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Lista de cine

Las 100 mejores películas de Nueva York

atico slider 2Ha sido una de las ciudades más fotografiada en el cine junto con Los Ángeles.

Casi se diría que cada rincón de la urbe remite a algún título cinematográfico.

Recopilamos una lista de las 100 mejores películas sobre Nueva York. Tienen cabida grandes clásicos y títulos más o menos recientes.

No hemos ordenado los títulos por orden de preferencia.

 

(2014) | 92 min. | Comedia | Drama Tráiler
Una simpática comedia, miniatura en su duración y número de personajes de entidad, con diálogos ágiles y chispeantes, verdadero canto a Nueva York y más concretamente al East Village de Manhattan y alrededores. Sigue a una pareja que llevan casados más de 40 años, Alex, afroamericano artista, y Ruth, maestra blanca, que no han podido tener hijos. Durante un fin de semana algo frenético por una alarma terrorista en Manhattan, intentan vender su ático neoyorquino al que no se puede acceder con ascensor, y comprar otra vivienda con mejor accesibilidad, algo conveniente por los achaques de la salud, que les afectan a ellos y a su querido perro. Les ayuda en la operación su sobrina, agente inmobiliaria. Frente a las primeras impresiones de lo que cabría esperar del film –vehículo concebido para dar trabajo a dos actores "dinosaurios" a los que les cuesta encontrar papeles de enjundia, Diane Keaton y Morgan Freeman–, tenemos una divertida trama bien urdida por Charlie Peters, que adapta un libro de Jill Ciment, que, si se nos permite el juego de palabras, se cimenta bien sobre la sólida y entrañable relación de los protagonistas; entre ellos hay indudable química, también en su versión juvenil, que podemos conocer a través de varios flash-backs. El británico Richard Loncraine captura bien el ritmo acelerado hasta rayar la paranoia de las grandes urbes, que exigen el esfuerzo personal de imprimir algo de cordura para no sucumbir a la fiebre general, y que se nota en el surrealista tratamiento informativo del supuesto terrorista, y en los candidatos a comprar casas o en los agentes que los venden; sólo la mirada sosegada de una niña sabe ver las cosas sencillas, con frases como "vuestra casa es la más bonita". La película también es sintomática de los tiempos actuales en otro pequeño detalle, cuando Ruth, que no ha podido tener hijos, considera favorablemente vender el apartamento a una pareja de lesbianas que han adoptado un niño, y buscan una bonita casa para establecer su hogar.
6/10
(2005) | 187 min. | Aventuras
Tras acometer de modo maestro la difícil adaptación de El Señor de los Anillos, el neozelandés Peter Jackson cumple un viejo sueño de infancia: contar la historia de King Kong que, en su versión de 1933 de Merian C. Cooper, alimentó sus deseos de hacer cine cuando contaba nueve años. El resultado es una notable película, ambiciosa al tratar de ampliar el alcance del original. Para ello, en el guión de Jackson, Fran Walsh y Philippa Boyens, se cuidan con esmero los tramos neoyorquinos que enmarcan la narración, que sirven primero para describir los duros años de la Depresión, y luego para construir el magnífico clímax en el Empire State Building. Entre medias tenemos el viaje en barco que conduce a un equipo de cine a una isla misteriosa, y sus andanzas entre prehistóricas criaturas y terroríficos indígenas. Hay un deseo consciente de Jackson por hacer una gran película, donde no estén reñidos espectacularidad e intimismo: la sombra de Titanic de James Cameron es alargada. Una perfecta recreación de Times Square y los parajes selváticos, no impiden cuidar los personajes, incluidos los secundarios. Envalentonado por la duración de sus filmes tolkienianos, el director vuelve a apostar por el largo metraje. Hay en esto cierto error de cálculo, pues la sencilla trama de aventuras a la vieja usanza, por muy enriquecida que esté, no da para tanto; el film habría ganado con más concisión, sobre todo en la parte ‘jurásica’. No obstante, hay tanta pasión en la realización, que el resultado deslumbra. Naomi Watts compone bien su actriz de vodevil, y la escena ejercitando sus habilidades escénicas ante King Kong, plasma bien la relación entre ‘la bella’ y ‘la bestia’. Adrien Brody saca adelante su galán autor de teatro, obligado a escribir libretos para el cine, valiente a su pesar. Y Jack Black nos hace cómplices de su egoísta entusiasmo, cruce de un Orson Welles juvenil y el John Hammond de Parque Jurásico. El gigantesco gorila rezuma expresividad, labor encomiable del equipo de efectos especiales y del actor Andy Serkis, referencia perfecta para los casi humanos gestos del gorila.
6/10
(2004) | 128 min. | Drama
¡Qué bello es quedar atrapado en una terminal!, podríamos decir parafraseando el film más célebre de Frank Capra. Porque ésa es la singular propuesta del último trabajo de Steven Spielberg. Viktor Navorski, ciudadano de un imaginario país de la Europa del Este, se encuentra con la sorpresa, al pasar por el control de aduanas del neoyorquino aeropuerto JFK, de que su pasaporte no es válido. Su patria ha sufrido un golpe de estado, y mientras se clarifica la situación se ve abocado a la kafkiana situación de vivir en la zona de tránsito. Pronto se convierte en un elemento más del paisaje, hace buenos amigos, e incluso se enamora. Película ligera, optimista, en la línea iniciada por Spielberg con Atrápame si puedes. Pero La terminal es más redonda, y sus temas de mayor enjundia: se nota la mano argumental de Andrew Niccol, y sus famosas historias-límite (Gattaca, El show de Truman, S1m0ne). Destaca la tenacidad del protagonista, Tom Hanks, que quiere ser tratado como una persona, con justicia, y que cada mañana rellena, como buen héroe capriano, el formulario para entrar en Estados Unidos, petición siempre denegada. Hay un villano, Stanley Tucci, al que resulta imposible odiar, atado a la letra del reglamento, incapaz de leer su espíritu, que no sabe ver personas en las incidencias cotidianas. Un grupo de trabajadores de la terminal, inmigrantes, permite una honda crítica a cómo recibe el país de las oportunidades, a veces, a sus nuevos ciudadanos. Y resulta entrañable la historia de esa azafata, Catherine Zeta-Jones, que, nunca mejor dicho, no acaba de tener los pies en el suelo. Los que no soportaron a Spielberg hasta La lista de Schindler, eternos cenizos, odiarán el film. No así el público normal, que gozará de una historia con humor, rebosante de humanidad y buenos sentimientos, incluida la muy spielbergiana razón por la que viaja Navorski. Pasajes como el de las cámaras de seguridad, siguiendo al protagonista al más puro estilo Chaplin, son destellos de un director de gran poder visual, capaz de convertir lo que para muchos suele ser un lugar deprimente, el aeropuerto, en lugar luminoso donde acontecen las historias más bellas.
7/10
(1976) | 125 min. | Thriller | Drama
Se trata, quizá, de uno de los thrillers más espeluznantes de la historia del cine. El británico John Schlesinger (Lejos del mundanal ruido, Cowboy de medianoche) se las arregló para contar una historia sobre un antiguo criminal de guerra nazi, describiendo a la perfección a los personajes en la primera mitad del film, para ponernos con el corazón en un puño en la otra mitad. La historia arranca con la muerte en accidente de automóvil del hermano del doctor Szell, un antiguo dentista de la SS conocido como ‘el ángel blanco’. El fallecido tenía depositada una fortuna en joyas en una caja de seguridad. De modo que, para recuperarlas, el doctor Szell planea la muerte de los distintos miembros de ‘La División’, un grupo gubernamental de espionaje estadounidense que le pisaba los talones. Uno de los asesinados resulta ser hermano de Babe, alguien que se prepara para correr la maratón, y que nada tiene que ver con el peligroso mundo de los servicios secretos. Pero Szell necesita saber con certeza que es segura la operación de recuperar las joyas. El film se basa en una novela de William Goldman, que él mismo adapta para la pantalla. Y contiene escenas muy impactantes, aunque quizá ninguna tan célebre como aquélla en que el pobre Babe es sometido a una tortura dental, practicada por el sádico Szell. Las interpretaciones de Dustin Hoffman, Laurence Olivier y Roy Scheider son, por supuesto, estupendas. Se cuenta la anécdota de que Hoffman, para hacer más realista el agotamiento de su personaje, se quedó una noche sin dormir, antes de presentarse en el rodaje. Cuando Olivier lo supo, le comentó: “¿Por qué no tratas de actuar, querido? Es mucho más sencillo.”
7/10
(1946) | 72 min. | Thriller
Último film de la saga de Sherlock Holmes en Universal. La trama sigue el esquema de una búsqueda del tesoro, cuyas pistas están desperdigadas en tres cajas de música que salieron recientemente a subasta.
6/10
(1933) | 100 min. | Acción | Aventuras | Fantástico
Carl Denham, cineasta de prestigio en busca de una cara nueva, contrata a Ann Darrow, una ladronzuela, para un film de aventuras. El equipo de rodaje marcha a una isla remota, pero unos indígenas secuestran a Ann para entregarla a Kong, una colosal criatura que les tiene atemorizados. Ésta resulta ser un gorila gigantesco, como descubre Jack, rudo marinero enamorado de Ann. Obra clave del cine fantástico de todos los tiempos, revisitada recientemente por Peter Jackson. Los norteamericanos Merian C. Cooper y Ernest B. Schoedsack, solvente pareja de directores responsables de títulos como El malvado Zaroff, actualizaron el mito de ‘la bella y la bestia’ y convirtieron al gorila en icono cinematográfico. La idea fue del propio Cooper, inspirado por la llegada al zoo de Nueva York de los primeros dragones de Komodo capturados vivos, en 1926. El cineasta desarrolló la historia con el novelista Edgar Wallace. El film tuvo dos secuelas.
7/10
(1933) | 86 min. | Drama | Musical
Cuando la estrella de un musical de Broadway cae enferma, una de las chicas del coro es elegida sustituta (Ruby Keeler). Los números extraordinarios musicales ideados por el director y genial coreógrafo Busby Berkeley, como los de “Shuffle off to Buffalo” o "Forty-Second Street", de gran complejidad escénica, convierten la pantalla en una especie de caleidoscopio de figuras humanas, lo que hizo de este film uno de los clásicos del musical estadounidense.
6/10
(1949) | 98 min. | Musical
Tres marineros pasan el día en Nueva York. En tan poco tiempo cantarán, bailarán y por supuesto, se enamorarán de tres chicas tan simpáticas como ellos. Gene Kelly y Stanley Donen crean inolvidables coreografías rodadas en auténticas localizaciones neoyorquinas, con una alegre partitura. Les acompañan Frank Sinatra, Betty Garrett y Ann Miller. Inolvidables canciones e increíbles actuaciones en los números musicales salpican esta magnífica película cuya vitalidad y optimismo termina por contagiar al espectador que, a pesar de los años transcurridos, no ha perdido un ápice de frescura. Un día en Nueva York obtuvo un Oscar en la categoría de mejor Adaptación musical. Se trata de uno de los primeros musicales cuyos exteriores se rodaron en las calles y no en los Estudios
6/10
(1961) | 146 min. | Musical
Uno de los musicales más recordados de todos los tiempos. Capaz de atraer al público juvenil, mucho antes de que surgiera, por ejemplo, Grease. Esta puesta al día de la inmortal historia de amor de Romeo y Julieta se llevó a casa 10 Oscar, incluidos los de mejor película y dirección (el tándem Robert Wise-Jerome Robbins). Se los merecía. Fox editó una edicón especial de la película, acompañada de numerosos extras (entrevistas con los actores y Robert Wise, muchos años después, una magnífica comparativa entre el storyboard y los planos finalmente filmados…), además de un libreto con el guión original (eso sí, en inglés puro y duro). En los años cincuenta, dos bandas de jóvenes, los Jets, de origen irlandés, y los Sharks, portorriqueños, se disputan el dominio de las calles del West Side neoyorquino. Su rivalidad es completa, e imposible la reconciliación. Por eso, cuando Tony (Richard Beymer), un Jet, se enamora de María (Natalie Wood), hermana del jefe de los Sharks, el romance se revela enseguida muy, muy complicado. Con esta sencilla historia universal, Arthur Laurents (letrista), Leonard Bernstein (música) y Jerome Robbins (coreografía) habían dado el golpe en los escenarios de Broadway. Era inevitable su traslación a la pantalla, pero gracias a la pericia del gran Robert Wise, cada fotograma transpiraba ritmo cinematográfico. El prólogo y parte de la pelea se rodaron en auténticas calles de Nueva York, hoy derruidas. Para el resto se construyeron fabulosos escenarios, supervisados por el director artístico Boris Leven, que reproducían, por ejemplo, los tejados. Los supercomplicados números de baile, con sus enrevesados compases, llevaron de cabeza a los actores, pero el resultado mereció la pena. Por cierto, para el papel de Tony, Robert Wise intentó conseguir al Elvis Presley, el rey. Entre los muchos temas musicales, perdura en la memoria del cinéfilo “America” y “María”.
8/10
(2002) | 107 min. | Drama
Johnny, Sarah, y sus dos hijas, Christy y Ariel. Esta familia católica, de origen irlandés, llega a Estados Unidos como turistas, aunque su intención es quedarse a vivir allí. Lo que no resulta fácil. Se instalan en un destartalado edificio de una barriada neoyorquina, donde abundan los drogadictos y demás especímenes raros, auténticos monstruos de este cuento de hadas urbano. El padre desea trabajar como actor, pero no es tan sencillo. Y conseguir unos dólares para ir tirando cuesta lo suyo. Mientras transcurren los días, las niñas sienten curiosidad por un vecino negro, que es pintor. Y en el ánimo de todos pesa la ausencia de Franky, el hermano pequeño, que murió tiempo atrás. El irlandés Jim Sheridan articula su historia a partir de recuerdos personales: él también fue emigrante en los Estados Unidos, y pudo soportar los momentos difíciles gracias a lo unido que estaba a su familia. Y le proporciona un punto de vista infantil, el de una de las niñas, que siempre lleva consigo su cámara de vídeo digital. El director de Mi pie izquierdo y En el nombre del padre logra que una mezcla explosiva (realismo y magia), funcione. De este modo entrega escenas de intenso dramatismo, como la de la feria, en que el padre se empeña en ganar a toda costa un peluche de E.T., símbolo de la añoranza de un hogar; los momentos en que es puesta a prueba la fe de los personajes; o la del desenlace, de intenso lirismo. Desentona en cambio la escena de cama, que rompe con la coherencia de mantener la mirada infantil. El reparto está estupendo, y no extrañan por tanto las nominaciones a los Oscar de Samantha Morton y Djimon Hounsou.
7/10
(2002) | 169 min. | Drama
Año 1847. Nueva York, que a principios de siglo contaba con 60.000 habitantes, ha alcanzado una cifra cercana a las 800.000 almas. La hambruna desatada en Irlanda ha forzado a la gente a emigrar, y el puerto de la ciudad recibe a diario a muchas personas que creen haber llegado al fin a la tierra de las oportunidades. Pero las cosas no son tan sencillas. Sobre todo porque los neoyorquinos de origen protestante, que ya llevan un tiempo establecidos en el lugar y se autodenominan “nativos”, odian a los irlandeses. Lo que despierta el mismo sentimiento en los recién desembarcados. Las reyertas callejeras no son raras, y en una de éstas que enfrenta a los nativos con los “Conejos muertos”, una banda irlandesa, el cura Vallon, su líder, muere a manos de Bill “El carnicero”, el jefe del otro bando. Su único hijo, Amsterdam, entonces un niño, es testigo de la muerte, y se jura vengar la memoria de su padre. Dicen que la venganza es un plato que se sirve frío, de modo que dieciséis años de estancia en un orfanato no es demasiado tiempo para Amsterdam, que al salir está listo para infiltrarse en la banda de Bill y ganarse así su confianza. Ha llegado la hora del desquite. El proyecto de Gangs of New York se remonta a 1970, cuando Martin Scorsese descubrió el libro del mismo título de Herbert Asbury, escrito en 1928. Allí se contaban historias de los bajos fondos neoyorquinos del siglo XIX. Para alguien como Scorsese, siempre interesado por el mundo gangsteril y los repliegues más oscuros y atormentados del ser humano (la prueba está en títulos como Malas calles, Taxi Driver, Uno de los nuestros o Casino), era material de primera. De modo que con el guionista Jay Cocks empezaron a pergeñar un guión. La cosa era compleja y el despliegue de medios impensable en aquel momento. Así que pasaron los años, nuevos guionistas (Steven Zaillian y Kenneth Lonergan) se sumaron a la tarea… y así hasta hoy, en que el film es una realidad. En la trama de la película se pueden observar claramente dos niveles. Por un lado está el trasfondo histórico, que Scorsese interpreta en clave ideológica con su tesis “América está construida sobre la violencia”, en una línea muy a lo Hobbes y su célebre aforismo “El hombre es un lobo para el hombre”. Y, en un esfuerzo por abarcarlo todo, se suceden hechos como la llegada masiva de inmigrantes irlandeses, los disturbios en Five Points, el estallido de la guerra de secesión con el consiguiente reclutamiento forzoso de soldados. Lo que convierte las calles de Nueva York en una enorme olla a presión a punto de explotar. A todos estos elementos se suman los enfrentamientos étnicos (donde el origen y la religión se convierten en señas de identidad), sociales (los pobres no tienen más remedio que alistarse, los ricos pueden evitarlo pagando una alta suma de dinero) y políticos (va a haber elecciones en la ciudad). El esfuerzo de Scorsese por ofrecer un fresco del Nueva York del siglo XIX necesita, obviamente, de una historia con unos personajes. Y Scorsese y su equipo de guionistas han imaginado una que pivota alrededor de Amsterdan y sus planes de venganza. El joven, un tipo habilidoso, se las apaña para entrar en el círculo más próximo de Bill “el carnicero” (Daniel Day-Lewis). Pero no puede prever que entre ambos va a surgir una curiosa relación paternofilial, donde Bill ve en Amsterdam algo más que un secuaz competente. Esto conduce a conductas muy, muy inesperadas, por parte de Amsterdam. Por supuesto que si Amsterdam tiene la cara de Leonardo DiCaprio, éste necesita con urgencia un motivo amoroso para seguir adelante. Y se lo da Jenny Everdeane (Cameron Díaz), una raterilla que consigue robar dinero y corazones con gran facilidad; el personaje, que desea reunir pasta para poder marchar al oeste, oculta un lado oscuro, y una relación especial con Bill.
6/10
(2002) | 105 min. | Comedia | Romántico Tráiler
Para sacar adelante a su hijo, Marisa, una madre soltera, se deja la piel con su trabajo como sirvienta en un hotel de primera categoría de Manhattan. Un día se lleva a su hijo al hotel, y animada por una compañera, se prueba los lujosos trajes que una clienta le ha pedido que lleve a la tintorería. En ese momento, aparece el candidato a senador Christopher Marshall, que acompaña al pequeño para pedirle a su madre que le deje ir a pasear el perro con él. Christopher confundirá a Marisa con una huésped del hotel. “J Lo” (como le gusta que le llamen a Jennifer López) le saca más partido que nunca a su atractivo latino, en esta comedia romántica que actualiza Pretty Woman, Vacaciones en Roma, La Cenicienta, y otros clásicos del amor entre clases sociales distintas. Le acompaña otra de las estrellas del momento, Ralph Fiennes, aunque la clave del film estriba en que el siempre sutil realizador Wayne Wang, autor de Smoke, aprovecha un típico argumento de comedia romántica, concebido inicialmente para Julia Roberts, para describir dos mundos totalmente opuestos: el del personal de un hotel, y el de la política norteamericana. De esta forma, cobran mucha importancia los secundarios de ambos lados, interpretados por secundarios de lujo, como Stanley Tucci y Bob Hoskins.
6/10
(2001) | 121 min. | Romántico | Comedia
Leopold, de sangre noble, vive en el tranquilo Manhattan de finales del siglo XIX. Kate, ejecutiva publicitaria, vive en el frenético Manhattan de principios del siglo XXI. Van a enamorarse. ¿Cómo es posible? Por una “falla temporal”, que permite a Leopold viajar a nuestros días. Ellos son Meg Ryan y Hugh Jackman, actores entre los que se establece la necesaria química, a pesar de su diferente carácter y background cultural. Esto sirve para presentar divertidos golpes de humor anacrónicos, pero también para criticar algunos de los males de nuestro tiempo. Así Kate es cínica y mal hablada, va deprisa a todas partes, se alimenta de comida basura; y, a la vez, es sincera y resuelta. Mientras que Leopold respeta a las personas (algo que se advierte a la hora de procurar la conquista de Kate), y no entiende que el trabajo de Kate (la publicidad), pueda usarse para cantar las falsas excelencias de un producto; y, al tiempo, su exquisita educación le dificulta comunicar sus auténticos sentimientos. Dando pruebas de asombrosa versatilidad, el director y guionista James Mangold pasó de la costumbrista Heavy al thriller policial Cop Land, y luego al melodrama puro y duro de Inocencia interrumpida, esa suerte de Alguien voló sobre el nido del cuco para adolescentes. Ahora prueba fortuna con la comedia romántica de aire clásico. Y lo hace dirigiendo con mismo a sus actores; entre los personajes, además de la pareja protagonistas, destaca el hermano de Kate (Breckin Meyer), uno de esos caracteres que por sí solos eleva la altura de una película.
5/10
(1961) | 110 min. | Romántico | Comedia Tráiler
Holly Golightly es una de esas adorables e indefinibles criaturas que ha dado la pluma de Truman Capote. Una mujer elegante y sofisticada, exquisitamente frívola, mundana, que desprende encanto por todos sus poros, aunque nada concreto parezca ocupar medianamente su cabeza. El film arranca con ella tomándose un croissant en la Quinta Avenida, mientras contempla las joyas del escaparate de Tiffany, la famosa joyería neoyoquina. La leyenda asegura que el establecimiento abrió en domingo por primera vez para que pudiera rodarse la escena, pues se requería que la calle estuviera completamente desierta. El guión se debió a George Axelrod, experto en esto tipo de obras ligeras, como acredita su obra La tentación vive arriba, que adaptó para el cine con Billy Wilder y Marilyn Monroe. Lo cual no quita para que el genio de comedia y enredo de Blake Edwards brille en cada fotograma del film. El cineasta se explaya especialmente en la surrealista escena de la fiesta, plagada de gags disparatados, y que llevaría al extremo siete años más tarde en El guateque. La escena final bajo la lluvia, es una de esas que quedan grabadas en oro en la historia del cine por derecho propio: el gato arrojado al aguacero, ella buscándolo, el encuentro de los dos enamorados, todo ello acompañado musicalmente por Henry Mancini, es soberbio. Y es que capítulo aparte es la banda sonora, premiada con el Oscar al igual que el precioso tema, de Mancini y John Mercer, 'Moon River', interpretado memorablemente en el film por la Hepburn sentada en el marco de la ventana.
7/10
(2002) | 120 min. | Acción | Aventuras | Cómic | Fantástico
Nueva York. Peter Parker es un chaval normal y corriente que vive con sus tíos en el barrio de Queens. Es aficionado a la fotografía y colabora en el periódico de su instituto. Además está secretamente enamorado de Mary Jane, una compañera de clase a la que él ve inaccesible, pese a que también es su vecina y la conoce desde hace tiempo. Su vida, por tanto, no se diferencia en nada de la de cualquier joven de su edad: clases, estudio, algún trabajo esporádico y vida familiar… Pero su rutina va a cambiar cuando accidentalmente reciba el picotazo de una araña modificada genéticamente. Peter adquirirá poderes arácnidos fabulosos: facilidad para trepar por paredes y techos, agudeza sensorial extraordinaria, rapidez de movimientos, fortaleza física y, cómo no, capacidad para tejer su propia tela de araña. Al principio verá en esas características un medio formidable de hacer dinero, pero un triste suceso le convencerá de que debe utilizar sus nuevos poderes para combatir el mal. En el otro platillo de la balanza hará contrapeso un megalómano de los negocios llamado Norman Osborn, que además es el padre de Harry, el mejor amigo de Peter en el instituto. Osborn realiza experimentos científicos para el gobierno, pero tras la negativa para poner en marcha su último proyecto decidirá experimentarlo consigo mismo. Como resultado, verá aumentada su inteligencia y su fortaleza, pero también se convertirá en un demente que pondrá en jaque a la ciudad de Nueva York. Nace así el Duende Verde, el mayor enemigo de Spider-Man. A la hora de hacer una película seguramente todos los directores se pregunten qué escondida clave han de tocar para lograr el éxito. Muchos aspectos tienen de funcionar para que la imagen de la pantalla impregne nuestras retinas durante años: historia atractiva, guión trabajado y coherente, personajes sólidos, actores eficaces… Y, sin embargo, quizá todo eso no baste para situar la película en el particular Olimpo de los espectadores. Hace falta algo más. Y si llamamos la atención sobre este aspecto es porque en los últimos tiempos hay dos ejemplos que cabe estudiar: Spider-Man y El señor de los anillos. ¿Por qué esa fascinación en los espectadores? Resulta esclarecedor que ambas películas se basen en historias previas que durante muchos años han gozado del favor de los lectores. Pero hay que añadir –y aquí está la clave misteriosa–, que es entre esos lectores fanáticos (en el buen sentido) donde hemos de buscar a los responsables de ambos proyectos cinematográficos. Antes de rodar Spider-Man, Sam Raimi era ya acérrimo seguidor del cómic de Marvel –a los 12 años sus padres le regalaron un cuadro de Spider-Man que todavía se encuentra sobre la cabecera de su cama en la casa donde creció– y por eso el proyecto le ilusionó como a un niño que estrena balón de fútbol, puso su alma en él y comunicó su entusiasmo a todo el equipo. Y eso se nota en la película. Es verdad que Spider-Man sobresale por su impresionantes efectos visuales, pero también es cierto que lo hace aún más por su historia. Y es que paradójicamente las piruetas técnicas se encumbran cuando se ponen al servicio de una trama dramática que interesa. Raimi (Darkman, Un plan sencillo), apoyado magníficamente en el cómic y en el guión de David Koepp (Parque jurásico, Misión imposible), ofrece un entretenimiento soberbio, con personajes sólidos, verosímiles, que dan lugar a relaciones psicológicas muy intrincadas. Se permite además aderezar la mezcla con gags tan divertidos como el entrenamiento del protagonista, todo un logro de naturalidad narrativa. Si a todo ello sumamos el magnífico trabajo del reparto, el éxito del que hablábamos al comienzo es cosa hecha. Tobey Maguire es sencillamente la encarnación del héroe solitario a su pesar, ese tipo normal cuyas responsabilidades son a veces un plato duro de tragar (¡pobre Mary Jane!). Y a Willem Dafoe (Platoon, Arde Mississippi) habría que apuntarlo como uno de los malvados más sobresalientes de los últimos tiempos. No todos los actores hubieran pasado el corte en la esquizofrénica escena del espejo. Él no sólo aprueba holgadamente sino que además se da el gustazo de ponerte los pelos como escarpias.
7/10
(2001) | 90 min. | Romántico | Comedia Tráiler
El término “serendipity” designa la capacidad que tienen algunas personas de protagonizar encuentros fortuitos y agradables. Y, aunque ellos lo ignoran, Jonathan y Sarah están a punto de convertirse en auténticos maestros de “serendipia”. Todo comienza un día de Navidad en Nueva York. Ambos han acudido a unos grandes almacenes para comprar regalos a sus respectivas parejas. Unos guantes de lana pueden ser una buena elección. Ambos se encuentran frente al mostrador. El problema es que sólo quedan un par de guantes… Conversan, ríen y conectan de modo asombroso, hasta el punto de que deciden tomar algo en una cafetería y patinar sobre hielo en el Central Park. Cuando, al despedirse, se disponen a intercambiar los teléfonos, la duda entra en sus conciencias. Sarah toma una decisión: permanecer en el anonimato. Si han de volver a encontrarse, el destino se encargará de ello y entonces ya no tendrán que preocuparse. Pasarán los años. Sus andanzas han corrido por cauces diferentes y ambos están a punto de casarse… ¡Qué maravillosa puede ser la vida en las películas! ¡Qué disparatada y entrañable! Estamos ante una comedia romántica de corte clásico, donde la casualidad y el enredo componen un divertido y delicioso tapiz que sólo resplandecerá cuando esté enteramente completado. Hay dos cosas que logran que esta película sobresalga muy por encima de los productos del género. Por un lado tienen lugar en ella algunas escenas realmente logradas, de encanto superlativo, como la apuesta en los ascensores del Waldorf Astoria o la lección de astronomía en el brazo de Sarah. Sin embargo esa magia cinematográfica es posible únicamente gracias a la química que hay entre John Cusack y Kate Beckinsale. El encantamiento entre ambos no tiene nada que envidiar a los que se producen en el colegio Hogwarts, por poner un ejemplo conocido. Y tal es el magnetismo de su serendipia que uno sale transformado después de ver la peli, mientras se pregunta ligeramente obsesionado: ¿me puede pasar a mí? La película cuenta además con un buen puñado de fantásticas canciones, unos secundarios bastante apañaditos (los amigos de los protagonistas son un perfecto contrapunto) y un ritmo milimétrico que va "in crescendo" hasta la escena final. Una delicia, vamos.
7/10
(2001) | 145 min. | Ciencia ficción
¿Cuál es la verdadera naturaleza del amor? ¿Se pueden crear los afectos artificialmente? ¿Hasta qué punto? En un mundo futuro donde los robots desempeñan todo tipo de funciones, sólo falta un último eslabón que separa a las máquinas de los seres humanos: la capacidad de amar. Pero la poderosa empresa Cybertronics Manufacturing acaba de superar este obstáculo con la creación de David, un robot-niño de 12 años diseñado específicamente para desarrollar lazos afectivos. Henry y Mónica, cuyo matrimonio comienza a resquebrajarse debido a la enfermedad de su hijo –crionizado hasta que se encuentre remedio para su mal–, decidirán superar la situación “haciéndose con los servicios” de David. Tras las dudas iniciales, será sobre todo Mónica quien pretenda así llenar el vacío afectivo dejado por su hijo. Sin embargo, el desmedido cariño del niño-robot acabará por no ser asumido satisfactoriamente por la sociedad que le ha creado. Sin nadie a quien acudir, el pequeño David emprenderá un viaje para comprender de dónde procede. Spielberg toma un proyecto del gran Stanley Kubrick y ofrece una entrañable película sobre uno de los aspectos que más atrae a los científicos: el de la capacidad de crear inteligencia. Y lo hace contando su particular versión futurista de Pinocho, el muñeco que quería ser niño. Quizá pueda achacársele un metraje excesivo y una perspectiva demasiado sentimental, pero esta película es ya un monumento del género de la ciencia ficción. Muy bien ambientada –los escenarios de Rouge City son un buen ejemplo– y con notables efectos especiales, la historia de David atrapa sin embargo por su paradójica humanidad, un mérito que pertenece íntegramente a Haley Joel Osment, quien da vida al robot con una profundidad asombrosa. El guión de Spielberg y una buena galería de secundarios, entre los cuales brilla Jude Law con su papel de “Joe el gigoló”, ponen el resto.
6/10
(1969) | 140 min. | Musical Tráiler
A principios de siglo en la ciudad de Nueva York vive Dolly Levi (Barbra Streisand), una celestina que no se detendrá hasta asegurarse a sí misma como novio al hombre más rico que pueda encontrar. El comerciante Horace Vandergelder parece el candidato más adecuado. Sin embargo, mantener un romance con él no será una tarea fácil. Barbra Streisand protagoniza uno de los musicales más recordados de la historia, con todos los elementos que proporcionan un gran espectáculo para la vista: un impresionante vestuario de Cecil Barton, unas inolvidables canciones de Jerry Herman, y los protagonistas más indicados. Barbra Streisand se especializó en personajes complejos de gran dinamismo, como las protagonistas de Tal como éramos o ¿Qué me pasa, doctor?. Walter Matthau es uno de los mejores actores de comedia de la historia del cine, como demuestran grandes títulos como En bandeja de plata, Primera plana o La extraña pareja. Su recreación de un rico bonachón pero cascarrabias es perfecta y ofrece el mejor contrapunto a su compañera de reparto. Gene Kelly comenzó a dirigir con la ayuda de su amigo, el jovencísimo Stanley Donen, en la mítica Cantando bajo la lluvia. Desde entonces se convirtió no sólo en el intérprete más reputado del género, sino también en un gran director. Este es uno de sus mejores trabajos. Destaca la breve aparición del genio de jazz Louis Armstrong.
6/10
(1993) | 102 min. | Romántico | Drama Tráiler
Pocas veces ha habido en una pantalla de cine tanta química como la que muestran tener en esta película Tom Hanks y Meg Ryan. Si existe una película romántica, ésa es Algo para recordar. Sam Baldwin (Hanks) lleva una vida solitaria y triste con su hijo, después de que la muerte de su mujer los dejara solos. Pero en Navidad, los deseos pueden convertirse en realidad. Jonah, el hijo de Sam, no quiere juguetes este año, sino una madre que les acompañe a él y a su padre. Para ello llama a un programa de radio y cuenta su historia. Al otro lado de los Estados Unidos, sus palabras son escuchadas por Annie Reed (Ryan), quien queda profundamente sobrecogida con las palabras del niño. Con una clara referencia a Tú y yo, la sensible directora Nora Ephron dirige una deliciosa cinta con Hanks y Ryan de pareja protagonista, una de las más redondas que ha dado el cine. Si le gusta el romanticismo, disfrutará como nunca con esta magnífica película, capaz de jugar con su corazón como ninguna otra. Para soñadores.
7/10
(1979) | 124 min. | Musical Tráiler
Durante la década de los 70, Hollywood produjo dos tipos de musicales: los que llevaron a la pantalla la música de la juventud, el rock and roll, y los que frente a éstos trataban de recuperar el espíritu del musical clásico, aunque sin alejarse de la modernidad. All That Jazz es uno de los más representativos de esta segunda categoría, integrada por musicales nostálgicos como New York, New York de Martin Scorsese, que compitió con él en las carteleras, o las célebres recopilaciones de los mejores números musicales de las películas clásicas del género, que por entonces contaban con el apoyo incondicional de una gran mayoría del público. Basándose en un célebre musical de Broadway, Bob Fosse (Cabaret) recreó la vida de un tal Joe Gideons, simpático, extraordinario y libertino coreógrafo que ha de poner en funcionamiento una obra musical. Gideons no presta atención a ninguna otra cosa que no sea él mismo y su propio trabajo al frente de la compañía. Su vida es una completa entrega al arte de la danza, del que él también se aprovecha para alimentar sus continuas conquistas amorosas, costumbre que le reprochan su ex mujer, su novia y su hija. Pero la exigencia física a que se somete día a día –tabaco, sexo y drogas forman parte de ella–, lleva a Gideons hasta la extenuación y su estado desemboca en un ataque cardíaco. Bob Fosse rompió sin duda los estándares del musical convencional y asombró al público y a la crítica con una propuesta rompedora, original y repleta de sensualidad –lo del número erótico es bastante excesivo–, con un ritmo vertiginoso y una planificación extraordinaria. Los números musicales, desde el comienzo del casting con la célebre pieza "On Broadway", hasta la despedida de Gideons, son brillantes y tienen lugar entre bastidores, en una casa familiar o en la mente del protagonista. Se llevan la palma los que nacen en las alucinaciones de Joe en el hospital –especialmente el protagonizado por la genial Ann Reinking– y también el espléndido colofón, con una audaz versión de la célebre canción "Bye, Bye Love". Roy Scheider, célebre tras protagonizar Tiburón, despuntó aún más con este papel. No es fácil asumir el papel protagonista de películas como All That Jazz, debido a que se necesitan unas grandes dotes interpretativas, y también es requisito indispensable saber "leer" los números musicales; y se puede decir que Scheider salió airoso de la prueba con una nota brillante. Asimismo la cinta permite contemplar uno de los primeros papeles de Jessica Lange (El cartero siempre llama dos veces, La caja de música), quien interpreta a una especie de hermoso ángel de la muerte, que desde otra dimensión espacial espera la "llegada" del protagonista. El film es sin duda predecesor de otros grandes musicales posteriores, como Chicago (2002). Logró la Palma de Oro en Cannes en 1980, además de otros muchos premios, entre ellos cuatro Oscar.
6/10