Blog de Hildy
El presidente Obama y Hollywood: las amistades peligrosas
Si alguien me dice que escribo mucho sobre Obama en este blog, debo reconocer: amiga, amigo, tienes toda la razón del mundo. Sé que el
Si alguien me dice que escribo mucho sobre Obama en este blog, debo reconocer: amiga, amigo, tienes toda la razón del mundo. Sé que el tema puede cansar, pero en mi descargo debo decir que el presidente de Estados Unidos me da motivos para hablar de su persona, y por otro lado me encanta seguir la política americana, así que si ésta está unida de un modo u otro al mundo cinematográfico, o sea, tengo excusa, resulta la mar de tentador postear sobre la cuestión.
La verdad es que Obama, un día sí y otro también, está presidiendo magníficas cenas rodeado de estrellas de Hollywood para recaudar dinero para su campaña. Y según cuenta The Hollywood Reporter en un completo reportaje, hasta sus partidarios de la meca del cine confiesan preocupación porque el presidente se esté apoyando demasiado en ellos. Pues Hollywood está dando una imagen demasiado monolítica de apoyo a Obama, y por extensión a los demócratas, mientras que el bando republicano se mira siempre con cierta sorna y desprecio. Y esto podría acabar pasando factura.
¿Exagero? Un buen amigo que lleva viviendo más de 25 años en Estados Unidos me ha hablado con frecuencia de Obama como “el Zapatero americano”, cosa que siempre me pareció una exageración, pues nunca el presidente de Estados Unidos me ha parecido tan inútil como el que fuera nuestro presidente. Pero en algunas cosas parece estar siguiendo sus pasos. En primer lugar con su espaldarazo inesperado al matrimonio gay, en un movimiento algo descarado en el sentido de que parece calculado para lograr del colectivo homosexual apoyo financiero a su campaña. Y de hecho, su historia de amor con Hollywood parece en tal sentido más de lo mismo. Debe pasar la gorra entre unos famosetes que le adoran.
El problema es que Obama, rodeado de tanto glamour y oropel, no acaba de dar la imagen de presidente del pueblo, de las clases desfavorecidas y tal, sino todo lo contrario. Jon Stewart comentaba con sorna que cenar con la editora de Vogue Anna Wintour puede no ser una buena idea, pues la gente la relaciona con El diablo viste de Prada, o sea, demonio y lujo ostentoso.
Por su parte, Hollywood corre riesgos que debería medir. Veo difícil que se llegue al extremo de que le ocurra lo que aún sigue sucediendo en España, donde el votante de derechas rehúsa ver cine patrio por lo mucho que los cineastas se han signicado políticamente, la ceja y el no a la guerra virulento, para entendernos. Pero ojo, que por esa senda están empezando a discurrir las cosas.
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