Blog de Hildy
Deformación profesional o ver cine en todas partes, también en Praga
Durante las vacaciones me propongo descansar, desconectar del trabajo para hacer acopio de energías, y pienso que más o menos lo logro.
Durante las vacaciones me propongo descansar, desconectar del trabajo para hacer acopio de energías, y pienso que más o menos lo logro. Pero claro, el cine corre por mis venas, es mi dedicación profesional, y uno ve referencias peliculeras por todas partes, lo quiera o no. También en Praga.
Para empezar, estoy en buenísima compañía, la gente sabe que me dedico al cine, y me pide consejo para ver una película que merezca la pena. Propongo ver El Havre, de Aki Kaurismäki, que recibe un aplauso unánime, algo que casi no me acabo de creer, tenía mis temores de que pudiera verse como algo demasiado exquisito, por no decir raro. Todavía hay esperanza, el buen cine acaba calando, se saborea con gusto. Me reconozco en el protagonista, un limpiabotas, no porque me dedique a limpiar botas -que pereza suele dar sacar lustre a los zapatos- sino porque Kaurismäki nos muestra planos muy elocuentes del personaje fijándose en el calzado sucio de los viandantes, él es todo un profesional buscando clientes a los que prestar sus valiosos servicios. En una de esas extrañas y casuales conexiones que ofrece el cine con la vida personal de uno, veo una escena con la gran Kati Outinen, la musa del director finlandés; ella está en el hospital, dos amigas la visitan, y una le lee un pasaje de un libro... Me fijo en la portada y son... ¡las novelas escogidas de Franz Kafka!, ilustre ciudadano de Praga, omnipresente en la atmósfera de la urbe. Pensándolo bien, debo reconocer que Kaurismäki es un cineasta bastante kafkiano.
Paseo por uno de los patios del Hardcány, el castillo de Praga, y me dice un buen amigo que allí se rodó la escena de Misión imposible: Protocolo fantasma en que el Kremlin vuela por los aires por arte y magia de los efectos especiales. Así es Hollywood, Moscú made in Praga.
Un día, no sé cómo lo hago, acabo en la puerta de la FAMU, la Escuela de Cine de Praga, lugar de formación de ilustres cineastas como Milos Forman. De verdad que no iba con un mapa buscando el lugar, caminaba más bien a la orilla del río Moldavia, contemplando edificios como el Teatro Nacional y creyendo reconocer varios, seguidores del movimiento Secesión, cuando vi una iglesia que me llamó la atención, y al ladico, al ladico, me topé con la Escuela. Incluso por una ventana llegué a atisbar a los futuros Forman haciendo prácticas poniendo celofanes de colores a unos focos.
En otra ocasión llego al Teatro de los Estados, y bueno, se supone que no es un lugar directamente relacionado con el cine, allí es donde Wolfgang Amadeus Mozart estrenó su ópera “Don Giovanni”. Pero naturalmente, hay conexión cinematográfica, porque justo ahí rodó también Milos Forman la escena correspondiente de Amadeus.
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