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Libros

“Los años extraordinarios”, de Rodrigo Cortés

Los años extraordinarios (Rodrigo Cortés, Literatura Random House, 354 págs.).

Jaime Fanjul escribe en primera persona sus memorias, que abarcan desde su nacimiento en 1902, durante el reinado de Carlos VII, en un día de viento, en Salamanca, antes de que ésta se convirtiera en una ciudad playera. Su madre suele salirse por las noches de su cuerpo, pero muere de forma prematura, mientras que su progenitor, que ha heredado de su padre y de su abuelo una mercería, se llevará un gran disgusto cuando él se niegue a seguir sus pasos al frente del negocio. En su lugar, en cuanto aprueba la reválida, Jaime viajará a Madrid –una de las dos capitales de España, junto con Espuria–, donde comenzará una vida llena de peripecias, que incluye viajes a lugares como Nueva York y Camboya, y además se enamora de Justine, esposa de su socio en un negocio de bicicletas viejas. 

Hace años que se consagró como realizador de cine, pero en los últimos tiempos Rodrigo Cortés se ha puesto de moda por sus podcasts, “Aquí hay dragones” y “Todopoderosos”, donde habla sobre el Séptimo Arte, pero también de música. Además de ejercer con regularidad como columnista del diario Abc, había incursionado en la literatura con “A las 3 son las 2” y “Dormir es de patos”, dos volúmenes de pequeñas pero agudas reflexiones, que denomina “antiaforismos”, y la novela “Sí importa el modo en que un hombre se hunde”. Según sus declaraciones escribió su nuevo libro durante un rodaje, lo que tiene mérito, pues éstos conllevan muchas horas de intenso trabajo.

Cabría esperar que como novelista Rodrigo Cortés hubiera escogido el terreno del thriller, como en los films dirigidos por él Buried (Enterrado), Luces rojas o Blackwood. Pero en “Los años extraordinarios” ha optado por la sátira desenfrenada al estilo de Jonathan Swift, con el que tiene en común sus críticas mordaces a la condición humana, aunque se nota la influencia de autores españoles, como Enrique Jardiel Poncela, Rafael Azcona, el esperpento de Valle-Inclán y el teatro de Miguel Mihura, con algún elemento dramático bajo su apariencia humorística.

Estaría fuera de lugar comparar la obra con la de los grandes maestros citados, pero Rodrigo Cortés exhibe un estilo propio, marcado por sus hallazgos ingeniosos, muchas veces hilarantes, pero que siempre mantienen una enorme elegancia. Tiene gracia su delirante historia alternativa, que incluye a un carlista como rey de España, una narración loca de la II Guerra Mundial donde a Hitler le sustituye otro tirano llamado Wegener, antiguo actor de teatro, y una inesperada guerra entre Alicante y el resto de España. Tiene mérito que con tantas dosis de surrealismo, el libro se sostenga, y despierte en el lector las ganas de continuar, y sobre todo que un realizador de cine brille con su uso del español en un libro, hazaña sólo al alcance de grandes como Fernando Fernán Gómez, con el que tiene en común que escribe para el mismo diario nacional, aunque por ahora su experiencia como actor se limite a unos cuantos cortos.

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