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Lista de cine

Las mejores películas sobre epidemias, virus y enfermedades contagiosas

La expansión del Covid-19 está afectando a las películas a todos los niveles, lo que incluye cancelación de rodajes y estrenos.

No sabemos qué cineasta se convertirá en el primero en rodar una película sobre la alarmante epidemia del coronavirus, pero mientras llegan esos filmes, que llegarán, ofrecemos aquí una lista de las mejores películas sobre enfermedades y virus letales.

Las mejores películas sobre epidemias, virus y enfermedades contagiosas
(2011) | 106 min. | Thriller | Drama
Beth vuelve de un viaje de negocios en Hong Kong. Llega con tos y una buena jaqueca, que atribuye al jet lag. Pero enferma gravemente y muere, en apariencia de una meningitis. Ante el estupor de su marido Mitch, su hijo también fallece. No son casos únicos. Una epidemia de dimensión mundial empieza a hacer estragos por todas partes, lo que obliga a los científicos a competir en un carrera contra el reloj para dar con una vacuna que detenga un virus tan letal como lo fue en el pasado la gripe española. Y hay reacciones de todo tipo, desde el bloguero que denuncia un complot del gobierno y la industria farmacéutica, al abandono que padecen determinados países menos favorecidos, o a la tentación de alertar del peligro a los más allegados en vez de pensar en el bien común. Segunda colaboración del guionista Scott Z. Burns con Steven Soderbergh tras ¡El soplón!. La película, por su abundancia de personajes secundarios -¡qué gran reparto!-, de los que se muestran sus reacciones ante una situación extrema, se encuadra dentro del subgénero catastrofista, pero hay que reconocer que Soderbergh sabe inyectarle cualidades especiales. Juega mucho el director con un ritmo endiablado, donde partitura musical y sonidos múltiples extraños contribuyen a una atmósfera desasosegante e incómoda muy adecuada. Sin duda que el desarrollo de una carrera fílmica que se mueve entre lo más o menos experimental y lo comercial, le ha ayudado a lograr aquí el perfecto “mix” que configura un film diferente que atrapa. Acierta Soderbergh en no bombardearnos con una sobredosis de momentos límite. Sabe reflejar bien las reacciones globales, mostrar el despliegue mediático y preventivo, o los efectos del virus, pero con medida. Y se fija en la humanidad de los personajes, quizá incidiendo sobre todo en la debilidad, en cómo se sobrepone el instinto de supervivencia a otras actitudes más heroicas. Por supuesto, los científicos, cada uno a su modo, hace un gran trabajo, incluso con el riesgo de la propia vida, y hasta existe el siempre difícil camino de la rectificación, pero se echan en falta más reacciones generosas -apenas vislumbramos a una monjita asistiendo a un enfermo-, frente a la elemental de velar por los tuyos, o la decididamente egoísta de buscar sacar tajada de una situación de pánico.
7/10
(1995) | 123 min. | Acción | Thriller
Un virus mortal llamado 'Motaba', terriblemente peligroso ha contagiado a un mono que habita en el Zaire. Su llegada a una localidad californiana, en un barco de contrabando, pone en peligro a todos los habitantes, ya que algunos han sido contagiados. Sam Doniels, un virólogo del ejército, y su equipo empezarán una búsqueda frenética para encontrar el antídoto, pero el tiempo juega en su contra. Emocionante thriller científico, que saca partido a la alarma sanitaria que causó en su día el virus "Ébola", similar al de la película. El guión se completa con una sencilla trama de amor entre esposos distanciados. El reparto es de primera, en donde destacan Dustin Hoffman, Morgan Freeman y Rene Russo. Dirige el alemán Wolfgang Petersen (La historia interminable, Poseidón).
6/10
(1995) | 125 min. | Ciencia ficción
Año 2035. Una catátrofe enigmática ha eliminado casi a la raza humana del planeta. Los pocos supervivientes malviven en condiciones deplorables bajo tierra. La única posibilidad de salvación es hacer un viaje al pasado para erradicar el mal. Para ello, un voluntario, Cole (Bruce Willis), viajará a 1996. Allí conocerá a un joven desequilibrado (Brad Pitt) que le habla del "ejército de los 12 monos". Además una extraña visión atormenta continuamente a Cole. Conocerá también a la doctora Kathryn (Madeleine Stowe), experta en el estudio de la locura. Ella piensa que Cole es un paranoico, pero poco a poco comienza a creerle cuando se cumple todo lo que va profetizando. Espectacular inmersión en el futuro de la mano del singularísimo Terry Gilliam (El rey pescador, Brazil). La película tiene una imaginería poco común y un guión sobresaliente, todo ello con unas interpretaciones magníficas.
6/10
(1957) | 92 min. | Drama
Un caballero cruzado, angustiado en su búsqueda de Dios, vuelve a casa con su pragmático escudero, a modo de escandinavos Quijote y Panza. Allí, en un mundo azotado por la peste negra, la muerte viene a buscarle; pero logra diferir momentáneamente su destino, jugando con ella una partida de ajedrez. Ingmar Bergman entrega uno de sus títulos medievales (el otro es El manantial de la doncella), que le sirve para reflexionar acerca de una de esas realidades innegables que a todo el mundo le llega: la muerte.
9/10
(2016) | 118 min. | Acción | Terror | Thriller
Tras mucho tiempo prometiendo a su hija, Soo-an, que la llevará desde Seúl a ver a su madre en Busan, el hiperatareado ejecutivo Seok Woo opta por fin por concederle a su hija su deseo, como regalo de cumpleaños. Así que se embarca con ella en un expreso con destino directo. Pero antes de que se cierren las puertas, se cuela a bordo un individuo infectado por un virus que está causando estragos entre la humanidad. Cuando han pasado cinco décadas del estreno de La noche de los muertos vivientes, que estableció las bases del subgénero, los zombies están más de moda que nunca. En este tiempo han sufrido todo tipo de variaciones, en títulos tan impactantes como 28 días después y Amanecer de los muertos, donde dejaron de ser tan lentos como antaño, han hecho reír en títulos como la paródica Zombies Party, han invadido ciudades enteras, en Guerra Mundial Z y han acompañado al público en capítulos semanales, en la serie The Walking Dead. Así que el tema se ha sobreexplotado de tal forma que resulta complicado ofrecer una vuelta de tuerca con un mínimo de originalidad. Lo consigue, sin embargo, en su primer trabajo de imagen real tras filmes animados como The Fake, el surcoreano Yeon Sang-ho, sobre todo por sus angustiosas imágenes en el interior de los vagones de los muertos vivientes persiguiendo a los desafortunados protagonistas. Él mismo se ha ocupado del guión, en el que imita el esquema de los filmes catastrofistas, que se toman su tiempo en presentar a los personajes, único sistema para que el espectador se identifique con ellos, de cara a lograr tensión dramática. Pero también tiene momentos humorísticos, y algunos un tanto kitsch. Espectacular, sobre todo por una secuencia que transcurre en una estación, tiene también cierto fondo. Además de su reflexión sobre la importancia de la familia, por encima de la dedicación profesional, muestra la necesidad de unirse para superar los obstáculos, y cómo las muestras de altruismo pueden cambiar a las personas. Sus personajes conforman un microcosmos representativo de la moderna sociedad surcoreana, como el egoísta hombre de negocios, la pareja a punto de casarse, etc.
6/10
(2002) | 113 min. | Ciencia ficción | Terror
Un grupo de ecologistas británicos asalta un laboratorio donde se hacen experimentos con monos. ¡Craso error! Su intención era buena, liberar a los animalitos, pero no podían sospechar que se estaba experimentando con ellos un virus letal, que estimula la rabia hasta extremos insospechados. 28 días después, un tipo en coma despierta en la UCI de un hospital. No hay nadie allí, ni en las calles; el espectáculo de Londres desierto es sobrecogedor. Pronto sabrá que quedan pocos supervivientes, y que los infectados por el virus se han convertido en una especie de zombies, siempre sedientos de sangre. Aunque el trío Danny Boyle, Andrew Macdonald y Alex Garland sigue fiel a su esquema de “grupo de personas sometido a una situación límite” que ya empleó en La playa, aquí se bebe también de clásicos varios del cine fantástico, los más evidentes La noche de los muertos vivientes y El último hombre… vivo. Boyle se revela, al igual que en Trainspotting, como un director de gran sentido visual (la gota de sangre que cae por culpa de un cuervo, la esperanza en el cielo entre las ramas de un árbol, las vallas publicitarias de caras sonrientes en las calles desiertes…), y también como creador de atmósferas desasosegantes. Aquí, recurriendo al vídeo digital, que le permite una gran versatilidad, nos pone a los espectadores con el corazón en un puño.
6/10
(2007) | 101 min. | Acción | Ciencia ficción Tráiler
La humanidad está de enhorabuena. Parece. Porque los científicos liderados por el doctor y coronel Robert Neville han desarrollado un retrovirus que parece ser el remedio definitivo contra el cáncer. Pero tres años después, en 2010, el panorama es muy diferente. La mayor parte de los hombres ha muerto a causa del virus de marras, y los infectados que viven son una especie de zombies rabiosos, que no deben exponerse a la luz, y que atacan a los pocos supervivientes sanos. En tal tesitura, Neville es el único hombre sano que queda en la zona cero de la infección, un Nueva York desolado. Sólo tiene como compañía a un perro pastor alemán, Sam, y cada día radia un mensaje dirigido a posibles supervivientes, para que se reúnan con él en cierto muelle de la ciudad; pero nunca nadie acude a la cita. En esos tres años de soledad, Neville ha continuado investigando para hallar una posible solución a la enfermedad que ha desatado; y de un modo muy disciplinado, ha ideado medios para combatir la forzada soledad y la tentación de la desesperanza.Notable adaptación de la clásica obra de ciencia ficción de Richard Matheson, que en sendas versiones cinematográficas anteriores tuvieron el protagonismo de Vincent Price y Charlton Heston, dos actores que han frecuentado el género fantástico. Ahora es otro amante del género, Will Smith (Men in Black, Yo, robot), quien acepta el reto de permanecer solo en pantalla gran parte del metraje. Y sale airoso, atrapa con matices la situación extrema de su personaje, con momentos estupendos como en su esfuerzo por cultivar "la vida social" en el videoclub. En una lograda conjunción de interpretación, guión y dirección, se consigue insuflar humanidad y dramatismo a la trama, no estamos sólo (que también) ante una espectacular cinta futurista y catastrofista con estupendos efectos especiales. Además de la cuestión de la soledad, también se apuntan los límites de la ciencia, su pretensión de ser causa de esperanza para el hombre; y la ayuda y la necesidad de la fe, para sobrellevar situaciones que, simplemente, nos superan. En esa línea se apunta el miedo a un futuro incierto, una idea que parece explotada por muchas películas recientes de zombies, como 28 días después y su secuela, 28 semanas después.La estructura narrativa del film lleva a intercalar la soledad neoyorquina del protagonista, y sus enfrentamientos con los terroríficos zombies, con flash-backs que reconstruyen cómo se ha llegado a la situación actual, y que subrayan la terrible pérdida de Neville, la ausencia de su querida familia. Hay un gran acierto en introducir enseguida las escenas de la desolación de Nueva York, su sobrecogedor estado de abandono.
6/10
(2013) | 116 min. | Acción | Terror Tráiler
Guerra Mundial Z adapta al cine la novela homónima de Max Brooks, hijo del cineasta Mel Brooks, publicada en 2006, que goza de gran consideración entre los apasionados del fantástico. El film ha pasado por diversas dificultades, al desbordarse el presupuesto (ha costado mucho más de lo inicialmente previsto), y alargarse el rodaje más allá de lo programado. Gerry Lane (Brad Pitt), empleado de la ONU, sobrevive con su mujer y sus hijos al advenimiento de una plaga que convierte a los contagiados en una especie de zombies violentos. Mientras su familia se queda a salvo en una embarcación militar, sus superiores envían a Lane a un viaje por diferentes ciudades, en busca de información que pueda ser útil para atajar la pandemia, que hace estragos a lo largo y ancho del globo. El film modifica radicalmente el tono documental y periodístico del libro y su carácter coral, pues está compuesto por los testimonios de numerosos personajes de diferentes puntos del planeta. Se le otorga todo el protagonismo al tal Gerry Lane, que allí se limitaba a recoger testimonios, pero ahora se convierte en un héroe activo que debe solucionar la situación. Marc Forster, capaz de salir airoso de filmes sencillos como Descubriendo Nunca Jamás (posiblemente su mejor trabajo) y superproducciones de acción al estilo de Quantum of Solace, logra un ritmo dinámico y secuencias bastante frescas a pesar de la sobreexplotación de los últimos años del subgénero zombie. Guerra Mundial Z acumula momentos de gran intensidad, como la huida inicial de la familia del protagonista, la invasión de infectados de Jerusalén, la lucha por la supervivencia en un avión, etc. Los efectos especiales están muy cuidados y evita los excesos sangrientos del cine de muertos vivientes, optando acertadamente por sugerir en lugar de mostrar. Guerra Mundial Z tiene algo de fondo, en torno a la importancia de la familia y cuenta con un gran trabajo del siempre eficiente Brad Pitt. Le rodean secundarios correctos a pesar de ser en general muy desconocidos salvo alguna excepción (Matthew Fox o David Morse intervienen en pequeños papeles). Pero se nota que es un film problemático. Tras los primeros pases de prueba, Paramount llegó a la conclusión de que el tramo final no acababa de funcionar. Se contrató a dos nuevos guionistas, Damon Lindelof, uno de los responsables de Perdidos, y Drew Goddard, que lo reescribieron, y se volvió a llamar a los actores para rodar nuevas secuencias. Se desconoce cómo acababa inicialmente Guerra Mundial Z, pero el desenlace definitivo parece metido con calzador, no acaba de funcionar, y hasta los diálogos parecen menos trabajados que los del resto del film. Se sale del cine con la sensación de que esta superproducción tiene grandes hallazgos pero podía haber dado mucho más de sí.
6/10
(2006) | 109 min. | Drama | Ciencia ficción
El director mexicano Alfonso Cuarón aceptó adaptar libremente la novela de P.D. James Hijos de los hombres, atraído por su premisa: un futuro próximo, el año 2027, con una humanidad en peligro de extinción, por la infertilidad de las mujeres. Con tan sugestiva idea traza una parábola de un porvenir nada halagüeño, que presenta inquietantes similitudes con el panorama actual, de flujos migratorios y cierres de fronteras, manifestaciones de radicales y movimientos antisistema, con la deshumanización del hombre como quid de la cuestión. El film arranca con un personaje gris y tristón, requerido por su ex esposa, activista de uno de esos grupos no gubernamentales que busca, de algún modo, un mundo mejor. A regañadientes se convertirá en escolta de una mujer que, de modo inesperado, ha quedado encinta. Y ese cometido no deseado le devolverá paulatinamente la esperanza perdida. Justamente puede definirse a Cuarón como contador de cuentos: La princesita, Grandes esperanzas, Harry Potter y el prisionero de Azkaban… Hasta el sobrevalorado relato iniciático Y tu mamá también encaja en el formato ‘cuento’. Hijos de los hombres es una historia sencilla con telón de fondo apocalíptico, de hombres cansados y sin referencias que les permitan seguir con ilusión el día a día. Las lágrimas silenciosas al inicio, por la muerte violenta del hombre más joven del planeta, es un perfecto resumen de la situación, de falta de amor y aprecio por la vida. A lo que sigue el vacío vital del protagonista, lacónico y eficaz Clive Owen, y esa mirada nostálgica al mundo hippy del personaje de Michael Caine, cultivador de marihuana que se lamenta por el mundo, aunque poco haga por transformarlo. Puede tacharse el film en algún momento de reiterativo, por las numerosas escenas de persecución o de caos, pero el poderío visual del director y su operador habitual Emmanuel Lubezki es tal, que la elemental trama se sostiene. Especial mención merecen la escena en que la visión de una criatura conmueve a quienes instantes antes estaban combatiendo, aunque se trate de un sentimiento efímero; o la de la barca en la niebla.
6/10
(2017) | 140 min. | Acción | Ciencia ficción Tráiler
César está a punto de conducir a la comunidad de simios que lidera a una tierra prometida, donde no faltan los suministros de agua y comida. Pero llega al bosque en el que se refugia un grupo de humanos conducido por un siniestro individuo que se niega a escuchar las ofertas de paz de César, así que ataca con saña, con la presencia de algún mono traidor en sus filas. Tras las trágicas consecuencias, los primates tendrán que apañárselas para llegar a su destino sin su máximo dirigente, ya que éste emprenderá un viaje para arreglar un asunto personal con el enemigo, acompañado por un reducido grupo de ayudantes. Digno colofón a la trilogía en la que le preceden El origen del Planeta de los Simios (2011) y El amanecer del Planeta de los simios (2014), que además termina de explicar por qué Charlton Heston se encontró el panorama desolador de El planeta de los Simios (1968), adaptación de la novela distópica de Pierre Boulle. No faltan las referencias un poco frikis, que agradarán a quienes conozcan bien el original, como la presencia de algunos de sus personajes, años atrás. Pero también se alude a alguna película mesiánica, en especial a una de las más conocidas, del actor del clásico de la ciencia ficción, para añadirle relevancia al personaje central, el ya conocido César. Repite como director y coguionista Matt Reeves, que ya se ocupó de la segunda, tomando el relevo de Rupert Wyatt. No tiene miedo a alternar espectaculares secuencias de batalla, con largos momentos dialogados. Por esta razón, quizás tenga más altibajos de ritmo que sus predecesoras, pero supone un más difícil todavía, pues tras una primera entrega humana con algún simio, y una continuación en la que ambas especies tenían el cincuenta por ciento de importancia, ahora acaparan el protagonismo absoluto los monos. Estos personajes están bien descritos, se entiende por qué varían sus emociones. El especialista en captura de imagen Andy Serkis parece superarse a sí mismo, se nota mucho su presencia tras el protagonista digital, pero también su séquito tiene carisma, véase Mal Simio (Steve Zahn), Rocket (Terry Notary) y Maurice (Karin Konoval). Ayuda que los efectos especiales hayan ido avanzando estos años, y eso que ya la primera entrega impresionaba; atención a las impactantes secuencias de masas. Acompaña a los simios un convincente reparto de humanos, donde en realidad casi todos los diálogos los tiene Woody Harrelson, como coronel renegado que trae a la memoria al coronel Kurtz de Apocalypse Now (atención a las pintadas que dicen “Ape Pocalypse Now”, que sería algo así como “Apocalipsis simio ahora”), ¡hasta explica sus motivaciones en un monólogo, como Marlon Brando! No desmerece la sorprendente niña Amiah Miller, pese a que tiene un papel mudo. La guerra del Planeta de los Simios contrapone dos tipos de líderes, el veterano al que la edad le ha dado una amplia perspectiva de las cosas, cuyas reflexivas decisiones conducen a salir adelante dejando vivir a los demás, frente al fanático ofuscado, que se impone desatando el miedo, cuyo odio sólo puede llevar a la tragedia. El camino que separa a ambos es muy estrecho, si nace el deseo de venganza en el primero, tiene posibilidades de derivar en el segundo. Se debe mencionar la trabajada banda sonora de Michael Giacchino, que la mayor parte del tiempo se limita a subrayar sutilmente lo que expresan las imágenes, pero que cuando arranca en el tramo final encandila.  
7/10
(1971) | 126 min. | Ciencia ficción
Un satélite perdido ha caído en la Tierra cerca de un pueblecito y ha acabado con la vida de sus habitantes debido a una terrible bacteria que transportaba, pero sólo un anciano y un bebé han sobrevivido. Inmediatamente un equipo de científicos comienzan a investigar a estas dos personas e inician una lucha a contra reloj para acabar con el mortífero virus. La película dirigida por Robert Wise (Ultimátum a la Tierra, West Side Story) está basada en una novela de Michael Crichton y para el año en que se rodó es digna de mérito por los efectos especiales que utiliza. Además, juega con la idea del misterio del más allá relacionado con el gran acontecimiento del hombre en la luna en 1969. A pesar de la estética pasada ya de moda y los efectos visuales, obsoletos hoy en día debido a las técnicas tan buenas que acostumbramos a ver, el film es interesante, mantiene el suspense y tiene buen ritmo narrativo.
5/10
(2008) | 95 min. | Terror | Thriller Tráiler
Un día en Nueva York, como otro cualquiera. ¿O no? Es temprano, y comienza un extraño fenómeno, que tiene su foco en Central Park. La gente se queda como atontada, empieza a divagar, y finalmente atenta contra su propia vida. La primera explicación que surge es la del ataque terrorista: una nube tóxica afectaría al cerebro anulando el instinto de la propia conservación. Pero a medida que incidentes similares se repiten en distintos lugares de la costa Este de Estados Unidos, tal explicación se revela insuficiente. En cualquier caso, los asustados ciudadanos se llevan el equipaje imprescindible y tratan de viajar al interior del país. Uno de ellos es Elliott, profesor de ciencias en un instituto de Filadelfia, cuyo matrimonio pasa una mala racha, sin razón aparente. Le acompaña en la huida su esposa Alma, y un colega profesor con su hijita. M. Night Shyamalan vuelve a mostrar su “mano de santo” a la hora de crear suspense, una atmósfera en que un plano del simple mecerse de las ramas de un árbol por el viento, acompañado del sonido y la música adecuadas, logran estremecer al más “pintado”. Realmente son inquietantes los sucesos que acontecen en el film, sobre todo por su origen desconocido, la falta de una explicación racional de los mismos. Toda la trama pivota alrededor del personaje de Elliott; acostumbrado a usar el método científico y enseñarlo a sus alumnos para resolver problemas, también es alguien abierto a que algunas cosas en el universo se resisten a las explicaciones convencionales. Ese enfoque de que el hombre no puede encontrar las razones de todo, la apertura al misterio, resulta tremendamente atractivo. Frente a su anterior film, La joven del agua, muy artificioso al hablar de ninfas y otras zarandajas, aquí Shyamalan opta por una narración directa, casi minimalista, evocadora de grandes temas, que no se queda en las hojas que impiden ver el árbol. Ahí fuera hay una siniestra amenaza, y hay que sobrevivir a toda costa. Punto pelota. A partir de esa premisa, esqueleto elemental, cabe dotar de significado a los pasajes: lanzar una advertencia de corte ecologista, y hablar –tema recurrente del cineasta– de la importancia de la comunicación y la comprensión entre las personas, algo abordado a través del matrimonio Elliott-Alma y de la niña que deben custodiar. Poderosísima es la escena de los tres saliendo de sus respectivos refugios, a modo de acto redentor a través del amor. Y se juega a un interesante contraste entre lo artificial e impostado ­–esa casa piloto en la que se refugian–, y la naturalidad en el trato. También se aborda la tentación del aislamiento ante los problemas –tema que ya abordó en El bosque–, lo que puede degenerar en manías de diversa índole, inclusive el recurso a la violencia. Shyamalan entrega un buen film de género, técnicamente impecable, que habla de miedos muy actuales, y de dificultades familiares también muy comunes. Eso sí, en ese ir a lo esencial se queda uno con la sensación de que a la película le falta algo de chicha, y que utiliza algún truco de guión demasiado obvio o de relleno. Estamos ante una gran serie B de un director A. Hay pasajes terroríficos, más sanguinolentos de lo habitual en el cineasta, aunque acuda a veces al fuera de campo, o evite el puro plano repulsivo. Y al tiempo sabe producir miedo con escenas casi fantasmagóricas, o con elementos cotidianos. Ese recurso a las plantas, con la paradoja de que pueden hacernos temblar –en un montón de pasajes, tal vez recordando otros vegetales inquietantes, las vainas gigantes de La invasión de los ladrones de cuerpos– o reír –otro momento que no es cuestión de destripar–, es ilustrativo de la pericia narrativa de Shyamalan. Su deuda con Alfred Hitchcock y Los pájaros a la hora de crear miedo con la cotidianeidad es clara y funciona. También, algo muy meritorio de una película de género, sabe dotar de humanidad a sus personajes. Sobresale especialmente Mark Wahlberg, con su cara de sufridor cuando mira a su esposa sin saber qué debe hacer para superar sus diferencias; en la escena de distensión en que hace una confidencia a Alma, correspondiendo a la que la otra le hizo; y cuando logra ganarse la confianza de su pequeña acompañante.
6/10
(1977) | 91 min. | Terror
Después de dirigir Vinieron de dentro de..., el canadiense David Cronenberg, con el respaldo nuevamente en la producción de Ivan Reitman, pudo contar con un presupuesto más generoso en Rabia. De modo que el resultado final es de pinta menos cutre. Eso sí, el film insiste en algunas de las obsesiones que se convertirían en marca de fábrica del cineasta.La excusa argumental resulta de lo más inverosímil, pero el inquietante Cronenberg se las apaña para que funcione medianamente, creando una atmósfera malsana y desasosegadora. La cosa arranca con una pareja de moteros, que tiene un accidente en las inmediaciones de una clínica de cirugía plástica. Él sólo sufre contusiones leves, pero el caso de Rose es más serio, queda en coma y le hacen unos injertos de piel experimentales. Cuando despierta pasadas unas semanas, se va a encontrar que en su cuerpo hay una especie de apéndice fálico con el que se nutre de la sangre de sus incautas víctimas, como si de una especie de vampiro sexual invertido se tratara. Y dichas víctimas quedan infectadas de algo muy parecido a la rabia. Por supuesto, abundan en la cinta las escenas sangrientas y de tipo sexual desagradable, lo que provocó las protestas de grupos feministas. Las intenciones del director resultan manifiestas, él mismo explicó que “pensé que resultaría adecuadamente asquerosa para todo el mundo”.
5/10
(2007) | 85 min. | Terror Tráiler
En un año particularmente nefasto para el cine español, en el que no han funcionado demasiado bien en taquilla algunas cintas interesantes como Mataharis, ha salvado la temporada El orfanato, una clásica cinta de terror. Mucho antes se había estrenado 28 semanas después, coproducción hispano-británica dirigida por un español. El film que nos ocupa confirma definitivamente que ese género es el único que vive un buen momento en España. Jaume Balagueró (Los sin nombre) y Paco Plaza (Romasanta) rodaron conjuntamente hace años el documental OT: La película. Ahora, codirigen juntos un film de terror, que al fin y al cabo es su especialidad, y que ha ganado el premio al mejor director y a la mejor actriz en el Festival de Sitges. Ángela, una ambiciosa reportera televisiva, acude con un cámara a una estación de bomberos de Barcelona, para hacer un reportaje sobre sus actividades. Aunque no lo confiesa abiertamente, espera que suceda una catástrofe, pues el reportaje tendría más tirón. Tras unas horas aburridas de espera, los bomberos reciben la llamada de unos vecinos que han escuchado unos gritos desgarradores, que salen de la casa de una anciana que se ha quedado encerrada. Aunque parece una operación rutinaria, la mujer se lanza sobre uno de los bomberos, mordiéndole salvajemente... El sencillo argumento remite a El proyecto de la bruja de Blair y 28 días después. Pero los cineastas han filmado la película en forma de falso documental, pues los espectadores siguen la historia como si la vieran a través de la cámara que sigue a la protagonista. Esta sencilla pero efectiva artimaña ofrece la sensación de que estamos asistiendo a acontecimientos reales, a veces filmados en circunstancias extremas, porque los policías no permiten grabar, lo que permite que no se muestre del todo lo que está pasando, sino que más bien se sugiere. También van en esta línea realista las espontáneas interpretaciones de un reparto encabezado por Manuela Velasco, una actriz que sobre todo es presentadora televisiva, como su personaje. Se abusa quizás del histerismo de los personajes, pero el nivel es el adecuado. Balagueró y Plaza critican en cierta medida el afán de morbo de los medios de comunicación. Asímismo, estudian tangencialmente el comportamiento de los reporteros, en situaciones extremas, intentando saltarse por su propio interés. el control de la información, impuesto por una autoridad desbordada. Recogen también la labor de servidores públicos volcados con su trabajo, y capaces de llevar a cabo grandes sacrificios. Queda un tanto coja su levísima sugerencia de que el Vaticano ha intentado solucionar el asunto, utilizando la acción directa, algo que lógicamente no acaba de resultar creíble. En cualquier caso, todo esto queda más bien apuntado y los autores se concentran en su objetivo principal: poner los pelos como escarpias al respetable. Y lo consiguen. Con creces. Los sustos proporcionan la sensación de que el espectador está en una montaña rusa o en el túnel del terror. El film no hace gala de un gran presupuesto ni de sofisticados efectos especiales, sino de un conocimiento profundo de los mecanismos del miedo. Mención aparte merece la promoción, realizada mediante imágenes que mostraban al público asustado durante una proyección y que llamaron la atención, sin una gran inversión en publicidad.
6/10
(1959) | 214 min. | Histórico | Acción | Aventuras | Drama Tráiler
Al tiempo del paso por la Tierra de Jesús de Nazaret, un judío, Ben-Hur, sufre junto a los suyos duras pruebas que le empujan a vengarse de quien fuera su amigo, el romano Messala. Al acabar la guerra de secesión americana el general nordista Lew Wallace concibió su obra sobre un coetáneo de Jesús, esclavizado y condenado a galeras, mientras su madre y su hermana contraían la lepra en prisión. Fue tan popular que se llevó al teatro y al cine. En 1925 Fred Niblo hizo una espectacular versión muda y en 1959 fue William Wyler quien tomó el relevo. Su film ganaría 11 Oscar, incluido el de mejor película. Curiosamente, Wyler fue ayudante de dirección en el film de Niblo. A Wyler, Oscar al mejor director por tercera vez, le atraía rodar una película grandiosa, pero, acostumbrado a mimar a los personajes, sentenció: “Esta vez habrá que preocuparse de la gente”. Y fue esa mezcla de intimismo y grandiosidad la que cautivó al público. Como decía un Charlton Heston que nunca ha estado mejor, “hizo un film personal”, lo que no era nada fácil. A ello ayudó la intervención en el guión de Christopher Fry, que no sólo pergeñó unos diálogos razonables para le época descrita, sino que, según decía, vio que “la relación emocional significativa es la de amor/odio entre Messala y Ben-Hur”. Resulta un gran acierto no mostrar nunca el rostro de Jesús, a quien se ve de espaldas. Y la escena de la crucifixión, con la sangre regando la Tierra, es de una belleza inefable.
8/10
(2008) | 120 min. | Drama Tráiler
Un día cualquiera en una gran ciudad. En medio del intenso tráfico, un conductor pierde repentinamente la vista. Sólo es capaz de ver una gigantesca luz. Un desconocido se presta a ayudarle a regresar a casa, aunque en realidad pretende robarle el coche. Pronto empiezan a ocurrir casos semejantes de ceguera, se desata una peligrosa epidemia. Un oculista atiende a las víctimas, pero finalmente se contagia. Las autoridades se lo llevan a un centro donde permanece aislado junto con otros afectados. Su esposa finge que no puede ver, para que le dejen acompañarle. Interesante y dura cinta que inauguró el Festival de Cannes. El brasileño Fernando Meirelles adapta fielmente la novela más conocida del Nobel portugués José Saramago, publicada en 1995. El guión del estadounidense Don McKellar (actor de El liquidador y Exótica) le saca mucho jugo a la idea principal del texto original, que utiliza la ceguera como metáfora del individualismo extremo y el egoísmo que inunda la sociedad moderna. El imaginativo director de Ciudad de Dios vuelve a lucirse en la parte visual, con encuadres arriesgados de gran belleza, y una extremada utilización del blanco, justificado por la espesa luz blanca que es lo único que perciben los afectados por la ceguera. Como ya demostró anteriormente, Meirelles es también un gran director de actores, que consigue cohesionar a un reparto formado por actores de procedencias diversas, pues cuenta con estadounidenses (Julianne Moore, Mark Ruffalo, Danny Glover), japoneses (Yusuke Iseya, Yoshino Kimura) y el mexicano Gael García Bernal. Entre todos sobresale Julianne Moore, una actriz que demuestra nuevamente su gran talento con un personaje –la esposa del médico–, que sin duda es el más interesante, al ser la única persona capaz de ver, y por tanto de observar la degradación. Esto la conduce a un complejo dilema moral, pues intenta solucionar problemas aunque en realidad se da cuenta de que va a sucumbir ante la extrema situación. En la línea de Saramago, el argumento es bastante surrealista, pero el film describe con autenticidad la degeneración moral del ser humano, y las extremas bajezas en las que éste es capaz de incurrir. Ello deriva en una secuencia extremadamente desagradable de chantaje que deriva en una violación colectiva, que no acaba de resultar creíble (¿por qué los maridos de las víctimas apenas hacen un amago de resistencia ante la intimidación?). Es cierto también que es el único momento extremo, pues en general Meirelles apuesta por mostrarlo todo con contención y elegancia. No escatima detalles sórdidos pero suelen estar sugeridos. Aunque es una película oscura y por momentos desesperanzada, apuesta claramente por la bondad del ser humano y su capacidad para salir a flote y recuperar la dignidad.
6/10
(2018) | 124 min. | Ciencia ficción | Terror | Thriller | Drama Tráiler
Adaptación de una terrorífica novela de Josh Malerman narrada en dos tiempos. Por un lado seguimos a Malorie en compañía de dos niños, los tres llevan habitualmente una venda en los ojos, y emprenden el peligroso descenso de un río caudaloso en una frágil barquichuela. Por otro lado nos remontamos a cinco años atrás, cuando se produce a escala mundial una extraña epidemia de suicidios por todo el mundo, algo que se produce por desconocidas razones cuando se mira en el exterior al sol. Un grupo variopinto de personajes, entre los que se cuenta Malorie, logran encontrar refugio. Ella está embarazada, aunque en ese momento no tenía muy claro cómo afrontar su maternidad, y de hecho estaba dando vueltas a la posibilidad de dar a su hijo en adopción. Si alguien decidiera hacer una pentalogía de películas de terror basadas en los cinco sentidos, Un lugar tranquilo podría ser la primera entrega, centrada en el oído, y A ciegas la secuela, giraría alrededor de la vista. Pero como las comparaciones son odiosas, las que nos ocupa sale mal parada con respecto a la película de John Krasinski, que estaba muy lograda. Susanne Bier es una buena directora, pero su film resulta excesivamente largo y reiterativo. Realmente la estructura narrativa no está muy justificada, la película podría haberse narrado linealmente, y nada cambiaría de modo sustancial. Tiene interés el conflicto de la protagonista en torno a la asunción de la maternidad, llamar "niño" y "niña", sin nombres auténticos, a los chavales con los que Malorie intenta encontrar un lugar seguro, y el cambio de denominaciones al final, habla con inteligencia de la personalización y asunción de responsbilidades. Sandra Bullock se esfuerza con su personaje, pero a ratos se hace algo antipática, y lo mismo sucede con otros que comparten su angustia, como el que interpreta John Malkovich. Hay algunos buenos pasajes terroríficos, en torno a la luz, y los pájaros de la jaula que dan título original al film, tienen una interesante presencia. Pero también se abusa de una violencia algo exagerada, los ataques con tijeras duelen como si la directora se las clavara al espectador.
5/10
(2011) | 90 min. | Drama

Los habitantes de todo el planeta están siendo rápidamente infectados por un extraño virus en plena mutación que va atacando uno a uno todos los sentidos. Primero el olfato, luego el gusto... En medio de todo el caos Susan, una experta viróloga que estudia el suceso, conoce a Michael, un talentoso chef, de quien se enamorará inmediatamente. Mientras los sentidos se desvanecen a su alrededor ambos lucharán por salvar su creciente pasión

(2017) | 140 min. | Drama Tráiler
  Tercera película como director, del también guionista Robin Campillo, que ha colaborado en varias ocasiones con Laurent Cantet, en títulos como El empleo del tiempo y La clase, con los que comparte cierto aire realista próximo al documental. Además, como responsable de la película La resurrección de los muertos y la subsiguiente serie televisiva Les revenants, esta especie de muertos con vida que son los enfermos de sida a principios de los años 90 del pasado siglo, conectan con los zombies que habitaban las citadas obras. 120 pulsaciones por minuto describe el activismo con amplia repercusión mediática del grupo Act-Up, que en su rama de París nació en 1989. Aglutinaba sobre todo al colectivo homosexual francés que padecía el azote de la pandemia del sida, y que no deseaba quedarse de brazos cruzados ante la inoperancia de los gobernantes. Así, lejos de conformarse con reunir a un grupo de enfermos, lo que trataban era de llamar la atención de la opinión pública mediante una militancia llamativa, en manifestaciones y actos de protesta, sobre todo protestando contra los que consideraba actores ineficaces del drama, entre ellos los políticos y la industria farmacéutica, interrumpiendo actos, y desparramando sangre falsa por doquier. Nathan acaba de incorporarse a las actividades de Act-Up, y pronto se va a enamorar de Sean, uno de los miembros del grupo más combativos, sobre todo porque sabe que tiene los días contados. A pesar de sus numerosos premios, incluido el grande del jurado en Cannes, la película es irregular. Contiene momentos vigorosos, rebosantes de energía, en los momentos de protesta. Otros son reiterativos, de clara intencionalidad didáctica, las asambleas en que todos participan apasionadamente pero con orden y respetando los turnos, decidiendo posturas y actos de protesta, que retrotraen a La clase o al cine social de Ken Loach. En la película se incide en la burocracia o poca sensibilidad administrativa, denunciando la ineficacia de las campañas de prevención acerca de la enfermedad. Pero al mismo tiempo se muestra indulgente en lo relativo a la promiscuidad. Para llegar al espectador, se hace necesaria una historia personal que atrape, de modo que se dibuja el enamoramiento homosexual de Nathan y Sean con esta finalidad. Pero se nota que le mismo Campillo es consciente de esta debilidad, nos falta conocer un poco mejor el drama individual de las personas que vemos, hasta el punto de que incluye una escena en uno explica a otro quién es quién, desvelando rasgos que el espectador no puede sospechar, simplemente porque no estaban integrados en la narración. También se trata de paliar esta carencia en el tramo final, cuando el avance de la enfermedad en uno de los personajes, golpea fuerte en el ánimo de todos los que le rodean. La puesta en escena tiene fuerza, sobre todo los momentos de protestan, las escenas intimistas son convencionales. Hay alguna escena simbólica poderosa, la del río Sena sin duda es una de ellas. Los actores realizan un trabajo interpretativo convincente, sobre todo Nahuel Pérez Biscayart.  
5/10
(2013) | 120 min. | Histórico | Biográfico | Drama Tráiler
La historia auténtica de Ron Woodroof, un electricista de vida promiscua, con fama de “machote”, que en 1986 queda estupefacto cuando los médicos le diagnostican que tiene sida -“una enfermedad de maricas”, a su entender- y que sólo le resta un mes de vida. Tras la incredulidad viene la desazón, y luego un verdadero deseo de aferrarse a la existencia, primero con AZT obtenido clandestinamente, y luego, dada su alta toxicidad, buscando medicamentos alternativos, lo que pondrá en su contra a la industria farmacéutica y a los reguladores de nuevos fármacos cuando trata de darles una amplia difusión entre los enfermos seropositivos. Con un guión de Craig Borten, que entrevistó largamente a Woodroof antes de su fallecimiento, para luego trabajar en equipo con Melisa Wallack, el film desprende autenticidad en casi todo su metraje, la excepción serían algunos de los pasajes en que se arremete contra los agentes sanitarios y reguladores, que resultan un tanto convencionales, aunque al menos se intenta no convertirlos en villanos de opereta, y se pone el dedo en llagas interesantes del mundo médico, que pueden dificultar el tratamiento de los enfermos, como la burocracia o los intereses económicos. El canadiense Jean-Marc Vallée, que ya abordó una historia real en La reina Victoria, cuenta con garra su historia, aunque tambiéndescarnadamente, sobre todo en las reiterativas escenas sexuales. Matthew McConaughey hace un buen trabajo, no sólo por su demacrado aspecto al estilo Christian Bale en El maquinista, sino porque hace creíble el arco de transformación de su personaje, en relación a su egoísmo y a sus prejuicios, pues acaba viendo personas en los homosexuales y empleando su dinero en ayudar a otros enfermos. También resulta muy convincente Jared Leto como el travesti Rayon, al que Woodroof llega a apreciar.
5/10