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Entrevistas

La película llega cuando se cumple el centenario de la batalla de Gallípoli

Russell Crowe sacia su sed de dirigir películas con "El maestro del agua"

A la hora de debutar como director, lo menos que puede decirse es que Russell Crowe se moja con una película ambiciosa. El actor-director se mueve como pez en el agua, elemento líquido que estuvo muy bien presente en sus filmes “Noé” y “Master & Commander. Al otro lado del mundo”.

Russell Crowe sacia su sed de dirigir películas con "El maestro del agua"

¿Por qué debutar con una película como El maestro del agua?

Tenía planes para debutar con una película sobre el cómico Bill Hicks, pero a veces basta con que uno haga pública demasiada información para que las cosas se tuerzan, y en este caso el proyecto cada vez estaba menos en mis manos. Luego, cuando me volvía a plantear dirigir, no encontraba nada que me atrajera. De alguna manera perversa era como si estuviera aguardando que asomora en el horizonte algo que fuera muy difícil de hacer, un desafío.

Se trata de un rodaje complicado, con múltiples lugares, ha rodado en un país como Turquía. ¿Cómo lo ha llevado Russell Crowe?

Comparada con otras filmaciones en las que he participado, ésta no ha sido de las complicadas, el rodaje era rápido, y nos ajustábamos al calendario previamente trazado. Y había una comunicación fluida entre los distintos jefes de departamento. Todos sentían que podían contribuir a la narración de algo importante. Nadie disputaba el papel de jefe, de verdad que ha sido un rodaje para disfrutar.

En otras películas he vivido esa situación típica de esperar y esperar, hasta que alguien te requiere para rodar, y dices una línea, y te encuentras como en otra dimensión en que no te enteras de nada. Aquí no ha sido el caso. El viejo dicho que repiten los actores de “actúa deprisa y espera”, que a veces da mucha rabia, no se aplicaba a esta película.

Es una película en la yo tenía como “background” años y años de experiencia, observando cómo otros rodaban. He utilizado esa sabiduría acumulada de tantas horas en los sets, evitando lo que he visto que no funciona.

Se cumple el centenario de la batalla de Gallípoli, y de la Primera Guerra Mundial, y la película parecería muy oportuna si no existiera el Gallípoli de Peter Weir. ¿Qué cree que aporta su film a la hora de explicar este hecho histórico?

Gallípoli es una gran película, verdaderamente genial, aunque también es una película de su época, donde ciertas cosas se veían desde una perspectiva muy concreta. La película de Peter Weir se centra en la valentía, el coraje y el sacrificio. Yo quería darle una perspectiva diferente, adoptar otra actitud cultural, porque a veces ante la realidad tenemos la tentación de ocultar cosas que no queremos que se vean. Estamos acostumbrados al punto de vista australiano, “nuestros chicos”, etcétera. Yo quería el punto de vista turco también. El dolor y la compasión, también el coraje y el sacrificio, tienen espacio en los dos bandos. Mi deseo era que los australianos vieran que ocurren desgracias y hay sufrimiento en todas partes, y que se pueden aprender más lecciones de la historia.

Una anécdota muy sencilla: hasta que he hecho esta película pocos australianos sabían que los turcos a la batalla de Gallípoli la denominan Çanakkale. También deseaba que el espectador viera que aquello no fue sólo una guerra, sino una invasión, atacamos a un estado que no nos había hecho nada. Se suele hacer hincapié en que por primera vez Australia y Nueva Zelanda luchaban juntos e independientes del paraguas del imperio británico, como Anzac, obviando cómo se sintieron los turcos.

Otro sucedido: cuando rodamos en Turquía al lado de un instituto observé que los relojes estaban parados, y pregunté por qué no los arreglaban. Me explicaron que se mantenían así adrede, porque a esa hora las madres de los alumnos fueron testigos de cómo el ejército requería a sus hijos para ir a luchar a Gallípoli. Cien años después el recuerdo seguía vivo. Quería que el espectador se fijara en que el otro lado también sufrió.

Es un actor dirigiendo actores. ¿Se considera más capacitado, incluso por el hecho de que ha rodado en su tierra natal y Hollywood, conociendo así distintos modos de trabajar?

Ciertamente mi formación es muy ecléctica, empecé desde pequeñito, tengo formación musical en rock, puede decir que tuve un aprendizaje de 19 años antes de asumir el papel principal de una película.

La película está montada de forma independiente. No hay un gran estudio detrás, sino un grupo de inversores ante los que tengo que responder entregando a tiempo lo que se espera de mí. El peso de mi experiencia como actor hace que pueda decir a cada uno lo que tengo que decir, incluso de un modo muy íntimo.

Estoy muy orgulloso del trabajo de Olga Kurylenko, creo que se le ven matices que no habíamos tenido ocasión de descubrir en otras películas. Creo que Olga puede comunicar mucho emocional e intelectualmente, y este aspecto no había sido muy explotado.

Me gustaría destacar que adoro mi trabajo, me encanta hacer cine, y pienso que eso se nota en el resultado final. Me considero un privilegiado. Y valoro todo lo que hacen los demás, y me gusta transmitir mi pasión. Creo que logro contagiarla.

¿Cuáles serían sus directores de cabecera? En las imágenes puede adivinarse la influencia quizá de Peter Weir, John Ford...

Las influencias pueden venir de cualquier sitio, las artes creativas son así, tomas de aquí y de allá. Por supuesto me encantan los australianos, Peter Weir, Fred Schepisi, y quería que la película tuviera ese sabor. Hablamos incluso de rodar en 35 mm con cierto tratamiento de la luz. Pero se impuso la realidad, los últimos laboratorios tradicionales cerraron en Australia, el digital dominaba, y la única opción, que financiáramos la reapertura del laboratoria de celuloide no era viable. Por otro lado en Estambul quería ver lo rodado a diario, y el laboratorio más cercano estaba en Hungría. Así que rodamos en digital, pero con una luz que evocara el sabor del viejo cine australiano.

Mi aproximación es artística, pero a la vez muy práctica. Me he esforzado en ajustarme al plan de trabajo y al presupuesto, y en tal sentido quizá Ridley Scott es una influencia, también en el uso de varias cámaras en algunas escenas, con distintas lentes y desde distintas direcciones. He rodado cinco películas con él, y si ahora me dijeran que sólo puedo rodar una película más como actor, escogería trabajar con Ridley Scott. A pesar de los pesares. Es un actor de actores. No como Darren Aronofsky, que es el que me hizo trabajar más físicamente.

No intento influir en el resto del equipo, no quiero ser el lugarteniente del director, sino que quiero que me den varias opciones. Creo que es un trabajo que se hace colaborando con los demás, y la inspiración viene de mil sitios, de un programa informático o de contemplar una obra de arte. Esto es hermoso.

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