LIBROS
Como en un espejo

Como en un espejo. Juan Orellana. Encuentro. 264 págs.

El subtítulo, “Drama humano y sentido religioso en el cine contemporáneo”, define el propósito del libro de Juan Orellana: el análisis del fenómeno fílmico como vehículo para expresar las inquietudes más hondas del espíritu humano, en relación con las grandes preguntas¿quiénes somos?, ¿de dónde venimos?, ¿adónde vamos?, ¿qué sentido tiene todo?, ¿qué es el bien?, ¿por qué sufrimos?, ¿dónde está la felicidad?, ¿hay algo capaz de llenarnos?. El autor reconoce que, por su naturaleza, el cine no alcanza el nivel sistemático de la ciencia o la filosofía; pero eso no quita para que, con su peculiar mirada, ayude a bucear en el misterio del hombre.

La ambiciosa obra de Orellana, católico confeso, se estructura en tres partes bien diferenciadas. La primera, “El drama humano en el cine contemporáneo”, es un análisis antropológico del cine, donde se examinan las pulsiones humanas, haciendo hincapié en el “deseo”, unas ansias de felicidad y plenitud, comunes a todo hombre, aunque luego éste tenga dificultades en los actos tendentes a saciarlo. El autor maneja muchos ejemplos, sobre todo del cine reciente, pero sin renunciar a los clásicos, para hablar de soledad, amor, familia, muerte y el dolor, con toda la raela de mal, pecado y angustia que forma parte del “paisaje”; y a la hora de afrontarlos, habla de las respuestas “humanas”, desde el nihilismo, al optimismo del “sueño americano”. Por ejemplo, al hablar de la muerte, se citan películas que hablan de la fragilidad del hombre (21 gramos, Señales), de su rebelión ante lo que no entiende (Azul), de una respuesta existencialista (Mi vida sin mí) o cristiana (Tierras de penumbra).

El segundo tramo, “Cine y acontecimiento cristiano”, analiza justo la respuesta cristiana, tal y como la tratan las películas. Así, se repasan filmes sobre la vida de Jesús, otros que ilustran la Biblia, y los que se refieren a santos o personas que luchan por vivir su fe. La última parte, “La Iglesia española y el cine”, es un recorrido histórico de cómo la jerarquía católica española ha orientado a sus fieles acerca del cine. Aquí Orellana hace una lúcida distinción entre un enfoque a veces esquizofrénico –que disuade de ver una película, a la vez que se alaban sus valores artísticos– y lo que debe ser una reseña integradora, que trate todos los aspectos de una obra. A este respecto el autor considera simplista despacharse una película con “desaconsejable” o “mayores, con reparos”, aunque en descargo de tal enfoque podríamos decir que el sistema “laico” de calificarla con estrellitas incurre en el mismo defecto. Y es que los códigos o etiquetas se revelan destinados al público comodón, que desea que quien le merece confianza le diga si debe o no ver un título, en vez de pensar y decidir por sí mismo con los necesarios elementos de juicio.

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