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Lista de cine

Lista de películas puntuadas con 4 en amor

(2003) | 235 min. | Documental
En su 5ª visita a España, Juan Pablo II hizo historia al canonizar a 5 beatos. Impresiona la fuerza y coraje del Papa, y su predicamento, sobre todo entre los jóvenes. Se recopilan los momsntos más emotivos de un viaje histórico.
6/10
(1990) | 91 min. | Comedia
Una ejecutiva que sueña con convertirse en una famosa diseñadora de zapatos encuentra trabajo en una casa de modas. En sus ratos libres se dedica a imaginar impresionantes zapatos. Mientras tanto, un importante diseñador de zapatos es tan innovador que sus modelos son rechazados por todos los críticos. Versión moderna de la Cenicienta en clave de comedia romántica, con dos grandes actores, Rob Lowe, uno de los reyes del género, y Jennifer Grey, convertida en una estrella tras el éxito de Dirty Dancing.
4/10
(1954) | 98 min. | Romántico | Musical
Milly (Jane Powell) es una recien casada empeñada en que los seis hermanos de su recién estrenado marido encuentren mujer y se casen. Efectivamente estos conocerán a seis atractivas mujeres, a las que tendrán que conquistar. El relato del "Rapto de las Sabinas", de Stephen Vicent Benet, sirve de inspiración a este brillante espectáculo musical dirigido por Stanley Donen y protagonizado por Jane Powell, Howard Keel, Jeff Richards, Russ Tamblyn y Tommy Rall. La película, nominada al Oscar en cinco categorías, incluida la de mejor película, fue finalmente galardonada con una estatuilla a la mejor banda sonora (Adolph Deutsch). Asimismo destaca la excelente coreografía de Michael Kidd, y la participación de los bailarines más famosos de Broadway.
6/10
(1925) | 55 min. | Comedia
Ninguno de los futuros "remakes" de esta película -el último El soltero, con Chris O'Donnell de protagonista- ha brillado con el esplendor mágico que le infundió Keaton. Esta vez interpreta a un joven que hereda una gran fortuna a condición de que se case el día que cumpla 27 años a las siete de la tarde. Cuando recibe esta información le quedan pocas horas de plazo, pero su novia se niega a casarse. Tras la negativa de varias chicas más, pone un anuncio en la prensa para que la que quiera casarse con él esté en la iglesia a una hora determinada. La persecución de cientos de novias tras el pretendiente fugitivo se ha convertido en una de las secuencias más alocadas y brillantes de la historia del cine. Para "casarse de risa". Hay que señalar, como curiosidad, que el film se abre con una secuencia en color, algo no visto antes. Téngase en cuenta que el film se rodó en 1925.
6/10
(2016) | 162 min. | Histórico | Drama Tráiler
Segunda mitad del siglo XVII. La labor misionera de predicar el Evangelio llevada a cabo por los jesuitas en Japón peligra, arrecia la persecución con numerosos mártires, e incluso corren rumores de que el padre Ferreira ha apostatado. No quieren creerlo dos de sus discípulos, los jóvenes Rodrigues y Garupe, que piden a su superior ser enviados para ayudar a los cristianos que ahí quedan, y averiguar qué ha sido de Ferreira. Les guiará Kichijiro, que abjuró de la fe mientras toda su familia era masacrada. Encontrarán a muchos fieles clandestinos que les reciben esperanzados, pero deben realizar su misión a escondidas, y con la espada de Damocles del gobernador local perseguidor colgando sobre sus cabezas. Inspirada adaptación de la novela de Shusaku Endo a cargo de Martin Scorsese, quien firma el guión con su habitual colaborador Jay Cocks, algo poco habitual, no asumía este rol en un largometraje desde 1995 con Casino, lo que da idea de que nos encontramos ante un proyecto muy personal. No en balde, y según su propia confesión, la idea de la película le ronda en la cabeza desde 1989, el año en que descubrió la obra de Endo, y cuando acababa de ser fuertemente contestado por La última tentación de Cristo, una mirada algo tosca, terrenal y muy a ras de suelo acerca de Jesús. Más allá de trastear aquí en la polémica despertada por ese film, resulta obligado señalar que en Silencio encontramos una visión más trabajada y honda del cristianismo, Scorsese ha interiorizado los temas propuestos por una novela difícil y oscura, pero también esperanzada, que aborda la idea de predicar el evangelio y no ser entendidos por personas de distinto bagaje cultural, con esquemas mentales muy diversos, esa “ciénaga de Japón”, donde las raíces de lo plantado se pudren. Y en su nueva madurez, 74 primaveras cuenta el cineasta, parece haberse visto retratado en los misioneros que a veces no logran hacerse entender, algo que a él también le habría ocurrido con su modo de abordar la figura de Cristo hace casi 30 años. Sorprende la fidelidad de Scorsese a Endo, que pinta con acierto la sencillez de los campesinos y su fe elemental y recia, que les lleva a confiarse a los “padres”. También el tremendo dilema de rechazar la fe por las torturas con que amenazan los perseguidores, que afecta tanto a los nativos como a los misioneros. En el caso de los segundos la tentación es más cruel y con muchas capas, pues la amenaza de matar a los fieles, independiemente de que abjuren o no, pesa sobre los jesuitas, que salvarían sus vidas si lo hicieran ellos; y el silencio de Dios hace la prueba aún más difícil. Toda una serie de temas, como la posible soberbia de los padres por querer suplantar a Cristo, o las dudas de hasta qué punto los nuevos cristianos entienden la fe, el problema de la inculturación, resuenan sin caer nunca en la frivolidad. La espiritualidad, la fe, el sacrificio, las renuncias, el consuelo de los sacramentos, todo forma parte de la compleja narración, que fluye con gran naturalidad. Una de las cuestiones que explora el film sería el de a qué llamamos fortaleza, y a qué debilidad, algo que estaría muy presente en la relación que se forja entre Rodrigues y Kichijiro, poderosamente presentada en la pantalla: el primero busca el rostro de Jesús, es su modelo, el otro se atormenta por su flojera a la hora de sostener sus creencias, y piensa que en otras circunstancias habría sido un buen cristiano. Técnica muy habitual en el cine de Scorsese, éste recurre a la voz en off, la narración del padre Rodrigues, a la que sustituye en el último tramo la de un comerciante holandés, y aunque muy presente, no fatiga, y tiene su lógica. Quizá porque el ensamblaje de las piezas del guión es perfecto, y porque las imágenes son muy bellas: la fotografía de Rodrigo Prieto sabe conceder al relato enorme poderío visual con el uso inteligente de la luz, la niebla y el humo, sin colisionar con la abundancia de palabras, que a veces son sustituidas por lo que vemos, pienso en el primer martirio del que tienen noticia Rodrigues y Garupe. Se nota en todo esto que el director cuenta con un equipo técnico formidable con el que existe compenetración, ha trabajado en repetidas ocasiones ya con la montadora Thelma Schoonmaker, el director artístico y diseñador de vestuario Dante Ferretti, la directora de arte Francesca Lo Schiavo. Los actores saben prestar humanidad, y por tanto, espiritualidad, a sus personajes. Por supuesto Andrew Garfield y Adam Driver, los dos jóvenes jesuitas, que han destacado el mismo año por Hasta el último hombre y Paterson, pero también Liam Neeson, el padre Ferreira, y todos los secundarios japoneses, especialmente Yosuke Kubozuka, Yoshi Oida y Shinya Tsukamoto, encarnando al apestado y a dos ancianos venerables.
9/10
(2011) | 105 min. | Comedia | Drama
Alessandro es un italiano instalado en la ciudad francesa de Estrasburgo, en donde da clases de música barroca en la universidad. Vive con su hija de quince años, Irina, y con su hermano artista, Crampone, que en cierta manera es también un adolescente. Alessandro es un tipo bueno de verdad, de costumbres firmes, que repite planes con los mismos amigos y ofrece parte de su tiempo en una clínica de cuidados paliativos, leyendo a los pacientes. Sin embargo, su hija Irina le produce algunos quebraderos de cabeza, al igual que su pintoresco hermano, de modo que la convivencia no es fácil. En realidad, Alessandro no ha superado la muerte de su mujer más de diez años atrás, y vive estancado en su viudez, con su amor adormecido, con un corazón enormemente grande que se siente desconcertado al no saber manejar ya a una hija que ha dejado de ser una niña. Cine entrañable, divertido, conmovedor. Cine del bueno. Tras el durísimo y notable drama Hace mucho que te quiero, que obtuvo estupendas críticas y un buen recibimiento del público, el cineasta francés Philippe Claudel da un giro hacia la comedia realista, amable y enormemente natural, y el cambio le sale redondo. Es ésta una de esas películas que, sin grandes aspavientos ni moralinas baratas, logra que el espectador se sienta mejor persona a la salida del cine, con el corazón enriquecido, con deseos de sacar el mayor partido a su vida, a su amor, a su generosidad con los seres queridos. Claudel, profesor de literatura en la Universidad de Lyon antes de dedicarse al cine, demuestra que sabe manejar situaciones y problemáticas humanas y que usa las palabras con enorme sutileza. Su guión es sencillo, costumbrista, con muchos diálogos y gestos “a la italiana” como demandan sus personajes, pero entregados siempre de modo verosímil y real, sin situaciones impostadas, empalagamientos o durezas forzadas. La clave del éxito, claro está, hay que buscarla en una esmeradísima creación de personajes, algunos definidos magistralmente con leves brochazos. Claudel se luce con ellos: desde el protagonista Alessandro, entrañable y un poco ridículo de tan bueno y desconcertado, hasta su jovencita y madura hija Irina, pasando por la enorme y elegante presencia de Agathe o la dulzura de Florence. Carga la mano, es cierto, con el burlesco y divertidísimo Crampone, un artista anárquico, caradura, anticapitalista –su odio a Berlusconi llega a extremos hipertronchantes– y tan extravagante como enormemente simpático, en fin, un tipo que parece salido de una de esas comedias italianas de los cincuenta y sesenta, servidas por Mario Monicelli o Dino Risi. En el film hay muchos momentos para la risa y la sonrisa, para la emoción, pero Claudel no se muestra nada frívolo a la hora de hablar de los traumas personales, los miedos, la muerte, el paso del tiempo. Pero como en todo, lo hace sin incisiones importantes. Hay drama, aunque siempre sembrado con una inmensa ternura, y desde luego el conmovedor desenlace es toda una lección de cine. Paradigmático del film es la estrechísima relación familiar entre Alessandro, su hermano Crampone y su hija. Sus gritos, sus discusiones, sus leves desencuentros no son sino el contrapunto de una unidad familiar honda, muy honda. Los actores están sencillamente perfectos; de ellos tan sólo emerge un rostro conocido, el de la veterana Anouk Aimée, que interpreta a la enferma Agathe con una presencia grandiosa, elegante, de gran belleza.
7/10
(2015) | 106 min. | Drama | Musical Tráiler
El talento, o se tiene, o no se tiene. Al irlandés John Carney no le falta en absoluto. En 2007 encandiló nada menos que a Bob Dylan y Steven Spielberg con una pequeña gran película de actores desconocidos, Once, que aunaba música y emociones en feliz maridaje. Seis años después probó con Begin Again que aquello no había sido flor de un día, aunque esta vez acudió a un reparto de intérpretes populares, y alguna declaración extemporánea –llegó a pedir perdón por lo dicho sobre la actriz principal– dio a entender que se encontraba más cómodo en una película donde los oropeles de la popularidad no tuvieran tanta presencia. Se entiende pues que Sing Street conecte más con Once, aunque se nota que el presupuesto es holgado, para empezar porque entre otros, en la producción ha contado con los hermanos Weinstein. Hasta podría entenderse que la inclusión de una escena homenaje a Regreso al futuro, además de un guiño, es una cita velada a esa pugna personal entre las películas pequeñas en las que no existe tante presión, y las propiciadas por los grandes estudios. Sing Street rezuma nostalgia por todos sus poros. Ambientada en el Dublín de los 80, en plena crisis económica, sigue los pasos de Conor, un adolescente, el menor de tres hermanos, con unos padres que discuten mucho y problemas pecuniarios. Ello ha obligado el cambio de Conor a un modesto colegio masculino, llevado por los hermanos cristianos, que imponen una férrea disciplina algo desagradable. Chico resuelto, Cosmo está decidido a ligar con Raphina, por lo que monta una banda de música con otros compañeros, Sing Street, y la invita a aparecer en videoclip que pretenden grabar. La complicada adolescencia. Los amigos. El abusón. El primer amor, quizá, el gran amor. La época de soñar en grande, de los proyectos e ilusiones. Y de las primeras colisiones con la dura realidad: obstáculos, comportamientos irracionales, decepciones... Los padres, presencia y ausencia, el no-entendimiento, la pena. Los hermanos. Carney, que dirige y firma el guión en solitario, maneja maravillosamente estos temas. Por supuesto también en las canciones, que se funden en lo que se cuenta, y donde ha vuelto a contar con la voz de colaboradores de otras ocasiones, como Glen Hansard y Adam Levine; además cuenta con canciones de grupos y cantantes que inspiran a los chicos de la banda, The Cure, The Jam, The Blades, o sirven para bromear, Genesis y Phil Collins. Por la cuestión dublinesa y la época, el film podría hacer pensar en The Commitments, de Alan Parker. Aunque Carney, aun tocando temas serios y de calado, evita ser deprimente –toda la narración está salpicada de momentos amables y de suave humor– o hacer sangre con el hecho de que las cosas no sean a veces como uno quisiera, domina la esperanza y la visión romántica, la idea de que uno puede conseguir aquello que se propone, pero claro, hay que intentarlo. Esto puede advertirse en el resentimiento que aflora hacia los errores del catolicismo irlandés, plasmados en el colegio y algún comentario, aunque la escena idealizada de Regreso al futuro podría hacer pensar, al igual que con otros personajes, en un cura director del colegio más "molón", capaz de dar volteretas e impartir bendiciones en plan “cool”. El protagonista Ferdia Walsh-Peelo, que canta varias de las canciones, debuta en la pantalla, y lo hace muy bien. La cámara quiere también a Lucy Boynton, la chica de la que está enamorado, y también una desconocida, las escenas de ambos funcionan bien. También resulta muy ajustado el resto del reparto.
8/10
(1965) | 172 min. | Musical Tráiler
Uno de los musicales más clásicos de Hollywood. En Austria, en los años 30, María es una novicia que es contratada para hacerse cargo de la educación y el cuidado de los siete hijos del capitán Von Trapp, un viudo un tanto antipático y amargado por la reciente muerte de su esposa. Sin embargo, María va devolviendo la alegría al hogar y se gana la confianza y el cariño de los niños. Cuando una amiga de la familia le dice que el capitán se ha enamorado de ella, regresa al convento, pero los niños la echan de menos y van a buscarla. La abadesa convence a María de que no tiene vocación religiosa, sino que debería casarse con el capitán, por lo que decide volver y contraer matrimonio. Sin embargo, los nazis han tomado el poder en Austria, por lo que la familia debe huir. Robert Wise fue un extraordinario realizador, tanto en el género musical (West Side Story) como en la ciencia ficción (Ultimátum a la Tierra). Así lo demuestra con éste, quizás su mejor filme, que adapta un conocido musical compuesto para el teatro por Richard Rodgers y Oscar Hammerstein II, dos de los más reputados autores del género, que a su vez se basaron en la historia real de la familia Trapp. Julie Andrews (Mary Poppins) consigue una de sus mejores interpretaciones como la novicia María, así como su partenaire masculino, Christopher Plummer. Sonrisas y lágrimas consiguió la friolera de cinco Oscar en 1965: Mejor Película, Mejor Director, Mejor Sonido, Mejor Montaje y Mejor Música Adaptada.
8/10
(2005) | 117 min. | Histórico | Drama Tráiler
Apasionante película, basada en hechos reales. Describe los seis últimos días de vida de Sophie Scholl, detenida en Munich el 18 de febrero de 1943 junto a su hermano Hans y un amigo común, Christoph Probst. Su delito, haber repartido por la universidad un montón de cuartillas denunciando los abusos del nazismo. Los tres pertenecían a una organización de resistencia pasiva contra el régimen denominada ‘La Rosa Blanca’. Esta historia había sido llevada antes al cine dos veces en 1982, por Michael Verhoeven y Percy Adlon. Aquí, a partir de las transcripciones auténticas de los interrogatorios a que fueron sometidos los jóvenes, que vieron la luz en Alemania del Este tras caer el muro, se recrea con pericia consumada los ideales y la fortaleza de espíritu de Sophie Scholl. La joven, inicialmente, niega cualquier relación con los panfletos de la discordia. Y su aplomo es tal que casi convence a su interrogador, el implacable Robert Mohr, de su inocencia. Cuando las evidencias en su contra se acumulen, lejos de venirse abajo, Sophie defenderá con convicción sus ideales, que le obligan en conciencia a oponerse a una ideología, la nazi, indigna del ser humano. El guión de Fred Breinersdorfer y la dirección de Marc Rothemund se ponen al servicio de una historia de enorme fuerza. Aunque la mayor parte de la trama transcurre en interiores, ambos consiguen imprimir ritmo y emoción a las secuencias de los interrogatorios, de increíble ‘violencia psicológica’, en la que la tranquilidad de estar en la verdad proporciona a Sophie energías inesperadas. Todo gira alrededor de ella (estupenda la composición de Julia Jentsch), pero esto no impide retratar con sutileza al interrogador que se queda sin razones que justifiquen su modo de proceder (sobrio Gerald Alexander Held), a los otros dos detenidos, a la compañera de celda y al juez inicuo. Escenas como la de la visita de los padres o el último pitillo apenas necesitan de palabras para conmover.
8/10
(2016) | 96 min. | Biográfico | Drama Tráiler
El 15 de enero de 2009 y los días sucesivos los medios de comunicación recogían, por una vez, una buena noticia. El milagroso aterrizaje de un avión en las aguas del río Hudson, poco después de su despegue desde el aeropuerto de LaGuardia en Nueva York, tras el fallo de dos motores. Gracias a la pericia del piloto Chesley 'Sully' Sullenberger y su tripulación, más la rápida intervención de los equipos de rescate, no hubo víctimas, los 155 viajeros se salvaron. Sin embargo, la consiguiente investigación acerca de las causas del accidente apunta a que tal vez las decisiones tomadas por Sully no fueron las más acertadas, lo que provoca la consiguiente desazón en él y en su copiloto, Jeff Skiles. En unas manos diferentes de las de Clint Eastwood, y con un guión menos elaborado que el pergeñado por Todd Komarnicki, Sully podía no pasar de ser un entretenido telefilm de sobremesa, que rinde homenaje a los héroes cotidianos. Pero a su manera, como el del aterrizaje en el río Hudson, la propia película es un milagro, pues logra hacer emocionantes y dignos de consideración desde distintos prismas, los conocidos hechos. Ayuda sobremanera el guión deconstruido, la narración arranca con el exitoso aterrizaje ya ejecutado, y los pilotos obligados a permanecer en un hotel de Nueva York mientras se investiga el accidente, mientras el contacto de Sully con su esposa es solo telefónico, y la presión mediática creciente. Se sucederán los flash-backs que nos llevan al embarque del pasaje y la tripulación, y los flash-forwards hacia una antipática investigación que siembra dudas en Sully acerca de la profesionalidad de su actuación. La cinta está bien documentada, pues se basa en el libro "Highest Duty", escrito por el propio piloto con el periodista de The Wall Street Journal Jeffrey Zaslow. El film tiene el mérito de mostrar a una amplísima galería de personajes, pasajeros, tripulación, control aéreo, investigadores, ciudadanos anónimos inspirados por el suceso, la familia de Sully, y en todos los casos sorprende la autenticidad, se sortea el peligro del tópico o de los comportamientos forzados. Y es precisamente la importancia del factor humano, de las personas, la clave argumental, a la hora de alertar acerca de una sociedad a menudo demasiado deshumanizada y tecnificada, en que lo queremos todo perfectamente hecho y lo queremos ya. Por supuesto, para hablar del heroísmo de las personas corrientes, que cumplen con su trabajo y cuidan de su familia a diario lo mejor que pueden, Tom Hanks es la elección actoral perfecta, está brillante, y se quita la espinita de dos películas fallidas de 2016, Esperando al rey e Inferno. Es un clásico, y sabe dirigir al modo clásico sin que suene nunca antiguo o rancio. Con 86 años, Clint Eastwood aporta al cine una agradecible y tranquila frescura. Y en apenas hora y media logra mostrar un amplio abanico de emociones; no confunde en las idas y venidas argumentales, y las escenas concretas del accidente y del avión sobre las aguas resultan visualmente novedosas, tienen inusitada garra.
8/10
(2018) | 74 min. | Drama Tráiler
La pequeña Jo está muy enferma. Su madre decide que salga del hospital donde la tratan y que el poco tiempo que le queda de vida lo disfrute en su casa, en la pequeña y humilde aldea de Maweni, en Kenia. La pequeña Jo es una fan absoluta del cine de superhéroes y fantasea continuamente con que ella es una superheroína. Su hermana mayor ideará pequeñas tretas para que esa ilusión parezca real. Una pequeña y entrañable película, llena de humanidad. Pequeña porque apenas dura 70 minutos y entrañable porque tanto la niña protagonista como los personajes que pululan a su alrededor desprenden un encanto y una bondad inconmensurables. Desde luego África es especial y aquí se describe una pequeña comunidad que en muchos aspectos funciona como una gran familia, gentes sencillas a los que el cariño y la compasión empuja a hacer el pino con las orejas para hacer felices a los demás, en este caso a una niña enferma, pero también a su madre y a su maravillosa hermana mayor. La inocencia de los niños es capaz de transformarlo todo. Aquí la gente no tiene dinero pero es inmensamente rica. Y el poder de las historias también puede hacer milagros con los corazones rotos. Supa Modo desprende un conmovedor amor por el cine. El debutante Likarion Wainaina elude ir por derroteros más dramáticos y traslada al espectador la idea del cine como fábrica de sueños, con escenas que recuerdan al cinematógrafo de antaño, cuando un narrador situado en la sala acompañaba con su voz las imágenes que se proyectaban en la pantalla. Ofrece también momentos mágicos genialmente resueltos –la explosión de la pelota, la rotura de la bolsa, el frenazo del camión– y eso aunque los efectos especiales sean necesariamente muy escasos. En el apartado artístico es sensacional el trabajo de la pequeña Stycie Waweru como protagonista, cuya alegría desbordante y la ilusión que pone en su papel de superheroína hace olvidar la pena a su alrededor. Eso no significa, claro, que al espectador sensible no se le escapen hacia el final unos lagrimones tan grandes como puños.
6/10
(2015) | 100 min. | Romántico | Drama Tráiler
Primera película australiana que logra ser nominada al Oscar en la categoría de mejor película en lengua no inglesa, algo posible ya que el film usa la lengua de una tribu nativa. La acción transcurre en una remota isla volcánica, Tanna, donde los jóvenes de una tribu, Wawa y Dain, sienten una creciente atracción, lo que lleva a una relación que llevan discretamente. El encontronazo entre la tribu de la pareja y otra podría derivar en guerra interminable, de modo que como solución, los ancianos de la tribu conciertan el matrimonio de Wawa con el joven de otra tribu. Decisión dolorosa contra la que se rebela la pareja de enamorados emprendiendo su fuga en secreto. La noticia llena de vergüenza a los jefes, que no podrán cumplir su palabra, a no ser que den con el paradero de Wawa y Dain y hagan entrar a la chica en razón para evitar que la sangre corra. Los directores Martin Butler y Bentley Dean habían centrado sus esfuerzos hasta ahora en describir la cultura indígena australiana recurriendo al formato documental. Aquí no renuncian al realismo de su obra anterior, lo que se nota en el modo minucioso en que se recoge el estilo de vida primitivo, y en el recurso a actores no profesionales, que se muestran muy naturales. Esto no quita para que se trabaje con imágenes de gran belleza, la fotografía es preciosa, y que la música ayude a realzar la narración. El film tiene un alto valor antropológico, pues a veces uno tiene la sensación de haber sido traslado en el tiempo al neolítico, y de hecho, a no ser por algunos detalles que salpican la narración sería difícil situarla en una época histórica concreta, lo que ocurre podía pasar hoy o hace cinco siglos. A la vez se evitan los estereotipos, el bien y el mal están presentes en todas las culturas, no se cae aquí en el estereotipo del buen salvaje o en la ingenua visión idílica de una vida primitiva y pacífica donde todo el mundo vive en armonía con la naturaleza y tal. Por supuesto que algo de eso hay, pero el llevar una vida sencilla y sin humos, por así decir, no impide las envidias, el afán de poder y de dominio sobre el otro, la dificultad de llegar a acuerdos entre facciones enfrentadas y respetarlos. El guión recurre con inteligencia al arquetipo de la pareja de enamorados con su amor contrariado, al estilo Romeo y Julieta, pero con su personalidad propia. Y como en la tragedia shakespeareana, no faltan los elementos fatalistas, que sirven para subrayar el gran amor que colisiona con otros intereses, pero que puede servir de referente para buscar vías de entendimiento.
7/10
(2003) | 120 min. | Biográfico
Nacida en Albania, en 1910, Teresa de Calcuta ha sido uno de los personajes más carismáticos de la Historia reciente. El cineasta italiano Fabrizio Costa ha sabido condensar sus múltiples virtudes, centrándose en el momento en el que la Madre Teresa –beatificada por Juan Pablo II en 2003– descubrió lo que ella denominaba “llamada dentro de la llamada”, y empezó a dedicarse a “los pobres, entre los más pobres” en Calcuta, la ciudad más desfavorecida dell mundo tras la descolonización inglesa en La India. La trama comienza cuando el padre Sullivan es enviado en los años 50 por el Vaticano, para recoger información sobre la madre Teresa. Ésta ha solicitado la aprobaciónde una nueva congregación, dedicada al cuidado de los más necesitados. De esta forma, nacerán las Misioneras de la Caridad. En algunos momentos en que se producen saltos abruptos, se nota que la serie televisiva original de tres horas de duración ha tenido que se ser recortada. Pero la aventura de la madre Teresa es tan apasionante, y la actriz Olivia Hussey hace una interpretación tan creíble, que la intención de dar a conocer la obra de la religiosa se cumple sobradamente. El director, el italiano Fabrizio Costa, acierta al centrarse en su espiritualidad y en los motivos que le llevaron a su fundación.
7/10
(1984) Serie TV | 480 min. | Biográfico | Drama
Una de las mejores series de Televisión Española. Recrea fielmente la vida de la santa de Ávila, tomando como referencia su autobiografía. El modélico guión de Víctor García de la Concha y Carmen Martín Gaite mima con esmero nuestro idioma.Y Concha Velasco ofreció la interpretación de su vida, al plasmar de modo creíble las búsqueda de la santidad de Teresa y sus innumerables tribulaciones con las fundaciones que realizó por España.
7/10
(2015) | 119 min. | Histórico | Romántico | Biográfico | Bélico | Drama
Las vivencias de la escritora pacifista Vera Brittain en los años de la Primera Guerra Mundial, que plasmó con fuerza en su libro "Testamento de juventud", todo un referente del dolor que trajo consigo la contienda, y que es la base de la película. La cinta describe la fuerte personalidad de Vera, que se traduce en su deseo por ser admitida en la Universidad de Oxford, todo un reto en la época para una mujer, por los prejuicios existentes, también dentro de su adinerada familia. El estallido de la guerra supone un cambio de planes: por un lado viene la experiencia de que los hombres a los que está más ligado –su hermano y dos amigos, uno de ellos su futuro prometido– son llamados a filas, lo que produce un distanciamiento que ella procura salvar, con su cariño y sus cartas; y por otro su disposición a ser voluntaria como enfermera, lo que lleva a un inesperado destino, cuidar a los soldados enemigos alemanes. El director televisivo James Kent dirige con corrección una historia muy oportuna en el momento en que se cumple el primer centenario de la Primera Guerra Mundial. Sabe atrapar el desgarro de unas heridas físicas y morales, mayores de lo que se podía anticipar, sobre todo gracias a la interpretación de la protagonista, la siempre formidable Alicia Vikander. Hay momentos duros e impactantes, como el de la espera de la boda de la protagonista.
6/10
(2009) | 128 min. | Deportivo | Biográfico | Drama Tráiler
La historia auténtica de Michael Oher, que se convirtió en jugador de la liga profesional de fútbol americano cuando todos los elementos jugaban en su contra. La cosa se inicia con Big Mike, un adolescente afroamericano que ha crecido en un ambiente familiar desestructurado. En tal tesitura resulta milagroso que no se haya convertido en un delincuente y un holgazán. Eso sí, es un chico callado y retrasado en los estudios, y sin hogar. De modo sorprendente le admiten en una escuela cristiana, donde una maestra se esfuerza en ayudarle, pero no faltan las dificultades. El revulsivo definitivo en su vida será que Leigh Anne, la madre de dos chicos que estudian en el mismo colegio, se fije en él. De ofrecerle su casa para dormir una noche, pasará, de acuerdo con su esposo y los dos hijos, a adoptarlo. Y vistas sus excepcionales condiciones físicas, le apoyarán en su posible carrera deportiva. Una película genuinamente americana, sí. Pero con valores universales, que se entienden en Tennessee y en Pekín, para entendernos. No estamos ante una de esas tramas deportivas llenas de partidos incomprensibles, a no ser para los aficionados al fútbol americano. Basta la introducción del film para que entendamos la posición de defensa de Oher frente a la de ataque de un ‘quaterback’, explicada muy gráficamente con una comparación inmobiliaria: si el ‘quaterback’ paga la hipoteca de la casa, el ‘tackle’ o bloqueador es el seguro de la misma. Y no falta un importante y emocionante partido, aunque no tanto por el resultado, audaz planteamiento. Pero sobre todo, estamos ante una trama de personajes, de superación, y de amor, mucho amor, en el que sobresale la relación maternofilial que surge entre Leigh Anne y Michael. Y donde se señala el papel que la fe juega a la hora de ayudar al prójimo, y que tiene emotivos pasajes, la comida de acción de gracias, o cierta conversación entre los esposos. Verdaderamente el papel de Leigh Anne es una prueba de fuego de la que Sandra Bullock sale perfectamente airosa, lo que incluye el Oscar por su composición. Es necesario señalar que tiene escenas muy bien resueltas, las que comparte con su hijo, pero también esa visita a la madre biológica de Michael, o la del entrenamiento. Está muy bien el resto del reparto, de rostros no demasiado conocidos, a no ser el de Kathy Bates. Sobresale Quinton Aaron, que entrega una interpretación muy contenida del introspectivo Michael.
6/10
(2018) | 69 min. | Terror | Documental | Drama
Cuarenta y cinco años después de dirigir El exorcista, William Friedkin cierra el círculo con este documental de poco más de una hora de metraje, donde ha filmado un exorcismo real, realizado por el nonagenario y experimentado sacerdote Gabriele Amorth. La idea surgió a propósito de una carta del padre Amorth, exorcista titular de la diócesis de Roma, que escribió a Friedkin alabando su película de 1973, señalando que más allá de la parafernalia hollywoodiense, había logrado plasmar en pantalla de un modo bastante atinado su particular trabajo de expulsar demonios de personas poseídas. Surgió una amistad epistolar, y luego cara a cara, y la propuesta de Friedkin de filmar a Amorth ejerciendo como exorcista; tras pensárselo y seguramente pedir los oportunos permisos, llegó la respuesta afirmativa que da pie al film. El film es sencillo, pero eficaz, riguroso y sobrecogedor. Ejerce de conductor y narrador el propio director, que explica las circunstancias en que ha hecho el documental, y cuenta con la presencia de William Peter Blatty, autor de la novela que propició El exorcista, que se basaba en un caso auténtico, y donde ejerció de guionista. Blatty murió antes de terminarse el film, que está dedicado a su memoria. Llama la atención la fe y la sencillez de los protagonistas, el padre Amorth, la mujer arquitecto poseída, los familiares, pues ninguno tiene ningún afán narcisista, lo que puede desarmar al espectador más escéptico. También los testimonios médicos y científicos que recaba Friedkin, abiertos al misterio, aun tratando de encontrar causas físicas que podrían ponerse en marcha en la persona supuestamente poseída para lograr su curación. Los pasajes del exorcismo propiamente dicho impactan, porque no hay efectismos baratos, y sin embargo resultan tremendamente inquietantes, invitan a pensar que el diablo, más allá de la fe de cada cual, no es para ser tomado a cuchufleta.
7/10
(2019) | 100 min. | Comedia Tráiler
Película escrita y dirigida por Lulu Wang, cineasta nacida en China, pero formada en Estados Unidas, donde reside. La trama parte de su experiencia personal, lo que se nota, para bien, y se centra en Billi, una joven de origen chino, pero que se trasladó a Nueva York con sus padres cuando era una niña. Tiene dificultades para vivir una vida independiente, y a ello se suma una terrible noticia, a su abuela Nai Nai, a la que siempre ha estado muy unida, le han diagnosticado un cáncer terminal, y apenas le auguran tres meses de vida. La familia decide ocultar la enfermedad a la anciana, y hacen planes para reunirse todos en la ciudad de Changchun, con la excusa de la boda de un primo de Billi con una chica japonesa. De modo que los dos hijos de la enferma, que viven fuera de China, y el resto de la parentela, podrán despedirse de Nai Nai. Siguen calando en Estados Unidos las historias de chinos afincados ahí, tras el inesperado éxito de Crazy Rich Asians. Aquí tenemos una comedia amable, que invita a considerar las diferentes costumbres en Oriente y Occidente. En efecto, para un no-chino –y Billi, que casi toda su vida la ha pasado en Estados Unidos, de hecho habla con dificultad el idioma de sus ancestros, podría considerarse en parte una no-china–, resulta incomprensible que no se le comunique a Nai Nai su grave estado de salud, para que pueda exprimir los días que le quedan, despedirse, arreglar asuntos pendientes, etcétera, pero como el film sabe apuntar, late también el altruismo en la decisión de no decir nada a la afectada, de modo que es la familia la que asume la pesada carga. El film dibuja muy bien a los numerosos personajes, incluso los que tienen una presencia menor, como el gordito adolescente Bao, pegado a la pantalla de su teléfono móvil, por citar sólo un caso. Y centra la atención en la perplejidad de la protagonista, toda emotividad, Awkwafina sabe encarnar muy bien su manojo de sentimientos contradictorios, donde conviven la pena, la sensación de que debería decir algo a su abuela, y la comprensión de que también hay algo noble en el otro punto de vista. Además, ella misma no es sincera con sus padres, pues les oculta por ejemplo que le acaban de denegar una beca. Resulta entrañable el dibujo de la relación abuela-nieta, pero también tienen entidad las conversaciones de Billi con su padre y su madre, y con su tío, o las más colectivas reuniones familiares, que sirven para abordar la cuestión de la inmigración y cambio de país, con lo que conlleva de nuevas costumbres y conservación de las del país de origen, el famoso choque cultural. Los pasajes emotivos conviven con los humorísticos, en perfecto y suave equilibrio, evitando cualquier tipo de estridencias.
7/10
(2017) | 104 min. | Drama Tráiler
Una maravillosa película, auténtica y agradabilísima sorpresa, que rebosa lirismo y autenticidad. Su directora y guionista Chloé Zhao la desarrolló basándose en el hombre que le enseñaba a montar a caballo, Brady Jandreau, especialista a competir en rodeos y entrenador equino en Dakota del Sur, quien tras sufrir lesiones en la cabeza, tuvo que bajar el ritmo de su dedicación profesional. A partir de este hecho real, Zhao ha contado para ficcionar su film con el auténtico Brady Jandreau, su familia –el padre viudo y la hermana deficiente mental–, y algunos de sus compañeros de oficio. No estamos ante un documental, o una recreación dramatizada al uso, y de hecho la familia troca el apellido Jandreau por el de Blackburn; pero lo que el espectador ve en la pantalla resulta sumamente creíble y emociona porque vemos seres humanos de verdad, luchando por salir adelante, nunca monigotes sin alma. Cuando se habla de la América profunda, gran parte de la opinión pública tiende a imaginar personajes toscos e ignorantes, supersticiosos, amantes de las armas y patrioteros. El film que nos ocupa desmiente esa burda visión, mostrándonos en cambio un estilo de vida más puro, donde el amor al prójimo cuenta, lejos de la superficialidad y la estupidez imperantes en la era de internet y las redes sociales. Sí, los dispositivos móviles sirven para que Brady muestre a su amigo Cat Clifford, seriamente discapacitado por un rodeo, las imágenes de las proezas de antaño, pero no estamos ante la adicción a las nuevas tecnologías, sino que somos testigos del uso razonable y sentado que puede hacerse de ellas, no se trata de demonizarlas. La cámara de la Zhao es sincera, su fotografía preciosa pero sobria, no oculta los golpes duros de la vida, pero es que además tiene el mérito de atrapar la capacidad que anida en toda persona para sobreponerse a ellos. Resulta apasionante seguir el esfuerzo de Brady por aprehender su personal sueño americano que se le está escapando de las manos, pero que en realidad, adopta otra forma, que quizá no coincida con la deseada, pero que podría ayudar al crecimiento interior. Al estilo del neorrealismo italiano, Brady Jandreau rebosa credibilidad, no será un actor profesional, pero lo cierto es que lo parece, incluso con su aspecto nos hace evocar a un juvenil Keanu Reeves o un Adam Driver. También son completamente auténticos su encantadora hermana Lily y su padre Tim, buen hombre pero aficionado a las máquinas tragaperras.
8/10
(2009) | 111 min. | Drama Tráiler
Cine de altura, inolvidable, brutal. Por su sencilla historia, por su hondura antropológica, por su impactante puesta en escena. Ha tenido suerte el escritor Cormac McCarthy en las dos últimas adaptaciones de sus libros. Si el chasco fue monumental en 2000 cuando Billy Bob Thornton rodó la discreta Todos los caballos bellos a partir de una novela extraordinaria, hay que reconocer la gran maestría con que los hermanos Coen filmaron No es país para viejos y también ahora la impresionante simbiosis conceptual que ha logrado el director John Hillcoat al convertir en imágenes la novela The Road, ganadora del Premio Pulitzer en 2007. Un gran cataclismo ha asolado el planeta. Un padre y su hijo arrastran sus enseres en un carrito de la compra a través de un paisaje siniestro, desértico, oscuro, muerto, plagado de piedras y de troncos desnudos de árboles podridos, un lugar inhóspito que suponemos que un día fue un bosque lleno de colorido, donde miles de animales vivían en libertad y llenaban el aire con sus trinos y sus variados sonidos. Antes era un lugar normal, como tantos otros. Ahora no queda nada. Padre e hijo arrastran sus cuerpos, envueltos prácticamente en harapos. Viajan hacia el sur, hacia donde se supone que está el mar. En su camino sobreviven sin comida, ingiriendo de cuando en cuando algún insecto insignificante que aún existe, un trozo de miga de pan que han recolectado en unas ruinas... Por el camino, lleno de casas y ciudades deshabitadas, hay muchos peligros. El mayor de todos está en el acecho de “malos”, hombres que se han convertido en caníbales, pero también es inmisericorde el frío húmedo que cala hasta los huesos, el hambre insoportable, la enfermedad, la tentación del suicidio. También hay algunos encuentros con vagabundos. Y entretanto el padre lucha por no desmoronarse e insufla esperanza a su hijo, aunque también guarda en su poder una pistola con dos balas. Quién sabe si tendrá que utilizarla. Un relato sencillo. Un viaje. Una odisea con destino incierto. Una increíble fábula sobre la dignidad humana. Sobre la lucha entre el bien y el mal en el mundo y en el corazón del hombre. Eso es The Road. Eso es también la vida, podría decirse. Y, aún así, quizá alguien opine que el guión es pobre, que en la trama apenas suceden cosas y que el periplo interminable de los protagonistas suena a repetitivo, a poco inspirado. Es posible. Sí. Pero también es cierto que el sentido del film es tan poderoso y está tan perfectamente resuelto en pantalla que convierte en mínimos detalles esas posibles deficiencias. Sólo el planteamiento le deja al espectador anonadado, sobrecogido. Es la supervivencia en medio del horror. El impacto es mayor gracias al trabajo estelar de Viggo Mortensen, escalofriante, que está muy bien secundado por el pequeño Kodi Smit-McPhee y por un elenco de grandes actores –Charlize Theron, Robert Duvall, Guy Pearce– que apenas cuentan con unos breves minutos en pantalla. Asombroso resulta el paisaje infernal que John Hillcoat ofrece en el film. Los que han visto su película La propuesta ya saben el talento que tiene este director para colocar la agresividad del ambiente en primer plano, y al igual que en ese film, en The Road también la música atmosférica de Nick Cave y Warren Ellis parece salir de la tierra, de su transpiración. Pero aquí es especialmente terrorífico el mundo que describen las imágenes, un universo irrespirable que parece sacado del apocalipsis, donde no hay luz que pueda irradiar esperanza. Con esa fotografía gris, del color de la ceniza y de la muerte, el maestro español Javier Aguirresarobe logra que el corazón del espectador quede inmerso en el horror. Es el color de la desesperación, del miedo, de la tristeza. Y sin embargo, sin embargo... Y sin embargo, ¡oh paradoja del arte y de la belleza!, hay pocas historias tan optimistas como la concebida por Cormac McCarthy y ofrecida por Hillcoat con absoluta fidelidad al original. La película rebosa amor. El amor de un padre por un hijo, el amor de un hijo por un padre. El amor al bien y a la conciencia moral –ese eterno “fuego” que llevan en sus corazones– y a la postre el amor hacia el ser humano, la inmortal esperanza de que donde hay un hombre no está todo perdido. “Si fuera Dios habría creado este mismo mundo, no uno diferente”, dice el padre en un momento trágico del film. Al final, el verdadero amor puede con todo.
8/10

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