Pablo Moreno: “Poveda defiende que las mujeres son el motor del cambio”
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Entrevistas

"Poveda", estreno el 4 de marzo

Pablo Moreno: “Poveda defiende que las mujeres son el motor del cambio”

Entrevistamos a Pablo Moreno, director de Poveda, biopic sobre la eminente figura de este sacerdote, humanista y pedagogo, fundador de la Institución Teresiana­,­ que fue asesinado en la Guerra Civil española.

 

¿Cómo surgió la idea de rodar esta película?

Es un encargo personal de Goya producciones. Me enviaron los primeros bocetos y vi que la figura de Pedro Poveda bien merecía una película. No es alguien demasiado conocido, pero posee una multidimensionalidad alucinante, con una faceta muy innovadora y una  experiencia vital excelente. Así que decidí hacer Poveda, porque su historia me llegaba.

¿Qué tiene de relevante hoy en día Pedro Poveda?

Aunque trate de una historia de hace cien años está llena de actualidad, porque Poveda es un adelantado a su tiempo en muchos sentidos. En primer lugar desde la perspectiva del hombre conciliador, el hombre que baja a las periferias existenciales, sobre todo en su primera etapa en Guadix cuando trabaja en las cuevas, donde hay una gran pobreza y las gentes que allí viven no tienen posibilidad de aspirar a nada más en la vida. Poveda les lleva una escuela porque piensa que la educación es fundamental para transformar un país. Lleva entonces la luz a la oscuridad.

PovedaPero allí no dura mucho tiempo…

Es que a medida que avanza en su trayectoria vital le van dando palos por todos los lados, pero es un hombre incansable y se levanta cada vez. Le echarán de Guadix y luego en ese desierto verde de Covadonga él se da cuenta del porcentaje altísimo de analfabetismo en las mujeres. Es entonces cuando empieza a promover la educación superior entre las mujeres. Porque él es de la opinión de que las mujeres son en realidad el motor del cambio. Estas ideas en un cura, hace cien años, eran revolucionarias. Pero él empieza a montar academias para que las jóvenes puedan acceder a una educación universitaria. Y en pocos años más de la mitad del profesorado son mujeres que han tenido que ver con la Institución Teresiana.

En tu anterior película, Un Dios prohibido, hablaste de sacerdotes asesinados en la Guerra Civil y ahora repites con otro sacerdote mártir. ¿Por qué ese interés?

Es coyuntural. De hecho mi reticencia inicial a la hora de dirigir Poveda era por su final. Medité mucho si embarcarme en el proyecto. Mi intención con Un Dios prohibido era hacer una película sobre la conciliación, pero podríamos haber llegado mucho más lejos. Entonces vi en Poveda la oportunidad de acabar lo que habíamos empezado antes. Deseábamos una película que fuese cicatrizante, porque al final los mártires lo que hacen es perdonar. En España tenemos una mentalidad cainita desde hace muchos años y yo creo que eso tenemos que superarlo, y precisamente Poveda era una persona por la reconciliación.

¿No se adhería a ninguna ideología?

El sacerdote actual de las cuevas en donde estuvo Poveda me contó que allí no había nada, ni partido político, ni concejo, ni equipo de fútbol que concilie y una tanto como Poveda. Él aglutina todo el espectro ideológico, porque él respetó todas las sensibilidades e incluso fue muy admirado por gente tanto de la izquierda como de la derecha. Poveda también admiraba a la gente de la Institución Libre de Enseñanza, que en ese momento era muy progresista. En fin, Poveda es de una moderación y de una apertura muy llamativas.

¿Hay un público en España para el cine religioso?

Yo creo que el cine religioso como tal no existe. La religión es un tema transversal en muchas películas, comedias, dramas, acción. Esto es un biopic, aunque es cierto que se habla de un sacerdote y, claro, hay un componente religioso mucho más visible que en otras películas donde los temas espirituales están más encubiertos. Dicho esto, pienso que sí hay un público para este tipo de filmes. De todas maneras Poveda habla de una época histórica que está poco tratada, el principio de siglo. En esta película la Guerra Civil ocupa muy poco espacio. La mayoría sucede antes de la Segunda República. Es un momento muy turbulento, con muchos devenires.

¿Cómo ha sido el trabajo de los actores?

El trabajo ha sido extraordinario. El casting, que ha sido llevado precisamente por Raúl Escudero, que además es el protagonista, ha sido perfecto. Todo el reparto ha estado en el mismo código y el trato con ellos ha sido muy familiar.

Quizá el trabajo de Elena Furiase destaca sobre el resto...

Sí, Elena es maravillosa. No tiene doblez, es una persona sumamente sencilla y cercana. Es una gran actriz y trabajar con ella es muy fácil. Enseguida encontró la clave de su personaje, Pepita Segovia, y dio todo lo que tenía.

¿Alguna escena costó especialmente? ¿Tuviste dudas?

Yo soy partidario de no mostrar la violencia en las películas. Evidentemente ya hay demasiada violencia en el contexto. Me costaron mucho por eso las secuencias finales de la muerte de Poveda. Hubo que tomar difíciles decisiones, sobre qué mostrar y qué no mostrar. Eso por un lado. Pero también fueron muy complicadas de hacer las secuencias de Guadix con los niños, aunque también admito que fue la experiencia más bonita del rodaje. La localización era exactamente la misma que en la vida de Poveda. Pero era un sitio muy árido y tuvimos que apurar mucho el rodaje.

¿Cuánto tiempo llevó rodar la película?

Un total de cinco semana, cuatro de ellas seguidas y luego días salteados.

¿Cómo es tu modo de filmar? ¿Planificas de antemano o haces varias tomas y lo dejas para la mesa de montaje?

Yo creo que soy un director anárquico. Llevo una planificación medida, plano a plano, antes del comienzo, y lo entrego a todo el equipo. Pero después lo incumplo. Lo que ocurre es que me gusta descubrir la verdad dentro del caos que se genera en el rodaje, en la historia que se va desarrollando. Es decir, tengo una idea previa, sé a dónde quiero llegar, pero no tengo muy claro el camino y a veces no es el camino recto, sino que voy haciendo rodeos, porque en el tránsito descubrimos algo. Y luego María Esparcia, la montadora, lleva trabajando conmigo casi diez años y me conoce perfectamente. Sabe exactamente lo que quiero, y además me ayuda en la planificación durante el rodaje. De todas maneras, hemos eliminado varias secuencias posteriormente porque contábamos con muchas horas de material filmado.

¿Qué otros proyectos tienes en el horizonte?

Tenemos una película en proceso de montaje, un biopic sobre Santa Soledad Torres Acosta. Pero no hemos querido hacer la típica película de una monja. Su vida se sitúa en un contexto muy interesante, el de la segunda mitad del siglo XIX, con las guerras carlistas, la epidemia del cólera, etc. Y Santa Soledad consiguió hacer algo muy grande, atendiendo a las gentes más pobres de Madrid. Esas son las historias que nos interesa contar, vidas con riqueza que puedan aportar algo distinto.

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