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Películas recomendadas en cine

(2020) | 113 min. | Romántico | Drama | Musical Tráiler
Maggie Sherwoode es la asistente personal de una diva de la canción, la popularísima Grace Davis, que aún sigue arrastrando a multitudes a sus conciertos, aunque no graba un nuevo álbum desde hace años. ¿Se le ha pasado el arroz musical a la cantante? Maggie piensa que no, y hasta está haciendo arreglos de sus canciones por su cuenta, pues sueña con ser productora discográfica. Pero a pesar de que ha bebido la pasión por la música desde pequeñita –su padre es periodista radiofónico del sector–, nadie parece creer en sus cualidades, y a Grace le asaltan muchos miedos e inseguridades, a pesar de su condición de estrella. De pronto, casualmente, conoce en un supermercado a un joven afroamericano, David, que es un encanto, y encima parece tener cualidades de cantautor. ¿Y si le diera a entender que es productora, y tratara de dar impulso a su posible carrera? Podría ser la oportunidad de su vida. Agradable película, que por su título en España, evoca uno de punto de partida parecido, Personal Shopper de Olivier Assayas y Kristen Stewart, aquí como ayudante tomaría el relevo la cada vez más en alza Dakota Johnson, que entrega una gran interpretación. La directora, Nisha Ganatra, es bastante desconocida, aunque tiene experiencia televisiva y ha sido consultora de la serie Transparent. Con un guion de la debutante Flora Greeson, entrega una historia más o menos previsible, aunque incluye un giro sorpresivo en el último tramo bastante de culebrón, un elemento que se justifica con un recurso simpático pero con trampa, al aludir la protagonista de que “esto es un plan urdido desde mi infancia”. Puede pensarse en filmes como la última versión de Ha nacido una estrella o Yesterday, a la hora de introducir adecuadas canciones, siguiéndose la estela del segundo título a la hora de suavizar posibles aristas del mundo de la fama. Y se lleva bien la idea de saber posicionarse bien en las distintas fases de la vida, o lo bien que viene tener cerca gente que nos aprecia, consejeros capaces de decirnos lo que piensan para ayudarnos, aunque duela: hay que saber hablar, y el silencio, callar, puede ser un error que acaba pasando factura. Los melómanos apreciarán las muchas referencias musicales, por ejemplo en la comparación de canciones que aluden a California, y a los artistas detrás de ellas. O las grabaciones y arreglos de los distintos temas. Además de Johnson, hacen un buen trabajo los demás actores, los menos conocidos Tracee Ellis Ross –que estuvo en la serie CSI– y Kelvin Harrison Jr., más otros secundarios como Zoe Chao, Bill Pullman, Ice Cube y June Diane Raphael.
6/10
(2019) | 98 min. | Deportivo | Biográfico | Drama Tráiler
La actriz australiana Rachel Griffiths destacó a partir de los años 90, con largometrajes como La boda de Muriel, y la serie A dos metros bajo tierra. Ahora debuta como realizadora con un biopic de Michelle Payne, que triunfó en su país como jinete. Hija menor en una familia de diez hermanos de Victoria, al sur de Australia, al fallecer su madre cuando ella tiene seis meses tiene que cuidar en solitario de todo el clan su progenitor, el entrenador de caballos Paddy Payne, que enseña a cada uno de los chavales a convertirse en campeón de hípica. Parece que espera menos de Michelle, a la que sobreprotegerá tras la muerte de una hermana por culpa de una caída. Tras encontrar a su caballo ideal, el Príncipe de Penzance, sopesará competir en el Gran Premio de Melbourne, pero antes tendrá que superar numerosos problemas, como alguna lesión, la obligación de perder peso para cumplir con el máximo exigido, etc. Al proceder de la interpretación, a Griffits se le da bien la dirección del casting, por lo que logra impecables trabajos de Teresa Palmer (Nunca apagues la luz, Hasta el último hombre), y el veterano Sam Neill, que da vida al padre. En el elenco sobresale Stevie Payne, uno de los hermanos reales de Michelle, aquejado de síndrome de Down, que se encarna con enorme espontaneidad a sí mismo. Por lo demás, estamos ante un architípico film de superación personal, que habla de las dificultades de cumplir los sueños de las mujeres en un terreno tradicionalmente masculino, pero también de la unidad en las familias numerosas. Quizás pierde algo de fuelle hacia la mitad, por la acumulación de obstáculos que debe superar la protagonista, lo que no empaña un film correcto.
6/10
(2019) | 111 min. | Drama Tráiler
Desde que era un niño prodigio, Dovidl Rappoport se ha preparado para su gran momento de debutar tocando el violín en un prestigioso escenario londinense. Pero esa gran noche de 1951 no aparece, desaparece sin dejar rastro dejando colgada a la familia que le acogió, y al que era su gran amigo, Martin Simmonds. Con un juego narrativo de flash-backs y flash-forwards, se nos cuenta la infancia de Dovidl, cuando su padre judío residente en Varsovia lo dejó a cargo de los Simmonds, que prometen respetar sus creencias religiosas. El chico tiene un gran talento, pero es de carácter difícil, y el estallido de la Segunda Guerra Mundial y el incierto destino de su familia le hacen mella. El canadiense François Girard vuelve a abordar una trama donde tiene importancia primordial la música, como lo hiciera anteriormente en El violín rojo y El coro. En esta caso adapta una novela de Norman Lebrecht, que convierte en guión Jeffrey Caine, responsable de los libretos de El jardinero fiel –otra adaptación– o Exodus: Dioses y reyes, trama judía por excelencia, la bíblica historia de Moisés y el éxodo del pueblo de Israel. Girard acierta al crear intriga, y funciona la estructura narrativa de indagación sobre el paradero de Dovidl por parte de un Martin adulto, que le lleva a viajar a lugares diversos como Varsovia y Nueva York, y los recuerdos del pasado y de cómo se forjó la amistad de los dos protagonistas. Aunque hay algún momento más forzado, o del que se habría agradecido un mejor desarrollo –las mujeres en las vidas de ambos, apenas esbozadas, el otro músico polaco que perdió la cordura–, capta la atención del espectador, y se acepta el momento-revelación que tiene lugar la noche del concierto perdido, hay que decir que a partir de ese momento la película se eleva, con grandes momentos musicales. Y dejando espacio para las ideas de rechazo y aceptación de la voluntad de Dios ante las desgracias y el sufrimiento, siempre entretejidas en la historia del holocausto, el destino terrible de tantísimos judíos en los campos de exterminio como el de Treblinka. Los actores están muy bien, tanto en la versión adulta de sus personajes –Tim Roth y Clive Owen–, como en los que interpretan su infancia y adolescencia, estos absolutos desconocidos.
6/10
(2019) | 107 min. | Biográfico | Drama Tráiler
Una película basada en sorprendentes hechos reales. Fahim es un chaval auténtico prodigio del ajedrez, en su cabeza puede ver las jugadas más sorprendentes, siempre con destellos de genialidad. Su padre, huyendo del régimen represivo que impera en Bangladesh, logra llegar con el pequeño a París, donde se esfuerza por lograr asilo político, con idea de traerse lo antes posible al resto de la familia. Lo que no es tan sencillo. En la espera, que podría terminar con su expulsión, lleva a Fahim a la escuela de ajedrez de Créteil. Allí le preparará para ser un campeón el maestro Sylvain Charpentier, lo que también le servirá a este para superar sus inseguridades, siempre le ha quedado la espina de no haber triunfado en el tablero en su juventud. Una de esas películas aleccionadoras, que se ve con sumo agrado. Se suma a otros filmes de chavales campeones de ajedrez, En busca de Bobby Fischer y Reina de Katwe, donde se recuerda que aunque es importante ser buen ajedrecista, aún más importante es ser buena persona. Pierre-François Martin-Laval, director y guionista, se muestra mucho más inspirado que en su fallido adaptación de la bande-dessinée de Gaston LaGaffe. Logra hacernos vibrar con los logros deportivos del protagonista, pero sobre todo con el aspecto humano: la relación con el profesor, y con la gerente del club, las vicisitudes del padre, que hace lo que puede para ganarse la vida, la relación de Fahim con los otros niños ajedrecistas, donde no falta el rival con mal ganar y mal perder, formado a imagen y semejanza de su maestro. Hacen muy buen tándem el niño Ahmed Assad y Gérard Depardieu, en un papel que parece hecho para él, y que compone casi con los ojos cerrados.
6/10
(2020) | 102 min. | Aventuras | Animación | Comedia Tráiler
Los Lightfoot son una familia de elfos. El hermano pequeño es Ian, un jovencito apocado y sin amigos, de fisonomía debilucha y carácter triste, sobre el que parece pesar como una losa el hecho de que su padre murió cuando él aún no había nacido. El hermano mayor, Barley, es todo lo contrario, un hombretón chistoso y vitalista que es un auténtico friki de un tiempo pasado, donde la magia estaba presente en el mundo. La vida de los dos hermanos va a cambiar cuando Ian cumple dieciséis años y su madre les da el regalo que su padre les había preparado para cuando fueran mayores. Se trata de una vara mágica gracias a la cual podrían traer a su padre de vuelta a la vida durante un día más. Pudo pensarse que con Toy Story 4 la compañía del flexo estaba abusando de las secuelas, señal clara de que se quedaba sin ideas. Pero nada de eso. Pixar sigue en plena forma y así lo demuestra con Onward, una estupenda y simpática película de animación que vuelve a caracterizarse por un ritmo fenomenal y una historia divertida en donde la aventura, la valentía y los lazos familiares son las señas de identidad. Tras las cámaras se encuentra un director de la casa Dan Scanlon (Monstruos University), mientras que el gran Pete Docter, peso pesado de la compañía con éxitos como Monstruos S.A., Up o Del revés, figura como productor ejecutivo. El guión crea un universo ficticio de criaturas mitológicas o fantásticas y ofrece una historia sencilla que retoma la presencia de los magos y la magia e invita a reflexionar sobre los propios talentos, ocultos en la vida cotidiana a la espera de sacarlos a la luz. Planea sobre el argumento la idea de misión, de valentía a la hora de lanzarse y emprender los riesgos derivados que hay que tomar para alcanzar la meta, aunque eso implique quizás el heroísmo de la renuncia. En tiempos actuales también destaca el tono clásico de la aventura, donde aparatos tecnológicos y móviles no pintan lo más mínimo. Y recupera además en algunas secuencias ideas nostálgicas a lo Indiana Jones. Se incluyen también momentos sobresalientes, como el imaginativo diálogo con la voz de la cassette, un modo ejemplar y lleno de ternura de mostrar la ausencia del padre y el derivado sentimiento de orfandad, temas que constituyen en realidad el motor de toda la trama. Los dibujos son técnicamente magníficos y tiene encanto especial la fisonomía del protagonista. Quizá haya algún desequilibrio en la definición de personajes, algunos menos desarrollados, como el del centauro, y alguna subtrama despiste más que entretener (la misión de la madre y la mantícora), pero sí está logrado el contraste y la compenetración entre los dos hermanos, pieza principal de esta película sobre la fraternidad. Onward quizá no se encuentra entre las mejores obras de Pixar pero desde luego alcanza un nivel más que notable y gustará especialmente a los peques de la familia.
7/10
(2019) | 117 min. | Comedia | Drama Tráiler
La pareja de directores y guionistas compuesta por Alexandre de La Patellière y Matthieu Delaporte vuelve a demostrar su buena mano para entregar historias muy humanas, donde se trenza el drama y la comedia, como suele ocurrir en la vida misma. El film que nos ocupa está a la altura de su obra más conocida, la magnífica El nombre. Arthur y César son muy amigos desde la época escolar. Aunque sus caracteres sean muy distintos, la unión y el afecto entre ellos son hondos. El primero es biólogo, investigador concienzudo, sigue enamorado de su mujer, de la que se separó, y tiene una hija adolescente. El otro, en lo que respecta a alcanzar una posición en la vida es un desastre, no tiene trabajo ni una relación estables, su éxito con las mujeres es del simple seductor. Una confusión les va a acercar de un modo aún más estrecho, porque el uso de una tarjeta sanitaria, hace que César crea que a Arthur le han diagnosticado un cáncer terminal, aunque el realidad la situación es justo la contraria. El caso es que Arthur no se atreve a deshacer el equívoco, de modo que ambos amigos se ocupan uno del otro, al que creen que les queda poco tiempo. De la Patellière y Delaporte saben sacar mucho partido al equívoco para ahondar en la idea de que la vida se pasa en un suspiro, y en ese tiempo hay que dedicar el tiempo a las cosas que importan. De modo que más allá de las fantasías y ocurrencias que tienen algunas personas sobre experiencias que desean disfrutar antes de morir, aquí se incide en el valor extraordinario de la amistad, de darse a los demás, el amor verdadero, que lleva a perdonar y estrechar lazos. Las personas seguirán teniendo defectos, pero precisamente la grandeza de ánimo está en pasar por encima de ellos, mirando desde más arriba, para entregarse sinceramente al otro. Los cineastas responsables del film saben transmitir estas ideas, no impartiendo un sermón, sino como casi una cinta de aventuras, una de esas películas de colegas que tanto gustan a los americanos, pero con enjundia, lo que no está reñido con el sentido del humor, el film contiene pasajes muy, muy divertidos. Por supuesto la película se beneficia de la química que se establece entre dos grandísimos actores, que saben hacer reír y ponerse serios, Fabrice Luchini y Patrick Bruel. En esta ocasión los personajes femeninos tienen menor presencia, pero también lo hacen muy bien Zineb Triki y Pascale Arbillot.
6/10
(2018) | 116 min. | Drama Tráiler
Franck Pasquier está en la flor de la vida. Va a tener gemelas con Cécile, de la que está muy enamorado, pero además ejerce con gran entusiasmo su profesión de bombero, pues se presenta a un examen para ascender como jefe de operaciones de socorro en incendios, y tiene tanta vocación de auxilio a los demás, que sobrelleva que muchos días no todo sale bien, algunas veces no se consigue llegar a tiempo. La vida le pone a prueba cuando requieren a su unidad como refuerzo para un aparatoso incendio en un almacén… Segunda cinta como realizador y guionista de Frédéric Tellier, que en la poco conocida El caso SK1 ya hablaba de los profesionales del riesgo, en aquélla de agentes de policía. Aquí describe muy bien el día a día de los bomberos parisinos, cuyo lema “Salvar o perecer” se recoge en el título, y que como muestran las imágenes se distinguen de los de otros lugares por ser militares, lo que conlleva rituales como honrar a los caídos en acto de servicio, o cantar “La marsellesa” a diario, mientras llevan a cabo entrenamientos exhaustivos para reducir al mínimo la posibilidad de que ocurra una desgracia. En cualquier caso, el film adquiere valor sobre todo en su segundo tramo, donde detalla el proceso de rehabilitación del protagonista tras un accidente laboral, sin concesiones al sentimentalismo barato, pero sin escatimar crudeza ni adornar la realidad de quiénes han sufrido un trauma tan duro que no resulta fácil reencauzar su vida. En un principio, el protagonista se desmorona y hasta contempla la idea del suicidio, no sólo no puede continuar desempeñando el trabajo que le llena, sino que pone en duda que su pareja pueda seguir amándole, y hasta parece imposible aceptar que con el rostro quemado, esté condenado a despertar miradas de horror cada vez que sale a la calle. El film señala muy bien el camino a seguir, se puede recuperar la actitud positiva si se busca el apoyo adecuado: la familia, la pareja, los profesionales que ayudan a los afectados por accidentes… Pese a que su papel le obliga la mayor parte del metraje a llevar mucho maquillaje, o incluso vendas o máscaras, realiza un trabajo modélico Pierre Niney, conocido como el francés que llevaba flores a la tumba de un soldado alemán en Franz. Quizás se echa de menos saber más del punto de vista de Cécile, pero Anaïs Demoustier, que también ha protagonizado Los consejos de Alice, logra defender a la perfección al personaje, aprovechando las oportunidades que le brinda el libreto, como cuando habla con un médico. Se debe mencionar también a Vincent Rottiers –que de niño protagonizó Los diablos–, aquí amigo del personaje central con problemas de salud. Al realizador le pierden a veces sus pretensiones estéticas, pero no cabe duda de que tiene un gran futuro.
7/10
(2019) | 114 min. | Comedia | Drama Tráiler
El día a día de dos asociaciones solidarias francesas no oficiales, La voz de los Justos y La escala, y de sus máximos responsables, el judío Bruno y el musulmán Malik respectivamente, que se dedican a educar y cuidar de jóvenes con autismo, casos severos que rechazan todas las instituciones, y a dar una oportunidad a jóvenes de barrios desfavorecidos. Bruno lucha además contra las estrecheces económicas pero sigue acogiendo todos los casos desesperados, aunque eso aumente sus dificultades; Malik, musulmán, forma también a futuros cuidadores, jóvenes sin orientación que pueden encontrar un sentido a su vida. El cine de los franceses Olivier Nakache y Éric Toledano es un soplo de aire fresco entre el panorama cinematográfico europeo. Desde su mayor éxito, Intocable, su filmografía ha seguido el mismo itinerario, historias optimistas y con un toque de comedia que no deja de lado completamente el realismo, como se comprueba con Samba o C'est la vie! Ahora con Especiales –Premio del Público en el Festival de San Sebastián– vuelven a entregar una película ejemplar. Por un lado se mantienen fieles a su visión positiva de la vida y por otro se inspiran en hechos reales para ofrecer un relato que resulta inspirador y que desde luego invita al espectador a ser mejor persona. Esta vez los directores franceses adoptan una puesta en escena hiperrealista, de manera que en algunos tramos parecemos asistir a un documental, una especie de crónica periodística de las aventuras solidarias de los protagonistas. En este sentido hay secuencias muy genuinas, como la desesperada búsqueda nocturna de Valentin, en verdad magnífica. Y en una historia coral y deliberadamente abierta como ésta, llevada a buen ritmo, la trama se centra especialmente en las vivencias de cuatro personajes –los jefes de las dos organizaciones (Bruno y Malik), el autista Joseph y el novato cuidador Dylan–, alrededor de los cuales pululan algunos otros secundarios bien trabajados, como la madre de Joseph (sus apariciones son conmovedoras), la joven logopeda del centro o el alegre camarero del bar… Y se vertebra bien una subtrama intrigante sobre la inspección que realiza el Ministerio de Asuntos Sociales acerca de la legalidad de las dos asociaciones. Por encima de otras consideraciones, Especiales es un canto a la solidaridad y a la vida de cada ser humano. Hay mucha virtud y nada de queja, ningún hastío o egoísmo en los trabajadores de esas dos organizaciones, personas corrientes que con enorme paciencia y generosidad dedican su vida a los demás y son capaces hacer milagros con los casos más desesperados. Una labor oscura, difícil y nada glamourosa, que realizan sin alarde alguno, por motivos de pura y compasiva solidaridad, quizá también religiosos. En realidad la película es una gran lección de humanidad y un severo golpetazo al individualismo de las sociedades occidentales. Los actores Vincent Cassel y Reda Kateb están estupendos.
7/10
Cecilia Kass mantiene una relación tóxica con su marido, manipulador y maltratador, el empresario y revolucionario científico del campo de la óptica Adrian Griffin. Cuando ella logra escapar de la lujosa mansión en la que conviven, Griffin se suicida, legándole una generosa cantidad de dinero. Pero Cecilia se siente acosada por un individuo al que no puede ver, y sospecha que en realidad su esposo ha fingido su muerte, y que ha utilizado sus conocimientos para volverse invisible. A su alrededor todo el mundo empieza a pensar que ella está perdiendo la razón. Revisión de la novela de H.G. Wells, que dio lugar al clásico de terror de la universal El hombre invisible, de James Whale. Transcurre en la actualidad y se ha cambiado el punto de vista, pues la historia no está contada por el investigador que se vuelve loco tras descubrir el procedimiento para no ser detectado por el ojo humano, sino por su pareja, que sufre las consecuencias. Guionista especializado en terror, con títulos como Saw o Insidious (ambos dirigidos por su amigo desde que estudiaron juntos James Wan), Leigh Whannell se consagró como realizador con Upgrade, un film de ciencia ficción producido por Blumhouse, que pese a su calidad tuvo poca distribución. No resulta extraño que le haya vuelto a fichar para escribir y dirigir este proyecto la compañía, regida por el hábil Jason Blum, que está detrás de filmes de presupuesto reducido que han recaudado cifras astronómicas, como Paranormal Activity y Déjame salir. Fiel al espíritu de la compañía, Whannell no precisa de muchos efectos visuales para ofrecer una lección magistral de cómo crear suspense. Ya la escena inicial, con Cecilia arreglándoselas para zafarse de Adrian, pone los pelos de punta. El cineasta conoce al dedillo los mecanismos que crean tensión, se nota que tiene muy estudiado el mejor cine de Alfred Hitchcock, pero en su tratamiento de los abusos psicológicos, parece haber bebido también de Luz que agoniza, el clásico dirigido por George Cukor, donde el personaje de Charles Boyer manipulaba a Ingrid Bergman para que dudara de su cordura. En su empeño en usar el género fantaterrorífico para hablar de problemas actuales, en este caso el maltrato machista, se asemeja a John Carpenter, no en vano le han reclutado para el remake de 1997, rescate en Nueva York, que será su siguiente trabajo. Escogida porque se le asocia con papeles con cierta carga feminista, como la pionera del mundo de la publicidad de Mad Men, o la esclava rebelde de El cuento de la criada, Elizabeth Moss borda un personaje muy difícil, progresivamente desquiciada. Tiene también su mérito Oliver Jackson-Cohen, uno de los protagonistas de La maldición de Hill House, pues se habla de su personaje durante todo el metraje, sin que apenas salga, por lo que cuando finalmente irrumpe en pantalla corría el riesgo de no resultar lo suficientemente inquietante, pero sale airoso del reto.
7/10
(2019) | 152 min. | Deportivo | Acción | Biográfico | Drama Tráiler
Años 60. En Ford creen que están perdiendo la carrera de la imagen pública y la modernidad frente a empresas automovilísticas como Ferrari, apreciadas por los apasionados de la velocidad por su participación en prestigiosas carreras. Tras dar un paso en falso para comprar Ferrari, que atraviesa problemas económicos –Fiat se acaba llevando el coche al agua–, en Ford deciden contraatacar en el terreno en que los italianos son líderes, fichando al diseñador automovilístico Carroll Shelby, que además es el único estadounidense que ha ganado la carrera de Le Mans. Apartado del circuito por problemas de corazón, Shelby quiere contar con su amigo Ken Miles como piloto, lo que choca con la visión de los capitostes de Ford, a los que gusta tener todo bajo control, lo que no será posible si Miles maneja el volante. Película basada en hechos reales, que funciona tan maravillosamente bien como uno de los Ford GT40 que tan buen papel hicieron en Le Mans en 1966 y años sucesivos. Tras Logan, quizá su mejor película hasta la fecha, James Mangold sigue demostrando ser un sólido director, cada vez más seguro, nunca se pasa de frenada, ni acelera locamente su película hasta dejarla sin control. Firman el guion que dirige los hermanos Jez y John-Henry Butterworth, ambos avezados en libretos inspirados en hechos reales –Caza a la espía, I Feel Good, Black Mass–, junto a Jason Keller. No figura acreditado Mangold, aunque a buen seguro que ha contribuido a la forma final del libreto. El film sabe combinar la épica deportiva de la competición ­– las imágenes introducen al espectador dentro del coche, casi se siente el contacto de las ruedas sobre el asfalto y el vértigo de la velocidad–, con una mirada al mundo de la empresa a menudo fría, donde imperan los egos y la visión del “business is business”, y a las relaciones humanas, sobre todo a la amistad entre Shelby y Miles, de caracteres muy diferentes, pero también al entorno familiar del piloto. Algunas de las escenas sobresalen por su fina escritura y ejecución en imágenes. Por ejemplo, en una película en que dominan los hombres, tiene perfecta lógica la escena de la discusión con Mollie, la esposa de Miles, en que ella conduce el automóvil a lo loco, para afirmar su personalidad y el deseo de que el otro sea franco al hablar de sus planes profesionales, lo que sirve para dar poderosa presencia a Caitriona Balfe, conocida por Outlander. Los pasajes que comparten unos estupendos Christian Bale y Matt Damon están muy bien pensados y sirven para mostrar su conexión, pero también su distinta personalidad. Quizá se cargan las tintas en los ejecutivos de Ford –Leo Beebee, interpretado por Josh Lucas, se lleva la peor parte con su exagerado personaje, frente a unos medidos Lee Iacocca (Jon Bernthal) y Henry Ford II (Tracy Letts)–, pero se logra no caer en el ridículo, sino todo lo contrario, en la escena en que Shelby monta a Ford en el GT40, y la idea del helicóptero sirve para apuntalar las distintas concepciones empresariales de Ford y Ferrari.
7/10
(2019) | 128 min. | Acción | Ciencia ficción Tráiler
Cuando la joven Dani Ramos discute con el supervisor de la fábrica en la que trabaja, para que no echen a su hermano a la calle, sustituyéndole por un robot, aparece de improviso un individuo idéntico a su padre, pero en realidad resulta ser una máquina con la capacidad de cambiar de apariencia que pretende acabar con su vida. Le salva una mujer con fuerza sobrehumana que advierte a Dani que debe dejarlo todo y salir corriendo junto a ella porque el agresor no parará hasta lograr su objetivo. En su huida recibirán la ayuda de una madura mujer, con enorme experiencia en luchar contra asesinos llegados del futuro y de un extraño personaje arrepentido por un acto que cometió en el pasado. James Cameron vendió los derechos de su primer éxito, Terminator, a su ex mujer, Gale Anne Hurd, coguionista y productora de la emblemática cinta. A partir de 2019 ha vuelto a recuperarlos, por lo que ha aprovechado para impulsar una nueva entrega, que ignorase todas las que se han rodado desde la última que dirigió, Terminator 2: La rebelión de las máquinas, o sea prosiguiendo la trama como si no hubieran existido las desmejoradas Terminator 3: La rebelión de las máquinas, Terminator: Salvation y Terminator: Génesis, y recuperando a Sarah Connor, el personaje central. Pero anda enfrascado en sus secuelas de Avatar, así que ha decidido quedarse relegado a productor ejecutivo, y creador del argumento, cediendo la realización a Tim Miller, responsable de Deadpool. Este último demuestra su dominio de los efectos visuales en escenas de acción al nivel de lo esperado: la que tiene lugar en un avión resulta especialmente trepidante. Pero al final, Terminator: Destino oscuro queda lejos de la primera entrega, que en 1984 contribuyó a que las producciones de corte fantástico pasaran de subproductos a blockbusters de amplio presupuesto, y la segunda, que en 1991 revolucionó el uso de la CGI fotorrealista en pantalla. Aporta algunas ideas, pero básicamente se repite la jugada de Star Wars: El despertar de la fuerza y similares ‘reboots’ de sagas muy apreciadas por el público, o sea se recuperan elementos del original, e incluso se homenajea a los planos más conocidos, y se coloca como secundarios a los anteriores protagonistas ya envejecidos, en este caso Linda Hamilton –que con el paso del tiempo no conserva demasiada fotogenia– y Arnold Schwarzenegger, del que casi se podría decir lo mismo. En la escena inicial han sido rejuvenecidos por ordenador. Ambos veteranos le dan la alternativa a una nueva generación, compuesta por la colombiana Natalia Reyes, que demuestra la misma solvencia que exhibió como una de las actrices principales de Pájaros de verano, la también prometedora Mackenzie Davis, que brilló como niñera en Tully, y Gabriel Luna, visto en las series True Detective y Agentes de S.H.I.E.L.D., que logra inquietar, como corresponde al principal antagonista en cada entrega de la franquicia. Cameron, pionero en dar peso a las mujeres en el cine de acción, imprime su toque en que aquí también se concede el mayor protagonismo a las actrices. También vuelve a colocar como principal estrella a una latina, en tiempos de Donald Trump, después de haber hecho lo propio en la anterior cinta apadrinada por él, Alita, ángel de combate. Por supuesto se mantiene el leitmotiv de la serie, la advertencia del lado oscuro del progreso tecnológico.
6/10
(2018) | 96 min. | Animación | Thriller Tráiler
Imaginativa película animada húngara del pintor y artista multimedia Milorad Krstic, nacido en 1952, que debuta en el largometraje y coescribe el guión con la también recién llegada Radmila Roczkov. Sigue las vicisitudes de Ruben Brandt, psicoterapeuta que trata a sus pacientes con originales métodos basados en al arte. Pero él mismo parece estar necesitando urgente atención psiquiátrica, pues desde niño sufre pesadillas y alucinaciones relacionadas con célebres cuadros, que han ido "in crescendo". Cuatro agradecidos pacientes, encabezados por la cleptómana Mimi, deciden ayudarle de una forma muy singular: robando los cuadros protagonistas de sus malos sueños, que se exhiben en museos repartidos por todo el mundo. Resultan ser muy eficientes a la hora de ejecutar los robos, pero les pisa los talones el policía Mike Kowalski, que además se siente fuertemente atraído por Mimi. Una de las grandes virtudes del film es saber combinar la entrega de una entretenida y dinámica trama, con muchos pasajes de acción, incluidas vertiginosas persecuciones, con una atrevida mezcla de géneros, y al mismo tiempo, dar una lección de arte con las numerosas referencias a estilos pictóricos y clásicos del cine, cuyo reconocimiento hará las delicias del espectador. Cuando Krstic describe la película como "una enciclopedia continua del arte y del cine" no está exagerando un ápice. Porque con un estilo visual dominante influido por Dalí y Picasso, hay además referencias a numerosos pintores, Velázquez, Botticelli, Magritte, etcétera, e incluso hay espacio para la performance improvisada, genial el pasaje del robo en el museo de Tokio. Mientras que lejos de convertirse en mezcolanza indigesta de géneros variopintos, conviven muy bien la acción, la intriga con un punto de comedia que remite a títulos como Charada y Con la muerte en los talones, las referencias al psicoanálisis, las convenciones del subgénero de las películas de robos, o las teorías de la conspiración de la Guerra Fría; también hay una deuda, por supuesto, con el surrealismo de Luis Buñuel. Merece aplauso el logrado ritmo, con una descripción mínima de los personajes y sus traumas de infancia, que tratan de superar conformando un equipo, nunca mejor dicho, "por amor al arte". Los diseños son originales, con mención especial para el protagonista Ruben, pero también la esbelta Mimi. o el personaje bidimensional, los surrealistas rasgos, dos corbatas o tres ojos, se aceptan con total naturalidad, forman parte del atractivo juego urdido por el artista total Krstic.
8/10
(2019) | 102 min. | Drama Tráiler
Una película naturalista, de ésas que siguen la estrategia de que el espectador las vea como si las hubiera pillado empezadas, lo que le obliga al ejercicio de hacerse cargo de la situación de los personajes. Seguimos a Sara, de 22 años. Con trabajos precarios como limpiadora, aunque el de ayudante de cocina en un restaurante podría ser prometedor. Tiene un bebé. Y un hermanito pequeño. Está soltera, aunque a veces ve al padre de la criatura, con quien querría compartir la vida (pero él no). Un día se topa con un señor mayor. Resulta que es su padre, y que acaba de salir de la cárcel, parece ser que fue condenado por ladrón. Intenta acercarse a ella, pero la otra guarda la distancias. Incluso, con su abogado, está intentado hacerse con la custodia de su hermano. Prometedor debut en la dirección de Belén Funes, también guionista con Marçal Cebrián, con quien ha rodado algunos cortos. Logra el que parece su principal propósito de “cinema verité”, atrapar las vicisitudes de personas corrientes con mala fortuna, que luchan por salir adelante. Siguiendo las pautas de no dar todo mascado al espectador, se apunta a que el padre de Sara podría haberla maltratado en el pasado, y que por eso lleva un aparato para la sordera, pero como todo en la narración son apuntes sutiles, sugerencias para que el espectador se haga su composición. Hace falta “buen oído”, si se nos permite el símil, para adivinar el porqué de algunos comportamientos y actitudes. Y puede cansar el ritmo lento, algo cansino, de la película. Eso sí, se agradece que no se nos trate de vender moralina, y que se muestren sin complejos cosas tan normales como el repaso que Sara hace con su hermano del padrenuestro, antes de hacer la primera comunión, o la alegría de los compañeros de trabajo cuando a otros les hacen, por fin, un contrato. En el campo interpretativo, lleva bien el peso de la narración la protagonista Greta Fernández, presente en casi todos los planos y que trabaja por primera vez con su padre, el también actor Eduard Fernández, que hace precisamente el rol de su progenitor. La actriz fue justamente premiada en el Festival de San Sebastián.
6/10
(2019) | 73 min. | Drama Tráiler
Hipnótica película del sueco Roy Andersson, quien con una propuesta minimalista de apenas hora y cuarto de duración, es capaz de ofrecer con enorme sensibilidad una penetrante reflexión tragicómica sobre la condición humana y el sentido de la vida. Le valió el León de Plata al mejor director en Venecia, festival donde ya se hizo con el León de Oro gracias a la aún más valiosa Una paloma se posó en una rama a reflexionar sobre la existencia. El cineasta se mantiene fiel a su estilo de planos secuencias o “tableaux”, con la cámara anclada en el suelo, y aguantando la duración del plano todo lo que considera conveniente hasta que algo ocurre, o se mueve, o una voz en off de una narradora –¿Dios, tal vez?– arroja una lacónica y atinada consideración, llena de verdad, pero atravesada también de ironía, sobre lo que estamos viendo. Tratar de hacer un resumen de la trama del film no es sencillo, pues cada plano es como el hilo de un tapiz, que al final ofrece una imagen de conjunto. Algunos de los personajes de los “tableaux” se repiten, pero sin ninguna intención de dar protagonismo a alguno, o tratando de mostrar una evolución o crecimiento interior. Así pues, tenemos situaciones. La mayoría cotidianas, relativas a gente normal y corriente, aunque haya una nada menos que dedicada a Adolf Hitler, o al ejército derrotado en una guerra y destinado a Siberia. Tenemos al tipo que se encuentra con aquel de quien se burlaba en clase, después de mucho tiempo, y que le niega el saludo. El pastor luterano en crisis, debe predicar a su congregación, pero ha perdido la fe, y tiene enigmáticas pesadillas en que lleva una cruz a cuestas. El dentista que se harta de que su paciente no quiere anestesia, y grite dolorido. La mujer a la que se le rompe el tacón en la estación, y nadie le hace caso. El joven que se fija en una chica que riega un árbol mustio, y que aún no ha descubierto el amor. Y hasta la imagen onírica de una pareja de amantes sobrevolando el cielo de la ciudad. El milagro de la propuesta de Andersson es que lo que parece inconexo, no lo es en absoluto. Toda forma parte de una realidad, fotografiada de un modo muy bello, y recurriendo a efectos a veces invisibles. Y se incide recurriendo al humor del absurdo en lo ridículo de muchas reacciones del hombre y la mujer, o en la indiferencia ante lo que les ocurre a los demás, como la demoledora escena en un tranvía, con un tipo llorando desconsolado, ante la incomodidad general, y las protestas de alguno que siente perturbada su inanidad.
7/10
(2019) | 108 min. | Drama Tráiler
Salvador. Un español, director de cine, que triunfó en los 80 en la escena internacional. En lo relativo a su producción artística, en la actualidad se encuentra varado en el dique seco. Se le acumulan las molestias físicas, de columna, y dificultades para tragar, más terribles migrañas, un cuadro que le sume en la depresión y le lleva a estar acostado gran parte del día. En un estado de duermevela afloran recuerdos de infancia en su pueblo natal, de su querida madre Jacinta, de su gusto por la lectura y el cine, del único modo de acceder a la educación. Ello coincide con el reencuentro con Joaquín, protagonista de uno de sus éxitos, con el que terminó mal, siempre le reprochó su adicción a la heroína. Curiosamente otros dolores del alma le llevan a entablar con él una nueva relación, y a sumergirse él mismo en la droga, el comienzo de un inesperado camino que le posibilitará cerrar heridas y tal vez volver a crear. Pedro Almodóvar, director y guionista, como es norma, se pone en esta ocasión más serio de lo habitual, los años pasan, la gravedad se va imponiendo en su cine. “¿Drama o ficción?” le pregunta su médico a Salvador cuando le habla de un nuevo proyecto, y la respuesta del personaje interpretado por Antonio Banderas, su escueto “no sé”, explica parte del secreto del nuevo film del manchego, de claros tintes autobiográficos, hasta el aspecto físico del protagonista se asemeja a Almodóvar, aunque por supuesto, ficcione. Estamos ante una obra muy personal, estructurada en un presente donde los flash-backs asoman con fluidez, en que trata cuestiones muy queridas, la del amor al cine y todo lo que le rodea, pero también el modo en que nos marcan nuestras raíces. El tema de la madre, cómo influye en la vida de las personas, y concretamente en la suya, ya lo había tratado antes Almodóvar. Aquí insiste, aunque sacando a la luz, no sólo lo que es una amorosa y entrañable relación maternofilial, sino también los reproches y la conciencia de decepcionar a ese ser querido, con comportamientos y actitudes que no se pueden compartir, aunque el amor no cese, en una y otra dirección. Al tratarse de una película muy almodovariana, exige una complicidad para conectar con su estado emocional, quien carezca de tal complicidad reconocerá una obra hábil, bien diseñada, llena de guiños personales, cuidada hasta los últimos detalles visuales –decorados, atrezzo– y sonoros, canciones como la del río de Rosalía, las menciones a Chavela Vargas, los libros como subtexto... Pero tal vez los reencuentros y rememoraciones, los amores homosexuales del protagonista y la evocación del primer chispazo de deseo sexual, introducidos con demasiados “deus ex machina”, le resulten artificiosos, algo forzados. Igual que la insistencia en las drogas, la explicación de las “asignaturas” de geografía y anatomía, o el preparado de los fármacos pulverizados para una más fácil ingesta. El director ama sin duda a los personajes, y se agradece una mirada amable, no es ésta una película de ajustes de cuentas ni amarga. Estamos ante una reivindicación del arte como forma de vida, no sólo en el sentido de ganarse un sueldo, sino como casi la única forma de seguir existiendo y soportando este mundo y encarar la inevitable muerte, de encontrar algo parecido a la fe que mueve montañas cuando se carece de una fe religiosa. Y esto, y ciertas pulsiones de puro sentimiento, son las emociones a las que caba agarrarse en el claroscuro de la vida, llena de dolores, y en que los momentos de gloria, desde el punto de vista almodovariano, son escasos y esquivos. Da gusto ver un conjunto de personajes bien perfilados como el de este film, incluso los numerosos secundarios: el médico (Pedro Casablanc), la actriz (Cecilia Roth), el moderador del coloquio (Julián López), la beata del pueblo (Susi Sánchez), el padre de Salvador (Raúl Arévalo), la madre de Salvador ya anciana (Julieta Serrano), la ayudante de Salvador (Nora Navas)... También está bien Salvador niño (el debutante Asier Flores), y por supuesto Penélope Cruz (una madre que compone con desparpajo), Asier Etxeandia (el actor que no se hablaba con Salvador), Leonardo Sbaraglia (un amor reaparecido), y Banderas, que lleva el peso de la película con gran dignidad.
6/10
(2019) | 100 min. | Comedia Tráiler
Película escrita y dirigida por Lulu Wang, cineasta nacida en China, pero formada en Estados Unidas, donde reside. La trama parte de su experiencia personal, lo que se nota, para bien, y se centra en Billi, una joven de origen chino, pero que se trasladó a Nueva York con sus padres cuando era una niña. Tiene dificultades para vivir una vida independiente, y a ello se suma una terrible noticia, a su abuela Nai Nai, a la que siempre ha estado muy unida, le han diagnosticado un cáncer terminal, y apenas le auguran tres meses de vida. La familia decide ocultar la enfermedad a la anciana, y hacen planes para reunirse todos en la ciudad de Changchun, con la excusa de la boda de un primo de Billi con una chica japonesa. De modo que los dos hijos de la enferma, que viven fuera de China, y el resto de la parentela, podrán despedirse de Nai Nai. Siguen calando en Estados Unidos las historias de chinos afincados ahí, tras el inesperado éxito de Crazy Rich Asians. Aquí tenemos una comedia amable, que invita a considerar las diferentes costumbres en Oriente y Occidente. En efecto, para un no-chino –y Billi, que casi toda su vida la ha pasado en Estados Unidos, de hecho habla con dificultad el idioma de sus ancestros, podría considerarse en parte una no-china–, resulta incomprensible que no se le comunique a Nai Nai su grave estado de salud, para que pueda exprimir los días que le quedan, despedirse, arreglar asuntos pendientes, etcétera, pero como el film sabe apuntar, late también el altruismo en la decisión de no decir nada a la afectada, de modo que es la familia la que asume la pesada carga. El film dibuja muy bien a los numerosos personajes, incluso los que tienen una presencia menor, como el gordito adolescente Bao, pegado a la pantalla de su teléfono móvil, por citar sólo un caso. Y centra la atención en la perplejidad de la protagonista, toda emotividad, Awkwafina sabe encarnar muy bien su manojo de sentimientos contradictorios, donde conviven la pena, la sensación de que debería decir algo a su abuela, y la comprensión de que también hay algo noble en el otro punto de vista. Además, ella misma no es sincera con sus padres, pues les oculta por ejemplo que le acaban de denegar una beca. Resulta entrañable el dibujo de la relación abuela-nieta, pero también tienen entidad las conversaciones de Billi con su padre y su madre, y con su tío, o las más colectivas reuniones familiares, que sirven para abordar la cuestión de la inmigración y cambio de país, con lo que conlleva de nuevas costumbres y conservación de las del país de origen, el famoso choque cultural. Los pasajes emotivos conviven con los humorísticos, en perfecto y suave equilibrio, evitando cualquier tipo de estridencias.
7/10
(2018) | 120 min. | Documental Tráiler
En 1972, Sydney Pollack ya era un reconocido realizador, que tenía en su haber una larga trayectoria televisiva y largometrajes como Propiedad condenada o Danzad, danzad, malditos. Ese mismo año lanzaría Las aventuras de Jeremiah Johnson. Sin embargo, por razones inexplicables no usó claquetas cuando le reclutaron para filmar en vivo a Aretha Franklin, por lo que el material resultaba muy complicado de montar. De esta forma, ha permanecido inédito durante décadas, hasta que lo ha rescatado el productor Alan Elliott, que ha conseguido sincronizar la imagen con el sonido gracias a la tecnología actual. A continuación, se topó con la negativa de la propia protagonista, que no se sabe por qué estaba en contra de que se recuperase la cinta. Tras el fallecimiento de la misma, ha conseguido llegar a un acuerdo con los herederos, por lo que al fin se estrena en salas. Una pena que no hubiera llegado antes a los cines. Este pequeño tesoro muestra las dos sesiones de grabación que la diva llevó a cabo en una iglesia baptista de Los Ángeles. Tras revolucionar el soul, encadenando varios éxitos seguidos, la cantante abrirse a otros caminos, recuperando en un disco las canciones de góspel que ella misma entonaba durante su infancia. La selección musical no podía ser más impecable, todos los temas pueden ser considerados obras maestras, con letras profundas de temática religiosa, como corresponde al género. El posterior autor de Memorias de África logra sin grandes aspavientos capturar la magia de ambas veladas. Sobre todo se luce la propia Franklin, cuya voz no sólo se distingue por su potencia, y su prodigiosa técnica, sino que tiene algo especial que la hace única. Está bien acompañada por músicos de primera categoría y un sorprendente coro. Además, el film muestra al propio Pollack en plena faena y tiene momentos emotivos, como cuando uno de los coristas no puede evitar llorar, contagiando al resto de los presentes, o la intervención del progenitor de la estrella, que recuerda cuando entonaba estas canciones a una tierna edad.
8/10
(2019) | 103 min. | Aventuras | Animación Tráiler
Tras seis años de espera llega la secuela de Frozen, una de las películas animadas de mayor éxito en la historia de Disney, que ofrecía una aventura inspirada en el clásico de Hans Christian Andersen “La reina del hielo”, aunque los personajes eran más bien de creación propia. Los mismos directores y guionistas, Chris Buck y Jennifer Lee han tenido tiempo de sobra para inventar una nueva historia con la que encandilar a grandes y pequeños. La trama de Frozen II retoma el hilo en la idílica vida del pueblecito de Arendell, en donde ya viven reunidas las dos queridas hermanas, la blanca reina Elsa y la pelirroja Anna. Ésta es pretendida en matrimonio por noble y patoso Kristoff, que no acierta a encontrar el momento propicio para pedirle la mano. Pero su tranquila existencia va a terminar cuando Elsa acude a una llamada interior que la empuja hasta un lejano y mágico bosque donde vive la tribu de los Northuldra. Y allí llegará acompañada de Anna, Kristoff, el reno Sven y, cómo no, el muñeco de nieve Olaf. Visualmente se trata de una película preciosa, donde el equilibrio de los colores –casi siempre suaves– y la textura de los dibujos, su volumen y perfección, supera en belleza incluso al film original. Hay encanto en cada fotograma, en cada gesto, en cada mueca y movimiento, y eso pese a que no hay escenas especialmente asombrosas (quizá porque todo lo es). El ritmo es adecuado y se entremezclan bien la acción, el humor, el drama y el musical. Quizá se ve mejor la primera parte del relato que la segunda, en donde hay algo de confusión en la trama y falta ajuste narrativo en las acciones paralelas, por lo que puede dar la sensación de que el desenlace llega demasiado bruscamente. Pero más allá de esos detalles y de lo puramente formal la historia atrapa. Narra la necesidad de buscar respuestas ante los interrogantes que nos presenta la vida. En este caso Elsa siente que no está donde debe estar, que le falta algo. ¿Pero quién es ella? ¿De dónde viene? ¿Por qué posee su magia? Fiel a la procedencia del relato se introducen aspectos paganos en forma de las divinidades de Tierra, Agua, Fuego y Aire, elementos que componen al armonía de la naturaleza. Y, por supuesto, no faltan actos de sacrificio, de valentía, de superación ante las dificultades, donde se habla de la importancia de dar el paso correcto en los momentos de prueba, de abatimiento, cuando nada parece tener ya sentido. Cuestión aparte merece la banda sonora de Christophe Beck y las muchas y estupendas canciones que salpican toda la narración, varias deliciosas, especialmente “All is Found”, “ Some Things Never Change” y “Into the Unknown”. Cada personaje tiene su momento musical y en ellos se incluyen letras que no son nada ligeras: “Hay cosas que nunca cambian”, “hay cosas que siempre son verdad”, sentencias que no están nada mal en tiempos de relativismo y que casan bastante con el sentido clásico de la narración. Y a lo largo del film nunca falta el humor, con numerosos gags, los mejores de los cuales vienen por supuesto de la mano del muñeco Olaf.
6/10
(2019) | 98 min. | Comedia Tráiler
Isidro está jubilado pero siente que aún puede hacer mucho más que gastar sus días como canguro de su nieto. Acude con ilusión a entrevistas de trabajo pero pronto se da cuenta de que ése no es ya el camino hacia su futuro. Desesperado, tendrá por fin una lúcida idea: la de fundar su propia empresa con ayuda de sus dos inseparables amigos, Desiderio y Arturo. El objetivo será crear una guardería. Magnífico debut en el largometraje del extremeño Santiago Requejo (1985), que cuenta con una larga y exitosa trayectoria en cortometrajes y piezas audiovisuales. Ofrece con Abuelos una mirada divertida, fresca y reconfortante a la edad madura, en tiempos en los que las virtudes propias que da la experiencia están rebajadas por el predominio tecnológico y la inmediatez de los negocios. Requejo enseña en este film que la juventud y el éxito no dependen tanto de la edad como de las ganas de emprender nuevos caminos y desafíos, no sólo profesionales, sino sobre todo interiores, personales, esos retos que precisamente los años y las dificultades nos pintan por imposibles. Hay que tener empuje para asumir ese planteamiento, sí, quizá haya que tomar decisiones arriesgadas y las dificultades –tedio, rutina, falta de autoestima, cansancio, escasez económica, familia– no se van a esfumar, pero hay que lanzarse y está en la mano de cada uno llevarlo cabo. El guión de Javier Lorenzo y el propio Santiago Requejo no da puntada sin hilo. Se ve que hay detrás una labor depurada de precisión, donde los diálogos nunca suenan a relleno, ayudan al avance de la narración, enriquecen la trama. Pero aquí interesan las personas y sobre todo se percibe un encomiable trabajo a la hora de perfilar a los personajes, muchos y muy variados. Resulta especialmente llamativo que hasta los más secundarios –el matrimonio de Carlos y Lola, la hija de Arturo, la mujer de Isidro- tienen su tiempo y su arco de evolución, nada se olvida. Y no digamos ya los tres amigos protagonistas, cada uno con sus cuitas y dudas, sus miedos y cobardías, sus afanes y alegrías, donde la fuerza de la amistad siempre ejerce de tapiz de fondo. La narración se desarrolla con soltura y, aunque los conflictos poseen entidad dramática, la historia se disfruta constantemente con una media sonrisa, si bien es cierto que en algún momento puede asomar la carcajada. Rodada con corrección y cierto clasicismo, el film está acompañado de un aparato técnico a la altura, con tonalidades cromáticas elegidas sin arbitrio en la fotografía de Ibon Antuñano y con la excelente música de Íñigo Pirfano, que envuelve de sentido las imágenes en escenas escogidas. Todo el reparto brilla en su trabajo, pero quizá destacan especialmente los españoles Ramón Barea, Ana Fernández y Roberto Álvarez y la argentina Clara Alonso.
7/10
(2019) | 124 min. | Cine negro | Drama Tráiler
Año 1975, cuando se presiente que Francisco Franco está a punto de morir. Tras abandonar la policía, Germán Areta se establece como investigador privado, alquilando una oficina, con secretaria, y requiriendo los servicios de El Moro, antiguo delincuente, como ayudante. Pronto, requiere sus servicios una misteriosa mujer, que no quiere dar muchos datos, al estar casada, pero le requiere para averiguar quién mató a su amante, el sastre Narciso Benavides, pese a que la policía ha catalogado el caso como suicidio. Con El crack, de 1981, y su continuación, El crack II, de 1983, José Luis Garci trasladaba a la Gran Vía madrileña al típico detective de novela negra, muy al estilo de Philip Marlowe, creado por el novelista Raymond Chandler, que interpretó en la pantalla Humphrey Bogart. Recuperaba como protagonista a Alfredo Landa, con quien había rodado Las verdes praderas, que con su increíble transformación en el duro Areta demostraba por fin que daba para mucho más que para las comedias en las que perseguía suecas en la década anterior. A sus 75 años, el realizador ha acertado al recuperar al personaje, en una precuela de la saga, su mejor trabajo de los últimos años, que sigue el patrón de sus dos precedentes, pero rodado en blanco y negro, por primera vez en la filmografía del autor con cámara digital. Si dedicaba las dos primeras a Dassiell Hammett y al citado Chandler, en esta ocasión rinde tributo a un tercer maestro, James M. Cain, responsable de El cartero siempre llama dos veces. Ha dispuesto de un presupuesto muy reducido, por lo que la mayor parte de la acción se desarrolla en interiores muy reducidos, pero esto juega a favor del film, pues se logra una atmósfera de cine de serie B. Al parecer ha tenido que recurrir incluso a su propio despacho como localización, y hasta se ha visto obligado a utilizar algunos planos rodados para Solos en la madrugada del centro de Madrid, porque éste ha cambiado bastante desde la época que se pretende retratar, y no había dinero para retoques digitales. Precisamente, vuelve a ser una obra nostálgica, como ocurre en la mayor parte de la filmografía del cineasta, pues además los diálogos recuerdan a deportistas, músicos y figuras del cine de antaño. Garci ya no ha podido escribir el guión con su habitual colaborador Horacio Valcárcel, ya fallecido, así que ha reclutado a Javier Muñoz, director del sorprendente pero desconocido film Sicarivs: La noche y el silencio. El libreto versa sobre el desencanto, pero también sobre la capacidad de refugiarse en un pasado idealizado, donde cada uno puede sentirse a salvo porque lo conoce a la perfección. Este tema da pie a un desenlace emotivo. Logra intrigar al espectador, pese a que quizás el desarrollo de la investigación se alargue demasiado, lo que provoca un bajón de ritmo hacia la mitad, que después se consigue remontar. Como siempre, Garci recurre a los mejores actores, capaces de hacer creíbles diálogos en ocasiones demasiado literarios o con referencias un poco forzadas. Resultaba especialmente difícil sustituir al carismático Landa, ya fallecido. Ha sido una buena elección Carlos Santos, ganador del Goya al actor revelación por convertirse en Luis Roldán, en El hombre de las mil caras. Sorprende más, por inesperada, la caracterización de Miguel Ángel Muñoz, como El Moro, que actúa sobre todo como contrapunto cómico, en un rol que bordó en su momento Miguel Rellán. No desentonan Pedro Casablanc, como El Abuelo, comisario que antaño fue José Bódalo, y Cayetana Guillén Cuervo, como astuta proxeneta. Quizás desentona Macarena Gómez, un tanto sobreactuada.
6/10