LIBROS
Renoir, mi padre

Para el día del libro, tenemos una lectura muy especial que recomendar. Jean Renoir dedica un formidable libro a su progenitor, el gran artista impresionista Auguste Renoir (1841-1919). Merece la pena sumergirse en él.

"Renoir, mi padre", Jean Renoir, Alba, 439 págs

En 1915, el entonces futuro cineasta cayó herido en la Primera Guerra Mundial. De vuelta a casa y convaleciente, el joven combatiente compartió largos ratos de conversación con su padre, el pintor impresionista Auguste Renoir, entonces un anciano enfermo al que apenas quedaban cuatro años de vida. Jean atesoró el recuerdo de esos momentos inolvidables, pero no los plasmaría en forma de personalísima biografía hasta mucho después, en 1958.

No estamos ante un libro de cine, aunque su autor sea ese gran director llamado Jean Renoir. Quien desee conocer los recuerdos del cineasta acerca de su trayectoria fílmica tiene posibilidad de hacerlo en “Mi vida y mi cine”, escrito en 1974 y editado en Akal. Dicho esto, el libro que nos ocupa rezuma la sensibilidad de Jean por todos sus poros, su acendrada capacidad de observación, sus finos sentido del humor y de la ironía, herencia de familia, que le permitieron atrapar la personalidad de su progenitor por lo que le contaba y por lo que vio. Así que resultamente recomendable para conocer, también, a Jean Renoir, el hombre detrás de la cámara. Hay un profundo cariño filial de Jean detrás de cada página del libro, pero además queda clara la visión del mundo y del hombre de padre e hijo, además de un cuadro vivísimo de la historia decimonónica de Francia, de cómo era París entonces y del modo en que se encauzó la vocación pictórica de Auguste.

Jean sabe entrecruzar las escenas recordadas de su convalecencia, de esas gratísimas charlas con su padre, con el contenido biográfico de esos recuerdos. Y así vemos a un Auguste adolescente, decorando cerámica de Limoges, repitiendo una y otra vez el motivo iconográfico de María Antonieta; y tales rememoraciones conviven casi a renglón seguido junto a comentarios de Auguste anciano llenos de sentido común, como aquellos acerca del amor y la vida conyugal: “Sepárate de tu mujer con frecuencia, pero durante poco tiempo. Tras una ausencia corta, te agrada volver a verla. Tras una ausencia larga corres el riesgo de que te parezca fea; y ella, el de que le parezcas feo. Los que envejecen juntos dejan de verse. Las arrugas y el cuerpo fondón desaparecen. El amor es muchas cosas, y no soy lo bastante avispados para explicarlas, pero es también la costumbre.”

Este libro sirve para entender lo que define a un artista. En el caso de Jean Renoir, queda claro en las páginas en que recuerda a su padre, que su enorme sensibilidad no se limitaba al cine, que también podía volcarla en una remembranza. No hay muchas referencias a sus películas, las páginas que lo componen no son el lugar para hablar de ellas, pero no me resisto a citar una, durante su estancia en el hospital por sus heridas de guerra. Cuenta Jean Renoir que vino a visitarle su cuñada, la actriz Vera Sergine, esposa de su hermano Pierre. La mujer llamó la atención de sus compañeros hospitalizados por su pelo corto y su vestido corto hasta las rodillas, algo que no estilaba entonces. Uno de ellos hizo el comentario “¡Si cuando vuelva, me encuentro con mi mujer así le doy una patada en el culo!”. Jean usaría esta anécdota para su película La gran ilusión.

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