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Lista de cine

Lista de películas puntuadas con 4 en amor

(1965) | 199 min. | Histórico | Drama
El paso de Jesús por la Tierra, narrado con exquisita sensibilidad. Espectacular acercamiento al relato evangélico, la película cuenta la vida de Jesús de Nazaret, desde su nacimiento en Belén, pasando por su predicación y milagros, hasta su muerte en la cruz, resurrección y subida al cielo. Como se ve, el film abarca un gran arco de tiempo y narra los hechos a menudo minuciosamente. Quizá debido a su excesivo metraje –"La historia más larga jamás contada", le han llamado algunos sarcásticamente– pueda resultar en ciertos momentos algo pesado, pero a la vez se trata de una obra magna e inolvidable. Fue dirigida por George Stevens, aunque parece que le echaron un cable David Lean y Jean Negulesco.
6/10
(2016) | 70 min. | Documental Tráiler
En 2005 El gran silencio, de Philip Gröning, sobre frailes de clausura cartujos en Francia, reavivó a nivel internacional el interés por la vida monacal, ya que el público se sorprendía gratamente ante la paz interior de los monjes. Ahora la francesa establecida en Holanda Anne Christine Girardot, procedente de la televisión, está al frente de otro documental que se adentra en la vida de religiosos, en esta ocasión cistercienses de Sión, en los Países Bajos. Ante la crisis de vocaciones, éstos han puesto en venta su enorme monasterio, construido para 120 personas, porque su número se ha visto reducido a siete, así que conviene mudarse a Schiermonnikoog, la Isla de los Monjes Grises, al norte del país, donde se originó la congregación. La realizadora, que fue la primera mujer en poder entrar en el interior de las instalaciones, indaga con enorme sensibilidad en la profunda relación con Dios de las personas que retrata, que le tienen presente en todo momento. En el segmento inicial se pregunta cómo decidieron enclaustrarse, lo que desvela historias bastante diferentes. Indaga también en sus miedos e inseguridades ante el cambio radical que van a acometer en sus vidas, pero en ellos predomina una actitud positiva ante un nuevo comienzo, lleno de esperanza. Se analiza también cómo influye su marcha en la comunidad, pues se entrevista a algunos afectados, entre ellos personas que llevan décadas acudiendo a la misa que ofrecen el domingo. El film, de ágil montaje, viene a concluir que en una sociedad cada vez más secularizada, adquiere más valor que nunca vestir los hábitos, para dar testimonio de la presencia de Dios en el mundo, en un momento en el que cada vez más gente lo ha eliminado de sus vidas. Está relacionado con esta temática la que quizás sea la mejor secuencia, donde los protagonistas sorprenden a un grupo de niños del que va a ser su nuevo emplazamiento. Algunos de ellos admiten que jamás habían visto a un fraile.  
6/10
(1998) | 128 min. | Romántico | Drama
Un veterano trompetista de jazz desea vender su trompeta. Cuando la toca por última vez, antes de desprenderse de ella, el dueño del establecimiento recuerda esa música. Y viene la historia de un hombre que ha pasado toda su vida en el interior del transatlántico donde nació. Allí fue abandonado por su madre y adoptado por un maquinista, que le puso el nombre de Mil Novecientos ("Novecento") por nacer en tal año. Nuestro hombre se convirtió allí en un mítico virtuoso del piano, que hacía una música genial con la que expresaba su rico mundo interior. Cuando descubre el amor piensa en descender a tierra firme, pero... Película romántica hasta los tuétanos, es, sencillamente, una auténtica gozada. La historia atrapa el corazón de cualquier persona con un mínimo de sensibilidad, al ofrecer una hermosa metáfora sobre la soledad del artista. La música, preciosa, se debe a Ennio Morricone. El director Giuseppe Tornatore (Cinema Paradiso) concede todo su sentido a esas palabras con que empieza el film: "No estás acabado mientras tengas una buena historia y alguien a quien contársela". Escenas como el duelo entre los dos pianistas, o la composición inspirada por el amor, son sobrecogedoras. Un film a descubrir, con una magnífica interpretación de Tim Roth.
8/10
(1993) | 194 min. | Histórico | Drama
Clavado en la memoria tenemos el angustiado rostro de Liam Neeson, con ojos llorosos y gesto desesperado, mientras a su alrededor se aglomera un grupo de hombres y mujeres dramáticamente enternecidos: “El coche. ¿Por qué me quedé el coche? Valía diez personas. Diez personas. Diez personas más… Esta pluma. Dos personas. Es de oro… Dos personas más… Él me hubiera dado dos personas por ella, al menos una. Una persona más. Una persona, Stern. Por esto… ¡Pude haber salvado a una persona más y no lo hice! ¡Y… y no lo hice…!”. Steven Spielberg nos ha estado preparando para ese final durante tres horas de película. Un final melodramático que expresa algo terrible: hasta dónde ha podido llegar la bajeza humana, capaz de vender la vida de un semejante por… una pluma. La lista de Schindler es probablemente la mejor película sobre el Holocausto jamás filmada y también la más triste. Cuando se estrenó en 1993 muchos pensaron que a partir de ese momento ya no habría más películas sobre el mismo tema. Con La lista de Schindler ya todo estaba contado. Y, pese a que nos equivocamos, ninguna hasta el momento ha podido superar la entidad dramática y cinematográfica de la obra maestra de Spielberg. El director recibió por la película una recompensa largamente acariciada. La Academia se volcó con ella, otorgándole siete Oscar, entre ellos los correspondientes a la mejor película, mejor guión y mejor dirección. Antes Spielberg había fracasado –en cuanto a premios se refiere– con El color púrpura (11 nominaciones y ningún premio), E.T., el extraterrestre, En busca del arca perdida y Encuentros en la tercera fase. Ahora se consagraba definitivamente para un sector de la crítica, que siempre le había considerado el niño mimado por el público, un experto en hacer dinero con historias infantiles que ensalzaban los sueños y las aventuras por encima de las historias reales y los conflictos dramáticos. El director de Cincinnati necesitaba una película grande, monumental, un proyecto definitivo para demostrar su impresionante talento. Y lo encontró gracias a un libro del australiano Thomas Keneally donde se narraba la historia de Oskar Schindler, el empresario alemán que salvó a cientos de judíos de una muerte segura durante la II Guerra Mundial. Septiembre de 1939. Los nazis invaden Polonia. Los judíos son internados en guetos, son asesinados en las calles, son enviados a los campos de concentración. El alemán Oskar Schindler ve en la situación un medio de prosperar económicamente y comienza una interesada relación con los militares más poderosos para poner en marcha una fábrica. La mano de obra no es problema, ya que procederá de los campos de concentración… Schindler logra hacerse con los servicios de Itzhak Stern, un judío que se hará realmente cargo del negocio, mientras que él se ocupará de la labor de salón con la cúpula nazi, con el objetivo de elaborar una lista de trabajadores judíos que estarán únicamente bajo su protección. Sin embargo, lo que empieza como un medio lucrativo acaba convirtiéndose en la obsesión –empeñando su dinero y su futuro– por arrancar a cuantas más personas mejor de la garras psicópatas de Amon Goeth, oficial al mando de uno de los campos. La lista de Schindler es la historia de un héroe y un monumento a la dignidad humana, pero ambas cosas se hacen patentes poco a poco, tras un denso y trágico velo. Spielberg muestra a un Oskar Schindler nada ejemplar: vanidoso, mujeriego y hedonista. Un dandy oportunista que tardar cierto tiempo en comprender la barbarie nazi y en implicarse totalmente contra el holocausto. Además es el mismo horror el que produce una toma de partido por todo aquello que tenga aliento de vida. El asco y la repulsión de algunas imágenes no son aptas para paladares muy sensibles. La elección de actores es realmente acertada. Tipos como Harrison Ford, Bruno Ganz o Stellan Skarsgård fueron considerados para el papel de Schindler, pero fue Neeson quien finalmente bordó el itinerario interior de su personaje. Ralph Fiennes, por su parte, es un Amon Goeth estremecedor y acaba siendo como una reencarnación del Mal. Los distintos apartados técnicos funcionan a la perfección, desde el guión de Steven Zaillian, que presta atención minuciosa a los numerosos personajes y a la riqueza de sus diálogos, hasta la meticulosa labor de montaje, obra de Michael Kahn. Pero, ante todo, Spielberg sabe cómo jugar con los sentimientos de modo admirable y algunos pasajes quedan grabados para siempre en la memoria (los niños buscando refugio, las mujeres en las duchas de Auschwitz, los juegos asesinos de Goeth…). La formidable fotografía en blanco y negro de Janusz Kaminski aporta a la cinta una sólida entidad histórica, próxima en ocasiones al género documental, como en las escenas del gueto. Y la música del maestro John Williams suena como un desgarrador lamento imposible de olvidar.
8/10
(2011) | 7 min. | Animación
Tres generaciones de una familia. Es de noche y realizan su trabajo de limpiar la luna de las estrellas que caen sobre su superficie para que ofrezca el aspecto deseado. Abuelo y padre desean que el más pequeño haga las cosas a su modo, pero con todo su cariño, el chico encontrará su propio camino. Delicioso y poético corto de Pixar, estrenado en cines acompañando a Brave (Indomable), cinta con la que comparte temas. Sin palabras, al menos inteligibles, es un cuento precioso sobre el final de la infancia y la educación, de gran sensibilidad. Su planteamiento e imágenes recuerdan, aunque los temas sean distintos, a "El principito" de Antoine de Saint-Exupéry.
8/10
(2019) | 119 min. | Drama Tráiler
Futuro próximo, paisaje postapocalíptico. Un padre viaja con su hija Rag, vestida de chico, por parejes boscosos, evitando en lo posible el contacto con otras personas. Una epidemia ha diezmado la población femenina, y el mundo se ha convertido en un entorno más hostil de lo que solía, donde las mujeres, que escasean, son víctimas propicias. El progenitor hará lo que sea para proteger a su pequeña, tal y como prometió a la esposa y madre, aunque puedan parecer exageradas sus medidas de prudencia, sobre todo a los ojos de la inocente Rag. Película escrita, dirigida, producida y coprotagonizada por Casey Affleck, el todoterreno cineasta logra crear la deseada atmósfera de incertidumbre distópica donde conviven el temor y el amor, un tipo de desasosiego muy contemporáneo. Puede hacer pensar en títulos como The Road (La carretera), que adaptaba una novela de Cormac McCarthy, o en menor medida en Hijos de los hombres, también con fundamento literario, la obra homónima de P.D. James. Affleck ha dado con una niña muy expresiva, Anna Pniowsky, que sabe encarnar una viva inteligencia, junto al desconcierto por el tipo de existencia que le toca llevar, y las dificultades de mantener la conexión con una madre que para ella se reduce a poco más que una arrugada fotografía. La relación con el padre protector, desencantado por el destino del mundo y la ausencia de su esposa, al que mantiene en pie sólo el amor por su hija, a la que querría dar algún tipo de futuro, aunque no sepa cuál, está bien dibujada. Affleck actor hace un buen trabajo, y también, aunque con mucha menor presencia, la “doncella” Elisabeth Moss. De modo que en un mundo brutal, asoman también las actitudes que hacen mejor al hombre, con su entrega condicional y disposición para el sacrificio, la generosidad de quien es capaz de arriesgarlo todo, movido por su fe cristiana, el ejemplo luminoso de Jesús, su maestro. Con tempo tranquilo, y muchos silencios, Affleck sabe contar su historia y convertir en cine una trama de esperanza en tiempos oscuros, hay que confiar en la providencia y en el prójimo. Y demuestra que no hacen falta discursos grandilocuentes de feminismo rampante para hacer eficaz su sobria propuesta.
7/10
(2016) | 133 min. | Drama Tráiler
Hastiado de su experiencia en la Primera Guerra Mundial, Tom Sherbourne busca tranquilidad y llega a Australia para hacerse cargo de un trabajo bastante peculiar. Se trata de ser farero en el islote de Janus, un lugar inhóspito lindante con la Antártida, justo entre los océanos Pacífico y Atlántico, a cientos de kilómetros de la civilización. Antes de llegar a su destino conocerá a Isabel Graysmark, una joven llena de vitalidad y ambos se enamorarán hasta la médula. Tanto es así que al poco tiempo, ya casados, ella marchará a vivir con él a la solitaria Janus. La pareja esperará con ansia la llegada de un hijo. Sentida adaptación de la novela homónima de M.L. Stedman a cargo del director Derek Cianfrance, que obtuvo una gran acogida con sus dos películas anteriores, Blue Valentine y Cruce de caminos. Vuelve el director de Colorado a indagar en los sentimientos más hondos del corazón humano, capaces de generar enormes conflictos y también acciones de impresionante generosidad. En este caso, unido al amor conyugal se alza imponente el instinto de maternidad, una fuerza femenina de tal magnitud que es capaz de arrastrarlo todo a su paso. Valiéndose de unos escenarios naturales enormemente bellos (el film fue rodado en localizaciones de Nueva Zelanda y Australia), la cámara de Gianfrance ofrece unas imágenes subyugantes de la isla y sobre todo en su primer tramo se opta por la contemplación, por momentos idílicos del amor, una explosión de felicidad que inunda a los personajes acentuada por el delicado e inspirado piano de Alexandre Desplat. Y así hasta que en un “in crescendo” sostenido el núcleo de la trama dé lugar a un derroche exacerbado de sentimientos y desgarros emocionales que desembocan en una suerte de culebrón de alta temperatura afectiva, en donde el dolor, las dudas y la bondad de los personajes darán cabida al egoísmo y la desesperación, pero también al perdón, la renuncia, la asunción de la culpa y la búsqueda de redención. Todo este cúmulo de sentimientos (herencia sin duda de su diseño literario estilo superventas) puede hacerse excesivo, sobre todo hacia el desenlace, pero se muestra con eficacia extraordinaria gracias a unos actores de mucho talento. Lo que en otras manos hubiera resultado de un empalago lacrimógeno inaceptable, en las del trío formado por Michael Fassbender, Alicia Vikander y –en menor medida– Rachel Weisz se convierte en algo tan arrollador como verosímil, de una intensidad melodramática difícil de superar.
6/10
(1986) | 125 min. | Drama Tráiler
La misión de Roland Joffé se ha convertido en un auténtico clásico moderno. Producción del británico David Puttnam, de cuya mano han salido títulos como Los duelistas, El expreso de medianoche, Carros de fuego y Los gritos del silencio (esta última dirigida en 1984 también por Joffé), narra con aplomo una de las gestas españolas en el nuevo mundo: la evangelización de los indios guaraníes, llevada a cabo por los jesuitas en las conocidas reducciones. Estas instituciones donde el evangelio se diría hecho realidad, junto al hermosísimo paisaje (increíbles las cataratas de Iguazú, fotografiadas con pericia por el oscarizado Chris Menges), parecen restituirnos al paraíso perdido. Pero cuestiones políticas de diversa índole podrían dar al traste con todo. La historia, escrita por Robert Bolt (Lawrence de Arabia, Doctor Zhivago, Un hombre para la eternidad), transcurre en el siglo XVIII, cuando España y Portugal han llegado a un acuerdo político, plasmado en el Tratado de Madrid, para gestionar sus colonias americanas. Una consecuencia “colateral” de tal tratado es que los jesuitas, que tienen una misión en tierras de los guaraníes, en Brasil, deberían abandonar el lugar. Pero el padre Gabriel (Jeremy Irons), que esta al frente de la misión, se resiste a dejar a esas almas que tiene encomendadas. Contará con la ayuda de los otros padres, entre los que destaca Rodrigo Mendoza (Robert De Niro), un antiguo traficante de esclavos, que está tratando de redimirse de su pasado disoluto. La película da un magnífico ejemplo de lo que se ha dado en llamar inculturación. Para transmitir a los indígenas la fe cristiana, el padre Gabriel se sirve de la música, y gracias a su oboe logra comunicar con ellos. A este respecto la música del genial Ennio Morricone se revela memorable, con temas hermosísimos, incluido el Ave María guaraní. Para Joffé, que trabajó codo con codo con Bolt, cuyo estado de salud entonces era delicado, la cosa está clara: “Sentí que había algo muy hermoso en aquello que los seres humanos pueden compartir, y aquello se convirtió en la raíz de la historia para mí”. Una de las cosas que mejor funcionan en el film es la diferencia de caracteres entre el padre Gabriel, apóstol convencido de la no violencia y del poder de la oración, y Rodrigo, que debido a su pasado guerrero es partidario de no quedarse de brazos cruzados y combatir la injusticia. Además de a Irons y De Niro, pueden verse en el reparto a unos entonces jovencísimos Liam Neeson y Aidan Quinn.
8/10
(2017) | 30 min. | Aventuras | Animación
Cuento de Navidad de Frank McCourt, conocido sobre todo por su novela basada en recuerdos familiares que dio lugar a la película homónima Las cenizas de Ángela. De hecho la Ángela a que alude el título es la misma persona, o sea, su madre, aquí una niña. Incide el sentido cristiano de estas fiestas. La sencilla trama con la puntual voz en off de un narrador transcurre en Nochebuena. Ángela va a misa de gallo con su madre viuda y sus hermanitos. Allí le conmueve ver al Niño Jesús sólo con sus pañales, piensa que tendrá frío. De modo que cuando nadie lo advierte, toma al Niño con intención de llevárselo y arroparle en su casa, para que esté calentito. Aunque la animación de Damien O'Connor incide en una Irlanda oscura, gris y desangelada, de gente más bien tristona, y en que el cura masculla un sermón del que apenas escuchamos sonidos inconexos que no pueden interesar a ningún fiel, domina el espíritu positivo de la Navidad en la vida corriente, con algunos momentos tiernos en torno a la familia de Ángela, y en la resolución del film, cuando todos al completo acuden a devolver al Niño a la Iglesia y son sorprendidos por el sacerdote.
6/10
(2004) | 127 min. | Histórico | Drama Tráiler
Muchas películas abordan la vida de Jesús de Nazaret, con más o menos fortuna. Todas se han enfrentado a diversos obstáculos, en cuanto a la posible acogida del público. Está el espectador cristiano, conocedor de los hechos históricos, que alimentan además su fe: público exigente, que no va a aceptar cualquier cosa a la hora de ver representado a su Señor. Luego existe un público amplio, más o menos creyente, que cree conocer el evangelio, aunque en el fondo sólo tiene una idea vaga del mismo, quizá por recuerdos de infancia. También hay que señalar al espectador agnóstico o ateo, con frecuencia reticente a un posible intento de ‘ser evangelizado’, y que no desea dedicar un minuto a algo que huela a religioso. A la dificultad de llegar a un público tan heterogéneo, se suma otra realidad: los evangelios incluyen multitud de relatos, parábolas, milagros, enseñanzas, invectivas, viajes..., en los que intervienen numerosos personajes. Dar unidad a todo, y presentarlo atractivo y creíble, no resulta sencillo. Y de pronto, llega Mel Gibson con una idea la mar de razonable, pero que nadie había acometido hasta ahora: hacer una película vibrante y minuciosa, nada relamida, que se centre en la Pasión. Pues, ¿no son a la postre los misterios pascuales los acontecimientos centrales del cristianismo? ¿Y no rememora anualmente la Iglesia en su liturgia, en una semana que llama ‘santa’, la pasión, muerte y resurrección de Jesús? Acierta Gibson al dar con el elemento aglutinador del film: Cristo ha venido al mundo movido por el amor, para redimirlo del pecado; y acepta para ello, voluntariamente, su pasión y muerte. Tiene una misión que cumplir, con un sentido; y esos sufrimientos terribles no son un fracaso: liberan, y llevan a la resurrección. A partir de ahí, puede centrarse en la narración de las últimas 12 horas de Jesús, desde que acude con sus discípulos al huerto de Getsemaní, hasta su muerte en la cruz. Una narración que se basa sobre todo en los evangelios, seguidos con fidelidad, aunque también toma elementos de revelaciones privadas a dos monjas: la beata alemana Anna Katharina Emmerich, y la venerable española María de Ágreda. El film resulta duro, muy duro. En ese sentido, la película discurre en la misma línea que otros títulos recientes, que tratan temas importantes, descritos sin falsos pudores, como Salvar al soldado Ryan (el horror de la guerra), La lista de Schindler (el holocausto), Te doy mis ojos (la violencia doméstica), Traffic (la drogadicción y el narcotráfico)… Desde que Jesús es prendido en el huerto de los olivos, es sometido a todo tipo de vejaciones. Y el guión de Gibson y Benedict Fitzgerald, no hurta los detalles que describe el evangelio: insultos, empujones, bofetadas, salivazos… Le obligan a colocarse vestiduras ridículas, le desnudan, le azotan salvajemente, le coronan de espinas... Una increíble sesión de tortura, mostrada con realismo, pero sin regodeo. “Pienso que nos hemos acostumbrado a ver preciosos crucifijos en las paredes, y hemos olvidado lo que pasó de verdad. Me refiero a que sabemos que Jesús fue azotado, que cargó con la cruz, que los clavos le traspasaron las manos y los pies, pero raramente pensamos en lo que eso significa”, comenta Gibson. Que la violencia no es recomendable para todos los públicos, es una idea que el director introduce en el film de modo ingenioso: cuando obligan a Simón el Cirineo a cargar con la cruz, pide a su hijo que vuelva a casa, que no contemple el triste espectáculo de los condenados a muerte. La película aporta desde el principio la información clave: que todo lo padece Cristo para librar al hombre del pecado. Singularmente cuando el diablo le tienta en el huerto, diciendo que no puede pretender cargar sobre sí el peso del pecado de todos los hombres. Por otro lado, a lo largo de esas horas de suplicio, se introducen con acierto flash-backs que, además de permitir respirar al espectador, ayudan a conocer el mensaje de Jesús y el sentido de su sufrimiento: vemos que es verdadero hombre, con sentido del humor, en las escenas con su madre; que acoge al pecador arrepentido, cuando se pretende lapidar a María Magdalena; que el amor se desborda en la última cena, anticipo del sacrificio de la cruz... Gran acierto de Gibson es ofrecer la mirada de la Virgen María, muy bien interpretada por Maia Morgenstern. El espectador sufre con ella los dolores del hijo. Y a la vez, participa de su serenidad, de modo que momentos como la caída con la cruz, que retrotrae al pasado, o cuando recoge con unos lienzos la sangre de la flagelación, conmueven. El director tiene una habilidad especial para humanizar su historia. Cuando Pedro niega a su maestro, la mirada que éste le dirige –maravilloso Jim Caviezel– es más expresiva que mil discursos: una mezcla de lástima y algo de socarronería, como si dijera ‘¿no te lo había dicho?’. La conversación con Pilatos, el procurador romano, no tiene desperdicio, y entiendes bien las dudas de este hombre cruel, acrecentadas por las conversaciones con su esposa. Si para un actor fue especialmente duro el rodaje, ese es Caviezel. El rodaje fue en invierno, y soportó las bajas temperaturas casi desnudo en las escenas de la cruz: “No podía aguantar más de 10 minutos, y aun así sufría muchas veces hipotermia. Los músculos te tiemblan de modo tan violento que te duele, pero no puedes pararlo”, comenta. Incluso en la flagelación, uno de los que hacía de soldado romano apuntó mal y le dio en la espalda. Explica Caviezel: “No pude ni gritar. No te sale el aire porque no puedes respirar”. La película se rodó en Italia, en el estudio 5 de Cinecittà, y en la ciudad de Mattera, el mismo lugar donde Pasolini hizo El evangelio según san Mateo. El trabajo de dirección artística y fotográfico es asombroso. Caleb Deschanel, director de fotografía, de acuerdo con Gibson, tomó como referencia pictórica la obra de Caravaggio “en lo que se refiere a los rostros que usaba en sus cuadros, a la iluminación y a la composición. (...) También me inspiré en Géricault, Rafael y otros artistas.” Atrevida resulta la escena de apertura en el huerto de los olivos, con luz azulada que imita la luna y con niebla: rodada en estudio, no se ve el fondo, y da al lugar una indefinible sensación de infinitud, como de otro mundo. Precioso resulta también el plano que sigue a la muerte de Jesús: un plano cenital del Gólgota como borroso, en que vemos caer una gota de agua, el comienzo de una lluvia, pero que cabe interpretarse como una ‘lágrima’ de Dios, que llora la muerte de su hijo. Pensaba Mel en un principio estrenar su film –rodado en las lenguas originales de la época–, sin subtítulos, confiando en la fuerza de las imágenes. Al final pesó la prudencia, y se pusieron los letreros justos. Su visionado en DVD proporciona ahora, a quien lo desee, la experiencia de ver el film desnudo, sin subtítulos, para así constatar que el impacto visual basta para seguir la historia.
9/10
(1928) | 98 min. | Drama | Histórico
Relato fiel del inicuo proceso que llevó a Juana de Arco a la hoguera. Obra maestra del cine mudo y de la historia del cine, el danés Carl Th. Dreyer atrapa el dramatismo del dilema de conciencia de la protagonista, que podría salvar la vida si se retractara de las apariciones que permitieron coronar al rey de Francia. Film muy espiritual, presenta un soberbio uso de los primeros planos, que apenas dejan ver el decorado. La Falconetti, que no volvió a hacer cine, está sobresaliente.
10/10
(2020) | 86 min. | Documental
Maravilloso documental de arte que se encuadra en la serie de largometrajes “Exhibition on Screen”, dirigido por el especialista Phil Grabsky, que está detrás de títulos como Leonardo o Yo, Claude Monet. Y su ambición es más que notable que centra su atención en uno de los motivos que más obras de arte ha inspirado a lo largo de toda la historia de la humanidad, la Pasión de Cristo. En efecto la dificultad de hacer justicia a tantas maravillas, acometiendo una inevitable selección representativa, es indudable, y resulta justo señalar que Grabsky la supera con notable alto. El film está enmarcado en imágenes de la celebración de la Vigilia Pascual en un gran templo cristiano ortodoxo, y toma como acertado hilo narrativo el relato de la Pasión de los evangelistas Mateo, Marcos, Lucas y Juan, arrancando con la celebración de la Última Cena, para recorrer la traición de Judas, la oración en el huerto de los olivos, el prendimiento, la presentación ante Caifás, Pilatos y Herodes, las negaciones de Pedro, la flagelación y el “ecce homo”, llegando al momento culminante de la crucifixión y muerte, y de ahí a la sepultura, resurrección y las diversas apariciones. Hay una decidida apuesta por la representación pictórica, en el campo de la escultura se deja espacio solo para “La Piedad” de Miguel Ángel de San Pedro y, más cercano en el tiempo, el “Ecce Homo” de Mark Wallinger en Trafalgar Square en Londres. De modo que contemplamos obras maravillosas de Giotto, Rembrand, Caravaggio, Velázquez, Rubens, Dalí, Van Der Weyden, El Greco, Grünewald, etcétera, que la cámara nos acerca para contemplar con detalle. El espectador sabio echará en falta tal vez alguna de sus obras favoritas, pero es algo casi inevitable. Los expertos de los museos señalan acertadamente, con sus intervenciones, la importancia epicéntrica de la Pasión y el cristianismo en la historia de Occidente, por supuesto para las personas con fe, pero también para todo aquel que pretenda tener cierta cultura, pues está claro que el cristianismo ha conformado el devenir de Europa.
7/10
(2018) | 188 min. | Thriller | Drama Tráiler
El arte como forma de expresar y encauzar la vida hacia una espléndida madurez. Tres décadas en la vida de Kurt Barnert, desde su niñez en Dresde, en los años del nazismo previos a la Segunda Guerra Mundial, a su vida adulta en los 60 en Düsseldorf, donde intenta encontrar su alma de artista en la Kunstakademie, pasando por los años de la derrota de Hitler y la constitución de la República Democrática Alemana. Las experiencias vitales –las tragedias familiares, los bombardeos incendiarios de Dresde, el encuentro del amor verdadero, los secretos oscuros del entorno de los seres queridos, el peso de los regímenes autoritarios, el aprendizaje y la formación, las dificultades económicas...–, lejos de hundir a Kurt en la miseria o la autocomplacencia lastimera, conforman un bagaje que le permiten, gracias a un talento y sensibilidad especiales, descubrir la belleza presente incluso en los pozos más oscuros. El alemán Florian Henckel von Donnersmarck deslumbró con su opera prima, La vida de los otros, sobre la experiencia del autoritarismo y falta de libertades en la comunista Alemania del Este. Por eso su siguiente film, la aventura hollywoodiense The Tourist, remake de un film francés, sabía un poco a decepción, a pesar de que seguía notándonse la huella de un gran cineasta. Ahora vuelve por sus fueros con una película ambiciosa, escrita también por él, que logra plasmar en poco más de tres horas la capacidad del arte para comunicar lo que su creador lleva por dentro. Sobrecoge la capacidad de Henckel von Donnersmarck para describir con convicción una serie de hechos y a sus protagonistas, sin que nunca parezcan banales o simplemente acumulativos, sino los elementos bien trenzados de una vida particular, que forjan un carácter. De modo que cuando llega la inspiración a Kurt, momento genial, nunca tenemos la sensación de la impostura. "Nunca apartes la mirada", "busca la verdad para encontrar la belleza", son principios que inspiran a Kurt, junto a un tercero "lo hago, porque puedo", que comparte con su futuro suegro, el profesor Carl Seeband, médico de pasado nazi e ideas nietzscheanas, que le mira con desprecio, una especie de reverso tenebroso del otro. En efecto, son absolutamente opuestas sus actitudes vitales, en el artista sorprende su humildad, nunca se da imporancia, su capacidad reflexiva, sus silencios cuando son oportunos, sus palabras cuando toca hablar o tomar decisiones. Y está bien presentado el entorno familiar, esa tía que ha detectado su talento siendo niño, y que tiene problemas psíquicos, los padres y hermanos; y el académico, profesores y colegas estudiantes aspirantes a artistas, de un modo especial el director de la Kunstakademie, con el que establece una inesperada complicidad. Además de esa mujer a la que ama, su media naranja, pues ambos se complementan, Ellie Seeband. Como se ve, hay un amplio abanico de personajes, y la selección actoral es fantástica, por supuesto los personajes principales encarnados por Tom Schilling, Sebastian Koch y Paula Beer, pero también el resto, con mención especial para Oliver Masucci. Son muchísimos los temas que plantea la película, con la posición principal para el de la creación artística, las distintas escuelas, la vanguardia y los nuevos caminos, o el realismo socialista. Se habla del origen de la inspiración –se podría debatir mucho sobre el título del film, distinto en español, "La sombra del pasado", inglés "Nunca apartes la mirada", y el original alemán "Obra sin autor", cada uno aporta algo de las claves fílmicas–, pero también de ideologías, y del amor y la capacidad de ver personas en los demás. Quizá aquí reside también la hermenéutica para la inclusión de varios pasajes eróticos, que se procura abordar con sentido esteticista, un intento de ser delicado al mostrar la belleza corporal, siguiendo esa divisa de no apartar la mirada, y rehusando las etiquetas de "arte degenerado" a que alude una exposición en la Alemania nazi con la que arranca el film. En una película sobre arte es fundamental la recreación de época, y la credibilidad de las obras que potenciales artistas están ideando. El esfuerzo es espectacular y ciertamente logrado, donde los trabajos de Kurt están hábilmente inspirados en el artista alemán Gerhard Richter. El capítulo de diseño de producción y dirección de arte es sobresaliente, así como la fotografía del veterano Caleb Deschanel, que logra su sexta nominación al Oscar, o la sostenida y bellísima partitura musical de Max Richter.
8/10
(1942) | 131 min. | Bélico | Drama
La señora Miniver, además de ser madre de una familia británica que padece los horrores de la guerra, es también el nombre de una rosa. Rosa que el jefe de estación va a presentar a un concurso, y que nos recuerda que aun en medio del desastre bélico, perviven cosas hermosas como esa flor. El film de William Wyler, que se llevó 6 Oscar de los 12 a los que optaba, incluido el de mejor film, describe las vicisitudes de una familia corriente (el matrimonio, 3 hijos, uno de los cuales se casa con una joven de familia noble) con maestría. Tiene la virtud de conjugar el drama (una muerte que viene por donde menos esperamos) con detalles de humor, y ofrece detalles prácticos para la población de entonces, como la del modo de actuar en caso de bombardeo, y el modo de sobrellevar con garbo las penalidades de la guerra. Wyler, gran director de actores (todos, principales y secundarios, están soberbios) sabe huir en todo momento del peligro de la cursilería.
7/10
(2016) | 80 min. | Fantástico | Animación | Drama Tráiler
No deja de sorprender que Ghibli, estudio japonés especializado en anime, donde maestros como Hayao Miyazaki e Isao Takahata han sacado adelante sus grandes películas, haya decidido respaldar a un director holandés, Michael Dudok de Wit, en su primera coproducción con otros países, Francia y Bélgica. La tortuga roja es una joya sin paliativos, un poema audiovisual sin diálogos que subyuga desde el primer momento con su trama, sus imágenes, su música. La historia de un náufrago, su supervivencia en una isla, la lucha contra los elementos, y el encuentro inesperado con una tortuga roja que le permite formar una familia, es sencillamente arrebatadora. Belleza en estado puro, que prescinde completamente de los diálogos, uno se pregunta dónde ha estado escondido el tal Dudok de Wit, que previamente tenía en su haber cinco cortos, y que no es un chaval precisamente, este cineasta nacido en 1953 firma aquí su primer largometraje. El director con sus imágenes no se ciñe al grafismo típico del anime, su enfoque visual es más estilizado, algo que también Takahata ha procurado en algunos de sus trabajos, como en ciertos pasajes de El cuento de la princesa Kaguya. Encantadores los cangrejitos, unos personajes muy ghiblianos, aunque digamos que el cineasta tiene su personalidad, no mimetiza para nada la animación nipona, lo que no impide que se detecte un mismo espíritu, un amor por la pudorosa delicadeza que tiene encanto. La música de Laurent Perez del Mar es imprescindible.
8/10
(2010) | 82 min. | Documental Tráiler
Así, de entrada, la historia de un cura llamado Pablo Domínguez, que muere en accidente de montaña con 42 años, no se diría capaz de conformar el motivo de un apasionante documental. Cabe esperar en el mejor de los casos el acercamiento a una “buena persona”, de cuyas acciones darían testimonio aquellos que le conocieron, con mayor o menor emotividad. Sin embargo cualquier prejuicio en esta línea se desvanece a los pocos minutos de empezar a visionar La última cima, un film memorable, que confirma el buen sabor de boca que Juan Manuel Cotelo dejó con su debut en la dirección, el trabajo de ficción El sudor de los ruiseñores.Vertebra la película la mirada directa de Cotelo al espectador, que en varios momentos a lo largo del metraje, le interpela provocativamente, dando rienda suelta a sus cualidades actorales, un poco a lo Michael Moore, pero sin trampas. Botón de muestra es el arranque, donde señala que en el cine actual un film sobre un sacerdote sólo parece caber si éste es pederasta, ladrón, manipulador, ávido de poder, o, en el mejor de los casos, misionero en un país del tercer mundo; y vaticina que igual que tales sacerdotes son 'crucificados', él asume el riesgo de correr igual suerte por mostrar a un sacerdote 'normal', y con numerosas cualidades. O sea, alegre, listo, intelectual, apuesto, cercano, entregado a los demás, piadoso. Del que todos los que le conocieron parecen guardar recuerdos personales imborrables, de su amistad y cariño para con ellos. Ha manejado el director muchas horas de grabación de personas que trataron a Domínguez: otros sacerdotes y obispos, alumnos y alumnas de la facultad de teología de san Dámaso de la que era decano, padres y hermanos, amigos y amigas... Y entre tanta declaración abundan los momentos conmovedores, y también los divertidos. Además ha acudido a fragmentos de una conferencia pronunciada por el propio protagonista del documental, y al audio de una entrevista y unos ejercicios espirituales. Pero el acierto es combinar todo este material, con la opinión de personas de la calle que hablan de lo que piensan que define a los sacerdotes en la actualidad. Lo que permite abordar por contraste -entre el estereotipo y el ejemplo de Domínguez- temas como la distancia que existe a veces entre la gente de la calle y los curas, el celibato, la celebración de la misa y lo que debe ser un sermón, la confesión, la cercanía en momentos de contradicción, la muerte... Cotelo, que se confiesa abiertamente cristiano, intuye enseguida que su personaje, de no haber sido sacerdote, podía haber 'triunfado' en cualquier campo que se hubiera propuesto. Y ése es el gancho para apelar al espectador no especialmente espiritual, que no puede evitar preguntarse por qué el tal Domínguez no optó por una vida mundana. La narración fluye ágilmente hacia su clímax, la muerte en el Moncayo junto a otra montañera, y tiene el acierto de hacer ver que... la muerte no es el final, como parece indicarlo la misma existencia de esta película.
8/10
(2016) | 66 min. | Animación
Correcta adaptación animada, con la técnica de stop-motion, de la obra de Gilles Paris. Su protagonista es un niño, Ícaro, apodado cariñosamente como Courgette, o sea, Calabacin. Vive con su madre, que no tiene trabajo y se pasa el día viendo telenovelas y bebiendo cerveza. Tras un accidente, en el que tiene parte involuntaria Calabacin, ella muere y él pasa a vivir en un orfanato, con otros niños que se han quedado sin papás. Curioso es el caso de la pequeña cuya madre fue deportada a su país africano de origen, sin caer en la cuenta las autoridades de que se quedó en Francia su vástago. Otro personaje peculiar es Simon, típico abusón que pretende hacer objeto de sus burlas al recién llegado. Le pondrá en su sitio una niña, la última en incorporarse al orfanato, a la que su tía no quiere cuidar. Dirigida por Claude Barras, quizá lo más singular de esta película es que parece estar destinada a los niños, con la pedagógica intención de irles introduciendo en las penas que pueden padecer chicos de su edad, como puede ser la orfandad y la falta de amor: para que aprendan a apreciar lo que tienen, o para encajar las propias penalidades. En sí esto está bien, pero no deja de llamar la atención un enfoque poco infantil y desconcertante, por ejemplo resulta extraño que Courgette no se vea demasiado afectado por haber sido la causa material de la muerte de su mamá, o chirrían algunas bromas de contenido sexual bastante fuera de lugar, y eso que tal aspecto parece que se ha suavizado con respecto al libro adaptado. De todos modos prevalece un tono positivo en lo relación a la camaradería entre los niños, y también hay espacio para retratar positivamente a algunos adultos como la directora del orfanato, o al policía que atiende en primer término al protagonista, y que acude a visitarle regularmente a su nuevo hogar.
6/10
(1997) | 115 min. | Comedia Tráiler
Año 1939. La Toscana, Italia. Guido es un hombre inocente y feliz, con alma de poeta. Le gustaría abrir una tienda de libros, pero ha de ganarse la vida como camarero. Un día conoce a Dora, la guapa maestra de un pueblo. Se enamora sin remedio de la "princesa", y comienza a cortejarla; su principal rival es un dirigente del partido fascista. Unos años más tarde, ya casados, tienen un niño. Pero un día se presentan unos soldados, y se llevan a Guido y a su hijo a un campo de concentración. Dora les sigue por amor. Una vez allí, Guido hace todos los esfuerzos que puede imaginar para que su chaval crea que se encuentran en un "campamento de verano", y que están participando en un divertido juego; el motivo, preservar la inocencia del crío de cinco años, y evitarle los previsibles traumas del horror nazi. Deliciosa. Encantadora. Todos los adjetivos resultan pobres para definir esta tierna fábula de Roberto Benigni. El director y actor italiano, que hasta la fecha presentaba en su haber comedias más o menos discretas como Johnny Palillo, El monstruo o El hijo de la Pantera Rosa, logra lo que parecía increíble: un delicado equilibrio para mostrar el horror y la tragedia del holocausto nazi, unido a un fino sentido del humor y a la ternura. A nadie se le escapa que hacer bromas sobre los campos de exterminio no es una tarea sencilla: enseguida se pueden herir sensibilidades o caer en lo grotesco. Benigni, en cambio, consigue tocar los corazones de los espectadores de todo el planeta con esta bella fábula. El film nos recuerda que, aun en las situaciones más terribles, es posible encontrar la belleza, a través del amor por los que tenemos al lado. La tradición del cine de Charles Chaplin se respira en La vida es bella; no hay que olvidar que el genial Chaplin también se tomó a chacota a Hitler en El gran dictador, y que mostró a un chaval encantador en El chico.
8/10
(1985) | 120 min. | Aventuras
Durante una época de magia y aventuras se desarrolla una leyenda heróica y sobrenatural. El Obispo de Aquila lleva a cabo una diabólica venganza, puesto que, a consecuencia de una traición, jura impedir el amor de Navarre (interpretado por Rutger Hauer) e Isabel (interpretada por Michelle Pfeiffer). Tras apoderarse de las fuerzas del mal, lanza sobre la pareja un temible hechizo: ella se convertirá en halcón durante el día y él en un acechante lobo gris por la noche. Aunque el resto de su existencia lo pasan juntos, nunca pueden verse, pues no llegan a coexistir como seres humanos. Encontrarán un inesperado aliado, un joven llamado Philippe (interpretado por Matthew Broderick), que hará todo lo posible por ayudarles a encontrar un antídoto que frene la maldición del obispo. El excelente realizador Richard Donner (Los goonies, Arma letal, Maverick) consiguió uno de sus mejores títulos con este hermoso cuento lleno de fantasía, que recuerda los mejores relatos infantiles. Está realizado de una forma muy imaginativa y evocadora. El reparto es de excepción. El actor holandés Rutger Hauer triunfó en Estados Unidos en títulos como éste y la mítica Blade Runner. Michelle Pfeiffer se hallaba en el inicio de una carrera fulgurante que incluiría grandes éxitos como Las amistades peligrosas o Los fabulosos Baker Boys). Por su parte, el jovencísimo Matthew Broderick había obtenido un gran éxito por su interpretación en Juegos de guerra. La sugestiva fotografía es obra de todo un mito, Vittorio Storaro, uno de los mejores en su campo, autor de obras como Apocalypse Now.
6/10
(1996) | 98 min. | Drama
Durante las guerras napoleónicas, un arquitecto se traslada a Toscana a pasar una temporada con un viejo amigo, que acaba de contraer matrimonio felizmente y al que le va a restaurar la finca donde reside. Todo va muy bien hasta que Eduardo se enamora de la hija adoptiva de la mujer de su amigo.  Cuidada adaptación de la clásica obra homónima de Goethe, dirigida por dos de los realizadores más interesantes de Italia, los hermanos Taviani. El reparto, encabezado por Isabelle Huppert, es soberbio.
5/10

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