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Transhumanismo, ¿ideología emergente o ciencia ficción? Así lo ve el cine

Transhumanismo, ¿ideología emergente o ciencia ficción? Así lo ve el cine

Ayer acudí a una interesante jornada convocada por la Fundación Tatiana Pérez de Guzmán el Bueno bajo el sugestivo título “Transhumanismo, ¿ideología emergente o ciencia ficción?”. Me imagino que más de una y más de uno de los que me están leyendo se habrá preguntado “¿transhumaqué?”. Si os sirve de consuelo, a mí me pasó lo mismo, pero en el fondo el concepto lo conocemos todos, llamémoslo de una u otra forma, y al final se trata de la búsqueda de prolongar la vida terrena como sea, aprovechando los avances tecnológicos, una ilusoria inmortalidad feliz que quisiera evitar las limitaciones del envejecimiento, un cuerpo que va deteriorándose con el paso del tiempo, por mucho yoga, fitness y dieta que nos empeñemos en practicar. Cambiar de cuerpo, volcar la propia conciencia en un ordenador, convertirnos en cyborgs, son ideas que están dando mucho juego al cine de ciencia ficción, pero que algunos piensan que podrían aplicarse al mundo real, es más, se trataría de poco menos que un imperativo ético hacerlo. Al final nos encontramos ante una versión absolutamente egocéntrica del mito prometeico.

Si alguien quiere profundizar intelectualmente en la cuestión, le recomiendo el libro colectivo “¿Humanos o posthumanos? Singularidad tecnológica y mejoramiento humano”, coordinado por Albert Cortina y Miquel-Àngel Serra y publicado por Fragmenta Editorial, ahí se aborda la cuestión desde numerosos puntos de vista más de 200 especialistas. El tema ha generado un animado debate en el diario La Vanguardia.

Yo aquí quiero referirme a algunas películas recientes –y otras que no lo son tanto– que han abordado el tema. Nos han preparado a la cuestión títulos de robots y ordenadores más o menos autoconscientes, con su puntillo de orgullo, con el paradigma de 2001, una odisea del espacio y su inolvidable HAL 9000. Y también otros que sugieren la adquisición de conocimientos sin esfuerzo, cargando en nuestras mentes el software necesario, pienso al respecto sobre todo en Matrix. Están además los cyborgs, híbridos donde los seres humanos incorporan miembros artificiales a su cuerpo, tema abordado en RoboCop, el original y su remake. O la idea de llevar implantado un chip en el cerebro donde queda registrado todo aquello de que somos testigos, y que puede ser utilizado para que seamos llorados en nuestro funeral, lo que se trató en La memoria de los muertos. Tampoco podemos olvidar a los perfectos genéticamente de Gattaca, en un mundo burocratizado e infeliz.

En los últimos tiempos, varias cintas se aproximan más a la línea transhumanista en sus argumentos. E incluyen lo atractivo que resulta el planteamiento, aunque también se alude a los riesgos éticos de que el hombre se convierta en otra cosa, o surja una nueva clase de privilegiados en lo que sería una nueva etapa evolutiva, la llegada del superhombre, aunque su superioridad resulta bastante discutible, cuando nos quedamos en la perfección técnica, y se olvida lo que nos hace personas, pasa lo que pasa. Por ejemplo, que los ricos se imponen aún más, idea de la que parte Eternal, cinta con guión de los hermanos David y Álex Pastor. El elitismo de estos planteamientos que unos consideran utópicos y otros distópicos, se encuentra también en Elysium, del sudafricano Neill Blomkamp, al final se propicia una brecha cada vez mayor entre los afortunados y los que carecen de recursos.

Curiosa paradoja, en una época en que no dejamos de dar culto al cuerpo, Chappie, también de Blomkamp, nos habla de la posibilidad de volcar el espíritu, la mente, o lo que uno quiera en el cuerpo de metal de un robot. Y Transcendence nos muestra a un científico encarnado por Johnny Depp, demasiado pagado de sí mismo, que trabaja en una máquina sensitiva, y cuando es consciente de su propia mortalidad, él mismo desea volcar sun conciencia en un ordenador, y convertirse en algo parecido al alma de internet.

Estas películas no han acabado de triunfar entre el público, tal vez por su ambigüedad: el vértigo de lo que hoy por hoy suena a pura ciencia ficción atrae, resulta deseable perpetuarse de las maneras propuestas, pero por otro lado parece que uno lo que verdaderamente quiere es ser una persona normal, amar y ser amado, sin más complicaciones.

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