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Estrenos Netflix

(2019) | 122 min. | Thriller | Drama Tráiler
Breaking Bad es una magnífica creación televisiva, Vince Gilligan supo armar una fabulosa serie a partir del improbable equipo de narcotraficantes que conforman en Alburquerque un profesor de química con cáncer, que quiere asegurar el futuro de su familia, Walter White, y uno de sus antiguos estudiantes, pobre diablo y camello que conoce bien el mundillo, Jesse Pinkman. A lo largo de cinco temporadas, vimos su personal evolución y la de otros estupendos personajes –dos de ellos, el abogado Saul Goodman antes conocido como Jimmy McGill, y el ex policía arreglatodo Mike Ehrmantraut, dieron lugar después a la serie precuela Better Call Saul– hasta llegar a un estupendo final. El camino. Una película de Breaking Bad puede verse como una especie de epílogo de la serie, un capítulo largo que da respuesta a algunas cuestiones que se dejaban abiertas en torno al personaje de Jesse Pinkman, y que llega seis años después. Algo que se se nota, porque la acción se supone que transcurre prácticamente a renglón seguido, y comos los años no pasan en balde, hay que decir Aaron Paul ha cambiado físicamente lo suyo. De todos modos, la idea es mostrar la huida de Jesse, pensar si alguien tan inestable y poco metódico como él –nada que ver con Walter, que terminaba siendo una suerte de figura paterna– logrará sentar la cabeza con un futuro en otra parte y con otra identidad, tal vez haya llegado el momento de madurar y redimirse. Y al tiempo, se nos ofrecen flash-backs varios de su interacción con viejos conocidos, que sirve para mantener medianamente el interés y despertar la nostalgia en el espectador. Lo que vemos no es hipermemorable, pero trasmite buenas vibraciones para los que han disfrutado con el universo Breaking Bad. El ir de aquí para allá Jesse con un Chevrolet El Camino –metáfora del camino que debe labrarse–, sirve para hablar de vidas alienadas –la idea de fundir realidad con un videojuego, la presencia televisiva de sus padres y su conversación telefónica–, y pergeñar un par de buenas secuencias en torno al dinero que necesita para pagar su nueva identidad.
6/10
(2019) | 113 min. | Ciencia ficción | Thriller | Drama
Futuro distópico. En un recinto cerrado –se supone que el exterior está altamente contaminado–, un robot, Madre, está al cargo de un programa para evitar la extinción de la especie humana. En un espacio acondicionado se albergan numerosos embriones, de los que escoge uno, al que cría amorosamente, y a la que llama Hija. Con un sofisticado software, buena alimentación y ejercicio, va creciendo hasta convertirse en una espabilada adolescente. Un día se escuchan unos ruidos del exterior: una desconocida, herida de bala, pide ayuda; y le produce terror ver a Madre, pues según ella el exterior está ocupado por androides –bulldozers los denomina– semejantes al robot, y muy belicosos. Película de ciencia ficción australiana, que constituye una agradable sorpresa. Tiene detrás a dos desconocidos, los coguionistas Grant Sputore y Michael Lloyd Green, el primero ejerciendo además de director. Sabe crear una adecuada atmósfera de suspense, jugando la carta de la ambigüedad acerca de si Madre está ocultando datos de la realidad a Hija, de un modo que hace evocar en más de un momento a la computadora HAL 9000 de 2001, una odisea del espacio, también por esa especie de ojo central que desprende una luz, aquí verdosa en vez de roja. En la trama se da una vuelta de tuerca a la idea de unos robots que pueden mostrar más humanidad que unos seres humanos embrutecidos y con una gran capacidad autodestructiva. Y se insiste en la necesidad de contar con una familia, y más específicamente con una figura materna, para poder tener un crecimiento sano y una buena educación. En el apartado de producción se nota que se ha sabido aprovecha muy bien un presupuesto seguramente ajustado, con un diseño del robot protagonista muy apañado. Pone voz a madre Rose Byrne, y compone un personaje difícil por antipático Hilary Swank, mientras que la recién llegada Clara Rugaard aguanta el tipo sobradamente estando en pantalla casi todo el tiempo.
6/10
(2019) | 125 min. | Acción | Aventuras
Santiago, miembro de las fuerza de élite de Estados Unidos en operaciones especiales, ha intervenido en varias operaciones contra el narcotráfico. Gracias a un contacto dentro de su organización, averigua la localización del cuartel general del jefe de un cártel Gabriel Martín Lorea, en plena selva en Brasil, en una zona fronteriza. En una operación privada con el visto bueno oficial pero sin que el gobierno asuma responsabilidades, Santiago reúne un grupo de asalto con antiguos compañeros, lo que incluye la recuperación de Redfly, retirado y con su hogar desestructurado. La operación consiste en liquidar a Lorea y arramblar con la fortuna que esconde en su casa. No faltarán dificultades en su ejecución. Entretenida cinta de acción dirigida por J.C. Chandor, aunque no alcanza el nivel de sus anteriores trabajos, Margin Call, Cuando todo está perdido y El año más violento. Maneja un guión coescrito con Mark Boal, que suele trabajar con la especialista en acción Kathryn Bigelow, para ella ha escrito los libretos de En tierra hostil, La noche más oscura y Detroit. De hecho ella figura en los créditos como productora ejecutiva, y el tipo de film se parece más a los realizados por esta directora. Funciona bien la idea de afán de aventuras combinado con la camadería masculina, bien representada por un estupendo reparto integrado por Oscar Isaac, Charlie Hunnam, Ben Affleck, Pedro Pascal, Adria Arjona y Garrett Hedlund. Y hay cierta habilidad en las escenas de acción, con marcos urbano, selvático y el montañoso de los Andes, y capacidad de sorprender, la trama no se reduce a describir el asalto de la casa-fortaleza de Lorea. No dejan de cuestionarse las actividades mercenarias, donde la pérdida de vidas sería lamentable pero incluible en los denominados "daños colaterales". Y es que aun revestidas del afán noble de terminar con un narcotraficante impresentable, no deja de señalarse el precio a pagar y el valor muy relativo del dinero, que a tantos ciega, un poco en la línea del clásico El tesoro de Sierra Madre. A veces quemarlo literalmente, o prescindir de él por una causa más noble, tiene un valor incalculable, mayor que el de vil metal. Y es que la amistad, los lazos humanos, el formar parte de una familia, vale más que todo el dinero del mundo.
6/10
(2019) | 96 min. | Drama
La familia Traoré vive en un barrio parisino, en Bois-l'Abbé, entre las comunidades de Chennevières-sur-Marne y Champigny-sur-Marne. Originarios de Mali, la madre ha criado como buenamente ha podido a sus tres hijos con resultados diversos: Demba, el mayor, ha hecho dinero traficando con drogas, y el pequeño, Noumouké, aún en el instituto, tiene todas las papeletas para seguir sus pasos, está en la fase en las cosas se pueden decantar hacia un lado u otro. Podría servir de ejemplo el mediano, Soulaymaan, que aspira a ser abogado, y que está compitiendo en un concurso de oratoria, con una buena amiga blanca, Lisa, sobre el tema de la marginalidad en los suburbios, donde en el debate ella representa a los que viven ahí, tal vez jugando en exceso la carta del victimismo, mientras que él defiende la postura del Estado, toca apuntar a que ellos no pueden resolver todos los problemas, también hay que poner esfuerzo personal para labrarse un futuro. Producción francesa para Netflix, que aborda el problema de la delincuencia y la integración de los inmigrantes en el país galo, tema que en el mismo año ha sido también abordado en la premiada Los miserables. Los suburbanos es seguramente más convencional en sus modos narrativos y en el planteamiento, pero no está exento de interés. Su director, que también es coguionista, actor y compositor de canciones raperas –suena en el film la sugerente “Lettre à la République”–, Kery James, logra interesar con su trama aleccionadora sobre una familia, en ciertas preocupaciones comunes refuerzan la unidad, pero donde las decisiones personales y las buenas o malas influencias, pueden encaminar a uno en hacia determinada dirección, que puede ser deseable o indeseable. La cinta tiene buen ritmo y es hasta cierto punto poliédrica. En su reparto ha contado con un secundario de lujo, Mathieu Kassovitz, un guiño sin duda ya que el actor-director descolló con una película de temática social semejante, el odio. Es un buen momento el del duelo dialéctico, que tal vez llega a rebufo de Una razón brillante, pero en cambio el desenlace parece algo forzado y fatalista, tal vez el director ha sucumbido al miedo de ser acusado de “buenismo”.
6/10
(2019) | 103 min. | Comedia
Seis amigas del alma, que se conocieron tiempo atrás en Chicago, planean un fin de semana juntas en la zona de los viñedos de Napa Valley, ocuparán una casita encantadora que les permitirá celebrar los 50 años que cumple una de ellas, Rebecca. Esperan tomar copa tras copa de vino, y ponerse al día de sus cosas, ateniéndose, más o menos, a la estricta agenda de la muy organizada Abby. Y es que se sienten muy unidas, aunque se supone que cada una es distinta, está desde la agotada madre Naomi hasta la adicta al trabajo Catherine, pasando por la lesbiana Val que espera ligar con una camarera. Dirige este femenino y enológico film de "marujas" una de las actrices, Amy Poehler. Y aunque se supone que desea despertar buenos sentimientos y celebrar la amistad, con una chispa de humor, cae en todos los estereotipos imaginables, incluidas las bromas sexuales de rigor, como si cada una de esas mujeres del reparto no pudiera dejar de encarnar una suerte de inmadura adolescente. Ni siquiera Tina Fey, con un rol secundario, es capaz de salvar la función.
3/10
(2019) | 112 min. | Acción | Thriller
En los 70 se popularizó entre la población afroamericana el subgénero del blaxploitation, que dio pie entre otras películas a una trilogía de cintas detectivescas menores, protagonizadas por Richard Roundtree, que daba vida a un detective negro que ejercía en el neoyorquino barrio de Harlem. Casi tres décadas después de estrenarse Las noches rojas de Harlem, Shaft vuelve a Harlem y Shaft en África, se recuperaba la saga con gran presupuesto y un actor de caché, Samuel L. Jackson, quedando reducida la presencia de Roundtree a la de secundario; la cinta no llamó demasiado la atención. Pero, rizando el rizo, la saga se retoma dos décadas después, con los actores mayorcitos, Roundtree cuenta 76 años, y Jackson 60. Eso sí no hay problema para el recambio generacional, porque ahí está Junior, o JJ, hijo de John Shaft –interpretado por Jessie T. Usher–, al que su padre dejó en manos de su madre cuando era un bebé, tras un tiroteo en que bien pudo haberle alcanzado alguna bala mortal. Ahora el chico trabaja en ciberseguridad para el FBI, que investiga la posible conexión con terroristas del imán de una mezquita. Y queda impactado por la muerte de su amigo de la infancia Karim, que frecuentaba ese lugar de culto, teóricamente de sobredosis, aunque él y la chica que le gusta, Sasha, sabían de sobra que había superado su adicción. Para averiguar lo ocurrido, Junior decide pedir ayuda a su padre, que ejerce de detective privado, y con quien nunca ha mantenido contacto, su madre lo ha evitado con todas sus fuerzas. La trama ideada por Kenya Barris y Alex Barnow, que convierte en película Tim Story, homenajea a las cintas originales, con los temas musicales, la estética y el modo de rodar las escenas de acción. Y juega al contraste con las personalidades de padre e hijo, en principio muy diferentes, aunque por supuesto los polos diferentes se atraen, y el primero no puede dejar de admirar al mocetón inteligente en que se ha convertido su retoño, y al otro le ocurre otro tanto con los métodos directos y algo toscos pero eficaces, con que resuelve las situaciones peligrosas. Asumiendo que es pura serie B, sin grandes pretensiones se puede disfrutar sin más. Es una lástima que sus responsables no sean más ambiciosos en su propuesta, y se plieguen a lo que cabe esperar, perezosamente.
5/10
(2019) | 92 min. | Drama
Adaptación de una obra de teatro de Jota Linares, que dirige él mismo tras su debut tras la cámara en Animales sin collar. Se nota que bebe de su experiencia personal, al retratar la nueva vida que aguarda a cuatro jóvenes, Marta, Marcos, Eze y Celeste, que han compartido piso en Madrid, y se disponen a afrontar un futuro incierto, que puede conducir a ser un gran médico o un director de cine, o a trabajos precarios porque eso es mejor que estar mirando todo el día la pantalla del móvil, esperando una llamada para el curro ideal que no llega. Aunque llevada con aplomo, y con actores que prestan la deseada autenticidad a la película, el conjunto desprende un aire cansino y plomizo, quizá porque la idea es retratar a una generación que desearía comerse el mundo, como todas las que una vez fueron jóvenes, pero a la que se le ha cortado las alas, y que es capaz de ponerse histérica por cualquier nadería, la paradoja de no resignarse a la habitual resignación. Es una mirada pues narcisista y lastimera, tal vez no autocomplaciente, pero a la que falta un resquicio de esperanza o de finalidad, o algo que dé pie a alguna suerte de catarsis; porque el giro, por llamarlo de alguna manera, que da el film hacia la mitad del metraje, con el típico juego sobre a quién te llevarías a una isla desierta, que ayuda a sincerarse por una vez, suena a artificio destinado a animar ese dibujo del estado de las cosas que no lleva a ninguna parte, más allá de griteríos, insultos, lagrimitas y reproches.
4/10
(2018) | 107 min. | Thriller | Drama
Meritoria cinta paraguaya que describe la lucha contra el narcotráfico en ese país, tarea harto difícil por la corrupción imperante y los poderosos tentáculos de los capos de la droga. Ante la impotencia de los agentes que afrontan el día a día, surge una iniciativa gubernamental, el recurso al ex coronel Ramón Fernández, que es nombrado ministro especial y recibe carta blanca para combatir la lacra del tráfico de drogas a su modo. De modo que recurre a algunos hombres experimentados de su total confianza, y a un grupo de analistas recién llegados, por lo tanto idealistas y que no han sido tentados por los sobornos. Entretanto, entre los narcos ha habido movimientos. Uno de ellos ha sido asesinado a traición, y su viuda y su hija han sido obligados a aportar sus recursos al negocio, e incluso a un matrimonio forzado. Como puede imaginarse, estas mujeres no se resignan a una posición poco menos que de “esclavas”, y algún momento enseñarán sus garras. Dirige el film el tándem conformado por Pietro Scappini y Rodrigo Salomón, que siguen el modelo de la exitosa serie Narcos, de un modo más modesto si se quiere, y con bastante menos cinismo, aquí hay un lado de justicia y principios, donde prima el sentido del deber, el trabajo bien hecho y la camaradería, frente a los asesinos o los practican un darwinismo de supervivencia. No falta la acción, de corte realista, pero sin los medios de otro título que también podría citarse, Triple frontera, aunque sí comparte con ella el marco de fronteras donde se mueve la droga, es un elemento común, así como la intervención de comandos militares. Los personajes, interpretados por actores desconocidos, son arquetipos, pero funcionan bien, con momentos conseguidos, como la fiesta de la boda, o la noche en que bromean con el flechazo amoroso de uno de los miembros del comando por la analista Betty.
6/10
(2018) | 162 min. | Drama
Adaptación de una novela con trazos autobiográficos del danés Henrik Pontoppidan, premio Nobel de Literatura en 1917. Sigue a finales del siglo XIX la singladura de Per Sidenius, hijo de un clérigo luterano cuya severa educación le ha dejado profundas heridas, por las que siente un rotundo rechazo hacia su progenitor y a todo lo que tiene que ver con la religión. De preclara inteligencia y muy creativo, pero pobre, marcha a Copenhague, donde estudia ingeniería, pero sus ideas para aprovechar la energía, o para diseñar un sistema de canales en Jutlandia suenan a fantasía. No para todo el mundo, Per logra entrar en el círculo de una adinerada familia judía, los Salomon, que le financian su formación y le presentan gente que podría apoyarle en su carrera. Una forma de prosperar podría ser comprometerse con una de las hijas, Jakobe, pero ella ya está prometida. Bille August, ganador del Oscar con Pelle el conquistador, aborda una obra de título semejante, aunque quizá Per el afortunado podía emparentarse más con Las mejores intenciones, pues tenía un guión de Ingmar Bergman, con trazos de su propia familia, enamoramientos y cuestiones teológicas, y también conoció dos versiones, como miniserie y para su distribución cinematográfica. Sobresale el perfil psicológico de los personajes, y especialmente el de su protagonista, con el peso que ha tenido su educación a la hora de forjar su carácter, con una personalidad inestable y sufridora, que se ha construido una coraza que le conduce a la soberbia, una dificultad para dar su brazo a torcer que impide que su talento de desarrolle a su máximo nivel. Pero también de esta manera se sugiere que se puede alcanzar una vida lograda por caminos inesperados, y que la derrota, la humillación y la aflicción, pueden hacernos mejores, y mejorar a las personas que tenemos alrededor de un modo no previsto. Los planteamientos del film, de acuerdo con los de Pontoppidan, son pesimistas, muestran el daño que se hacen las personas, incidiendo en lo dañino que puede ser una religión deformada, en que todos son obligaciones, prejuicios y amenazas de castigos eternos. Aunque, al menos en la versión cinematográfica, también se apunta que puede haber un cristianismo más acogedor con las personas, que se puede ver en el pastor que se ocupa del funeral de la madre, e incluso en la propia madre, que ha sido capaz de llevar lo mejor posible la severidad de su esposo, el sacar adelante a los hijos, y el dolor por la ruptura con Per. También se aborda lo que puede traer la modernidad, o una familia cosmopolita y de mente abierta, aunque nunca dejen de pesar algunos intereses. Y luego está la naturaleza, el regreso a los paisajes de la infancia, la inmensidad del mar, que pueden tener un efecto balsámico y ayudar a encontrar algo parecido a la paz. El reparto es excelente, aunque hay que destacar el trabajo de los dos actores principales, Esben Smed, que da el tipo de joven prepotente, con ganas de comerse el mundo, pero que arrastra heridas terribles, y Katrine Greis-Rosenthal, su prometida judía, que conoce toda una serie de vaivenes sentimentales y hace un tremendo esfuerzo para entender al hombre que ama.
7/10
(2019) | 85 min. | Romántico | Comedia
Justo el día que su hijo único marcha a la universidad, y se produce la situación del llamado “nido vacío”, Kate recibe la desagradable sorpresa de que su marido quiere el divorcio, cree su amor se ha terminado, y sólo le preocupa su trabajo. Como ella había comprado ya los billetes para una segunda luna de miel en Zambia, para un safari de lujo, decide irse sola desde Nueva York. El caso es que aquello va a servir para desempolvar su título de veterinaria, profesión que nunca ejerció, pero que empieza a desarrollar cuando su guía Derek pide su ayuda para salvar a una cría de elefante. Podía ser una amable comedia romántica, con guerra de sexos entre esposa infeliz y guía bregado en mil batallas y rompecorazones –daba más de sí el emparejamiento de Kristin Davis y Rob Lowe–, pero lo cierto es estamos ante un film bastante insulso, con un buenismo que pretende concienciar al espectador acerca del cuidado de los paquidermos –la elefanta es un segundo hijo para Kate–, y poco más. La excusa navideña está metida con calzador –la trama empieza en junio, aunque la estancia africana se va a prolongar más de lo que pensaba Kate– y en fin, tal vez agrade al espectador poco exigente, con sus paisajes y personajes “simpáticos” de telefilm de sobremesa. Dirige Ernie Barbarash, quien ya dirigió para Netflix otro film para la fiesta de Navidad, Herencia navideña, más logrado.
4/10
(2019) | 92 min. | Romántico | Aventuras | Comedia
Simpática película navideña con un elemento original de viaje en el tiempo. Arranca con sir Cole en la Inglaterra medieval, buscando la misión que le permita ser un verdadero caballero, con la Navidad ya próxima. El encuentro con una bruja en el bosque en una partida de cetrería, le transporta mágicamente a un pueblecito de Ohio, en 2019, donde conoce a una encantadora profesora de instituto, Brooke, al que su novio le rompió el corazón engañándola con otro. Tras un atropello accidental, Brooke acoge a sir Cole en su casa, pensando que su insistencia en que es un caballero medieval tiene que ver con el golpe recibido. Sea como fuere, los días pasan y ella queda conquistada por su bondad. Lo mismo que ocurre a todos los que tiene alrededor, la hermana y sobrina de Brooke, un agente de la policía, que no saben a qué carta quedarse con respecto a su manía medieval. La película, que tiene tras la cámara a la especializada en tv-movies Monika Mitchell, sigue cánones tradicionales, con historia de amor, y la bondad propia de la Navidad, con el deseo de ayudar al prójimos, y que todo el mundo pueda pasar unas fiestas estupendas. Pero a esto suma el esquema de historias de “pez fuera del agua”, en este caso un personaje medieval enfrentado a la modernidad. En este sentido hay alguna idea graciosa, como sir Cole descubriendo Alexa, a la que puede pedir que reproduzca villancicos, o la televisión que le enseña a ser un poco mal hablado, pero sin exagerar, que se trata de una película familiar. Pese a todo no deja de sorprender que no haya ninguna referencia a que se está celebrando el nacimiento de Jesús, omisión que podría entenderse en los personajes de nuestros días, pero no, desde luego, en sir Cole. La sensación es que se podía haber sacado más partido a la premisa del film, al final todo discurre por cauces bastante previsibles. Vanessa Hudgens interpreta con corrección a la maestra que va a recuperar la fe en el amor, y el recién llegado Josh Whitehouse se las apaña bien como caballero, por momentos recuerda al Heath Ledger de la titulada, precisamente, Destino de caballero.
5/10
(2019) | 99 min. | Thriller
Inquietante película dirigida por el veterano especialista en cintas de terror y thrillers Brad Anderson, suyos son títulos como El maquinista y Transsiberian. Aquí maneja un guión de Alan B. McElroy, que se inició en la escritura de libreto tres décadas atrás con la cuarta entrega de Halloween. Seguimos a Ray Monroe, que viaja con su esposa Joanne y su hijita Peri a celebrar la fiesta de acción de gracias con sus suegros. La tensión se masca desde el minuto uno, la pareja muestra claras desavenencias. En una parada en una gasolinera, Peri sufre un accidente, al caer por un terraplén. Se impone llevar a la pequeña urgentemente a un hospital, donde tras una larga espera el personal se muestra inusualmente amable. Pero cuando se llevan a Peri a hacerle un TAC, con la compañía de su madre, ambas desaparecen mientras Ray dormita en la sala de espera. En efecto, el desagradable despertar trae consigo la afirmación tajante de médicos y enfermeras de que Ray llegó sólo al hospital. Aunque la trama es entretenida, y Anderson demuestra conocer las reglas del juego de crear intriga, estamos ante una película irregular. En efecto, la idea es crear en el espectador dudas acerca de si todo es un mal sueño, aunque también Ray podría ser un desequilibrado, e incluso le podrían estar haciendo “luz de gas” con siniestras intenciones, como ocurre en los filmes como Luz que agoniza o Plan de vuelo. Desaparecida. Y una vez nos queda clara la situación, todo se reduce a golpes de efecto, con un desenlace un tanto tramposo, se puede manipular al espectador, pero existe un límite para no tener la sensación de que te toman el pelo. Sam Worthington lo hace bien dando vida al padre desquiciado.
5/10
(2019) | 110 min. | Biográfico | Thriller | Drama
Nuevo acercamiento a Ted Bundy, célebre "serial killer" en Estados Unidos en los 70, condenado por el salvaje asesinato de cuarenta mujeres, aunque el número de sus víctimas, también de violencia sexual, podría aún ser mayor. Otras películas que han abordado al personaje como Ted Bundy, se caracterizan por mostrar con pelos y señales los crímenes, acercándose al gore. Y aunque ciertamente la realidad se presta a ello, el peligro es caer en el puro morbo. La película que nos ocupa tiene detrás a Joe Berlinger, conocido por sus numerosos documentales sobre el sistema legal y casos criminales, y de hecho casi a la vez ha entregado una docuserie, Conversaciones con asesinos: Las cintas de Ted Bundy, que trata el mismo tema, pero aquí sin actores. De modo que prima el rigor, tambien en la parte policial, carcelaria y judicial, y sin escamotear el horror de los asesinatos, se centra en describir el lado humano de Ted Bundy, y cómo pudo enamorarse de él Liz Kendall, madre soltera que convivió con él mucho tiempo, incluso cuando tuvo lugar su primera detención, y cuyas memorias han servido mucho para pergeñar el guión. Además se juega a la ambigüedad, la idea es que pueda flotar la sombra de una duda durante casi todo el metraje, porque Bundy sostiene en todo momento su inocencia. Quizá ahí se manipula un poco al espectador, pues las pruebas, durante el juicio, no dan la impresión de ser todo lo contundentes que debieran, pero tal vez si así fuera, se resentiría el punto de vista adoptado. Zac Efron se revela una elección muy acertada para recrear el lado encantador y seductor de Bundy, que hizo gran parte del público, incluso el femenino, creyera en su inocencia. Mientras que Lily Collins sabe encarnar a la mujer que le ha amado y quiere creerle, y a la que persigue durante años una confluencia de sentimientos difíciles de sobrellevar. Además el resto del reparto funciona muy bien, por ejemplo John Malkovich como el juez de Florida y Jim Parsons representando a la acusación.
6/10
(2019) | 92 min. | Comedia | Drama
Amable comedia familiar navideña, destinada principalmente al público afroamericano. Sigue las vicisitudes del DJ radiofónico Rush Williams, que triunfa en las ondas de Nueva York con su dinámico programa en que escoge los mejores temas musicales. Viudo y con cuatro hijos, a pesar de que echan de menos a la esposa y madre, les va muy bien, de modo que viven en una lujosa mansión y no les falta de nada. Pero justo cuando Rush, en compañía de su productora Roxy Richardson, aspiraba a comprar la emisora, se encuentra que se ha hecho con la propiedad una importante cadena, que les despide a ambos. Todo ocurre con la Navidad ya próxima, o sea, que la noticia podría arruinar la alegría propia de las fiestas. No inventa la pólvora, e incluso es demasido obvia, pero está claro que la película despierta los buenos sentimientos. Incide en la idea de unos chavales demasiado consentidos por la ausencia materna, lo que les dificulta aceptar que van a tener que ir a vivir a una casa de barrio más modesta, y que ya no podrán permitirse todos los caprichos. Critica las injusticias empresariales. Y apunta a que Rush podría encontrar una nueva buena esposa en Roxy.
4/10
(2019) | 85 min. | Romántico
Tercera entrega de la saga Príncipe de Navidad, tras Un príncipe de Navidad, que contaba el enamoramiento entre el heredero del pequeño reino de Moldavia y una periodista, y Un príncipe de Navidad: La boda real, cuyo título lo dice todo. Y el nuevo film que nos ocupa, sí, tras un año de Amber como reina junto a su amado Richard, nos habla del embarazo de la primera y del inminente nacimiento del heredero al trono, no sabemos, oh, sorpresa, sí será niño o niña. Como es tradicional, la trama transcurre en Navidad, y en esta ocasión, al asunto del bebé, se suma otra subtrama, la renovación del tratado de paz entre el reino de Aldovia y el de Penglia, firmado en la Nochebuena de 1419, y que cada cien años pide una nueva firma de los monarcas reinantes ratificándolo. El asunto sirve para contraponer a la "moderna" Aldovia gracias a la bocanada de aire fresco americano de Amber con las más tradicional Penglia; y para orquestar una intriga al estilo de las películas "whodounit", "¿quién lo ha hecho?", cuando alguien sustrae el viejo documento que debe ser firmado de nuevo, lo que pone en peligro la convivencia pacífica de los reinos. El film que dirige John Schultz, responsable también del segundo título de la saga, es tan almibarado como sus predecesores, pero al que le guste el azúcar y los buenos y elementales sentimientos la disfrutará. Como es de imaginar, repiten los protagonistas, Rose McIver y Ben Lamb. Sorprende que una película navideña, en que se produce un nacimiento real en Nochebuena, no aluda en ningún momento al nacimiento de Jesús en la primera Nochebuena. Contradicciones de una Navidad de espumillón y buen rollito, pero vaciada de su contenido original.
5/10
(2019) | 85 min. | Romántico | Comedia | Musical
Revisión del clásico relato de la Cenicienta, trasladado a la época actual, y convertido en cuento de Navidad. En esta ocasión Cenicienta es Kat Decker, a la que toca vivir con su madrastra Deirdra, y sus hermanastras Joy y Grace, que le hacen la vida imposible, a ella le toca cargar con todas las tareas ingratas del hogar. Cat querría convertirse en cantante, pero de momento debe conformarse con traer algo de dinero a casa trabaja como elfa de Santa Claus, en una tienda de artículos navideños, donde sí, canta, pero nadie aprecia su talento. ¿Nadie? Tal vez lo haga el apuesto Dominic Wintergarden, hijo del dueño de esa tienda y de un montón de hoteles y propiedades de la ciudad, que hace de Santa, y cuya identidad ignora Kat, pues no le reconoce tras sus barbas y peluca. Dominic la invitará a una gala benéfica, como auténtico príncipe encantador, y su amiga Isla ejercerá de hada madrina, por así decir, animándole a acudir radiante. Michelle Johnston ya dirigió en 2016 Una cenicienta moderna: El papel de su vida, una cinta en la misma línea que la que nos ocupa, donde acabará triunfando el amor verdadero frente a la impostura y la hipocresía. Estamos, pues, ante un amable film, previsible y quizá empalagoso en exceso, pero que se ve con relativo agrado, a lo que ayudan las canciones y el espíritu navideño que la impregna. Los actores jóvenes y apuestos hacen lo que toca, y la trama incluye elementos "modernos", como los vlogs donde una hermanastra humilla a la pobre Kat, o las búsquedas a través de internet.
5/10
(2019) | 107 min. | Thriller
Lucy lleva varios años en Tokio trabajando como traductora. El hallazgo de unos restos humanos, posiblemente de su desaparecida amiga Lily, motivan un interrogatorio por parte de la policía. Lo que despierta los recuerdos: su relación con el aficionado a la fotografía Teiji, y el modo en que se preocupó por la recién llegada a Japón Lily, que no hablaba una palabra de japonés. Pero también otros más traumáticos, que han acentuado de un modo enfermizo el sentido de culpa, y que pueden explicar sus crecientes celos hacia Lily. Producción de Ridley Scott, que vuelve a Japón tras Black Rain, aprovechando la belleza de ese país del lejano Oriente. Está muy cuidada estéticamente, en los capítulos fotográfico y de partitura musical, Wash Westmoreland sabe crear una atmósfera inquietante. También aprovechando la excusa de los terremotos, temblores de tierra a los que supuestamente sigue una extraña musicalidad, apenas perceptible, que justifica el título del film. Pero también le puede una suerte de petulancia, la cinta parece estar recorrida de unos excesivos aires de película “importante” que le hacen un flaco favor, porque al final uno tiene la sensación de haber contemplado una nadería, con las fotos y el archivo secreto, y sobre todo en el desenlace explicativo, puro cliché. El film está lejos de los resultados de algunas películas a las que parece mirar en lo relativo a personaje femenino confuso, como Picnic en Hanging Rock o Pasaje a la India. Alicia Vikander está correcta, pero su papel no es de los más memorables que se le recuerdan.
4/10
(2016) | 93 min. | Biográfico | Comedia | Drama
Simpática comedia francesa, basada en hechos reales y planteada en clave familiar. Sigue a Seyolo Zantoko, médico de Zaire recién licenciado tras estudiar la carrera en Francia. Rehúsa un trabajo cómodo en su país al servicio del presidente Mobutu, por no servir en su entorno corrupto, y acepta en cambio ser el médico de un pueblecito de la Francia profunda, donde se instala con su esposa Anne, y sus dos niños, Sivi y Kamini. No será fácil adaptarse, y no sólo por el clima frío y lluvioso. Los lugareños no han visto un negro en su vida, y aunque no son malas personas, tienen muchos prejuicios, por lo que se resisten a acudir a la consulta. Y los chavales tampoco lo pasan demasiado bien en el colegio, entre sus nuevos compañeros, capaces de comentarios bastante crueles. Julien Rambaldi no tiene una filmografía demasiado amplia, su film más conocido, y no lo es mucho, es Los mejores amigos del mundo, de 2010. Aquí sabe imprimir un tono amable y positivo a la narración. De modo que se describen los intentos de Seyolo por integrarse en la pequeña comunidad rural, su primera entrada en el bar, y el esfuerzo por compartir con la gente del pueblo un aguardiente y una partida de lanzamiento de dardos es antológico. Hay buen espacio para el humor, con los primeros pacientes, bastante paletos, ignorantes y rudos, o con las visitas ocasionales de los parientes de los Zantoko que están afincados en Bruselas. También se juega con subtramas como las desavenencias del matrimonio, las habilidades futbolísticas de Sivi y la rivalidad ante una próxima cita electoral entre el alcalde actual, que fichó a Seyolo, y el rival que quiere ocupar su puesto. El reparto, compuesto por actores que no son primeros espadas, funciona muy bien.
6/10
(2019) | 89 min. | Comedia
De niña a Natalie le encantaban Pretty Woman y las películas similares, pero su madre le advertía de que no se parecían al mundo real: “La vida no es un cuento de hadas”. Ya adulta, Natalia se ha desencantado por completo. Convertida en arquitecta, trabaja para una empresa en la que la ningunean continuamente, y además, no llama la atención de los hombres, por lo que su autoestima está por los suelos. Tras ser víctima de un atraco en el metro, sufre un golpe en la cabeza. Al despertar, todo ha cambiado, vive en una casa idílica de color pastel que parece sacada de la gran pantalla, y todos los tipos con los que se encuentra la piropean, sobre todo Blake, un cliente guaperas que antes la confundía con una secretaria y que ahora parece enamorado de ella hasta la médula. El desconocido realizador Todd Strauss-Schulson rodó en 2015 Las últimas supervivientes, metapelícula que al estilo de Scream sacaba punta a los tópicos del género de terror, por lo que a pesar de su limitada distribución la cinta fue muy bien recibida por los aficionados a este tipo de cine que la vieron, sobre todo en el Festival de Sitges. Ahora hace lo propio con las comedias románticas, contraponiendo el cinismo mayoritario de la sociedad contemporánea, con los elementos más característicos del cine más edulcorado, en una producción para Netflix con pocas pretensiones. Los clichés del cine han dado lugar a filmes más ingeniosos, como Encantada. La historia de Giselle, y quizás a la mayoría de gags les falta algo de ingenio. Pero tiene algún momento más o menos inspirado, como las bromas sobre la imposibilidad de decir tacos, el mejor amigo gay, la rival en la oficina, o el apartamento exageradamente grande. Por su parte, Rebel Wilson transmite simpatía gracias a su vis cómica, mientras que Liam Hemsworth tiene su gracia con un exageradísimo acento australiano en la versión original. Finalmente queda la sensación de que a la idea se le había podido sacar más tajada, pero que el film tiene un pase.
5/10
(2019) | 142 min. | Documental | Musical
Excelente documental de Martin Scorsese, que recoge el tour de conciertos encabezado por Bob Dylan, celebrado en 1976 a lo largo y ancho de Estados Unidos, con motivo de su centenario. Combina declaraciones de los protagonistas próximas a la actualidad –Dylan, Joan Baez, Allen Ginsberg, Ramblin' Jack Elliott, David Mansfield, Sam Shepard...– con imágenes de esa época, donde sobresale la voz desgarrada de Dylan y su aliento poético. El film logra atrapar un momento de creatividad irrepetible, nacido en la carretera, y en que sobre el escenario los cantantes aparecen maquillados de modo que sus rostros remiten a la tradición japonesa del kabuki. Y ello con el telón de fondo de unos Estados Unidos convulsos –"rolling thunder" puede interpretarse con distintos significados, no sólo el "trueno rodante", sino a un significado nativo que habla de "predicar la verdad" o al nombre en clave con que Estados Unidos designó una de sus operaciones bélicas en Vietnam–, en los que se ha perdido definitivamente la inocencia, un estado de cosas que se intenta conjurar con la música sobre el escenario.
7/10