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La emperatriz
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La emperatriz

Die Kaiserin

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Reparto

Sinopsis oficial

El apasionado romance entre la rebelde Elizabeth (Sissi) y Franz, el emperador de Austria, trastoca por completo la estructura de poder de la corte vienesa. Después de la boda, la joven emperatriz tiene que reafirmar su posición no solo ante su suegra, la soberbia y ambiciosa Sophie, sino también ante Maxi, el hermano de Franz, que desea tanto el trono como a la propia Sissi. Mientras las tropas enemigas se apostan en las fronteras del Imperio de los Habsburgo, los vieneses se sublevan contra el emperador. Elizabeth tiene que discernir de quién puede fiarse y descubrir el gran precio que debe pagar por ser una auténtica emperatriz y un símbolo de esperanza para su pueblo.

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Crítica La emperatriz (2022)

Aires nuevos en el viejo imperio

Aires nuevos en el viejo imperio

Serie alemana sobre una de las mujeres que ha suscitado mayor fascinación en la historia reciente europea, Isabel de Baviera (1837-1898). Llamada familiarmente Sissi, con apenas dieciséis años se casó con el emperador Francisco José y pasó a convertirse así en la emperatriz de Austria. La literatura y el cine han poblado de relatos referentes a esta mujer la imaginería popular, las más de las veces haciendo hincapié en el componente romántico, véase la serie de películas protagonizadas por Romy Schneider en la década de los 50, pero en donde también se dejaba entrever su carácter díscolo y rebelde, una faceta que al parecer la acompañó toda su vida.

La emperatriz relata en su primera temporada únicamente acontecimientos referentes al primer año de matrimonio con Francisco José y se inicia cuando éste la elige a ella en lugar de a su hermana mayor Helena, que era la designada para subir al trono. El amor será el motor de ese impulso y no únicamente una decisión de estado, cuestión ésta que será continuamente recriminada por la madre del emperador, la archiduquesa Sofía de Baviera, que maneja con mano dura el funcionamiento del Palacio de Schönbrunn. Son tiempos convulsos en Europa, las mentalidades están cambiando y el pueblo, pobre y hambriento, se rebela contra aristócratas y nobles. Las relaciones internacionales son también inestables y el emperador duda si mantenerse al margen en las desavenencias entre Rusia y Francia. Y además en su propia casa urden conspiraciones, no sólo de enemigos “externos” sino también lideradas por el hermano pequeño del emperador, Maximilano.

Estamos ante una serie poderosa, cuidada visualmente en sus más mínimos detalles. El personaje de Isabel resulta magnético y el guión le aporta ese carácter sumamente atractivo, adelantado a su época, capaz de enamorar al emperador, un joven recto y sensible a los cambios sociales que está experimentando su imperio. La relación entre ambos está muy bien contada, al igual que la evolución que va experimentado según se desarrolla la vida en la corte. El equipo de guionistas, con la creadora de la serie –Katharina Eyssen– a la cabeza sabe mostrar las dificultades de ese amor, las trabas que sufre Isabel cuando su libertad de movimientos es impedida, siempre al compás de las rígidas reglas de la corte, la dificultad de Francisco José por compaginar los deseos de su corazón y sus deberes de estado, etc. Resbala desgraciadamente en su visión de la religión, prácticamente ausente en la vida diaria de un matrimonio de monarcas católicos que, como es sabido, eran profundamente creyentes. Y un obispo bastante antipático es el único referente de la Iglesia.

La emperatriz tiene por otra parte su vertiente típica de este tipo de historias palaciegas, en donde los culebrones políticos o familiares son comunes. Así sirve para alimentar el drama la presencia constante de la madre autoritaria, aparentemente insensible y enemiga de los nuevos aires traídos por Isabel, volcada en su misión política de mantener incólume un imperio que ya da muestras de desmoronamiento. La ficción se extiende aún más con las reuniones furtivas de Maximiliano, sus acercamientos sospechosos hacia la joven emperatriz o los planes revolucionarios de parte del personal de palacio, punta de lanza de una traición que pende sobre el emperador. Son elementos que alimentan la trama dramática y ayudan a comprender los entresijos de una fascinante corte europea y cómo las pasiones y dramas humanos de unos pocos pueden configurar el destino de millones de personas.

Los seis episodios de la primera temporada, cada uno de una hora de duración aproximadamente, están dirigidos por Florian Cosse y Katrin Gebbe. La puesta en escena está esmeradamente cuidada, con un uso equilibrado de estancias, pasillos y parques, y con excelente planificación en los escasos pasajes fuera del palacio. Entre esa elegancia y pulcritud de escenarios chocan a veces imagenes más groseras, encuentros sexuales o desnudos las más de las veces innecesarios. El relato por lo demás corre con gran fluidez de un personaje a otro y siempre interesa. Hay que aplaudir el maravilloso casting elegido, sobre todo con la elección del personaje principal para la joven actriz Devrim Lingnau, de una belleza deslumbrante, a la altura del mito de Sissi. Logra involucrarnos con su espíritu juvenil, rebelde, independiente, con esa mirada pícara y con su temperamento alegre, fuerte y bondadoso. Le acompaña un meritorio Philip Froissant como el ecuánime y enamorado emperador y también una carismática y estupenda Melika Foroutan, la suegra de carácter indomable.

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