LIBROS
El arte del montaje

Es uno de los oficios cinematográficos cuya importancia es ampliamente reconocida. Y sin embargo, los desafíos que supone el montaje de una película son frecuentemente ignorados en su detalle. Este libro, que recoge cinco extensas conversaciones entre el novelista Michael Ondaatje y el montador e ingeniero de sonido Walter Murch, llenará a buen seguro muchas de esas lagunas.

El arte del montaje (Walter Murch y Michael Ondaatje, Plot, 383 págs)

Todos los meses sale al mercado un buen puñado de libros de cine que poco aportan al amante del cine. Hay biografías a patadas sobre Humphrey Bogart, Ingrid Bergman, Orson Welles... y sin embargo, con una perseverancia que sería encomiable en otros menesteres, llegan nuevas obras dedicadas a estos personajes, que no hacen sino recopilar los datos ofrecidas por otros libros, y poquito más. En este sentido "El arte del montaje" es un libro que aporta cosas a su lector.

De entrada, la combinación de una conversación entre un novelista y un montador para tratar del oficio del segundo es una idea maravillosa. Desde los tiempos de Sergei Eisenstein y David W. Griffith, es ampliamente reconocida la deuda con autores como Charles Dickens en la narrativa cinematográfica. Michael Ondaatje, autor de la novela en que se basa El paciente inglés, conoció precisamente a Walter Murch cuando éste trabajaba en el montaje de la película. Y además de hacerse amigos, Ondaatje detectó enseguida el talento de Murch, su habilidad para introducir ideas presentes en la novela mediante la adecuada yuxtaposición de imágenes y sonidos. De saldría el proyecto de un libro a partir de largas conversaciones sobre la profesión del montador audiovisual.

Murch, que posee un amplio bagaje cultural, tiene muchas cosas que aportar; y un novelista como Ondaatje tiene la capacidad de hacer comentarios sabrosos y de tirar de la lengua a su amigo. Así se habla ampliamente de la colaboración de Murch con Francis Ford Coppola y George Lucas, ambos de su quinta, y a los que conoció en su etapa universitaria. En el personaje protagonista de La conversación puede verse mucho del oficio de Murch, no en vano reconoce él haber tenido la sensación de que Coppola le observaba para incorporar elementos a su film. El montador cuenta cómo se las arreglaron para sortear el serio obstáculo de que 15 páginas de guión nunca pudieron ser rodadas. También cuenta ideas suyas, luego ampliamente imitadas, como la de grabar la música ambiente de American Graffitti directamente de los altavoces por los que suena, para luego jugar en la mezcla con este sonido y el más puro del disco original con la música. Además habla del uso del silencio en El padrino, en el primer asesinato de Michael Corleone, o la introducción del sonido metafórico del chirrido de las ruedas del metro, cuyo volumen jamás podría ser tan alto como el que se aprecia en esa escena. O del desafío de hacer un nuevo montaje de Apocalypse Now veinte años después del rodaje original. El libro contiene mucha conversación inteligente, reflexiones sobre cuestiones que uno y otro puede ser la primera vez que se plantean, aportaciones de su experiencia personal... No es, para nada, un texto de obviedades y lugares comunes, se aprende mucho con su lectura.

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