Blog de Hildy
Luis García Berlanga: se imprime la leyenda
La muerte de Luis García Berlanga ha sido noticia de primera magnitud en todos los medios españoles, y no es para menos. Muchísimos comentaristas de
La muerte de Luis García Berlanga ha sido noticia de primera magnitud en todos los medios españoles, y no es para menos. Muchísimos comentaristas de cine, personajes de la cultura, y políticos –no se pueden estar calladitos, es más fuerte que ellos– han cantando sus loas.
Me parece bien, faltaría más, que se homenajee al director de joyas como Bienvenido Mr. Marshall, Plácido y El verdugo. Se lo merece este formidable cineasta, de cuya vigencia da idea su descripción del entusiasmo de cierto pueblo con la llegada de los americanos, comparable al mostrado por algún político en busca de la foto con el actual inquilino de la Casa Blanca, Mr. Obama.
Dicho lo anterior, no quiero dejar de señalar los tópicos que ha generado la muerte de Berlanga. Por ejemplo, se tiende a considerar todo su cine genial –a excepción de gente que sabe matizar, como Carlos Boyero en El País–, lo cual es un disparate, títulos como París Tombuctú no están a su altura, le pasó a Berlanga como a Juan Antonio Bardem con la mediocre Resultado final; el caso es que pocos se atreven a señalar que “el emperador” Berlanga está desnudo –como muchos de sus personajes– en su último largometraje.
Por otro lado, es un lugar común hablar de lo hábilmente que el director burló la censura durante el franquismo. No sé. Tal vez, supongo que se podría debatir. Pero la realidad –que nadie se atreve a confesar– es que la época admitía la crítica social dentro de unos límites, aun estando las libertades recortadas. Y Berlanga se acomodó a las circunstancias: trabajó dentro del régimen, y ya está, no hay por qué avergonzarse, le tocó vivir los tiempos que le tocó vivir. Pero claro, es más romántico y sobre todo políticamente correcto hablar de la leyenda de un subterráneo campeón de las libertades, y explicar su participación en la División Azul con excusas que quizá no se admitirían en otros, e inventar a un Berlanga distinto del real, la leyenda, o el ninot fallero, si queremos un ejemplo de su tierra. Lo que es una solemne tontería, no hace falta imprimir la leyenda cuando el Berlanga real resulta tan fascinante.
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