Blog de Hildy
Clint Eastwood ya piensa en la otra vida
Si algo sabemos seguro, es que todos hemos de morir. No quisiera ponerme fúnebre, pero ésta es una realidad incontestable, de la que somos testigos,
Si algo sabemos seguro, es que todos hemos de morir. No quisiera ponerme fúnebre, pero ésta es una realidad incontestable, de la que somos testigos, en cabeza ajena, todos los días, y más con la proximidad de Todos los Santos. Y claro, aunque no apetece, la frase “un día me tocará a mí” deberíamos decírnosla con cierta frecuencia para no vivir en la inopia.
Sea como fuere, el caso es que Clint Eastwood, con los 80 años recién cumplidos, acaba de rodar Más allá de la vida, que precisamente se plantea el tema de qué hay después de esta vida. Lo que sin duda es una novedad en un cineasta más bien pegado al terreno, aunque no comparto la rotundidad de Charles McGrath en el New York Times, quien afirma que “nunca ha parecido ni remotamente espiritual”. Para desmentirle están películas recientes como Million Dollar Baby, El intercambio o Gran Torino, donde la figura como consejero espiritual del sacerdote no parece casual, o el simbolismo cristológico del sacrificio de Walt Kowalski en la mentada Gran Torino.
Pero en fin, yendo a Más allá de la vida (o el bonito título original, Hereafter, cuya traducción literal podía ser “lo que viene después”), lo cierto es que Eastwood ha planteado un drama de tintes sobrenaturales, que sigue a varios personajes confrontados a experiencias cercanas a la muerte, y lo que han vivido en esas ocasiones, unidas a hechos trágicos como el tsunami de 2004 o los atentados de Londres de 2005. El libreto se debe al prestigioso dramaturgo y también guionista Peter Morgan.
Resulta curioso que Eastwood diga que le gustó del guión de Morgan que “tiene un sentido espiritual sin ningún toque religioso en particular”. Imagino que le agrada en el sentido de que puede llegar a un público más amplio que si optara por el entorno de una religión concreta, pero si de hacerse preguntas sobre la otra vida se trata, como la de si Alguien nos aguarda dando sentido a nuestra existencia, parece lógico buscar respuestas en religiones que aseguran que se ha producido una revelación de parte de un Dios personal. Pero en fin, dejaré aquí las especulación teológica, baste apuntar esa idea, compartida por otros cineastas –pienso en la reciente The Lovely Bones de Peter Jackson–, que prefieren entregar una realidad espiritual etérea, poco identificable con aquello concreto que creen millones de personas en todo el mundo, llámese cristianismo, islam, hinduismo, budismo, judaísmo, o lo que sea.
Es interesante lo que cuenta Morgan en el NYT. Explica que él se considera “un hombre de la ilustración”, acostumbrado en sus historias a dar razones de lo que sucede, pero que aquí debía permanecer más abierto, pues no tenía respuestas. Dice que mientras escribía el guión murió un amigo suyo: “Aquello me impactó de verdad. En la iglesia no dejaba de pensar: ‘¿Y ahora qué? ¿Dónde? ¿Qué ha ocurrido?’.
Muy interesante resulta que cineastas de la categoría de Morgan e Eastwood se hagan estas preguntas. Yo también me las hago, y tú, amigo internauta, también deberías. Quizá la peli ayude en ese sentido, a no cerrar los ojos a lo que hay.
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