CONCURSOS
Se hacen públicos los ganadores del concurso "Críticas de películas findecine"

Con reseñas de "Blanca como la nieve, roja como la sangre", "Sueño de invierno" y "Perdida"

José Vicente Luján, Alejandro González y Pablo Úrbez se hacen con los premios en un concurso donde destaca el nivel de los textos presentados por los críticos internautas.

Lo primero que debemos hacer al publicar el fallo de nuestro concurso de críticas de películas findecine es subrayar el alto nivel de los comentarios publicados. Nuestra más sincera felicitación para sus autores.

Nuestros concursantes no se han limitado a escribir cuatro líneas para salir del paso, sino que ofrecen un análisis sosegado, donde se mira el fondo y la forma de las películas, el lector podrá coincidir o no con lo que ahí se expone, pero no podrá negar que se le ofrece un punto de vista orientador y razonado.

Las casi 40 críticas recibidas cubren prácticamente todas las películas que habíamos señalado para ser comentadas, hay reseñas de Sueño de invierno, Perdida, Torrente 5, Blanca como la nieve, roja como la sangre, Annabelle, El Niño, La desaparición de Eleanor Rigby, La isla mínima, Un viaje de diez metros, Boyhood y El hombre más buscado.

Animamos a todos los participantes a seguir compartiendo su opinión de las películas en nuestra web, sus comentarios serán sin duda muy valorados por todos los internautas de la gran familia de decine21, aunque no haya concurso de por medio.

Ganadores

Primer Premio

José Vicente Luján, por su crítica de Blanca como la nieve, roja como la sangre, que sabe mostrar las virtudes y debilidades de la película reseñada. Recibe como premio un pack con las 4 películas de la saga “Piratas del Caribe” en Blu-ray y la publicación a continuación de su crítica.

Crítica

Leo es todo un león, un chico aguerrido, enérgico, con ganas de comerse el mundo, para el que la vida se divide en dos colores: el rojo y el blanco. El blanco es la nada, un espacio por rellenar, mientras que el rojo es todo vida, como la sangre que está en nosotros. Como el color favorito de Leo es el rojo no puede evitar enamorarse de Beatrice, una chica de su instituto que es pelirroja y mayor que él, pero para conseguir atraer su atención necesitara de la ayuda de sus dos mejores amigos Niko y Silvia.

Blanca como la nieve, roja como la sangre, puede parecer a simple vista un producto juvenil más, otra de esas historias de amor juveniles que estamos acostumbrados a ver en series de televisión. Últimamente además el cine ha incluido aquí una nueva variante y es que alguno de los protagonistas esté enfermo de cáncer, como es el caso de Bajo una misma estrella o Ahora y siempre.
En esta película también uno de los personajes padece cáncer, pero esta excusa argumental le sirve al director italiano Giacomo Campiotti, cada vez más conocido en nuestro país gracias a las miniseries Moscati y Prefiero el Paraíso, para tratar temas de mayor calado. Por un lado para hablar del amor, que no es fruto de la pasión sino del cariño y cuidado diario del otro y también para hablar de otro amor mas grande y que no tiene medida, dando una trascendencia a esta película que es difícil de ver en otros proyectos. Todo esto se nos muestra con mucha naturalidad, gracias a unos diálogos frescos, que dan pie a situaciones muy divertidas (Leo que intenta ir a hablar con Beatrice, pero que no puede avanzar porque siente los pies pegados al suelo), y también gracias al buen hacer de los actores protagonistas.

Tiene aquí un papel muy relevante el profesorado. Se apuesta por un tipo de maestro muy concreto, aquel que se acerca a los jóvenes sirviéndose de su propio lenguaje para mostrarles la riqueza de la literatura y para enseñarles a través de su propia experiencia. En definitiva se trata de una película entretenida, un poco televisiva (el director abusa mucho de los primeros planos), pero que dejará un muy buen sabor de boca en el público al que va dirigido mayoritariamente: los jóvenes.

Segundo premio

Alejandro González, por su crítica de Sueño de invierno, por saber contextualizar el film para su mejor aprecio y disfrute. Recibe como premio un pack de 6 películas en DVD del maestro de cine clásico Fritz Lang y la publicación a continuación de su crítica.

Crítica

Puede parecer una obviedad pero a veces es bueno recordar que cada película tiene su ritmo. No es lo mismo aplicar este concepto a una producción de Michael Bay que a una de Antonioni. Uno tiene que saber a qué se enfrenta o al menos si no sabe qué es lo que va a ver, estar receptivo a la propuesta y por consiguiente juzgarla acorde a lo que ofrece. Después de este inciso, cuando uno visita la filmografía del cineasta turco Nuri Bilge Ceylan, debe estar dispuesto a encontrarse con metrajes dilatados y donde los diálogos (y también silencios) son el eje y motor de sus relatos. Historias ancladas en la cultura y costumbres de su país, que pretenden retratar cómo las personas hacen frente a sus conflictos internos, y cómo éstos provienen del contacto con la sociedad que les rodea.

A menudo todo partirá de un hecho concreto (el asesinato en Erase una vez en Anatolia o la llegada del primo del protagonista en Lejano), que nos llevará a preguntarnos cuáles son las motivaciones de sus protagonistas, y en último término ahondar en su interior para intentar descubrir qué encierran tras su aparente fachada. Recurso que tiene como primordial objetivo llevar la reflexión al espectador. De nuevo, las apariencias tomarán las riendas de su última película. Sueño de invierno es un drama ambientado en un pequeño hotel escondido en las montañas de Anatolia. Allí un antiguo actor, su mujer y su hermana viven en aparente cordialidad, hasta que un día los verdaderos sentimientos de cada uno salen a la luz; volcando unos contra otros sus frustraciones, anhelos y rencores. Ceylan bebe de la literatura de Chéjov cuando encierra en habitaciones a sus personajes para dejar que afloren sus miserias, y también del cine de Bergman en su afán de diseccionar al ser humano a través de sus conversaciones. Referentes que toma como inspiración, pero adaptándolos completamente a su terreno, que no sería igualmente fértil sin su magnífica fotografía. Cálida y llena de matices, que conforma una atmósfera única para que el espectador consiga embelesarse por lo que sale de la boca de los personajes y que su larga duración se condense gracias a la fluidez y maestría con la que están escritos los diálogos. Sin duda, el director turco vuelve a demostrar su capacidad para trasladarnos a un lugar para la mayor parte desconocido, donde al final nos encontramos con muchos más lugares comunes de los que esperábamos.

Tercer premio

Pablo Úrbez, por su crítica de Perdida, porque convierte su comentario en una auténtica guía para no perderse en los derroteros por los que discurre el film. Recibe como premio una edición especial de dos discos DVD de la adrenalítica película “El ultimátum de Bourne” y la publicación a continuación de su crítica.

Crítica

Todo un drama. Y no lo digo por el género –el film se define como thriller-, sino porque el espectador se morderá las uñas las dos horas y media de metraje. Tela. Dos horas y media que, por cierto, no pasan factura. Porque uno desea saber el final, pero a la vez no quiere que cierren el chiringuito. La orquesta de David Fincher nos ofrece una sinfonía de terror, que llega a provocar angustia. Su partitura, dividida en tres partes, cambia constantemente de registros, varía los tonos y modifica la escala. Y sin embargo, ninguna nota sobresale. Todo está medido al milímetro. A lomos de unos personajes atormentados que no son lo que parecen, Fincher conduce al espectador hacia el presunto desenlace, con la ansiedad como melodía de fondo. Tocata y Fuga de Bach, prácticamente.

Porque a pesar del doble juego, los giros argumentales y las cien caras de sorpresa que se dibujan en el rostro del espectador, este no tendrá la sensación de que le están engañando. Todo es verosímil. El director esconde sus cartas, pero tiene la suficiente mano izquierda para ir mostrándolas una a una, poco a poco, en el momento preciso. Sus instrumentos no desafinan, y cada nota se acopla armónicamente a la melodía que la precede, incluso a partir de los flashbacks y los continuos cambios de escenario. ¿El montaje? Una obra de ingeniería. Eso sí, la película –no nos vamos a engañar- parece un homenaje al esperpento. Uno no quiere creer que puedan existir personajes así en la realidad. Así de amorales y así de hipócritas. Porque algo huele a podrido en Missouri, y el alma de los protagonistas está corrupta. Unos buscarán redimirse, otros se hundirán más en el fango. Fiel reflejo de la moral de algunos personajes es la violencia explícita de determinadas secuencias. Tanto física como psicológica, sin pasar por alto la densa carga erótica del film. ¿Es necesario? Echa más leña al nudo en el estómago del espectador, de acuerdo, y la sensación de agobio e incertidumbre aumenta. Sin embargo, resultan prescindibles. Puro exhibicionismo que no aporta nada a la trama. Una trama apoyada en las interpretaciones de Ben Afleck y Rosemund Pike, con un soberbio Neil Patrick Harris como secundario (a pesar de la dificultad de encasillarse como Barney en la comedia Cómo conocí a vuestra madre). Ben Afleck actúa sin pena ni gloria, un tanto monótono, mientras que Pike borda su personaje como manipuladora. El resto del reparto también cumple con brillantez, especialmente el abogado defensor y Margo, la hermana de Nick. ¿Gustará a todos los públicos? Habrá que ir prevenido. Quien disfrute en tensión y tenga un don para no perderse en los guiones laberínticos, adelante. Pero la persona que compre su entrada sin saber qué se va a encontrar… ojo. Sí que puede estar perdida.

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