por los talibanes, que imponen un fundamentalismo islámico asfixiante, que impide vivir en libertad, y que machaca de modo particular a las mujeres, lapidadas sin piedad y obligadas a llevar burka. En esta tesitura Mohsen y Zunaira son una pareja profundamente enamorada, que se plantea salir del país, o apuntarse a dar clases en una universidad clandestina y abierta, al margen de la escuela coránica. Pero la atmósfera represiva imperante les distancia y una desgracia termina con ella encerrada en la cárcel. Su carcelero Atik descubrirá inesperadamente distintas caras del amor, mientras su esposa Mussarat lleva penosamente un cáncer para el que no parece que haya curación. Las desconocidas Zabou Breitman y Eléa Gobbé-Mévellec adaptan una novela del argelino Mohammed Moulessehoul, que firmó en 2002 con su habitual seudónimo femenino de Yasmina Khadra. Recurren para ello a la fórmula de la animación, a veces reducida, incluso con fotogramas que parecen congelados, con dibujos de trazos sencillos en la composición de los personajes, de aspecto realista, y con fondos apenas esbozados, de tipo casi impresionista. Lo que funciona bien para atrapar el espíritu de la historia, que habla de personajes prisioneros, en cárceles físicas, mentales y sociales, pero donde cabe encontrar algo cercano a la libertad de espíritu, que evocarían las golondrinas. Algunas imágenes son muy bellas, como las del clímax, en que va a tener lugar una ejecución. Todo lo que se refiere a la violencia no se escamotea al espectador, pero se sabe sugerirlo con delicadeza, o acudiendo al fuera de campo. La trama es triste, muy triste, y no faltan elementos fatalistas, o el mostrar lo tentador que es tirar la toalla ante los obstáculos, a veces gigantescos. Pero también se habla del poder redentor del amor y del sacrificio, y de la importancia de la educación para formar personas libres, capaces de tomar las riendas de su propio destino.
6/10
(2019) | 78 min.
Guatemala, en la actualidad. Ernesto, joven antropólogo, trabaja para una fundación, identificando los huesos de los desaparecidos de la guerra civil que asoló el país en los 70, para que sus familiares puedan darles sepultura. Está pendiente sobre todo de que se encuentren los restos de su padre, guerrillero marxista al que no llegó a conocer. Mientras investiga una pista sobre el paradero de su progenitor, su madre declara en un juicio contra la dictadura militar del general Efraín Ríos Montt, acusado de genocidio. Debut en la ficción del realizador y guionista César Díaz, hasta ahora responsable de dos documentales sobre el mismo tema, Semillas de cenizas y Territorio liberado. En el segundo contaba la historia de su propia familia, ya que es hijo de una de las víctimas del conflicto, que se cebó sobre todo con la comunidad indígena. En Cannes se alzó con la Cámara de oro a la mejor opera prima. De estilo naturalista que evidencia de dónde proviene su máximo responsable, se centra sobre todo en la denuncia de lo ocurrido, pero deja a los secundarios sin desarrollar, y pese a su escasa duración (75 minutos) acaba resultando premiosa y algo repetitiva, sobre todo cuando se detiene en testimonios de torturados. Lo mejor, el trabajo de Armando Espitia y Emma Dib, como el hijo lleno de interrogantes y la madre que ha sufrido lo indecible, pues pintan a sus respectivos personajes con enorme humanidad.
5/10
(2020) | 100 min.
Adaptación de la novela homónima de Jack London, sigue las vicisitudes de Buck, un perro que vive feliz en casa de un juez, en los años de la fiebre del oro, pero que robado a su dueño, acaba siendo el líder de un tiro de trineo que lleva el correo postal. Conocerá propietarios desaprensivos, pero también a un anciano viudo, que llora la muerte de su hijo, y del que será amigo fiel, y junto al cual recibirá la llamada definitiva de lo salvaje a que alude el título. La cinta, con guion de Michael Green, responsable del libreto de Logan, tiene el obligado clasicismo de una trama de aventuras, donde el protagonista es un noble animal, que se muestra “más humano que los humanos”, si se me permite la broma que sugiere el hecho de que la película cuente entre sus actores con Harrison Ford, el protagonista de Blade Runner. En efecto, Buck, creado digitalmente como los otros animales que aparecen en el film, muestra una acusada personalidad, mostrándose sensible ante los comportamientos injustos, e incluso preocupándose de la adicción al alcohol de uno de sus dueños. En cambio, hay un malo malísimo que no tiene corazón y sólo piensa en el oro. También se juega con elementos de diversidad en boga, Perrault resulta ser negro, y su compañero del trineo es una mujer con rasgos exóticos. Las criaturas animales digitales producen sentimientos ambivalentes. Está claro que se ha avanzado mucho en este campo, como prueban El libro de la selva y El rey león, pero en el film hay algunos pasajes no completamente logrados, sobre todo algunos iniciales en la ciudad, en que Buck aparece con un tamaño desproporcionado y se nota a la legua que es digital, y también en algún momento de la épica pelea nocturna de Buck con uno de los perros del trineo, para afianzar su liderato. Dirige el film Chris Sanders, que por primera vez trabaja con la cámara con actores de carne y hueso, pues antes había sido responsable de los filmes animados Lilo & Stitch, Cómo entrenar a tu dragón y Los Croods. Y le cuesta crear emociones genuinas, el villano es demasiado de opereta, y aunque Ford u Omar Sy ponen su buen hacer actoral, sus relaciones con Buck resultan un tanto frías, no acaban de apasionar, salvo en momentos puntuales, precisamente con la criatura animada. Janusz Kaminski, director de fotografía, es quien se ha encargado de lograr que encajen bien las animaciones con los actores y los paisajes naturales.
5/10
(2019) | 99 min.
Veinte años después de que mataran a su padre policía cuando él era aún un niño, Andre Davis se ha convertido en uno de los mejores detectives de Nueva York. Su prestigio no apaga sin embargo una fama de violento justiciero que le acompaña allá por donde va, también delante del departamento de asuntos internos. Una sangrienta noche liderará la caza a dos criminales que han robado un alijo de cocaína dejando un rastro de policías muertos. Serán unas pocas horas en que todas las salidas de Manhattan serán clausuradas. El director irlandés Brian Kirk, curtido sobre todo en series de televisión (Juego de tronos, Penny Dreadful), dirige este thriller policiaco, cuya trama tiene más de acción que de indagación detectivesca y de estudio de personajes (mucho más partido, por ejemplo, podría haberse sacado a la relación entre el protagonista y su socia de narcóticos interpretada por Sienna Miller). Cierto que se apuntan temas siempre de interés, como el de la corrupción policial o el del escaso margen que hay entre tomarse la justicia por su mano y hacer lo correcto, pero también son cuestiones ya tratadas en muchos filmes. Se apoya el director en un libreto del muy competente Matthew Michael Carnahan (Aguas oscuras), que escribe con el más primerizo Adam Mervis. Sin duda la historia entretiene y se pasa en un suspiro, aunque tras la presentación de los elementos principales acaba siendo más convencional y lineal de lo esperado. Lo mejor de Manhattan sin salida es el ritmo que imprime Kirk y el trabajo del actor Chadwick Boseman (Black Panther), cuyo carisma sube con cada proyecto que emprende. Los acontecimientos narrados por acciones paralelas se precipitan en unas pocas horas, lo cual aporta un fuerte efecto de trepidación que mejora mucho el resultado. El despliegue de medios es considerable, aunque paradójicamente no se saca apenas partido a la premisa del título (ese cierre de los 21 puentes de la isla de Manhattan), pues el acoso a que son sometidos los delincuentes no da ocasión para demasiadas piruetas.
6/10
(2020) | 108 min.

Andalucía 1832. Fernando VII somete a su pueblo a vivir bajo constantes injusticias sociales. Mientras, el ejército de los Cien Mil Hijos de San Luis, ante el impago de sus servicios por parte del Rey, proceden al expolio descontrolado de toda clase de obras de arte. Juan Caballero, un bandolero que mantiene vivas las esperanzas de las clases más pobres, junto al Padre Gabriel y la joven novicia Candela, emprenderán una huida desesperada para proteger a su Virgen. En la actualidad, Víctor, un teniente de la Guardia Civil y Carmen, una estudiante de Historia del Arte, investigan el asesinato de la única persona conocedora del verdadero paradero de la Virgen. Una Leyenda que comienza en el pasado y culmina en el presente, ocultando su verdad tras la dedicatoria de un libro.

(2020) | 89 min.
Docudrama de índole religiosa a cargo del especialista Andrés Garrigó, que ya recurrió a la fórmula de combinar documental y partes dramatizadas en la celebrada Fátima, el último misterio. Con la colaboración de Antonio Cuadri en los tramos que exigen trabajo actoral, su armazón de ficción lo ofrece el personaje de la novelista mexicana Lupe Valdés, que atraviesa una etapa de sequía creativa, no sabe sobre qué escribir. Su editor le sugiere que se ponga en contacto con María, que dirige un popular programa televisivo sobre enigmas y misterios. Y le hace una propuesta inesperada: que investigue la historia de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús entre los católicos, desde su arranque con las apariciones a Santa Margarita María de Alacoque en el siglo XVII en Paray-le-Monial, en Francia. Lo que acomete al principio con cierto escepticismo se convierte en una búsqueda cada vez más fascinante, donde descubre hitos como la consagración de naciones enteras al Sagrado Corazón –el rey Alfonso XIII hizo la de España hace ahora cien años–, o el proyecto que parecía una locura de poner en marcha la basílica del Sacré-Coeur en París. El film está muy bien documentado, y los datos se van dosificando con inteligencia para captar la atención del espectador. En tal sentido quizá la parte de ficción es más convencional, e incluye una clásica historia de reconciliación padre-hija, que se habían distanciado. La idea es señalar cómo el amor ardiente del corazón de Jesús puede inspirar a las personas y ayudarles a cerrar heridas que no habían cicatrizado. En la parte ficcionada interviene la escritora María Vallejo-Nagera, que experimentó una sonada conversión tras una estancia en Medjugorje. Aunque su papel no es el de la escritora, como podría pensarse, sino el de responsable del programa televisivo.
6/10
(2018) | 65 min.

El parque del Retiro de Madrid es un lugar simbólico por el que deambulan adolescentes excitados liberando sus pasiones. Encontrar el amor. Despertar el deseo. Hiperconectados, ansiosos. En esta irrealidad en la que todo se confunde, Andrea también encuentra su particular forma de sentir.

Viernes 28 de Febrero de 2020

(2019) | 103 min.
Ana, médico de profesión de Bilbao, se sienta hastiada. A través de una web de sexo en internet conoce a Eric, un menor de edad. Decide quedar con él para conocerle en persona. El bilbaíno Mikel Rueda alarga su corto Caminan, con los mismos protagonistas, Germán Alcarazu, que protagonizó A escondidas, su ópera prima, y la veterana Maribel Verdú. Salvo por unos flash-backs que presentan a los protagonistas, sigue la estructura de Antes del amanecer, el film dirigido por Richard Linklater, pues retrata el encuentro entre dos personajes. Por desgracia, las comparaciones son odiosas, sobre todo porque no encierra reflexiones del mismo calado, ni resulta del todo creíble, por ejemplo no se entiende que una mujer seria y madura como Ana se comporte en varias ocasiones de forma irresponsable. Los diálogos están a años luz, aquí resultan demasiado básicos, el guión del propio Rueda necesita una reescritura. De esta forma, intriga en el arranque, pero acaba desencantando progresivamente. Se salva Maribel Verdú, una actriz que siempre vuela alto, que esta vez logra transmitir la desesperación de su personaje a través de sus miradas. Alcarazu tiene el mérito de no desentonar demasiado, por lo que se le puede calificar como una joven promesa.
4/10
(2019) | 136 min.
Película basada en hechos reales, sigue al abogado activista de los derechos humanos Bryan Stevenson. Licenciado en Harvard y fundador de la Equal Justice Initiative, que buscaba dar asistencia legal a encarcelados sin recursos acusados de graves delitos, sobre todo afroamericanos como él, estableció su base de operaciones en Montgomery, ciudad del estado sureño de Alabama. El film coescrito y dirigido por Destin Cretton –un cineasta especialmente interesado por los temas de la integración social y la falta de oportunidades, tratados en las notables Las vidas de Grace y El castillo de cristal–, incide en los primeros pasos profesionales de Stevenson, cuando visita a varios presos que aguardan en el corredor de la muerte su ejecución. Llamará su atención de modo especial el caso de Walter McMillian, condenado a la pena capital en 1987 por el asesinato de una joven blanca: a pesar de las muchas pruebas que le situaban lejos del escenario del crimen, bastó para sentenciarle la dudosa declaración de un testigo con problemas con la justicia. Cretton maneja un sólido guion en el que ha participado su colaborador en El castillo de cristal Andrew Lanham, con quien también escribió el libreto de La cabaña. Destaca cómo se logra entregar una atinada descripción de la lucha sin cuartel por buscar justicia, aunque, como se recuerda en el vibrante alegato final, para lograrla hace falta también confiar en la misericordia y en contar con un poco de gracia. El fllm muestra cómo no faltan los obstáculos, sobre todo cuando dominan los prejuicios, también los raciales, y el afán de proteger la propia carrera por delante de cualquier otra consideración. Lo que genera falta de confianza en las víctimas –los inocentes erróneamente condenados, o culpables con serias taras mentales que no se han tenido en consideración–, que no creen que nadie quiera ayudarles. Estamos ante una narración de corte clásico, donde quizá se pueda criticar el recurso a situaciones muchas veces vistas en cine, como la clásica detención y registro abusivos por parte de la policía al conductor negro de un automóvil, o la cacerolada solidaria de los presos con el que está a punto de ser ejecutado. Pero Cretton sabe recrearlas con brillantez, y la narración se sigue con interés, al mismo tiempo que convence sin recursos facilones acerca del horror de matar a una persona, aunque sea aplicando la ley, o de lo fácilmente que se niega a alguien sin dinero una defensa digna de ese nombre. Los actores están muy bien, Michael B. Jordan da bien el tipo de "caballero sin espada" que se adentra en territorio hostil para ayudar a los demás, dándole bien la réplica Jamie Foxx como el condenado desconfiado que irá estableciendo una sólida relación con su abogado. Están muy bien seleccionados los secundarios. Merece aplauso Brie Larson por aceptar un papel poco lucido como abogada que colabora con Stevenson, y Tim Blake Nelson, evita caer en lo exagerado con su papel de preso con el rostro desfigurado.
6/10
(2019) | 87 min.
Prometedor debut en el largometraje de José Luis Montesinos, ganador del Goya al mejor corto de ficción en 2014 con El corredor. Demuestra un amplio dominio del lenguaje cinematográfico a la hora de narrar las tribulaciones de Elena, una joven que ha quedado tetrapléjica tras un accidente de automóvil en que hubo víctimas mortales. Aunque su padre, viudo, ha arreglado su casa en el campo para que pueda manejarse con su silla de ruedas, con un sistema de cuerdas, poleas, rampas y plataformas, y ha comprado un perro para que la asista, ella ha perdido las ganas de vivir, y se muestra resentida con su progenitor. Las tornas cambian cuando un cúmulo de circunstancias la ponen sola ante el peligro, acosada por roedores y un perro rabioso, sin que tenga modo de lograr que alguien la ayude. Lo que le obliga a afrontar también sus terrores más íntimos, y a afrontar la vida que le ha tocado en suerte con otra actitud. En el haber de Montesinos –asistido en el guion por Yako Blesa– está su habilidad para contar con imágenes poderosas –las flores en el quitamiedos, por ejemplo– y con los diálogos justos, las circunstancias del accidente de Elena. También sabe crear tensión y suspense. O sea, apuntas maneras de buen cineasta. Pero no deja de dar la sensación de que a la postre estamos ante una situación alargada, un corto estirado, con algunos pasajes algo truculentos, los que implican a los agresivos animales. Tiene mucho mérito el trabajo interpretativo de Paula del Río, que era la niña de El desconocido, y que aquí está prácticamente en todos los planos.
6/10
(2019) | 114 min.
El día a día de dos asociaciones solidarias francesas no oficiales, La voz de los Justos y La escala, y de sus máximos responsables, el judío Bruno y el musulmán Malik respectivamente, que se dedican a educar y cuidar de jóvenes con autismo, casos severos que rechazan todas las instituciones, y a dar una oportunidad a jóvenes de barrios desfavorecidos. Bruno lucha además contra las estrecheces económicas pero sigue acogiendo todos los casos desesperados, aunque eso aumente sus dificultades; Malik, musulmán, forma también a futuros cuidadores, jóvenes sin orientación que pueden encontrar un sentido a su vida. El cine de los franceses Olivier Nakache y Éric Toledano es un soplo de aire fresco entre el panorama cinematográfico europeo. Desde su mayor éxito, Intocable, su filmografía ha seguido el mismo itinerario, historias optimistas y con un toque de comedia que no deja de lado completamente el realismo, como se comprueba con Samba o C'est la vie! Ahora con Especiales –Premio del Público en el Festival de San Sebastián– vuelven a entregar una película ejemplar. Por un lado se mantienen fieles a su visión positiva de la vida y por otro se inspiran en hechos reales para ofrecer un relato que resulta inspirador y que desde luego invita al espectador a ser mejor persona. Esta vez los directores franceses adoptan una puesta en escena hiperrealista, de manera que en algunos tramos parecemos asistir a un documental, una especie de crónica periodística de las aventuras solidarias de los protagonistas. En este sentido hay secuencias muy genuinas, como la desesperada búsqueda nocturna de Valentin, en verdad magnífica. Y en una historia coral y deliberadamente abierta como ésta, llevada a buen ritmo, la trama se centra especialmente en las vivencias de cuatro personajes –los jefes de las dos organizaciones (Bruno y Malik), el autista Joseph y el novato cuidador Dylan–, alrededor de los cuales pululan algunos otros secundarios bien trabajados, como la madre de Joseph (sus apariciones son conmovedoras), la joven logopeda del centro o el alegre camarero del bar… Y se vertebra bien una subtrama intrigante sobre la inspección que realiza el Ministerio de Asuntos Sociales acerca de la legalidad de las dos asociaciones. Por encima de otras consideraciones, Especiales es un canto a la solidaridad y a la vida de cada ser humano. Hay mucha virtud y nada de queja, ningún hastío o egoísmo en los trabajadores de esas dos organizaciones, personas corrientes que con enorme paciencia y generosidad dedican su vida a los demás y son capaces hacer milagros con los casos más desesperados. Una labor oscura, difícil y nada glamourosa, que realizan sin alarde alguno, por motivos de pura y compasiva solidaridad, quizá también religiosos. En realidad la película es una gran lección de humanidad y un severo golpetazo al individualismo de las sociedades occidentales. Los actores Vincent Cassel y Reda Kateb están estupendos.
7/10
(2020) | 113 min.
Fletcher, investigador privado de medio pelo, chantajea a Ray, mano derecha del estadounidense Mickey Pearson. Este último ha triunfado en Reino Unido, donde ha montado un imperio de tráfico de marihuana. Pero pretende retirarse, vendiendo su empresa a Mathew Berger, un millonario judío. Poco después de entrevistarse con él, los hombres de Dry Eye, un mafioso chino, roban en una de sus plantaciones secretas; no está claro cómo conocieron su localización. Guy Ritchie se consagró a finales de los 90 con dos películas, Lock & Stock y Snatch: Cerdos y diamantes, que se sumaban a la tendencia denominada ‘gang noir’, elegida también por el turco-alemán Fatih Akin o el danés Nicolas Winding Refn, que como él bebían claramente del cine de Quentin Tarantino. Tras una década en Hollywood, con títulos como Sherlock Holmes y su secuela, o la exitosa Aladdin, el británico se permite la licencia de regresar a sus raíces, con un nuevo relato ‘cockney’ de los bajos fondos de su país. El realizador no inventa nada, y no persigue crear ningún tipo de tensión dramática, ni profundidad en la historia que cuenta. Además, se regodea en la incorrección política, sobre todo cuando se detiene en los prejuicios raciales de sus personajes hacia los asiáticos. Pero aunque incluye grandes dosis de violencia y humor negro (un momento relacionado con un cerdo resulta particularmente salvaje) tiene el buen gusto de relegarlo todo al fuera de campo. Además, abundan los diálogos ingeniosos, y tiene un montaje videoclipero, trepidante y fresco. La estructura narrativa que vertebra el relato –Fletcher cuenta a Ray lo que ha averiguado como si fuera un largometraje–, da pie a que parezca que se puede incluir de todo, por ejemplo volver atrás para corregir lo que ha contado antes cuando está especulando. Brilla sobre todo la persecución a unos niños para quitarles el móvil con el que han grabado algo que no debían, y un cameo un tanto especial. Además, Guy Ritchie se apoya en un reparto excepcional al que ha dado personajes inesperados. Sobre todo llama la atención Hugh Grant, irreconocible con gafas de sol de montura gruesa y perilla, como barriobajero sin escrúpulos, pero también Charlie Hunnam, el ‘consigliere’ barbudo, Matthew McConaughey (Mickey Pearson), un yanqui que parece un pez fuera del agua, o Colin Farrell, entrenador de boxeo en chándal muy propio del universo de Ritchie. En menor medida, también cumplen los televisivos Michelle Dockery (Downton Abbey), como esposa del personaje de McConaughey, o Jeremy Strong, en un papel de millonario que recuerda al que le ha hecho popular en Succession.
6/10
(2020) | 124 min.
Cecilia Kass mantiene una relación tóxica con su marido, manipulador y maltratador, el empresario y revolucionario científico del campo de la óptica Adrian Griffin. Cuando ella logra escapar de la lujosa mansión en la que conviven, Griffin se suicida, legándole una generosa cantidad de dinero. Pero Cecilia se siente acosada por un individuo al que no puede ver, y sospecha que en realidad su esposo ha fingido su muerte, y que ha utilizado sus conocimientos para volverse invisible. A su alrededor todo el mundo empieza a pensar que ella está perdiendo la razón. Revisión de la novela de H.G. Wells, que dio lugar al clásico de terror de la universal El hombre invisible, de James Whale. Transcurre en la actualidad y se ha cambiado el punto de vista, pues la historia no está contada por el investigador que se vuelve loco tras descubrir el procedimiento para no ser detectado por el ojo humano, sino por su pareja, que sufre las consecuencias. Guionista especializado en terror, con títulos como Saw o Insidious (ambos dirigidos por su amigo desde que estudiaron juntos James Wan), Leigh Whannell se consagró como realizador con Upgrade, un film de ciencia ficción producido por Blumhouse, que pese a su calidad tuvo poca distribución. No resulta extraño que le haya vuelto a fichar para escribir y dirigir este proyecto la compañía, regida por el hábil Jason Blum, que está detrás de filmes de presupuesto reducido que han recaudado cifras astronómicas, como Paranormal Activity y Déjame salir. Fiel al espíritu de la compañía, Whannell no precisa de muchos efectos visuales para ofrecer una lección magistral de cómo crear suspense. Ya la escena inicial, con Cecilia arreglándoselas para zafarse de Adrian, pone los pelos de punta. El cineasta conoce al dedillo los mecanismos que crean tensión, se nota que tiene muy estudiado el mejor cine de Alfred Hitchcock, pero en su tratamiento de los abusos psicológicos, parece haber bebido también de Luz que agoniza, el clásico dirigido por George Cukor, donde el personaje de Charles Boyer manipulaba a Ingrid Bergman para que dudara de su cordura. En su empeño en usar el género fantaterrorífico para hablar de problemas actuales, en este caso el maltrato machista, se asemeja a John Carpenter, no en vano le han reclutado para el remake de 1997, rescate en Nueva York, que será su siguiente trabajo. Escogida porque se le asocia con papeles con cierta carga feminista, como la pionera del mundo de la publicidad de Mad Men, o la esclava rebelde de El cuento de la criada, Elizabeth Moss borda un personaje muy difícil, progresivamente desquiciada. Tiene también su mérito Oliver Jackson-Cohen, uno de los protagonistas de La maldición de Hill House, pues se habla de su personaje durante todo el metraje, sin que apenas salga, por lo que cuando finalmente irrumpe en pantalla corría el riesgo de no resultar lo suficientemente inquietante, pero sale airoso del reto.
7/10
(2019) | 127 min.
Anne es una abogada de éxito, especializada en la juventud. Vive en una casa apartada de la ciudad, un lugar rodeado de bosques, con su marido Peter y sus dos hijas gemelas. La vida en el hogar se trastoca cuando llega a vivir allí Gustav, un joven aún menor de edad que es hijo de una relación anterior de Peter. Gustav apenas conoce a su padre y es un joven problemático, pero poco a poco se irá habituando a vivir en familia. Dura película danesa que va en la línea de la tradición nórdica, un tipo de cine que se adentra en historias crudas, a menudo con elementos rebuscadamente turbios, secretos inconfesables y potentes dramas familiares. En este caso, asistimos a una situación de lo más desagradable –la relación sexual de un adolescente con su madrastra– y los derroteros de miseria, dolor e injusticia a los que puede conducir una conducta adulta irresponsable. La directora y guionista danesa de origen egipcio May el-Toukhy presenta el derrumbamiento de una familia presumiblemente idílica poniendo el punto de mira en un personaje femenino, la madrastra protagonista, bastante contradictorio. A su modélica y exitosa ocupación de abogada de jóvenes que han sido o son víctimas de abusos, que ella incluso acoge en su casa, suma una deficiente comunicación con su marido y con su familia –madre, hermana– y una oscura tendencia a dejarse llevar por impulsos desordenados. El título Reina de corazones hace referencia explícita al siniestro personaje de “Alicia en el País de las maravillas”, esa tirana que fruto del capricho va descabezando sin pestañear a quien se le antoja. El film ofrece así una rotunda reflexión tan dura como real. No siempre las cosas son como parecen y lo que vemos en pantalla es una sonora bofetada contra las reivindicaciones del #MeToo o los feminismos radicales. Vulnerar al débil no es una cuestión de género, sino de simple y llana inhumanidad. May el-Toukhy no se corta un pelo a la hora de mostrar explícitamente las conductas sexuales, con algunos momentos de enorme crudeza. Es un claro hándicap que le se puede poner a esta película, porque inevitablemente resulta desagradable. La prestigiosa actriz Trine Dyrholm (En un mundo mejor), por su parte, hace un trabajo muy convincente, con algunos cambios repentinos en el mismo plano que demuestran un enorme talento interpretativo. En fin, es Reina de corazones una película de temática altamente insana, bien rodada y con una potente carga moral que pone en solfa la hipocresía, la banalización del sexo y la mentira.
5/10
(2019) | 82 min.
Sicilia, en lo más crudo del crudo invierno. Una pareja de cómicos, padre e hija, se refugian en una cueva, donde se encuentran con un oso. Piensan que la mejor manera de evitar una reacción agresiva del animal, es hacer una representación donde le contarán “la famosa invasión de los osos de Sicilia”, cuando el rey oso Léonce, desconsolado por la desaparición de su hijo Tonio, decidió hacer una incursión con su ejército en el mundo de los humanos. Al acabar su narración, será el propio oso de la cueva es que les explique lo que ocurrió después. Adaptación de la obra de Dino Buzzati, se trata del primer largometraje de animación del también italiano autor de cómics Lorenzo Mattotti. En sus manos, y con un guion donde también ha intervenido Thomas Bidegain (Los hermanos Sisters, Un profeta), este film franco-italiano se convierte en un precioso homenaje a los contadores de historias –uno de los cuales es, por supuesto, el propio Buzzati–, entregado con un diseño colorista de personajes y decorados sencillamente deslumbrante, de gran belleza y rompedor para lo que se suele estilar en el mundo animado. Está perfectamente lograda la transición del relato en la cueva, con decorados de los cómicos, a las imágenes que muestran lo que cuentan, y la voz en off del narrador, que uno teme que va a tener una presencia excesiva, acaba encontrando su lugar, y no carga. La narración se inclina hacia un realismo algo pesimista, al apuntar la difícil convivencia entre seres humanos y osos, donde los primeros se dejan llevar con frecuencia por la ambición y el poder, contagiando a alguno de los segundos, de modo que se contrapone la vida en la ciudad y en plena naturaleza. Pero los personajes que se dejan llevar por su egocentrismo están en ambos bandos, no se cae en un maniqueísmo ingenuo donde todos los hombres serían unos desalmados, y los osos unos benditos. De modo que entendemos al rey que antepone a su hijo Tonio a cualquier otra consideración, aunque paradojas, cuando le encuentra, pasa lo contrario, que es lo que a veces ocurre en la vida en el momento en que uno ve sus metas cumplidas, que le saben a poco y las cambia por otras. Tiene su gracia el mago De Ambrosiis, cuya varita mágica está agotando sus hechizos, y en un momento dado debe plantearse si hacer un sacrificio que significa quedarse sin magia; o el oportunista oso Salpêtre, que quiere ocupar el puesto del rey Léonce. Cada personaje está muy bien pensado y tiene su particular encanto, algo a lo que ayuda su maravillosa concepción gráfica, con una animación 2D aunque con varios planos. Los osos son relativamente minimalistas, nada de pelos detallistas al estilo de los monstruos peludos de Pixar, y combinan las redondeces con algunas líneas rectas en la cabeza, lo que junto a los colores sin sombras y brillantes, les concede un aspecto estupendo; y su versión fantasmal, tampoco deja de sorprender. También en los humanos hay ideas sugerentes, pues frente a Almerina y los cómicos, más tradicionales, tenemos al estirado y delgado como un fideo De Ambrosiis, muy original. Las escenas de acción tienen fuerza, ya sean algunos monstruos sorprendentes, o las bolas de nieve aplastando ejércitos.
8/10