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"Necesitaba libertad para hacer exactamente lo que quería"

Claude Lelouch siempre está en busca de emociones. Cada una de sus películas explora nuevos caminos para expresar lo que es más importante para él. Está enamorado de la vida, y le rinde homenaje en todas sus vertientes, las más fuertes y las más inesperadas. Es un maestro a la hora de inmortalizar esos momentos en la pantalla, momentos que parecen robados a la realidad.

 

Los años más bellos de una vida es una película sin precedentes, la primera en reunir a la misma pareja de actores icónicos y hacer que retomen, 50 años después, una historia que se ha hecho famosa en todo el mundo. Pero es mucho más que eso. El trabajo número 49 de Claude Lelouch es, por encima de todo, una visión singular de los aspectos más importantes de nuestras vidas, de la mano de un realizador apasionado e irrepetible. No es ni una conclusión ni un epílogo, sino algo completamente nuevo.

los anos mas bellos de una vida 40460 g4Un nuevo comienzo

Tuvieron que pasar muchas cosas para que esta película viera la luz. Lo primero era la imagen en la lejanía de una mujer y su perro por la mañana, en la playa de Deauville hace más de medio siglo. Era una imagen de la vida misma, que me llevó a crear muchas otras. Había que hacer una película elegante, una película que no desapareciera de la memoria. Tuve que recorrer París al amanecer para reproducir el recuerdo de un encuentro. Me caí y volví a levantarme; pasé por el éxito y el fracaso. Necesitaba libertad para hacer exactamente lo que quería. Necesitaba las dos caras intemporales de Anouk y Jean-Louis. Necesitaba captar una perspectiva de la vida a través del viaje de dos personajes, interpretado por dos actores excepcionales. Los años más bellos de una vida extrae su autenticidad de una realidad que ha dejado huella en todos nosotros. Las imágenes del pasado se combinan con las actuales para producir un movimiento dinámico de ida y vuelta. Esto es lo que hace que Los años más bellos de una vida sea una película universal. Los personajes consiguen vivir un nuevo comienzo. Me resulta tremendamente conmovedor ver a Jean-Louis y Anouk 52 años después, en el espacio de un segundo. Es un segundo de eternidad que produce una brecha en el tiempo. Las emociones hacen que el círculo se cierre. Y las imágenes de Jean-Louis y Anouk en dos épocas diferentes intensifican aún más nuestras emociones.

Una película libre e independiente

No se trata de una secuela. Sabía que la película necesitaba involucrar también a los que no habían visto Un hombre y una mujer. Necesitaba tener vida propia y ser independiente. La película retoma una historia de amor que tuvo lugar en 1966 y que dejó una huella indeleble en nuestra memoria. Es una película sobre los rastros que dejamos en los demás. En el primer flashback, Anouk Aimée envía un telegrama a Jean-Louis que dice: "te quiero”. Y esa declaración termina dando un vuelco a sus vidas. Todo comienza con un momento extraordinario en el que una mujer tiene el coraje de decir "te quiero”. Es lo más difícil que se puede decir al otro y, una vez que lo has dicho o escuchado, tu vida cobra sentido de repente. De repente, sientes que haber nacido es algo bueno; que toda la sangre, el sudor y las lágrimas han valido la pena. Esas dos palabras, "te quiero", lo compensan todo. Así que construí la película sobre esa idea. Todas estas imágenes son mucho más que clips de películas: se han convertido en parte de nuestros propios recuerdos. Nos pertenecen, como si nosotros mismos hubiéramos vivido ese romance. Un "te quiero" que pertenece a todo el mundo.

El tercer trimestre

Durante la fiesta por el quincuagésimo aniversario de Un hombre y una mujer, vi que Jean-Louis y Anouk hablaban entre ellos. Pierre Barouh y Francis Lai también estaban allí. Todos reían y se lo estaban pasando muy bien. Volver a reunirnos fue maravilloso. Era como si algo hubiera quedado sin terminar, y ninguno de nosotros quisiera que terminara. Ese día comprendí lo que hacía que Anouk y Jean-Louis siguieran siendo tan especiales después de todos estos años. Pensé para mí mismo que sería fantástico volver a reunirlos, como una pareja de novios eternos que aún no habían pronunciado sus últimas palabras, unas palabras que también podrían ser las primeras. Pensé que permitir que vivieran un tiempo extra, con total libertad, podría ser la mejor apuesta de mi carrera. A nuestra edad, podría hacer que Anouk y Jean-Louis hablaran con total libertad. Al igual que yo, están en el tercer trimestre de sus vidas. Por fin podemos decir lo que pensamos de verdad, mientras que en la vida diaria, uno tiende a moderar las palabras. Unos meses después, volví a ver a Jean-Louis y, una vez más, me dije que tenía que filmar a este hombre. Se había convertido en un imperativo. Todo está escrito en su cara, todo lo que se ha dicho y lo que se ha quedado sin decir. Así que seguí adelante y le conté mi extravagante idea: “¿Te gustaría volver a hacer una película juntos?" Le dio miedo de que fuera una película innecesaria. Le dije que si no nos gustaba, no la estrenaríamos. Sus ojos se iluminaron. Extendió la mano y me dijo: "¡De acuerdo, vamos a hacerla!". Y salí corriendo. Anouk dijo sí de inmediato, porque es imposible que me diga que no. Pero tenía algunas dudas, al igual que Jean-Louis y yo mismo. Pero sabía que debíamos intentarlo. Cuando eres el único que está convencido de algo, es cuando estás más cerca de la verdad. Cuando les mostré las primeras tomas unos meses después, ambos me dijeron: "Tenemos que estrenarla”.

los anos mas bellos de una vida 40460 g3La escena de una vida; una vida en una escena

Una vez que aceptaron la idea, mis co-guionistas, Valérie Perrin y Pierre Uytterhoeven, y yo empezamos a escribir la escena en la que los dos personajes se reencuentran. Están sentados uno al lado del otro; es un reencuentro trágico, inútil, furtivo pero imprescindible. Cuando se me ocurrió esta escena, supe que valía la pena hacer la película, aunque solo fuera por esa escena. Si terminaba siendo un corto de veinte minutos, no me importaba: esos veinte minutos valdrían toda una vida. Pero lo que vino después, las situaciones, las emociones y la promesa de interacción, me llevó mucho más allá de esos veinte minutos. Ese primer encuentro condensa toda la emoción, la sorpresa, la destrucción, el humor y las contradicciones que encontramos en la base de todas las historias de amor. La vida es muy complicada, pero eso hace que me guste más. De hecho, sus imperfecciones también son francamente fotogénicas. Empecé con su reencuentro: lo que se dicen, lo que no pueden decirse, y todo lo que representan el uno para el otro. Arranque con la idea de que nada podía detenerse. La película también cuenta nuestra historia colectiva. La memoria nos susurra al oído que en la vida no existen las coincidencias; solo hay encuentros. Y hubo muchos encuentros para que esta película llegara a ver la luz.

Tenía veintiséis años cuando hice Un hombre y una mujer. Anouk y JeanLouis ya eran estrellas de cine: Anouk por su trabajo con Fellini, y Trintignant por su trabajo con Vadim. Por extraño que parezca, abordé esta película con la misma mentalidad que la primera. Había estrenado seis películas seguidas que fueron fracasos comerciales. Así que hice Un hombre y una mujer como si fuera la última de mi carrera. Cuando haces algo por última vez, das todo lo que tienes, ya que no tienes nada que perder. Había escrito 30 páginas del guión y no había encontrado a nadie que quisiera hacerla. Ningún productor ni ningún distribuidor apostaban por mi idea. En aquel momento se estrenaron las primeras películas de James Bond. Eran el tipo de película por la que se arriesgaban. Así que me lancé yo solo y me endeudé. Sabía que si la película fracasaba, tendría que dedicarme a otra cosa. Quería filmar a un hombre y una mujer, no a un actor y a una actriz. Esa era la gran diferencia y se lo dejé muy claro a Anouk y Jean-Louis. Todos los días sucedió algo que logré capturar con la cámara. Cuando la acabamos, nos dio la impresión de que habíamos hecho una buena película, ¡pero estábamos seguros de que no se haría famosa en el mundo entero! Todos los que habían sufrido por amor vieron algo de sí mismos en Un hombre y una mujer. La película se convirtió en una especie de manual de usuario para algo tan maravillosamente difícil como el amor. Nos dieron una Palma de Oro, un Oscar y otros 40 premios internacionales. Fue un éxito inmediato y a escala mundial. En un instante, la película había llegado a los corazones del público de todo el mundo. Un hombre y una mujer cambió mi vida y las vidas de todos los que participaron en su creación. No eres el mismo después de algo así.

Elige tu camino

Después del éxito de Un hombre y una mujer empecé a recibir ofertas increíbles de los grandes estudios estadounidenses. Eso me permitió comprender el éxito que había logrado. Hubiera tenido la oportunidad de rodar con Steve McQueen y Marlon Brando, dos actores que son la encarnación del cine. Pero a medida que pasaba el tiempo, me di cuenta de que lo que me proponían esos estudios era que me convirtiera en el prisionero de los productores y de los guiones, una posición carente de libertad creativa. El número de diálogos y primeros planos de cualquiera de los actores estaba decidido de antemano en un contrato. Eso no es lo que yo llamo cine. Decliné cortésmente sus ofertas y comencé a retroceder por el camino que se había abierto ante mí, buscando tesoros que tuvieran autenticidad. Eso es lo que me interesa. Creé un cine basado en la espontaneidad, y mi éxito me ha dado la oportunidad de ser un hombre libre. Cada una de mis películas es un experimento. He hecho 49 películas y he vuelto a la escuela 49 veces. He intentado averiguar 49 veces qué tipo de historia se puede contar con una cámara.

Trece días al sol

Filmamos Los años más bellos de una vida en trece días, en una carrera enloquecida. Sabía que teníamos que filmar rápido y capturar los momentos a medida que ocurrían, en lugar de estancarnos en los ensayos o desviarnos del camino. No quería prepararme antes de tiempo. Anouk y Jean-Louis ya estaban lo suficientemente inquietos. Abordé la película de la misma forma en que conduje el coche en mi primer corto titulado C'etait un rendez-vous: como una metáfora de la existencia, atravesando la vida como atravesé París en 1976. Saltándome todos los semáforos en rojo, asumiendo todos los riesgos, haciendo frente a los peligros y llegando al otro lado... o no. El éxito de esta película no dependía de que yo dirigiera a los actores. Era algo más. Era la vida misma, y la vida nos regaló un gran espectáculo.

Cuando llegué al primer día de rodaje, me dio la impresión de que me estaban llevando a la horca. Pero no me pusieron la soga alrededor del cuello. Por el contrario, me indultaron y me pusieron en libertad. Pero seguía siendo el momento más aterrador de mi vida.

En primer lugar, no faltaba luz, y eso es esencial. Vi el sol, y como estábamos planeando filmar en exteriores, era obligatorio tener la mejor luz de fondo para el pelo de Anouk.

La primera escena que filmamos tuvo lugar en la tienda del personaje de Anouk. El hijo de Jean-Louis (Antoine Sire, el mismo actor de Un hombre y una mujer) ve a la que se escapó, a la única mujer en la que aún piensa su padre. Souad Amidou (la misma actriz de Un hombre y una mujer, que interpreta a la hija de Anouk) también está en esta escena. Los dos niños pequeños de la primera película tienen ahora 52 años más. Eso es lo que hace que las interacciones de los personajes sean tan auténticas y cercanas a la verdad.

El segundo día rodamos la escena en la que Anouk y Jean-Louis se reencuentran. Tiene 19 minutos y está rodada en tiempo real. Casi no hay improvisación. Van siguiendo el guión mientras se lo susurro cuando están en el escenario. Descubren el guión, y capturo ese momento en la pantalla. Quería que ese reencuentro fuera lo más espontáneo posible. No ensayaron. Esa mañana, durante el maquillaje, les di algunas notas para que las revisaran, pero no quería que supieran demasiado. Hicimos tres tomas. Fue un verdadero momento de reencuentro. Eso es lo que amo en el cine, y es lo que el cine puede ofrecer. Rodé una escena de 19 minutos en 19 minutos.

Cuando llegué a casa esa noche, casi me derrumbé llorando. Sentí como si acabara de filmar lo que posiblemente era la escena más bella de mi carrera.

Rodamos la película por orden cronológico, así que la energía que va recuperando Jean-Louis a lo largo de la película, cuando comparte el escenario con Anouk, también se iba apoderando de la película mientras rodábamos. La película se nutre de lo que estaba sucediendo en la vida real, como si estuviéramos documentando su reencuentro, pero con un guión muy preciso. Sabía que el diálogo era un factor fundamental en esta película. Lo que iban a decirse sería crucial y primordial.

los anos mas bellos de una vida 40460 g452 años y una habitación

Al final, tuve una suerte extraordinaria de haber podido esperar 52 años para hacer esta película. Las cosas buenas les ocurren a los que saben esperar. El sentimiento de sorpresa y espontaneidad son fundamentales en esta película. Como si sólo les hubiera dicho a Anouk y Jean-Louis, "Nos vemos en Normandía tal día” y yo no tuviera nada que ver. Después de la escena del reencuentro, esa misma sensación de espontaneidad es la que nos permitió avanzar, como si la suerte estuviera de nuestro lado. Si hubiéramos ensayado de antemano, habrían experimentado esas emociones antes de empezar a rodar. Sabía que tenía que capturarlo todo día a día, tenía que exprimirlos y no darles la oportunidad de analizar o intelectualizar las cosas.

Cuando Anouk lleva a Jean-Louis a su habitación de hotel en Normandía, donde hicieron el amor por primera vez en Un hombre y una mujer, vi sus reacciones. Era como si los hubiera llevado a la escena del crimen. De hecho, esa habitación se ha convertido en una especie de museo. Me di cuenta de que estaban un poco inquietos, y que más allá de una pareja de actores había un hombre y una mujer.

Cuando los llevé a la estación de tren o a la playa, a los lugares donde se había desarrollado su historia, pude ver en sus expresiones que algo estaba sucediendo. Ningún director puede hacer que se produzca ese tipo de momento. Ningún realizador puede crear un momento como ese. Todo está sucediendo en otro lugar. Así que comprendí que estaba filmando lo que representan, inconscientemente, 52 años de trabajo. Por eso digo que es una película milagrosa.

El miedo se convierte en felicidad

De repente, lo que nos había asustado se convirtió en un juego. Nos estábamos divirtiendo. Dependiendo de tu temperamento, la vida es un juego de ajedrez o un juego de póquer. El deseo de seguir jugando nunca nos abandona.

Además tuve la suerte de contar con un grupo de actores excepcionales que interpretan papeles pequeños pero importantes. Mónica Bellucci encarna a Elena, la hija de JeanLouis, y sin la intensidad que aportó al papel en tan poco tiempo, el personaje no hubiera tenido tanta fuerza. Marianne Denicourt aporta humanidad a la película; es encantadora y alegre; es la luz que nos guía.

Me impresiona la belleza de Anouk, que no ha perdido ni un ápice de su encanto y elegancia. Cuando veo el humor de Jean-Louis y su manera de ver la vida, pienso en todo lo que ha sufrido. Tuve la audacia de capturar la humanidad que ha extraído de su experiencia. Se ha nutrido de esa experiencia. Fui a verlo al teatro. Nunca he visto nada tan hermoso en un escenario. Cuando recita un poema, evoca momentos de extraordinaria gracia. Su voz contiene toda la verdad del mundo y su sonrisa todo su encanto. Junto a él, Anouk está radiante. Ella encarna su suerte, su memoria, su energía.

Esta película, el reencuentro de dos personajes, es el retrato de una mujer y un bribón: un hombre que amaba a las mujeres y la vida, que era infiel, con todos los defectos del mundo. Es el retrato de un pícaro que se quedó en el terreno del humor y la comedia, que nunca tuvo miedo a nada. Ella, por otro lado, es una auténtica dama, una mujer que cree en la fidelidad y en un amor verdadero.

La muerte no forma parte de esta película, solo la esperanza. Nunca había visto tanta belleza en los dos. Es reconfortante y conmovedor verlos marcharse juntos al final, como una pareja de aventureros. Tenía lágrimas en los ojos mientras rodaba.

El presente, antes del futuro

El amor es el arte del presente, y el presente es todo lo que tenemos. Contiene todas las virtudes. Aunque a los protagonistas de mi película solo les quedara una hora de vida, esa hora sería la mejor. Por eso tomé prestada la frase de Víctor Hugo: "Los mejores años de la vida son aquellos que aún no se han vivido”. He estado obsesionado con esta frase, y se ha deslizado en muchas de mis películas. La verdad es que no hay nada mejor que el presente.

¡Música, maestro!

Cuando le hablé de la película a Francis Lai, él también tuvo ciertas dudas. Le dije que necesitaba su mejor tema musical, ese que todavía no había escrito. Las canciones eran una parte esencial de Un hombre y una mujer. El mejor comentario sobre una película es una buena canción. Le dije que quería que hubiera dos: “Les plus belles années d'une vie" y "Mon amour”. Son las dos últimas canciones temáticas que Francis escribió, y son absolutamente devastadoras.

Le pregunté a quién tenía en mente para la orquestación, y sugirió a Calogero. Era un buen momento ya que acababa de grabar un video musical con él. Es un ser humano increíble, maravilloso. Fuimos a casa de Francis, y Francis tocó sus dos composiciones para él. Calogero se quedó impresionado y dijo que sí en el acto.

Así que me puse a trabajar con Francis y Calogero. Didier Barbelivien, otro de mis colaboradores que conoce bien mi trabajo y mi forma de pensar, escribió las letras. Una vez más, Nicole Croisille tuvo a bien prestarnos su voz y su estilo único. Quería combinar las voces de Nicole y Calogero. Juntos, los dos tonos de voz reflejan perfectamente la intemporalidad.

Francis Lai estuvo presente en la grabación antes de dejarnos. Le maravilló la orquestación de Calogero.

Después, Calogero me hizo una visita y me dijo con gran modestia que había compuesto una pieza que podría encajar en la película. La escuché: era un vals maravilloso que encajaba a la perfección en la película. También le emocionó volver a orquestar el tema de Un hombre y una mujer. El tema tiene una densidad descomunal, como si lo hubieran compuesto hoy.

Los años más bellos de una vida

Durante el proceso de montaje, soy la primera persona que ve mis películas. Cuando vi la cara de Jean-Louis por primera vez, que la cámara deja ver lentamente como si fuera un recuerdo que sale a la superficie, y la cara de Anouk, que parecía estar perdida y lúcida a la vez, me eché a llorar. Era como si estuviera redescubriendo sus caras y las huellas que el tiempo había dejado en sus rostros. Las escenas de su primer reencuentro, filmadas 52 años antes, me vinieron inmediatamente a la mente. Había transcurrido medio siglo. Volví a llorar viendo la escena del reencuentro.

He mezclado muchas veces el pasado con el presente, pero en esta ocasión tuve la sensación de haberlo logrado algo que sólo estaba en mis sueños. Filmé el presente y el pasado lejano con las mismas personas con la edad real que tenían en cada periodo de tiempo. Sin maquillaje, sin actores que interpretaran a los personajes más jóvenes o mayores. El mismo par de caras, transformadas por el paso del Tiempo. Puedes leer las secuelas de la vida en sus caras. La vida real y su mitología, lo que sabemos y lo que imaginamos sobre Anouk y Jean Louis, se mezclan con la ficción, que a su vez se basa en la realidad. Es un metadrama profundamente conmovedor, pero también repleto de humor, como si fuera un desafío al paso del tiempo.

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