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Entrevistas

"Oliver Twist" visto por Roman Polanski

Que a Roman Polanski le fascine Oliver Twist no le habrá resultado extraño la que conozca la infancia ‘dickensiana’ del director de El pianista. Nacido en una familia judía polaca, sus padres huyeron a Francia antes de la invasión alemana. Poco después, fueron capturados por los nazis y enviados a campos de concentración. Separado de los suyos, el joven Roman Polanski descubrió al término de la Segunda Guerra Mundial que sólo su padre había sobrevivido. No extraña que quedara fascinado por el cine, uno de los mejores métodos de evadirse de la realidad en los peores momentos, ni que se haya convertido en un cineasta fascinado por el mal, el demonio y el lado oscuro del ser humano. Tiene la mirada de las personas curtidas por la vida, que han ido cimentando su sabiduría superando problemas inimaginables. Se mantiene siempre igual, con el paso del tiempo, lo que da pie a especular si el autor de La semilla del diablo no habrá hecho un pacto con el maligno.

"Oliver Twist" visto por Roman Polanski

¿Se identifica con el niño protagonista de la película?

Siempre trato de identificarme con todos los héroes de las películas que filmo. Con Oliver Twist  ha sido más difícil porque entre nosotros hay una gran diferencia de edad. Sin embargo, muchas de las cosas que le suceden son parecidas a experiencias personales que viví a su edad.

Ha incluido a sus propios hijos en pequeños papeles.

Mis hijos hacen pequeños cameos. Estaban conmigo, pues el film se rodó en verano, cuando los chicos protagonistas tenían vacaciones en el colegio. Me pidieron participar y al final les di un pequeño papel a cada uno. Mi hija es la chica de la granja que echa a Oliver cuando se dirige a Londres. Mi hijo es aquel pequeño de la capucha que juega con un aro.

Es un film para niños del primer mundo acomodados. ¿Cómo reaccionarán viendo que el protagonista sufre penurias que les parecen muy lejanas?

En los países en que se ha estrenado la cinta, ha tenido éxito. Parece que a los niños les gusta. Pero la he hecho para que los padres también puedan ir al cine. La mayoría de las películas a las que acompaño a mis hijos me desesperan. Acabo yéndome a los quince minutos. Y si me quedo con ellos, descubro que hay muchas explosiones, pero que el argumento no me interesa nada y me aburre.

¿Y de las que son para mayores no se sale?

Creo que el principal mal que aqueja al cine moderno es que las películas son tan superficiales que no dejan poso. Yo quisiera rodar una película que se quede en la mente del espectador algún tiempo. Hace poco vi una película de suspense muy bien llevada con mi mujer y mis hijos. Estaba muy bien rodada, y pasamos un rato agradable. Después fuimos a cenar, y nos lo pasamos muy bien. Al día siguiente, durante la cena, nadie mencionó nada sobre el film. Pues bien, eso no es lo que yo quiero rodar.

Desde niño, he sabido que quiero hacer películas que te hagan pensar. Que se te queden en la mente. De joven vi una versión de De ratones y hombres. Me impresionó mucho, sobre todo porque se moría Lenny. Si no se hubiera muerto, no me hubiera hecho pensar tanto. Cuando estaba rodando Chinatown, decidí que la chica muriera. Pero el productor se negaba. Pensaba que no era comercial. Me costó mucho convencer a los estudios. Si no lo hubiera logrado, esa película no estaría ahora en el puesto 19, en una encuesta sobre las mejores películas estadounidenses de todos los tiempos. Hoy en día, los grandes estudios no están interesados en hacer cosas así. Producen películas que parecen videojuegos. A la gente la torturan, la machacan y no se ve ni una gota de sangre. Si incluyen algo de humor, tiene que ser en dosis pequeñas, sin conexiones entre ellas, y no suelen tener mucha importancia en la trama. Así es como estamos educando a nuestros hijios, viendo este tipo de producciones. Se acostumbran y no quieren ver otra cosa.

¿Estaba contento con las anteriores adaptaciones de Oliver Twist? ¿Qué aporta de nuevo?

Me gustó mucho Oliver, la versión musical de Carol Reed; tanto que por eso acabé filmando esta historia. Elegir un proyecto depende de varios factores. Después de El pianista fue difícil para mí decidir qué iba a hacer. Buscaba una película para niños, en la que mis propios hijos se pudieran identificar con los personajes. Muchas veces me ven trabajando, pero los resultados están tan alejados de su mundo que no pueden entender por qué he tomado determinadas decisiones.

¿Y la versión de David Lean, más antigua, no le gusta tanto?

No tanto como la de Carol Reed. Está aceptada como un clásico, pero a mi juicio es un tanto retrógrada. Alec Guinness ofrece una visión de su personaje judío muy antisemita. Recuerda a las caricaturas que la Gestapo repartía para que la población reconociera a los judíos. Y que conste que le tengo mucho cariño a David Lean. Me gustó mucho más su versión de otra obra de Dickens, Grandes esperanzas (conocida en España como Cadenas rotas). La vi diez veces cuando era joven, pero su versión de Oliver Twist me parece mucho peor.

¿Fue difícil rodar con niños?

El viejo tópico de que es muy difícil rodar con niños y animales tiene bastante de cierto. Se debe tener en cuenta que vas a tardar tres veces más. En esta ocasión, me ha resultado fácil rodar con ellos. Probablemente, porque se trataba de jóvenes actores británicos bastante disciplinados, que habían hecho teatro. No sé si siempre es así. Con el perro, sin embargo, tardé diez veces más de lo normal en rodar cada escena.

La reconstrucción histórica está muy trabajada.

Disfruté mucho con la reconstrucción de Londres. Es emocionante reconstruir una época concreta. Estaba claro que teníamos que hacerlo en estudio, porque no hay escenarios parecidos en la actualidad. Acabamos construyendo grandes decorados en Praga. Allí tienen grandes espacios, los alquilan por menos dinero que en otros sitios de Europa y los técnicos son muy profesionales. Quinientas personas estuvieron construyendo los decorados, a lo largo de tres meses. Utilizamos todo tipo de documentos para investigar la época, como los grabados de Gustave Doré, que tiene un libro de Londres realizado veinte años después de la época de Oliver Twist.

¿Por qué escogió Dickens y en particular esta obra?

Es una historia interesante. Es fácil rodar una película emotiva a partir del texto original. Los problemas de un niño sin padres son universales. Es un niño en una ciudad llena de miseria y de criminalidad. El Londres de aquella época era una gran metrópolis con mucha inmigración. Era difícil sobrevivir allí. Hoy en día, en Asia y Sudamérica debe haber muchos niños en esa situación.

Francamente, de Polanski se esperaba una visión más personal y oscura de esta novela.

No quería hacer un ‘twist’ (giro) con la novela Oliver Twist. No me gusta pasar por encima de textos que no son míos. Cuando dirijo obras de teatro de época, no soy de esos que visten a los personajes con trajes contemporáneos. Desprecio a la gente que coge obras maestras y les dan un giro absurdo para demostrar que son originales. Si elijo un texto, trato de comprender al autor, y sólo cambio cosas por motivos cinematográficos. También por el paso del tiempo, tuve que eliminar momentos y diálogos que en el siglo XXI parecerían demasiado melodramáticos. Lo más importante era plasmar las emociones que provoca leer a Dickens. No me hace falta demostrar mi personalidad en cada plano.

¿Y qué tiene de personal entonces esta versión?

Cuando uno lee un libro, se imagina a los personajes, cómo se desarrollan los sucesos y todo. Esta es mi visión. Estas son las emociones que yo siento y tengo ganas de compartir con los demás. No tengo que darle vueltas a la obra original para emocionar. Pocos pueden compartir su visión con otras personas. En ese sentido, puedo considerarme afortunado.

Encuentro fascinante que un suceso pequeño pueda cambiar la vida a alguien. El film está lleno de pequeños accidentes, determinantes para el futuro de Oliver. La literatura de la época estaba llena de casualidades. Eso se ve, por ejemplo, en la escena del juez, que tiene que firmar los papeles para que Oliver se vaya con el deshollinador. Cuando va a firmar, el juez descubre que el tintero está más lejos de lo habitual, y al ir a meter la pluma, descubre la cara asustada del niño. Por esta casualidad, decide no mandarle con el deshollinador. Si el tintero hubiera estado donde siempre, Oliver se habría ido con él, y probablemente habría muerto ahogado en una chimenea.

¿Cómo seleccionó al niño protagonista?

Seguimos el procedimiento tradicional. La directora de casting seleccionó unos niños a los que hicimos una audición. Finalmente estuvimos viendo a más de 300 jóvenes actores. Es un trabajo laborioso que nos llevó mucho tiempo, yendo a colegios, etc. Dejamos a treinta finalistas, con los que hicimos un vídeo. Los vimos muchas veces y siempre me fijaba en Barney Clark.

¿Aconsejaría al niño que siga siendo actor?

Está haciendo una serie televisiva. Fue a una escuela de interpretación. Ya sabe que este mundo no es tan idílico como parece, pero aún así, quiere seguir.

¿Y usted no va a recuperar su faceta como actor?

Echo de menos actuar. Sobre todo en los escenarios. Empecé como actor. Pero era muy difícil dirigir y actuar en la misma película. Lo dejé casi por completo después del fracaso de El baile de los vampiros. Y eso que aunque se estrelló en las taquillas, es una película que siempre se está viendo en algún lugar del mundo.

¿Tiene pensado qué va a rodar ahora?

Tras acercarme al mundo de los niños, ahora debería filmar una película para viejos (risas). No lo sé. Me lo pienso mucho, porque te pasas dos o tres años con el mismo proyecto y te tiene que gustar mucho. No pienso en un proyecto hasta haber terminado con el anterior.

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