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Tras pasar tres días (y una peli del jueves) encerrado en el Palacio de la Prensa de Madrid, disfrutando de cine fantástico a cascoporro, hoy me siento como expulsado del paraíso, y contando los días… ¡para la Muestra SyFy del año que viene!

La sensación de todos los amigos frikis que he visto por la zona es la misma, no conocíamos casi las pelis que iban a poner, los realizadores más punteros del género brillaban por su ausencia, pero… ¡Qué más da si lo hemos pasado bestial!

Para mi gusto, aparte de la ya comentada La invitación, lo mejor ha sido Demon, original peli polaca cuyo director Marcyn Wrona ha fallecido recientemente a los 42 años. Una penita, porque demuestra que tenía talento con una historia carcajeante, casi toda durante la celebración de una boda, donde los asistentes andan borrachos, y el novio descubre un esqueleto en el jardín y es poseído por un dybbuk, un 'demoño' judío que le hace comportarse con enorme maldad (como esperaba su desconfiado suegro).

Tampoco ha estado mal The Piper, versión oriental de “El flautista de Hamelín”, rodada con cuatro perras, con un toque oscuro, pero que hace pensar que las pelis coreanas de género fantástico son como el Rivera del Duero, no hay ninguna mala. También seguí el sábado con gran interés el western Bone Tomahawk, en líneas generales muy clásico, pero más bestia que un bocadillo de chapas, o sea atención al descuartizamiento, mejor no mirar a la pantalla.

the minds eyePor contra, vaya bodrio Mind’s Eye, o quiero pero no puedo ser el David Cronenberg de Scanners. Por supuesto, no quisiera que a su director le volaran la cabeza, ni mucho menos, pero el hombre se merecería una colleja telekinética. Vista en otro lugar hubiera sido una tortura china, pero con la gente que viene todos los años al evento resultó ser una experiencia tronchante. Imposible seguir tomándose en serio la peli cuando todo el cine se viene abajo debido a que los espantosos actores, cada vez que hacen fuerza para hacer uso de sus poderes mentales, parece que están realizando sus necesidades fisiológicas.

No hacen falta habilidades sobrehumanas para adivinar que tiene poco futuro Khalil Sullins, director de The Listening, sobre unos estudiantes que logran dar con una máquina para leer la mente. Si se hubieran metido en el cerebro de los que estábamos allí estoy seguro de que habrían descubierto que todos estábamos pensando “me aburroooooo” a la vez. Qué dolor de cabeza cuando los protas explicaban sofisticados conceptos científicos, ¡resultaba imposible terminar de leer el subtítulo! ¡Cuando ibas por la mitad, ya pasaban al siguiente! Ahí metí la pata, porque en otra sala pasaban a la vez la coreana de dibujos La chica satélite y el chico vaca, que a poco que tuviera alguna idea, hubiera sido una mejor elección.

Tampoco acaba de funcionar la farsa de ciencia ficción Absolutamente todo, a pesar de la presencia como profesor al que unos extraterrestres le confieren poderes de Simon Pegg, que hace que te retuerzas de la risa, sólo con verle. Pero ni él ni Kate Beckinsale puede salvar un film muy tontarro, y con una dirección poco inspirada de Terry Jones, artífice de los grandes éxitos de los Monty Python.

Y como clausura, High-Rise, basada en una novela de J.G. Ballard, distopía sobre un edificio ordenado por castas. La película que esperaba con más pasión ha resultado ser un espanto pretencioso y aburrido a más no poder. A muchos críticos les ha emocionado y hasta ha cambiado sus vidas, pero yo por una vez, y sin que sirva de precedente… ¡estoy con lo que dijo Carlos Boyero! La calificó como “tontería excesiva”, con cierta razón (hasta un reloj parado acierta la hora dos veces al día).

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